domingo, 10 de diciembre de 2023

Pantano. [A ver si nos centramos en lo que estamos para no salir a sartenazos los unos con los otros y los otros con los unos. Yo ni digo ni dejo de decir ni voy a decir nada. Ahora bien, Una tupinamba es una tupinamba. Punto, Y si ustedes no saben que es una tupinambo, pues, otro punto. A mí no me digan nada. Y siendo una tupinamba una tupinamba, porque si fueran dos tupinambas serían dos tupinambas, mayor tupinamba, tupinamicamente hablando, que una banda de criminales/criminalas y criminalillos/criminalillas que se dedica al prudente, noble, patriótico y demás, actividad comercial del mili crimen de la industria para matar, reventar, calcinar, despedazar y aventar trabajadores, porque la gloriosa matancia de una personas a otras en el negocio de lo militar la llevan siempre a cabo en su mayor parte los trabajadores no creo que la haya. Y un punto más. Lo que yo digo, que ya he dicho que no digo nada ni voy a decir, porque todo esto es = 0 (hasta que los trabajadores despertemos), es lo siguiente: la soberanía popular reside donde resida, que yo no lo sé, consecuentemente (no me digan que esto de consecuentemente me ha quedado mal), pregunto: ¿Los políticos representantes de la representatividad representativa de la representación de quienes sean sus representados, representativamente hablando, hacía que bolsillos, cuentas corrientes, bancos, fondos de inversiones, paraísos fiscales o monarquías-monarquios reman? Y, conste que cuatro o cinco años más de OTIN-GUERRA no me parece un mal negocio para los criminales que la organizan para enriquecerse, con lo efectos colaterales anejos y benefactores que para la salud en sí misma lleva, porque mejor remedio contra los catarros que la guerra no lo hay: el muerto resultante del asesinato de la guerra no se vuelve a acatarrar jamás. O sea… ]

 

El invierno ha llegado y el frente pronto permanecerá estancado. Algo que podría favorecer unas hipotéticas conversaciones de paz. Pero Rusia desconfía: cree que el objetivo final de la OTAN, a cuatro o cinco años vista, es la ampliación de la guerra.


Pantano

 

Enrico Tomaselli

El Viejo Topo

10 diciembre, 2023 



El invierno ha llegado pronto a Ucrania. La lluvia y la nieve ya hacen intransitables las carreteras sin asfaltar y la movilidad de los vehículos blindados se reduce al mínimo. Una tormenta de una potencia sin precedentes ha barrido el Mar Negro, destruyendo las redes eléctricas en casi todas partes. 2.000 pueblos ucranianos están sin electricidad, Crimea sin agua corriente, porque las plantas de bombeo no reciben suministro. En algunos lugares de la costa, el mar ha retrocedido hasta 100 metros.

Por supuesto, todo esto se refleja inmediatamente en la línea de batalla, frenando severamente la actividad aérea y de artillería, lo que en lo inmediato es una ventaja para los ucranianos: las condiciones meteorológicas, de hecho, ralentizan aún más el avance ruso alrededor de Avdeevka, así como la contraofensiva en el Dniepr, en el sector de Jerson.

La situación sobre el terreno está actualmente, metafórica y prácticamente, congelada.

Sin embargo, la llegada del general Invierno puede, en el mejor de los casos, facilitar a las fuerzas ucranianas la transición de una postura ofensiva a una defensiva. Pero no sirve para nada más y, como vimos el invierno pasado, no detendrá al ejército ruso.

La inevitable ralentización de las operaciones terrestres, sin embargo, se convierte en terreno abonado para que otros niveles del conflicto se manifiesten de forma más incisiva. De hecho, está claro que la OTAN ha entrado ahora en el modo Minsk, es decir, está buscando una salida temporal al conflicto; algún tipo de acuerdo que permita, precisamente, congelar el conflicto, lo suficiente para volver a poner en pie una apariencia de ejército ucraniano eficiente y, sobre todo, para poner a los países europeos de la Alianza en condiciones de un enfrentamiento directo con Moscú. Está claro que la OTAN avanza hacia esta perspectiva, una guerra con Rusia dentro de (relativamente) pocos años. Como ha afirmado claramente el presidente de la República Checa, Pavel, que es, además, un antiguo general de la OTAN.

Tanto los esfuerzos (e inversiones) para adaptar y estandarizar las infraestructuras varias europeas (tanto por carretera como por ferrocarril), con el fin de hacerlas aptas para el movimiento de tropas y vehículos con los estándares de la OTAN, como la reciente propuesta de un Schengen militar[1], para facilitar el movimiento transfronterizo rápido y libre de los ejércitos de la OTAN, van en esta dirección.

Una perspectiva que, sin embargo, requiere necesariamente, por encima de todo, que los ejércitos europeos –y sus capacidades industriales– alcancen el nivel necesario para librar una guerra de desgaste con una gran potencia militar como Rusia. Y para ello, básicamente, hace falta tiempo. Un tiempo de no beligerancia activa, que requiere por tanto el cierre (temporal) del conflicto ucraniano. Un desenlace, éste, que requiere la alineación de tres elementos: la conversión de la narrativa propagandística, la disposición ucraniana y, sobre todo, la disposición rusa.

Obviamente, los dos primeros no sólo son aquellos sobre los que se puede ejercer toda la influencia de la OTAN, sino también los necesarios (aunque no suficientes) para iniciar el diálogo con Moscú.

Pero si reorientar la narrativa propagandística (algo que, por otra parte, ya se está haciendo) resulta fácil, convencer a los ucranianos para que acepten consejos más amables parece serlo mucho menos. Zelensky, de hecho, parece decidido a continuar la guerra a cualquier precio, entre otras cosas porque percibe que su destino está ineluctablemente ligado a su continuación y, por tanto, cuanto más dure el conflicto, más durará su poder.

De ello se deduce que para la OTAN –o mejor dicho, para quienes deciden en ella, es decir, Washington– el problema consiste en gestionar una transición en el gobierno del país; lo ideal hubiera sido una transición democrática, pero está claro que Zelensky no tiene ninguna intención de celebrar elecciones presidenciales el año próximo. Por lo tanto, será necesario, con toda probabilidad, lograr el cambio deseado de una manera algo más informal

Por el momento, el principal problema parece ser encontrar un sustituto que sea fiable (para Estados Unidos) pero también creíble (para los ucranianos), es decir, que sea capaz de mantener el control del país, sacándolo de la guerra, sin sobresaltos ni giros.

