viernes, 7 de febrero de 2025

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¿Por qué Muface?

 

Un gobierno que se autodefine como "progresista" está facilitando la privatización encubierta de la sanidad pública. ¿Debe el Estado seguir financiando aseguradoras privadas con dinero público mientras la sanidad pública se encuentra en crisis? Un gobierno que se autodefine como "progresista" está facilitando la privatización encubierta de la sanidad pública. ¿Debe el Estado seguir financiando aseguradoras privadas con dinero público mientras la sanidad pública se encuentra en crisis?


¿Por qué Muface?


Eduardo Luque

El Viejo Topo

7 febrero, 2025 



MUFACE: ¡QUE DURO CON LAS ESPIGAS, QUE BLANDO CON LAS ESPUELAS!

La Mutualidad General de Funcionarios Civiles del Estado (MUFACE) nació en 1975 en un contexto de cambio político y social en España. Su creación respondía a la necesidad de unificar las múltiples mutualidades que hasta entonces habían prestado asistencia a los funcionarios públicos, consolidando así un sistema más estructurado y homogéneo. Sin embargo, el concepto de sociedades de ayuda mutua no era una novedad, ya que desde tiempos inmemoriales han existido mecanismos de solidaridad entre trabajadores. En la Alta Edad Media ya se encuentran referencias a formas primitivas de mutualidad, mientras que en el siglo XVI surgieron las hermandades de socorro, que en el siglo XVIII dieron paso a los montepíos.

Bajo el reinado de Carlos III, el Estado asumió un papel más activo en la tutela de estos montepíos, estableciendo bases más institucionalizadas para la asistencia de los funcionarios públicos. Con el paso del tiempo, la proliferación y fragmentación de estos organismos llevó a la necesidad de unificar criterios y establecer un marco común de protección, lo que desembocó en la creación de MUFACE. Desde su origen, esta mutualidad se diseñó como un sistema obligatorio para los funcionarios del Estado, proporcionando cobertura sanitaria y otras prestaciones específicas.

Un Modelo Sanitario Singular

A diferencia de la mayoría de los ciudadanos, que dependen exclusivamente del Sistema Nacional de Salud (SNS), los funcionarios adscritos a MUFACE pueden elegir entre recibir atención sanitaria a través de la sanidad pública o mediante aseguradoras privadas como ASISA, ADESLAS, DKV y MAPFRE. En teoría, este modelo ofrece libertad de elección, pero en la práctica, numerosos estudios han evidenciado que las aseguradoras privadas adoptan estrategias para eludir la cobertura de tratamientos costosos, derivando a los pacientes con patologías graves a la sanidad pública.

La cuestión de las primas y los convenios con estas aseguradoras ha centrado el debate mediático en los últimos años, pero el problema estructural va más allá. La Ley General de Sanidad, aprobada hace casi cuatro décadas, estipulaba que MUFACE debía integrarse progresivamente en el Sistema Nacional de Salud; sin embargo, este proceso nunca se llevó a cabo. En su lugar, se ha perpetuado un modelo excepcional que, de facto, canaliza fondos públicos hacia el sector privado, consolidando así una dependencia estructural de las aseguradoras.

La Dimensión Política de MUFACE

En la actualidad, MUFACE no depende del Ministerio de Sanidad, sino del Ministerio de Función Pública, dirigido por Óscar López. Esta decisión política ha sido interpretada como un intento del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de restar competencias al Ministerio de Sanidad, dirigido por Mónica García, y de adjudicarlas a un ministro afín. Óscar López, un político cuya trayectoria ha estado marcada por su cercanía al liderazgo de Sánchez, encarna un perfil que muchos críticos consideran emblemático de una forma de hacer política basada más en la lealtad partidista que en la experiencia en gestión pública.

López ha defendido el acuerdo alcanzado con las aseguradoras privadas argumentando que el Gobierno ha realizado un «esfuerzo sin precedentes, con responsabilidad y transparencia». No obstante, la negociación ha sido objeto de controversia, ya que el Gobierno ha cedido repetidamente ante las exigencias de las compañías aseguradoras. Inicialmente, el Ejecutivo ofreció un aumento del 14% en las primas, cifra que posteriormente se elevó al 17,4%, luego al 33,5% y, finalmente, al 41,2% es decir serán 4.808,5 millones de euros en tres años, con una prima escalonada por edades.

