sábado, 27 de febrero de 2010

QUE ME CAMBIO

(La Corona en singular batalla intelectual contra mi)

Desde mi más tierna infancia quise ser escritor, porque de serlo, lógico, sabría leer, escribir y de números y no tendría que asistir a las clases de mi padre, porque yo a mi padre lo quería mucho, pero de maestro ni pizca. Quería ser también tractorista, porque con los tractores me lo pasaba pipa, y policía, porque oía yo de niño algo sobre una guerra, fusilamientos, atrocidades y encarcelamientos y que los culpables andaban más chulos que un ocho por la calle, cosa con la que yo iba a terminar en un pis pas en cuanto me hiciera policía.
Pero esto era antes. Ahora han cambiado los vientos y con ellos yo (de chaqueta no cambio, que eso es otra cosa). Ahora de mayor quiero ser obispo, pero no vayan a creer que quiero ser un obispo corriente y moliente, un obispo del montón. De eso nada monada.
Quiero ser obispo atante o atador. De los que echan el lazo y ya no lo suelta ni Dios. Yo como Franco, que atadura que echaba para cutio quedaba.
Los obispos que actúan en España como agentes del Estado extranjero del Vaticano son una verdadera chapuza en eso del ato y desato que dicen ellos que les mandó Dios. Tan pronto te atan a unos con unos nudos que vaya las apreturas que les meten, como que se acojonan de atar al que verdaderamente ha de ser atado y lo dejan suelto.
Estos agentes extranjeros del Vaticano, los obispos que actúan en España (¡España, España, España!) han amenazado al Congreso de los Diputados, donde se hacen las leyes, con desatar a cualquier diputado que de su voto favorable a la nueva ley del aborto, o sea, que le cortarán el hilo que les une a Dios y dejarán que se caigan de cabeza al infierno, porque si los excomulgan como han dicho al infierno que se caen.
Si serán desagradecidos estos obispos extranjeros que actúan en España que van a echar al infierno a los mismos que con sus leyes les hacen posible que coman y beban a costa de todos los españoles.
Pero no solo eso. La cosa va mucho más allá. Al Rey, que es el no va más del no va más en lo tocante a leyes, porque sin su sanción real ninguna ley puede ser aplicada, y que por lo tanto, la nueva ley del aborto no puede ser aplicada sin que el Rey diga: abórtese en todo mi reino como Pedro por su casa, los obispos ni lo atan ni lo desatan. Al principal responsable de que se haga efectiva la nueva ley del aborto ni mus.
Dicen los obispos que al Rey no lo van a echar al infierno mediante el desate de la excomunión, porque claro, el Rey es único y tiene moral única, ¡mira que majos los obispos!
Pero a mi estos obispos que se creen muy listos no me la van a dar con queso. Los obispos no desatan al Rey porque el Rey es paisano de ellos, de Italia, de donde ellos tienen el Estado que como agentes los manda actuar en España (se creen los obispos que no sé yo por donde van los tiros, ¡inocentes!).
Pero con este cachondeo que se llevan los obispos de a este ato a este desato voy a terminar rápido. Y voy a terminar en el momento mismo en que acabe mi cursillo rápido por correspondencia y quede debidamente autorizado al ate y desate. Lo primero que voy a hacer, pero lo primero de lo primero, una vez autorizado, es echar una buena lacetada a los pies del Rey, y si a consecuencia de ello se trastabilla y cae y con él toda la monarquía, allá penas, yo habré cumplido con mí deber del ate, no como los obispos que son unas chapuzas.
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