domingo, 12 de marzo de 2017

100 AÑOS DE LA REVOLUCIÓN RUSA (12/23)


León Trotsky

HISTORIA DE LA REVOLUCION RUSA

  marxists.org


Capitulo XII

El comité ejecutivo.

Publicada por primera vez, en traducción de Max Eastman, como The History of the Russian Revolution vols I-III, en Londres 1932-33. Digitalizado por Julagaray en julio de 1997, para la Red Vasca Roja, con cuyo permiso aparece aquí. Recodificado para el MIA por Juan R. Fajardo en octubre de 1999.

El organismo creado en el palacio de Táurida el 27 de febrero con el nombre de «Comité ejecutivo del Soviet de Diputados obreros» tenía, en el fondo, muy poco que ver con esta denominación que se asignaba. El Soviet de Diputados obreros de 1905, con el cual se inició el sistema, surgió de la huelga general como representante directo de las masas en lucha. Los caudillos de la huelga se convirtieron en diputados del Soviet. La selección de las personas que lo componían se hizo bajo el fuego. El órgano directivo fue elegido por el Soviet para la dirección ulterior de la lucha. Y fue el Comité ejecutivo de 1905 el que acaudilló y puso a la orden del día la insurrección.

La revolución de Febrero triunfó gracias a la sublevación de los regimientos, antes de que los obreros crearan los soviets. El Comité ejecutivo se constituyó por sí mismo, antes del Soviet, sin la intervención de las fábricas y de los regimientos, después del triunfo de la revolución. Nos hallamos en presencia de la iniciativa clásica de los radicales, que se quedan al margen de la lucha revolucionaria, pero se disponen a aprovecharse de sus frutos. Los caudillos efectivos de los obreros estaban aún en la calle, desarmando a los unos, armando a los otros, consolidando la victoria. Los mas perspicaces se inquietaron al recibir la noticia de que en el palacio de Táurida había surgido un Soviet de diputados obreros. De la misma manera que la burguesía liberal, en espera de la revolución palaciega que «se» iba a realizar, preparaba en otoño de 1916 un gobierno de reserva con el fin de imponérselo al nuevo zar en caso de éxito, los intelectuales radicales formaban un subgobierno de reserva propio al triunfar el movimiento de febrero. Y como todos ellos, por lo menos en el pasado, habían participado en el movimiento obrero y tendían a cubrirse con sus tradiciones, dieron a su engendro el nombre de «Comité ejecutivo del Soviet.» Era una de aquellas falsificaciones semideliberadas, semiinconscientes, de que está llena la historia, la de los alzamientos populares inclusive. Cuando los acontecimientos toman un giro revolucionario y se rompe la continuidad jurídica, las clases «cultas» que quieren llegar al poder se agarran de buena gana a los nombres y símbolos ligados con los recuerdos heroicos de las masas. Gustan de cubrir con el manto de la palabra la verdadera realidad de las cosas, sobre todo cuando esto responde a los intereses de las clases influyentes. La enorme autoridad conquistada por el Comité ejecutivo ya en el mismo día de constituirse se basa en la ficción de que venía a recoger la herencia del Soviet de 1905. El Comité, sancionado por la primera Asamblea caótica del Soviet, ejerció luego una influencia decisiva tanto en la composición de este último como en su política. Esta influencia era tanto más conservadora cuanto que ya no podía realizarse la selección natural de los representantes revolucionarios garantizada por la atmósfera candente de la lucha. La i