El resultado de esta negociación ha sido ampliamente criticado por consolidar un modelo que favorece los intereses privados sobre el fortalecimiento del sistema sanitario público. Mientras la sanidad pública sufre recortes y falta de recursos, el Gobierno ha garantizado una financiación sustancial a aseguradoras que no rinden cuentas sobre el uso de estos fondos.

El Impacto en la Sanidad Pública y las Aseguradoras Privadas

La paradoja de este sistema radica en que un gobierno que se autodefine como «progresista» está facilitando la privatización encubierta de la sanidad pública. La transferencia de fondos públicos a aseguradoras privadas implica que estas compañías maximizan sus beneficios mediante la selección de riesgos: aceptan a los pacientes más rentables y derivan los casos costosos al sistema público. Esta estrategia ha sido documentada por diversos estudios, como los realizados por la Universidad de Las Palmas, que evidencian cómo las aseguradoras evitan cubrir determinados tratamientos para no comprometer su rentabilidad.

Este modelo no solo perpetúa desigualdades en el acceso a la sanidad, sino que también agrava la crisis estructural del SNS. Mientras las aseguradoras reciben financiación pública sin exigencias claras de transparencia, la sanidad pública debe afrontar el aumento de pacientes con menos recursos disponibles. La falta de rendición de cuentas y control sobre el destino de estos fondos es una de las críticas más recurrentes hacia el Gobierno.

Un Conflicto Político No Resuelto

El desacuerdo en torno a MUFACE ha generado fisuras dentro del propio Gobierno. La ministra de Sanidad, Mónica García, ha calificado la subida de las primas como una «mala noticia», subrayando la necesidad de avanzar hacia un modelo universal y público para todos los ciudadanos, incluidos los funcionarios. Su postura ha chocado frontalmente con la de Óscar López, quien ha defendido la continuidad del modelo actual, evidenciando así las tensiones dentro del Ejecutivo. Por otro lado, la reacción de la oposición ha sido predecible. Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, no tardó en aprovechar la controversia para posicionarse como defensora de los funcionarios y sus derechos adquiridos, en un discurso que remite a la retórica clásica de la derecha en defensa de las libertades individuales frente a la intervención estatal.

En definitiva, la resolución del conflicto en torno a MUFACE ha sido más un aplazamiento que una solución definitiva. Aunque el modelo sigue siendo considerado «a extinguir», su permanencia en el tiempo demuestra la dificultad de cambiar estructuras profundamente arraigadas. Mientras tanto, el Ejecutivo sigue enfrentando críticas por su falta de determinación a la hora de transformar un sistema que, en teoría, debería haber sido absorbido por la sanidad pública hace décadas.

Reflexión Final

La historia de MUFACE refleja un problema más amplio en la gestión de lo público en España: la progresiva privatización de servicios esenciales bajo el argumento de la colaboración público-privada. Este modelo, lejos de ser una solución, ha mostrado sus limitaciones y contradicciones. La sanidad pública continúa debilitándose mientras los recursos públicos se destinan a compañías privadas sin mecanismos adecuados de control y fiscalización.

El futuro de MUFACE sigue siendo incierto. La ausencia de una voluntad política firme para su integración en el Sistema Nacional de Salud perpetúa un modelo que, lejos de garantizar la equidad y la sostenibilidad, beneficia a las grandes corporaciones en detrimento del interés general. La pregunta clave sigue sin respuesta: ¿Debe el Estado seguir financiando aseguradoras privadas con dinero público mientras la sanidad pública se encuentra en crisis? Hasta que esta cuestión no se aborde con seriedad y determinación, la sanidad en España continuará atrapada en una dinámica donde los intereses económicos priman sobre el derecho universal a la salud.

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Por un movimiento antiimperialista para enfrentar los aranceles y las deportaciones de Trump

 

Por un movimiento antiimperialista para enfrentar los aranceles y las deportaciones de Trump

 

Por Bárbara FunesMariana Morales

Rebelion

07/02/2025 



Fuentes: La izquierda diario


Con el anuncio del 25% de aranceles a las exportaciones mexicanas y canadienses a EEUU y del 10% a productos chinos, que Trump suspendió temporalmente en relación a México, inicia un capítulo de confrontación comercial y se profundiza la incertidumbre.

