sábado, 15 de febrero de 2025

Yolanda González: ¿muerte o asesinato?

 

Hay que recordarlo constantemente, para que nos den gato por liebre. La Transición no fue pacífica. Hubo muertos, torturas, detenciones, bombas, exilios, juicios, (a El Viejo Topo le cayeron 34)… La democracia costó sangre, dolor y lágrimas.


TOPOEXPRESS


Yolanda González: ¿muerte o asesinato?


Alfons Cervera

El Viejo Topo

15 febrero, 2025
 


Las palabras sirven para aclarar o para confundir. Para sacar a la luz o para esconder. Para descubrir los rincones más apartados de la historia o para dejarlos como siempre estuvieron: a oscuras del todo o, como pasa muchas veces, medio a oscuras. Preguntas sobre lo que podemos hacer con las palabras me han surgido de nuevo después de escuchar un podcast sobre Yolanda González. Como vivo al margen de todo lo más moderno, tengo poca relación –ninguna– con lo que se mueve por mis alrededores: Instagram, X, TikTok, Facebook, ChatGPT, DeepSeek, La RazónEl MundoABC… Cuestión de llevar una vida más o menos sostenible. No sé cuántas veces he preguntado lo que es un algoritmo y tantas veces como me lo han aclarado no he conseguido quedarme con la copla. El caso es que ese podcast –supe muy tarde que un podcast es como un programa de radio, más o menos– me llegó desde diversos sitios en forma de mensajes al móvil. Todos esos mensajes eran para que no dejara de escucharlo. Y lo escuché. Lo he escuchado varias veces. Dos periodistas de la cadena SER se encargan de la realización: Víctor Olazábal escribe el guión y Aimar Bretos pone la voz. Me gustó mucho. 

Las dos partes en que se divide el podcast cubren el tiempo en que la vida de Yolanda González fue la de una estudiante que desde muy joven tuvo claro cuál era su sitio en el mundo. Formó parte de los colectivos que luchaban para que ese mundo no fuera una mierda. Militó en el PST (Partido Socialista de los Trabajadores). Llegó con su familia a Madrid en 1979 desde Euskadi, donde había nacido en Bilbao en 1961. Estudiaba electrónica en un instituto. El 1 de febrero de 1980, un grupo de pistoleros de extrema derecha la secuestraron en su casa, le pegaron tres tiros en un descampado y su cadáver fue descubierto al día siguiente por unos trabajadores camino del curro. Tenía 19 años. Los sigue teniendo en esa imagen suya que tantas veces hemos visto reproducida cuando recordamos la violencia represora y los crímenes del franquismo y de la transición. El podcast sobre su vida me ha devuelto a aquellos años, a los sueños que nos servían para vencer al miedo, al tiempo de las cerezas que era el tiempo de las ilusiones y las canciones revolucionarias. Al tiempo de Yolanda González y de sus asesinos.

Aquella noche del secuestro la torturaron en el coche y, ya fuera, Emilio Hellín Moro le pegó dos tiros en la cabeza y después la remató Ignacio Abad Velázquez con otro disparo. Los dos eran militantes del partido ultraderechista Fuerza Nueva. Otros nombres colaboraron, a distintos niveles, con los asesinos: José Ricardo PrietoFélix Pérez AjeroDavid Martínez Loza y el policía nacional Juan Carlos Rodas Crespo, que fue quien al día siguiente, al enterarse de lo sucedido la noche anterior, alertó a sus superiores. El grupo entero fue detenido y condenado a muchos años de prisión. Cuarenta y tres tenía que haberse chupado Emilio Hellín Moro y a su camarada Martínez Loza le cayeron veintiséis. Las sentencias de los otros eran de seis años, menos unos pocos meses que fueron para el policía, seguramente por la colaboración con sus colegas. En 1987 Hellín se fugó durante un permiso carcelario (¡qué bien ese permiso tan rapidito, ¿no?!) y se fue a Paraguay, donde abrió varios negocios y trabajó para la dictadura de Alfredo Stroessner. Un reportaje de los periodistas José Luis Morales y Antonio Catalán para Interviú hace que Hellín huya de Paraguay y es detenido en la frontera de este país con Argentina. Será extraditado a España en 1990. Cumple seis años de condena y en 1996 sale a la calle. Y se pierde su pista. Unos años después el periodista de El País José María Irujo lo encuentra y nos enteramos de que llevaba muchos años trabajando para el Ministerio del Interior, como perito entendido en todo lo relacionado con el ramo de la electrónica. Y de nuevo sale de la escena pública. Se sabe que sigue haciendo peritajes que tienen que ver con procesos judiciales, como el de la expresidenta del Parlament Laura Borràs, imputada por corrupción. El asesino Hellín cumplió en total menos de quince años de cárcel de los cuarenta y tres a los que fue condenado. Un chollo en nuestro país eso de ser ultraderechista.

La historia de Yolanda González es la historia de la transición española a la democracia. No entera, claro. Sólo una parte. La de la oscuridad, la de la violencia que no desapareció con la muerte del dictador, la de esas pequeñas biografías que se quedaron casi en la invisibilidad porque la historia que se escribe con H deja fuera demasiadas vidas que siempre se escribieron con h. Mucho de lo de aquellos años sirvió para abrir un nuevo tiempo hacia el futuro. Pero se quedaron sin abrir demasiados muros de contención que sirvieron para que el franquismo no desapareciera de nuestras vidas. La memoria democrática avanza lentamente, muy lentamente. La historia la quieren seguir escribiendo, ahora con la V de los vencedores, quienes heredaron del fascismo su pensamiento reaccionario y lanzan a todas horas y desde muchos medios llamadas a convertir la democracia en un juguete roto que no sirva para nada. Malos tiempos para la democracia. Lo sabemos. Pero también sabemos que esos malos tiempos vienen de muy atrás, seguramente de los deberes que esa democracia no hizo cuando tocaba y desde que los nuevos fascismos empezaron a ser casi solemnemente blanqueados dentro de las mismas democracias. Pero he empezado hablando de un podcast que se titula Yolanda González, vida y muerte de una demócrata. Y voy hacia el final.

