jueves, 7 de febrero de 2019

SI LOS QUE VIVEN DEL CONDUMIO DICIENDO QUE SON DIRIGENTES DE IZQUIERDAS TUVIERAN...., CLARO, CLARO, ES QUE SI YO MEARA COLONIA SERÍA UN ANGELITO DE DIOS. RETOZÓN, PERO ANGELITO



Melodrama con aroma francés

Rebelión
Cuarto Poder
07.02.2019


Bruselas quiere un nuevo acuerdo entre PSOE y Ciudadanos que ocupe un espacio europeísta y radicalmente neoliberal más o menos similar al de Macron en Francia. La clave: construir un nuevo Estado federal y republicano que garantice los derechos sociales frente a una UE que tiene muy poco de unión y cada vez menos de europea.

Se ha repetido muchas veces, pero no está de más recordarlo: llegar al gobierno no significa tomar el poder. De hecho, en esta Unión Europea (UE) ni siquiera significa controlar el aparato del Estado, que alberga importantes centros de poder real completamente ajenos a cualquier control democrático. Es el caso, por ejemplo, de la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (AIReF), encargada de la vigilancia del principio de estabilidad presupuestaria recogido en el artículo 135 de la Constitución, que lleva a cabo su actividad con total independencia orgánica y funcional de cualquier otra autoridad pública. Y es el caso, paradigmático, del Banco de España (BE), que desarrolla sus funciones siguiendo las instrucciones del Banco Central Europeo y con absoluta independencia del Gobierno elegido por los españoles. En la actual UE, el aparato del Estado ya no es una pirámide vertical susceptible de ser controlada mediante un triunfo en las elecciones o un cambio en las mayorías parlamentarias.

Pedro Sánchez ha podido comprobarlo estos días. Mientras vagaba por América Latina alentando la intervención de EEUU en Venezuela, los centros de maniobra alineados con Bruselas empezaron a torpedear el acuerdo presupuestario suscrito por el Gobierno y Unidos Podemos. El lunes, el Banco de España acusaba al Ejecutivo de hinchar la previsión de ingresos y anticipaba que este año el desfase entre ingresos y gastos alcanzará el 2 por ciento del PIB y no el 1,3 previsto en los presupuestos. Dos días después, la AIReF elevaba al 2,2 por ciento el déficit previsto para 2019, insistiendo en los mismos argumentos. El mensaje no podía ser más claro: a la UE no le gustan estas cuentas públicas y utiliza sus agentes incrustados en el aparato del Estado para desacreditarlas. La subida del salario mínimo a 900 euros y la previsión de convertir en ley la actualización de las pensiones con arreglo al IPC preocupan en Bruselas, que acaricia la posibilidad de un giro político con aroma francés que resucite el acuerdo entre PSOE y Ciudadanos frustrado tras las elecciones de 2015.

Mientras todo esto ocurría, la izquierda española sufría una sacudida con la marcha de Íñigo Errejón a Más Madrid, abandonando la que hasta ahora había sido su formación. No insistiremos aquí en las irregularidades que han rodeado esta decisión política. Sobre esto se ha dicho ya casi todo. Nos interesa más resaltar que se trata de una escisión atípica, en la medida en que no parece haber razones de fondo que la justifiquen. La principal discrepancia que Errejón y sus partidarios mantenían, o decían mantener, con la dirección de su partido era la relación de Unidos Podemos con el PSOE, pero ésta no puede haber sido la causa. Por primera vez en la historia reciente, dicha relación se ha traducido en un resultado tangible para millones de personas que se beneficiarán del acuerdo alcanzado por Pedro Sánchez y Pablo Iglesias el 11 de octubre de 2018. Como advertimos en su momento, el acuerdo adolecía de ciertas limitaciones e incertidumbres, pero era evidente que se había producido un cierto giro social en España. Pues bien, si la relación con el PSOE no ha sido la causa de la escisión, cabe pensar que sus razones tienen más que ver con la inevitable lucha de poder que siempre ha acompañado a las formaciones políticas y que es consecuencia de visiones estratégicas diferenciadas.

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