jueves, 19 de octubre de 2023

El domingo 8 de octubre se abrió la Mesa de Negociación entre el Gobierno colombiano y las Disidencias de las FARC, en la castigada región de Catatumbo. Yezid Arteta, ex comandante guerrillero, fue designado por el Gobierno para participar en ellas.

 

El domingo 8 de octubre se abrió la Mesa de Negociación entre el Gobierno colombiano y las Disidencias de las FARC, en la castigada región de Catatumbo. Yezid Arteta, ex comandante guerrillero, fue designado por el Gobierno para participar en ellas.


¡Ya no más!


Yezid Arteta Dávila

El Viejo Topo

19 octubre, 2023 

 


¿Cómo es posible que un lugar en el que hubo abundante petróleo, gas y luego extensas plantaciones de coca y palma africana, las vías de acceso estén igual o peor que las que hubo en la época colonial? 

El Catatumbo es la quintaesencia de una sumatoria de desgobiernos nacionales, departamentales y municipales. En la región nadie organiza, dirige o hace, escuché decir a un cura que lleva años cuidando a su rebaño de almas. Las escuelas están en ruinas y faltan maestros. El hospital de Tibú tiene un déficit de médicos y enfermeras porque trabajar en una zona de disputa armada trae riesgos que muchos prefieren no correr. No hay aulas y ayudas para que se puedan formar los jóvenes. Cuesta ir y vivir en el Catatumbo. Los productos de primera necesidad valen el doble y el triple de lo que cuestan en Bogotá. 

A pesar del sufrimiento yo quiero a mi región, me dijo una mujer que tras un carromato vende empanadas en la calle. Hasta la cabecera municipal de Tibú, un pueblo levantado por los gringos a comienzos de la bonanza petrolera, arribaron los delegados del Gobierno y la guerrilla para sentar las bases de un proceso de paz que toma lo bueno y descarta lo malo de los anteriores, pero conservando identidad propia: transformación territorial de la mano de las comunidades y los entes estatales. La cita fue el 8 de octubre, día que coincidió con un aniversario más de la ejecución de Ernesto ‘Che’ Guevara por parte del sargento Mario Terán en el remoto caserío boliviano de La Higuera. 

Los delegados que llegaron por helicóptero divisaban desde la altura los campos sembrados de arroz y palma africana, lo mismo que los cráteres dejados por la caótica explotación carbonífera. Los que vinieron por tierra se toparon con cientos de familias ganándose la vida al borde de las trochas que los contratistas han cobrado como carreteras primermundistas. Desde improvisados ventorrillos los lugareños ofrecen comida, frutas, gasolina envasada en tarros de gaseosa y cachama frita que viene de los estanques de peces que han excavado sobre la tierra que en el pasado sólo era ocupada por el pueblo Motilón-Barí. 

Un grupo de mujeres jóvenes apostadas sobre la vía detienen a los vehículos para pedirles a los conductores una especie de peaje en metálico. Con estas limosnas parchamos los baches, dijo una chica con la cara sudorosa. Sudorosos estaban también los cientos de personas que se habían arremolinado en el polideportivo de Tibú para escuchar desde la garganta gubernamental y guerrillera la buena noticia: el cese al fuego bilateral. 

La gente de los campos está harta de balaceras, ametrallamientos, explosiones, muertos, heridos y defenestraciones. ¡Ya no más!, coreaban las dos chicas de Motilonas Rap que interpretaron un par de temas de antesala al acto protocolario. Las raperas Sol y Denis son la sensación de la región. Su álbum El canto de la flecha reivindica el paisaje y la cultura raizal del Catatumbo. 

El público se animó, parecía dispuesto a realizar un gesto heroico, sobre todo las comunidades que habían atravesado medio país apiñados en buses y camiones. Hasta que la seguidilla de discursos déjà vu aplacaron los bríos. La vaina, literalmente, se calentó cuando la gente abatida por el bochorno y la retórica pidió a coro el alto al fuego entre las fuerzas militares y los alzados. Los campesinos e indios de los resguardos Motilón-Barí y Catalaura no querían volver a sus ranchos con las manos vacías. 

El juicioso y extenuante trabajo de las delegaciones de gobierno y guerrilla, al que le faltaban unas últimas pinceladas, estaba a punto de naufragar. En menos de lo que canta un gallo el acto de instalación de la Mesa de Paz tomó los ribetes de una asamblea estudiantil setentera en la que todo el mundo grita y los activistas se pelean el micrófono. El típico barullo que pareciera recortado de un drama de Lorca, pero sin sus terribles consecuencias. Minutos después, cuando se anunció el acuerdo de no seguir disparando hasta alcanzar un cese al fuego, las aguas volvieron a su cauce. Sólo fueron truenos. No hubo tempestad. El ya no más de Motilonas Rap fue atendido.

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Wall Street Journal: Ataque a hospital gazatí se realizó con bomba MK-84 de EEUU. [Loado sea el nombre del Señor. Poneos de pie. Mis queridos hermanos en Cristo y feligresía toda. En aquel tiempo, cuando el susodicho (o sea, Cristo) iba de un sitio a otro como un loco por esos mundos de Dios, y tan pronto te lo encontrabas en el Pryca comprando latas de sardinas de las baratas para dar de comer a qué me sé yo cuantos miles de personas; con la garrafa de vino de arroba y media al hombro buscando como un descosido alguna boda en la que faltara la sangre de Cristo (que es un vino riquísimo, de la parte esta de Alfamén, Zaragoza) para proveerla de tan preciado líquido a fin de que no decayera el jolgorio, como liado a pedrada limpia, mordiscos o lo que fuera de menester, contra los mercaderes y jardineros de la Unión Europea, financieros, gentes de la política y otras raleas en el Banco de Israel, al grito de “hijos de puta” fuera de la Casa de mi Padre, atajo de criminales, que esta es casa de oración y no de especulaciones en la bolsa, o dándoles caramelos a los niños. Cuando se le pasó la sofoquina con los mercadees, se le acercó un paisano y díjole: oye, Cristo, tú que sabes de esto. Mira, un cacho cabrón me acaba de dar una pata en la mejilla que casi me descabeza, ¿qué he de hacer, aparte de ir al médico a que me cure? Cosas tienes –le respondió Cristo de muy buenas maneras- ¿No te han sido dadas dos mejillas?, pues pon la otra para que te la pateen otra vez, so inútil. No acababa de acontecer lo dicho, cuando se le acercó uno de mi pueblo´, y no sé yo que coño haría uno de mi pueblo por Palestina, para decirle: Oye Cristo, que un vecino me acaba de ofender, qué hago, ¿me lo cargo o con romperle el espinazo es suficiente? ¡Animal! –exclamó Cristo-, de Isla Mayor tenías que ser. Perdonar, criaturita, perdonar, que eres más bruto que un arao de palo. Y no solo perdonar una vez, so bruto, sino 70 veces 7…, y, ahora perdónenme usted a mí, porque no puedo seguir con lo que quería decir. Si Cristo ha dicho eso del perdón 70 veces 7, lo siento mucho, pero no puedo seguir. Me ha entrado de pronto un no sé qué, que no me deja continuar como yo quería. Así que, de cabeza me tiro a por mi bolígrafo, mi cachito de papel, me repaso la tabla de multiplicar y me hago la multiplicación de 70 x 9. Una vez hecha, mi buena prueba del 9 y, veo que bien, coño bien, me ha salido bien, o sea, 490, que son las veces que reglamentariamente y según Cristo hay que perdonar. Pues no discutamos el asunto que no hay por qué discutir, porque el problema ya está resuelto: si unos criminales, criminalas, han asesinado a más de 500 personas, vuelta al bolígrafo y al cachito de papel para la resta correspondiente: más de 500 delitos – 490 perdones, me salen que son más de 10 las veces que hay que juzgar y condenar a cada uno de los criminales, criminales, por los asesinatos cometidos, porque según Cristo –no yo- no se pueden perdonar más de 490 veces. O sea, que daos fraternalmente la paz y ya se puede ir cada mochuelo a su olivo y Dios en el de todos. Y que no me entere yo que vais diciendo por ahí que la bomba la he tirado yo en un momento tonto que he tenido].

