martes, 18 de febrero de 2025
Somos marxistas, somos de izquierda
Somos marxistas, somos de izquierda
Rebelion / Ecuador
18/02/2025
Fuentes: Rebelión
Al referirse a
los “marxistas legales”, que ostentaban ese título con vanidad intelectual,
Karl Marx dio su respuesta: “lo que está claro es que yo no soy marxista”
(1882). La frase tenía doble sentido: criticar a quienes, si bien pretendían
ser sus seguidores, simplemente asumían posiciones para descalificar a los
adversarios políticos; y, además, cuestionar su falta de conocimientos
fundamentados en investigaciones rigurosas. El complemento lo dio Friedrich
Engels: “En general, la palabra materialista les sirve a
muchos jóvenes escritores alemanes de simple frase mediante la cual se rotula
sin más estudio toda clase de cosas; pegan esta etiqueta y creen que la
cuestión está resuelta. Pero nuestra concepción de la historia es, sobre todo,
una guía para el estudio, y no una palanca para construir a manera de los
hegelianos”.
Ante todo, hay que
considerar que el marxismo es una teoría compleja, elaborada en el transcurso
de la vida de Marx (1818-1883) y que tuvo cambios desde los escritos de
juventud hasta los últimos durante los tres años finales de su vida. Algunos
libros de Marx y Engels son más conocidos que otros; pero desde 1998 se
desarrolla el proyecto MEGA (Marx-Engels Gesamtausgabe) de las obras completas,
que incluye 200 cuadernos, aún de difícil acceso por publicarse solo en alemán.
En todo caso, el centro de los estudios de Marx fue, en general, Europa; el
capitalismo la esencia de sus descubrimientos; las investigaciones sobre el
colonialismo, las nacionalidades, el medio ambiente, la cuestión femenina, así
como India, China y especialmente Rusia, son prácticamente en sus últimos años.
América Latina fue una región de menor atención.
El marxismo
después de Marx es gigantesco. Uno de los estudios sobre este tema son los doce
tomos que publicó el historiador inglés Eric J. Hobsbawm (1917-2012).
Igualmente, el filósofo latinoamericano Enrique Dussel (1934-2023) hizo el
seguimiento en tres tomos a la trayectoria del pensamiento de Marx. También
cabe destacar al científico chileno Alejandro Lipschütz (1883-1990) con “Marx y
Lenin en la América Latina y los problemas indigenistas” (1974), que da
continuidad a las reflexiones de José Carlos Mariátegui (1894-1930), pionero en
el tema. Contemporáneamente están, entre otros: Michael Löwy, quien en “El
marxismo en América Latina” (2007) ofrece una antología de los distintos
marxismos en la historia de la región; Pablo Guadarrama investiga “Marxismo y
antimarxismo en América Latina” (2023); y también “El renacer de Marx” (2024)
coordinado por Marcello Musto, que permite acercarse a los nuevos temas del
marxismo. No hay estudios similares en Ecuador, aunque si varios sobre la
historia de los partidos o agrupaciones de “la izquierda”, que demuestran que
no solo ha existido en el país una izquierda “marxista”, sino varias.
Después del
derrumbe del socialismo de tipo soviético, el marxismo perdió su antigua
influencia cultural, al mismo tiempo que los partidos y organizaciones
seguidores de Marx se derrumbaron. Pero el marxismo volvió a despegar con el
avance del siglo XXI entre otras razones porque se agotó la globalización
transnacional y el mundo entró a una época multipolar en la cual está en marcha
el desplazamiento de la hegemonía de los Estados Unidos y es visible el ascenso
de China, con la construcción del socialismo por una vía muy particular, que se
fundamenta abiertamente en la teoría marxista, a la que el mismo presidente Xi
Jinping ha contribuido. En América Latina el socialismo cubano sobrevive con
limitaciones extremas debidas al bloqueo más inmoral en la historia
contemporánea. Son procesos excepcionales.
