sábado, 3 de septiembre de 2022

¿Votaría Usted por Hitler?

 

Autor desconocido (DP)

Con el fin de exterminar a todos los judíos de Polonia y la URSS, el Tercer Reich organizó las unidades Einsatzgruppen. En esta imagen vemos a un miembro del Einsatzgruppe D justo en el momento de matar a un hombre arrodillado delante de una fosa común en Vinnitsa, la actual Ucrania, en 1941.

FUENTE: https://www.jotdown.es/

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¿Votaría Usted por Hitler?


Por Rubén Kotler | 22/02/2010 | Argentina

Fuentes: Rebelión

El martes 16 de febrero dio comienzo el juicio por la mega causa del Centro Clandestino de Detención y Torturas, la ex Jefatura de Policía de Tucumán, en el corazón del Noroeste Argentino. Los primeros tres días de sesiones dejaron muchas impresiones y se han convertido en la antesala de los meses por venir. Se […]

El martes 16 de febrero dio comienzo el juicio por la mega causa del Centro Clandestino de Detención y Torturas, la ex Jefatura de Policía de Tucumán, en el corazón del Noroeste Argentino. Los primeros tres días de sesiones dejaron muchas impresiones y se han convertido en la antesala de los meses por venir. Se calcula que el proceso abierto a siete represores de la última dictadura militar por el secuestro y posterior desaparición de 22 personas, podría extenderse hasta el mes de junio o julio. Lo que sigue entonces es una reflexión sobre qué se está juzgando habida cuenta de la avanzada edad de la mayoría de los imputados y ante una sociedad que mayoritariamente parece querer dar vuelta la página de la historia. La pregunta que disparará el presente artículo tiene que ver con la expresión de deseo, que parecen tener ciertos sectores ultra conservadores, que no se juzgue a los represores, alegando, entre otros motivos, su «aparente delicado estado de salud» y su «avanzada edad».

La semana que precedió al inicio del juicio se especuló que éste, podría retrasarse una vez más debido a las complicaciones de salud que aparentemente (siempre, en apariencias) sufría el represor Luciano Benjamín Ménendez. La humanidad de los represores siempre se antepone a la necesidad de las víctimas de conseguir, aunque sea un mínimo y con más de 30 años de atraso, la justicia por los crímenes cometidos por el Terrorismo estatal. Las expresiones de la calle y de ciertos foros cibernéticos son idénticas: han pasado muchos años y mejor mirar los problemas que tenemos hoy; dejen de «torturar» a los abuelitos que además están enfermos; que ya han tenido su merecido; que hay que gastar el dinero de los juicios en los problemas actuales. El listado es grande, hay quienes incluso se animan, desfachatadamente a más: son los héroes de la patria, dejen de juzgarles, merecen reconocimiento por haber limpiado este país de marxistas. Esta añoranza por la mano dura y la vuelta del ejército se expresa en determinados sectores políticos argentinos. Y no hablamos, para el caso tucumano, de los hijos de Bussi, quienes además buscan asesoramiento en materia «de seguridad» en Colombia. Hablo a nivel nacional, cómo determinados personajes piden la vuelta del servicio militar obligatorio, mandan a sus policías a las calles con aparatos capaces de picanear, piden pena de muerte y se regocijan de ver cómo en otros países el verde oliva se impone sobre la población civil. Es así como a los Bussi hay que sumarle el ex presidente Duhalde, el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Mauricio Macri; todos éstos como expresión de importantes sectores sociales que paradójicamente llaman a olvidar el pasado y dar vuelta la página de la historia sin revisión, ni juicio ni castigo, y sin embargo, viven añorando la vuelta de los tiempos oscuros en la que los uniformados, que ahora están siendo juzgados, eran los dueños de la vida y la muerte de los ciudadanos argentinos. Esto que afirmamos aquí es perfectamente aplicable a países hermanos como Chile, donde ya hemos podido escuchar a los seguidores del presidente electo Piñera vivar a Pinochet.

