domingo, 31 de octubre de 2010

ME LO TEMIA: LA DERECHA ATACA OTRA VEZ

(Foto muy favorecida de José Atares Martinez, en persona está bastante más de peor ver, está mucho más gordito, con mucha más papada, politico del PP que pretende hacer méritos políticos apelando al nombre de Marcelino Camacho)

La hipocresía es la hipocresía. Punto. La desfachatez es la desfachatez. Otro punto más, que no sea por falta de puntos. Y el mondongueo es el mondongueo… Ahí va otro punto más.
Martín Villa, un derechón franquista reconvertido a la democracia por la UCD de Súarez para seguir enriqueciéndose a través de la política, fue uno de los primeros elegidos pertenecientes a la derecha para loar la figura de Marcelino Camacho.
Ahora acomete otro derechón, José Atarés Martinez, ex acalde de Zaragoza, premiado con un puesto en el Senado, apelando a los Pactos de la Moncloa y a la figura de Marcelino Camacho como ejemplo de hombre responsable y de sentido nacional, olvidando lo que no conviene olvidar, que Marcelino Camacho no hacía buenas migas con la derecha, y que era la derecha la que lo encarcelaba por el delito de querer organizar a las clases trabajadoras para que se defendieran de la explotación del capital, de cuya organización todavía hoy carecemos los trabajadores (a ver cuando se nos aparece otro Marcelino Camacho y podemos organizar con él otras Comisiones Obreras como las que él contribuyó a organizar en su día, de las que hoy solo quedan su sombra y el nombre).
Era la derecha también, contra la que luchó Marcelino Camacho a través del sindicalismo, la que hizo que millones de personas tuvieran que abandonar sus pueblos para ir en busca del coscurro a otras tierras que no siempre recibieron bien a los forasteros que llegábamos en busca de comida, y si era posible, y las costillas aguantaban, después de trabajar, estudiar.
Fue también aquella derecha la que haciendo lo que sabía y sabe hacer: comprar, compró voluntades, la del PSOE y la del PC de Santiago Carrillo a través de los Pactos de la Moncloa (contra los que estuvimos los izquierdosillos de izquierdas sin muchos calificativos) a resultas de los cuales se desgraciaron las esencias del sindicalismo, legando a la situación actual en que la derecha les exige a lso trabajadores clara y abiertamente que tienen que trabajar más, ganar menos y peores condiciones de trabajo.
Y, era en suma aquella derecha la que fusilaba, y de aquella derecha que fusilaba toda vía hoy tiene el PP una insigne figura, muy honorificada y laureada, que era ministro de Franco y estuvo presente en los Consejos de ministro que condenó a muerte.
Con esto yo no pretendo meter el dedo en la llaga ni reclamar venganza alguna contra nadie, sino de desenmascarar a los hipócritas de la derecha que como las moscas se alimentan de la mierda y exigir que no utilicen el nombre de Marcelino Camacho, salvo para pedirle disculpas a sus familiares y amigos por el daño intencionado causado.

FRAGMENTO RELATIVO A LOS ULTIMOS FUSILAMIENTOS REALIZADOS POR EL REGIMEN DE FRANCO EN 1975 (Wikipedia, la Enciclopedia libre):

Las ejecuciones de las penas de muerte no indultadas se realizaron por fusilamiento el sábado 27 de septiembre. En Barcelona, fue ejecutado Juan Paredes Manot, Txiqui, de 21 años,[7] y en Burgos, Ángel Otaegui, de 33, ambos militantes de ETA. En Hoyo de Manzanares (Madrid), José Luis Sánchez Bravo, de 22 años, Ramón García Sanz, de 27, y José Humberto Baena Alonso, de 24, miembros del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP).[6] [8]
En Hoyo de Manzanares los fusilamientos lo hicieron tres pelotones compuestos cada uno por diez guardias civiles o policías, un sargento y un teniente, todos voluntarios. A la 9.10, los policías fusilaron a Ramón García Sanz. A los 20 minutos, a José Luis Sánchez Bravo y poco después a Humberto Baena. A las 10.05 todo había concluido. No pudo asistir ningún familiar de los condenados, pese a ser «ejecución pública», según marcaba la ley.[6] El único paisano que pudo asistir fue el párroco de la localidad, que relato después la ejecución:
Además de los policías y guardias civiles que participaron en los piquetes, había otros que llegaron en autobuses para jalear las ejecuciones. Muchos estaban borrachos. Cuando fui a dar la extremaunción a uno de los fusilados, aún respiraba. Se acercó el teniente que mandaba el pelotón y le dio el tiro de gracia, sin darme tiempo a separarme del cuerpo caído. La sangre me salpicó.
[6]
Los cadáveres de los tres miembros del FRAP fueron enterrados la misma ma