Este último punto, en particular, no es exactamente un hecho. Aunque, de hecho, la población ucraniana está agotada (y diezmada), y en general vería con buenos ojos el fin de las hostilidades, no hay que olvidar que una parte importante de las fuerzas armadas está formada por unidades abiertamente pronazis, cuya reacción podría ser totalmente imprevisible (o previsible, según se mire). No olvidemos que la historia europea cuenta dos casos clamorosos en los que una paz vista como una traición a los sacrificios de la guerra produjo en la Alemania derrotada primero los Freikorps y luego el nazismo, y en la Italia victoriosa el fascismo. Por lo tanto, no es un peligro que deba subestimarse, teniendo en cuenta además que estas unidades banderistas están muy bien armadas y entrenadas.

En resumen, se necesita un candidato que tenga autoridad para mantener bajo control a los sectores más inquietos de la sociedad ucraniana durante una fase necesariamente tormentosa.

Tal y como están las cosas, las posibles alternativas a Zelensky parecen ser dos, su antiguo asesor Arestovich y el jefe de las fuerzas armadas Zaluzhny. El primero está ciertamente en línea con la perspectiva de un compromiso por la paz, pero también es un personaje no especialmente limpio y, en cualquier caso, conocido pero no popular. El comandante en jefe, por su parte, goza de gran estima, tanto entre los militares como entre la población, pero aunque a menudo está en desacuerdo con el presidente, no parece muy convencido de la opción pacifista; huelga decir que, en virtud de su función actual, no puede ser demasiado franco a este respecto, pero algunas de sus posturas parecen sugerir que la disensión se refiere más bien a la mejor estrategia para oponerse a Rusia y no a la conveniencia o no de seguir luchando. Y, por supuesto, el hecho de que sea el comandante del ejército haría más difícil disimular el fondo de cómo se produciría el cambio en la cúpula, es decir, un golpe de Estado.

Por supuesto, Zelensky es muy consciente de todo esto, y se mueve para impedir los movimientos de aquellos que le destronarían. Internacionalmente, está claro que el único aliado de hierro con el que puede contar es Gran Bretaña (que, a diferencia de EEUU, está a favor de continuar la guerra hasta el último ucraniano), mientras que internamente ha comenzado una auténtica guerra fratricida que enfrenta al grupo de poder de Zelensky con el de Zaluzhny (casi exclusivamente militar).

 

Además, el presidente ucraniano comprende bien que no se trata sólo de una batalla sobre la elección entre la guerra y la paz, ni de una mera cuestión de poder; de hecho, es mucho más que eso. Como escribió recientemente Politico[2] sobre él, «mientras Zelensky esté vivo, seguirá moviendo a Europa en la dirección que él quiere». Lo cual, si no exactamente como una amenaza, ciertamente suena como una oscura predicción. Por tanto, está utilizando su poder para debilitar a sus oponentes.

Lo que está ocurriendo en Ucrania es, de hecho, un auténtico ajuste de cuentas, una especie de prolongada noche de los cuchillos largos[3]. Según el ex diputado de la Verjovna Rada (Parlamento ucraniano) Oleg Tsarev[4], existen dos estructuras capaces de llevar a cabo un golpe de Estado sin necesidad de desplegar tanques en las calles: la División Especial Alfa y las Fuerzas de Operaciones Especiales.

El comandante adjunto de Alfa, el general de división Shaytanov, fue acusado de traición. Viktor Khorenko, jefe de las Fuerzas Especiales, fue destituido. La comandante de los departamentos de sanidad militar, Tatyana Ostashchenko (leal a Zaluzhny), fue destituida. Zelensky también destituyó y sustituyó a cuatro subcomandantes de la Guardia Nacional ucraniana.

Es más, Zelensky lanzó recientemente un ataque directo contra Zaluzhny –aunque sin nombrarlo– en una entrevista al diario The Sun, afirmando que «si un militar decide dedicarse a la política y tiene todo el derecho a hacerlo, que lo haga, pero no puede dedicarse a la guerra. Si estás en una guerra, piensas en meterte en política o presentarte a las elecciones mañana, entonces tanto de palabra como en el frente te comportarás como un político y no como un militar, lo que creo que es un gran error»[5].

La situación interna ucraniana, por tanto, está tan empantanada como las tropas en el frente. Es probable que, a medida que empeoren las condiciones a lo largo de la línea de batalla y con la campaña de las elecciones presidenciales estadounidenses acercándose, la presión de Washington para llegar a un Minsk III se haga más fuerte, utilizando la influencia de la ayuda y los suministros militares, cuya escala y alcance estarán cada vez más dirigidos a empujar a Kiev hacia un acuerdo.

Por supuesto, en todo esto (como ya es habitual) la OTAN hace las cuentas sin el que cuenta. De hecho, es difícil entender por qué Rusia debería aceptar hoy un compromiso, del que no obtendría nada más que un reconocimiento occidental de la realidad sobre el terreno (es decir, algo que ya ha obtenido), no sólo renunciando a los objetivos estratégicos de la guerra –la desmilitarización y la neutralidad de Ucrania–, sino sabiendo que, al igual que en el caso de los anteriores acuerdos firmados en la capital bielorrusa, se trataría de meros expedientes, utilizados por la OTAN para ganar tiempo y recuperar el aliento.

Ciertamente, en presencia de una voluntad formal ucraniana, y de una sustancial estadounidense, Rusia se vería presionada por muchas partes para no rechazar al menos prejuiciosamente la posibilidad de un acuerdo. Está claro que esta guerra es incómoda, incluso para algunos amigos importantes de Moscú, China entre ellos. Pero también es cierto que un acuerdo de compromiso a la baja, no sólo podría provocar malestar en el país (victoria traicionada de nuevo…), sino que sería sobre todo un error estratégico. De hecho, está absolutamente claro que la OTAN se está preparando para la guerra y que –salvo acontecimientos sensacionales– dentro de cinco a siete años se sentirá preparada para pasar de nuevo a la ofensiva; quizás incluso de una Ucrania que ha retrocedido hasta ponerse de rodillas, reabriendo el conflicto con el pretexto de recuperar los territorios perdidos.