Los dictadores quieren ser como Pinochet

Y claro, es que los generales argentinos emulan a un Pinochet que tienen como ejemplo. Todos recordamos la pantomima del dictador chileno al bajar del avión que lo regresaba a su país desde Inglaterra, donde por algunos meses estuvo preso. Al pisar la pista del avión el dictador se levantó de la silla como si de un milagro se tratara y comenzó a caminar. Comparemos lo sucedido en Tucumán al comenzar el juicio y cualquier similitud con la realidad antes descripta es veraz. Bussi: el dictador alegaba y alega un empeoramiento en su estado de salud y una incapacidad para recordar determinados hechos. Yo he podido presenciar las exposiciones del genocida y ver su firme actitud incluso al increpar a los abogados querellantes y lejos de verle con la salud deteriorada el otrora general de las desapariciones de personas, se encuentra en perfecto estado, no le tiembla el pulso, lo mínimo que uno podría esperar de quien toma todo tipo de medicamento y al no sentirse bien representado por sus abogados defensores, él mismo «interroga» a los testigos, saltando incluso las órdenes de los jueces, quienes desde el estrado le piden moderación. El altercado con la abogada Mirta Mántaras es solo un ejemplo y demuestra una vez más que Bussi no solo no ha cambiado las formas, sino que sigue conservando intacto su espíritu autoritario, aquel que le llevó a comandar la provincia y asesinar a opositores políticos, o ya en «democracia» (valen las comillas) cuando recibió en casa de gobierno a funcionarios con un revólver en su escritorio.

En el caso de Menéndez también habría que destacar que el represor no solo alega problemas de salud sino que desconoce a la justicia civil que lo juzga. Menéndez no ha perdido su «calidad» de militar estructurado, cuadrado, que solo responde en términos militares, recibiendo y dando órdenes. Es el único de los acusados en el juicio de la ex Jefatura de Policía que pidió estar aislado de la sala, siguiendo las instancias del debate en un cubículo de dos por dos acompañado de sus abogados defensores. Si no hubiera tenido la posibilidad de ver a Menéndez en persona, conversando tranquilamente con su defensor, pensaría que al genocida efectivamente le queda poco hilo en el carrete, sin embargo ni la supuesta neumonía ni la actuación de su salida del tribunal por una supuesta descompensación son creíbles. Aquí, la escuela de teatro pinochetista ha sido muy efectiva y los «generales» argentinos han aprendido de su maestro en el don de la actuación. Enferman cuando quieren, pero no les tiembla la voz para amedrentar, incluso dentro de la sala del juzgado, ni le tiemblan las manos para señalar con sus índices, a los que ellos consideran «el enemigo».

Los delitos de lesa humanidad no prescriben

Es cierto que han pasado más de 30 años desde que los últimos militares que asaltaron el poder en Argentina dieran comienzo al Plan sistemático de exterminio. Es cierto que algunos de los degenerales que llevaron a cabo el «genocidio» están viejos y enfermos, algunos incluso más cerca de la muerte. Es cierto que algunos cobardes manifiestan su propia cobardía de enfrentar a un tribunal civil llorando. Pero no es menos cierto que los delitos cometidos por el Estado terrorista no prescriben, así hayan pasado 40 años o más, el ejemplo de Nüremberg debe primar.

 Muchos pueden preguntarse qué sentido tiene el juzgar a estos tipos cuando están en el epílogo de sus vidas. La respuesta es simple: estos juicios y los que deberían juzgar a los cuadros medios e inferiores, deben ser «aleccionadores», deben servir de basamento moral y ético para establecer cuál es el límite dentro del cual un ser humano cualquiera y en especial aquellos que ejercen el poder del Estado, pueden actuar. Decía Marx que la historia se repetía una vez como tragedia y luego como farsa. Por un lado ya hemos tenido en la historia argentina momentos de tragedias y de farsas. Por otro debemos comprender que la actual crisis que se abate sobre el país, es una crisis cuyos orígenes hay que buscarlos en el modelo económico y social que vino a implementar a sangre y fuego los dictadores que ahora se sientan en el banquillo de los acusados: el capitalismo en su fase más salvaje.

Mirta Mántaras lo explicó con solvencia durante su testificación. El golpe del ’76 estuvo perfectamente planificado y el proyecto de su ejecución fue controlado y avalado por el mismísimo Departamento de Estado en Estados Unidos. Ese modelo impuesto a sangre y fuego, de manera ilegal e ilegítima, creando miles y miles de excluidos e indigentes que viven en la miseria más absoluta, es el que hoy prima en nuestro país. Porque todo tiene un origen y las políticas criminales de los genocidas tuvieron su corolario en la crisis estructural que vive desde entonces Argentina. De Alfonsín a la fecha, los presidentes elegidos en las urnas no hicieron otra cosa que cumplir a pie juntillas el plan económico y social impuesto en aquellos oscuros años 70. Una generación entera fue desaparecida entonces, otras generaciones han sido postergadas tras el retiro a los cuarteles de los dictadores. Si no comprendemos esta ecuación entonces seguiremos postrados en la crisis eterna creyendo que lo sucedido durante el genocidio nada tiene que ver con nosotros.