Pero
coincidiendo con el mismo siglo, se generalizaron en buena parte de la región
los gobiernos progresistas que definieron una esfera política distinta a las
tradicionales y que asumieron la representación de una nueva izquierda,
en la que destacaron Ecuador (Rafael Correa), Bolivia (Evo Morales) y Venezuela
(Hugo Chávez) con sus propuestas de “socialismo del siglo XXI”. Es un proceso
histórico inédito, en medio de sectores políticos e intelectuales que solo
admiten como “izquierda” a las organizaciones y movimientos que se autodefinen exclusivamente
como “marxistas”.
El progresismo
latinoamericano es, ante todo, una fuerza política de convergencia de
sectores sociales que cuestionan al capitalismo, quieren terminar con el
neoliberalismo por los desastres humanos que ha ocasionado, se inscriben en las
instituciones de la democracia occidental para transformarla en democracia
popular sostenida por los distintos movimientos sociales y que, sobre todo,
admiten la edificación de una economía de tipo social, como parte
de un proceso de largo plazo, que incluso puede sentar las bases para un futuro
socialista. Es una vía en construcción al compás de las coyunturas
latinoamericanas, sobre la cual no existen recetas preestablecidas como las que
el marxismo clásico pudo ofrecer en el pasado.
Todo ello
explica las variadas formas del progresismo, que puede confundirse con la vieja
socialdemocracia, como un nuevo desarrollismo o con un neo keynesianismo, pero
que también tiene militantes y partidarios marxistas.
En Ecuador la
lucha política definida en las recientes elecciones presidenciales y
legislativas (9/2/2025) ilustra la situación que predomina en América Latina:
pasaron al balotaje el presidente Daniel Noboa, en quien se resumen los
intereses de las élites oligárquicas y el empresariado neoliberal/libertario, y
Luisa González, expresando al sector progresista de nueva izquierda. Si bien el
candidato Leonidas Iza ocupó el tercer lugar con el 5.25% de los votos
provenientes sobre todo del movimiento indígena, los resultados electorales dan
cuenta de que también hubo sectores indígenas que votaron por Noboa, quien
triunfó en toda la Sierra (excepto una provincia) y en cuatro de las seis
provincias amazónicas (https://elecciones2025.cne.gob.ec).
Resulta difícil
concluir que todo el movimiento indígena es “marxista”, “mariateguista” (bit.ly/3wjWFPk) o de izquierda “auténtica y verdadera” frente
a la “socialdemócrata” Luisa González. Lo que ha quedado en claro en el país es
la necesidad de la unidad y convergencia de las dos principales fuerzas
sociales y populares: la Revolución Ciudadana y Pachakutik-CONAIE, si se busca
asegurar el triunfo en la segunda vuelta frente al bloque de poder constituido
en torno al presidente-candidato Noboa. Ambas fuerzas tienen coincidencias
programáticas en múltiples cuestiones nacionales y el desafío por superar
experiencias de confrontaciones o resentimientos mutuos en el pasado. Tanto
líderes y miembros del “correísmo” como de los indígenas y trabajadores han
sufrido persecución, lawfare, criminalización. Las movilizaciones indígenas de
2019 y 2022 afrontaron represiones brutales desatadas por gobiernos
empresariales que les tildaron de “terroristas”.
De su parte, el
marxismo es una teoría que proporciona los fundamentos centrales de las
ciencias sociales y permite descubrir los ejes del poder, la naturaleza de las
luchas de clases, el tejido económico complejo del capitalismo. Pero en América
Latina toca realizar un esfuerzo constante para entender los procesos
históricos propios y contemporáneos. Tal como en su tiempo Marx criticó a
cierto marxismo, hoy los problemas latinoamericanos no pasan por considerar a
esta teoría como la fuente para declararse en posesión exclusiva de la
izquierda “auténtica y verdadera”. Sobre todo en medio de los variados
“marxismos”.
Blog del
autor: Historia y Presente
www.historiaypresente.com
Partido de dobles
En su blog, el
primer ministro eslovaco Robert Fico ha publicado este texto que no tiene
desperdicio, y del que nuestros eximios y descerebrados líderes europeos (lo
que por supuesto incluye a los españoles) podrían aprender algo. Más vale tarde
que nunca.
Partido de dobles
EL VIEJO TOPO / 17 febrero, 2025
PARTIDO DE
DOBLES
Trump-Putin vs.
UE-Ucrania.
