lunes, 9 de julio de 2018

MARX, JENNY Y EL CAPITAL





Rebelión
Espai Marx
09.07.2018


La joven pareja y el devenir.

El 19 de julio de 1843, Karl Marx y Jenny von Westphalen se casaron en la iglesia protestante de Kreuznach, ciudad-balneario a 80 kilómetros de Tréveris donde ambos nacieron. Marx tenía 25 años y Jenny 29. Su noviazgo había durado más seis años, gran parte de éste, en secreto por temor a sus diferencias de origen social.

Marx era amigo del hermano menor de Jenny y frecuentaba asiduamente la casa de ésta. El padre de Jenny, el Barón Ludwig von Westphalen , era descendiente directo de un lejano Conde escocés, si bien, era un liberal apasionado de la Ilustración, y poseía una muy buena biblioteca. En este ambiente intelectual fue educada su hija, por la que sentía especial cariño. Puso su biblioteca a disposición de un adolescente amigo de su hijo, con el que daba largos paseos mientras conversaban de sus textos favoritos, sorprendido tanto por la atención que el joven mostraba, como de sus comentarios, espaciados, pero con mucho sentido. La biblioteca, del que más tarde sería su suegro, fue una importante fuente intelectual en la formación del joven Marx.

Poco antes de casarse, Marx ya había decidido abandonar su país. Después de la experiencia vivida como director del diario la Gaceta Renana, que la censura permanente del régimen prusiano acabó cerrando a pesar de haber presentado su dimisión previamente para que esto no ocurriera, era consciente de que nada tenía que hacer ya en ese ambiente opresivo; necesitaba “volar”. Al exponerle su plan a Jenny, ésta, ardorosa de alegría aceptó rápidamente. Después de su larga espera, deseaba impetuosamente vivir esa “aventura” junto al hombre que había elegido. El destino sería París, ciudad de una actividad y creatividad social perturbadora en ese momento. Lejos estaba Jenny de imaginarse lo que le depararía el futuro junto al hombre al que admiraba tanto como amaba.

El periodo vivido en París fue impactante para la joven pareja. Para Marx, significó una reorientación en su pensamiento político. El contacto directo con los trabajadores parisinos, con los socialistas utópicos, con los alemanes emigrados por cuestiones políticas, y los largos debates con todos ellos, le hacen replantearse el sentido de cuestiones como la sociedad civil, el Estado, la economía… o preguntarse por qué los que trabajan son pobres y los propietarios de los medios de producción cada vez más ricos. Estas reflexiones del joven Marx van a determinar su trabajo intelectual el resto de su vida. Jenny, siempre tuvo muy buen recuerdo de esta primera estancia en París; el primer hogar de casada, su primera hija -Jenny-, la vida parisina tan diferente de la de Tréveris,…

Hasta ese momento, Marx era un demócrata radical que entendía el papel del Estado como mediador de la sociedad. Su estancia de quince meses en París condiciona al joven filósofo y le mostrará el camino a seguir: desvelar y desmentir la mistificación de la economía política, demostrar su inhumanidad, las condiciones económicas que se daban en ese momento y que tenían como base la propiedad privada. Este compromiso personal que Marx llamó Crítica de la economía política, y a la que Jenny se refería como “tu obra de la economía política”, fue un objetivo constante en sus vidas y pensamiento. Para Marx, porque siempre la llevó en la cabeza y la iba desarrollando en lo que vivía y leía; en Jenny, porque siempre creyó en la capacidad de su marido.

