miércoles, 17 de diciembre de 2025

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Piratas en Venezuela

 

Petróleo, minerales, tierras raras… un botín nada despreciable para la moderna piratería que capitanea Trump. Un pirata que quiere para sí y los suyos toda la riqueza de América, del Ártico a la Tierra del Fuego. Y lo predica con descaro.


Piratas en Venezuela

 

Vijay Prashad

El Viejo Topo

17 diciembre, 2025 



¿POR QUÉ TRUMP ENVIÓ SUS BUQUES DE GUERRA A VENEZUELA?

Desde que Hugo Chávez llegó al poder en 1998, los Estados Unidos ha intentado derrocar la Revolución Bolivariana. Han intentado de todo, salvo una invasión militar a gran escala: un golpe militar, seleccionar un presidente sustituto, cortar el acceso al sistema financiero mundial, imponer múltiples sanciones, sabotear la red eléctrica, enviar mercenarios e intentar asesinar a sus líderes. Si se le ocurre algún método para derrocar a un gobierno, es probable que los Estados Unidos lo haya intentado contra Venezuela.

Sin embargo, en 2025, la escalada se hizo evidente. Los Estados Unidos envió sus buques de guerra a patrullar la costa de Venezuela, comenzó a hundir pequeñas embarcaciones y a matar a sus tripulantes cuando salían del continente sudamericano, y capturó un petrolero con destino a Cuba.

La cantidad de ataques contra Venezuela ha aumentado, lo que sugiere que la calidad de las amenazas ha alcanzado ahora una magnitud diferente. Da la sensación de que los Estados Unidos se está preparando para una invasión a gran escala del país. Donald Trump llegó al poder diciendo que se oponía a las intervenciones militares que no promovieran los intereses de los Estados Unidos, por lo que calificó la guerra ilegal de los Estados Unidos contra Irak como un desperdicio de “sangre y tesoro”.

Esto no significa que Trump esté en contra del uso del ejército estadounidense: lo desplegó en Afganistán (recuerden la “madre de todas las bombas”) y Yemen, y ha respaldado plenamente el genocidio estadounidense-israelí contra los palestinos. Su fórmula no es a favor o en contra de la guerra de forma categórica, sino sobre lo que los Estados Unidos ganaría con ella. En el caso de Irak, afirmó que el problema no era la guerra en sí, sino el hecho de no haberse apoderado del petróleo iraquí. Si los Estados Unidos se hubieran apoderado del petróleo de Irak, es probable que Trump estuviera en Bagdad, listo para construir, con el tesoro iraquí, un hotel Trump en una de las antiguas propiedades presidenciales.

Naturalmente, el aumento de la presencia militar estadounidense en el Caribe tiene que ver con el petróleo venezolano, las mayores reservas conocidas del mundo. La política respaldada por los Estados Unidos, María Corina Machado, galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 2025 tras apoyar el genocidio israelí y pedir la invasión estadounidense de su propio país, ha prometido públicamente abrir los recursos de su país al capital extranjero. Ella acogería con agrado la extracción de la riqueza de Venezuela en lugar de permitir que su riqueza social mejore la vida de su propio pueblo, como es el objetivo de la Revolución Bolivariana iniciada por Hugo Chávez. Una presidenta Machado renunciaría inmediatamente a cualquier reclamo sobre la región de Esequibo y otorgaría a ExxonMobil el control total de las reservas petroleras de Venezuela. Este es sin duda el premio.