 

 

Wall Street Journal: Ataque a hospital gazatí se realizó con bomba MK-84 de EEUU


TERCERAINFORMACION / 18.10.2023


El hospital Al-Ahli en la ciudad de Gaza fue atacado con una bomba pesada MK-84 de fabricación estadounidense, según informó Wall Street Journal.


Ataque israelí al hospital Al-Ahli en la ciudad de Gaza causó más de 500 muertos, 17 de octubre de 2023.

 

El diario estadounidense reveló que el bombardeo llevado a cabo en la noche del martes contra el hospital bautista de Gaza que mató a más de medio millar de civiles se llevó a cabo por una munición Mark 84 (MK-84), una bomba aérea de caída libre y con un gran poder de destrucción.

Ante los llamamientos internacionales a castigar a los responsables, el régimen de Israel ha rechazado su implicación en la brutal acometida y culpado, sin prueba alguna, al movimiento de la Yihad Islámica Palestina de ella, aunque se sabe que la bomba MK-84 solo puede dispararse desde un avión y la Resistencia palestina no tiene ningún caza.

Por su parte, Sait Ersoy Bereketlioglu, director de la empresa Troy Technology Defense, que se ocupa de las técnicas de producción de ojivas, microcohetes y productos químicos altamente explosivos de grado militar, dijo que las señales de la llegada de la munición al hospital, el sonido y la intensidad de la explosión indican que puede pertenecer a una bomba MK-84 de 2000 libras y no a un simple cohete, según reportó la agencia turca de noticias Anadolu.

ftm/ncl/hnb

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miércoles, 18 de octubre de 2023

Judíos de EEUU piden el fin del genocidio en Gaza

 

Judíos de EEUU piden el fin del genocidio en Gaza

 

TERCERAINFORMACION / 17.10.2023

Cientos judíos estadounidenses, delante de Casa Blanca, pidieron al presidente Biden que deje de apoyar a Israel en su planeado genocidio en Gaza.



Los manifestantes instaron a la Administración estadounidense, presidida por Joe Biden, a presionar al gabinete del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, para que declare un inmediato alto de fuego con los palestinos.

“IfNotNow” y “Jewish Voice for Peace”, dos grupos izquierdistas judíos con sede en EE.UU., organizaron la manifestación antisraelí que celebró el lunes ante la sede presidencial de EE.UU. en Washington D.C.

Los manifestantes judíos acusaron Israel de planear un “genocidio” y subrayaron que el objetivo de su protesta era poner un fin al apoyo de EE.UU. al régimen de Israel, al que describieron como “sistema de apartheid”.

En la congregación resaltaron pancartas en las que se podía leer frases como “Mi dolor no es tu arma”, “Palestina libre” y “Detengan el genocidio en Gaza”.

“Estamos aquí para decirle al presidente Biden, como comandante en jefe del ejército más poderoso del mundo, que debe hacer todo lo que esté a su alcance para exigir un alto el fuego, exigir una reducción de las tensiones, liberar a los rehenes israelíes y abordar las circunstancias subyacentes que nos han llevado a esta pesadilla” declaró Eva Borgwardt, directora política de “IfNotNow”.

Además, los coordinadores de esta protesta anunciaron que están preparados para llevar a cabo actos de desobediencia civil que afecten a los políticos estadounidenses y también amenazaron con bloquear las entradas de Casa de Gobierno.   

Durante esta manifestación, más de 30 participantes fueron detenidos por la policía, conforme publicó la cadena estadounidense ABCNews.

Desde el comienzo de los ataques del régimen de Israel a Gaza, se han multiplicado las manifestaciones por todo el mundo, como en VenezuelaChilePerú Argentina, para expresar solidaridad con Palestina ante los indiscriminados ataques y bloqueo total de Israel.

msr/ncl/mkh

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La niñez en Palestina: resistencia e identidad

 


La niñez en Palestina: resistencia e identidad


Publicado el 18 de octubre de 2023 / Por Palestina Libre

 KAOSENLARED

La infancia asoma a la vida con el dolor hecho carne. No son juegos donde se aprieta un botón y se mueve un ejército. La sangre que corrió por los kibutz israelíes en estos días quedó en las manos de Hamas. Que no es el pueblo palestino cotidiano que busca desde hace décadas sobrevivir y resistir. En medio de la decisión de las grandes potencias que se alinean detrás de Israel y no miran a los ojos de la niñez.


Por Martina Kaniuka

Enseñamos vida. “Nosotros enseñamos vida, señor/Nosotros los palestinos enseñamos vida después que ellos, hayan ocupado el último cielo”. Rafeef Ziadah, poeta, periodista y activista por los derechos humanos libanesa de ascendencia palestina, respondió así a la pregunta que le hizo un periodista, mientras Gaza (entre diciembre del 2008 y enero del 2009) era regada con fósforo desde aviones israelitas.

