martes, 4 de septiembre de 2012

25 SEPTIEMBRE. JUSTIFICACION RAZONADA PARA "OCUPAR" EL CONGRESO (ACAMPADA ALREDEDOR DEL CONGRESO HASTA QUE SE DISUELVA)


EL NECESARIO SALTO EN BUSCA DE LA DEMOCRACIA PERDIDA DEL 15-M AL 25-S
José López 
Rebelión 

El surgimiento del movimiento 15-M en España supuso el inicio de un cambio de tendencia. Por fin, un amplio (aunque todavía no mayoritario) sector de la ciudadanía empezó a desprenderse de las telarañas de la apatía y el miedo que le atenazaban. Sin embargo, el 15-M tiene grandes retos que superar para revitalizarse, para, por fin, pasar de la casi inevitable indignación a la necesaria (pero nunca garantizada) revolución. Demasiados ciudadanos siguen apoyando en las urnas a los principales partidos de esta falsa democracia. Del gobierno “socialista” hemos pasado al gobierno “popular”. El sistema involuciona cada vez más. Las clases altas siguen su hoja de ruta de ataques cada vez más agresivos e indiscriminados a la mayoría social. La democracia retrocede hasta puntos harto peligrosos. Frente a esta situación surgió recientemente la iniciativa de “ocupar” el Congreso de los diputados el 25 de septiembre, de rodear el parlamento para conseguir la dimisión del gobierno y de la jefatura de Estado, e iniciar un proceso constituyente. 

Como era de esperar, dicha convocatoria del 25-S ha generado mucha polémica, incluso división de opiniones dentro de los distintos movimientos populares, como el 15-M. Algunas asambleas la apoyan mientras otras no. Los errores cometidos al organizar tal evento han generado demasiadas dudas. Por otro lado, la búsqueda del consenso o de mayorías demasiado amplias impide que ciertos colectivos vinculados al 15-M apoyen explícitamente las movilizaciones del 25-S, aun siendo apoyadas por más del 70% de sus integrantes en algunos casos. Las contradicciones organizativas del 15-M le empiezan a pasar factura, en forma de desmovilización, de división, de eternas discusiones (cada vez menos concurridas). El 15-M, por lo menos una parte de él, corre el serio peligro de encerrarse en sí mismo y no seguir avanzando. El buscar consenso o mayorías muy amplias, aun siendo deseable inicialmente, no debe convertirse en un obstáculo que impida tomar cualquier decisión, en una herramienta que facilite que ciertas minorías obstaculicen las acciones. ¿Es democrático que una organización se desvincule de cierto evento porque tan sólo el 30% de sus “afiliados” no lo apoyan? ¿No pesa más en este caso la opinión de la minoría frente a la de la mayoría? 

Como mínimo, la Plataforma ¡En Pie! ha logrado ya generalizar el debate acerca de la cuestión del proceso constituyente. Este tema, por fin, ha entrado en la agenda de las discusiones de la ciudadanía movilizada. Surgieron voces acusando a dicha plataforma de antidemocrática y ultraderechista. Afortunadamente, los organizadores del 25-S reaccionaron con un nuevo manifiesto para aclarar sus posiciones. Ciertos políticos y periodistas del sistema comparan la iniciativa “ocupa el congreso” con el golpe de Estado del 23-F. Nada sorprendente. Hacen su trabajo. El sistema se defiende. Cunde cierto miedo “escénico” en algunos sectores del movimiento 15-M. Hay miedo a que el sistema reaccione violentamente, tenga la excusa buscada para hacerlo. Existe el riesgo de que el 25-S se convierta en una trampa, de que se busque demasiado demasiado pronto. Ciertos intelectuales que llevan tiempo combatiendo el neoliberalismo imperante se desmarcan de tal iniciativa o permanecen distantes, a la expectativa, en vez de mojarse. 

Yo les pregunto a quienes se desmarcan del 25-S: ¿Cómo creéis vosotros que hay que presionar al sistema para cambiarlo? ¿Es posible cambiarlo simplemente rogando a las élites que lo controlan? ¿Es posible cambiarlo sin presionarlo? ¿Es posible llevar a cabo las interesantes ideas alternativas discutidas en ciertos sectores populares sin una democracia que merezca tal nombre? ¿Es posible transformar radicalmente el sistema sin la democracia real? 

+++ Las revoluciones nunca se han hecho pidiendo permiso al sistema establecido. Siempre se han hecho enfrentándose a la legalidad vigente. Lo legal no es siempre lo justo. Las revoluciones han sido siempre ilegales. Y lo seguirán siendo por mucho tiempo. Pero gracias a ellas tenemos algo de ley, no estamos del todo en la jungla. Debemos aprovechar las posibilidades legales para luchar legalmente contra la legalidad vigente, pero, inevitablemente, la ley se puede volver contra nosotros. Quienes controlan el Estado, controlan la ley, su aplicación. Si es necesario, se la saltan a la torera, la aplican arbitrariamente. Mientras sobre los pobres cae todo el peso de la ley, los ricos se enriquecen, precisamente, por su impunidad legal. La ley hecha por las élites es inherentemente contradictoria. Quien hace la ley hace la trampa. Basta con fijarse en nuestra actual Constitución monárquica que al mismo tiempo que dice que todos somos iguales ante la ley, pone al Rey por encima de ella. Por tanto, debemos procurar actuar legalmente, pero no debemos obsesionarnos por ser escrupulosamente legales. Pues, si es necesario para el sistema, para quienes lo controlan, lo que es legal puede dejar de serlo. A medida que el sistema involuciona el simple hecho de manifestarse en las calles pacíficamente se acerca cada vez más a la ilegalidad. Hasta la resistencia pasiva se intenta convertir en grave delito, similar al terrorismo. Lo legal no es necesariamente democrático. Esto es obvio en las dictaduras sin disfraz, pero lo es menos en las que tienen un disfraz de democracia, sin el cual no podrían subsistir mucho tiempo. Como decía Gandhi, en cuanto alguien comprende que obedecer leyes injustas es contrario a su dignidad de hombre, ninguna tiranía puede dominarle. O como afirmaba Montesquieu: No existe tiranía peor que la ejercida a la sombra de las leyes y con apariencias de justicia […] Una cosa no es justa por el hecho de ser ley. Debe ser ley porque es justa. 

En nuestro actual sistema lo legal todav