lunes, 8 de julio de 2019

GRECIA, GANA LA BANCA PIERDE EL TRABAJO



Balance de una década en que la izquierda europea intentó asaltar el cielo
 
Derrota de Syriza y fin de ciclo
 
 

08.07.2019

La derrota electoral de Syriza en favor de los conservadores de Nueva Democracia seguramente provoque en muchas personas de izquierda un cierto sentido de melancolía ante la década que queda atrás en Europa. Esta derrota electoral cierra un ciclo amplio y debe servir para hacer un balance histórico de toda una década en que la izquierda europea intentó sin éxito, y a través de diversas fórmulas, romper con la hegemonía política y socio-económica de la gran burguesía europea y sus políticas de austeridad que trasladaban los costes de la salida de la crisis en las espaldas de las clases populares. 
 
En septiembre de 2008 el hundimiento del banco Lehman Brothers dio inicio a la gran recesión mundial que durante la década siguiente provocaría graves consecuencias económicas, sociales y políticas en todo el mundo. En Europa esa crisis conoció dos momentos álgidos, en 2009 cuando se muestran plenamente los efectos iniciales de la crisis proveniente del epicentro norteamericano, y en 2010 cuando estalla la crisis griega [2] y se agrava la crisis en Europa adoptando las instituciones europeas y los gobiernos del viejo continente los programas de rescates bancarios y la estrategia de austeridad como política para salir de la crisis mediante el traslado de los principales sacrificios sobre las espaldas de las clases populares.

Esta situación en Europa generó cuatro respuestas socio-políticas consecutivas, aunque solapándose en el tiempo. La primera fue una clásica respuesta basada en la clase trabajadora a través de sus sindicatos de clase. El paradigma de esta respuesta es, sobre todo, el ciclo de huelgas que tuvieron lugar en Francia en 2010, fue un enfrentamiento social frontal de la clase trabajadora contra el Estado. La segunda también fue clásica, correspondió a una respuesta desde los partidos de la izquierda. Su paradigma fue la coalición de partidos de la izquierda radical Syriza, luego transformada en partido político, mediante la vía de acceso al poder del Estado para, desde allí, buscar cambiar las políticas de austeridad impuestas desde Europa. La tercera respuesta fue más novedosa, correspondió a un movimiento de carácter transversal dirigido fundamentalmente por las clases medias golpeadas por la crisis. Su paradigma fue Podemos, que utilizó, como en el caso anterior, la vía electoral para alcanzar el poder del Estado y, desde allí, poder aplicar su programa político anti-austeridad. Finalmente, la cuarta respuesta también es novedosa, y se concreta en el ascenso de una derecha radical populista y xenófoba.

En tanto que las tres primeras han ido fracasando sucesivamente - siendo la última la derrota electoral de Syriza en las recientes elecciones de este mes de julio, y que ha servido para realizar este balance- la última ha ido creciendo por toda Europa y se ha consolidado con fuerza en determinados países. A continuación analizaremos las tres primeras respuestas, en tanto que la última ya ha sido estudiada en profundidad en mi último libro Derecha radical. Auge de una ola reaccionaria mundial

La clase obrera y sus sindicatos contra la austeridad 
 
Dentro del enfrentamiento sindical originado contra las consecuencias de la crisis se pueden encontrar dos modelos diferentes. El primer modelo de contestación social lo podríamos denominar difuso o discontinuo, y fue el predominante durante la crisis. Su característica es que dio lugar a algunos conflictos, incluso alguna huelga general, pero no fue persistente en el tiempo, y por lo tanto fueron conflictos que no produjeron desbordamientos, y cuando existió este peligro, el cambio de gobierno fue utilizado como cortocircuito. Fue el caso de Letonia que a principios de 2009 conoció movilizaciones y la caída del gobierno. De Italia, que conoció desde 2009 manifestaciones y una huelga general en mayo de 2010, con movilizaciones más radicales de los estudiantes en diciembre de 2010. De Gran Bretaña, con una débil respuesta sindical a los recortes del gobierno conservador (dos manifestaciones sindicales en octubre de 2010 y marzo de 2011), y una contestación más seria también por parte de los estudiantes. De Islandia, cuyas protestas en enero de 2009 llevaron a la caída del gobierno. De Portugal, con una huelga general en noviembre de 2010. De Irlanda, con manifestaciones en noviembre de 2010 contra el duro plan de austeridad impuesto por el gobierno. 