Por tanto, cualquier acuerdo que no prevea la consecución segura de los objetivos sería, como mínimo, una maniobra temeraria. Así pues, es probable que Moscú, aunque acepte sentarse a la mesa, no acepte ningún alto el fuego y, sobre todo, no firme ningún tratado cuyos términos no estén garantizados por la palabra de la OTAN, sino por resultados concretos obtenidos en el campo de batalla.

Independientemente de lo que ocurra en Kiev en los próximos meses, por lo tanto, la perspectiva que se perfila a medio plazo es la de una nueva guerra con Rusia, pero una en la que Ucrania (o los países bálticos, o quienquiera que esté dispuesto a desempeñar el papel) actuará como detonante, pero los próximos apoderados serán los ejércitos europeos de la OTAN. Mientras el imperio maniobra por líneas exteriores, como corresponde a una potencia talasocrática, son los ejércitos coloniales los que lucharán en las fronteras.

Fuente: https://giubberosse.news/2023/11/28/pantano/

Notas

[1] Véase «La OTAN insta a los Estados miembros a construir un ‘Schengen’ militar», Euractiv.it (https://euractiv.it/section/mondo/news/la-nato- esorta-gli-stati-membri-a-costruire-una-schengen-militare/).

[2] Véase «Las personas más poderosas para 2024», Politico Europe (https://www.politico.eu/list/politico-28-class-of-2023/volodymyr-zelenskyy/).

[3] Véase «La noche de los cuchillos largos», Rai Cultura (https://www.raicultura.it/storia/articoli/2019/06/La-notte-dei-lunghi-coltelli-124d1c92-bbd7-4e80-be38-becf43d3caec.html).

[4] Cf. «Sobre la destitución del jefe de las fuerzas especiales ucranianas, general mayor Viktor Khorenko», Telegra.ph (https://telegra.ph/SUL-LICENZIAMENTO-DEL-RESPONSABILE-DELLE-FORZE-SPECIALI-DELLUCRAINA-GENERALE-MAGGIORE-VIKTOR-KHORENKO-11-14).

[5] Cf. «Zelensky advierte a los generales ucranianos de que involucrarse en política pone en peligro la unidad del país», The Sun (https://www.thesun.co.uk/news/24799411/zelensky-ukraine-generals-politics-row/).

 *++

 

Se filtran residuos radiactivos en la instalación nuclear más peligrosa de Europa

 


Se filtran residuos radiactivos en la instalación nuclear más peligrosa de Europa


Publicado el 8 de diciembre de 2023 / Por 

 KAOSENLARED

En el Reino Unido, en el emplazamiento nuclear de Sellafield, considerado el más peligroso de Europa, fue descubierta una fuga en un enorme depósito de residuos radiactivos, lo que despierta una preocupación por las medidas de seguridad del lugar y los posibles riesgos para el pueblo y el medio ambiente, informó el diario británico ‘The Guardian’.

Funcionarios de EEUU advirtieron del deterioro de la infraestructura. Entre los motivos de preocupación se encuentran las filtraciones de líquido tóxico a través de grietas en el hormigón y la falta de transparencia de las autoridades británicas sobre los problemas del emplazamiento.

La preocupación por la gestión del Sellafield también provocó tensiones con los Gobiernos irlandés y noruego. Las autoridades de Noruega temen que un accidente en las instalaciones provoque una nube de partículas radiactivas transportadas por el viento a través del mar del Norte, lo que podría tener secuelas devastadoras para la producción de alimentos y la naturaleza del país.

La fuga de líquido radiactivo representa uno de los “mayores riesgos nucleares del Reino Unido” y podría continuar hasta 2050 y tener “consecuencias potencialmente significativas” si se acelera, contaminando las aguas subterráneas, señaló el periódico británico, citando documentos oficiales.

Un informe de la Unión Europea de 2001 advertía de que el accidente en este emplazamiento nuclear podría ser más peligroso que la catástrofe de Chernóbil de 1986, que expuso a la radiación a unos cinco millones de personas en Europa. La central de Sellafield contiene una cantidad significativamente mayor de material radiactivo que la planta nuclear de Chernóbil, enfatizó el artículo.

La planta de 6 km², está situada en Cumbria, en el Reino Unido, y es un lugar de almacenamiento y desmantelamiento de residuos nucleares procedentes de programas de armamento nuclear y generación de electricidad. Estas instalaciones se utilizaron para la generación de energía nuclear entre 1956 y 2003.

Aporrea


NOTA: Los residuos radiactivos se almacenan actualmente en unos 30 sitios en Gran Bretaña, principalmente a nivel del suelo en la planta de reprocesamiento de Sellafield en Cumbria.

Las emisiones de ese complejo nuclear extendido en el pasado han vinculado niveles altos de radioactividad en el Mar de Irlanda y grupos de enfermedades en el Condado de Louth.

El incendio de la planta nuclear de Sellafield de 1957 provocó que 11 toneladas de uranio ardieran en llamas durante tres días, y la propagación de material radiactivo por la región.

Sellafield Stories es un libro de entrevistas que recoge el testimonio de casi 100 personas que trabajaron y vivieron en los alrededores de la catástrofe, en el que se recoge que la tasa de niños que fallecieron por leucemia en una comunidad de 2.000 habitantes creció de manera inusual en los 20 años que sucedieron a la tragedia. @SalamancaAntinuclear


Imagen de portada: Sellafield geograph-3503250-by-Ben-Brooksbank.jpg – Wikimedia Commons | Detalles de la licencia

 *++

Movimientos republicanos preparan una gran movilización en 2024 con motivo del 10º Aniversario de la coronación de Felipe VI

 


Movimientos republicanos preparan una gran movilización en 2024 con motivo del 10º Aniversario de la coronación de Felipe VI

TERCERAINFORMACION / 10.12.2023

  • En línea con la estrategia acordada en el II Encuentro Estatal Republicano el 16 de junio de 2024 tendrá lugar una gran movilización con motivo del décimo aniversario de la coronación de Felipe VI.