Ya lo dije al principio: me ha gustado mucho. Claro que no está todo lo que podría estar. Pero hay bastante de lo que sí que no podía faltar en ese recorrido por la memoria de Yolanda González y los tiempos violentos de la transición. En ese recorrido intervienen voces de compañeros y compañeras de Yolanda, de periodistas, de su familia, de abogados que dejan claro lo difícil que resultaba sacar adelante las acusaciones… Todas esas voces coinciden en que fue uno de los asesinatos más crueles llevados a cabo en aquellos años contra gente de izquierdas. Todas esas voces nombran repetidamente una palabra: asesinato. Por eso si Víctor Olazábal y Aimar Bretos, dicho sea con el más absoluto respeto y admiración a su trabajo, me lo permiten, haría dos sugerencias. Las dos tienen que ver con el título del podcast. Creo que el título más apropiado, el que más se acerca a la realidad de lo que pasó aquella noche fatídica del 1 de febrero de 1980 y de quién fue Yolanda González, tendría que ser otro bien distinto. Porque las palabras dicen, esconden o lo dejan todo a medias. “Muerte” no es lo mismo que “asesinato”. Y “demócrata” debería incluir la condición de “antifascista”. Pero aquí, digo en este país, no se da esa relación entre una palabra y otra. Mucha gente dice que es demócrata pero el antifascismo le provoca sarpullidos. Yo creo que eso es difícil, que ser demócrata y no ser antifascista es imposible. Pero hay quien piensa que sí. Por eso lo aclaro: desde mi punto de vista, el título del podcast que estoy acabando de recomendar debería destacar el carácter antifascista de Yolanda González en su lucha por la libertad y la democracia. O sea: Yolanda González, vida y asesinato de una antifascista. Es una opinión, claro. Sólo una opinión. Y ya me callo.

FuenteInfoLibre

 

UCRANIA EN GUERRA. TÍTERES EUROPEOS HUMILLADOS POR EEUU. RUSIA. ZELENSKY...

Defender a Ucrania le costará a Europa esta exorbitante suma

 

Defender a Ucrania le costará a Europa esta exorbitante suma

 

DIARIO OCTUBRE / febrero 14, 2025

 

Las estimaciones se hicieron en medio de la creciente preocupación de que Estados Unidos deje el futuro de Kiev en manos del bloque comunitario.


Fortificaciones antitanque en la zona de control ucraniano en Donbass. | Wolfgang Schwan / Anadolu / Gettyimages.ru


Apoyar a Ucrania sin la participación clave de EE.UU. y expandir simultáneamente sus propias capacidades de defensa, podría costarle a la Unión Europea una suma que el bloque no se puede permitir, según estimaciones hechas por Bloomberg en medio del creciente temor de que Washington le pase esa carga a Europa.

 

«Proteger a Ucrania y ampliar sus propios ejércitos podría costar a las principales potencias del continente 3,1 billones de dólares adicionales en los próximos 10 años», evaluó la agencia.

Así, Bloomberg precisa que reconstruir las Fuerzas Armadas de Ucrania, al punto que necesitarían para usarlas como futura disuasión contra Rusia en su flanco oriental, podría costar unos 175.000 millones de dólares a lo largo de esa década.

La cifra podría variar en función del estado en que se hallen esas fuerzas cuando se acuerde el fin del conflicto con Rusia, así como de la extensión del territorio que tengan que defender. Otros 230.000 millones harían falta para restaurar edificios e infraestructuras destrozados en el conflicto.

Una fuerza de mantenimiento de paz en Ucrania, de unos 40.000 efectivos, costaría unos 30.000 millones de dólares en el mismo plazo, aunque Kiev pide 200.000.

Pero la mayor parte del dinero habría que destinarla a reforzar los ejércitos de los propios países miembros de la UE y a aumentar el presupuesto total de defensa hasta 3,5% del PIB, de acuerdo con las últimas metas discutidas en la sede de la OTAN en Bruselas.

Financiamientos adicionales se destinarían a equipos de artillería, defensa antiaérea y sistemas de misiles, así como a reforzar las fronteras orientales de la UE, preparar a sus ejércitos para un despliegue rápido e impulsar un crecimiento masivo de la industria europea de defensa.

Según Bloomberg, si estos objetivos se financiaran con deuda, añadirían 2,7 billones de dólares a las necesidades de financiación de los cinco mayores miembros europeos de la OTAN durante la próxima década.

Fuente: actualidad.rt.com

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José Carlos Mariátegui y la caracterización del fascismo en nuestra época

 

José Carlos Mariátegui y la caracterización del fascismo en nuestra época

 

Por Freddy Ordóñez Gómez /  América Latina y CaribeOpinión

Rebelion

13.02.2025



Fuentes: Rebelión

José Carlos Mariátegui, “el primer marxista de América”1, dedicó parte de su prolífica obra al estudio del fascismo en Italia tras la Primera Guerra Mundial. Nació en Moquegua, Perú el 14 de junio del año 1894 y murió en Lima, el 16 de abril de 1930. En 1920 llega a Italia, en lo que fue una deportación eufemística del gobierno peruano por su militancia política, en donde estaría radicado hasta 1922, teniendo la posibilidad de interlocutar con personalidades socialistas, participar de eventos de la clase obrera, como el congreso fundacional del Partido Comunista de Italia, y observar el desarrollo del fascismo en ese país. Sería en su estancia en Italia donde Mariátegui se haría marxista.

Este 2025 se cumplen 95 años de su fallecimiento, y su pensamiento, definido por Martín Bergel como socialismo cosmopolita2 y descrito por Miguel Mazzeo como un ensamblaje de los elementos del socialismo práctico3, sigue actual y relevante en esta época4. Su legado resulta clave para abordar los desafíos, tanto nuevos como persistentes, que en los escenarios locales como globales, enfrenta la izquierda en su heterogeneidad. Como afirman Jaime Ortega y Carlos Segura, es necesario “repensar nuestros actuales debates políticos a la luz de las discusiones todavía abiertas que evocan al pasado no como arqueología, sino como una tradición actuante”5. Uno de esos desafíos fundamentales que podemos repensar desde Mariátegui es el resurgimiento del fascismo y los debates que este suscita actualmente.

Este texto presenta una síntesis de los planteamientos mariateguianos sobre el fascismo, abordando los principales elementos expuestos por el autor en los artículos que de manera central tratan el fascismo italiano, los cuales principalmente se encuentran incluidos en su libro La escena contemporánea (publicado en 1925), en el que se reúnen cinco escritos del Amauta, como parte de su interpretación de la época6. También fueron consultados algunos trabajos compilados en Cartas de Italia7, libro que forma parte de sus obras completas.