Al tratarse de países con múltiples vasos comunicantes, en especial entre los de América del Norte, no sólo están en riesgo los enormes flujos comerciales, sino también las condiciones laborales y de vida de la clase trabajadora y los sectores populares de estos países , con repercusiones para América Latina y de alcance global, lo que afectará la economía mundial. Ante este escenario, y en particular ante la ofensiva antimigrante, las y los trabajadores debemos impulsar un potente movimiento antiimperialista e internacionalista.

La crisis de la globalización y del agotamiento de la hegemonía neoliberal muestra una de sus facetas en las medidas proteccionistas y en las declaraciones expansionistas de Donald Trump y en las tensiones entre México y Estados Unidos. Trump respaldado en Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA) y la Ley de Emergencias Nacionales (NEA) -usadas en por EEUU durante la llamada guerra fría-, declaró el incremento de aranceles del 25% a las exportaciones mexicanas y canadienses, el 10% a las exportaciones de petróleo y gas de Canadá y el 10% para productos chinos. El plan era que entraran en vigencia a partir de este martes 4 de febrero, pero en el caso de México se suspenden por un mes, porque tras la presión in extremis de Trump y una llamada entre la presidenta Sheinbaum y el mandatario estadounidense, ella acordó enviar 10 mil integrantes de la Guardia Nacional a la frontera norte.

El presidente de EEUU, usando como excusa el tráfico y la venta ilícita de drogas como el fentanilo, lo cual es parte de una verdadera demonización xenófoba de México, ordenó el establecimiento de los aranceles como parte de su orientación proteccionista y como una medida para imponer su política antimigratoria, antiderechos y su expansionismo militar, en el marco del debilitamiento de la hegemonía estadounidense.

La promesa de regresar fábricas al territorio de la Unión Americana fue una de las promesas que cosechó votos para Trump en sectores de la multiétnica clase trabajadora al norte del río Bravo. Esta fue una promesa que el presidente estadounidense realizó durante su primer mandato y no cumplió y que ahora espera imponer con “soluciones de fuerza” con el incremento de aranceles, lo cual tendrá como repercusión inmediata el aumento de inflación lo que golpeará a millones de trabajadores y sus familias a ambos lados de la frontera e impactará en el comercio bilateral afectando toda la economía.

Ahora, en tiempos de la pospandemia cuando ya se comprobaron los efectos negativos de cortar las cadenas de suministro entre países, la posible aplicación de aranceles contra México puede repercutir negativamente en esta economía, que exporta alrededor de 80% de sus productos manufacturados a Estados Unidos y cuya estructura económica se configuró para ser una gigantesca maquila ensambladora de piezas, que en parte llegan desde el norte del río Bravo.

De las amenazas a las órdenes ejecutivas

Sin embargo, agricultores, fabricantes de productos químicos y de semiconductores, la industria automotriz, entre otros sectores de la economía estadounidense, necesitan exportar sus productos a México, que es el mayor socio comercial de Estados Unidos en la actualidad. De acuerdo con The New York Times, “automóviles, productos electrónicos y mezclillas se trasladan de un lado a otro entre Estados Unidos, México y Canadá a medida que pasan de ser materias primas a piezas y luego productos finales. Por eso, economistas de S&P Global sostienen que “más del 18% de las importaciones que llegan a Estados Unidos desde Canadá y México se crearon en Estados Unidos antes de enviarse a esos países”.

¿Es posible un deja vu? En 2018, Trump había aplicado aranceles a productos importados de Canadá, China, México y la Unión Europea. La respuesta fue la aplicación de aranceles a productos estadounidenses en algunos países, México incluido, en el último tramo del gobierno de Peña Nieto. Según el Wall Street Journal, “los cuatro tramos de aranceles de Trump a los productos chinos en 2018-19 cubrieron importaciones valoradas en aproximadamente 360.000 millones de dólares en ese momento. Los nuevos aranceles a Canadá y México, además de aranceles adicionales a China, cubrirían —si todos los artículos están sujetos a la acción— importaciones valoradas en más de 1,3 billones de dólares en 2023”.

Trump volvió a amenazar con aranceles cuando asumió López Obrador en ese mismo año, a menos que se frenara el flujo de “inmigrantes ilegales que pasan por México y llegan a nuestro país”. Así fue que el primer gobierno de la llamada Cuarta Transformación giró de un discurso humanista hacia las y los migrantes, a transformarse en el gendarme estadounidense, militarizar las fronteras y desplegar la recién creada Guardia Nacional para impedir el avance de las caravanas migrantes hacia el norte, que actuaron en conjunto con el Instituto Nacional de Migración y el ejército.