Manifestación republicana en abril de 2023


Tras la hoja de ruta establecida en el II Encuentro Estatal Republicano celebrada el pasado 28 de octubre, los movimientos republicanos preparan una gran movilización el 16 de junio de 2024 con motivo del décimo aniversario de la coronación de Felipe VI.

De cara a esta convocatoria, han lanzado un manifiesto público con recogida de firmas en el que exponen los motivos de la movilización y la reivindicación de un nuevo modelo de estado.

Manifiesto Felipe VI… ¡10 años bastan!

El próximo mes de junio se cumplirán diez años del inicio del reinado de Felipe VI. La Corona protagonizó entonces una ceremonia de coronación inédita, que sirvió para apartar como rey emérito en un retiro dorado a su padre, Juan Carlos I, justo cuando empezaba a conocerse tan solo la punta del iceberg de su carrusel de corrupción.

Las personas abajo firmantes nos declaramos defensoras de la democracia como el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Nuestras firmes convicciones en defensa de la libertad fundamentan nuestro convencimiento en la capacidad de los seres humanos para autogobernarse sin que deba prevalecer discriminación alguna. Creemos firmemente en la igualdad ante la ley de todas las personas. Creemos que aquellas personas que ejercen responsabilidades en el Estado deben ser responsables ante la soberanía popular. Esta concepción democrática es incompatible con el principio de irresponsabilidad e inviolabilidad recogido en la Constitución Española.

La monarquía representa la corrupción sistemática no como un caso aislado, sino como la característica que ha definido la relación histórica de la Casa de los Borbones con el Estado.

La monarquía, asimismo, simboliza la institución patriarcal por excelencia en la que se transmite el poder por herencia y donde se constitucionaliza la prevalencia del varón sobre la mujer, en contra del principio más elemental de igualdad entre las personas.

La monarquía como principio choca con la democracia porque niega la capacidad del pueblo para dirigir el Estado. El poder monárquico no solo es el rey, es también esa minoría privilegiada que manda sin presentarse a las elecciones, que se atrinchera en el aparato del Estado y en los consejos de administración de grandes empresas y no acepta la soberanía popular. La contradicción, así, está entre monarquía y democracia.

Por todo ello, el próximo 16 de junio de 2024 saldremos a las calles “a pasearnos a cuerpo, que ya es hora”, para anunciar que ante la decadencia de la monarquía la democracia abrirá paso a la república del siglo XXI.

Felipe VI: 10 años bastan. Democracia Sí, Monarquía No

*++

sábado, 9 de diciembre de 2023

La ministra de Defensa quita importancia al espionaje de EE.UU a España porque «somos aliados y amigos»

 

La ministra de Defensa quita importancia al espionaje de EE.UU a España porque «somos aliados y amigos»

 


INSURGENTE.ORG / 09.12.2023



Robles niega que la investigación a los agentes del CNI vaya a afectar a la relación entre España y EEUU. La ministra de Defensa, Margarita Robles, ha descartado este jueves que la investigación por revelación de secretos a agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) por presuntamente filtrar información reservada a Estados Unidos vaya a afectar a la relación entre EEUU y España porque son «aliados y amigos».

Al ser preguntada por esta cuestión durante una visita a la Brigada Guadarrama XII, ha asegurado que «cuando hay cuestiones que puedan afectar se hablan y se tratan» y ha definido el compromiso con el país americano como «firme». «Somos países serios, aliados y comprometidos», ha proclamado.

Recordemos que al menos dos agentes estadounidenses, destinados a la embajada de Madrid, han sido expulsados de España por haber estado implicados directamente en el escándalo como captadores de agentes del CNI para conseguir las filtraciones.

 *++

El socialismo: no es un “estado”, sino un proceso (… y el partido también)

 

El socialismo: no es un “estado”, sino un proceso (… y el partido también)


M. Caracol

DIARIO OCTUBRE

diciembre 7, 2023

 

Engels criticaba a quienes consideraban el comunismo un “estado de cosas” (Zustand) que había que instaurar. Contestaba el confundador del marxismo que, muy al contrario, el comunismo era un movimiento de superación del “estado de cosas” real.

Partiendo de su brillante definición, queremos defender el socialismo (así como el propio partido) no como un estado que pueda implantarse o decretarse, sino como algo que debe construirse y conquistarse históricamente con esfuerzo. Como un proceso o un camino cuya culminación no puede fijarse de forma exacta. En suma, como un objetivo que no porque se “decrete” se habrá culminado realmente.

Marx pensó inicialmente que el socialismo sería un acto de los países desarrollados y que, de lo contrario, solo se podría socializar la pobreza. Lenin, que vivió ya en una época nueva, entendió que la cadena del imperialismo se rompe por el eslabón más débil. Los Estados más potentes (los explotadores de la periferia del sistema) resistieron el embate de los trabajadores. En contrapartida, los comuneros parisinos, Rosa, Liebchneckt, los húngaros, los bávaros y otros pueblos europeos fueron ahogados en sangre.

La revolución no retuvo el poder en la Europa industrializada, sino en países campesinos, donde Lenin entendió la necesidad de una alianza obrero-campesina (la cual incluso se produjo a veces, como en China, Vietnam o Cuba, bajo la inevitable hegemonía ideológica del mundo agrario).

Esto tuvo consecuencias. La primera es que estos países tuvieron que construir el socialismo sin industria (o, en el mejor de los casos, implantándola a marchas forzadas y a un altísimo coste, como los soviéticos o los chinos, que pudieron hacerlo porque controlaban todo un continente), bloqueados y aislados de los circuitos financieros internacionales. Y la segunda es que, en consecuencia, todavía no hemos visto toda la potencialidad del socialismo.

Cuando nos posicionamos acerca de los procesos sociales del presente (por ejemplo, la revolución bolivariana de Venezuela), podemos incurrir en diversos errores. El primero, y quizá el más grave, sería repudiarlos por hacerles exigencias irreales, ahistóricas e idealistas. Por ejemplo, reprocharle a Venezuela que no nacionalice la totalidad de su producción, o que no refine su propio petróleo. O exigirle a Cuba que se industrialice como hicieron los soviéticos. O a China, Vietnam o Laos que impidan la creación de empresas en su territorio. O a Corea que aplique unos mantras de “horizontalidad política” que ningún país asediado puede permitirse (y que, incluso en el presumido Occidente, no son más que una ficción para edulcorar la dictadura de la banca y las grandes empresas).

