domingo, 19 de noviembre de 2023

Reagan el escándalo Irán-Contras

 

 

Reagan el escándalo Irán-Contras


TERCERAINFORMACION / 18.11.2023

  • El 18 de noviembre de 1987 el Congreso de los Estados Unidos responsabilizaba al entonces presidente Ronald Reagan del escándalo que involucraba venta ilegal de armas, narcotráfico y paramilitarismo.
  • A pesar de la trascendencia del caso, al nivel del Watergate, la administración republicana de Reagan apenas sufrió consecuencias.


Ronald Reagan ante el Congreso de los Estados Unidos / RRPFL / Wikimedia

 

El 18 de noviembre de 1987 el Congreso de los Estados Unidos publicaba un informe en el que se responsabilizaba de forma directa al Presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, de la trama de venta de armas ilegal a Irán para financiar a la Contra nicaragüense. Un operativo secreto que durante años alimentó al paramilitarismo en Centroamérica mientras incrementaba la conflictividad en Oriente Medio.

A través de su informe, el legislativo estadounidense acreditaba la total responsabilidad del ejecutivo en una de las mayores conspiraciones reveladas de una administración estadounidense.

A pesar del peso del informe, las consecuencias para el ejecutivo fueron exiguas. Reagan concluyó su segundo mandato en 1989, con unos índices de popularidad disparados gracias a la hábil gestión comunicativa de su administración, siendo sucedido por George Bush padre, que no tardó en valerse de sus prerrogativas presidenciales para esquilmar las escasas consecuencias del escándalo.

Sin embargo, el escándalo trascendió a la opinión pública, minando severamente la credibilidad de los Estados Unidos a nivel internacional y alimentando la desconfianza hacia las instituciones de la población estadounidense, incrementada a lo largo de las siguientes tres décadas hasta niveles de paranoia.

Qué fue el escándalo Irán-Contras

A principios de los años ’80, la inestabilidad de la situación geopolítica generaba efectos rocambolescos. A pesar de que se representa como el cenit del conflicto global representado por la Guerra Fría entre los bloques socialista y capitalista, lo cierto es que la propia lógica del choque de modelos se estaba resquebrajando.

A pesar de los avances de la revolución socialista en diversas regiones del mundo, Moscú languidecía bajo una marcada crisis política y de liderazgo. Los Estados Unidos, por su parte, caían en manos del populismo neo-con y su visión marcadamente agresiva de la política internacional.

En este contexto, Centroamérica se convertía en un campo de batalla con los conflictos civiles de Nicaragua y El Salvador. La administración de Reagan tomó la revolución sandinista y la situación de Nicaragua como una afrenta directa a sus intereses, temerosa de un efecto contagio en la región y del alineamiento de otro país con el bloque soviético.

El apoyo a las Contras, un conglomerado de fuerzas armadas contrarrevolucionarias por parte de Washington fue decidido. Sin embargo, un contexto marcado por el reciente fracaso de la Guerra de Vietnam, así como los contrapesos internacionales, hizo al gobierno estadounidense mantener en secreto la ayuda directa a estos grupos armados. Para mantenerlo, se desarrolló un complejo operativo que permitía a los Estados Unidos ofrecer a las Contras apoyo mediante armamento y financiación.

La idea era distraer del tráfico directo de recursos a cualquier resorte público estadounidense. Para ello se articularon dos canales. Por un lado, el asistente militar al Consejo de Seguridad Nacional de Estados Unidos Oliver North y el Almirante de la Armada John Poindexter idearon un sistema para financiar a los paramilitares nicaragüenses mediante la venta de armamento a Irán, en aquel momento enemigo declarado de los Estados Unidos, pero demasiado necesitado en su conflicto con la vecina Irak. Por otro, la CIA colaboraba activamente para facilitar la financiación a través del narcotráfico de las Contras.

El escándalo saltó a la palestra en octubre de 1986, tras el derribo de un avión en Nicaragua que transportaba suministros para las Contras.

La revelación de este circuito de apoyo a los paramilitares nicaragüenses provocó la creación de una Comisión en el Congreso, que interrogó a los principales implicados en la conspiración.

Sin consecuencias

A pesar de las dramáticas revelaciones que se produjeron en la Comisión parlamentaria, las consecuencias fueron nimias. Tan solo dos personas, Oliver North y John Poindexter fueron procesados recibiendo leves condenas, a pesar de las evidencias que apuntaban a la implicación total del Consejo de Seguridad Nacional del ejecutivo estadounidense.

La constitución de la Comisión Tower por parte del gobierno de Reagan, así como su hábil manejo de la prensa, permitió a la administración aparecer como poco menos que una víctima a la que se habría ocultado el operativo.

En 1990, era investido presidente George Bush padre, vicepresidente de Reagan y ex director de la CIA. En 1992 amnistiaría a los implicados en el escándalo que habían recibido condenas, dando carpetazo al asunto.

 *++

La OTAN pierde cientos de militares nazis en ataques contra Rusia en la dirección de Krasni Limán

 

La OTAN pierde cientos de militares nazis en ataques contra Rusia en la dirección de Krasni Limán

 


DIARIO OCTUBRE / noviembre 19, 2023

 

Varias brigadas mecanizadas del ejercito nazi de la OTAN intentaron avanzar hacia las posiciones rusas en la línea de Krasni Limán. Las FFAA de Rusia consiguieron repeler esos ataques, además de frustrar las actividades de la OTAN en otras direcciones de la operación militar, comunicó el Ministerio de Defensa del Estado.


Durante la última jornada, las FFAA de Rusia destruyeron varios depósitos de municiones y uno de combustible de las fuerzas ucranianas. El comunicado del organismo militar añade que las tropas rusas asestaron golpes contra 102 zonas de acumulación de equipos y personal del Ejército de Ucrania e interceptaron dos misiles antibuque Neptun, cinco proyectiles del sistema de lanzacohetes múltiples Himars y 20 aeronaves no tripuladas.

Asimismo, el ente castrense informó que la aviación rusa destruyó en la parte suroeste del mar Negro siete drones marítimos y una lancha rápida con un grupo de desembarco ucraniano a bordo.