De Hitler a Bussi, pasando por Pinochet

Conviene recordarlo una vez más. Un día después de las elecciones presidenciales chilenas, los seguidores del presidente electo, Piñera, vivaban a Pinochet y le ofrendaban el triunfo electoral al dictador fallecido. Entre estas manifestaciones y los comentarios que uno puede leer en los periódicos locales de Tucumán, vivando a los genocidas y dándoles fuerza en momentos en que se desarrolla el juicio por los delitos de lesa humanidad, uno reflexiona sobre qué hemos aprendido de nuestra historia. En todo caso estas expresiones son el fiel reflejo del valor que «las democracias occidentales» pueden tener y lo poco que valen ciertos valores morales y éticos, lo poco que importa el pasado y en todo caso una justificación de los medios a costa de determinados fines. Sin embargo creo que parte de la población que viva a los Bussi, a los Menéndez o a los Pinochet, desconoce el horror de los Centros Clandestinos de Detención, no comprende que el Arsenal Miguel de Azcuénaga pudo haber sido el Auschwitz tucumano, como lo expresan algunos abogados defensores de los DDHH, como Laura Figueroa. A una población convencida del valor de las dictaduras y los genocidios difícilmente pueda uno tratar de explicarle lo sucedido. Sin embargo, estimo, que gran parte de los apoyos que reciben los dictadores hoy, tienen que ver con el desconocimiento de la historia reciente de nuestros países. Creo que más allá del fascismo residual que queda en nuestras sociedades existe un núcleo importante de población que ignora la magnitud de los genocidios latinoamericanos. A éstos últimos uno debería hacerle la siguiente pregunta: ¿Votaría Usted por Hitler?

Es que tampoco imaginan un Hitler anciano, actuando para las cámaras de TV, haciéndose pasar por enfermo, con cara de abuelito que da de comer a las palomas un domingo en la tarde en la Plaza de Mayo. Y no lo imaginan porque esa imagen no existe. La vejez entonces puede generar efectos contrarios, sobre todo cuando iconográficamente se la muestra con los achaques propios del paso del tiempo. Y esto fue lo que he discutido con algunos militantes tucumanos acerca de una muestra fotográfica que mostraba imágenes del primer juicio a los dictadores llevado a cabo en 2008. En la muestra las fotos «más conmovedoras» no parecían ser la de los familiares de las víctimas con sus fotos en la mano, sino la imagen de Bussi con un tubo de oxígeno postrado en una silla de rueda, foto que «enternece» a quien no sabe que detrás de ese «viejito lloroso» se esconde el Hitler tucumano. Aquel que en nombre de la civilización occidental y cristiana asesinaba a los detenidos políticos a punta de pistola en los campos de concentración a su cargo. Bussi es Hitler, solo que nuestro Hitler criollo ha envejecido y a quienes desconocen la historia causa piedad. En eso reside la propaganda que los hijos del general apuestan.

Veamos lo que dice su hijo mayor, José Luis Bussi: «Antonio Bussi es un hombre de 84 años; dio lonjas de su vida por los tucumanos y tiene las ñañas de cualquier persona a esa edad». Acto seguido el hijo de B. recalcó que su padre es un preso político. Habría que explicarle a Bussi (H) que su padre es un preso VIP y que presos políticos eran los detenidos desaparecidos que fueron secuestrados ilegalmente sin garantías algunas, garantías de las que goza su padre cuando incluso, al momento de declarar, puede evadir «el banco de los acusados». ¿Qué clase de preso político cumple condena en un Country? ¿Los desaparecidos por su padre? La respuesta es obvia.

