viernes, 10 de abril de 2015

IRAN



Acuerdo nuclear

Triunfo táctico de EEUU, estratégico de Irán

09.04.2015

El acuerdo sobre el programa nuclear de Irán, alcanzado agónicamente en Lausana, es, ciertamente, histórico, como lo calificara el presidente de EEUU, Barack Obama. Si no se frustra en los próximos tres meses, en los que deberá quedar operativo, el acuerdo está llamado a cambiar significativamente la situación política y geopolítica en Oriente Medio y Próximo y más allá. Como buen acuerdo, todos se sienten ganadores porque, en realidad, lo son. EEUU obtiene de Irán garantías suficientes de que su programa nuclear no terminará en bombas atómicas. Irán consigue el levantamiento del régimen de sanciones, que mantiene ahogada su economía y limita gravemente su acceso a recursos, medios y tecnologías en el mercado mundial, al tiempo que mantiene su derecho a desarrollar tecnología nuclear pacífica. Irán, además, lograría la liberación de unos 100.000 millones de dólares, retenidos en el exterior a causa de las sanciones. Libre de las mismas, podrá rehacer su economía y fortalecer todas sus estructuras, lo que, a su vez, redundaría en un mayor peso en el sistema regional y mundial. En ese sentido, el acuerdo para Irán es estratégico, pues su economía podría aspirar a ser una de las mayores de la región, dado el enorme potencial en recursos que tiene el país.

EEUU estaba necesitado de un acuerdo con el país más determinante de la región. Con 1.745.150 kilómetros cuadrados, 80 millones de habitantes y fronteras terrestres con Afganistán, Iraq y Paquistán –tres países en efervescencia permanente-, controlando el Estrecho de Ormuz y con el avance islamista de postre, era costoso y contraproducente mantener a Irán fuera de las crisis, peor aún mantenerlo como enemigo. EEUU arrastra dos duros fracasos militares en Afganistán e Iraq que, además de mellar su prestigio castrense, ha golpeado severamente las arcas del país. Todo podría querer, menos embarcarse en otra guerra, ahora contra el EI y, seguramente, contra Siria. EEUU tiene claro que su reto es ahora China y Asia del Este. Para dedicarle recursos y atención a esa inmensa región necesita arrojar lastre de Oriente Medio y Próximo, cuyos conflictos quitan mucho y dan poco, más ahora que es autosuficiente en petróleo y gas. Un paso táctico para EEUU, pues lo estratégico en las próximas décadas es ‘la batalla del Pacífico’. Tiene claro Washington que en ese océano se decidirá el futuro del mundo.

Rusia ha hecho valer su peso. Como ha expresado el Ministerio de Exteriores en un comunicado, “Este compromiso político está basado en el principio formulado por el presidente de la Federación de Rusia, Vladímir Putin, a saber: el reconocimiento del derecho incondicional de Irán a llevar a cabo su programa nuclear pacífico, incluidas las actividades de enriquecimiento de uranio, a condición de que el programa sea controlado internacionalmente y se anulen todas las sanciones impuestas a la República Islámica de Irán”. Claro y conciso. China garantizaría mayores suministros de hidrocarburos iraníes y ampliaría su presencia en una región cada vez más estratégica para su desarrollo. Europa, por su parte, ganaría pues empezaría a ver la luz de una solución a la atroz espiral de terrorismo abierta por las criminales y estúpidas guerras de agresión de la OTAN contra países musulmanes. Todos contentos.

El acuerdo tiene hondas repercusiones políticas. De entrada, abriría paso a una cooperación más amplia y pública entre Irán y EEUU para combatir al Estado Islámico (EI), estabilizar Iraq, resolver la sangrienta crisis siria y aumentar la presión sobre los irreductibles talibanes en Afganistán. Daría, así mismo, mayor legitimidad a la presencia iraní en Siria e Iraq, donde viene apoyando a los gobiernos en la lucha contra el EI, Al Qaeda y otros grupos fundamentalistas violentos. Irán vería asentada –y reconocida- su ascendencia en esos dos países, para dolor de Israel, Turquía y Arabia Saudita, los tres aliados empeñados en destruir al régimen sirio y expulsar a Irán.