La dirección de Kúpiansk y Krasni Limán

El grupo de fuerzas ruso Oeste, apoyado por la aviación y la artillería, repelió dos ataques de las unidades de asalto de la 67.ª Brigada Mecanizada ucraniana en la dirección de Kúpiansk cerca de la localidad de Sínkovka de la región de Járkov. Al mismo tiempo, las FFAA de Rusia asestaron golpes contra la 43.ª y la 53.ª Brigadas Mecanizadas, así como la 10.ª Brigada de Asalto de Montaña. Los datos del informe precisan que Ucrania perdió en esa línea de operaciones hasta 30 militares y dos camionetas.

En cuanto a la dirección de Krasni Limán, la Defensa rusa informó que fueron repelidos tres ataques de la 24.ª, la 47.ª y la 63.ª Brigadas Mecanizadas del Ejército de Ucrania cerca de la localidad de Chervónaya Dibrova y Petróvskoye de la república popular de Lugansk. De acuerdo con su comunicado, el grupo de fuerzas ruso Centro infligió considerables daños a las tropas ucranianas, que ascendieron a hasta 200 militares, dos vehículos blindados y tres automóviles.

La dirección de Donetsk y del sur de Donetsk

El Ministerio de Defensa de Rusia comunicó que las unidades ucranianas de la 30.ª Brigada Mecanizada atacaron dos veces las posiciones del grupo de fuerzas ruso Sur cerca de Kurdiúmovka de la dirección de Donetsk. Las tropas del Ejército de Rusia no solo repelieron los ataques, sino también asestaron golpes contra la 22.ª y la 24.ª Brigadas Mecanizadas de las FFAA de Ucrania cerca de Kleschéyevka, Andréyevka y Vasiukovka de la república popular de Donetsk.

“Las pérdidas totales en esa dirección ascendieron a hasta 180 militares, un vehículo blindado Bradley, tres camionetas, así como un obús Msta-B”, reportaron desde el organismo militar.
Por su parte, el grupo de fuerzas ruso Este, apoyado por la aviación y la artillería, repelió un ataque de la 79.ª Brigada de Asalto Aerotransportada cerca de Novomijáilovka de la dirección del sur de Donetsk. Además, asestó un golpe contra las unidades de la 128.ª Brigada de Defensa Territorial cerca de la localidad de Staromayórskoye.

Los datos del informe indican que fueron abatidos hasta 70 militares, dos vehículos blindados de transporte de tropas, dos automóviles y una estación radar de fabricación estadounidense AN/TPQ-50.

La dirección de Zaporozhie

Según la última actualización, en esa línea de operaciones, fuerzas rusas, apoyadas por la aviación y la artillería, repelieron cuatro ataques de las unidades de asalto de la 65.ª y la 118.ª Brigadas Mecanizadas ucranianas cerca de Rabótino, además de asestar golpes contra la 33.ª Brigada Mecanizada y la 80.ª Brigada de Asalto Aerotransportada.

“Las pérdidas totales de las FFAA de Ucrania ascendieron a 140 militares, un tanque, dos vehículos blindados de combate y tres automóviles”, según procede del comunicado.

La dirección de Jersón

Sobre la situación en la dirección de Jersón, el Ministerio de Defensa de Rusia comunicó que las tropas rusas asestaron golpes contra unidades ucranianas en zonas de las islas de Alekséyevski y Frolova, así como de la localidad de Kachkárovka. Ucrania sufrió bajas de hasta 75 soldados y cuatro vehículos, además de perder en el fuego de contrabatería de Rusia un obús Msta-B, un obús M777 y un sistema de artillería autopropulsada Gvozdika.

En total, desde el inicio de la operación militar especial han sido destruidos 536 aviones, 254 helicópteros, 9.009 vehículos aéreos no tripulados, 441 sistemas de misiles antiaéreos, 13.464 tanques y otros vehículos blindados de combate, 1.185 lanzacohetes múltiples, 7.128 piezas de artillería de campaña y morteros y 15.369 unidades de vehículos militares especiales.

FUENTE: sputniknews.lat

 *++

“Israel” masacró a 18.300 palestinos en Gaza, entre ellos más de 7.000 niños

 

“Israel” masacró a 18.300 palestinos en Gaza, entre ellos más de 7.000 niños

 

DIARIO OCTUBRE / noviembre 19, 2023

 

El número de mártires del personal médico llegó a 200 médicos, enfermeras y paramédicos, así como a 22 hombres de defensa civil y 56 periodistas.



El número de muertos y desaparecidos durante la actual agresión israelí contra la Franja de Gaza ha aumentado a 18 mil 300, más del 75 por ciento de ellos son niños y mujeres.

12.300 palestinos murieron, incluidos más de 5.000 niños y 3.300 mujeres, mientras 30.000 fueron lesionados, informó la Oficina de Prensa en Gaza.

Detalló que el número de masacres cometidas por el ejército de ocupación israelí llegó a más de 1.300, y el número de personas desaparecidas superó los 6.000, ya sea bajo los escombros o con sus cuerpos tirados en las calles y carreteras, y la ocupación impide que nadie pueda llegar a ellos.

Informó que el número de mártires del personal médico llegó a 200 médicos, enfermeras y paramédicos, así como a 22 hombres de defensa civil y 56 periodistas.

La Oficina explicó que el número de sedes gubernamentales destruidas alcanzó las 95 y las escuelas 260.

Se refirió a la masacre más reciente cometida en la escuela Al-Fakhoura, que se cobró la vida de vidas de más de 200 personas.

Mientras el número de mezquitas destruidas alcanzó 77 y las iglesias 3. De igual manera, 43.000 viviendas fueron destruidas totalmente y 225.000 de forma parcial, lo que significa que alrededor del 60 por ciento de las unidades residenciales en la Franja de Gaza fueron afectados por la agresión.

La Oficina declaró que la agresión israelí provocó la retirada del servicio de 25 hospitales, 52 centros de salud y 55 ambulancias, y señaló que, como parte de la guerra del ocupación contra los hospitales, fue bombardeado el Hospital Al-Wafa que es un Centro de Atención a los Ancianos en la ciudad de Al-Zahraa, que atiende a más 60 hombres y mujeres de edad avanzada.

FUENTE: SANA

*++

 

Las armas nucleares de Israel en el punto de mira

 

Es un secreto a voces, pero si este se desvelara podría inducir a alguna mente acalorada a su utilización. Sí, Israel posee armas nucleares, pero mientras no se haga pública su existencia el riesgo de que utilicen es relativamente pequeño.