Por Robert Fico
“Desde el
principio, he tenido una visión de la guerra de Ucrania distinta de la de la
mayoría absoluta de los primeros ministros de la UE. Y se lo he restregado.
Pero sabía lo que hacía. El uso de la fuerza militar por parte de Rusia era una
violación del derecho internacional, pero Rusia tenía serias razones de
seguridad para hacerlo. Apoyé todos los planes de paz y el cese inmediato de
los combates. Cuando esto estuvo sobre la mesa en abril de 2022, Occidente se
lo prohibió a Ucrania. Porque creía ingenuamente que continuar la guerra
debilitaría a Rusia política y económicamente.
La UE es la
segunda perdedora después de Ucrania. Esto se debe pura y simplemente a que, a
día de hoy, no tiene opinión propia sobre las grandes cuestiones de política
exterior y se ha limitado a copiar ciegamente a la administración Biden en la
guerra de Ucrania. Siempre lo he señalado, pero quizá no con suficiente
contundencia, y por eso debemos compartir la responsabilidad con la UE, de la
que somos miembros y queremos seguir siéndolo. La UE ha lanzado una ofensiva
sin cuartel en la guerra de Ucrania: sanciones contra Rusia, enorme apoyo
financiero, militar, político y de burda propaganda a Ucrania.
Ahora me
entristece ver lo indefensos que estamos en la UE, especialmente lo indefensos
que están aquellos que han apoyado tan firmemente más y más matanzas en
Ucrania. Después de todo lo militarmente que se ha comportado el proyecto de
paz de la UE, cuánto dinero y amor han dado a Ucrania, hoy nadie habla con la
UE. En la UE no tenemos ni idea de lo que está ocurriendo realmente en la
relación entre Estados Unidos y Rusia, que es absolutamente crucial para poner
fin al conflicto militar. No sé si no suena un poco embarazoso cuando, hoy,
algunos Estados miembros e instituciones de la UE claman por un asiento en la
mesa de negociaciones sobre la paz.
El presidente
Trump, tras una larga conversación telefónica con el presidente Putin, al menos
llamó a Zelensky y le contó lo que le esperaba. Por ejemplo, algo tan
inimaginable como unas elecciones democráticas. Nadie nos llama en la UE. Nadie
está llamando al presidente del ER, de la CE y del PE. La UE tendrá que
recuperar rápidamente la sobriedad de su locura militar y darse cuenta de que
tiene que ser soberana en sus opiniones y actitudes para sobrevivir. De lo
contrario, se verá abocada a una profunda crisis. Este es exactamente el tipo
de autorreflexión de la UE que en SMERE – SSD también buscamos y en la que
queremos participar activamente. Por eso también es triste ver a nuestros
belicistas en Eslovaquia. Son tan silenciosos como piojos bajo una costra, lo
único que saben hacer es gritarnos a SMER – SSD y a mí cuando hablamos con
confianza sobre el hecho de que Eslovaquia debe prepararse para una nueva
calidad de relaciones internacionales y que no podemos permanecer de pie como
una capilla de piedra detrás del pueblo. Lo único que saben hacer es insultar
al presidente ruso Vladimir Putin después de reunirse con él y conmigo y,
basándose en la mentira sobre la salida de la UE, masajear a la gente en las
calles. ¿Gritarán así cuando el presidente estadounidense Trump visite Moscú,
como ha confirmado públicamente?
Lo siento
muchísimo por los cientos de miles de muertos tanto en el bando ucraniano como
en el ruso. En la UE deberíamos reflexionar sobre ellos. Ha quedado claro que
no hay solución militar a la guerra; lo he repetido quizá mil veces. Sin
embargo, los halcones de la guerra en la UE empujaron a Ucrania a más y más
matanzas. Recordemos la famosa declaración del GT de la OTAN, el holandés
Rutte, de que Occidente no está perdiendo la guerra en Ucrania, simplemente el
frente no avanza en la dirección correcta. No he oído tanta honestidad brutal y
admisión de lo que la guerra en Ucrania ha sido en realidad para Occidente
durante toda la duración del conflicto.
El presidente
ruso, Vladímir Putin, al que los medios eslovacos y europeos se han referido y
se refieren de la manera más despreciable, decidirá hoy lo que ocurre en
Ucrania, junto con el presidente estadounidense, Donald Trump, al que los
medios eslovacos y europeos se refieren ahora de la manera más despreciable.
