sábado, 1 de noviembre de 2014

PODEMOS: A MÁS LIDERAZGO, MENOS PODEMOS


Podemos entierra al 15-M



Jesús Sánchez Rodríguez[i]                                                                               
KAOSENLARED.NET
30/10/2014


El objetivo de este artículo es analizar como en la corta trayectoria recorrida por Podemos se ha pasado de una propuesta de modelo basado en el espíritu que animo al 15-M, y que le hizo aparecer como su expresión política, a un modelo basado en las principales características de partido clásico.

El objetivo de este artículo es analizar como en la corta trayectoria recorrida por Podemos se ha pasado de una propuesta de modelo basado en el espíritu que animo al 15-M, y que le hizo aparecer como su expresión política, a un modelo basado en las principales características de los partidos clásicos. Ello ha sido posible en un breve período de tiempo gracias a la consolidación de un hiperliderazgo capaz de hacer aceptar a los seguidores de esta formación esa transformación, mientras mantenía como coartada un discurso cada vez más contradictorio con la realidad, que se imponía en votaciones con un claro carácter plebiscitario, pues detrás de cada decisión lo que realmente se votaba era la continuidad y reforzamiento del liderazgo de Pablo Iglesias (PI).
Del discurso empleado por el grupo promotor (el grupo de politólogos formado en torno a PI y Juan Carlos Monedero), durante su puesta en escena y durante la campaña electoral europea, parecía que Podemos pretendía ser el instrumento político que le faltó al 15-M, la herramienta capaz de transformar las consignas de las asambleas callejeras del tipo del “No nos representan” y “Lo llaman democracia y no lo es” en un nuevo tipo de organización que, manteniendo el espíritu asambleario, participativo y democratizante del movimiento original, diese la lucha en la arena política para disputar el poder a la casta. Este término que popularizaron los líderes de Podemos se refería, entre otras cosas, al tipo de políticos, partidos y comportamientos políticos que desde la transición han gobernado España en una continua alternancia entre conservadores y socialdemócratas.
Se trataba, al menos era la impresión que se trasmitía al inicio, no solamente de cambiar las políticas sociales y económicas que se han aplicado durante la crisis contra las clases populares por parte del gobierno Zapatero inicialmente, y del gobierno de Rajoy con posterioridad y mayor profundidad, se trataba, sobretodo, de empoderar a la gente, de transformar esas políticas con un instrumento y un método nuevo, es decir con una organización diferente de las existentes y con un procedimiento basado en la participación democrática intensiva de las clases populares. Se trataba de todo un reto que despertó el entusiasmo de mucha gente que había participado en las movilizaciones de los últimos años.
El programa que avanzó Podemos para las elecciones europeas no era muy diferente del de Izquierda Unida. La justificación de su nacimiento - y del hecho de que suponía abrir una nueva división en la izquierda - no estaba en el programa, que ya era defendido desde la izquierda por IU u otros partidos, la justificación solo podía sostenerse en los nuevos métodos con los que pretendía actuar. Y esto es precisamente lo que el grupo promotor y el proceso de definición organizativa de Podemos acaban de enterrar. Podemos se está convirtiendo en una versión, y ni siquiera mejorada, del tipo clásico de partido al que tanto ha criticado.
Es necesario documentar las principales etapas de este proceso de cambio llevado a cabo por el grupo promotor. Su base de apoyo social se configuró en torno a la creación de círculos temáticos o territoriales a través de los cuales sus seguidores se organizarían. Su método de participación fundamental se haría a través de la utilización de los modernos medios de comunicación como internet o los servicios de telefonía móvil, en una clara imitación de Beppe Grillo y el Movimiento 5 estrellas italiano. Y el cemento que uniría esa nebulosa heterogénea creada de manera tan rápida iba a ser el hiperliderazgo creado en torno a PI.
El discurso ultra-democrático, participativo y horizontal del grupo promotor se fue descubriendo como una simple estrategia para encubrir una voluntad decidida de poder. Según se iba consolidando el liderazgo esa voluntad se fue mostrando más abiertamente y el discurso justificativo se fue trasformando. Del método participativo y democrático como justificante, se pasó a la necesidad de vencer en las elecciones, ese fin debería justificar ahora el nuevo modelo organizativo que se ha terminando aceptando para Podemos.
Una democracia para que no sea un simulacro tiene sus reglas: igualdad de oportunidades para todos los participantes, procedimientos claros aceptados previamente, aceptación de resultados, respeto por las minorías, rechazo de chantajes, etc. Si estás reglas son violadas, pueden darse votaciones, pero serán simulacros que puede ir desde el caso extremo de los referéndum plebiscitarios que han utilizado algunas dictaduras - como la franquista sin ir más lejos -, hasta las críticas al funcionamiento de las democracias burguesas por ausencia de igualdad de oportunidades, totalmente distorsionada por la intervención de los grandes poderes económicos o mediáticos.
Y esta violación de las reglas es lo que han venido realizando desde el inicio el grupo promotor de Podemos. El método empleado para elegir a los candidatos a eurodiputados fueron las primarias abiertas a todos los que quisieran participar, pero en medio del período de votación PI intervino con un artículo desde el periódico Público (Ci