Insistimos entonces en confundir la imagen de Hitler con la de Bussi, de la misma manera que la podríamos confundir con la de Menéndez, la de Videla y con la de tantos genocidas que en la fecha están siendo juzgados en los tribunales. Lejos de toda piedad, si Hitler viviera y lo encontráramos en una plaza dando de comer a las palomas, no dudaríamos ni un instante en exigir a Nüremberg que siente en el banco de los acusados al genocida. Detrás de los 84 años de Bussi, y amén de los triunfos electorales, existe una necesidad moral y ética de juzgar y sentenciar al criminal. En lo personal, y aún cuando verdaderamente Bussi o Menéndez estuvieran enfermos, cuestión que insisto, me generan dudas, no sentiría la mínima piedad por ellos. No son venerables ancianos: SON genocidas. Y esto es lo que hay que explicarle a esa sociedad que lo ignora. El hecho que haya ganado todas las contiendas electorales en las que participó no le condona los crímenes de lesa humanidad cometidos. En este sentido no estoy de acuerdo con aquello que los pueblos no se equivocan y ante la ignorancia que conduce a votar por un genocida, el papel de los historiadores y educadores por explicar quién es quién y qué hizo cada actor social es importante. Insisto en la pregunta sobre las opciones electorales de un Hitler. Y vuelvo una vez más a recalcar la necesidad de explicar a nuestras sociedades la historia y darles a conocer sin miedos ni prejuicios lo sucedido. Aunque nos vaya la vida en esto. Pues la dignidad de las generaciones futuras y la construcción de otro modelo social justo y equitativo solo puede erigirse sobre los basamentos de los dos principios que las organizaciones de derechos humanos han levantado como bandera históricamente: la Verdad y la Justicia. De lo contrario volveremos a repetir nuestra historia como tragedia una vez más y nos lamentaremos de no haber juzgado, por lo menos, a los máximos responsables del genocidio.

Blog del autor: www.rubenkotler.com.ar

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La crisis ucraniana, el proyecto euroasiático y el paso grand écart de Putin


Tal día como hoy de 1931 nacía en El Cairo uno de los intelectuales marxistas más brillantes de la izquierda contemporánea: Samir Amin. Este fragmento, perteneciente al título Rusia en la larga duración, publicado por El Viejo Topo en 2015, se anticipa a lo que hoy sucede.


La crisis ucraniana, el proyecto euroasiático y el paso grand écart de Putin

 

 


Samir Amin

El Viejo Topo

3 septiembre, 2022 

 

La crisis ucraniana en curso funciona como un indicador del balance actual de la historia de Rusia (y de Ucrania, por supuesto). Arroja plena luz sobre la índole de las oligarquías que se han adueñado de los poderes establecidos, el lugar de la nomenklatura de los países de la ex Unión Soviética y sobre sus salvajes opciones capitalistas (que Alexandre Buzgalin califica como «capitalismo de Jurassik Park»). Revela sus ambiciones y las limitaciones de lo que dichas opciones pudieran hacer en ese sentido, su aceptado sometimiento al estatus de correa de transmisión de la dominación mundializada del capital financiero del imperialismo colectivo de la tríada, pero también –en lo que respecta a Rusia– la posibilidad que ellas tienen de emprender otra vía acercándose a países emergentes (Rusia pertenece al grupo de los BRICS). La crisis ucraniana, por tanto, revela que las condiciones necesarias para garantizar su eventual éxito en esta vía están lejos de reunirse. Pero también revela –como es obvio– las verdaderas ambiciones de los poderes dominantes de la tríada imperialista, tales como los medios poco escrupulosos que emplean para lograr sus objetivos, que van desde la manipulación de pueblos ociosos hasta la práctica del terror a cargo de milicias fascistas. El conflicto ucraniano, por consiguiente, se inscribe en el marco más amplio de ese que opone, por un lado, la estrategia desplegada por Washington y sus aliados europeos subalternos y, por otro, las aspiraciones –aunque confusas– de los pueblos, de las naciones, y con certeza de los Estados de las periferias contemporáneas –Rusia y los demás países de la ex Unión Soviética, al igual que todos esos países de Asia, de África y de la América Latina. En mis conclusiones volveré a tocar esta apertura mundializada de las interrogantes planteadas por las crisis actuales en Rusia y en Ucrania.

Es un hecho que los Estados Unidos y Europa organizaron en Kiev, en marzo de 2014, un verdadero putsch «euro-nazi». La retórica del coro mediático occidental que se regodea con promesas de democracia es pura y simplemente una falsedad. Las potencias de la tríada no han promovido la democracia en ninguna parte. Por el contrario, han apoyado siempre a los adversarios más encarnizados de la democracia, fascistas incluidos, rebautizados como «nacionalistas». En la ex Yugoslavia, los europeos han apoyado a los nostálgicos del fascismo croata, reexpedidos de su exilio canadiense; en Kosovo dieron el poder a las mafias de la droga y de la prostitución; en los países árabes siguen apoyando el Islam político más reaccionario, financiado este por las nuevas repúblicas democráticas en que se habrían convertido la Arabia Saudita y Qatar, si se cree en las falacias de los medios de comunicación occidentales. La intervención militar en Irak y en Libia ha destruido estos países, sin promover en ellos la menor promesa de democracia. En Siria, el apoyo militar de las potencias de la tríada a los «islamistas», directamente o por intermedio de la Arabia Saudita y Qatar, no promete nada mejor.