El fascismo se autoidentificó, señala Mariátegui, inicialmente como un movimiento, congregó una diversidad de categorías sociales y su dirigencia provenía de un amplio espectro político (disidentes del socialismo, excombatientes, literatos futuristas, exanarquistas, sindicalistas, republicanos, fiumanistas, monarquistas ortodoxos, etc), lo que evidenciaba, un confusionismo ideológico que se cubrió bajo la bandera de la patria, monopolizando el patriotismo en el escenario posguerra, encontrando cabida el discurso nacionalista principalmente en la clase media. Fue la burguesía, afirma el Amauta, la que “armó, abasteció y estimuló solícitamente al fascismo” y añade, “lo empujó a la persecución truculenta del socialismo, a la destrucción de los sindicatos y cooperativas revolucionarias, al quebramiento de huelgas e insurrecciones”, al uso del “revolver, el bastón y el aceite castor” contra el proletariado socialista, el fascismo fue, en síntesis, “una ofensiva de las clases burguesas contra la ascensión de las clases proletarias”. Así, llegó a ser una milicia civil antirevolucionaria más efectiva contra los revolucionarios que el Estado, aparato que inicialmente vio en este un aliado, en tanto movimiento de la clase que quiere conservarlo, logrando la reacción fascista alcanzar el poder con Mussolini para configurar un Estado recaudador y gendarme.

Para el duce, indica Mariátegui, el fascismo no es un concepto, sino una emoción, de allí que sus discursos no fueran elaboraciones teóricas sino pasionales, y se tuviera un fenómeno político sin programa, solo con un plan de acción. Él no fue un socialista a pesar de haber militado en el socialismo, era un extremista, que se ruboriza de su pasado, que optó por el “conservatismo más extremo” no desde un ejercicio intelectual, sino desde la irracionalidad, apelando a los sentimientos y emociones, en tanto “no ha sido nunca cerebral”. En este orden,

Mussolini no es el creador o artífice conceptual e ideológico del fascismo, sino el animador, el líder, el duce máximo, que atrajo a sus fasci di combattimento, a una clase media exaltada por los mitos patrióticos (principalmente los del escritor, poeta y dramaturgo Gabriele D’Annunzio) y hostil a la clase proletaria, a la revolución y al socialismo.

A la par de lo expuesto, los orígenes del fascismo, Mariátegui, los ubica en la guerra contra Austria: “el fascismo fue una emanación de la guerra”, y refiere además a cómo la toma de Fiume en 1919, liderada por D’Annunzio, fue la hermana gemela de los fasci, sucumbiendo el fiumanismo ante el fascismo, que adoptó su lugar en la lucha de clases, contra los obreros. Así, el fascismo enroló y concentró a todos los elementos reaccionarios y conservadores, tomando de D’Annunzio el gesto, la pose y el acento, para no mostrarse brutal y carente de principios, existiendo entonces un idilio entre intelectualidad y violencia, que terminó porque el fascismo necesita de la cachiporra y puede prescindir del arte y la literatura. Esto no se dio como consecuencia de la renuncia al fascismo de la artecracia, fue la burguesía la que cambió de actitud ante el régimen, de allí que el Amauta señale que “La inteligencia es esencialmente oportunista: El rol de los intelectuales en la historia resulta, en realidad, muy modesto. Ni el arte ni la literatura, a pesar de su megalomanía, dirigen la política; dependen de ella, como otras tantas actividades menos exquisitas y menos ilustres. Los intelectuales forman la clientela del orden, de la tradición, del poder, de la fuerza, etc, y, en caso necesario, de la cachiporra y del aceite de ricino. Algunos espíritus superiores, algunas mentalidades creadoras escapan a esta regla; pero son espíritus y mentalidades de excepción”. 

Por su parte, únicamente hasta después de la marcha sobre Roma y el inicio de la dictadura el fascismo se propuso una construcción de su ideario y la teoría, oscilando entre una visión extremista y una revisionista, imponiéndose la primera a la segunda, saliendo del partido las tendencias liberales y democráticas que, por miedo a la revolución socialista, se habían sumado y los sostuvieron, dejando al fascismo nuevamente en una táctica de guerra, odiando ferozmente a la democracia y al socialismo, sin diferenciarlos. De esta forma, el fascismo se sostiene en la guerra, es allí donde puede vencer, en la paz no tiene capacidad de actuación, en tanto su configuración es más de ejército que de partido: “Es un ejército contrarrevolucionario, movilizado contra la re­volución proletaria, en un instante de fiebre y de belicosidad, por los diversos grupos y clases conservadores”, afirma Mariátegui, y lo que le espera al fascismo en la paz es la debacle, la disolución, la liquidación.

En el fascismo se encuentran una amalgama no homogénea de tendencias extremistas, reaccionarias y conservadoras, que invitan a liquidar el régimen parlamentario, deliran con el imperialismo, promueven el Estado fascista, junto a quienes paralelamente lo encarrilan en la legalidad burocrática, y promueven un nacionalismo de derecha liberal, estos últimos no son la mayor representación del fascismo, sino los reaccionarios. La burguesía que, expone Mariátegui, saluda al fascismo como un salvador y bate palmas “mientras la reacción se limita a decretar el ostracismo de la Libertad y a reprimir la Revolución”; cuando la reacción empezó a atacar los fundamentos de su poder y de su riqueza, sintió “la necesidad urgente de licenciar a sus bizarros defensores”. De esta forma, el liberalismo que se inclinó ante éste se le separa, pero ese aislamiento no lo debilitó, sino lo hace más beligerante, combativo e intransigente, queriendo configurar el Estado fascista, concentrado en una élite política y económica, pensado como un aparato sin políticas sociales y redistributivas, con mínimas funciones, principalmente políticas y jurídicas, al igual que ciertas actividades asociadas a la industria, y claro las militares y represivas; y también hacer del fascismo una religión. Eso hace que la democracia liberal, que ya no representa un mito, sea incapaz de hacer frente al misticismo reaccionario de los fascistas, lo que solo pueden lograr los comunistas, que sí tienen y configuran un mito, la revolución.