Pero también podemos incurrir en otro error, aunque sea bienintencionado. Y es el de idealizar la realidad, como si los países socialistas hubieran construido ya un paraíso en la tierra. El peligro es evidente cuando, a veces, se hace turismo, o se recibe una grabación donde se muestra algún límite de la revolución, o se organizan brigadas a Cuba y hay militantes jóvenes que vuelven decepcionados porque se esperaban otra cosa.

El planteamiento debe ser diferente: si, con todos sus límites y con el bloqueo, Cuba ha sido capaz de dar a su población unos estándares básicos educativos y sanitarios, que no se conocen en otras latitudes de América Latina (y a la isla de Cuba no puede pedírsele mucho más, sobre todo en términos de “bienestar material”), ¿cuánto más podría conseguir el socialismo en los países de un centro imperialista desarrollado, industrializado y dotado de infraestructuras?

Nuestro papel no es hacerles exigencias a los pueblos de la periferia que, bloqueados y agredidos por el centro imperialista, intentan emanciparse. Sino ponérselo difícil (y esa es nuestra tarea central) o imposible a ese centro imperialista para proseguir dicho bloqueo y dicha agresión, que impiden al socialismo ir culminando su obra. Así pues, no se trata tanto de examinar (aún menos desde la distancia) el “grado de socialismo” que haya alcanzado, o no, una revolución. Se trata de ver si de verdad ha subido el primer peldaño de la escalera hacia el socialismo, que, por ejemplo en América Latina, pasa actualmente por avanzar en un proceso (todavía no socialista) de integración regional alternativo a los circuitos financieros de los europeos y los norteamericanos. Y esto no solo por lo que de avance propio significa, sino porque acelera la descomposición del imperialismo occidental, principalmente el estadounidense, que no puede mantener su hegemonía sin dosis cada vez mayores de parasitismo financiero.

La nacionalización total de la producción, aunque siga siendo nuestro objetivo máximo y la organización racional de la producción necesaria para emancipar a la clase trabajadora y otros sectores populares no está en la agenda real de la historia en la etapa actual (menos aún en países históricamente dependientes).

Como tampoco lo está, por cierto, la creación por decreto de un partido que encarne a la clase. No deja de ser significativo que los partidos que más banderas y símbolos comunistas enarbolan suelan ser también los que, con mayor frecuencia, cometen el error sectario de abandonar a las revoluciones bloqueadas por Occidente. Pero no es casualidad: es el resultado de ideologizarlo todo en el mal sentido de la palabra, sin pasarlo por el tamiz de la realidad.

Nuestro movimiento encuentra su razón de ser en encontrar las claves para “superar”, tal y como nos espetaba Engels, el estado actual de dicha realidad. El marxismo no es un socialismo utópico que se base en sueños, en especulaciones o en “hablar” sobre “el piso de arriba”. Es un movimiento para superar “el primer escalón” hacia el piso de arriba. Y esto también es válido a la hora de discutir cómo los comunistas vamos avanzando en nuestra necesaria organización, como veremos a continuación.


Las revoluciones en Cuba y Nicaragua demostraron que, muchas veces, el partido “comunista” (de frase) echaba el freno y los auténticos comunistas (de hecho, aunque ni siquiera se autodenominaran así), en el sentido expresado por Marx y Engels en el Manifiesto (“los que siempre empujan hacia adelante”), se aunaban en otro tipo de estructura organizativa.

En todo caso, lo que está claro es la necesidad de organizarse; y de manera férrea. Pues bien, a la hora de organizarse, también el decretar de forma forzada partidos y comités centrales acaba siendo algo contraproducente. Más bien se trataría de que el partido se construya progresivamente en el seno de las propias masas, creando cuadros obreros y populares, para que la estructura organizativa resultante no se aísle de la realidad. Forjando el verdadero e imprescindible liderazgo, en dos planos: el liderazgo del partido en el seno de las masas y, de forma correlativa, el liderazgo en la creación misma de los órganos de dirección del partido. Liderazgos que, en última instancia, dimanan de las masas y que, en consecuencia, han de construirse en base a una legitimidad que solo otorga la experiencia en la propia práctica real de las luchas políticas, obreras y populares. Esto debe tenerse en cuenta, más que nunca, actualmente. Y es que, nos guste o no, todavía estamos en un periodo de pérdida de legitimidad y de confianza en la fuerza del comunismo, tras la crisis histórica del mismo.

En resumidas cuentas, no podemos pretender crear la botella (organizativa) perfecta para que, a posteriori, los trabajadores la rellenen de vino. Muy al contrario, la clase obrera (o, al menos, cuadros destacados de la misma, con liderazgo entre sus iguales) deberá sentirse partícipe en la creación de esa botella, de esos órganos políticos. Si el socialismo no puede decretarse, sino solamente conquistarse y construirse “en gerundio”, con la organización para luchar por el socialismo sucede exactamente lo mismo.

Por eso miramos a Latinoamérica para aprender lo que pueda ser aprendido de fenómenos como el chavismo (con su espejo histórico, el peronismo) o el sandinismo. Y aprender no significa coincidir en todo ni ignorar los límites históricos de estos movimientos. Significa, simplemente, tomar nota de la capacidad que han tenido para conectar con las masas y movilizar a los más amplios sectores desposeídos contra la oligarquía, sin dejarse desviar por estériles “guerritas culturales” y sin mirar con prepotencia al pueblo realmente existente (incluso con sus límites y creencias… hasta religiosas).

Eso que despectivamente se suele llamar “populismo” se basa, en realidad, y más allá de las pedanterías de Laclau, en un dominio magistral de la línea de masas, como cuando Lenin llegó a la Estación de Finlandia y no decretó el socialismo, sino el pan, la paz y la tierra. Comparar esto (o los procesos latinoamericanos) con el reformismo socialdemócrata europeo, construido este último en el propio centro del sistema y sobre la base material de un excedente neocolonialista, supone dinamitar todo puente entre nuestra práctica teórica y la vida real.