La respuesta ante los aranceles

Desde México, la presidenta Sheinbaum primero respondió a lo que llamó “calumnias” del gobierno de EEUU, y mantuvo el discurso de las semanas previas, hablando de “colaboración, sin subordinación”. Esto implicaría el llamado a una mesa de negociación: ‘No es con la imposición de aranceles como se resuelven los problemas, sino hablando y dialogando como lo hicimos en las últimas semanas con el Departamento de Estado para atender el fenómeno de la migración’, declaró a través de sus redes sociales. Aprovechó la oportunidad para afirmar que las armas del crimen organizado provienen de Estados Unidos y habló de poner aranceles a productos estadounidenses, aunque no especificó detalles.

Tras el cimbronazo en los mercados mundiales por el inicio de la guerra comercial de Trump, la mandataria aceptó enviar 10.000 efectivos de la Guardia Nacional lo que constituye un salto mayúsculo en la militarización en la frontera, con la excusa de frenar el tráfico de fentanilo, a cambio de la suspensión temporal (por un mes) de los aranceles. La verdadera causa de esta nueva medida impuesta por Trump es frenar la migración con fuerzas represivas y para acallar cualquier atisbo de protesta social.

Por otra parte, mientras la Conferencia Nacional de Gobernadores -incluyendo los del PAN, el del PRI y los de Movimiento Ciudadano- dio su respaldo a Sheinbaum ante la crisis abierta por la imposición de aranceles, el dirigente nacional del PAN, Jorge Romero, declaró no estar de acuerdo con el uso de una política comercial como amenaza o chantaje, y rechazó esta decisión del gobierno trumpista, pero avaló las acusaciones de la Casa Blanca.

“La acusación que el gobierno de Estados Unidos le hace al de México en lo que respecta a la alianza con el crimen organizado es muy grave y está basada en cada vez más evidencias… simple y sencillamente decide no combatir al crimen organizado” declaró Romero y sostuvo que el apoyo del Morena al gobernador Rubén Rocha de Sinaloa, sospechoso de vínculos con el crimen organizado ilustra esta afirmación. También el líder nacional del PRI, Alito Moreno, sostuvo una posición similar: criticó las medidas anunciadas por la Casa Blanca, pero acusó de “negligencia” al gobierno del Morena en lo que respecta al llamado “combate al narcotráfico”, plegándose en ese sentido a los dichos de Trump; ambos partidos de la oposición derechista mostraron así su carácter lacayo y proimperialista, continuidad de las políticas que impulsaron durante sus presidencias.

Impactos posibles

El anuncio de aranceles ha tenido como primer efecto el debilitamiento del peso mexicano ante el dólar, ubicado al momento de publicar esta nota cerca de los $21, lo cual implica un importante retroceso desde los $16.84 por dólar que se registraba en mayo de 2024, todavía durante el gobierno de López Obrador. De concretarse los aranceles, implicarán el aumento de precios para bienes y servicios de consumo en México, pero también en los otros países de América del Norte, algo que impactará en la inflación y golpeará particularmente al bolsillo de las clases trabajadoras y populares.

Desde el momento que se anunciaron, distintos analistas plantean que nuevos aranceles provocarán una caída del ya reducido crecimiento del Producto Bruto Interno. Si en 2024 fue del 1,3%, en esas circunstancias se prevé una recesión para 2025. En el terreno de la producción para la exportación, las regiones más afectadas en México serían el norte y el Bajío -Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Aguascalientes, Zacatecas, San Luis Potosí y Querétaro-, donde se concentra buena parte de la industria maquiladora. A su vez, las trasnacionales automotrices, como General Motors, Toyota, BMW, Mazda, Nissan, entre otras, serán sectores a los cuales golpearán los aranceles y la guerra comercial de Estados Unidos. Como pasa ante cada crisis o recesión económica, esto será la excusa de trasnacionales y empresas —que alegarán pérdidas— para imponer recortes salariales, despidos y paros técnicos.