Pero no es el estímulo inmediato. Una lectura detallada de la Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos para 2025 muestra que hay un renovado énfasis en el hemisferio occidental. El corolario de Trump a la Doctrina Monroe de 1823 es claro: el hemisferio occidental debe estar bajo el control de los Estados Unidos, y los Estados Unidos harán lo que sea necesario para garantizar que solo los políticos proestadounidenses ostenten el poder. Vale la pena leer esa sección de la Estrategia de Seguridad Nacional:

“Tras años de abandono, los Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar la preeminencia estadounidense en el hemisferio occidental y proteger su patria y su acceso a zonas geográficas clave en toda la región. Negaremos a los competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas u otras capacidades amenazantes, o de poseer o controlar activos estratégicamente vitales, en nuestro hemisferio. Este ‘corolario de Trump’ a la Doctrina Monroe es una restauración sensata y potente del poder y las prioridades estadounidenses, coherente con los intereses de seguridad de Estados Unidos”.

Cuando Argentina se enfrentó a elecciones locales, Trump advirtió que los Estados Unidos cortaría la financiación externa si perdían los candidatos que se oponían al presidente proestadounidense Javier Milei. En Honduras, Trump intervino directamente para oponerse al Partido Libre, llegando incluso a ofrecer la liberación de un narcotraficante condenado (y ex presidente). Los Estados Unidos está actuando de forma agresiva porque ha evaluado con precisión la debilidad de la marea rosa y la fuerza de una nueva “marea enojada” de extrema derecha. La aparición de gobiernos de derecha en toda América del Sur, América Central y el Caribe ha envalentonado a los Estados Unidos para presionar a Venezuela y, con ello, debilitar a Cuba, los dos grandes polos de la izquierda latinoamericana. Derrocar estos procesos revolucionarios permitiría un dominio total de la Doctrina Monroe sobre América Latina y el Caribe.

Desde la década de 1990, los Estados Unidos comenzó a hablar de América Latina como un socio para la prosperidad compartida, haciendo hincapié en la globalización por encima del control directo. Ahora, el lenguaje ha cambiado. Como afirma el Corolario Trump: “Queremos un hemisferio que permanezca libre de incursiones extranjeras hostiles o de la propiedad de activos clave y que apoye las cadenas de suministro críticas… Queremos garantizar nuestro acceso continuo a lugares estratégicos clave”. América Latina es vista como un campo de batalla para la competencia geopolítica contra China y una fuente de amenazas como la inmigración y el tráfico de drogas. El ataque a Venezuela y Cuba no es solo un asalto a estos dos países, es la primera salva de la intervención directa de los Estados Unidos en nombre de esa marea furiosa. Esto no proporcionará una vida mejor a la población, sino una mayor riqueza para las empresas estadounidenses y las oligarquías de América Latina.

Trump está dispuesto a revivir la creencia de que cualquier problema puede resolverse con la fuerza militar, incluso cuando existen otras herramientas. El Corolario Trump promete utilizar su “sistema militar superior al de cualquier país del mundo” para robar los recursos del hemisferio.

La agresión contra Venezuela no es una guerra solo contra Venezuela. Es una guerra contra toda América Latina.

Fuente: Globetrotter

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Revolución – Rebelión social

 


Revolución – Rebelión social

 

Prudenci Vidal Marcos

El Viejo Topo

16 de diciembre de 2025

 

Puede que, aun sin saberlo, estemos inmersos en una silenciosa e inefectiva revolución fundamentada  por el rechazo político-social de las políticas neoliberales que el sistema institucional ha llevado a cabo. La “politización de lo social” ha provocado una crítica al sistema político institucional: las instituciones se ponen en entredicho por la utilización política que se hace de ellas, porque los objetivos y medios definidos por los pactos constitucionales, por la cultura atávica, son reemplazados por objetivos partidistas algunos de ellos caducos e inaceptables, porque una sociedad madura no puede regresar a la intransigencia incapacitando a la población y negando la posibilidad de realizar los objetivos de igualdad, justicia y progreso.

