jueves, 27 de junio de 2013

¿ DEBE EL 15 - M FORMAR UN PARTIDO POLÍTICO ?


Una contribución al debate. El frente ciudadano

 José López 
Rebelión 
02.06.2.013 

Dos años después de aquel mayo histórico del año 2011 el movimiento de indignación sigue vivo pero no crece la participación ciudadana en sus convocatorias, a pesar de que cada vez tenemos más razones objetivas para la indignación. La iniciativa surgida a raíz del 25-S logró poner en la agenda de los indignados de este país llamado España la cuestión del proceso constituyente. Ahora sí parece que el movimiento 15-M tiene claro el gran objetivo político a corto/medio plazo: un cambio de régimen. Se asienta la idea de que no es posible parar al neoliberalismo sin transformar profundamente el actual sistema. No sólo hay que luchar contra los desahucios, contra el progresivo empobrecimiento de la mayoría, contra el desmantelamiento del Estado del bienestar, contra el escandaloso desempleo que crece y crece sin parar,…, además, hay que luchar por un cambio político general de gran envergadura, sin el cual será muy difícil ganar aquellas luchas parciales.

El reciente fracaso del 25-A demostró que hay que reivindicar siempre el pacifismo, que hay que usar un lenguaje inclusivo, que no sea agresivo. Debemos ser moderados en las formas pero radicales en el fondo. Si reivindicamos la democracia real, un cambio de sistema, pero siempre mediante métodos pacíficos, somos radicales en los objetivos pero no en las formas. Esta lección no debemos olvidarla. La revolución no será posible si no participan activamente en ella muchos más ciudadanos. Una cosa está más clara que el agua cristalina de los ríos (necesitamos aglutinar a la mayoría de la población alrededor de la causa democrática. Es imperativo que las distintas mareas converjan en un único y coordinado tsunami. Poco a poco vamos avanzando hacia la imprescindible unidad de las clases populares. Pero la revolución tampoco será posible si no llegan con suficiente fuerza a las instituciones políticas partidos que aboguen por cambios sistémicos. Hay que alcanzar el poder político. El cambio debe hacerse desde dentro y desde fuera del sistema. Los distintos frentes de lucha deben complementarse, realimentarse mutuamente.

Así pues, resurge con fuerza el “viejo” debate que ya surgió en su día en las plazas donde se produjeron aquellas históricas acampadas del año 2011; ¿debe el 15-M presentarse a las elecciones o no, formar un partido político o no?

Lo primero que hay que tener claro, en mi modesta opinión, es que es imprescindible que las movilizaciones en las calles, además de crecer sustancialmente, tengan su traducción política en las instituciones. Como hemos comprobado en la práctica, de poco sirven las manifestaciones, las acampadas, las huelgas generales, si los principales partidos del actual régimen siguen recibiendo el apoyo de la mayoría de la gente en las urnas. Muchos indignados ya no participan en las movilizaciones callejeras pues piensan que no sirven de nada. Muchos ciudadanos todavía siguen apáticos. Es evidente que hay partidos políticos del actual régimen que apoyan más al 15-M que otros. También es obvio que algunos de ellos juegan al oportunismo, dicen unas cosas cuando están en la oposición y hacen otras cuando gobiernan. Debemos recordar siempre que hablan más los hechos que las palabras. Lo que está claro, en cualquier caso, es que debe haber en los parlamentos algún partido o coalición de partidos que contribuya a transformar el sistema desde dentro. La cuestión a dilucidar es cuál o cuáles. A mi modo de ver, ahora mismo (a nivel estatal) sólo hay una formación política capaz de encauzar las ansias transformadoras de los indignados, a pesar de sus errores, carencias y contradicciones (los cuales deberían ser corregidos cuanto antes): Izquierda Unida (IU). 

Sin embargo, como muchos miembros de dicha coalición reconocen, si bien, probablemente, IU subirá bastante en votos recibidos, no alcanzará los suficientes como para gobernar, para liderar el histórico reto al que se enfrenta nuestro país: la transición hacia un nuevo régimen. Desgraciadamente, por ahora, muchos ciudadanos siguen presos de prejuicios, siguen pensando que más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer, siguen dominados por el pensamiento único capitalista incrustado en sus mentes diariamente por la abrumadora mayoría de medios de “comunicación”. No podemos despreciar el hecho de que muchos trabajadores, muchos pensionistas, votan a los grandes partidos, a sus verdugos. Debemos contribuir todo lo posible a que esto deje de ocurrir y, por desgracia, muchos ciudadanos siguen viendo a IU, a la izquierda del PSOE en general, como algo radical y trasnochado. Están equivocados, el mayor error es seguir apoyando en las urnas a quienes nos han llevado a la actual situación. Es un profundo error no dar una oportunidad a otras organizaciones. A todo esto sumemos los errores cometidos por la izquierda transformadora.

Por otro lado, existe, entre otros, el serio riesgo de que si el movimiento 15-M se presenta a las elecciones, no obtenga los resultados necesarios para convertirse en una fuerza suficiente como para cambiar el sistema desde dentro. Esto nadie puede saberlo con certeza, pero esa posibilidad existe. No puede despreciarse el hecho de que en el actual sistema no todas las agrupaciones políticas acuden a las elecciones en igualdad de condiciones, de que a unas se les da mucha más voz que a otras. Es obvio que los grandes medios de comunicación harán propaganda a favor de unas y en contra de otras (como siempre han hecho), harían todo lo posible por desprestigiar a ese hipotético partido del 15-M, lo presentarían ante la opinión pública, como, en el mejor de los casos, un grupo de personas bienintencionadas pero incapaces de gobernar y sacar al país de la profunda crisis que vive. Tampoco puede obviarse la actual ley electoral que beneficia a los grandes partidos en detrimento de los más pequeños o los nuevos. Existe, ad