jueves, 29 de agosto de 2013

SIRIA: ¿QUIEN NOS CUENTA LA VERDAD SOBRE SIRIA?

SIRIA: ¿NUEVA CONTINUACIÓN DEL CRIMEN ORGANIZADO CONTRA LA HUMANIDAD?



¿SABE OBAMA QUE ESTÁ LUCHANDO EN EL BANDO DE AL-QAIDA?

Robert Fisk
The Independent
REBELIO/29.08.2013 

Traducción para Rebelión por S. Seguí 

"Todos para uno y uno para todos" debería ser el grito de batalla si Occidente va a la guerra contra el régimen sirio de Assad.

Si Barack Obama decide atacar al régimen sirio, habrá hecho lo necesario –por primera vez en la historia– para que Estados Unidos esté del mismo lado que al-Qaida. 

¡Toda una alianza! ¿No eran los Tres Mosqueteros que gritaban "Todos para uno y uno para todos" cada vez que entraban en combate? Este debería ser el nuevo grito de batalla, en el momento en que los estadistas del mundo occidental decidan ir a la guerra contra Bashar al-Assad.

Los hombres que mataron a tantos miles de personas el 11 de septiembre estarán entonces luchando al lado de la misma nación cuyos inocentes fueron tan cruelmente asesinados hace casi exactamente doce años. Todo un logro para Obama, Cameron, Hollande y el resto de diminutos señores de la guerra.

Esto, por supuesto, no lo va a pregonar el Pentágono o la Casa Blanca –ni, supongo, al-Qaida– a pesar de que ambas partes están tratando de destruir a Bashar. Como lo está el frente Nusra, uno de los socios de al-Qaida. Pero sí plantea algunas posibilidades interesantes. 

Tal vez los estadounidenses deberían pedir a al-Qaida ayuda en materia de inteligencia; después de todo, éste es el grupo con las "botas sobre el terreno" que los estadounidenses no tienen interés en poner. Y tal vez al-Qaida pudiera ofrecer algunos servicios de información sobre sus objetivos al país que suele asegurar que los partidarios de al-Qaida, y no los sirios, son los hombres más buscados del mundo.

Habrá algunas ironías, por supuesto. Mientras que los estadounidenses liquidan a golpes de drone a los miembros de al-Qaida en Yemen y Pakistán –junto, por supuesto, al habitual grupo de civiles–, los mismos estadounidenses le facilitarán, con la ayuda de los señores Cameron, Hollande y el resto de pequeños generales-políticos, asistencia material en Siria para golpear a los enemigos de al-Qaida. De hecho, puede usted apostar su último dólar a que el único objetivo que los estadounidenses no van a bombardear en Siria será al-Qaida o el frente Nusra.

Y nuestro propio Primer Ministro aplaudirá lo que hagan los americanos, aliándose así con al-Qaida, cuyos atentados de Londres puede que ya no estén presentes en su mente. Tal vez –dado que no queda memoria institucional en los gobiernos modernos– Cameron se haya olvidado ya de lo similares que son las opiniones que expresan ahora Obama y él mismo con las expresadas por Bush y Blair hace una década, las mismas insípidas justificaciones, pronunciadas con tanta confianza en sí mismos pero sin prueba alguna que las sostenga. 

En Iraq, fuimos a la guerra basándonos en mentiras originalmente pronunciadas por farsantes y estafadores. Ahora es la guerra por YouTube. Esto no quiere decir que las terribles imágenes de los civiles sirios gaseados y muertos sean falsas. Lo que significa es que cualquier prueba en contrario va a tener que ser suprimida. Por ejemplo, nadie va a estar interesado en los informes que circulan por Beirut de que tres miembros de Hizbulá –que luchaban junto a las tropas gubernamentales de Damasco– al parecer fueron víctimas del mismo gas, el mismo día, parece que en unos túneles, y de los que se afirma que están recibiendo tratamiento en un hospital de Beirut. Así que si las fuerzas gubernamentales sirias utilizaron gas, ¿cómo es que también los combatientes de Hizbulá pudieron haber sido afectados? ¿Efecto de retroceso?

Y ya que estamos hablando de memoria institucional, que levante la mano aquél de nuestros alegres estadistas que sepa lo que pasó la última vez que los estadounidenses atacaron al ejército del Gobierno sirio? Apuesto a que no lo recuerdan. Pues sucedió en el Líbano, cuando la Fuerza Aérea de los EE.UU. decidió bombardear emplazamientos de misiles sirios en el valle de la Bekaa, el 4 de diciembre de 1983. Lo recuerdo muy bien porque yo estaba allí, en el Líbano. Un cazabombardero estadounidense A-6 fue alcanzado por un misil sirio Strela –de fabricación rusa, por supuesto- y tuvo que realizar un aterrizaje forzoso en la Bekaa. Su piloto, Mark Lange, resultó muerto, y su copiloto, Robert Goodman, hecho prisionero y transportado a una cárcel de Damasco. Jesse Jackson tuvo que viajar a Siria para traerlo de vuelta después de casi un mes, entre abundantes tópicos sobre “poner fin al ciclo de violencia”. Otro avión estadounidense –esta vez un A-7– fue también alcanzado por el fuego sirio, pero el piloto logró saltar en paracaídas sobre el Mediterráneo, de donde fue sacado del agua por un barco de pesca libanés. El avión también resultó destruido. 

Claro, se nos dice: será un corto ataque a Siria, cosa de entrar y salir, cosa de un par de días. Eso es lo que a Obama le gusta pensar. Pero que piense en Irán. Que piense en Hizbulá. Me temo que –si Obama sigue adelante– este asunto va a durar y durar. 

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