Por el mismo motivo, consideramos que la línea de barrio, que es en realidad “dejarse de líneas” y estar en el barrio, acompañando a la gente en sus problemáticas cotidianas, es hoy en día un nivel de organización tan fundamental como “el sindicato”. Máxime cuando la propia lucha por reivindicaciones en las empresas ha de apoyarse cada vez más en la “región liberada” que constituye el barrio, a fin de compensar las dictaduras laborales de facto que imperan en el ámbito laboral. Contribuir a poner en movimiento a los barrios es clave. Por eso, acusar, por ejemplo, a quienes organizan recogidas solidarias de alimentos de “asistencialismo” es precisamente el tipo de desenfoque ideológico que denunciamos en este texto. En las actuales circunstancias, nuestro mayor miedo no debería ser caer en el asistencialismo, sino caer en el aislacionismo. El objetivo no debe ser la “pureza ideológica”, sino la vinculación más estrecha posible con las masas, para que el movimiento comunista vuelva a jugar en el tablero real de la historia… y no en el de la literatura de autoconsumo.

Nuestro movimiento debe ser riguroso en sus fundamentos pero flexible en sus tácticas, si quiere recuperar la iniciativa y el liderazgo popular que antaño ejerciera. Así, la alternativa al reformismo impotente de Podemos no puede ser un mar de siglas comunistas dogmáticas. Sino un referente político de masas que precederá en gran medida al decreto del partido, con unos cuadros populares que precederán al propio comité central. En cualquier caso, referente político de masas  y creación partidista se moverán en plano y ritmos muy diferentes, siendo el avance en ese referente, aún más en las actuales circunstancias históricas, el mayor síntoma una actuación correcta… como partido. Partido y comité central serán, llegado el punto, la cristalización de una exigencia, de una masividad suficiente, de una “petición” real por parte del pueblo, movilizado ya previamente en sus frentes de masas y por sus líderes populares naturales. Caminar con esta hoja de ruta es, desde ya, la más elevada actuación partidista que hoy se nos puede exigir. Porque, como se ha podido comprobar, “para ser partido no hace falta tener ya el partido”. No es solo una mera frase, sino una línea de actuación insoslayable para la militancia comunista.

Tras la caída del socialismo real y la crisis de un proyecto que ya no impresiona a nadie efectuando meras promesas, la historia nos ha demostrado que decretar siglas es un callejón sin salida. Y que la concienciación más masiva solo podrá venir, y más hoy en día, de la inteligencia táctica con la que intervengamos en movilizaciones inicialmente parciales que tendrán mucho de espontáneas y de “poco puras” en sus planteamientos ideológicos. Porque, por paradójico que a algunos resulte, el vino deberá crearse antes que la botella. Como ya está ocurriendo.

 

M. Caracol – militante de Red Roja

 

(Red Roja)

VIAinsurgente.org

 *++

China respalda la mediación de Naciones Unidas ante la grave situación en Gaza

 

 

China respalda la mediación de Naciones Unidas ante la grave situación en Gaza

TERCERA INFORMACION / 08.12.2023

  • respaldó hoy la mediación de la ONU y de su secretario general, António Guterres, en el conflicto Israel-Palestina y ante la grave situación humanitaria en Gaza.


Sede de las Naciones Unidas en Nueva York / PL

 

De acuerdo con el portavoz de la cancillería Wang Wenbin, el gigante asiático se comprometió a «continuar desempeñando un papel constructivo» y mantener el diálogo con todas las partes pertinentes para alcanzar un alto al fuego.

El vocero remarcó que el Consejo de Seguridad, como único órgano de la ONU con autoridad para emitir resoluciones vinculantes a los Estados miembros, debe tomar más medidas oportunas para salvar vidas y aliviar la situación.

Guterres entregó una carta al Consejo de Seguridad para exigir acción y pidió que se declare un alto el fuego humanitario.

«El prolongado conflicto palestino-israelí ha causado un grave desastre humanitario. El llamamiento del Secretario General Guterres refleja la gran preocupación de la comunidad internacional por la grave situación en Gaza», señaló Wang.

Beijing insistió en la necesidad de medidas concretas para promover una cesación del fuego y de los combates, al tiempo que se garantice la protección eficaz de los civiles.

El Consejo de Seguridad aprobó una resolución a mediados de noviembre, después de cuatro intentos fallidos para encontrar un consenso, en la cual aboga por «pausas humanitarias urgentes y prolongadas».

Tras una pausa de una semana en las hostilidades, los combates entre Israel y el Movimiento de Resistencia Islámica (Hamas) comenzaron de nuevo el 1 de diciembre pasado.

Según Naciones Unidas, más del 80 por ciento de los 2,3 millones de residentes en Gaza huyeron de sus casas y muchos de ellos han tenido que desplazarse varias veces.

 *++

El dicho y los hechos

 

El dicho y los hechos

 

Concha González

HOJAS DE DEBATE

08.12.2023.  


Mientras comprobamos si el Gobierno pasa de sus dichos a los hechos, podemos hacernos eco de una reacción de la clase trabajadora que nos ilustra sobre lo que en otros tiempos se conocía como internacionalismo proletario.

 

Comparado con el discurso arcaico y agresivo de la Derecha Extrema, lo que Pedro Sánchez nos dice en sus intervenciones parlamentarias suena bien. De paso, Patxi López nos aclara que el PSOE es pura socialdemocracia. Y aunque algunos intervinientes en la sesión de investidura le hayan advertido que un voto a favor no es una carta blanca y otros le hayan acusado de practicar frecuentemente lo de la sustitución de digo por diego, el caso es que lo tenemos legítimamente entronizado como presidente del Gobierno.

Con todo el respeto debido, sin enarbolar banderas agujereadas ni muñecas hinchables, nos vemos impelidos a señalar el doble lenguaje y hasta la hipocresía de un gobierno que nos cuenta sus buenas intenciones reformistas al tiempo de estar sólidamente vinculado con el imperialismo norteamericano, promotor de masacres y experto en guerras sucias, híbridas, asimétricas, mediáticas…

Por una parte, Pedro Sánchez, en su discurso de investidura reclama el inmediato alto el fuego en Palestina, ayuda humanitaria, Conferencia de Paz, reconocimiento del estado palestino y rechaza la matanza indiscriminada de palestinos en Gaza y Cisjordania. Pero al mismo tiempo despliega dos buques de guerra de la armada española en apoyo del portaviones USA trasladado con urgencia a la zona para proteger la actividad militar de Israel contra el pueblo palestino.