Las armas nucleares de Israel en el punto de mira



Scott Ritter

El Viejo Topo

19 noviembre, 2023 

 

A medida que la guerra entre Israel y Hamás entra en su segundo mes, una de las principales prioridades de todas las partes implicadas es impedir que el conflicto se extienda regionalmente. La preocupación israelí por la aparición de un frente norte con Hezbolá a lo largo de la frontera de Israel con Líbano ha llevado a Estados Unidos a desplegar un importante poder militar en el Mediterráneo oriental como demostración de fuerza para disuadir tanto a Hezbolá como a Irán de intervenir. La perspectiva de una guerra de mayor envergadura entre Israel e Irán también ha arrojado una incómoda luz sobre la capacidad de armamento nuclear de Israel y la posibilidad de que estas armas se utilicen si los combates en Gaza se extienden a toda la región. Tanto Israel como Estados Unidos han acusado a Irán de llevar a cabo un programa encubierto de armas nucleares, que Irán niega vehementemente.

Los recientes comentarios del ministro israelí de Patrimonio, Amichai Eliyahu, en los que aludía a la posibilidad de que una de las opciones de Israel en la guerra contra Hamás fuera utilizar armas nucleares en la Franja de Gaza, situaron la realidad del programa no reconocido de armas nucleares de Israel en el punto de mira internacional. Los comentarios de Eliyahu fueron rápidamente desautorizados por el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, y el ministro de Patrimonio fue suspendido de su asistencia a las reuniones del gabinete.

Eliyahu, miembro del partido de extrema derecha Otzma Yehudit (Poder Judío) del ministro de Seguridad Nacional, Itamar Ben Gvir, hizo sus comentarios mientras respondía a una pregunta durante una entrevista radiofónica en directo. «Su expectativa es que mañana por la mañana lancemos lo que equivale a una especie de bomba nuclear sobre toda Gaza, arrasándola y eliminando a todo el mundo», preguntó el entrevistador. «Esa es una manera», respondió Eliyahu.

Cabe señalar que Eliyahu nunca mencionó las armas nucleares. Del mismo modo, el autor de la pregunta no habló de un arma nuclear real, sino de algo «parecido» a un arma nuclear. Muchos observadores del actual conflicto de Gaza han hecho comparaciones con el volumen de explosivos de gran potencia que han sido lanzados sobre Gaza por la Fuerza Aérea israelí desde el 7 de octubre, cuando Hamás lanzó un ataque sorpresa contra la infraestructura militar y civil israelí que rodea Gaza, matando a unos 1.400 israelíes, la mayoría de ellos civiles. El tonelaje lanzado sobre Gaza se estima en más de 20.000 toneladas, el equivalente a una bomba nuclear de 20 kilotones, mayor que cualquiera de las bombas atómicas lanzadas por Estados Unidos sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki al final de la Segunda Guerra Mundial.

Ambigüedad nuclear

Que la mera alusión a la existencia y posible uso de armas nucleares por parte de un funcionario del gobierno israelí, por vaga e indistinta que sea, pueda atraer tanta atención pone de relieve la controversia que rodea al programa de armas nucleares de Israel.

El programa israelí de armas nucleares se remonta a mediados de la década de 1950, cuando el primer primer primer ministro del país, David Ben-Gurion, ordenó al ejército israelí que desarrollara un plan de seguro nuclear diseñado para contrarrestar la superioridad militar convencional combinada de los vecinos árabes de Israel. Desarrollado en gran secreto con la ayuda de Francia, el programa israelí se centraba en una instalación de producción de armas nucleares situada en Dimona, en el desierto del Néguev, donde Israel, bajo la apariencia de un programa de energía nuclear civil, comenzó a producir el plutonio necesario para un arma nuclear.

El presidente estadounidense John F. Kennedy se enfrentó a Ben-Gurion por Dimona durante una reunión en mayo de 1961. Presionado, Ben-Gurion declaró que la planta de Dimona tenía una capacidad piloto de extracción de plutonio que podía utilizarse con fines militares, pero trató de apaciguar las preocupaciones de EE.UU. declarando que Israel no tenía «ninguna intención de desarrollar capacidad armamentística ahora».

La administración del Presidente Richard Nixon trabajó posteriormente con Israel para elaborar una política de ofuscación mutua, en la que Israel prometía que no sería el primero en «introducir» armas nucleares en Oriente Medio, pero basándose en la premisa de que el término «introducir» significaba el reconocimiento de la existencia de un arma de ese tipo; en resumen, la «introducción» no se refería a la posesión física, sino al reconocimiento público de esa posesión.

Aunque Israel ha intentado mantener asiduamente su política de ambigüedad nuclear, se han producido algunos incidentes notables que ponen en entredicho la credulidad de esta postura. En 2004, mientras hablaba en una reunión de un partido político en Tel Aviv, el Primer Ministro israelí Ariel Sharon hizo una comparación indirecta entre las ambiciones nucleares, reales e imaginarias, de Libia e Irán, a las que indicó que había que poner freno, e Israel, del que Sharon dijo que «no debe ser tocado en lo que se refiere a su capacidad disuasoria».

En una entrevista concedida en diciembre de 2006 a la televisión alemana, el sucesor de Sharon, Ehud Olmert, pareció reconocer abiertamente la condición nuclear de Israel cuando criticó a Irán por aspirar «a tener armas nucleares, como Estados Unidos, Francia, Israel y Rusia».

El modelo de disuasión israelí

En 1986, Mordechai Vanunu, un técnico nuclear israelí que había trabajado en las instalaciones de Dimona, hizo pública información sobre la capacidad técnica de Israel para producir el material fisible necesario para fabricar armas nucleares. El Instituto Internacional de Estocolmo para la Investigación de la Paz estima actualmente que el arsenal nuclear israelí consta de 80 armas: 50 para lanzamiento con misiles balísticos y 30 para lanzamiento con aviones. También se cree que Israel posee un número desconocido de proyectiles nucleares de artillería y municiones atómicas de demolición.