El poder autoproclamado de Kiev tomó la precaución de darse una apariencia de legitimidad por medio de elecciones. Los candidatos a esas elecciones incluso tomaron la precaución de no asumir los nombres de las milicias fascistas que les llevaron al poder. Ello permitió a los medios de comunicación occidentales presentarlos como ¡«nacionalistas demócratas»! De hecho se trataba de una farsa electoral, aquí como en otras partes (en el mundo árabe, por ejemplo). La represión brutal de todas las resistencias al proyecto de la junta –prohibición de los partidos calificados de «pro-rusos», control sobre los medios de comunicación, masacre de los opositores, como en Odesa (¡la justicia controlada por las milicias absteniéndose de perseguir a los criminales para ensañarse con las familias de las víctimas!)– no ha sido objeto de ningún comentario por el coro mediático de la tríada. Estos medios de comunicación atribuyen la responsabilidad del drama ucraniano solo a las desmesuradas ambiciones expansionistas de Putin, acusado de haber violado la independencia de las naciones (mediante la anexión de Crimea y el apoyo a los separatistas del Estado ucraniano). Curiosa acusación proveniente de los que han violado sin titubear la independencia de Serbia, de Irak, de Siria y persisten en extender ese intento a otros.

El obstáculo con que choca el poder de Kiev no es solo de una naturaleza «étnica» que opondría a los rusoparlantes y a los de habla ucraniana. Ciertamente las fronteras de las repúblicas de la ex URSS habían sido voluntariamente diseñadas por el poder soviético, dando la mejor parte a los nacionalistas no rusos en un espíritu de ruptura con el chovinismo de la Gran Rusia. El ejemplo de Crimea, que nunca había sido ucraniana, es prueba de ello. Donetsk y Odesa tampoco habían sido nunca «étnicamente» ucranianas. Al igual que las fronteras de las repúblicas yugoslavas, estas jamás fueron diseñadas para convertirse en las fronteras de Estados secesionistas. Putin no es probablemente un héroe de las causas democráticas, pero aquí no hace más que apoyar a todos los que rechazan en Ucrania la colonización euro-alemana que Bruselas quiere imponer tal como lo ha hecho en Europa oriental, en Grecia y en Chipre. Y no son solo los «rusoparlantes» de Ucrania quienes podrían rechazar el proyecto de los europeos, a pesar de que los poderes despóticos ejercidos por la junta de Kiev no permitan expresar esta oposición al proyecto euro-alemán.

Rusia está en busca de un lugar en el sistema mundial de nuestros días y del mañana. Rusia está ya cercada por las fuerzas de la OTAN. La amenaza no es un resultado de las alucinaciones de Putin. Es real y ha surgido a causa de la violación por los Estados Unidos y Europa de su compromiso de no integrar en la OTAN a la Europa oriental, en particular a los Estados bálticos. En la actualidad la amenaza consiste en integrar a su vez a Ucrania en esta organización bélica. ¡No obstante, debería saberse que las promesas no cumplidas constituyen el pan diario de las políticas del imperialismo (desde 1492)! Era preciso, pues, ser muy ingenuo para creer en la palabra de Washington y de Bruselas. Esta ingenuidad se manifestó de nuevo cuando Rusia y China se abstuvieron de utilizar su derecho al veto en el Consejo de Seguridad para quitar toda legitimidad a la agresión contra Libia. Pero parece que Moscú y Beijing por fin han aprendido la lección de sus meteduras de pata. En respuesta al proyecto expansionista de los Estados Unidos y de la Europa alemana, Putin parece haber apoyado el proyecto de construcción de una vasta alianza de los pueblos de la ex URSS.

Este proyecto es ya conocido con el nombre de alianza de los pueblos «euroasiáticos». No se trata de un invento artificial reciente. En el capítulo primero de este libro yo señalaba que esta idea respondía, desde hace siglos, a la búsqueda por Rusia de la definición de su lugar en el mundo. Y no veo por qué se le negaría ese derecho a los rusos y a los demás pueblos de la ex URSS.