 

Mientras comprobamos si el Gobierno pasa de sus dichos a los hechos, podemos hacernos eco de una reacción de la clase trabajadora que nos ilustra sobre lo que en otros tiempos se conocía como internacionalismo proletario. No hacen falta más palabras para aplaudir y sumarnos a lo que nos dicen los trabajadores de los astilleros donde se construyeron estos barcos de nuestra Armada que deberían estar esperando las órdenes oportunas para practicar coherentemente el alto el fuego y el no a la guerra.  

 

*++

viernes, 8 de diciembre de 2023

Patriarcado y guerra de sexos

 

Escrito en referencia a Italia, este texto podría referirse perfectamente a España. Merece la pena meditarlo. Tal vez la despreciable violencia contra la mujer tiene causas distintas de las que comúnmente se le atribuyen.


Patriarcado y guerra de sexos


Andrea Zhok

El Viejo Topo

8 diciembre, 2023 



Hay asuntos más importantes, y preferiría guardar silencio sobre todo el circo que empezó con el asunto del último asesinato voluntario de una mujer. También preferiría callar para preservar mi salud mental, porque siempre que uno se topa con el muro ideológico construido por los medios de comunicación actuales, la frustración es inevitable.

Pero en vista de que el ministro Valditara se toma realmente en serio las fábulas ideológicas actuales, parece necesario decir unas palabras.

Esperaba una broma, pero leo que el ministro de Educación, en una notable sintonía de intenciones con la oposición, propone efectivamente una hora semanal de «educación para las relaciones» en secundaria. No sólo eso, la propuesta también contempla la intervención en esas horas de educación para las relaciones de «influencers, cantantes y actores para reducir la distancia con los jóvenes e implicarlos».

Tal vez malinterpretamos la intervención del ministro, que probablemente sólo pretende aumentar la afluencia a la escuela pública. Si no, ¿cómo explicar esta nueva acentuación de la tendencia de la escuela pública a convertirse en un interminable catecismo de lo obvio, repitiendo en blanco y negro los mismos contenidos que se pueden encontrar, en color, en una revista de peluquería media?

Entre sermones moralistas, alternancias escuela-trabajo y consultas psicológicas, los espacios para enseñar algo de sustancia en las escuelas públicas se reducen a rendijas.

Pero, por desgracia, esto es sólo una pequeña parte del problema.

El mayor problema es que la interpretación oficial de los hechos delictivos en los que están implicadas mujeres hace tiempo que sufrió una convulsión ideológica. Hay una única lectura que incluso personas inteligentes, por encima de toda sospecha, repiten como loros, como si fuera una especie de verdad establecida. Y esta lectura no es simplemente errónea, que sería lo de menos, sino que es precisamente socialmente perjudicial, de hecho perjudicial para la propia dinámica que se imagina que quiere corregir.

Intentaré explicarme brevemente.

La lectura aceptada de estos hechos criminales es la siguiente. Serían expresiones de una concepción atávica, arcaica (patriarcal) y subordinante de la mujer, que es concebida como una propiedad, un objeto a disposición, y que por tanto no se acepta su independencia y se la castiga con la violencia e incluso con la muerte.

Por lo tanto, bajo la superficie de un mundo moderno y formalmente igualitario se esconde todavía este «residuo patriarcal», tenaz y difícil de vencer, que requiere por lo tanto una reeducación de la población, y de la población masculina en particular.

Ahora bien, creo que esta lectura de la violencia y los asesinatos, a menudo por razones triviales, que vemos hoy en día, incluidos los dirigidos contra las mujeres, no tiene absolutamente nada que ver con una supuesta «cultura patriarcal». Y creo que las recetas que se proponen, lejos de resolver el problema, sólo pueden agravarlo.

¿Por qué?

Empecemos con un poco de limpieza terminológica y mental. Todo el mundo se llena la boca con «patriarcado» sin tener casi nunca ni idea de qué se trata. Ahora bien, el único significado antropológicamente aceptable de la noción de «patriarcado» (que no debe confundirse con la patrilinealidad de la descendencia) es el modelo social antaño muy extendido en muchas civilizaciones agrícolas o pastoriles, en las que la última autoridad a la que recurrir en caso de desacuerdos internos y tratos externos era el varón de más edad del grupo (patriarca). Estas estructuras sociales se caracterizaban (y en algunas partes del mundo aún se caracterizan) por una ausencia sustancial de legislación pública, por fuertes lazos comunitarios dentro de familias extensas conectadas entre sí, que debían resolver muchas cuestiones que ahora resuelve la justicia ordinaria. Los órdenes patriarcales son típicamente preindustriales y se definen por órdenes familiares extremadamente fuertes y vinculantes.

La primera pregunta que debería venir a la mente es: ¿qué demonios tiene que ver esta forma social con el mundo occidental actual? Obviamente no tiene absolutamente nada que ver, pero este planteamiento del problema se originó en los años setenta, cuando la idea de que aún quedaban restos patriarcales por derribar era el principal objeto polémico del feminismo de la segunda ola. Hoy, medio siglo después, seguimos aquí bebiendo de una interpretación que se concibió entonces y que hoy flota literalmente en el vacío.

Llegados a este punto, siempre hay alguien que sale a decir que son cuestiones filológicas, que si el término patriarcado no vale, llamémosle machismo, que vale igual.

Sólo que el problema no es meramente terminológico, sino que está relacionado con lo que uno cree que es la raíz causal de la violencia y los asesinatos de hoy en día. Si se evoca el «patriarcado» o algo parecido, se evoca la imagen de un obstinado vestigio del pasado que todavía estamos luchando por dejar atrás. Por lo tanto, para superarlo, deberíamos proceder a la demolición de cualquier residuo del pasado de este tipo: prohibir el familismo, prohibir la autoridad paterna, prohibir el normativismo, siempre con olor a autoritarismo, etc.

