viernes, 10 de julio de 2009

CARTAS DE AMOR

(5)

(Francisco Javier Aguilar Barrera en la puerta de su establecimiento, El Puesto Grande, en Isla Mayor, Sevilla)

Ya lo sé. Como en otras tantas ocasiones usted tenía razón, la Pepsi-Cola no me iba a gustar. Pero yo había visto el tape de propaganda en la pared de El Clavel, en Puebla del Río, donde paraba la viajera amarilla de Carvajal que iba y venía dos veces al día a Isla Mayor, y quería una.
Que no te va a gustar, me dijo usted. Yo quiero una, le respondí.
En verdad, si la gaseosa y el sifón de Garrigós no me gustaban, porque me explotaban las burbujas en la boca y me producían un cosquilleo casi doloroso en el paladar, ¿qué razón había para que me gustara la Pepsi-Cola? Ninguna.
En el Puesto Grande, como solo era un mostrador de madera y no había otras paredes que las que Dios le puso al mundo, no tenían tapes de propaganda colgados de la pared. Pero así me daba igual. Yo quería una.
Y se acercó el hombre que servía las mesas de madera que se extendían delante del mostrador del Puesto Grande, en la explanada que había junto al depósito del Agua de Rafael. ¿Qué va a ser…? Preguntó el camarero. No recuerdo que pidieron usted y mamá, pero yo sí: una Pepsi-Cola.
Que no te va a gustar, me dijo usted. Que sí, le respondí.
Pues, no. No me gustó.
Yo creí que aquella botella alargada, cuando la abrió el camarero, no tenía más que espuma, y en el vaso que la vacío, mas espuma, de color negruzca… Y muchas burbujas explotándome en el paladar.
Después de aquello, las gaseosas y sifones de Garrigós, para mí, agua bendita.
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CARTAS DE AMOR