El combate emprendido por Moscú contra el orden imperialista, en Ucrania y en otras partes, solo podrá triunfar si cuenta con el firme apoyo de los pueblos involucrados. Este apoyo solo será posible si Rusia se libera del yugo neoliberal que, aquí, como en otras partes, está en el origen del desastre social. Putin lleva a cabo hasta ahora el peligroso ejercicio de abrise de piernas, asociando, por un lado, la continuación de su desastrosa política interna y, por otro, la defensa de los legítimos intereses de una Rusia independiente.

Abandonar el neoliberalismo y salir de la mundialización financiera son en adelante necesarios y posibles. Esta exigencia no se refiere solo a la Rusia de hoy, es también válida para los BRICS y para todos los países del gran Sur, tal como diré en mis conclusiones. Sin embargo, actualmente hay segmentos de la clase política que gobierna a Moscú que están dispuestos a adherirse a un capitalismo de Estado, capaz, a su vez, de abrir la vía para un eventual avance hacia la socialización democrática de su gestión.

Pero si la fracción compradore de las clases dirigentes rusas –beneficiarias exclusivas del neoliberalismo– es la que prevalece, entonces las «sanciones» con que Europa amenaza a Rusia podrían dar sus frutos; los compradore están siempre dispuestos a capitular para preservar su parte en el producto del saqueo de sus países. Rusia no podría entonces rechazar su colonización por el imperialismo de la tríada. Y perderá, mientras espera, la batalla en Ucrania.

Fragmento del capítulo 6 de Rusia en la larga duración.

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¿Quién intentó matar a Cristina? Fue el odio. [En España, al igual que en el resto del mundo, los trabajadores representamos la inmensa y aplastante mayoría de la población (¿se va entendiendo con tan sólo este dato el por qué las clases dominantes, o sea, el gran capital, necesita imperativamente tenernos engañados y controlados socialmente permanentemente?) Y tenemos encima una que no es floja con claros síntomas (que ya no son síntomas sino datos) de ser cada vez peor. Por esta razón, entre otras muchas, deberíamos tener los trabajadores cuidadito cuidadin con la sarta de mentiras y descalificaciones de tipo personal que diariamente nos están escupiendo algunos angelitos desde los más grandes medios de comunicación, todos ligados de una manera u otra a los grandes capitales, y algunos pertenecientes al Estado de El Vaticanos, que en España al menos, andan como Pepe Luis por su casa, o sea, como quiere. ¿O no?, Herrera Carlos, locutor de ustedes de la Cadena Cope para estar bien informados]

 

¿Quién intentó matar a Cristina?


Fue el odio

 

Ezequiel Ipar

Rebelion

03/09/2022 

 


Fuentes: Revista Anfibia


El intento de asesinato a la vicepresidenta Cristina Kirchner es el “acontecimiento de violencia política más previsible de la historia argentina”. Esto podía pasar, analiza Ezequiel Ipar, porque una red de ideología, medios y tecnologías de comunicación preparaba algo así. Decían: las palabras que apelan a la destrucción del adversario político no importan. Las palabras sí importan y hoy explican esta secuencia trágica.

A pesar de la consternación que genera el intento de asesinato de la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner estamos ante la certeza de que se trata del acontecimiento de violencia política más previsible y explicable de la historia reciente. Esto que finalmente se materializa con brutalidad, que observamos en la crudeza registrada en la imagen del arma de fuego lanzada sobre una de las principales dirigentes del país, responde y se explica por un proceso social, político-ideológico y mediático muy claro y muy preciso. En la historia inmediata tenemos el hostigamiento y la persecución en el proceso judicial del fiscal reproducida por los medios de comunicación. Si a eso se le agregan las declaraciones desafortunadas de dirigentes políticos, los pedidos de pena de muerte, más la serie de acontecimientos que se vienen sucediendo sólo en el último año, hay un primer registro que explica por sí solo esa fotografía trágica.