Aún se desconoce cómo podría Israel pasar de su postura de ambigüedad nuclear a ser un Estado nuclear autodeclarado. Sin embargo, dada la estrecha colaboración de Israel con Sudáfrica en el desarrollo y probables pruebas de armas nucleares, es probable que el modelo sudafricano de hacer pública su disuasión nuclear se parezca al enfoque de Israel. Esto implica una estrategia de tres fases, siendo la fase uno la ambigüedad nuclear. La segunda fase consiste en lo que se conoce como condicionamiento encubierto, que implica una variedad de métodos no atribuibles para revelar la capacidad nuclear como medio de inducción, persuasión y/o coerción. La tercera fase consiste en reconocer abiertamente la posesión de capacidad armamentística, seguida de una serie de pasos escalonados: anuncio público, exhibición pública, demostración (por ejemplo, una prueba nuclear), amenaza de uso y, por último, uso en el campo de batalla.

Amenaza existencial

Tras el ataque de Hamás del 7 de octubre, Israel se enfrenta a una crisis que sus máximos dirigentes describen como de naturaleza existencial. En 2022 y 2023, Israel llevó a cabo ejercicios militares a gran escala diseñados para poner a prueba la capacidad de las Fuerzas de Defensa de Israel para responder a ataques simultáneos de todos los enemigos conocidos de Israel: Hamás, Hezbolá, Siria e Irán. Aunque los resultados oficiales de estos ejercicios siguen siendo un secreto de Estado, algunas conclusiones han sido aludidas por fuentes militares israelíes. En primer lugar, cualquier conflicto militar entre Israel e Irán sólo podría llevarse a cabo con una importante ayuda militar de Estados Unidos, que podría no llegar. En segundo lugar, Hezbolá posee suficiente capacidad de misiles para abrumar las defensas aéreas israelíes, lo que le permitiría infligir graves daños a la infraestructura económica, política y militar israelí. En tercer lugar, los ejercicios israelíes no preveían un ataque de gran envergadura por parte de Hamás que consumiera tanto poder militar convencional de Israel en respuesta.

Si el actual conflicto con Hamás se intensificara hasta implicar tanto a Hezbolá como a Irán, lo más probable es que Israel carezca de la capacidad militar convencional para derrotar esta amenaza combinada. En esta coyuntura, Israel se enfrentaría a la decisión de iniciar la tercera fase de su postura de disuasión nuclear: el reconocimiento público seguido de medidas de escalada. La decisión de declarar públicamente la capacidad nuclear israelí es un asunto de gran sensibilidad política que, si se hace de forma inadecuada, podría poner en su contra incluso a su aliado estadounidense. Por eso el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, respondió con tanta dureza a las indiscretas cavilaciones de un oscuro ministro israelí. Cualquier paso de esta magnitud debe llevarse a cabo de forma muy controlada, con objetivos muy específicos en mente, todos los cuales deben estar vinculados a disuadir el potencial de uso operativo, no a fomentarlo.

Fuente: Energyintel

 *++

sábado, 18 de noviembre de 2023

La guerra total

 

La franja de Gaza está siendo arrasada, demolida, hasta convertirla en inhabitable. Así que, preguntémonos: ¿y después qué? Obviamente algunos están haciendo sus cálculos (y frotándose las manos). Pero las cosas no van a ser tan sencillas como creen.


La guerra total

 


Eduardo Luque

El Viejo Topo

18 noviembre, 2023 



“Si hay cincuenta justos dentro de la ciudad, ¿destruirás también el lugar y no perdonarás?” Lejos de ti está el hacer tal, que hagas morir al justo con el malvado, y que sea el justo tratado como el malvado; nunca tal hagas”.

Génesis 18, V.24

El sionismo es un ideal genocida. El Estado de Israel al abrazar ese ideal se ha convertido en un estado aún más terrorista que Hamás.

Posiblemente sea la primera vez en la historia reciente que una nación libra una guerra de aniquilación en un entorno urbano. El objetivo no es sólo derrotar al ejército enemigo, también exterminar la poblaciónTel Aviv pretende imitar a Roma; la leyenda dice que tras la tercera guerra púnica, sembró sal en los campos que antes habían dado cobijo a su gran rival: Cartago.

Las élites cuentan con el apoyo de una clase política que con su silencio o con sus obras secunda el Genocidio en Gaza. Esperan que las sociedades occidentales, ahítas de su ración de muerte televisada, acaben por no prestar atención. Benjamín Netanyahu ha definido el conflicto de una forma simple y efectista (muy al gusto de sus partidarios): al lado del pueblo de Israel (la nación elegida) está la luz, en la otra orilla la oscuridad. Sólo el pueblo elegido por Dios puede prevalecer.

El coro de los apologistas al servicio de las grandes corporaciones  entona los mismos eslóganes repetidos una y otra vez: «derecho a defenderse», “terroristas de Hamás”, “escudos humanos”, “proteger a los civiles“, “túneles del terror”. Son lemas creados en despachos de agencias de publicidad y transmitidos, machaconamente por los medios como si fueran la única realidad. Es una campaña de propaganda donde se acude al sentimiento y se sataniza y despersonaliza al adversario. Son frases fácilmente digeribles que obvian, no puede ser de otra forma, el análisis de causas y efectos.

Durante muchas décadas la sociedad occidental ha sido formateada bajo esas premisas. El olvido de lo experimentado y la parcialización de las experiencias adquiridas es la clave para conseguir esa especie de “amnesia colectiva” que acepta las nuevas realidades que el poder propone. La sobre-información genera  desconocimiento porque no hay tiempo para el análisis. La realidad prefabricada se presenta en bloques inconexos que permiten al poder presentarlos como la nueva normalidad. Poco importa que se descubriera que la invasión de Irak fue fabricada bajo un enorme manto de mentiras, la reacción popular duró lo que duró y desapareció del escenario social quedando relegada a un mero pie de página. Tampoco importó que la operación en Libia fuera una matanza para apropiarse del tesoro libio (en lingotes de oro) y de sus riquezas naturales. Occidente participó en su conjunto: revistió el robo y la matanza de civiles de “intervención humanitaria”, nadie recuerda que todo fue un inmenso pozo de mentiras. ¿Alguien se acuerda del “presidente” venezolano Guaidó, recibido por presidentes, reyes y magnates y ahora relegado al olvido mediático? ¿No era el representante de la democracia en Venezuela frente al dictador Maduro?

La ciudadanía ahora comienza a comprender que el neonazi Zelensky no es el portador de los “valores europeos” sino un auténtico criminal de guerra para su propio pueblo. Mientras se alienta su integración en la UE, se descubre la red de ventas de niños a redes pedófilas recibiendo la propia esposa del Presidente Zelensky la acusación de estar implicada en ellas. Un Presidente que siente que se le mueve la silla, decide posponer las elecciones y convertirse en dictador. ¿Cuánto tiempo tardarán las ciudadanías europea y norteamericana en comprender que han sido engañadas?

