miércoles, 7 de agosto de 2019

COSAS DE LA DEMOCRACIA SUSTITUTIVA DESDE 1978, PORQUE A MI NO ME REPRESENTAN, A MI ME SUSTITYEN, PORQUE EL QUE ME ROBA LAS PENSIONES EN LA TRACA DE TOLEDO NO SOY YO, SINO MIS SUSTITUTOS QUE HACEN DE INTERMEDIARIOS CON LOS LADRONES DE VERDAD, SUSTITUCIÓN MEDIANTE


España en el medio de una intriga internacional (II)
 
Factores externos condicionan la formación del gobierno

05.08.2019


La retorcida vinculación de Rivera a Macron
 
El contexto de enfrentamiento general causa secuelas tanto en el arco partidario como en cada partido, y va avivando confrontaciones de difícil interpretación, que aún no superando el hiperliderismo, empiezan a fomentar la tímida emersión de posiciones ideológicas. Una de estas, con características que han de definirse, está representada por los nacionalistas o soberanistas, comúnmente definidos de manera ambigua y genérica como “populistas i, la otra, con atributos inequívocos, se encarna en los globalistas, y en su dominio absoluto en las últimas tres décadas del auge del pensamiento único o unidimensional. La disyuntiva es que muchas agregaciones políticas, por una parte, han perdido o rechazado principios basilares de su herencia ideológica, particularmente las de las grandes familias marxista, socialista y democristiana, y por otra parte, han adquirido elementos típicos y tópicos del neoliberalismo. 

La manera en que han ido combinando lo nuevo con lo viejo ha determinado su colocación en el frente progresista o conservador del centro moderado. De hecho, durante años se ha producido un “novedoso moderantismo ii, en que todos los partidos, a parte algunas irrelevantes excepciones, han colgado, a veces con numerosos virajes ideológicos iii, la bandera de centroizquierda o centroderecha, hasta discutiendo si poner o no el guion, “centro-izquierda” o   centroizquierda”, para evidenciar una identidad ya comprometida iv. Finalmente, se han aglutinado como un cabildeo indefinido en un centro cada vez más metafísico e ilusorio, donde la contraposición entre reformistas y tradicionalistas, se ha convertido esencialmente en personalismo y conflictividad entre grupos antagónicos de poder. 

En este momento, las dos figuras que por razones diferentes dominan la escena política española, Pedro Sánchez y Albert Rivera, se encuentran en la necesidad de elegir su posicionamiento a nivel nacional e internacional. Por lo que concierne el presidente de Cs, el primer paso fue liberarse de Manuel Valls. Los argumentos que salieron de la boca de Inés Arrimadas v, para cerrar la complicada colaboración con el exprimer ministro francés, ocultan los verdaderos motivos de la ruptura. No fue el apoyo de Valls a la investidura de Ada Colau, sino la temida astucia del personaje, capaz de conquistar el liderazgo estando en una posición minoritaria. Precisamente, es lo que pasó durante las primarias socialistas de 2011, cuando obtenido un modesto 6% en la primera votación, decidió, en segunda vuelta, abjurar su línea derechista y respaldar el candidato de izquierda favorito vi, François Hollande. Como consecuencia de aquella decisión y de los fuertes vínculos con el mundo financiero –en particular, con los Rothschild, siendo un convencido sionista y su segunda exmujer vii (tras superar el divorcio con Nathalie Soulié) viii, Anne Gravoin, judía ix– consiguió el cargo de asesor de la campaña electoral del futuro presidente. Con la victoria de Hollande, fue nombrado ministro del interior (16 de mayo de 2012 - 31 de marzo de 2014), y sucesivamente, jefe de gobierno (31 de marzo de 2014 - 6 de diciembre de 2016). 

Jugada similar intentó contra Emmanuel Macron, después de ser derrotado por Benoît Hamon en la consulta socialista de 2016, para postularse a inquilino del Elíseo. Pues, el ex primer ministro, con extrema desenvoltura y sin pre