lunes, 12 de noviembre de 2012

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ALEMANIA: EL FIN DE LA ILUSIÓN DE LA SOCIALDEMOCRACIA


Alberto Cruz 
CEPRID 
Sociología crítica 
Publicado en 2012/11/11 

 Los socialdemócratas del SPD alemán ya tienen a su candidato para enfrentarse a Angela Merkel en las elecciones de septiembre del año que viene. Es Peer Steinbrück, ex ministro de Finanzas en el primer gobierno de la canciller, uno de coalición entre cristianodemócratas y socialdemócratas entre los años 2005 y 2009. Casi toda su vida política ha ocupado cargos de responsabilidad en temas económicos y de finanzas no sólo en el gobierno federal, sino en los land de Schleswig-Holstein y de Renania del Norte-Westfalia. Es, por lo tanto, el hombre perfecto para que el SPD intente desbancar a Merkel de la cancillería germana y que indica al resto de Europa de qué va la cosa en Alemania: continuar con el control subyacente de la UE y marcar su rumbo económico. 

Steinbrück es uno de los máximos exponentes del ala derecha del SPD, si es que hay alguna otra ala en este partido pese a alguna crítica puntual o postura particular en algún land determinado. Ha sido elegido por unanimidad de los 35 miembros del comité ejecutivo para “captar al electorado de centro”, según reconocen en el SPD. Con esta elección, el SPD da lo que también ha sido definido como “un paso adelante” pero, en realidad, son muchos pasos atrás. Otros más en la senda que ya comenzó a transitar a finales de la década de 1990 tras la desaparición del muro de Berlín. Desde entonces hablar de socialdemocracia no es más que una ilusión que se ha mantenido porque al capitalismo le interesa. La socialdemocracia no es más que la otra cara de la moneda capitalista y de ahí que haya habido alternancia política en los gobiernos, eso que eufemísticamente se denomina “centro-izquierda” y “centro-derecha”, pero que no se haya tocado la esencia del sistema capitalista. Quien manda es el capitalismo, y ahora, el financiero.

 Steinbrück es, también, el preferido por todos los medios de comunicación alemanes dado que le consideran el máximo representante del “modelo alemán” que viene impulsando su partido desde el año 2003 –el SPD fue el precursor de las políticas neoliberales, los recortes sociales y en dar prioridad al “mercado” antes que al ciudadano- y que con tanto ahínco defiende ahora Merkel, es decir, reducir el gasto público con la excusa de combatir la crisis. Echar un vistazo a todos los editoriales publicados tras su nombramiento es bastante clarificador de lo que nos espera en caso que sea capaz de derrotar a Merkel: elogios y recordatorios de cómo desreguló a los bancos y recortó la asistencia social para ayudar a capear la crisis provocada por la caída de Lehman Brothers que, a su vez, provocó un pequeño terremoto en la banca alemana que se solventó con la puesta en marcha de un fondo de rescate de 480 millones de euros… a costa del contribuyente. 

No debe sorprender el amor que le profesan los llamados medios de comunicación porque con este tipo de políticas fue el responsable de la mayor catástrofe sufrida por el SPD en Renania del Norte-Westfalia en toda la historia del partido, de la que sólo se ha recuperado ahora en las elecciones de mayo de este año por el hartazgo con la política de Merkel. El que el SPD recuperase el gobierno de este land se debe no sólo a este factor, que es el determinante, sino también a que su nuevo candidato hizo lo posible por alejarse de lo que Steinbrück hizo y ahora propugna. Por ejemplo, hablando de una política dura contra el sector financiero y por eso ganó. Hubo quien, dentro del SPD, creía que este nuevo dirigente de Renania del Norte-Westfalia, Hannelore Kraft, era el idóneo para que el SPD recuperase su esencia socialdemócrata, pero no fue más que una ilusión. No cuenta con apoyos dentro del máximo aparato del partido. Está bien para un land, no para todo el país porque con su discurso sería “incapaz de acercarse al voto conservador”. El fin de la ilusión socialdemócrata y toda una declaración de principios sobre qué es hoy el SPD. 

Eso sí lo hace Steinbrück, que no arremete contra el sector financiero sino que se milita a hablar de una “mejor regulación”. No es extraño. Steinbrück es un hombre muy bien relacionado con empresas como Porsche, Telekom o ThyssenKrupp, de la que ha sido un alto directivo. Y no es extraño que el SPD votase en bloque a favor del “pacto fiscal y de estabilidad” impulsado por Merkel porque, como repiten sin cesar los llamados medios de comunicación, “de votar en contra el SPD se abría situado en la marginalidad política”. 

Steinbrück representa un retorno a las mismas y terribles políticas que impulsó el SPD desde 1995 hasta el 2005 –en coalición con Los Verdes, no hay que olvidarlo- en todos los gobiernos que ha tenido, tanto en los land como en el gobierno federal y luego en el gobierno de coalición que mantuvieron la CDU (cristianodemócratas, el partido de Angela Merkel) y el SPD desde 2005 hasta el 2009, cuando la CDU logró la mayoría necesaria para deshacerse del SPD y formar gobierno con los liberales del FPD. Entonces Steinbrück no tuvo ningún empacho en hablar de “regular los mercados financieros” (2008), en su etapa como Ministro de Finanzas, pero no movió un solo dedo para que ello fuese posible. Ahora vuelve a hablar de lo mismo. 

 8 millones de trabajadores pobres 

En todo este proceso, y según los datos de la principal central sindical alemana, la Deutscher Gewerkschaftsbund (DGB), Confederación de Sindicatos Alemanes, la situación laboral se ha vuelto tan grave como en cualquier otro de los países europeos. La precarización laboral afecta a 7’7 millones de trabajadores, con un crecimiento del 45% en los últimos diez años, y son las agencias de trabajo temporal quienes han pasado a casi monopolizar los contratos en detrimento del servicio público de contratación. En esta década, 2002-2012, este tipo de contrataciones ha crecido en un 150%. Los trabajadores pobres ya son 8 millones en la Meca del capitalismo europeo, 2’3 millones de ellos han llegado a esta trágica situación desde 2010 hasta ahora. Esta cifra supone el 23’1% de la población trabajadora de Alemania. Y del total de los 8 millones de trabajadores pobres el 63%, algo más de 5 millones, son mujeres. Para ellas, el gobierno de Merkel viene impulsando los llamados “mini-job”, un trabajo a tiempo parcial que no está sujeto a cotización social alguna por parte de los empresarios. Los “mini-job” no son vistos con malos ojos por el SPD. 

Pero, a pesar de reconocer que el SPD tiene una gran parte en la responsabilidad de esta situación, los sindicatos alemanes son reacios a cortar sus relaciones con la hasta ahora socialdemocracia y apuestan de forma clara por el “mal menor”. En ello casi les va la vida porque ha sido la socialdemocracia quien les ha alimentado en épocas de bonanza y les ha permitido moderar el descontento en épocas de flaqueza o cuando ha gobernado la otra cara de la moneda capitalista, el CDU. Como ahora. Sin embargo, hay un sindicato integrado en la DGB que considera que un mal es un mal. Es el caso del metalúrgico IG Metall, que ha dado un paso para ir más allá y ha ganado el pulso que mantenía tanto con el gobierno federal como con la patronal al conseguir un aumento salarial para este año del 4’3%, el