jueves, 24 de noviembre de 2016

PUBLICADO EN CRÓNICA DE ARAGÓN


Descabezando títeres: Herrera, Carlos

               

La pensión es el júbilo de dejar de trabajar”, tal es la noción que del trabajador tiene Herrera Carlos, de la cadena confesional (o sea, que hace proselitismo de sus presupuestos ideológicos) COPE. Herrera Carlos piensa que el trabajador es un sujeto que, llegada la edad de la jubilación, y por tanto, habiendo pasado ya el cáliz de su trabajo, empieza jubilosamente a dar palmetadas con las orejas y volteretas triples en el vacío, porque por fin, ya dejó de trabajar. Así lo sentencia.

Faltaría saber si esta sentencia herreriana no populista, es decir, populín-populona (PP, por sus siglas en inglés), que es lo contrario de “populista”, tiene la consideración de verdad absoluta (o sea, que no es una chirimollada de un podemita con el moño al aire y ganas de jarana), o sencillamente, es un dogma de fe herreril que no puede ser cuestionado, salvo pena de recibir unos fogonazos inoportunos en el infierno, por hereje, metepatas o no partidario de Herrera Carlos. Infierno que, por cierto, parece ser que no existe, según el propio jefe de Estado de El Vaticano, Santo Padre Papa Francisco.

Dejar de trabajar supone haber trabajado. Si se ha trabajado, Herrera Carlos, si se ha trabajado (que meterse un canasto de garbanzos entre pecho y espaldas en el lujoso restaurante Pepote el español de New York, con la escusa de darse un garbeo para hacer un reportaje sobre Trump, no es trabajo, sino un propagandeo del garbanceo, que fue lo que yo le oí, y nada de particular sobre Trump), no sólo no se es un vago, sino que se ha est