El ataque llegó a través de un micrófono, en forma de acusación  y se le clavó directo en las fibras de la resistencia. “¿No crees que todo estaría bien si simplemente dejáis de enseñar a vuestros hijos a odiar?, preguntó el periodista. “Nosotros enseñamos vida, señor”, respondió Rafeef, eligiendo contestar pronunciando bien las palabras, dibujando en la boca su mejor sonrisa y sosteniendo, como un prendedor afilado en su pecho, la más autóctona de las costumbres palestinas: la del duro ejercicio de vivir resistiendo.

Rafeef, como la mayoría de las infancias en Palestina, nació en un campo de refugiados. De familia de refugiados palestinos en el Líbano, es la tercera generación que sobrevive al apartheid que Israel lleva en su tierra desde la “limpieza étnica” de la Nakba (catástrofe en árabe) en 1948. Tuvo la suerte de poder migrar, y vivió la mayor parte de su infancia como una golondrina, deportada entre países que, por su origen, se negaban a darle la ciudadanía. “Ilegal” decían los papeles en cada sitio donde su familia intentaba formar un hogar. “Palestina” supo y sabe ella, desde que nació. Escribe desde pequeña y a sus 44 años sabe que la poesía la salvó: poder proferir ese alarido bárbaro por los tejados -y oficinas de la burocracia migratoria- del mundo, escribir esos gritos en un cuarto oscuro, que dicen que existen.

Ya cuentan siete las generaciones que han nacido en campamentos de refugiados. Este 2023, la ONG Save the Children ha denunciado que es el año con más niños muertos a manos de la ocupación israelí en Cisjordania.  Yusef, un niño entrevistado el año pasado por la organización, figura entre los muertos. En 2022 Yusef contaba que su sueño era “mirar cualquier cosa de camino a la escuela, como pájaros y plantas. Quiero ver las cosas que siempre imagino. No quiero oler gas o ver a soldados por todas partes. No quiero tener miedo de salir a la calle. No quiero que mi madre tenga miedo a que pueda resultar herido o que pasee por las calles buscándome por temor a que los soldados israelíes me hayan herido”, dijo.

Niñez en Palestina

Siempre estoy enferma, no sé, no puedo hacer nada, ya ves todo esto, empieza diciendo mientras señala los restos de un edificio bombardeado.  “¿Qué esperas que haga? ¿Arreglarlo? Sólo tengo 10 años”. Nadine muestra su impotencia al mundo frente a la injusticia que invade su tierra y explica que le gustaría ayudar: “Ya no puedo lidiar con esto. Sólo quiero ser médico o cualquier cosa para ayudar a mi gente, pero no puedo. Sólo soy una niña. Ni siquiera sé qué hacer. Me asusto, pero no tanto. Haría cualquier cosa por mi gente, pero no sé qué hacer. Sólo tengo 10 años. Cuando veo todo esto, literalmente lloro todos los días. Me digo a mí misma: ¿por qué nos merecemos esto? ¿qué hemos hecho para que esto ocurra?”.

Sin respuestas, Nadine cuenta a cámara su sueño de ser médica, para curar a su pueblo. El video es de 2021. No lo sabemos pero, es probable que Nadine sea hoy una de las entre 500 y 700* niños que son detenidos y encarcelados al año por el ejército israelí: en los últimos 20 años han sido capturados más de diez mil. Más de diez mil niños son detenidos para ser encarcelados por el único delito de nacer palestinos.

Ser niño en Palestina es habitar uno de los 19 campos de refugiados y vivir bajo un régimen de apartheid, impuesto por Israel desde 1967, en su propia tierra.  Es abrazar la libertad como bandera y horizonte bajo la vigilancia de los puestos de control y el muro ilegal. Es no poder circular para asistir a la escuela. Es nacer en los puestos de control militares y estar sometidos a constantes violaciones del derecho internacional. Ser niño es trabajar en familia para cosechar frutos que serán robados, es crecer en la tierra donde cementan el agua para que mueran de sed y los recursos naturales son saqueados.  Significa que Israel se reserve el derecho a impedir el viaje a otros países o recibir visitas de amistades o familia.

Ser niño en Gaza es sumar a los juegos el cuidado de heridos por bombardeos y habitar ruinas, imaginando palacios. Las infancias palestinas padecen desnutrición y anemia y viven con angustia las deficientes condiciones higiénicas.  El desplazamiento y hacinamiento aumenta las probabilidades en mujeres y niñas de ser agredidas sexualmente. Ser niño en Palestina supone vivir discriminado, bajo leyes racistas como la Ley del Estado Nación Judío, sin posibilidad de reagrupación familiar ni ciudadanía.

Ser niño en Palestina es luchar contra la indiferencia de un mundo que elige borrar su historia, para alinearse detrás del capital.  Pero ser niño, ser niña en Palestina es también haber crecido con la fuerza de quienes empujan hasta hacer crecer ese verano invencible en el pecho, con la firmeza y la dulzura de los que, sin necesitar demasiado, se pintan con la fuerza de la lucha y la rebeldía, otro cielo donde lo que desparrama el viento no son cohetes, misiles y balas, sino los colores de su identidad hecha bandera.

Ser niño en Palestina es festejar cumpleaños entre escombros que fueron hogar, es correr el sentido del miedo, y desafiarlo hasta convivir con él y domesticarlo y convertirlo en una mascota para abrazar con sus seres queridos, con la conciencia de los que aprendieron que cada segundo puede ser el último.

Es resistir, para volver a enseñar esa lección histórica de vida y resistencia que escriben desde hace 75 años: esa que protagonizan firmes, con determinación y fuerza, ante la impavidez de un mundo que hace caso omiso a las reiteradas violaciones de derechos humanos que Israel comete en la ocupación de su tierra.

 

Fuente original: PalestinaLibre.Org

Fuente secundaria remitida a Kaosenlared para su publicación: Pelota de Trapo

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El salvajismo de la guerra contra el pueblo palestino

 

Sin justicia no hay paz. Las acciones de Hamás son reprobables, pero los crímenes que comete Israel lo son mucho más. Y no hay que olvidar que según el derecho internacional, la lucha armada contra una potencia ocupante no es ilegal.