La sociedad occidental, previamente sedada, es incapaz de sacar conclusiones y sobre todo está predispuesta para el olvido. Se pretende que lo que ahora es horrible alcance el grado de “nueva normalidad” dentro de poco.

Gaza y la guerra total

La estrategia militar israelí muestra cuáles son sus auténticos objetivos. Se desprenden de las caretas y proclaman lo que han diseñado sus planificadores mucho antes de este conflicto. Israel quiere la GUERRA TOTAL. No es eliminar a las fuerzas de Hamás como se proclama (cortar el césped en el argot militar) sino una pelea hasta el final. El objetivo es erradicar a todos los palestinos y repartir la tierra entre los colonos. Los líderes estadounidenses y la UE han aceptado este enfoque. La administración Biden habla de lo que “vendrá después de que Hamás sea derrotado”. 

Biden y sus asesores no conocen la historia de estos pueblos ni han sacado ninguna lección de los fracasos de su propio país. Al servicio de la gran industria de armamento sólo ven el cortísimo plazo. Hamás no es el ISIS, a fin de cuentas un engendro creado por Occidente. Hamás tiene una importante base social, es un ejército popular con unidades militares muy disciplinadas y dispuestas al sacrificio y cuenta con apoyo y financiación internacional.

Cuando EEUU desató toda su furia homicida sobre el Vietcong este sobrevivió. Cuando las fuerzas guerrilleras perdieron la batalla del Tet, en realidad sembraron las semillas de la victoria. Era su país y era su gente. Israel con su política criminal sólo está creando miles de nuevos reclutas. Hamás no puede ser derrotada. Evidentemente, la Franja es más pequeña que Vietnam. Es más fácil atacar a Hamás. Pero no se puede erradicar un movimiento al que centenares de miles de personas apoyan y que la propia estupidez israelita está alentando.

No nos engañemos, no es sólo una guerra para destruir túneles o eliminar a los combatientes de Hamás. Es una guerra para hacer que Gaza sea inhabitable.   Es una guerra total que se libra en un entorno urbano. El objetivo es destruirlo y arrasarlo todo y a todos. Se pretende que Gaza sea un espacio vacío en una especie de versión sionista de aquella “solución final” que propuso el nazismo alemán. Se da por descontada una reacción inmediata de la ciudadanía occidental. Ésta se horrorizará al principio, pero pasado un tiempo aceptará la nueva situación como inevitable.

La guerra tiene fase y etapas. La primera es la destrucción sistemática de cualquier tipo de infraestructura, desde hospitales a escuelas, desde campamentos de refugiados a plantas potabilizadoras, pasando por el bombardeo de depósitos de agua o paneles solares.

El objetivo es exterminar a la población no sólo por efecto de las bombas sino por hambre, sed y la exposición de la población a enfermedades muy transmisibles como el cólera o el tifus. En Irak, las plantas de depuración fueron un objetivo valioso para la aviación estadounidense: tras finalizar “oficialmente” la guerra, los bombardeos se concentraron en la destrucción de los sistemas de drenaje de aguas fecales. La consecuencia fue la esperada por los planificadores; los médicos del ejército norteamericano habían calculado bien el impacto que tendrían en la población desnutrida las enfermedades infecciosas: la muerte de decenas de miles de niños. En su día fue la propia ONU la que alzó la voz, aunque no llegó muy lejos. Oficialmente EEUU no era responsable de nada.

En Gaza nuevamente los médicos al servicio de la matanza (como en el caso del cerco de Leningrado en la Segunda Guerra Mundial) han calculado la capacidad de resistencia física de la población gazatí cuando la ingesta de alimentos sea inferior a las 1.500 calorías diarias. Esperan ansiosos que la mortandad, no atribuible directamente a las bombas, se multiplique por 2 o por 3 e incluso más. En el gran público, al no establecerse la relación bombas con mortandad, se reducirá el impacto mediático y se conseguirá el objetivo buscado.

La segunda fase de este genocidio sería declarar que Gaza es inhabitable, aunque con un gesto de buena voluntad se hablará de la posible reconstrucción. Las posibilidades que se abrirían son muy diversas y algunas de ellas no van más allá de las simples declaraciones. Hay dos opciones que se debaten en este momento: la primera sería ocupar el espacio de Gaza con colonos israelíes y permitir que se entremezclen con habitantes de Gaza cuidadosamente controlados.

Otra idea que bulle en la mente de los analistas de Tel Aviv es reasentar en El Cairo (Egipto) a los gazatíes supervivientes. El coste según esos cálculos sería modesto, de 5.000 a 8.000 millones de dólares. El Ministerio de Inteligencia ofrecería a los refugiados tiendas de campaña en el Sinaí y que el problema lo resolviera otro, en este caso Egipto, que se ha negado a considerar esa posibilidad. Lo mismo se planteaba en Jordania, aunque su primer ministro aseguró que el reasentamiento de los gazatíes en territorio jordano sería considerado como una declaración de guerra de Israel.

En realidad se trata de reproducir las consecuencias de la guerra de 1948 cuando se impuso la limpieza étnica y fueron expulsados un millón de palestinos, y se impuso esta emigración a los países vecinos. En realidad estos planes ocultan una finta. Una vez filtradas estas propuestas se espera que sean deglutidas por la población occidental. Mientras, se mantendrá el genocidio hasta que esa “solución” sea la única que perviva. En ese momento la población, cansada de la visión de la tragedia cotidiana, aceptará esta vía como el mal menor.

Gaza como colonia

Lo hemos denunciado con anterioridad: EEUU quiere imponer una fuerza de interposición (una vez eliminado Hamás) que administre la Franja de Gaza. Se pretende que los países que firmaron los acuerdos de Abraham, especialmente Arabia Saudita. Paradoja de las paradojas: se quiere que los mismos que perdieron la guerra contra el Yemen y masacraron a decenas de miles de civiles, los mismos que asesinaron a sangre fría a los refugiados etíopes que huían de la guerra en ese país estén al frente de los cuerpos de  paz. Blinken, en nombre de Biden, resumió la propuesta; “No podemos volver al statu quo con Hamás gobernando Gaza” pero «Tampoco podemos permitir que Israel gobierne o controle Gaza». En 2005 lo intentó Israel y la consecuencia fue que Hamás tomó el control de Gaza. El valedor de aquella frustrada propuesta fue Ariel Sharon y tuvo que dimitir.

