lunes, 12 de agosto de 2013

PARA ENTENDER QUÉ PASA Y QUÉ PUEDE PASAR EN CATALUÑA Y ESPAÑA: UNA LECCIÓN DE HISTORIA


SALVADOR LÓPEZ ARNAL (EDITOR)

CONVERSACIONES SOBRE CATALUÑA 

ALEJANDRO ANDREASSI, MIGUEL CANDEL, ÀNGEL DUARTE MONTSERRAT Y JOSÉ LUIS MARTÍN RAMOS 

Copyleft 2013

Este libro de conversaciones con Alejandro Andreassi, Miguel Candel, Àngel Duarte Montserrat y José Luis Martín Ramos, editado por Salvador López Arnal, es de propiedad pública.

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III

Entrevista a Miguel Candel sobre la situación política Catalana

“Hay muchas variantes posibles en un régimen federal. Pongámonos a estudiarlas en serio, sin descalificaciones ni exigencias previas”. 

Luchador antifranquista de larga trayectoria, traductor de Aristóteles, Gramsci, Sokal, John Searle y de otros filósofos y ensayistas, clásicos y no tan clásicos, Miguel Candel, ex catedrático de griego del IES Puig Castellar de Santa Coloma de Gramenet (Barcelona) y extraductor de las Naciones Unidas y de la Comisión Europea, es actualmente profesor titular de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Barcelona y autor, entre otras numerosas publicaciones, de Metafísica de cercanías (Montesinos, Barcelona, 2004). Fue publicada en El Viejo Topo, noviembre de 2012 

Permíteme preguntarte inicialmente por algunos temas históricos. ¿Se puede hablar en rigor, como suele hacerse, de la ocupación de las tierras catalanas por parte de las tropas borbónicas castellanas en 1714?

No soy historiador y mi conocimiento de esos hechos no es ni mucho menos el de un especialista. Pero, por lo que sé, la guerra que hoy sitúan muchos como el origen de todas las calamidades para Cataluña fue una guerra dinástica, como tantas otras que tuvieron lugar en Europa en el siglo XVIII. Se enfrentaron dos coaliciones internacionales que apoyaban, respectivamente, al pretendiente de la dinastía reinante en Francia, Felipe de Bourbon-Anjou, y al pretendiente de la dinastía imperial austriaca, el archiduque Carlos de Habsburgo (dinastía que había reinado hasta entonces en España, extinguiéndose tras morir Carlos II sin descendencia). España era entonces la segunda o tercera potencia mundial y todas las casas reinantes en Europa querían tenerla bajo su influencia. Intervinieron tropas de diversas nacionalidades (Austria, Francia, Inglaterra, Holanda, Italia, España…) y, por lo que hace a Cataluña, sería hora de reconocer que, si bien la Generalitat y la mayoría de los territorios del principado apoyaron al Habsburgo, también los hubo que apoyaron al Borbón (por ejemplo, la zona de Cervera: de ahí que el vencedor trasladara la universidad de Barcelona a esa ciudad).

Desde el punto de vista de lo que podríamos llamar la legitimidad política de los cambios que el triunfo borbónico supuso para Cataluña creo que todo el mundo debería tener claro que un principio de derecho internacional ampliamente reconocido en la época era el “derecho de conquista”. Felipe V tenía, pues, a partir del momento en que su victoria quedó consolidada por el Tratado de Utrecht de 1713, vía libre para imponer su voluntad en los territorios que se le habían resistido hasta el final (el reino de Aragón, principalmente, aunque hay que señalar que el último foco de resistencia fue Mallorca, que no cayó hasta 1715, un año más tarde que Barcelona).

Ahora bien, el verdadero agravio que sufrió Cataluña a manos de Felipe V fue la decisión de éste de abolir, y la forma en que fueron abolidos, los fueros del reino de Aragón.

 Del que Cataluña formaba parte… 

Exacto (porque Cataluña nunca ha sido independiente como tal, sino que, ya antes de que se completara la reconquista de la llamada “Catalunya nova”, la “Catalunya vella”, bajo la égida del conde de Barcelona, se había unido al reino de Aragón). Pues bien, la abolición de los fueros de Aragón-Cataluña no se hizo simplemente por decreto real (el Decreto de Nueva Planta), sino -cosa inaudita desde el punto de vista jurídico- mediante la ratificación de dicho decreto ¡por las cortes de Castilla! ++ Este hecho sin precedentes sitúa el Decreto de Nueva Planta, incluso en un contexto político absolutista como el de la época, en la más absoluta ilegitimidad, y es seguramente el elemento que más verosimilitud da al mito popular de que la guerra fue una agresión castellana contra Cataluña. Como hemos visto, fue algo mucho más complicado.

 Lo fue, según cuentas.

De hecho, el grueso de la fuerza borbónica eran, como es natural, tropas francesas, mal vistas por los catalanes desde la intervención de 1640, mientras que la mayor contribución militar al bando de Carlos fue la escuadra anglo-holandesa. Por otro lado, Carlos no contaba con las simpatías castellanas, en parte por su talante y en gran parte por el mal recuerdo de los últimos tiempos de reinado de los Habsburgo. Simpatías de las que sí gozaba, en cambio, Felipe, visto como una esperanza de regeneración de la corrupta corte madrileña. Por otro lado, la pérdida de los fueros de Aragón-Cataluña corresponde