Mariátegui nos presenta en su obra estos elementos para caracterizar nuestra época, en la que el patriotismo, el conservadurismo y la violencia acceden bajo configuraciones políticas, culturales y sociales fascistas al aparato estatal en diferentes países, con peligrosos alcances regionales y globales; y en la que el fascismo social y civilizatorio vuelve a constituirse en régimen político, exigiendo a las izquierdas, nuevamente, hacer frente a la reacción.

Notas:

1 MELIS, Antonio (1980). Mariátegui, el primer marxista de América. En: J. Aricó (comp.). Cuadernos de Pasado y Presente, 60. Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano. México: Siglo XXI, pp. 201-225.

2 BERGEL, Martín (2021). José Carlos Mariátegui: un socialismo cosmopolita. En: J. Mariátegui. Antología. Buenos Aires: Siglo XXI, pp. 11-37.

3 MAZZEO, Miguel (2017). José Carlos Mariátegui y el socialismo de Nuestra América. Santiago: Quimantú; Tiempo robado.

4 Respecto a la vigencia del pensamiento de Mariátegui, se pueden consultar, entre otros: MAZZEO, Op. Cit., pp. 23-39; ALIMONDA, Héctor (2010). Presentación. La tarea americana de José Carlos Mariátegui. En: J. Mariátegui. La tarea americana. Buenos Aires: Clacso; Prometeo, pp. 11-28.

5 ORTEGA, Jaime; & SEGURA, Carlos (2024). Presentación a “Mariátegui y la revolución latinoamericana”. El ejercicio de pensar, 55, p. 6.

6 Estos conforman el primer apartado del libro, que se titula Biología del fascismo, e incluye los artículos: Mussolini y el fascismo; D’Annunzio y el fascismo; La inteligencia y el aceite de ricino; La teoría fascista; y Los nuevos aspectos de la batalla fascista. La edición revisada (Caracas: El perro y la rana, 2010), adiciona el artículo El fascismo y el monarquismo en Alemania, y presenta un capítulo complementario titulado El fascismo en Italia, ambos han sido igualmente revisados para este texto.

7 Obra publicada en 1969 por la editorial Amauta, de la que se consultaron los artículos: Las fuerzas socialistas italianas; Escenas de guerra civil; Algo sobre fascismo, ¿Qué es, qué quiere, qué se propone?; y La paz interna y el “fascismo”.

Freddy Ordóñez GómezInstituto Latinoamericano para una Sociedad y un Derecho Alternativos, ILSA

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viernes, 14 de febrero de 2025

CENTRAL NUCLEAR ATACADA. EE.UU DEJA FUERA A UE Y A UCRANIA! ZELENSKI DES...

ATAQUE A LA CENTRAL NUCLEAR DE CHERNOBIL.OFENSIVA EN DIRECCIÓN KONSTANTI...

España: el teatro bajo la tutela del régimen

 

Este año hará cien que nació Manuel Sacristán, probablemente el pensador de izquierda más importante e influyente nacido en España. A lo largo del año aparecerán aquí, con la ayuda de Salvador López Arnal, algunos textos suyos para celebrar tal efeméride.

TOPOEXPRESS

España: el teatro bajo la tutela del régimen


Manuel Sacristán

El Viejo Topo

14 febrero, 2025 



Artículo sobre la situación del teatro en la posguerra española publicado en la revista alemana Dokumente. Zeitschrift im Dienst übernationaler Zusammenarbeit, Agosto 1954, pp. 319-323, con el título: “Spanien:Bühne unter den Fittichen des Regimes [España: El teatro bajo la tutela del Régimen]”. Firmado como ‘Juan Manuel Mauri’, un pseudónimo que Sacristán había usado anteriormente en textos escritos al alimón con su amigo Juan Carlos García Borrón.

En carta de 14 de agosto de 1954, H. Ostertag, responsable de la editorial Herder de Barcelona, agradecía su colaboración en los siguientes términos:

“Muy señor mío: Me es muy grato enviarle dos ejemplares del número 4 de Dokumente (mes de agosto) que contiene su artículo sobre el teatro español. Al hacer la traducción he introducido muy pocos cambios y puedo decirle que su artículo ha encontrado gran interés en la Redacción de la revista y seguramente lo encontrará también entre sus lectores. En cuanto a los honorarios, quedamos tal como habíamos dicho; es decir, que he depositado en Alemania la cantidad de 50 (cincuenta) marcos -unas 500 pesetas- a disposición de Vd. para invertirla en la compra de los libros que desee. En cuanto me indique los títulos, yo me preocuparé de que lleguen a sus manos. Le reitero mi agradecimiento por su colaboración y me ofrezco de Vd. afmo. amigo y s. s.”

La traducción castellana de la edición alemana (no se ha podido localizar el texto original, que no se encuentra entre la documentación depositada en BFEEUB) es de Marisol Sacristán y Alejandro Pérez. Vera Sacristán Adinolfi fue quien encontró este artículo largamente buscado.

 


 

Quien hoy desea escribir abiertamente sobre el teatro español moderno tiene que contar con que va a exponerse al fuego cruzado de una discusión encarnizada y va a ser víctima de duros ataques. Ya poco después de la guerra civil empezaron las disputas sobre el teatro en tono sorprendentemente mordaz. Expresiones como “la crisis del teatro español” o “el triste final de nuestra tradición teatral” forman parte del vocabulario cotidiano de todos aquellos que quieren defender la herencia de Calderón o Lope. Unos consideran que desde 1939 no ha habido en España ningún autor dramático de importancia, y que con ayuda estatal habría que empezar a descubrir nuevos talentos. Otros atacan la sociedad española actual o el régimen imperante, a los que acusan de obstruir el desarrollo de los verdaderamente capaces. Todo aquel que en esta confusa situación quiere emitir un juicio medianamente objetivo va a parar -lo quiera o no- a uno u otro de los bandos enfrentados.

