lunes, 14 de enero de 2019

EN FRANCIA, SEBASTOPOL, QUE ES UN BARRIO DE BILBAO Y EN TODA TIERRA DE GARBANZOS, EL PODER OBJETIVO ESTÁ EN LOS TRABAJADORES (Que no seamos conscientes de ello, que aceptemos barco como animal de compañía o que los niños vienen de París ya es otra cosa). QUIEN TENGA OJOS PARA VER QUE ESCUCHE, QUIEN TENGA DEDOS EN LOS PIES QUE OIGA Y QUIEN QUIERA MORIR ENCANTADO PÉGUESE DOS CABEZAZOS CONTRA EL CANTO DE UNA ESQUINA: PRIMERO UNO Y DESPUÉS OTRO.



DE LOS “CHALECOS AMARILLOS” A LOS “BRAZALETES BLANCOS”: CÓMO DOMESTICAR A UNA MOVILIZACIÓN ESPONTÁNEA

Diario octubre
13.01.2019


Las nueve semanas de protesta de los “chalecos amarillos” están siendo el mejor laboratorio moderno de lo que Lenin explicó ya hace cien años en su “¿Qué hacer?”, a saber, el componente espontáneo de una lucha, sus limitaciones y sus lecciones. Es uno de esos casos en los que la vanguardia tiene que aprender de las masas.
El gobierno lo está intentando todo para frenar las movilizaciones pero, sobre todo, para “encauzarlas”, convertirlas en cortejos inofensivos. Ayer se demostró que hasta ahora ha fracasado, lo cual demuestra la profundidad del descontento y el hastío opular.
Nada menos que a la agencia de noticias AFP se le ocurrió ayer (*) algo que tiene poco que ver con su cometido profesional, que creíamos que era el de informar. Lo que propone no es que el gobierno cambie su política económica; quienes deben cambiar son siempre los explotados y humillados que, como van a seguir por siempre en su misma condición, explotados y humillados, también van a seguir protestando.
A los “chalecos amarillos” hay que domesticarlos lo mismo que a los sindicatos. Primero hay que domesticar a la dirección para que a su vez convoque protestas a su imagen y semejanza, es decir, domesticadas.
La AFP dice que los “chalecos amarillos” son poco “profesionales”, personas que no tienen la costumbre de manifestarse habitualmente, al estilo festivalero y jocoso de las protestas domesticadas, donde la gente en lugar de luchar lo que hace es divertirse, disfrazarse de payasos y bailar acompañados de una charanga.
A eso le llaman hoy “manifestaciones”, en las que no pueden faltar nunca, dice la agencia, los “brazaletes blancos”, o sea, el servicio de orden, de tal manera que la policía no tenga que sacar la porra para desempeñar la tarea represiva que le es propia. Los convocantes deben ser policías de sí mismos para que nadie “se pase”. Que vayan por donde tengan que ir y que griten lo que tengan que gritar.
El servicio de orden de una manifestación domesticada es como el perro pastor que guía