martes, 26 de noviembre de 2019

RELATO DE MIL CARACTERES DE UNA SERIE DE 1.000 RELATOS



LAS MORERAS

Desde mí ventana veo ahora lo mismo que de niña veía: las grandes copas de las moreras preñadas de hojas, casi al alcance de mi mano, invitándome a que las coja y las guarde en la caja de cartón para mis gusanos de seda. Los gusanos de seda que de niña tenía.
 El tiempo se detiene al cerrar los ojos. Y los cierro. La brisa que  mece las hojas de las moreras es la misma de entonces que, baja  templada, sustituyendo los fríos del invierno, anunciando que florecen los campos. Cierro los ojos. Me siento segura haciéndome niña.
Lo que ya sé, al cerrar los ojos, se torna misterio, y no quiero explicarme ahora como me hice mujer ni como unos huevecillos de larvas, en las hojas de morera, en la caja de cartón vacía, al paso de los días se hacen gusanos y luego mariposas que, al dejar su nido  ha hecho la seda, un ovillo hueco y ovalado de rayos de sol enredados y, de plata, porque también había capullos de seda color plata.
            Me siento segura por el camino pasado de mi niñez. A mi paso no hallo recoveco alguno que me entretenga.
 Siempre, cuando llego al final me espera él, mis pasos están marcados y, sí, el está esperándome, y veo su sonrisa amplia, como si fuera un niño, me observa impasible, seguro de que llegaré, pero él, lo veo, aunque sigo con los ojos cerrados, ya no es niño, se ha hecho hombre de carne y hueso y cuando me acerco le observo atentamente, lo reconozco perfectamente, es él, pero no lo puedo tocar, a lo mejor es por eso, porque ya se ha hecho hombre.
* * *

Manuel Sogas Cotano
Zaragoza 10 Diciembre 2005
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