martes, 23 de febrero de 2010

COSAS DE LA DERECHA, DE ESTO Y LO OTRO

Para llegar a Dios, no se puede hacer idea el lector la de curvas aun lado y otro que hay que tomar; los cambios de rasante por los que hay que transitar…, porque Dios para eso de llegar hasta él es muy Suyo y escribe con unos renglones tan torcidos como un saco de fideos, o más, si cupiera, que para mi que se pasa un pelín, para mi muy mala leche es la que hay. Pero que muy mala leche, porque pudiendo escribir en renglones tiesos como una vela, no veo razón porque leches los tiene que torcer para dificultar su encuentro. ¿Son ganas de joder la marrana por joder o no?
Mucho más fácil, pero muchísimo más, ¡donde va a parar! Es entender el camino del garbanceo que se llevan los políticos, porque en realidad, no hay más que uno, pero con distintos nombre, que es el camino de los cuatro mamoncillos del capital con su serviplana auxiliar: realeza-síndicos; síndicos-realeza-gobierno; gobierno-bancos-banco-gobierno-bancos-y vuelta a empezar-engarzando con lo sindico popular, unidos en confraternal piña al son de la famosa canción del “A estos los vamos a joder. A joder vamos a estos. Tómenlo por donde quieran. Por donde quieran tómenlo”.
Y con la escopeta preparada para que entre de refresco el PP echándole la culpa a ZaPaPero de lo zapáticamente mal que ha llevado el asunto de enriquecer aun más a los bancos, por si el plan A falla. Plan A que también ha sido amasado por el PP.
La peleillas entre amigos en estos casos no pueden faltar. Es la sal del asunto, así, lo sindico le ha dicho al Rey: tranqui, tronco, Majestad, que amagaremos nosotros tal que así, de derecha, y Su majestad (La Suya, no la mía) de un tantarantán de izquierda bloquea nuestro amago de derechas y queda la cosa divina, Majestad. Bordada que en rojo me bordaste ayer, cuando lo de las banderas victoriosas, cuando aquello que cantábamos del Flecha que era un meón… ¡Que anda que no meaba el cabrón!, coño, inundó el campamento…, y así queda el personal un tanto despistadillo viendo como los sindicatos que se suponen sonde izquierdas manejan la derecha muy bien, en tanto que el monarca, azul derecha que te quiero azul, parece de izquierdas.
¡Así, no ZaPaPero. Así, no! Ha dicho el jefe superior síndico de la UGT que la va a decir a ZaPaPe en cuantico se lo eche a la. Yo lo comprendo, y ojito al parche que para esto de entender soy bien tonto (solo tonto, entontecido no), siempre será mejor para ZaPaPero y los cuatro muleros que lo acompañan, que aplique la edad de la jubilación a los 67 años y alargar los años cotizados para el cálculo de la mierda de la pensión que vaya a quedar, después de los fuegos artificiales verbo-verborreicos que se tienen prepi-pactados UGT-CCOO con el gober-banc-king para decirle a ZaPaPero, así no, ZaPaPero, así no. Tocar las pensiones y alargar la edad de jubilación antes de que hagamos el paripé de las manifestaciones, no. Mejor después, porque si pegamos cuatro gritos en la calle, pero solo cuatro gritos, porque como por la boca mueres el pez y más de un reino se ha desgraciado por empezar a decir esta boca es mía, tampoco hay que sobrepasar los cuatro gritos, parecerá que nos desgañitamos defendiendo a los trabajadores, y como ya están los idém hasta los mismos cojones de polticos-sindicos, con esta farsa que le montamos de andar por casa de los cuatro gritos (y ni uno más), contribuiremos todavía más a la dejadez de sus asuntos en nuestras manos, que para eso estamos, y a partir de aquí a los trabajadores ya se les podrá entrar a saco, que como además a partir de ahora los lunes se van a poner en la tele partidos de liga, miel sobre beneficios. ZaPaPero, que a ver si nos vamos enterando.
Que el flecha que era un meón meaba más que el Séptimo de Caballería y dos elefantes meadores juntos ya lo he dicho. No hay que hacerse pesado en este asunto. Falta decir tres cosas más:
Cosa una, Franco era un santo. Pero un santo de armas tomar, porque por un quítame allá esas pajas, o incluso menos, mandaba que te pegarán cinco tiros y se quedaba tan Franco: los cuatro de ordenanza más el tiro de gracia. Total, cinco. Ya lo he dicho también, pero ustedes no me han creído a la primera, que nos vamos conociendo, majos, que nos vamos conociendo.
A Franco nos lo queríamos comer por los pies, o por la cabeza, eso es lo de menos, el caso era comérnoslo, pobrete mío, tan sólo porque ponía un partido de futbol los sábados por la tarde, algún que otro miércoles cuando el Real Madrid era el estandarte de la raza española, porque entonces éramos raza, el flecha meón también lo era, por eso meaba como meaba el cabrón (¡qué primor ver como inundaba el campamentos y el resto de los flechas desesperados, como balas de un sitio a otro para que no les salpicara!); alguna corrida de toros, y eso sí, que no había derecho, para descastar a la clase trabajadora, el día uno de Mayo, en el Santiago Bernabeu (¡dónde si no! (como les tendré que decir que el campamento estaba inundado?), tabla de gimnasia rítmica va, tabla de gimnasia rítmica viene.
Y le va a puntuar para la santidad a Franco, porque eso de que nos lo queríamos comer puntúa mucho, porque va a alegar, y con muchísima razón, que el solo mandaba televisar un partido a la semana, y en blanco y negro, que eso es atenuante en primer grado severo. Pero esto será cuando termine de darle cuentas a Dios de lo que fizo, y a la historia, porque aparte de Dios y de la historia, franco no le daba cuenta ni a su sombra, no como Zapatero, que nos tiene que dar cuenta a nosotros, incluso, de donde coño están invertidos (en el 2008 no recuerdo la fecha exacta en estos momentos), o esfumados, los 65.000 millones de euros de los fondos de la seguridad social que los currelas teníamos para nuestras pensiones de jubilación.
Cosa segunda y santificada, siento mucho tenerme que poner en este plan de tenérmela que coger con papel de fumar para hacer mis aguas menores, pero es que la santidad es así de meliflua, lo exige el guión. Tras la santificación de Franco voy yo. Me toca. Lo tengo apalabrado con quien lo tengo que tener. Es más, me lo merezco, porque en todo lo que llevo dicho y en lo que diré para concluir, tengo más razón que un santo. Y es que lo soy, que no lo crean bien. Que ustedes no manejan bien esto de la santidad y no se entienden bien con el santoral, bien. Pero lo soy. Bueno, tampoco quiero exagerar, que la santidad empieza por la humildad, como Aznar. Santo, santo no soy, pero lo seré, que a efectos prácticos es lo mismo.
Y, cosa tercera y última. Rajoy le dice a Zapatero que es un tuerce botas, que es un incompetente y más inútil que un frigorífico en el polo norte un día de invierno para resolver la crisis. Zapatero le dice a Rajoy que es un chiquilicuá, que mucho palique y que mucha leche, pero que además de un mal patriota no tiene puta idea por donde le metería mano a la crisis.
En tanto en cuanto el uno le dice al otro y el otro al uno, parte del personal se hace creyente del uno (votos asegurado que tiene, poder a la vista, y quien dice poder dice sacos de euros) y la otra parte del personal se hace creyente del otro (votos que te crió en la buchaca, y quien dice idém, dice sacos de euros par