Lo que estamos viendo -tanto la posible aplicación de aranceles como la militarización y la aceptación de los dictados de Trump- es la consecuencia de la dependencia estructural del capitalismo y el verdadero carácter de la integración que los gobiernos de todos los signos políticos han defendido como la panacea para la prosperidad de México, donde en realidad son la clase trabajadora y los sectores populares quienes sufrirán las consecuencias, una vez más, de la subordinación del país al imperialismo estadounidense, atrapado en un modelo capitalista dependiente de las políticas de la Casa Blanca y las transnacionales. Y donde los millones de migrantes de México, el Caribe, Centroamérica y Sudamérica, a los cuales se les niega los derechos más elementales y hoy se amenaza con la deportación, son la mano de obra barata que les permite también mantener a raya los salarios del resto de la clase obrera estadounidense.

Estamos en un avance en el giro proteccionista del imperialismo estadounidense, que además amenazó con aranceles a la Unión Europea. Ésta es la forma que tiene la principal potencia mundial de lidiar con la falta de un claro motor de la economía internacional, detonado por la creciente competencia con China en el plano económico y tecnológico. No se puede prever hasta dónde puede llevar esto Trump, pero lo cierto es que ya genera contradicciones en la misma clase dominante: los lobbies corporativos de las industrias afectadas empiezan a quejarse ante la Casa Blanca.

Contra la ofensiva imperialista, por la unidad internacional de la clase trabajadora

Ante esta situación es fundamental que las organizaciones sindicales en México se posicionen contra esta nueva ofensiva imperialista y expansionista de Estados Unidos, expresada en el anuncio de aranceles y el inicio de deportaciones. Las mesas de negociación con el gobierno, los empresarios y las trasnacionales para intentar que el golpe sea menos rudo contra la clase trabajadora no son la salida. No puede haber comunidad de intereses con quienes explotan la fuerza de trabajo por magros salarios y condiciones de precariedad. Es necesario poner en pie un movimiento antiimperialista, contra la ofensiva de Trump y los abusos de las trasnacionales, independiente del gobierno y la derecha, y de la burocracia que “se pone la playera” de las patronales para arrancar más productividad a la clase trabajadora y que está dispuesta a negociar las condiciones de vida y de trabajo de millones, que enfrente las políticas xenófobas del gobierno estadounidense y se prepare para luchar contra la carestía de la vida y los ataques que se vienen contra las y los de abajo.

Como parte de esto, es fundamental levantar en primer lugar los derechos democráticos de las y los migrantes, tales como el libre tránsito a través de las fronteras, plenos derechos laborales, políticos y sociales, como acceso a vivienda, educación y salud. A la vez, levantar muy alto la lucha contra la militarización del país y por la disolución de la Guardia Nacional, que actúa como border patrol, en el sur y en el norte, contra los hermanos migrantes latinoamericanos. La política del gobierno de Sheinbaum se ha limitado a declaraciones en favor de la soberanía. Sin embargo, finalmente acepta la imposición trumpista y profundiza la militarización contra los migrantes y el pueblo. Lo que vemos son las consecuencias de una política de subordinación a los EEUU, impulsada por los gobiernos neoliberales pero que también continúa Sheinbaum. Esa política no tiene una salida favorable para las y los trabajadores de México: es necesario una perspectiva que apunte a romper con el imperialismo y a buscar nuestros aliados entre las mayorías de esos países.

Por eso, es necesario bregar por la unidad de la clase trabajadora y los sectores oprimidos de México, Canadá y Estados Unidos, en la perspectiva de luchar por gobiernos de los trabajadores junto a los sectores populares, que sean bastiones de lucha contra el imperialismo a escala continental y global y que avancen en la expropiación de los capitalistas. Esa es la salida ante la recesión a la que Trump quiere arrastrar a México y Canadá para convertirlos en estados de la Unión Americana. Las y los trabajadores y los sectores oprimidos tienen la potencialidad revolucionaria como para tomar el poder y destruir las fronteras imperialistas que nos mantienen divididos y podrían desarrollar una perspectiva integral para la planificación de la economía regional en beneficio de las mayorías, y para una verdadera integración política, social, económica y cultural de la población de la región en una Federación de Estados Unidos Socialistas de América del Norte, Centroamérica y el Caribe.

Bárbara Funes. México D.F | @BrbaraFunes3

Mariana Morales. Socióloga UNAM – Profesora la Facultad de Economía UNAM

Fuente: https://www.izquierdadiario.es/Por-un-movimiento-antiimperialista-para-enfrentar-los-aranceles-y-las-deportaciones-de-Trump.

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