Nadie más. Putin y Trump. Y no hace falta tener un título universitario para
entender lo que va a pasar. El presidente Trump va a exigir a Ucrania que le
devuelva todo lo que Biden le dio al apoyar la guerra. Obligará a Europa a
tomar aún más gas y petróleo de Estados Unidos y, al final, les dirá a los
aliados de la OTAN que, a menos que tengan la amabilidad de aumentar
brutalmente su gasto en defensa a, digamos, el 5% del PIB, pueden olvidarse
amablemente del artículo 5 del tratado de la OTAN. El presidente Putin se quedará
con el territorio de Ucrania que controla militarmente y con la garantía de que
Ucrania nunca será miembro de la OTAN. ¿Y Ucrania? Perderá un tercio de su
territorio, sus riquezas minerales, nunca estará en la OTAN y habrá ejércitos
extranjeros en su territorio.
El presidente
Zelensky ciertamente no alcanzará la gloria eterna por esto. Todos los demás se
limitarán a ayudar. Nosotros, en la UE, nos limitaremos a mirar impotentes.
Tenemos que culparnos a nosotros mismos de esta humillante tarea. El partido de
dobles de tenis entre la pareja de Trump, Putin y la pareja de la UE, Ucrania
será ganado por la pareja presidencial convincentemente por 3-0 en tres sets
(6:0, 6:0, 6:0). Y, sobre todo, olvidémonos del orden mundial existente. Y en
la UE, deberíamos empezar inmediatamente a seguir la vieja verdad de que el
futuro se prevé mejor si empezamos a trabajar en él activamente. Y de eso
trataba mi reunión con el presidente ruso.
*++
París está que arde: los capos de la U.E se reúnen para corroborar la derrota
París está que arde: los capos
de la U.E se reúnen para corroborar la derrota
Se dice que Hitler
preguntaba una y otra vez al general Dietrich von Choltitz, gobernador de la
capital, el 25 de agosto de 1944 si ardía París.
INNSURGENTE.ORG / 18.02.2025
La estrategia de los capos de la U.E y sus terminales mediáticas es obvia: al malo de Trump contraponemos la bondad y las buenas intenciones de Europa. Una milonga de poli bueno y poli malo que se intenta inocular sin anestesia.
Zelensku, el títere de
extrema derecha, puesto por la OTAN, busca en la U.E edulcorar su derrota y
asiste atónito a que la opinión publica vea por fin que fue un mero
instrumento del imperialismo para golpear a Rusia y que una vez usado, EE,UU
deja cual juguete roto.
Los llamados «líderes
europeos» se reúnen con urgencia en París convocados por el derechista Macron
para confirmar que gastarán mucho más en armas (con o sin ejército propio) tal
y cono se pide desde la OTAN. El objetivo del 5% del PIB afectará ¡y de qué
manera! las cuentas. Lo nuevos recortes en servicio públicos son irreversibles.
El run.run indica que
Zelensy está amortizado. La crisis política que vive Ucrania está siendo tapada
por Falsimedia pero es demasiado voluminosa. El ex actor y hoy presidente tiene
enemigos internos a los que destituye, encarcela o expulsa, pero tras la firma
de rendición que le obligará a hacer su mentor, se irá lejos. Quizás a alguna
de las mansiones que tiene por la U.E.
Otro tema que tratarán en París es cómo hacer ver a
las huestes internas que Putin no ha ganado. Complejo de vender si necesitamos
armarnos contra Rusia y hasta un ejército propio. La posibilidad de que se
desvanezca lo invertido en Ucrania, esto es, envío de dinero, armas y
mercenarios durante todos estos meses de conflicto a cambio de «tierras no
raras», materias primas, reconstrucción de lo afectado por la guerra a cargo de
las empresas occidentales… los aterroriza. Que sea Trump y sus tenedores los
beneficiados en exclusiva, a los «parisimos» (incluidos nuestros progres
Sánchez, Borrell o Robles) les da pavor.