Hay un periodo, poco conocido, que, junto al de Paris, marcó y potenció el objetivo que Marx ya iba desarrollando en su mente. En julio de 1845, Marx realiza por primera vez una visita a Inglaterra, invitado por Engels y en compañía de este. Empezaron el viaje por Manchester, epicentro de la industria textil inglesa, que estaba ya en la fase fabril de composición tecnológica, superado por tanto, el proceso productivo del artesanado. En el nuevo proceso productivo de maquinofactura el ser humano era un simple apéndice de la máquina. Allí, Marx ve que los trabajadores y sus familias, de hecho, pertenecían totalmente a las fábricas; salarios, viviendas que pertenecían a los propietarios, alimentación adquirida obligatoriamente en economatos pertenecientes al patrón,… sus vidas, en su integridad eran propiedad ajena. Marx pudo comprobar directamente todo este ambiente; cómo trabajaban, en qué condiciones vivían, olores, ruidos, miseria. Pudo ver la realidad material concreta en que convierte a las personas la industria fabril de composición orgánica de la época, tan bien estudiada luego en el capítulo XIII de El capital. Sin duda, esta experiencia tuvo que causar una fuerte impresión en Marx.

Poco después de este viaje, Jenny y Marx tuvieron su segunda hija, Laura.
Jenny tenía una preparación intelectual y social en consonancia a su origen aristocrático de la época. Era inteligente, culta, con buenas dotes de escritora. Poseía además, un carácter amable que irradiaba personalidad, por lo que siempre fue respetada y admirada por los innumerables amigos y compañeros de su marido que pasaban por su casa. Fue Jenny quien pasó a limpio, con su pulcra y modulada letra, El Manifiesto Comunista, cuando le reclamaron a Marx el texto para su primera impresión en Londres-febrero 1848-, también para la edición de El 18 brumario… Era de las pocas personas que entendía los apuntes de Marx y le encantaba ayudarle a pasarlos a limpio. Más tarde serán sus hijas mayores quienes lo hacen. Aparte de la familia, solo Engels era capaz de leer y entender las notas de Marx. Es conocida la anécdota que cierta vez intentó buscar trabajo en los ferrocarriles ingleses y no lo aceptaron por su mala letra.

La vida del matrimonio no fue nada fácil desde pocos meses después de casarse. En cuatro años sufrieron cuatro destierros políticos de los Estados en que vivían. De los siete hijos que tuvieron, solo tres sobrevivieron. Desde el principio, siempre tuvieron problemas económicos. En ocasiones, problemas económicos extremos, como no poder comprar un simple féretro para enterrar a un hijo. A pesar de todo, nunca se rindieron, aunque muy posiblemente lo pensaron más de una vez.

Dos personas de considerables capacidades intelectuales, él de clase media y ella de clase aristocrática acomodada en la Alemania del siglo XIX, no capitularon y siguieron trabajando por su objetivo. Él lo llevaba en la mente. Ella lo fue haciendo suyo poco a poco por vivirlo junto a la persona que amaba, admiraba y defendía, porque iba entendiendo que detrás de la adversidad que sufrían había injusticia. Así que hizo suyo el proyecto de su marido, como lo hicieron suyo, también, más tarde sus hijas.

Crítica de la economía política.

Marx comenzó a leer, tomar apuntes y recopilar manuscritos sobre la economía política, durante la primera etapa en que residió en París. Meses después de entablar amistad con Engels y animado por éste para que publicase lo antes posible su crítica, inicia a través de sus contactos y de su nuevo amigo, la búsqueda de editor. Finalmente llega a un acuerdo con el alemán Karl Leske con el compromiso de enviarle el escrito en los primeros meses de 1846 para su publicación. No lo cumplió este año, ni en los siguientes; el libro, que como él decía, “lo tengo en la cabeza” tardaba en materializarse. Con los años el editor, harto de esperar, rompió el compromiso y le exigió la devolución del dinero anticipado.

Marx, nunca dejó totalmente su estudio de la economía política. No obstante, en los primeros años tuvo que dedicar la mayoría del tiempo a la actividad y organización revolucionaria.