Luego, hay que reponer el circuito para alentar los discursos de odio contra los políticos que trazan las redes sociales, los medios de comunicación, influencers políticos y los movimientos de estetización de la violencia en las calles. En este caso es contra una determinada orientación pero en realidad es contra la vida política democrática en general. Esto emergió. Pasó por este circuito en donde se supone que las palabras no hacen nada y terminó en un hecho político gravísimo, comparable con acontecimientos como la violencia política que culminó con la toma del Capitolio en los Estados Unidos, la radicalización de grupos de derecha en Europa o las múltiples manifestaciones de violencia política en el Brasil de Bolsonaro. Esto podía pasar porque esa red de ideología, medios y tecnologías de comunicación estaban preparando, ni siquiera silenciosamente, este tipo de acontecimientos. El contexto político-ideológico marcado por una creciente intolerancia y el autoritarismo político merece de modo urgente nuestra atención. 

El atentado se explica por la creciente intolerancia y autoritarismo político.

En el transcurso de este último año se acumularon declaraciones y posicionamientos que componen el sistema dentro del que hay que pensar este hecho: las declaraciones explícitas del magistrado Rosenkrantz mediante las que descalifica la doctrina de uno de los principales partidos políticos del país, la profundización del sesgo en la persecución y la condena que hace el sistema judicial contra funcionarios y ex-funcionarios políticos (frente a los mismos hechos castiga sistemáticamente a unos y exculpa siempre a los otros), la desproporción entre los crímenes que se imputan y las penas que se proponen (con la pena de muerte siempre como acicate fundamental), la negación de la igualdad de las inteligencias para razonar públicamente, la normalización en los medios de comunicación de mensajes que abiertamente propician y justifican la desaparición de un partido político, la creciente estetización de la violencia en las redes sociales que discuten cuestiones políticas y, last but not least, las declaraciones de importantes dirigentes políticos, en algunos casos parlamentarios y líderes de fuerzas políticas, que plantean la disputa bajo la lógica anti-democrática del “ellos o nosotros”. 

En todos estos casos se apela a una supuesta racionalidad de los pronunciamientos y las declaraciones públicas que justifican este tipo de destrucción masiva del adversario político, cuestión que no deja de generar efectos paradójicos en las identidades y las ideologías.

Este hecho es comparable con la violencia política que culminó con la toma del Capitolio en los Estados Unidos, la radicalización de grupos de derecha en Europa o las manifestaciones en el Brasil de Bolsonaro.

Estos pronunciamientos creen que siguen criterios elementales de racionalidad cuando llegan al punto de justificar la exclusión o directamente la violencia política. Racionalidad que aparece siempre como respuesta, como reacción defensiva frente a una amenaza: “como ellos son violentos no nos queda otra alternativa que no sea la violencia”, “como hacen demandas infinitas de imposible cumplimiento no nos queda más que excluirlos”, “como critican la verdad de nuestras ideas sólo podemos asumirlos como incapaces para pensar por sí mismos”. 

La distancia entre lo que devuelve el espejo en el que los ciudadanos se reconocen y las prácticas sociales en las que efectivamente desarrollan su vida social es algo que afecta y fisura desde dentro a todas las posiciones ideológicas. Pero estamos frente a algo diferente cuando un juez de la corte suprema hace una proclama en la que se convoca al filósofo liberal Rawls para luego terminar condenando con retórica jurídica a la doctrina comprensiva de un partido por el mero hecho de que pretenda alojar derechos sociales dentro de la constitución de un Estado racional. Lo mismo vale para el supuesto liberalismo del legislador que vocifera como praxis política recomendada la consigna “ellos o nosotros”. También para los funcionarios que se apresuran a identificar la crítica pública de decisiones políticas o jurídicas con un acto de incitación a la violencia. 

Las declaraciones que justifican este tipo de destrucción masiva del adversario político generan efectos paradójicos en las identidades y las ideologías.

Si se afirma que criticar en el espacio público las decisiones de un juez o de un funcionario es un acto de violencia y una irracionalidad política que el Estado tendría que sancionar, entonces lo que se propone es que todas las decisiones importantes del Estado, sobre todo las que tienen que resolver conflictos, deben tomarse dentro de un espacio cerrado y ser aceptadas en silencio. Pero ese modelo de gestión del capitalismo -porque en buena medida de eso trata la cuestión de fondo- no guarda relación con los principios de las democracias liberales. Más bien se parece al fundamento cotidiano de los Estados autoritarios y de los partidos políticos iliberales. Este es el juego de espejos invertidos en el que los partidos de derecha en Argentina sucumben y hoy les impide terminar de asumir su compromiso con una democracia pluralista basada en la protección de los derechos humanos.  

Toda esta movilización de fantasías autoritarias no sólo deteriora la calidad de la democracia sino que explican la secuencia trágica que vimos una y otra vez esta noche imposible de olvidar. 