lunes, 17 de febrero de 2025
El espectáculo de la desigualdad: un sistema que premia la distracción y desprecia el saber
El espectáculo de la
desigualdad: un sistema que premia la distracción y desprecia el saber
DIARIO OCTUBRE / febrero 16 / 2025
En el marco del
sistema capitalista imperialista, es imposible pasar por alto la repugnante
injusticia que refleja la abismal diferencia salarial entre un docente y un
futbolista de las grandes ligas y torneos patrocinados por empresas
imperialistas, y aún más nauseabundos son los valores que esta desigualdad
perpetúa en términos de su contribución social. Todo en la sociedad tiene sello
de clase, incluida la educación y el deporte, y depende en manos de quien se
encuentren para satisfacer los intereses, o de la burguesía y los
imperialistas, o del proletariado y del pueblo en general.
En Colombia, un
docente que ha logrado ingresar al magisterio y que —con esfuerzo intelectual y
económico— ha podido completar un pregrado, una maestría y un doctorado; un
maestro que se ve obligado a entregar su salud en aulas hacinadas, donde enseña
hasta a 40 estudiantes durante 5, 6 o incluso 7 horas diarias; un educador con
consciencia de clase, que dedica su vida a la formación de las nuevas
generaciones, a la construcción de mentes críticas y a brindar a los jóvenes
las herramientas necesarias para comprender y transformar la realidad que los
oprime, recibe un salario mensual que —si tiene todos los años de experiencia
que se le exigen y ha logrado ganar los poco frecuentes concursos de
ascenso— varía entre $3.288.474, $5.503.814 y $12.424.041.
Este monto —que
si bien gracias a la lucha de la base magisterial está muy por encima del
salario mínimo— resulta insuficiente para cubrir sus necesidades familiares
básicas, pagar las deudas acumuladas para su formación académica, garantizar
que en el aula cuente con lo mínimo necesario para realizar su labor —ya que el
Estado falla en su responsabilidad de dotar las aulas con material didáctico adecuado—
y mucho menos es un salario que reconozca la gran responsabilidad que tienen.
Mientras tanto,
un futbolista como Cristiano Ronaldo, en apenas 3,16 minutos, 5,28 minutos u
11,93 minutos, gana el mismo salario que un docente en Colombia obtiene en todo
un mes. ¿Qué justifica tal desigualdad salarial? ¿Acaso la habilidad de correr
tras un balón y entretener a una masa de espectadores en un estadio o frente a
una pantalla tiene más valor que la tarea fundamental de enseñar, formar
conciencias y preparar a la infancia y la juventud para enfrentar y destruir un
sistema desigual, opresivo y explotador?
Este contraste
refleja las injusticias que son propias del capitalismo. Un futbolista amoldado
por los estándares de los grandes capitalistas, cuya preparación y formación
disciplinada, aunque rigurosa en términos físicos, no tiene la misma
profundidad intelectual ni social que la de un docente, se convierte en una
figura idolatrada y en un símbolo del éxito personal dentro de un sistema que
promueve el individualismo y la feroz competencia. Bajo el capitalismo su
trabajo es un espectáculo que entretiene y emociona a las masas mientras
enriquece a un puñado de parásitos capitalistas, pero no genera un impacto
duradero en el desarrollo humano ni contribuye al cambio estructural que la
sociedad necesita. Bajo otra sociedad, en la que la ganancia no esté al mando,
el deporte cumple un papel fundamental a la hora de hermanar los pueblos, de
promover el trabajo en equipo, de promover la disciplina, en desechar los vicios
que el capitalismo le impone a la juventud…pero hoy en día, ese no es el caso.
Por el
contrario, un docente comprometido con la clase obrera tiene una función
esencial en el proceso de transformación social. Su labor es
formativa, no solo académicamente, sino en el sentido profundo de desarrollar
conciencia crítica, y formar personas capaces de cuestionar y trasformar el
orden establecido. El docente, en su lucha diaria por mejorar las condiciones
del sistema educativo, es un verdadero motor de cambio para que las futuras
generaciones no solo sean competentes en el ámbito laboral, sino y sobre todo
en la lucha por un mundo mejor.