El salvajismo de la guerra contra el pueblo palestino


Vijay Prashad

El Viejo Topo

18 octubre, 2023 

 


¿Quién sabe cuántos civiles palestinos habrán muerto para cuando se publique este artículo? Entre los cadáveres que no podrán ser trasladados a un hospital o a una morgue, porque no hay gasolina ni electricidad, habrá un gran número de niños y niñas. Se habrán escondido en sus casas, escuchando el sonido de los bombarderos F-16 israelíes acercándose cada vez más, las explosiones avanzando hacia ellos como un enjambre de hormigas rojas en persecución. Se habrán tapado los oídos con las manos, agazapados con sus padres en sus oscuras salas de estar, esperando, esperando a que la inevitable bomba golpee su hogar. Para cuando los equipos de rescate lleguen hasta ellos bajo las montañas de escombros, sus cuerpos habrán quedado irreconocibles, y sus familias llorarán mientras se desentierran prendas familiares o enseres domésticos. Así es el tormento de los palestinos que viven en Gaza.

Un amigo en Gaza –que tiene un hijo de 17 años– me dijo la primera noche de este reciente periodo de bombardeos israelíes que su hijo había vivido al menos diez grandes ataques israelíes contra los palestinos de Gaza. Mientras hablábamos, hicimos una lista de algunas de las guerras que podíamos recordar (dado que se trata de guerras de Israel, utilizamos los nombres del ejército israelí para sus ataques contra Gaza):

–Operación Lluvias de Verano (junio de 2006)

–Operación Nubes de Otoño (octubre-noviembre de 2006)

–Operación Invierno Caliente (febrero-marzo de 2008)

–Operación Plomo Fundido (diciembre de 2008-enero de 2009)

–Operación Eco que corre (marzo de 2012)

–Operación Pilar de Nube (noviembre de 2012)

–Operación Borde Protector (julio-agosto de 2014)

–Operación Cinturón Negro (noviembre de 2019)

–Operación Amanecer (agosto de 2022)

–Operación Escudo y Flecha (mayo de 2023)

Cada uno de estos ataques pulveriza las mínimas infraestructuras que permanecen intactas en Gaza y golpea duramente a la población civil palestina. El Ministerio de Sanidad de Gaza registra las muertes y bajas civiles, pero los israelíes y sus cómplices occidentales hacen caso omiso de ellas. Cuando se intensificaron los bombardeos actuales, el periodista Muhammad Smiry dijo: “Puede que esta vez no sobrevivamos”. La preocupación de Smiry no es aislada. Cada vez que Israel envía sus aviones de caza y misiles, la muerte y la destrucción son de una proporción inimaginable. Esta vez, con una invasión a gran escala, la destrucción será de una dimensión nunca vista.

La ruina de Gaza

Gaza es una ruina poblada por casi dos millones de personas. Tras el horrible bombardeo israelí de Gaza en 2014, Naciones Unidas informó de que “la gente duerme literalmente entre los escombros; los niños han muerto de hipotermia”. Se ha escrito una variación de esta frase después de cada uno de estos bombardeos y se seguirá escribiendo cuando este por fin llegue a su fin.

En 2004, el Director de Seguridad Nacional de Israel, Giora Eiland, dijo que Gaza es un “enorme campo de concentración”. Este “enorme campo de concentración” se erigió en 1948, cuando la política de limpieza étnica del recién creado Estado israelí expulsó a los palestinos a campos de refugiados, incluido el de Gaza. Dos años después, la inteligencia israelí informó de que los refugiados de Gaza habían sido “condenados a la extinción total”. Esa sentencia no ha cambiado en los 73 años transcurridos. A pesar de la retirada oficial de los colonos y las tropas israelíes en 2005, Israel sigue siendo la potencia ocupante de la región al sellar las fronteras terrestres y marítimas de la Franja de Gaza. Israel decide lo que entra en Gaza y utiliza ese poder para estrangular periódicamente a la población.

Politicidio

Cuando los palestinos de Gaza intentaron elegir a sus propios dirigentes en enero de 2006, Hamás –formado en la primera Intifada (levantamiento) de 1987 en Gaza– ganó las elecciones. La victoria de Hamás (Movimiento de Resistencia Islámica) fue condenada por los israelíes y Occidente, que decidieron utilizar la fuerza armada para anular los resultados electorales. La Operación Lluvias de Verano y la Operación Nubes de Otoño sumergieron a los palestinos en una nueva dinámica: bombardeos puntuales como castigo colectivo por haber elegido a Hamás en las elecciones legislativas. A Gaza nunca se le permitió un proceso político, de hecho, nunca se le permitió conformar ningún tipo de autoridad política que hablara en nombre del pueblo. Israel ha intentado con la fuerza erradicar la vida política de Gaza y forzar al pueblo a una situación en la que el conflicto armado se convierta en permanente. Cuando los palestinos llevaron a cabo una Gran Marcha del Retorno no violenta en 2019, el ejército israelí respondió con una fuerza bruta que asesinó a doscientas personas. Cuando a una protesta no violenta se responde con la fuerza, resulta difícil convencer a la gente de que siga por ese camino y no tome las armas.

A medida que este conflicto adquiere aires de permanencia, la frustración de la política palestina pasa de la imposibilidad de negociar a la necesidad de la violencia armada. No queda abierta ninguna otra vía. La dirección política palestina, o bien ha sido atada por la Unión Europea y los Estados Unidos, alejándose así de las aspiraciones populares, o bien –si sigue reflejando esas aspiraciones– ha sido enviada a una de las muchas y duras prisiones de Israel (cuatro de cada diez hombres palestinos están o han estado en prisión, mientras que los líderes de la mayoría de los partidos de izquierda pasan allí largos periodos bajo órdenes de “detención administrativa”). El sociólogo israelí Baruch Kimmerling ha afirmado que la política israelí hacia los palestinos ha dado lugar a un “politicidio”, la destrucción deliberada de los procesos políticos palestinos. La única vía que queda abierta es la lucha armada.

De hecho, según el derecho internacional, la lucha armada contra una potencia ocupante no es ilegal. Hay muchos convenios internacionales y resoluciones de las Naciones Unidas que afirman el derecho de autodeterminación: entre ellos, el Protocolo Adicional 1 de los Convenios de Ginebra de 1949, la Resolución 3314 (1974) de la Asamblea General de la ONU y la Resolución 37/43 (1982) de la Asamblea General de la ONU. La resolución de 1982 “reafirma la legitimidad de la lucha de los pueblos por la independencia, la integridad territorial, la unidad nacional y la liberación de la dominación colonial y extranjera y de la ocupación extranjera por todos los medios disponibles, incluida la lucha armada”. No podría haber una declaración más contundente que sancione legalmente la lucha armada contra una ocupación ilegal.

