domingo, 7 de agosto de 2016

SIN TRABAJO O CON UN TRABAJO QUE NO PERMITA LLEGAR A FIN DE MES DECENTEMENTE, PUEDE EXISTIR LA SEGURIDAD PERSONAL?



El Observatorio Metropolitano de Madrid publica “Enclaves de riesgo” (Traficantes de Sueños)

Seguridad y control social en el orden neoliberal

Rebelión
06.08.2016



El binomio seguridad-riesgo se vincula íntimamente al neoliberalismo. Los intereses individuales priman sobre la vida en común, en un mundo lleno de precariedades, competitividad e incertidumbre, en el que los lazos comunitarios y los resortes del Estado del Bienestar se ven claramente mermados. La vida se torna peligrosa. Una parte de los ciudadanos piden más monitoreo, policía y castigo. Exigen el “derecho a la seguridad”. Las ideas libertad-seguridad han desplazado a las de igualdad-fraternidad en el centro de las relaciones sociales. Aquellos barrios estigmatizados de la década de los 70 y 80, como Vallecas, Carabanchel, Villaverde o San Blas en Madrid, a los que se asoció a los atracos, la heroína y el chabolismo, sufren actualmente nuevas “amenazas”: familias de “ocupas”, “bandas latinas” y otros “elementos” que se consideran ajenos a las barriadas. Cunde asimismo un discurso de vuelta a la disciplina, en profesionales, iglesias, asociaciones de víctimas y vecinales, entre otros sectores. Según el argumentario neoliberal, los profesores y la ley han perdido autoridad, lo que se entiende como una perniciosa herencia de mayo del 68. El profesor de Sociología y Trabajo Social, Sergio García, y la investigadora militante Débora Ávila apuntan estas ideas en la introducción del libro “Enclaves de Riesgo. Gobierno neoliberal, desigualdad y control social”, publicado por el Observatorio Metropolitano de Madrid en la editorial Traficantes de Sueños. “La seguridad funciona como único pegamento posible en un tejido social tremendamente desigual”, añaden.

La prisión recupera un espacio de preeminencia. Autor de “Las cárceles de la miseria” (2001) y “Los condenados de la ciudad” (2013), el investigador Loïc Wacquant destaca que la realidad ha desmentido las reflexiones, a mediados de los 70, de pensadores como David Rothman, Michel Foucault o Michael Ignatieff, tres de los principales historiadores revisionistas de la prisión. La observaban como una institución en declive, frente a otras fórmulas más difusas de control social. Se discutía entonces sobre la “desencarcelación” y la aplicación de penas de servicios a la comunidad, pero los gobiernos han caminado por otra senda. “La población encarcelada se ha duplicado en Francia, Bélgica e Inglaterra, triplicado en Holanda, España y Grecia, y quintuplicado en Estados Unidos”, subraya Wacquant. El profesor de Sociología en la Universidad de California (Berkeley) señala que la “repentina hipertrofia” del sistema penal en Estados Unidos encontraba un complemento en la Ley de 1996 de “oportunidades laborales y responsabilidad individual”, que operaba una mutación radical de principios. Se cambiaba el derecho al bienestar por la obligación al trabajo. Era la respuesta al final del modelo keynesiano, el trabajo asalariado fordista y la crisis del gueto como espacio de confinamiento tras las revueltas por los derechos civiles de los 60.

En un artículo titulado “Policías cotidianas”, el sociólogo y miembro de las Brigadas Vecinales de Observación de Derechos Humanos (Madrid), Sergio García, pone el acento en los llamados enfoques “preventivistas”, que requieren “mucha policía y muy presente”. Entre 2003 y 2010, Madrid pasó de 94,7 a 90,5 delitos y faltas por cada 1.000 habitantes, pero los responsables policiales continuaban apelando a la necesidad de incrementar las plantillas. En la época podían leerse titulares como “Gallardón promete reducir la tasa de delitos un 10% y ampliar la plantilla de la Policía Municipal con 1.500 agentes”. La capital de España era en ocasiones escenario de “una feria de luces azules sobre flamantes coches patrulla, o un desfile de jóvenes cuerpos dentro de renovados uniformes (o de ‘secretas’ ropa Springfield)”, apunta Sergio García. En plena crisis (julio de 2012), afirmaba el director general del Cuerpo Nacional de Policía, Ignacio Cosidó: “Sin seguridad no puede haber libertad, desarrollo ni crecimiento económico”. Son principios generales que después se traducen en medidas específicas, como el Plan Integral de Mejora de la Seguridad y