Existe otra posibilidad: entregar la supervisión temporal de Gaza a países de la región con tropas ocupantes de EEUU, Reino Unido, Francia, Alemania, Emiratos y Arabia Saudita. Sería como entrar en un edificio en llamas. ¿Qué consenso internacional existe para que fuerzas de interposición se arriesguen a entrar en ese avispero? Y además ¿quién falta en esta ecuación?: los directamente afectados, los gazatíes. Con ellos no se cuenta.

El 17 de octubre se hizo pública otra propuesta: que fuera la OLP la que administrara una especie de Agencia de Obras Públicas y Socorro de las Naciones Unidas. Mientras, la seguridad pública sería controlada por Egipto, Jordania, los Emiratos Árabes Unidos, Bahréin y Marruecos, estados que tendrían la confianza de Israel. Blinken admite lo evidente: la Autoridad Palestina cada vez más corrupta y más inoperante tiene un presidente, Mahmud Abás, que está profundamente cuestionado y en las últimas fases de su vida.

Hamás sobrevivirá

Pase lo que pase en esta guerra, no importa el nivel de desgaste o la derrota (nada segura): Hamás no desaparecerá. No será erradicada. Como en el Vietcong vietnamita, la población y Hamás no se pueden separar. Esto no quiere decir que todos los gazatíes apoyen a Hamás, al igual que no todos los vietnamitas apoyaban al Vietcong, pero Hamás resiste y lucha. Lo ha reconocido el propio ex ministro de Defensa Israelí el ultra radical Avigdor Lieberman[1], cuando reconoce que los combatientes de Hamás no se rinden y que los avances sobre el terreno implican altos costos para el ejército en hombres y material.

No hay nadie en Palestina que no combata por sus derechos contra los ocupantes. Este hecho proporcionará una caudal enorme de nuevos combatientes. Hamás no se desvanecerá en la niebla como si nunca hubiera existido. Si este movimiento había resonado en el pasado, de ahora en adelante lo hará con más fuerza en los nuevos escenarios.

Nota:

[1] Este personaje defendía públicamente que: “hay que ahogar a los prisioneros palestinos en el mar Muerto. Tenemos que combatir a Hamás como lo hizo EUU con Japón”.

 *++

viernes, 17 de noviembre de 2023

⭐️FRENTE ORIENTAL⭐️Las Drogas en la Alemania de Hitler

Dos guerras

 

Las guerras en Ucrania y Palestina son en realidad parte de una misma guerra global: la que opone al “Occidente colectivo” al emergente mundo multipolar. Un conflicto destinado a durar muchos años y que irá manifestándose en formas diferentes


Dos guerras


Enrico Tomaselli

El Viejo Topo

17 noviembre, 2023 

 


La que se está librando en Ucrania, y la que se está librando en Palestina, no son simplemente dos guerras que enfrentan al Occidente colectivo contra el mundo multipolar, sino que en realidad son observables como dos batallas de una misma y gran guerra global, en la que la hegemonía estadounidense en declive se enfrenta a las potencias emergentes. Un conflicto destinado a durar años y que estará marcado por nuevas «batallas» en diferentes cuadrantes del tablero mundial.


Quizás por primera vez desde 1945, el llamado Occidente colectivo se enfrenta a dos guerras importantes al mismo tiempo. Esto ya es una situación excepcional en sí misma, pero lo es aún más porque el mundo occidental atraviesa una fase cuando menos complicada y en la que ciertamente su poder (no sólo militar) está siendo abiertamente cuestionado y puesto en tela de juicio, por diversos actores de la escena internacional. Y aunque, sobre todo en los círculos angloamericanos, una larga familiaridad con la geopolítica y las estrategias globales debería ayudar a leer correctamente la fase, no parece que éste sea el caso. O al menos, no del todo.

Desde el punto de vista de Occidente, de hecho, parece que —simplemente— una guerra elimina a la otra. Tras haber archivado la de Ucrania, que se daba esencialmente por perdida y que en cualquier caso es ahora más bien una fuente de vergüenza y molestia, Estados Unidos y la OTAN parecen haberse lanzado a la (renovada) guerra israelo-palestina, con el mismo entusiasmo que en los primeros meses en Ucrania.

Aunque por el momento es sólo Estados Unidos quien apoya económicamente a Israel, mientras que los países europeos se limitan a un apoyo político total e incondicional[1], es evidente que la onda larga de esta guerra acabará afectando de nuevo a estos últimos. Y una vez más donde más duele, en las fuentes de abastecimiento energético. Con ello, se pone de manifiesto una vez más cómo las clases dirigentes europeas no sólo están completamente supeditadas al imperio estadounidense, sino que además están formadas por dirigentes de una mediocridad absoluta, si no peor.

Lo que resulta, sin embargo, es que la percepción de estas guerras, en Occidente, es del todo superficial. Se trata, por supuesto, de un viejo problema, que afecta a todas las guerras que han seguido a la Segunda Guerra Mundial. Todos los conflictos en los que se han visto implicados los países del Occidente colectivo han sido, de hecho, asimétricos (contra enemigos decididamente menos poderosos), de impacto limitado (relativamente pocas bajas, balance económico generalmente siempre positivo), en cualquier caso políticamente ventajosos (incluso cuando terminan en derrota, el legado del caos siempre beneficia al hegemón) y, sobre todo, todos se han librado lejos de casa.

Existe, por tanto, una percepción diferente de la guerra, por parte del mundo occidental, que se ha ido formando a lo largo de los últimos ochenta años. Una percepción que, fundamentalmente, se resume en la idea de que podemos librar tantas guerras como queramos en condiciones de seguridad. Seguridad que, precisamente, nos vendría dada por una abrumadora superioridad tecnológica y militar, tal que nos permitiera proyectar nuestro poder bélico siempre y en todo caso en casa del enemigo de turno, manteniendo a raya todas las desagradables consecuencias que siempre acompañan a una guerra.