¿Por qué ataca Hamás a Israel? Porque la naturaleza de la ocupación israelí ha impuesto una gramática política a la relación entre palestinos e israelíes. De hecho, cada vez que se produce un modesto avance en las conversaciones – a menudo con la mediación de Qatar – entre Hamás y el Gobierno israelí, esas conversaciones son silenciadas por el sonido de los aviones de combate israelíes.

Crímenes de guerra

Cada vez que estos cazas israelíes martillean Gaza, los líderes de los países occidentales se alinean metronómicamente para anunciar que “están con Israel” y que “Israel tiene derecho a defenderse”. Esta última afirmación –sobre que Israel tiene derecho a defenderse– es jurídicamente errónea. En 1967, las fuerzas israelíes cruzaron las “líneas verdes” israelíes de 1948 y se apoderaron de Jerusalén Este, Gaza y Cisjordania. La Resolución 242 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas pedía la “retirada de las fuerzas armadas [israelíes] de los territorios ocupados en el reciente conflicto”. El uso del término “ocupados” no es inocente. El artículo 42 del Reglamento de La Haya (1907) establece que un “territorio se considera ocupado cuando está efectivamente puesto bajo la autoridad del ejército hostil”. La Cuarta Convención de Ginebra obliga a la potencia ocupante a responsabilizarse del bienestar de quienes han sido ocupados, la mayoría de las obligaciones violadas por el gobierno israelí.

De hecho, en lo que respecta a Gaza desde 2005, los altos cargos israelíes no han utilizado el lenguaje de la autodefensa. Han hablado en el lenguaje del castigo colectivo. En los prolegómenos de los bombardeos en curso, el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, dijo: “Hemos decidido detener la transferencia de electricidad, combustible y mercancías a Gaza”. Su ministro de Defensa, Yoav Gallant, le siguió diciendo: “He ordenado un asedio total a la Franja de Gaza. No habrá electricidad, ni alimentos, ni combustible, todo está cerrado”. Después, el ministro de Energía israelí, Israel Katz, dijo: “He dado instrucciones para que se corte inmediatamente el suministro de agua de Israel a Gaza”. Tras cumplir estas amenazas, han sellado Gaza –incluso bombardeando el paso fronterizo de Rafah con Egipto– y han encerrado la vida de dos millones de personas. En el lenguaje de las Convenciones de Ginebra, esto es un “castigo colectivo”, que constituye un crimen de guerra. La Corte Penal Internacional abrió una investigación sobre los crímenes de guerra israelíes en 2021, pero no pudo avanzar ni siquiera para recabar información.

Los niños se apiñan en sus habitaciones a la espera de las bombas, se sientan a oscuras porque no hay electricidad y esperan –con la garganta reseca y el vientre hambriento– el final. Tras el bombardeo israelí de 2014, Umm Amjad Shalah habló de su hijo Salman, de 10 años. El niño no dejaba ir a su madre, aterrorizado por el ruido de las explosiones y la muerte a su alrededor. “A veces grita muy fuerte”, dice. “Casi parece que se ríe a carcajadas”.

Fuente: Globetrotter.

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martes, 17 de octubre de 2023

El tabú mediático se desmorona en Ucrania

 

PIERRE RIMBERT/SERGE HALIMI. El tabú mediático se desmorona en Ucrania

Le Monde Diplomatique, octubre 2023

 

INSURGENTE.ORG / 17.10.2023 



 

Según el diario The New York Times, Google ha desarrollado un robot capaz de redactar artículos de prensa. No obstante, el tratamiento mediático de la guerra de Ucrania demuestra que los editorialistas son imbatibles en lo que a escritura automática se refiere. En Francia, por ejemplo, una tríada belicosa formada por Le MondeLe Figaro y Libération marca la pauta y reproduce, a veces palabra por palabra, los mismos eslóganes: “Ceder ante Putin supondría una derrota estratégica catastrófica para Occidente. […] Los aliados de Kiev tendrán que acelerar el ritmo y la calidad del suministro de armas”, proclama Le Figaro (10 de agosto de 2023). “Sí, es probable que esta guerra sea larga. La única manera de acortarla es intensificando la asistencia militar a Ucrania”, confirma el editorialista de Le Monde (18 de agosto de 2023). Hay que tener presente, insistía Serge July en Libération (14 de agosto de 2023), que “se trata de una guerra en el corazón de Europa contra los regímenes autoritarios y antidemocráticos que privilegian la fuerza y ​​la tiranía”. France Inter, LCI, BFM TV y la mayoría de los demás medios de comunicación siguen el mismo guion.

 

Decididos a plantar cara –pero a buena distancia de los combates–, los mariscales de la información movilizan a expertos para respaldar sus análisis. Siempre son los mismos, patrullando de una cadena a otra: Thomas Gomart, François Heisbourg, Bruno Tertrais, Michel Duclos, etc. Pero Pierre Servent acapara el protagonismo. “Editorialista político de TF1-LCI”, “asesor de defensa de Le Parisien”, se merecería tener un catre para dormir en los estudios de France Inter, dada la frecuencia con que lo llaman. Su enfoque científico recuerda a veces a Tintín en el país de los soviets. Acusó repetidamente a los rusos de haber saboteado su propio oleoducto Nord Stream 2, pese a que tuvo que precisar: “Reconozco que no tengo pruebas de ello” (LCI, 30 de octubre de 2022). Sin embargo, no hay peligro de que pase por “conspiranoico”; la etiqueta está reservada para las críticas al discurso dominante.

 

La farándula pluralista estaría incompleta sin Isabelle Lasserre, periodista de Le Figaro, también neoconservadora, muy apreciada en France Inter y LCI. Y, sobre todo, sin Raphaël Glucksmann, eurodiputado socialista cuyo último trabajo, La grande confrontation (entre Rusia y las democracias liberales), fue elogiado por el conjunto de la prensa, incluida por supuesto la tríada Le Figaro-Le Monde-Libération. “No cedamos a la tentación de la capitulación”, arengó también en L’Express (24 de agosto de 2023). La portada del semanario, elaborado “en colaboración con LCI”, ordenaba entonces: “¡Resistir!”. El 16 de febrero se había confeccionado otro número especial de L’Express “en colaboración con France Info” titulado “Ucrania debe ganar”.


Pero ¿cómo “resistir” y aún más “vencer” cuando los principales periódicos estadounidenses, incluso el propio presidente Volodímir ­Zelensky, reconocen el estancamiento de la contraofensiva ucraniana y la incapacidad de las sanciones occidentales para destruir la economía y el Ejército rusos? Un público preparado desde el verano de 2022 para los éxitos militares de Kiev gracias a los tanques y misiles estadounidenses podría encontrarse desorientado. Para tranquilizarlo, existen varias soluciones.

