viernes, 6 de marzo de 2026

La izquierda ausente

 

Un par de páginas de La izquierda ausente de Dominico Losurdo bastan para retratar el paisaje: Occidente se mira al espejo y ve crisis económica, guerra y plutócratas al frente.

La izquierda ausente

 

Domenico Losurdo

El Viejo Topo

6 marzo, 2026 



El historiador futuro no dejará de asombrarse ante un fenómeno que caracteriza a nuestra sociedad y nuestro tiempo. Por un lado no es difícil leer en libros, revistas y periódicos análisis realistas y crudos de la condición actual de Occidente, de los problemas y dramas de nuestro presente. A la crisis económica se suma una crisis política: según prestigiosos autores, se está produciendo un vaciamiento de la democracia, que retrocede ante las grandes fortunas y la «plutocracia». Pero ¿hay en Occidente una izquierda capaz de hacer este análisis y esta denuncia, y a partir de ahí articular un proyecto de lucha y transformación política de lo existente? En lo que respecta a la política internacional, incluso a algunos órganos de prensa que no suelen destacar por su valentía se les escapa la admisión del carácter neocolonial que han tenido las guerras más recientes desencadenadas por Estados Unidos y la OTAN en Oriente Próximo.

A la vista de todos están el horror de Gaza y la tragedia que infligen al pueblo palestino el dominio y el expansionismo colonial de Israel. Y no tenemos más remedio que preguntarnos, de nuevo: ¿hay en Occidente una izquierda capaz de oponerse a esta espantosa deriva que ya hoy siembra muerte y destrucción, pero incuba los gérmenes de una conflagración en una escala mucho mayor?

 

En marzo de 2014 Seymour M. Hersh, un periodista estadounidense galardonado con el prestigioso premio Pulitzer, hacía importantes revelaciones sobre el uso de armas químicas el 21 de agosto del año anterior: no, los responsables de esa infamia no habían sido los dirigentes del país, sino los «rebeldes» apoyados por las monarquías reaccionarias del Golfo Pérsico, aliadas de Occidente, y por Turquía, un país miembro de la OTAN y principal protagonista de la provocación y la escenificación, destinadas a levantar una ola de indignación mundial contra los dirigentes sirios y justificar la acción devastadora de los bombarderos con los motores ya encendidos y listos para entrar en acción.

 

En agosto de 2013 hombres de estado, periodistas, divos y divas de la sociedad del espectáculo rivalizaron en pintar del modo más siniestro al enemigo por abatir. Huelga decir que el desenmascaramiento de la mentira tuvo en los distintos órganos de información un eco mucho más reducido que la propagación de esa misma mentira; más valía no dar mucha publicidad al escándalo para que no desacreditara ni comprometiera a la industria de la mentira, pues esta siempre será útil para la preparación de las guerras futuras. Y de nuevo la izquierda brillaba por su ausencia.

 

No había tenido el valor de hacer preguntas y plantear dudas en el momento en que la manipulación era más intensa, y no ha considerado necesario llamar la atención de la opinión pública sobre el desenmascaramiento de la manipulación y, en general, sobre la industria bélica de la mentira que pese a todo sigue floreciendo. De hecho, la izquierda se encoge justo cuando debería reaccionar con más energía ante los procesos de polarización social y redistribución masiva de la renta a favor de las grandes fortunas (a menudo parasitarias), ante la reaparición de guerras coloniales o neocoloniales y la amenaza de guerras a gran escala, ante la restricción y distorsión de la esfera pública provocada por la «plutocracia» y por una industria de la mentira más floreciente, poderosa e invasiva que nunca.

 

Ya se ve con suficiente claridad cuál es la paradoja que requiere una explicación. No podemos dejarle la tarea al historiador futuro, porque los dramas y peligros del presente exigen una toma de conciencia y de responsabilidad aquí y ahora.

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