Ahora, antes de presentar lo que creo que es una interpretación más plausible, intentaré llamar su atención sobre algunos hechos empíricos.

Si el problema de la violencia tiene su origen en restos patriarcales en alguna versión, los países con sociedades más modernizadas, menos vínculos familiares y una posición más independiente de la mujer deberían estar exentos de este problema, o al menos presentarlo en mucha menor medida.

Pero, ¿es realmente así?

Curiosamente, lo que sucede es exactamente lo contrario.

Si nos fijamos en la violencia doméstica, vemos que (datos de hace un par de años) los primeros países en cuanto a denuncias de violencia sufrida por mujeres son cuatro países proverbialmente emancipados: Dinamarca (52% de las mujeres denuncian violencia), Finlandia (47%), Suecia (46%), Países Bajos (45%), a la cola de la clasificación europea está Polonia (16%).

Por supuesto, aquí hay una réplica preparada: se trataría de un mero efecto estadístico, debido a que en esos países, precisamente por una mayor emancipación, las mujeres declaran más.

Tal vez.

Así que, para cortar por lo sano, veamos la categoría de asesinatos voluntarios de mujeres (los llamados «feminicidios»), que registra sucesos que no están sujetos a filtros interpretativos.

Aquí, según los datos de Eurostat actualizados a 2019, el perfil parece ligeramente diferente, pero no demasiado.

A la cabeza de esta macabra clasificación se sitúan sistemáticamente los países bálticos (Letonia, Lituania, Estonia), junto con Malta y Chipre, con Finlandia, Dinamarca y Noruega justo debajo y Suecia en medio. En el otro extremo, siempre en los tres últimos puestos, están Italia, Grecia e Irlanda, que sólo cambian de lugar de un año a otro.

Para una comparación numérica (2019), Italia tiene una cifra de 0,36 «feminicidios» por cada 100.000 habitantes, Noruega 0,61, Alemania 0,66, Francia 0,82, Dinamarca 0,91, Finlandia 0,93, Lituania 1,24.

Ahora bien, ¿qué tienen en común Italia, Irlanda y Grecia?

No mucho, salvo que todas ellas son sociedades con un papel tradicionalmente muy fuerte de las familias, sociedades cuya limitada modernización se ha lamentado a menudo, entre otras cosas por el importante peso de las instituciones religiosas.

¿Qué tienen en común la mayoría de los países del norte y algunos del este de Europa? Son sociedades que han experimentado procesos de modernización extremadamente acelerados, con secularización forzosa, y la ruptura (reconocida dentro de ellos mismos) de las unidades familiares.

Aquí, una vez expuestos estos datos, por muy incompletos que sean, creo que una interpretación mucho más sensata de las posibles raíces culturales de la violencia y el asesinato por razones triviales de mujeres puede encontrarse exactamente en lo contrario del «patriarcado».

Lejos de tratarse de órdenes familiares extensos, vinculantes y altamente normativos, típicos del patriarcado, nos enfrentamos a contextos en los que las formas familiares están disueltas o en vías de disolución, en los que los jóvenes crecen educados más por el tik-tok y las vídeo-trampas que por las familias, sociedades en las que, además, la figura paterna está ausente desde hace mucho tiempo y a menudo es definida por los psicólogos como efímera. En estos contextos «modernizados y emancipados» se crían en mayor medida identidades frágiles, desorientadas, anafectivas, que se sienten constantemente desbordadas por las circunstancias y que, por ello, en ocasiones, pueden recurrir más fácilmente a la violencia, que es la forma típica de reaccionar ante situaciones de sufrimiento que no se es capaz de comprender ni de afrontar.

Habría que investigar a fondo muchos otros aspectos, pero si, como creo, ésta es una lectura mucho más probable de los hechos, las estrategias que estamos adoptando para abordar el problema van precisamente en la dirección de un agravamiento más de los problemas.

Fuente: Laboratorio.

 *++

Sumar y Podemos confirman que sus divergencias no son ideológicas sino de «visibilidad»

 

Sumar y Podemos confirman que sus divergencias no son ideológicas sino de «visibilidad»

 

INSURGENTE.ORG 08.12.2023

 


La separación de los cinco diputades de Podemos de Sumar representan una resta numérica importante. El grupo parlamentario sufre una sangría económica (menos diputades, menos dinero) pero, en el día de hoy, con el transcurso de las horas y la preocupación del PSOE por si esta ruptura tendría consecuencias para el gobierno progre, han quedadas resueltas las dudas: no es más que un problema de «visibilidad». Así lo han transmitido. Esto es, que la lideresa de Podemos, Ione Belarra, quiere también las cámaras encendidas para cuando hable a las masas. Lo que diga, en realidad, no es relevante porque puede lucir pañuelo palestino y hablar de la creación de dos estados en Palestina, pero luego -siempre con la excusa de que si no viene Vox- sus cinco parlamentarios votarán lo que diga la dupla Sánchez/Yolanda. No serán, ni mucho menos, una oposición de izquierdas como no lo es tampoco ERC o Bildu.

Con el vacío militante que padecen todas las organizaciones políticas, el ejercicio democrático de sus afiliados es una entelequia. Iglesias reconoce abiertamente que a Yolanda Díaz la designó su dedo para sucederlo a él mismo. Ocurre que la ministra resultó ser más papista y pro-PSOE de lo esperado, es decir, el miedo a la derecha (la otra) hizo que los besos y las carantoñas con el otro líder socialdemócrata, nos ubicara al resto en lo que es la «izquierda» reformista que venden cuando llegan elecciones.

Otro ejemplo, ¿harán algo diferente las Belarra/Díaz contra la OTAN en las próximas semanas? ¿Apoyarán a la resistencia palestina o seguirán con el discurso del célebre y acomodaticio ninismo, de ni Israel ni Hamás?¿Su «republicanismo» se agotará como ocurrió en el momento de jurar/prometer lealtad al rey para ocupar el cargo de ministra?… y así hasta el agotamiento.

El uso de la palabra «visibilidad» en los medios, resume cómo entiende Sumar y Podemos la lucha contra un sistema que las abdujo antes de que llegaran a ser visibles.

*++