Primer truco: cualquier mala noticia se acompaña de la promesa de una mejoría en el futuro. El pasado 2 de agosto, The Wall Street Journal admitió sombríamente que “la incapacidad de Occidente para quebrantar la economía rusa se acompaña de un fracaso en el campo de batalla pese a una serie de entregas de armas letales a Kiev y el apoyo económico a Ucrania”. El Fondo Monetario Internacional (FMI) acababa de elevar sus previsiones de crecimiento para Rusia al +1,5% en 2023, muy lejos del -50% prometido por la Casa Blanca en la primavera de 2022. Sin embargo, gracias a una experta, el artículo podía concluir con una nota tranquilizadora: “La economía rusa no es sostenible a largo plazo. Recuerda a la era soviética y sabemos cómo terminó aquello”. Setenta y dos horas antes, The New York Times recurría a la misma economista: “Un día, podría derrumbarse como un castillo de naipes” (31 de julio de 2023).

 

Mientras llega ese nirvana, bastará con exigir un nuevo “paquete de sanciones” así como una aceleración del suministro de armas, y con hacer pasar a los escépticos por agentes del enemigo. Hace un año, en France Inter, Pierre Haski todavía podía atrincherarse en la negación: “Los amigos de Moscú tratan de abrir un debate sobre la eficacia de las sanciones contra Rusia” (6 de septiembre de 2022). Pero, desde el mes de agosto, los grandes diarios franceses tienen que reconocer el estancamiento de la contraofensiva del Ejército ucraniano, la amplitud de sus pérdidas, el desmoronamiento del apoyo occidental, la falta de perspectivas militares, ya que ahora la prensa estadounidense detalla todas esas cuestiones diariamente.

El relato mediático de una resistencia entusiasta, avisada, arrolladora, audaz, destinada al éxito, se ha ensombrecido. Días después de la invasión rusa, la periodista de France 2 Maryse Burgot insistía en el informativo en el caso de “ese padre de familia [que] nos propone oír a sus hijas cantar el himno ucraniano” (27 de febrero de 2022). El pasado 19 de septiembre, dedicaba más de cinco minutos a los miles de ucranianos que tratan de “librarse del frente” cruzando ilegalmente la frontera con Rumanía, y a los problemas de Kiev para movilizar tropas de refresco –un ángulo hasta entonces reservado a los desertores rusos–. ¿Bastará el anuncio de Zelensky de algunas victorias por venir para enderezar el rumbo?

Segundo método para superar las frustraciones: maximizar lo que está en juego insistiendo en que esa guerra es la nuestra. Sin embargo, la narrativa de “los ucranianos que luchan por nuestros valores” adolece de un equívoco: ¿qué valores? ¿Los del liberalismo-libertario de los Verdes alemanes o los del conservadurismo autoritario de los dirigentes polacos? Periodista de Le Figaro y turiferaria de la campaña de Éric Zemmour en 2022, Laure Mandeville respondió a su manera. Poco después de los disturbios del pasado verano en los suburbios, comparó a los jóvenes franceses en rebeldía, presentados como extranjeros, con los invasores rusos: “Estas dos amenazas existenciales están estrechamente entrelazadas. Ya que en ambos casos Europa se enfrenta a nuevos bárbaros que odian nuestra civilización y que están dispuestos a pisotear todo principio para imponerse. […] En el pasado, la negación del peligro condujo de igual modo a la catástrofe” (Le Figaro, 7 de julio de 2023). Mandeville admitió que esa asociación insólita entre dos figuras sin otro punto en común que el de encarnar (en su opinión) el mal le fue sugerida por el diplomático ucraniano Olexander Scherba. No hay duda de que cuando Scherba se ha reunido con periodistas socialistas o ecologistas ha preferido hacer hincapié en el sueño europeo y la homofobia de los dirigentes rusos.

 

Tercera artimaña: cuando el silencio sobre un error mediático se torna demasiado pesado, la prensa francesa rectifica de tapadillo y en condicional las fake news anunciadas con grandes titulares y en indicativo. El 6 de septiembre, las redacciones imputan la explosión de un misil en el mercado de Kostiantynivka en Ucrania (15 muertos) a “un ataque ruso” (1), en conformidad con la explicación que enseguida da el presidente Zelensky. Pero, esta vez, The New York Times (18 de septiembre) se esfuerza en verificar la información. Su investigación “sugiere en gran medida que la detonación catastrófica proviene de un misil de defensa antiaérea ucraniano errante”. Sin entusiasmo, France Culture, que denunciaba doce días antes “un ataque ruso”, admite que “en realidad podría tratarse de un error del Ejército ucraniano” (19 de septiembre).

 

A medida que entretejen el telón de fondo mediático del conflicto, estas triquiñuelas dibujan un punto ciego cada vez más palmario: el del propio tratamiento periodístico. En otro tiempo, a los directores editoriales les bastaban unas semanas para analizar su propio trabajo. Había una pauta establecida. Llevados ​​por una lucidez exclusivamente retrospectiva, estos deploraban los “deslices” informativos detectados durante conflictos anteriores para declararse, en cambio, muy satisfechos con la cobertura del conflicto en curso. En 1999, mientras la OTAN bombardea Serbia para favorecer la independencia de Kosovo, la prensa retransmite las afirmaciones, a menudo manipuladoras, del portavoz de la Alianza Atlántica. Y los responsables editoriales se felicitan: “Ahora sabemos tomar distancia. En relación con el portavoz de la OTAN, vemos las cosas con perspectiva. Ponemos todo en duda, puesto que no se puede probar nada” (LCI); “Escaldados por la guerra del Golfo, los medios de comunicación franceses pueden citarse como ejemplo: se mantienen –respecto a ambos bandos– al acecho de la desinformación” (Le Journal du dimanche); “Los periodistas tienen mucho cuidado de no hacer ‘propaganda’ para un bando u otro” (Charlie Hebdo); “Kosovo es un buen ejemplo de la capacidad de los periodistas para aprender de los errores del pasado” (Télérama), etc. Sin embargo, seis meses después del fin del conflicto, Le Monde admitirá que “para defender su operación los dirigentes occidentales han comunicado cifras aproximativas de víctimas, falsedades y barbaridades”. Lo que es “barbaridades”, el diario vespertino había publicado unas cuantas, incluida una monumental patraña de guerra, el “plan Potkova”, pseudoproyecto serbio de limpieza étnica de Kosovo (2).