LOS VIEJOS AUTORES

El año 1939 transcurrió sin que en España destacara un nuevo autor teatral de categoría. Los “viejos” dominaban aún el teatro, por lo menos en tanto que la guerra civil los hubiera sorprendido en la zona gobernada por Franco y siempre y cuando se les considerara leales políticamente. Una excepción en el aspecto político fue la constituida por Jacinto Benavente, Premio Nobel fallecido hace poco [1], el cual durante la lucha vivió en la zona roja y escribió para quienes dominaban en ella piezas filocomunistas. Ello no le impidió, sin embargo, ofrecer para su representación tras la victoria de Franco la comedia Aves y pájaros, una especie de drama reconciliador que permitió al escritor recuperar, también dentro del nuevo régimen, su especial posición entre los dramaturgos vivos. El hecho de que -mirándolo bien- la pieza fuera claramente mala se atribuyó entonces a las condiciones bajo las cuales había nacido. Hoy sabe todo el mundo que Aves y pájaros representa el primer síntoma claro del declive irrefrenable de un gran talento dramático. También las siguientes obras teatrales de Benavente -incluso la pieza Y amargaba, que tuvo gran éxito- no son más que etapas de ese declive.

También Federico García Lorca, prematuramente arrebatado a su pueblo en 1936 por su trágica muerte, figura entre los “viejos”. Y eso no sólo por sus datos biográficos, sino también por el estilo de sus obras, tanto por el “ruralismo” de sus primeros años como, al final, por el puritanismo que aparece en la severa forma de sus piezas tardías. Su último drama, La casa de Bernarda Alba -nunca representada en España, y hasta 1952, en que se publicó como libro [2], no dada a conocer al público- es un ejemplo impresionante del más puro arte dramático, elaborado según normas formales que hoy nos parecen exageradamente severas. La influencia de García Lorca sobre los jóvenes dramaturgos españoles se ejerce en diversas maneras. Los autores de provincias y -en la medida en que permanecen fieles a las normas tradicionales- también los de la capital asumen el aliento cálido de su drama popular Yerma y sobre todo de Bodas de sangre. Pero la generación joven, que se propone ser moderna, sigue más bien la estilización severa de personas y motivos que puede encontrarse en La casa de Bernarda Alba.

Alejandro Casona, que emigró en 1939 a Sudamérica, no puede ser considerado bajo ningún concepto como de la generación de los “viejos”. Aún se espera de él alguna novedad creativa, a pesar de que su última pieza dada a conocer en España, Los árboles mueren de pie [3], queda muy por debajo de las obras escritas antes de la guerra civil. Es cierto que este drama muestra de nuevo a Casona como un técnico extraordinariamente hábil, pero ni por la forma ni por el contenido cabe esperar de él una influencia duradera sobre la generación joven de autores.

Hace tres años murió Eduardo Marquina, junto a Benavente el único dramaturgo entre los “viejos” al que la guerra civil no obligó a emigrar (como a Casona) ni tampoco, como a García Lorca o a Pedro Muñoz Seca, le llevó a la muerte. Marquina permaneció fiel a su cuidado teatro histórico-poético modernista, y aún después de 1939 estrenó dos piezas: La Santa Hermandad y El estudiante endiablado. No tuvieron más que un escaso éxito de crítica.

Los restantes “supervivientes” de esta generación de los “viejos” están hoy prácticamente olvidados. Junto a las insípidas comedias recientes del antes furiosamente aplaudido Carlos Arniches o del en su tiempo muy popular Antonio Paso -las peores comedias que se han representado en España, triste degradación de la rica tradición del país- están el necio teatro de un Torrado o el pseudoarte monumental de un Pemán.

El presidente de la Academia de la Lengua, José María Pemán, es hoy el principal protagonista de la vida literaria oficial de España. Poeta sin demasiada sensibilidad poética y hábil escritor sin talento creativo, ocupa esta importante posición gracias sobre todo a su probada postura católico-conservadora en las controversias político-culturales. En el terreno dramático, se ha presentado últimamente con unas adaptaciones de las grandes tragedias griegas, cuidadosamente trabajadas lingüísticamente, pero pobres desde el punto de vista teatral. La crítica oficial ha acogido con entusiasmo este tipo de “sucedáneo de teatro” para la alta burguesía, como muestra meritoria de “cristianización” de las obras paganas de la Antigüedad.

Aún en este contexto merece mención especial el novelista y dramaturgo humorístico- satírico Enrique Jardiel Poncela, muerto en 1952. Sus piezas no siempre son un modelo de perfección formal, pero por su filosofía de la vida están llenas de ingeniosa ironía, son originales, están concebidas de forma muy personal y señalan nuevas vías. Entre los “viejos” Jardiel Poncela podría ser uno de los pocos que por lo menos desde el punto de vista literario pudiera decir algo a la generación más joven de dramaturgos españoles.

LA DECEPCIONADA GENERACIÓN INTERMEDIA

Todavía en 1943 uno de los más conocidos críticos del país, Rodríguez de Castellanis, contaba a autores como Calvo Sotelo, Ruiz de la Fuente o Buero Vallejo entre los modernos autores de teatro. Hoy tal clasificación apenas se justifica, ya que por todas partes empiezan a moverse fuerzas más jóvenes. En todo caso, podría designarse a los citados dramaturgos -entre los cuales habría que contar también a López Rubio, Juan Ignacio Luca de Tena y sobre todo Miguel Mihura- como de la “generación intermedia”, como grupo de elementos mediadores entre “viejos” y “jóvenes”. Todos tienen entre cuarenta y cincuenta años, han vivido la guerra civil a menudo en las primeras filas, a su regreso se han sentido con frecuencia injustamente ignorados y marginados, y hoy se aferran a la resignación de los desilusionados. Sólo pocas obras de esos autores llegaron a representarse, casi todas sin éxito notable y sin causar impresión en el público. Podrían mencionarse Celos del aire, de López Rubio, hábil y vivaz en la forma, pero sin fondo temático; El cóndor sin alas, de Ignacio Luca de Tena, una pieza tendenciosa que minimiza los trágicos sucesos de la guerra civil y que ha sido muy alabada por la crítica oficial; Cuando llegue la noche, de Joaquín Calvo Sotelo, y El gran minué, de Víctor Ruiz Iriarte, ambas de fina sensibilidad lingüística y hechas con un buen olfato dramático.

Sólo dos representantes de esta generación intermedia, Miguel Mihura y Antonio Buero Vallejo, produjeron obras que servirían más tarde de estímulo y modelo a los “jóvenes”. Miguel Mihura, el escritor humorista más importante de España después de la guerra civil, demostró ser con su obra Tres sombreros de copa un maestro de la comedia satírica. La pieza se encara despiadadamente con el sentimentalismo romántico y la moral farisaica de la pequeña burguesía de las ciudades españolas; conocida durante muchos años únicamente por un pequeño círculo en torno al autor, no ha podido representarse en público hasta hace poco y ha obtenido un gran éxito.