Este paradigma sigue siendo válido, pero ya empieza a resquebrajarse. Los costes económicos, especialmente para los países europeos, se están volviendo insostenibles, y es evidente que para mantener el ritmo de su (inevitable) crecimiento, el modelo de bienestar al que estamos acostumbrados se verá cada vez más erosionado[2]. Los costes políticos crecen en paralelo, tanto en términos de mayor y creciente pérdida de cualquier espacio de autonomía (respecto al imperio washingtoniano), como en términos de pérdida de credibilidad y fiabilidad internacional.

Nos queda -quién sabe cuánto tiempo más- la posibilidad de trasladar siempre las guerras a casa ajena. Pero la línea del frente está cada vez más cerca.

Un hecho fundamental, que escapa al liderazgo occidental (y a la opinión pública), o que en todo caso se lee en clave mistificadora, es la profunda conexión entre las guerras en nuestras fronteras. Mientras tanto, y esto no es poca cosa, por primera vez tenemos dos conflictos extremadamente duros, y extremadamente peligrosos, al mismo tiempo. Ambos tienen lugar cerca de los limes del imperio, al este y al sur, y ambos nos ven profundamente alineados e implicados; sólo falta esa última línea roja por cruzar, la implicación directa.

En cualquier caso, no es sólo por la proximidad por lo que estas dos guerras están conectadas. De hecho, en ambos casos, es mucho más relevante la naturaleza profunda de las mismas que las conecta. Son, de diferentes maneras, y con diferentes razones contingentes, dos momentos del desafío que el resto del mundo plantea al imperio, a su hegemonía. Es más, incluso pueden leerse como interrelacionados: sin el conflicto de Ucrania (sin lo que lo hizo posible, sin su desenlace), el actual conflicto de Palestina probablemente no se habría manifestado, no al menos en estos términos.


La cuestión es que ambos son como dos batallas separadas, pero de la misma Gran Guerra Global.


Esta guerra se está librando, y se librará una y otra vez, con más y más batallas, según un patrón políticamente asimétrico, en el sentido de que los objetivos de las partes beligerantes son diferentes y no simplemente opuestos. Para Occidente, se trata de intentar mantener su hegemonía, de intentar desgastar al enemigo para retrasar lo más posible su crecimiento (económico, militar y político). Para el resto del mundo, se trata de deshacerse de esa hegemonía, no de sustituirla por otra.

Esta asimetría tiene una consecuencia inmediata en las formas, y sobre todo en los tiempos, en que se enfrentan las partes en conflicto. Para el Occidente hegemónico, se trata de una carrera contra el tiempo, lo que le obliga a ser cada vez más agresivo y beligerante. Para el mundo multipolar, el tiempo es el mejor aliado, por lo que sólo entrará en batalla cuando sea estrictamente necesario, y en cualquier caso nunca dejando que el enemigo determine las reglas. Cada batalla se librará cuando y como se considere oportuno.

Es el imperio el que busca la confrontación, pero debe temerla siempre.

El General Tiempo es un poco la versión contemporánea de lo que fue el General Invierno en las campañas rusas. Todos los actores internacionales que se enfrentan -voluntaria o involuntariamente- a la agresión hegemónica de Occidente son conscientes de ello y cuentan con ello. Y también extraen sistemáticamente de ello importantes indicaciones estratégicas y tácticas.

A pesar de que Rusia tenía, por ejemplo, el potencial militar para doblegar a Ucrania en poco tiempo, prefirió adoptar un enfoque diferente, basado en desgastar al enemigo. Gracias a este enfoque, la guerra en Ucrania está produciendo mucho más que la derrota del régimen de Kiev, que habría dejado -de haber sido rápida- un reguero de problemas sin resolver. Al poner el General Tiempo en su lugar, Moscú está logrando muchos resultados mucho más importantes.

En primer lugar, está demoliendo al ejército ucraniano. Por mucho que la OTAN haya comprometido considerables recursos, al menos desde 2014, para reforzarlo y ponerlo a su nivel, hoy las AFU están en una situación desesperada; baste decir que la edad media de los militares en activo es de 40 años, la edad de alistamiento se está rebajando a 17 años y la movilización ha llegado a las mujeres. Incluso sin contar con el alto nivel de renuncias, fomentado por la enorme corrupción, esto significa que generaciones de jóvenes varones han sido más que diezmadas[3].

La guerra de desgaste también ha llevado a la destrucción de colosales arsenales militares, no sólo ucranianos sino de todo Occidente. Mientras que la industria bélica rusa ha dado pasos de gigante, multiplicando la producción y utilizando la experiencia de combate para desarrollar sistemas de armas más avanzados y eficaces[4]. Y lo que es más importante, en Ucrania Rusia ha demostrado que las armas y las tácticas de la OTAN no son en absoluto invencibles, sino al contrario, que es posible desafiar y derrotar al hegemón precisamente allí donde se sentía más seguro, es decir, en el campo de batalla.


Por supuesto, la OTAN sigue creyendo que tiene esta superioridad, pues su fuerza aérea y naval se considera enormemente superior. Pero, como informa la revista Military Watch, «la OTAN es significativamente inferior a Rusia en cantidad y calidad de misiles antiaéreos».

En cualquier caso, el conflicto ucraniano ha puesto de manifiesto la fragilidad del sistema bélico de la OTAN y, por tanto, su capacidad de desafío.

Todo ello -el fracaso ucraniano, la derrota del armamento de la OTAN, el gran desarrollo de la industria bélica rusa, por no hablar de la creación de facto de un sólido frente antihegemónico con Irán, Corea del Norte y China- supone un importante revés para los designios estratégicos estadounidenses, para los que se traduce en la necesidad de ralentizar su puesta en práctica dando tiempo a sus enemigos.

En efecto, al enemigo estratégico de EEUU, China, por un lado se le mantiene bajo presión (con sanciones, amenazas de endurecerlas por la colaboración con Rusia e Irán, provocaciones militares en torno a Taiwán, y los empujes expansivos de la OTAN en el Indo-Pacífico), y por otro se le ablanda con declaraciones de distensión y propuestas de coexistencia pacífica. Washington sabe que es improbable que gane económicamente la competición con Pekín, por lo que debe intentar ralentizar su desarrollo y, al mismo tiempo, acelerarlo de cara al enfrentamiento, siempre que crea que tiene margen suficiente para asegurarse una victoria militar. Dentro de este marco estratégico, la guerra de Ucrania acabó siendo un revés más que un paso adelante.