El segundo modelo fue el de enfrentamiento sindical abierto. En este modelo, los sindicatos apostaron por un enfrentamiento duro y persistente con el objetivo claro de hacer fracasar los planes de austeridad de sus gobiernos y evitar que los duros ajustes recayesen sobre la clase obrera y las clases populares en general. Solo dos países siguieron este modelo, Grecia y Francia, y con dos situaciones muy diferentes. Grecia fue el primer país al que la UE tuvo que acudir a rescatar, después de conocerse que las graves irregularidades del gobierno conservador de Nueva Democracia - el que ahora acaba de ganar las elecciones - habían llevado al país a la bancarrota, y de ser objeto de un ataque fondo por parte de los especuladores internacionales. Las ayudas a Grecia fueron condicionadas a draconianos planes de austeridad que hicieron caer en picado las condiciones y nivel de vida de los sectores populares griegos.

La primera huelga general tuvo lugar en diciembre de 2008 bajo el gobierno conservador, y tras el asesinato de un joven manifestante, a la que siguió otra más en abril de 2009 contra los planes de austeridad de los conservadores, pero esto no sería más que un preámbulo, y las movilizaciones entraron en un impasse hasta la celebración de las elecciones parlamentarias a finales de septiembre de ese año, que ganó ampliamente el Pasok. Inmediatamente el nuevo gobierno comenzó a aplicar medidas de austeridad que hicieron que en febrero de 2010 se rompiese la ilusión de las clases populares griegas en que un gobierno progresista, al que acababan de votar, defendería sus intereses. En febrero comenzó la cadena de huelgas generales, acompañadas de manifestaciones, que intentaron frenar la ofensiva antipopular del gobierno socialdemócrata, dos huelgas en febrero, una en abril, otra en mayo, dos en junio, otra en julio. Después de esta ofensiva concentrada de los sindicatos sin obtener resultados, la intensidad decayó, solo al final de año tuvieron lugar otras dos nuevas huelgas generales en noviembre y diciembre. 

En noviembre de 2010 se celebraron elecciones locales y regionales, eran un test para conocer el impacto político de esta fase intensa de movilizaciones. El resultado fue una muy alta abstención en relación con lo habitual en Grecia, la victoria del Pasok, y un débil avance de las organizaciones a la izquierda de éste. El ciclo de enfrentamiento sindical abierto no consiguió modificar las políticas de austeridad impuestas por la troika para el rescate, pero sembró las condiciones políticas para que un reagrupamiento de la izquierda política, Syriza, terminase por alcanzar el gobierno cuatro años más tarde.

El segundo país de Europa donde se aplicó este modelo de enfrentamiento sindical abierto fue Francia. Bajo un gobierno conservador, el menor impacto de la crisis económica respecto a otros países europeos había supuesto que las medidas de ajuste aplicadas fuesen de menor intensidad. El cierre de empresas había dado lugar a conflictos puntuales y el primer acto de las movilizaciones se produjo en enero de 2009 en Guadalupe, con una huelga general contra la carestía de la vida. Pocos días después tendría lugar la primera huelga general francesa, acompañada de manifestaciones, que abriría un ciclo de movilizaciones que iría creciendo hasta alcanzar su clímax en octubre de 2010. Aunque en marzo tuvo lugar la segunda huelga general de 2009, a partir de ese momento las movilizaciones decayeron durante más de un año, pudiéndose decir que Francia se situaba también dentro del primer modelo. Sin embargo en la primavera de 2010, el proyecto de reforma de las pensiones del gobierno Sarkozy reactivó las movilizaciones con una intensidad que superó durante algunos meses a la de los sindicatos griegos.