Con sus dos obras, Historia de una escalera y En la ardiente oscuridad, es Buero Vallejo el verdadero y único innovador del teatro español de estos últimos años. La primera, una obra de teatro social con fuertes efectos dramáticos, brillante escenificación y argumento acentuadamente sencillo, se concentra en la construcción psicológica de los personajes, que consigue ejemplarmente. Más profundidad de ideas ofrece la segunda obra de Buero, aunque desde el punto de vista teatral se halle muy por debajo de Historia de una escaleraEn la ardiente oscuridad es la historia de unos jóvenes ciegos que crecen en un asilo. Los directores de la institución consideran que su principal deber es despertar en sus pupilos el optimismo y la alegría de vivir.

Procuran desembarazarse de todo lo que pudiera ser desagradable. Prohíben así a sus jóvenes toda conversación sobre los aspectos desagradables de la vida, sobre el crimen, la enfermedad y la muerte, y prohíben también bajo castigo pronunciar determinadas palabras, como por ejemplo “ceguera”. Uno de los jóvenes que viven en el asilo, Ignacio, es demasiado sutil y firme de carácter para tomar parte en ese autoengaño decretado con la mejor intención. Llama a la resistencia contra las órdenes de la dirección y lucha por el reconocimiento de la desgracia en el mundo, desgracia que él considera que es la verdad de la vida. Su lucha infructuosa desemboca en un final trágico. Más tarde se hablará de la reacción en parte bastante significativa del público y de la prensa ante esta obra, llena de analogías con la situación política de España.

LOS JÓVENES LO TIENEN DIFÍCIL

Los jurados de los principales premios de teatro españoles –Premio Calderón de la Barca y Premio Ciudad de Barcelona– tuvieron que examinar obras de más de noventa autores jóvenes. Apenas la mitad de estos jóvenes dramaturgos es mayor de treinta años; los menos llegarán a saber cómo se juzgó su pieza, y desde luego no podrán contar con que se represente o se publique. Para conocer esas obras habría que asistir a las lecturas que aquí y allá tienen lugar en los círculos de amigos de los jóvenes escritores, o bien habría que lograr ser admitido como asesor en uno de los citados jurados. Ambos caminos son fatigosos y además difícilmente pueden conducir a la finalidad perseguida, que es la de formarse una opinión objetiva.

Por lo demás, muchos de esos autores figuran entre los “jóvenes” sólo por su edad, no por el estilo de sus obras. En todo caso es notable que numerosos dramaturgos jóvenes de provincias se presentaran a los premios convocados aún completamente a la sombra de García Lorca o incluso de los hermanos Álvarez Quintero. Pero mucho más numeroso es un grupo de autores de vanguardia que con sus obras quieren renovar a fondo el teatro de su país. Se han desligado definitivamente de García Lorca y su ruralismo y rechazan vigorosamente tanto la anticuada comedia social al estilo de Benavente cuanto las piezas insípidas, rutineras y tendenciosas de la mayoría de los representantes de la “generación inmediata”. Buscan sus modelos entre los dramaturgos contemporáneos europeos y americanos.

En este último grupo se encuentra hoy la gran esperanza del nuevo teatro español: Alfonso Sastre, de menos de treinta años de edad, cuya obra más reciente, Escuadra hacia la muerte, fue estrenada en 1950 por el Teatro Popular Universitario de Madrid. Aún antes de que este brillante grupo pudiera comenzar su gira por provincias ya programada, la censura estatal prohibió todas las demás representaciones de la pieza. Como además se ha prohibido no sólo el estreno de sus obras anteriores, sino también su publicación, el nombre del autor apenas es conocido más allá de los reducidos círculos universitarios madrileños. Este joven escritor de gran talento, que ha fundado en Madrid el club de teatro “La vaca flaca”, sigue siendo uno de los autores más prometedores de su generación.

Escuadra hacia la muerte, una pieza de aguda crítica contemporánea, alcanzó en sus pocas representaciones ante un público en su mayor parte de estudiantes y críticos jóvenes un éxito resonante.

EL PÚBLICO

Una mirada a las salas de los teatros españoles, a la composición sociológica del público teatral, puede contribuir a redondear el panorama que aquí se esboza. Hay que constatar en primer lugar un hecho importante: el obrero español ha dejado de ir al teatro. Los toros, el fútbol o el cine han suplantado en su horizonte el teatro, a pesar de que los precios de las entradas son comparativamente mucho más altos. El movimiento de un teatro popular, creado por García Lorca a finales de los años veinte para hacer llegar el teatro a la población de provincias por medio de teatros ambulantes, fue poco duradero y hoy está prácticamente olvidado. Así es que hoy en día en las ciudades queda como masa que va el teatro -junto a unos pocos representantes snobs de “la sociedad”- únicamente la pequeña burguesía, la cual, sin capacidad crítica propia, en general hace suya por completo la opinión de los críticos de la prensa. Quizá una excepción la constituyen aquí y allá quienes frecuentan los “Teatros de cámara” [4], pequeños teatros privados que tienen que luchar con grandes dificultades económicas y también a menudo se ven limitados en su libre programación. Los más activos de estos teatros, el teatro del sindicato universitario de Madrid y el teatro de cámara de Barcelona, han estrenado junto a numerosas obras de autores extranjeros -O’Neill, Sartre, Thornton Wilder, Tennessee Williams, Arthur Miller- también, aunque más raramente, piezas poco representadas de autores clásicos y de escritores jóvenes españoles. Su público, insignificante en número y proporción respecto del restante público de teatro, tiene casi siempre un alto nivel intelectual, tiene capacidad de entusiasmo sin ser con ello snob, y también ayuda económicamente en forma discreta.

Los restantes teatros españoles apenas se atreven a intentar presentar a sus espectadores el teatro moderno de otros países. Los teatros estatales y municipales consideran en general cumplida su misión educadora con representaciones de los clásicos, sin duda loables, pero muy poco frecuentes.