Del mismo modo, el repentino recrudecimiento del conflicto palestino-israelí se presenta como un obstáculo para las estrategias globales estadounidenses. Para Estados Unidos, de hecho, el control de Oriente Próximo es tan fundamental como el control de Europa, siendo estos dos activos estratégicos indispensables, por razones obvias. En particular, por lo que respecta al modus operandi, Israel representa el pivote sobre el que se basa toda la estrategia de control de la región; una estrategia que, a su vez, se articula fundamentalmente en dividir el frente árabe, vinculándolo precisamente a Tel Aviv, y para ello requiere que el principal motivo de tensión -la cuestión palestina, precisamente- sea silenciado constantemente. Este delicado equilibrio, ya amenazado por la mediación china que puso fin a la hostilidad entre Arabia Saudí e Irán[5], saltó por los aires con la iniciativa palestina del 7 de octubre.

Con el lanzamiento de la Operación Al-Aqsa Flood, de hecho, la resistencia palestina no sólo ha roto estos equilibrios, sino que, exactamente igual que hizo antes el conflicto ucraniano, ha hecho añicos el mito de la invencibilidad de Tsahal y de los servicios israelíes, ha mostrado su desafío.

No sólo eso, el movimiento palestino volvió a situar a Palestina en el centro del debate mundial y, al allanar el camino para la previsible reacción israelí, obligó a Estados Unidos a precipitarse sobre el terreno para apoyar a su aliado, ahondando así el surco de desconfianza entre Occidente y el resto del mundo.

Aunque era obvio que las formaciones de combatientes de la resistencia no podrían vencer a las IDF en un ataque, del mismo modo que era obvio que Israel reaccionaría salvajemente, la tormenta funciona brillantemente cuando se contempla desde su perspectiva estratégica, que una vez más se centra en desgastar al enemigo. Como dijo el líder de Hezbolá durante su discurso del Día de los Mártires, «estamos en una batalla de constancia, paciencia y acumulación de resultados, una batalla para ganar puntos con el tiempo»[6].

Las fuerzas de la resistencia, en Palestina y fuera de ella, son sin duda absolutamente capaces de resistir al ejército israelí y, por tanto, de mantener a Estados Unidos inmovilizado en Oriente Próximo, obligado a apoyar otra guerra, esta vez de baja intensidad, que su aliado es incapaz de ganar por sí solo.

Incluso en Palestina, por tanto, el clima general vuelve a frustrar los designios del imperio estadounidense. Tanto Netanyahu como su ministro de Defensa, Gallant, hablan abiertamente de una guerra que durará meses, si no más, para derrotar a Hamás. Pero, ¿puede resistir un enfrentamiento de esta duración, teniendo que hacer frente no sólo a una durísima batalla urbana con las fuerzas de la resistencia en Gaza, sino también al exigente enfrentamiento con Hezbolá en la frontera libanesa, a los pinchazos entrantes desde Yemen y Siria, y al creciente levantamiento en Cisjordania?

Por mucho que tenga detrás el poder de Estados Unidos, Israel se enfrenta a enormes dificultades, que trascienden el mero aspecto militar. Incluso dejando a un lado el enfrentamiento interno en el país, que es anterior al 7 de octubre pero que sólo ha remitido ligeramente desde entonces, está la cuestión de la responsabilidad (política y militar) en la debacle, está la cuestión de los prisioneros civiles y militares, está la cuestión -que ahora emerge con fuerza- de las numerosas muertes israelíes debidas al propio fuego del ejército.

Pero, aún con más fuerza, está el coste económico del conflicto.

Que no es simplemente el coste de vida de la operación militar, especialmente si durara tanto, sino el impacto global en la economía israelí. Que, por un lado, se ve privada de la mano de obra de los reservistas retirados y, por otro, de los miles de palestinos que han sido expulsados a Gaza. Hay un cese de la actividad económica en todo el norte, evacuado en gran parte por razones de seguridad, y lo mismo ocurre a lo largo de las fronteras con la Franja de Gaza. Los evacuados de ambas regiones necesitarán tarde o temprano ayuda pública. Por no mencionar el hecho de que más de un cuarto de millón de israelíes abandonaron el país tras el ataque del 7/10. Todo ello, en un marco de creciente aislamiento internacional; y aunque los gobiernos de la OTAN no se desvíen solidariamente de Tel Aviv, es evidente que el comportamiento de esta última crea enormes vergüenzas, que acabarán por abrir grietas.

La situación es tal, pues, que tanto Israel como Estados Unidos necesitarían salir rápidamente de este atolladero, pero ambos saben que esto no será posible. Y en Washington están que trinan, porque son conscientes de cómo esta crisis está poniendo en serias dificultades todo su entramado de relaciones con Oriente Medio. Hasta el punto de que -haciendo de necesidad virtud- Biden se dispone a pedir a Xi Jinping que interceda ante Teherán para que se abstenga de intervenir.
Sólo que Irán no tiene prisa por hacerlo; se sienta metafóricamente en la orilla del Jordán y espera…

Notas

[1] En efecto, el gobierno alemán ha aumentado recientemente de forma masiva las autorizaciones de exportación de armas a Israel. Desde el 2 de noviembre, el gobierno ha autorizado exportaciones por valor de unos 303 millones de euros. En 2022, sólo fueron unos 32 millones de euros. (Fuente: Deutsche Welle Politics).

[2] Como declaró recientemente el jefe de la política exterior de la UE, Josep Borrell, «los países de la UE deben estar políticamente preparados para compensar los recortes en la ayuda estadounidense a Ucrania».

[3] «Las pérdidas de las fuerzas armadas ucranianas son exorbitantes»; así lo afirmó el ex presidente del comité militar de la OTAN, y ex inspector general de la Bundeswehr, general Harold Kujat en el canal de YouTube HKCM.

[4] Según la cadena de televisión alemana ZDF, «Rusia está a la vanguardia de la innovación militar en Ucrania, mientras que las armas occidentales se están quedando atrás».

[5] La mediación de Pekín, además de permitirle afianzarse con autoridad en la región, ha producido una cascada de acontecimientos no deseados por el imperio: el reingreso de Siria en la Liga Árabe, el inicio de una posible resolución de los problemas entre este país y Turquía, el fin del conflicto entre Ryhad y Sanaa.

[6] Sayyed Hassan Nasrallah, 11 de noviembre de 2023, Rumble.

Artículo seleccionado por Carlos Valmaseda para la Miscelánea de Salvador López Arnal

 *++