Después de la última expulsión de Francia en 1849, solo Inglaterra aceptó concederle un permiso de residencia. En este país, para él desconocido y cuya lengua no dominaba, le llevó un tiempo ubicarse con su familia. Una vez instalado, en 1851 reinicia su investigación en la biblioteca del Museo Británico. En este año, como resultado de su estudio, llenó catorce cuadernos de notas. Tiempo después, y ante la falta de medios para subsistir él y su familia, Marx tuvo que dedicarse a escribir artículos, en su mayoría escritos como corresponsal en Europa para el New York Daily Tribune. Esto le absorbería gran parte del tiempo de investigación.

El 6 de abril de 1855 muere Musch (Edgar) a los ocho años, el primer hijo varón de Jenny y Marx. Este hecho les dejó destrozados a ambos. Jenny, que aún estaba recuperándose de haber parido a su última hija Eleanor dos meses antes, dijo años después, que había sido “el día más terrible de mi vida”. Marx, en cuyos brazos murió, no se separó de él hasta haberlo sepultado. Y cuando su amigo Liebknecht le quiso consolar, le gritó “¡no puedes devolverme a mi chico!”.

Sufrieron la pérdida de tres hijos más, pero murieron con días o meses de vida. A Edgar, de carácter afectuoso, le tenían un especial cariño porque habían convivido ocho años con él, y nunca se les borró de la mente su recuerdo.

En la primavera de 1857, Marx volvió a la Sala de lectura del Museo Británico, y se encontró que este había sido reformado para bien; más luz, más cómodo y mejor privacidad que era lo que más deseaba. Durante casi un cuarto de siglo estuvo Marx visitando asiduamente esta biblioteca, y se ubicaba en un asiento apartado, que ahora era más placido, entre las filas K y P.

En este nuevo periodo de estudio y redacción, que dura hasta mitad de 1858, deja escritos 8 cuadernos que son conocidos como Grundrisse. Es la primera redacción completa de su proyecto y contiene los fundamentos básicos de su crítica a la economía política burguesa que irá desarrollando en las redacciones posteriores.

En estos momentos, Marx se pone en contacto con Lassalle para que mire de encontrarle un editor y publicar lo que Marx le definió como “una exposición crítica del sistema de la economía burguesa” de carácter científico, que ya tenía muy avanzado, y que se podía publicar por entregas. En la primavera de 1858, Lassalle le notifica que un editor; Franz Gustav Duncker, aceptaba editarlo por entregas y la primera podía ser editada a final de mayo. Animado por la noticia de que por fin se publicase su “trabajo de quince años”, se pone a revisar sus manuscritos para la primera entrega. No le fue fácil, había acumulado ochocientas páginas donde estaban resumidas todas las determinaciones y categorías que se tenían que ir exponiendo y desarrollando en tres libros. Realizó un borrador para la primera entrega, que debía ser la parte general, y se la presentó a Engels (nunca publicó nada sin saber previamente la opinión de Jenny y de Engels) para conocer su opinión. A éste el texto del borrador le pareció “muy abstracto” y se disculpó por no entenderlo. Ante esto, Marx, que ya padecía ataques hepáticos, enfermó y tuvo que estar en cama un tiempo sin poder escribir.

Jenny y Engels eran las personas que mejor conocían al “moro”, apodo cariñoso que arrastraba desde su juventud, y a su vez, ellas eran las personas a las que más respetaba personal e intelectualmente. Ambos sabían lo que le costaba entregar un escrito a tiempo. Marx nunca pudo cumplir los plazos de entrega, a excepción del Manifiesto Comunista. Sabían de su exquisito talento y de la importancia que daba a lo que escribía, pasando por encima de cualquier necesidad material, como era el caso. Marx conocía muy bien el trabajo que estaba realizando, y en el fondo, no podía dejar de investigar para ponerse a escribir. Necesitaba tener delante todo el “conjunto” de su obra para poder desarrollarla por partes y posteriormente escribirla. Si tenemos en cuenta el riguroso criterio intelectual de este brillante pensador, él hubiese necesitado varias vidas para llevar a término su investigación, teniendo en cuenta el reto intelectual que él mismo se ponía como objetivo: la crítica de todas las categ