El sistema
capitalista imperialista ha logrado algo profundamente perverso: ha convertido
el fútbol en un aparato ideológico que mantiene a las masas distraídas y
desmovilizadas, convirtiendo a figuras deportivas como Cristiano Ronaldo en
íconos de un orden social centrado en el consumo y la alienación, promoviendo
la admiración por el éxito individual, la acumulación de riqueza y la
perpetuación de la desigualdad. Lejos de ser un medio para estimular los
hábitos deportivos y una condición física saludable que incluso Ronaldo ha
cultivado durante toda su vida, el deporte bajo el dominio del capital se
convierte en un opio para las masas, un instrumento eficaz para desviar la
atención de la lucha de clases y de la urgente necesidad de destruir este
sistema.
El imperialismo
convirtió la figura del futbolista -como todo lo que toca- en una mercancía de
un sistema que produce, comercializa y consume íconos de entretenimiento; no es
más que una figura servil para estimular el consumo de otras tantas mercancías,
como, por ejemplo, el veneno azucarado que es la Coca – Cola,
contradictoriamente patrocinador de eventos y equipos deportivos. Cada gol,
cada pase y cada victoria se convierten en una forma de adormecer a la
población, dándole una falsa ilusión de que el éxito solo depende del esfuerzo
individual y no de las estructuras sociales que limitan las posibilidades de la
inmensa mayoría, incluyendo las de esos millones de futbolistas del pueblo que
en todo el mundo y a diario se esfuerzan con sus limitados recursos por llegar
a jugar en un equipo profesional.
En este
contexto, el docente, quien debería ser uno de los verdaderos héroes de la
sociedad, queda relegado a un segundo plano. Su labor, fundamental para la
construcción de una sociedad crítica y consciente, no recibe un reconocimiento
proporcional a su impacto social, y mucho menos es compensada de acuerdo con la
trascendencia de su trabajo. Mientras tanto, figuras como Cristiano Ronaldo
pueden obtener 20.000 millones de pesos (3,8 millones de euros) por semana,
recibiendo una exorbitante cifra que un docente jamás verá en toda su vida. Este
contraste revela lo que el capitalismo imperialista valora y promueve: el
entretenimiento, la ostentación y el consumo. Pero, sobre todo, refleja un
precio mucho mayor: el control sobre las masas, su despolitización y su
sumisión al orden establecido.
Y cuando han
existido casos de rebeldía en el fútbol, son opacados o criticados por los
grandes medios de comunicación del imperialismo. Eso sucedió por ejemplo con la
recordada patada voladora que el exfutbolista francés Éric Cantona le propinó
hace 30 años a un fascista mientras pasaba por encima de una valla de la comida
de engorde que vende Mc Donald’s, solo por nombrar un caso de los varios que
hay.
Es hora de
despertar ante esta injusticia. Si verdaderamente queremos una sociedad mejor,
debemos luchar por una educación de calidad, por la revalorización del trabajo
docente y por un alza de los salarios para todos los maestros. Es inaceptable
que aquellos que forjan el futuro de la sociedad, aquellos que nos enseñan a
pensar, a cuestionar, a soñar con un mundo mejor, reciban menos que aquellos
cuya única función es alienarnos. Debemos luchar por otra sociedad en la que la
educación no esté al servicio del capital y que hoy prepara millones de jóvenes
proletarios que van a reproducir la ideología burguesa o a ser «burros de
carga» superexplotados y oprimidos en los grandes emporios del capital.
No podemos
seguir permitiendo que el fútbol, como parte de los aparatos ideológicos del
Estado, mantenga a las masas distraídas y sumidas en un consumismo vacío, mientras
los educadores siguen siendo superexplotados y subvalorados. Es necesario
luchar para que la educación no siga siendo un arma de los capitalistas para
seguir reproduciendo las estructuras ideológicas del capitalismo. Politizar en
las ideas y prácticas revolucionarias tanto a los educadores, como a los
futuros deportistas del pueblo debe ser una tarea de los revolucionarios. La
transformación social comienza por reconocer la importancia de la educación al
servicio del pueblo y de quienes dedican su vida a ella.
Fuente: revolucionobrera.com
El otro lado de la propaganda: el revisionismo histórico
Hay un rasgo que une a
liberales y conservadores. Ambos aspiran al poder de (re)escribir los
acontecimientos. Son los mismos que en el primer caso dicen que combaten las
fake news, mientras que en el segundo las difunden creando prosélitos.