BAJO NIVEL DE CRÍTICA

Con razón una y otra vez se hace responsables a los críticos de teatro de los diarios españoles de la pereza mental y la falta de capacidad crítica de los espectadores, que cada vez está más extendida. Pero no es justo buscar la causa de ello sólo en la tutela estatal de la prensa. El bajo nivel de la crítica periodística hay que atribuirlo en su mayor parte a la persona misma de los críticos, periodistas de segunda o tercera clase que, sobrecargados de trabajo, tienen que despachar “de paso”, entre la información sobre cine, toros y fútbol, también el teatro, y que a menudo por falta de cualificación especial o por miedo de traicionar la línea política cometen errores grotescos de juicio. Así pudo leerse hace poco en un periódico de provincias sobre O’Neill que era un “masón degenerado” y sobre Thornton Wilder que era un “bolchevique cultural y neurótico”. En otro diario un crítico calificaba la ingeniosa composición de Sartre Sociedad privada de “porquería a carretadas”. Como estos “observadores del arte” a menudo ni siquiera conocen la rica tradición teatral española, son incapaces de juzgar correctamente el valor o la falta de valor de todos los intentos de innovación dramática que de tiempo en tiempo llegan a estrenarse con mucho ruido -y que en general no representan más que una explotación estéril de temas y motivos clásicos acreditados. Nadie discutirá que una crítica que trabaja de forma tan irresponsable es la principal culpable de que hoy el espectador de teatro rechace de antemano cualquier otra que no le prometa de entrada un entretenimiento ligero, atontamiento o distracción, teniendo siempre preparada para sí la excusa fácil de que “demasiado se ha sufrido” y de que se va al teatro a distraerse. La burguesía española va viviendo hoy en, por decirlo así, una voluntaria ignorancia de los principales problemas contemporáneos, incluso una y otra vez se tropieza uno con defensores enérgicos de esta forma de vida quietista, por ejemplo, cuando un autor de teatro se atreve a atacarla. Así ocurrió durante el estreno barcelonés de la ya citada obra de Buero Vallejo En la ardiente oscuridad, lo que llevó a un escándalo teatral muy notable. Durante la representación los ciegos acogidos en un asilo municipal empezaron a protestar estrepitosamente con gritos como “ateos”, “estafadores”, “bolcheviques”, e impidieron que el personaje de Ignacio siguiera hablando.

En la prensa española se lee mucho sobre la crisis económica e intelectual del teatro español. Las opiniones sobre las causas de esta crisis son a menudo muy dispares, sin atreverse los autores de tales artículos a hacer responsable de gran parte de las dificultades a la censura estatal, con su silenciamiento sistemático de los autores jóvenes. El autor del presente artículo no puede detenerse aquí en las causas económicas o sociológicas de que el teatro sea hoy un mal negocio. Pero cabe saber por qué existen sólo pocos autores españoles de categoría y por qué apenas se estrenan nuevas obras. Tres factores principalmente son responsables de ello: la censura, el gusto deteriorado del público teatral a causa de la crítica de baja calidad y, por último, el comportamiento de los empresarios teatrales, que sacan sus consecuencias de todo ello y ya sólo estrenan lo que promete de antemano cajas llenas. Sólo un genio capaz de combinar armoniosamente el impulso creador con el cálculo sensato de todas las posibilidades económicas podría conseguir volver a elevar a su grandeza de antaño el teatro, hundido en el polvo, de los Lope, Calderón o García Lorca.

 

Notas de edición.

 

1) 14 de julio de 1954, Premio Nobel de Literatura en 1922.

2) Editorial Losada. La segunda representación de la obra en 1964 fue dirigida por Juan Antonio Bardem. Julieta Serrano fue una de las actrices.

3) En “Un mes de Barcelona”, Laye 12, marzo de 1951, pp. 58-59, comentaba Sacristán: “Pero recorramos el sumario de esta nonnata causa por injurias o calumnias: Con motivo de la lectura en la Universidad de la última obra de Alejandro Casona –Los árboles mueren de pie– se produce, primero, una reacción insultante contra este señor, autor (a juzgar por el tenor de los ataques) de crímenes nefandos y sin cuento. En esto no entra el cronista. Sale. Pero de inmediato casi, la ofensiva, se enriquece con hermosos epítetos aplicados ya, sin distinción alguna, a los llamados Teatros de Cámara… El Barcelonés Ingenuo quedó aterrorizado. “¿Qué clase de monstruos serán esos hombres de los teatros de cámara?”. Y el Barcelonés Ingenuo pensó que no tenía más remedio que cerciorarse por sí mismo de aquellas aberraciones, para que, conociendo el mal, pudiera preservarse de la tentación. Y empezó por el principio. Vamos a ver, se dijo, las herejías nefandas que contienen la asquerosa podredumbre putrefacta en tres actos Los árboles mueren de pie, del conocido salteador de caminos Alejandro Casona. Leyó la obra. Y anotó en un cuadernillo que se compró exclusivamente para el asunto: “Los árboles mueren de pie”: obra en la que se sostiene la tesis de que nadie en la vida puede eludir el trago de las tristezas que desuellan la garganta. Es muestra de buen corazón engañar a alguien piadosamente, ocultándole su desgracia. Pero ese engaño no llega nunca a surtir efecto y los hombres, como los árboles, tienen que morir de pie, cara a cara con la inestabilidad del bien en la vida. La obra es teatralmente muy buena y muy fina literariamente”.

4) También en “Un mes de Barcelona (marzo de 1951)”, Laye 12, p. 61, comentaba críticamente Sacristán: “Querido Barcelonés Ingenuo: Usted no lo entiende, ¿verdad?. Usted no entiende que se insulte a unos hombres, por hacernos ver maravillas como La piel de nuestros dientes (Teatro de Cámara), piezas tan exquisitas como Mi corazón está en las montañas (Teatro Yorick), tan fundamentales para nosotros como La dama boba (T.E.U.), tan sabia y finalmente teatrales como El fuego mal avivado (Teatro Club). No entiende que se odie -no se puede insultar tan acremente sin odiar, porque Cristo ha supuesto que el que llama raca a su prójimo le odia- a quienes nos muestran lo que el teatro de verdad es hoy por el mundo, mientras cualquier revista en que lo inmoral se suma a lo antiestético y a lo oligofrénico permanece en cartel sin que nadie se meta con ella, realizando concienzudamente su doble trabajo de demolición del sentido estético y del sentido moral. Usted no entiende que se prohíba la representación de la Ardèle de Anouilh y que se permita a los efebos de los cabarets engañar a los extranjeros sobre lo que es el espíritu del pueblo español. ¿Verdad que no lo entiende usted? Pues yo tampoco, querido… Aunque, ahora que pienso…. ¿Ha oído usted hablar de los fariseos?”