Negar la capacidad colectiva de las personas para transformar sus condiciones de vida para lograr una existencia mejor puede hacerse de forma coercitiva o mediante el silencio y la resignación. Y nuestra sociedad está sumida en un pesimismo que ve como irremediable la situación real del país: trabajadores pobres, 29,2% de pobreza infantil, aumento geométrico de los sin vivienda, solo 350.000 trabajadores con convenio, un “país en venta” para las fondos de inversión extranjeros…

Ante la precariedad laboral resulta que la conflictividad es la más baja de todos los tiempos: 2.024= 707 Huelgas. Afectados 252.723 trabajadores de 22 millones. Menos huelgas sectoriales y de empresa. ¿Por qué ante tanta precariedad laboral tenemos tan poca conflictividad? ¿Estamos dispuestos a avanzar en nuestras reivindicaciones? ¿Qué papel están ejerciendo los sindicatos? Hay que preguntarse por todo ello y no refugiarse en el individualismo [yo estoy bien, los demás…]

En Catalunya el 58% de los hospitales públicos dependen de la sanidad privada habiendo aumentado un 38% en la última década. Pero la sanidad pública asume más del 95%  de los tratamientos más costosos (trasplantes, grandes quemados, neonatos de poco peso…) mientras que los centros concertados tienen “una atención selectiva”. De ser un recurso excepcional ha pasado a convertirse en una práctica estructural, desviando una parte creciente del presupuesto sanitario público a empresas que responden al beneficio y no al interés general. Y lo que revoluciona a las conciencias es que se aluda a esta prácticas en aras a la” libertad”. ¿La libertad de quién?

Imaginemos que tenemos un piso, o una  casa en propiedad y que el administrador de la finca se vende lo que es nuestro. Pues el mismo ejemplo hemos de aplicar a las “privatizaciones de lo público”. Los que fueron elegidos como “gestores” se han convertido en reales propietarios que venden lo que es de todos. Hay que proteger y blindar lo público. Conservar lo público hoy  es revolucionario, porque es lo justo, porque lo que pertenece a todos no se puede privatizar. Las desiguales inversiones por habitante en las Comunidades Autónomas muestran la rotura del principio de igualdad ante el servicio por excelencia, que es la preservación de la vida.

Hoy los médicos están en huelga (excepto el 50% de servicios mínimos). Reclaman mejoras salariales que se les deben desde hace tiempo, reducción de las guardias, más minutos de atención a los pacientes… Es decir, casi volver a lo que ya teníamos.

Al analizar los datos en sanidad, trabajo, vivienda, educación etc. nos preguntamos: ¿Por qué no se produce una revolución social? Diríase que una buena parte de los habitantes del Estado español han asumido con resignación la situación existente. Lo cual proporciona un diagnóstico realmente alarmante, pues nos sitúa ante una perspectiva en la que los actores sociales no articulan voluntad alguna de cambiar la realidad que nos machaca. Tal actitud ha sido históricamente característica de aquellas sociedades que, sufriendo enormes presiones provenientes del poder y de las clases sociales hegemónicas, dan salida a ese sufrimiento a través de explosiones sociales espontáneas, que frecuentemente concluyen sin mayores consecuencias por falta de cohesión y solidaridad. El individualismo consumista es el mayor atentado a la sociedad organizada solidaria.

Una nueva economía es posible, y con ella una nueva forma de entender lo social y lo político. Hoy es noticia el caso de DURALEX en Francia. Los obreros se han hecho propietarios de la empresa que con aportaciones populares han recaudado 20 millones de euros a devolver en 8 años. El cooperativismo, la economía circular, las empresas estatales etc. deben llamar a la puerta de una nueva organización social. El Neoliberalismo ha resultado ser un cáncer social y hay que amputarlo de raíz. Para ello es necesaria una mayor conciencia solidaria, cooperativista, justa, distributiva. Las instituciones no deben permanecer al margen de lo que la sociedad les reclama, deben evolucionar hacia la eliminación de todo tipo de privilegios e ideologías que carezcan de los principios básicos de la democracia participativa. La tolerancia no debe tolerar a los intolerantes, perpetuadores de un estatus de privilegio para unos pocos.

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