El otro lado de la propaganda: el revisionismo
histórico
El Viejo Topo
16 febrero, 2025
por Giuseppe Giannini
Hay un rasgo
que une a liberales y conservadores. Ambos aspiran al poder de (re)escribir los
acontecimientos. De esta manera, al imponer su pensamiento, podrán moldear la
sociedad según su voluntad particularista, correspondiente a la versión
alterada de la realidad que sus subordinados deberán aceptar.
Son los mismos
que en el primer caso dicen que combaten las fake news, mientras que en el
segundo las difunden creando prosélitos.
Como si no
fueran suficientes treinta años de ideología liberal suscrita por todas las
fuerzas sistémicas y con un pasado de izquierdas, he aquí la venganza histórica
de la derecha más o menos extrema.
Tanto las
instituciones europeas como las nacionales han observado un empeoramiento
significativo de las condiciones materiales de vida de millones de ciudadanos
en las últimas décadas. En nombre del dogma del libre mercado. De una economía
enferma, cada vez más basada en la competencia salvaje y la explotación, que
rechaza las reglas, y que precisamente como consecuencia de esa falta de
regulación, saltándose incluso diversos principios constitucionales, produce
excesos y escaseces. La mala distribución de la riqueza ha dado lugar a
crecientes desigualdades, al endeudamiento de individuos y Estados y ha
normalizado términos como austeridad, flexibilidad, precariedad, que antes
representaban la excepción. La única certeza es la ausencia de un futuro
posible. En estas décadas en que los Estados han dado pasos atrás en la gestión
de la vida económica, han mantenido, si no incrementado, la administración
político-militar asegurada por el monopolio legítimo del uso de la fuerza.
Después de la Segunda Guerra Mundial, la eficacia de la disuasión entre bloques
opuestos (más imaginaria que ideal) aseguró la pacificación en el Viejo
Continente. Una vez superada la rivalidad, desde los años 1990 Europa decidió
involucrarse en los asuntos de otros siguiendo el ejemplo del imperialismo
estadounidense. En nombre del derecho internacional, del respeto a los derechos
humanos, pero en realidad disimulando pobremente los intereses geoestratégicos
detrás de las iniciativas de guerra. Los viejos instintos de apropiación de
territorios y recursos típicos de los intereses coloniales nunca olvidados por
las naciones europeas han resurgido. Desde este punto de vista, los partidos
moderados y reaccionarios se mueven en continuidad. Incluso las decisiones tomadas
en materia de política económica a nivel nacional o supranacional han mostrado
diferencias mínimas. Ambos apoyan a las grandes empresas, al lado de los
empleadores, a los ingresos adquiridos, atacando los derechos sociales y
civiles. Por lo tanto, cualquier llamado a una votación amplia para impedir la
llegada al poder de fuerzas reaccionarias tiene poca credibilidad. Los
defensores del neoliberalismo no han aprendido nada de sus errores. Y ahora,
como consecuencia de los males inherentes al capitalismo, nos han vuelto a
poner en manos de partidos intolerantes y oscurantistas, que en todas partes,
habiendo logrado el consenso popular, dictan la ley. Así, en cuestiones
trascendentales los moderados persiguen a los reaccionarios. Esto se aplica a
la cuestión de los migrantes, que en teoría siempre ha sido un tema divisivo,
pero que en la realidad toma la forma de rechazos, detenciones arbitrarias y
muros. El modelo Minniti-Salvini mira a la Libia de los torturadores y a la
Albania de las deportaciones. Mientras tanto, en Alemania, Von der Leyen y la
CDU están desplazando hacia la derecha sus programas de gestión migratoria, con
el único objetivo de conseguir unos cuantos votos más. Sacrificar la vida de
otros. Al perseguir a la extrema derecha, la propaganda liberal se convierte en
cómplice del revisionismo. El anticomunismo es lo reprimido que resurge incluso
cuando los partidos comunistas ya no existen. Los acontecimientos que se
celebran, para uso y consumo del gobierno de turno, ponen de manifiesto los
dobles estándares en la interpretación de los hechos. Entre los ejemplos más
llamativos está la instauración del Día de las Víctimas de las Foibe.