 

Con el conflicto ucraniano, que dura desde hace más de 18 meses, la cuestión del tratamiento mediático ya ni siquiera se plantea, salvo para “descubrir” la realidad de la propaganda rusa. En 1999, el corresponsal de France Inter para la OTAN en Bruselas confesaba con candor: “Creo que nunca fui manipulado, o quizás me manipulaban tan bien que no me daba cuenta”. Esta vez, los activistas confesos de la causa ucraniana, como Léa Salamé en los medios públicos o Darius Rochebin en LCI, tienen como objetivo principal no informar, sino movilizar a su audiencia al servicio de Kiev. El presidente Zelensky no ocultó el hecho de que estaba tratando de “convencer” a los Gobiernos occidentales de que incrementasen la ayuda a su país “presionándolos a través de los medios de comunicación” (The Economist, 16 de septiembre). Al menos, esa guerra ya la ha ganado.

 

Notas:

(1) Véase Mathias Reymond, “Guerre en Ukraine: un missile et deux journalismes”, Acrimed, 20 de septiembre de 2023.

(2) Véase L’Opinion ça se travaille…, Agone, Marsella, 2014

 

Pierre Rimbert y Serge Halimi. Le Monde Diplomatique, octubre 2023

Serge Halimi es Consejero editorial del director de la publicación. Director de Le Monde diplomatique entre 2008 y 2023.

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18.000 personas toman el centro de Madrid en solidaridad con Palestina

 


18.000 personas toman el centro de Madrid en solidaridad con Palestina

 


Por LQSomos

kaosenlared

16 de octubre de 2023 /

 

Por Agencia Mp3.

Desde Atocha partía este domingo la manifestación en apoyo al pueblo palestino y en contra del “genocidio” en Gaza por parte de Israel que ha congregado a más de 18.000 personas.

Reproductor de vídeo

La manifestación, convocada a las 18.00 horas cerca de la estación de Atocha de Madrid, ha terminado su recorrido en la madrileña Puerta del Sol bajo el lema “No en nuestro nombre”, y en la que multitud de manifestantes han ondeado banderas de Palestina y han portado pancartas exigiendo paz y el respeto de los Derechos Humanos.

La calle Atocha ha sido una estupenda caja de resonancia: “¡No es una guerra, es un genocidio!; “¿Cuántos más deben morir?”; “EEUU ampara, UE Clama e Israel arrasa y mata” han sido algunos de los mensajes que los protestantes han compartido en la marcha, enunciando por otra parte proclamas como “Que viva la lucha del pueblo palestino” o “Israel, ¡asesina!”.

La marcha ha terminado su recorrido en la madrileña Puerta de Sol, donde multitud de manifestantes han ondeado banderas de Palestina y han portado pancartas exigiendo paz y el respeto de los Derechos Humanos.

Reproductor de vídeo

El balance diario publicado este domingo por el Ministerio de Sanidad de la Franja de Gaza eleva a 2.450 los muertos y a 9.200 los heridos de diversa consideración desde el inicio de los ataques de las Fuerzas Armadas israelíes.

Por su parte, el jefe de las Fuerzas Aéreas de Israel, el general Tomer Bar, ha anunciado este domingo que sus aviones están facilitando las condiciones para una posible intervención por tierra a gran escala del Ejército en la Franja de Gaza, la primera de este calibre desde la operación Plomo Fundido de 2008…

Reproductor de vídeo

La manifestación de Madrid se suma a las realizadas por todo el estado español y a las celebradas en todos los rincones del mundo de forma multitudinaria.

Fotografías y videos de @pancartera

#PalestineGenocide #Gaza #FreePalestine #PalestinaLibre
#NoEnMiNombre #NoAlGenocidio #MadridconPalestina

Lo Que Somos

 

Israel asesina a 16 periodistas e hiere a otros 20 en Gaza

 

Israel asesina a 16 periodistas e hiere a otros 20 en Gaza

 

TERCERAINFORMACION / 17.10.2023

Israel en sus ataques a Gaza ha asesinado a 16 periodistas palestinos, bombardeado 20 viviendas de corresponsales y atacado docenas de agencias de noticias.



 El Comité de Libertades del Sindicato de Periodistas Palestinos ha informado este martes que desde el estallido de la renovada agresión militar de Israel contra la Franja de Gaza, el pasado 7 de octubre, al menos 16 periodistas palestinos han muerto y otros 20 han resultado heridos.

Las fuerzas israelíes también han bombardeado una veintena de viviendas de corresponsales, de esa cifra, algunas fueron destruidas totalmente.    

Este órgano ha precisado que hasta la fecha no tiene noticias de otros dos comunicadores: el productor de Al-Najah TV, Nidal Al-Wahidi, y el periodista de la Fundación Ain Media, Haitham Abdel Wahed.

Además, durante la agresión en curso, el régimen de Israel ha atacado medio centenar de sedes de agencias de noticias, entre ellas las oficinas de la cadena catarí Al Jazeera, de Palestina TV, de las agencias de noticias Maan y Khabar, así como de los periódicos Al Quds y Al-Alam.

Los expertos advierten de que la fuerzas israelíes matan a los periodistas y bombardean las oficinas de las cadenas de noticias en Gaza para impedir la cobertura de la agresión sionista.

msr/ncl/mkh

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lunes, 16 de octubre de 2023

Inteligencia Artificial: ganancia vs. libertad

 

La implantación de la IA nos asusta, no solo por las escandalosas manipulaciones que permite. Tememos una importante pérdida de puestos de trabajo por su causa. Pero, ¿es eso verdaderamente cierto?


Inteligencia Artificial: ganancia vs. libertad

 

Richard D. Wolff

El Viejo Topo

16 octubre, 2023 

 


La Inteligencia Artificial (IA) es una oportunidad de beneficio para los capitalistas, pero plantea una elección crucial para la clase trabajadora. Dado que la clase trabajadora es la mayoría, esa elección crucial enfrenta a la sociedad en su conjunto. Es la misma oportunidad de beneficio/elección social que se presentó con la introducción de la robótica, los ordenadores y, de hecho, con la mayoría de los avances tecnológicos a lo largo de la historia del capitalismo. En el capitalismo, los empresarios deciden cuándo, dónde y cómo instalar nuevas tecnologías; los trabajadores, no. Las decisiones de los empresarios se basan principalmente en si las nuevas tecnologías afectan a sus beneficios y cómo lo hacen.