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UCRANIA EN GUERRA: EUROPA ENTRA EN PÁNICO. ZELENSKY RECIBE SU SENTENCIA....

USAID, más que una agencia humanitaria

 

 

USAID, más que una agencia humanitaria

 

Por Alejandro Marcó del Pont

Rebelion

14/02/2025 



Fuentes: El tábano economista

Cuando leas sobre una revolución de colores, pregúntate a quien beneficia

La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) siempre ha sido presentada como una entidad de ayuda humanitaria y desarrollo. Sin embargo, en la práctica, ha sido utilizada como una herramienta de influencia política y geoestratégica de EE.UU. Este hecho no es nuevo, pero recientemente ha cobrado mayor visibilidad gracias a figuras como Elon Musk y Donald Trump, quienes han acusado abiertamente a la agencia de ser una organización «criminal» «dirigida por un grupo de lunáticos radicales«.

Más allá de estas declaraciones, lo cierto es que USAID ha jugado un papel clave en la política exterior estadounidense, financiando movimientos opositores, desestabilizando gobiernos y facilitando golpes de Estado bajo la justificación de la «promoción de la democracia».Desde su creación en 1961, USAID ha operado en estrecha colaboración con la Agencia Central de Inteligencia (CIA). Han trabajado juntas durante décadas para infiltrar gobiernos, canalizar fondos a grupos opositores y manipular la opinión pública a favor de los intereses de EE.UU. Al final del articulo hay una tabla resumen de los casos documentados de intervención de USAID y la CIA.

Entre las estrategias más utilizadas por USAID se encuentran el financiamiento encubierto canaliza dinero a través de ONG para influir en la política interna de distintos países. Apoyo a la propaganda y desinformación subsidiando medios de comunicación alineados con los intereses de EE.UU. Capacitando y financiando grupos opositores, apoya sindicatos, movimientos estudiantiles y partidos políticos afines.

El caso de Georgia es un ejemplo reciente de esta dinámica. La intervención de USAID en la financiación de movilizaciones y medios de comunicación llevó al gobierno georgiano a aprobar una ley que clasifica como “agentes extranjeros a las ONG y los medios de comunicación» que reciben más del 20 % de su financiación del exterior.

Como era de esperar la redición de cuentas es uno de los puntos débiles de la agencia, por razones obvias. El año fiscal 2023, que es el más reciente para el que se dispone de datos prácticamente completos, el gobierno estadounidense desembolsó 71.900 millones de dólares en ayuda exterior, según ForeignAssistance.gov. Eso se compara con los casi 74.000 millones de dólares gastados en el año fiscal 2022. Estas cifras (y otras de ForeignAssistance.gov) no incluyen la mayoría de las ventas de armas ni las transferencias de equipo militar a países extranjeros.

Ucrania fue el mayor receptor de ayuda estadounidense en el año fiscal 2023, al recibir 16.600 millones de dólares para ayudarla en defensa y para mantener en funcionamiento su gobierno y su sociedad. Israel, que suele ser uno de los principales receptores de ayuda, recibió la segunda mayor ayuda con 3.300 millones de dólares en ayuda militar en el año fiscal 2023, un nivel similar al de los años anteriores y en ambos casos fue ayuda militar.

Uno de los ejemplos recientes del doble juego de USAID es su rol y su exposición mediática fue en la guerra de Ucrania y el mercado global de granos. Desde el inicio del conflicto en 2022, USAID ha promovido la exportación de granos ucranianos como una solución a la crisis alimentaria mundial, especialmente en África y Medio Oriente.

A través de programas como la Iniciativa del Corredor de Granos del Mar Negro, la agencia ha trabajado con el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la ONU para adquirir y distribuir cereales. En 2023, USAID anunció la compra de 150.000 toneladas de trigo ucraniano para países como Sudán, Somalia y Etiopía. Sin embargo, gran parte de estos granos nunca llegó en las cantidades esperadas a estos países, lo que generó dudas sobre su verdadero destino.

Los datos muestran que la mayoría de las exportaciones ucranianas terminaron en Europa, no en África. Según informes de la ONU y la UE, los principales compradores del grano ucraniano en 2022-2023 fueron España, Italia, los Países Bajos y Alemania, donde se utilizaron principalmente para la producción de alimento animal.

¿Cómo funciona el negocio? El mecanismo detrás de estas operaciones es relativamente simple. USAID financia al Programa Mundial de Alimentos (PMA) con dinero etiquetado para la compra de granos. El PMA compra los granos a traders internacionales, que los obtienen de productores ucranianos.

Los beneficiados reales son los supuestos productores ucranianos que reciben apoyo financiero y logístico para exportar en tiempos de guerra. Los Traders internacionales (Cargill, Louis Dreyfus, ADM, Bunge) que manejan las exportaciones y actúan como intermediarios y Europa que aprovechó precios más bajos y acceso rápido a los cereales.

En otras palabras, lo que se presentó como un esfuerzo humanitario de USAID para paliar el hambre en África resultó ser un movimiento geopolítico y comercial diseñado para sostener la economía ucraniana, beneficiar a grandes corporaciones y consolidar la influencia de EE.UU. en el comercio global de alimentos. Mientras tanto, la crisis alimentaria en África persistió, demostrando que el verdadero objetivo no era alimentar a los hambrientos, sino controlar mercados y recursos estratégicos.

El caso de USAID demuestra que la «ayuda humanitaria» puede ser una fachada para intereses políticos y económicos. A lo largo de su historia, la agencia ha operado como una extensión de la política exterior estadounidense, utilizando fondos públicos para moldear gobiernos y economías según los intereses de Washington.

Lo interesante del desenlace de esta agencia, es que, algunos se enteraron que una entidad presentada como de ayuda humanitaria y desarrollo servía para derrocar gobiernos. Lo mas cómico, es que los actuales sociópatas en ejercicio acusan a los anteriores psicópatas de ejecutar, las actividades para lo que la agencia fue creada. Esto cambiará, seguramente de nombre, no de objetivos. 

Casos documentados de intervención de USAID y la CIA


Fuente: El Tábano Economista en base a datos oficiales

Fuente: https://eltabanoeconomista.wordpress.com/2025/02/13/usaid-mas-que-una-agencia-humanitaria/

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