Se ha
convertido en algo discriminante que hay que superar en nombre de la verdad,
para (re)construir en nombre de la pertenencia. La descontextualización de los
hechos es el resultado de esa operación llamada revisionismo histórico. Guarda
un silencio culpable sobre los antecedentes –la italianización forzada en
Venecia Julia– y centra su atención en las consecuencias de la violencia
posterior. Las cuales son la consecuencia y no un hecho en sí mismas. La
masacre de los foibati porque eran italianos sin mirar la complejidad del
asunto. En la que murieron colaboradores del régimen fascista, así como
civiles, que, como en todas las guerras, son los efectos colaterales, las
víctimas, en algunos casos inocentes, fruto del odio interétnico. En cambio, el
relato unilateral revela los brutales asesinatos de los soldados de Tito como
si hubieran sido dictados desde arriba en una especie de limpieza étnica, y no
como obra de individuos o el efecto de la brutal respuesta a las persecuciones
italianas anteriores de las minorías de habla eslava. Venganza sangrienta
nacida de esa barbarie llamada guerra, durante la cual nuestro «buen pueblo
italiano» apoyó la dictadura haciendo la vista gorda ante los crímenes.
Justificándolas, en el caso de las leyes raciales, y avalando las campañas de
conquista en Grecia, Albania, en los territorios eslavos, en el norte de
África. Desgraciadamente, no hay nada de qué sorprenderse ante tanta violencia.
Hoy en día descubrimos fosas comunes, pero hablamos de ellas según la
conveniencia política (se destacan las realizadas por el ejército ruso y se
ocultan las del ejército israelí). Y luego están los países amigos de Occidente
que practican la tortura y todo tipo de abusos. Los regímenes de apartheid, los
campos de detención y el genocidio palestino son tristes testimonios de la
discriminación ejercida gracias al silencio culpable de las democracias
occidentales. La reconstrucción histórica parte del colaboracionismo
de quienes se dicen liberales, moderados, cristianos.
Mientras tanto,
la derecha italiana ha ocupado todos los espacios posibles. La propaganda da
frutos. Después de la televisión privada, la televisión pública también se ha
convertido en una máquina de difundir mensajes reaccionarios. En los últimos
años en particular, TG2 ha mostrado el reciclaje de mitos de derecha. El
entonces director Sangiuliano, además de invitar casi siempre al tg2 Post a
exponentes de periódicos de derecha (Il Foglio, la Verità, Il Tempo, Libero, il
Giornale, la Nazione) y casi nunca a los más importantes (La Repubblica, il
Corriere della sera) o no alineados (Il Fatto quotidiano vio a su director
Travaglio como invitado en un episodio en el que se hablaba de Renato Zero),
también logró recuperar a D’Annunzio, el futurismo y a Tolkien. Anuncios
publicitarios de la derecha nacionalista y postfascista que le valieron un
ministerio (que perdió tras sus meteduras de pata y el caso Boccia). Por un
lado, los medios de comunicación están subordinados al gobierno italiano, a los
intereses de la OTAN y a la austeridad. Por otra parte, los distintos ministros
dan lugar a giros autoritarios: el ataque interminable a la justicia italiana y
a la Corte Penal Internacional, el decreto de seguridad que, endureciendo el
régimen de sanciones, hace prácticamente imposible ejercer la disidencia. Luego
está la idea de escuela tan querida por los círculos conservadores y
clericales: el estudio de la Biblia; la oferta formativa con la temática de
legalidad delegada a las fuerzas armadas. En resumen, volvemos a un pasado
que nos hará retroceder mucho en lo que se refiere al mantenimiento de los
derechos sociales y las libertades civiles. Lo mismo ocurre al otro lado del
océano con el supremacista Trump: políticas antiabortistas, caza de migrantes,
posible anexión de nuevos territorios. El conservadurismo católico pone en
peligro el secularismo. La libertad de acción se convierte en un lujo para unos
pocos. El Rey está desnudo pero por cobardía o complicidad los súbditos
prefieren la alienación. Como decía Gramsci: “Odio a los indiferentes”.
Fuente: LAntidiplomatico




