sábado, 1 de abril de 2017

100 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA. 5 DE 25


LeónTrotsky

HISTORIA DE LA REVOLUCION RUSA

Tomo II



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Capitulo V

La contrarrevolución levanta la cabeza

En los dos primeros meses, bien que el poder perteneciera oficialmente al gobierno Guchkov-Miliukov, hallábase, en realidad, concentrado por entero en las manos de los soviets. En los dos meses siguientes, el Soviet se debilitó: parte de su influencia sobre las masas pasó a los bolcheviques, ni más ni menos que los ministros socialistas llevaron en sus carteras parte del poder al gobierno de coalición. Al iniciarse la preparación de la ofensiva, reforzóse automáticamente la importancia del mando, de los órganos del capital financiero y del partido kadete. Antes de verter la sangre de los soldados, el Comité ejecutivo realizó una considerable transfusión de su misma sangre a las arterias de la burguesía. Entre bastidores, los hilos se concentraban en las manos de las embajadas y de los gobiernos de la Entente.
En la conferencia interaliada que se había inaugurado en Londres, los amigos de Occidente se "olvidaron" de invitar al embajador ruso. Sólo cuando éste hizo que se acordasen de su existencia, se le llamó diez minutos antes de abrirse la sesión, con la particularidad de que resultó que en la mesa no había sitio para él, y tuvo que sentarse entre los representantes franceses. El escarnio de que era objeto el embajador del gobierno provisional y la significativa salida de los kadetes del Ministerio -ambos acontecimientos tuvieron lugar el 2 de julio- perseguían el mismo fin: acorralar a los conciliadores. La demostración armada que tuvo lugar inmediatamente después de esto, debía poner tanto más fuera de sí a los jefes soviéticos, cuanto que éstos, ante este doble golpe, fijaron toda su atención en un sentido completamente opuesto. Ya que no quedaba otro remedio que arrastrar la sangrienta carreta en alianza con la Entente, no cabía encontrar mejores intermediarios que los kadetes. Chaikovski, uno de los más viejos revolucionarios rusos, que se había convertido, durante los largos años de emigración, en un liberal británico moderado, decía en tono de mentor: "Para la guerra se necesita dinero, y los aliados no van a dárselo a los socialistas." A los conciliadores les avergonzaba emplear este argumento, pero comprendían todo el peso que tenía.
La correlación de fuerzas se había modificado de un modo evidentemente desventajoso para el pueblo, pero nadie podía decir hasta qué punto. En todo caso, los apetitos de la burguesía habían aumentado mucho en medida más considerable que sus posibilidades. El choque era el resultado de ese estado indefinido, pues las fuerzas de las clases se someten a prueba en la acción, y los acontecimientos de la revolución se reducen a esas pruebas repetidas. Cualquiera que fuese, sin embargo, la importancia de la revolución realizada por el poder de la izquierda a la derecha, poca repercusión tuvo en el gobierno provisional, que seguía siendo un lugar vacío. Con los dedos pueden contarse las personas que en los críticos días de julio se interesaban por el Ministerio del príncipe Lvov. El general Krimov, que no era otro que el que en otro tiempo había hablado con Guchkov de la deposi