Si las nuevas tecnologías permiten a los empresarios sustituir de forma rentable a los trabajadores asalariados por máquinas, aplicarán el cambio. Los empresarios tienen poca o ninguna responsabilidad ante los trabajadores desplazados, sus familias, barrios, comunidades o gobiernos por las numerosas consecuencias de la pérdida de puestos de trabajo. Si el coste del desempleo para la sociedad es de 100, mientras que el beneficio para los empresarios es de 50, la nueva tecnología se implanta. Dado que la ganancia de los empresarios rige la decisión, se introduce la nueva tecnología, sin importar lo pequeña que sea esa ganancia en relación con la pérdida de la sociedad. Así es como ha funcionado siempre el capitalismo.

Un simple ejemplo aritmético puede ilustrar el punto clave. Supongamos que la IA duplica la productividad de algunos empleados. Durante el mismo tiempo de trabajo, producen el doble que antes del uso de la IA. Los empresarios que utilicen la IA despedirán entonces a la mitad de sus empleados. Estos empresarios obtendrán la misma producción del 50% restante de sus empleados que antes de la introducción de la IA. Para simplificar el ejemplo, supongamos que esos empresarios venden esa misma producción al mismo precio que antes. Los ingresos resultantes también serán los mismos. El uso de la inteligencia artificial ahorrará a los empresarios el 50% de sus costes salariales totales anteriores (menos el coste de implantación de la inteligencia artificial) y los empresarios se quedarán con ese ahorro como beneficio añadido. Ese beneficio añadido fue un incentivo eficaz para que el empresario implantara la IA.

Si imaginamos por un momento que los asalariados tuvieran el poder que el capitalismo confiere exclusivamente a los empresarios, optarían por utilizar la IA de una forma totalmente distinta. Utilizarían la IA, no despedirían a nadie, sino que reducirían las jornadas laborales de todos los empleados en un 50% manteniendo sus salarios. Manteniendo de nuevo la sencillez de nuestro ejemplo, el resultado sería la misma producción que antes de utilizar la IA, con el mismo precio de los bienes o servicios y la misma entrada de ingresos. El margen de beneficios seguiría siendo el mismo después del uso de la IA que antes (menos el coste de implantación de la tecnología). El 50% de los días de trabajo anteriores de los empleados que ahora están disponibles para su ocio sería el beneficio que obtendrían. Ese ocio –libertad de trabajo– es su incentivo para utilizar la IA de forma diferente a como lo hacían los empresarios.

Una forma de utilizar la IA produce beneficios adicionales para unos pocos, mientras que la otra forma produce más ocio/libertad para muchos. El capitalismo recompensa y, por tanto, fomenta el modo de los empresarios. La democracia apunta en otra dirección. La propia tecnología es ambivalente. Se puede utilizar en ambos sentidos.

Por lo tanto, es simplemente falso escribir o decir –como hacen tantos hoy en día– que la IA amenaza millones de puestos de trabajo o de trabajadores. La tecnología no hace eso. Más bien, el sistema capitalista organiza las empresas en empleadores frente a empleados y, por lo tanto, utiliza el progreso tecnológico para aumentar los beneficios, no el tiempo libre de los empleados.

A lo largo de la historia, los entusiastas celebraron la mayoría de los grandes avances tecnológicos por sus cualidades de “ahorro de trabajo”. La introducción de nuevas tecnologías supondría menos trabajo, menos penoso y menos degradante. La implicación era que “nosotros” –todas las personas– nos beneficiaríamos. Por supuesto, los beneficios añadidos de los capitalistas gracias a los avances técnicos sin duda les proporcionaron más ocio. Sin embargo, el ocio añadido que las nuevas tecnologías hicieron posible para la mayoría de los trabajadores les fue negado en su mayor parte. El capitalismo –el sistema basado en el beneficio– provocó esa negación.

Hoy nos enfrentamos a la misma vieja historia capitalista. El uso de la IA puede garantizar mucho más ocio a la clase trabajadora, pero el capitalismo subordina la IA al lucro. Los políticos derraman lágrimas de cocodrilo ante el aterrador panorama de los puestos de trabajo perdidos por la IA. Los expertos intercambian estimaciones sobre cuántos millones de puestos de trabajo se perderán si se adopta la IA. Los liberales crédulos inventan nuevos programas gubernamentales destinados a reducir o suavizar el impacto de la IA en el empleo. Una vez más, el acuerdo tácito es no cuestionar si el problema es el capitalismo y cómo, ni buscar la posibilidad de un cambio de sistema como solución a ese problema.

En una economía basada en cooperativas de trabajadores, los empleados serían colectivamente sus propios empleadores. La estructura central de las empresas del capitalismo –el sistema de empleador contra empleado– ya no prevalecería. La aplicación de la tecnología sería entonces una decisión colectiva tomada democráticamente. Con la ausencia de la división del capitalismo entre empleador y empleado, la decisión sobre cuándo, dónde y cómo utilizar la IA, por ejemplo, pasaría a ser tarea y responsabilidad de los empleados como un todo colectivo. Podrían considerar la rentabilidad de la empresa entre sus objetivos para utilizar la IA, pero sin duda también tendrían en cuenta la ganancia en ocio que esto hace posible. Las cooperativas de trabajo asociado toman decisiones que difieren de las de las empresas capitalistas. Los distintos sistemas económicos afectan y conforman de manera diferente a las sociedades en las que operan.

A lo largo de la historia del capitalismo, los empresarios y sus ideólogos aprendieron a defender mejor los cambios tecnológicos que podían aumentar los beneficios. Celebraron esos cambios como avances del ingenio humano que merecían el apoyo de todos. Las personas que sufrían debido a estos avances tecnológicos eran desestimadas como “el precio a pagar por el progreso social”. Si los que sufrían se defendían, eran denunciados por lo que se consideraba un comportamiento antisocial y a menudo eran criminalizados.

Al igual que con anteriores avances tecnológicos, la IA sitúa en la agenda de la sociedad tanto nuevas cuestiones como viejas polémicas. La importancia de la IA NO se limita a los aumentos de productividad que consigue y a las pérdidas de empleo que amenaza. La IA también desafía –una vez más– la decisión social de preservar la división empleador-empleado como organización básica de las empresas. En el pasado del capitalismo, sólo los empresarios tomaban las decisiones con cuyos resultados tenían que vivir y aceptar los empleados. Tal vez con la IA, los empleados exijan tomar esas decisiones a través de un cambio de sistema que vaya más allá del capitalismo hacia una alternativa basada en cooperativas de trabajadores.

Este artículo fue producido para Globetrotter.

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