Ezequiel Ipar. Sociólogo (UBA), Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y Doctor en Filosofía por la Universidad de Sao Paulo (USP). Es Investigador del CONICET y profesor en el área de teoría sociológica en la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Fuente: https://www.revistaanfibia.com/atentado-a-cristina-fernandez-de-kirchner-fue-el-odio/

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viernes, 2 de septiembre de 2022

Los Objetivos de Desarrollo Sostenible ante la crisis multidimensional

 


Los Objetivos de Desarrollo Sostenible ante la crisis multidimensional


Alejandro Alemán

KAOSENLARED

2 de septiembre de 2022 


En el año 2015 la Asamblea General de las Naciones Unidas, organismo donde están representados todos los países miembros de la ONU, estableció 17 objetivos globales interconectados con el fin de aspirar a un mundo más justo y sostenible a través del desarrollo de políticas comunitarias. Con los denominados Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) se estableció la Agenda 2030, que se constituyó como un nuevo mantra comunicativo en el espacio político y mediático ya que parecía que nos encontrábamos ante la antesala de las políticas de cooperación internacionales para poner fin a los lastres económicos, sociales y ecológicos derivados del sistema capitalista. Debemos recordar que uno de los axiomas clásicos del capitalismo y el libre mercado es que la globalización y el crecimiento económico traería consigo el desarrollo de las economías menos competitivas por una especie de efecto goteo de redistribución del beneficio y la riqueza que permitiría a los denominados países subdesarrollados mejorar las condiciones de vida de su población y acercar a sus comunidades al desarrollo económico y social que había experimentado la sociedad occidental.

La premisa siempre fue falsa y por lo tanto había que hacer política para cubrir las deficiencias globales derivadas de la economía de mercado y el colonialismo.

Junto a objetivos sociales y económicos como “Fin de la pobreza”, “Hambre cero”, “Educación de calidad”, “Igualdad de género”, “Reducción de las desigualdades” “Trabajo decente y crecimiento económico”, entre otros, nos encontramos con objetivos derivados de la crisis climática y que coinciden en el tiempo con el desarrollo del Acuerdo de París por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en un intento por limitar el
aumento de temperatura global.

La crisis medioambiental se conformaba como prioridad política ante una situación que sin las acciones necesarias provocaría (y provocaba) disrupciones en el sistema planetario que impediría el normal desarrollo de la vida en la tierra poniendo en peligro ecosistemas,  millones de vidas y el crecimiento infinito. Los objetivos sociales y económicos se completaron con objetivos de corte más ecológico como “Acción por el clima” “Vida submarina” “Vida de ecosistemas terrestres” “Ciudades y comunidades sostenibles”, “Energía asequible y no contaminante”, “Producción y consumo responsables”.

El último de ellos “Alianzas para lograr los objetivos” establecía la necesaria cooperación internacional para materializarlos, y a partir de ese año comenzamos a ver pines, pegatinas y logotipos de estos famosos ODS impregnando la publicidad institucional que anunciaba una agenda globalista que quería poner fin a las desigualdades económico-sociales y a la crisis medioambiental.

Ya en el ecuador de la Agenda, hacer un pequeño balance sobre el estado de progreso de la mayoría de las objetivos nos permite ver que el proyecto político está siendo un fracaso, y observando lo que denominan la coyuntura actual derivada de la crisis energética y la guerra de Ucrania, que realmente es una situación estructural en la que nuestro sistema está chocando con los límites biofísicos, nos aproximamos a la segunda mitad de un proyecto que puede terminar con un catastrófico empeoramiento del estado inicial de los objetivos.

Por ejemplo, si analizamos el objetivo 1º “Fin de la pobreza”, en 2015 el Banco Mundial estimaba que 730 millones de personas vivían bajo el umbral de pobreza extrema establecido en “menos de 1.90 dólares al día”, y proyectaba para 2030 que la cifra se reduciría a 479 millones de personas [^1]. Lejos del objetivo del fin de pobreza establecido, igual más una referencia que una finalidad, las estimaciones de Oxfam basadas en datos recogidos por el Banco Mundial proyectan un aumento adicional en este año de 263 millones de personas que sumaría un total de 860 debido al “impacto combinado de la pandemia del COVID-19, el aumento de la desigualdad y la crisis de precios de los alimentos”. Según datos del informe de Oxfam, 3.300 millones de personas podrían vivir este 2022 por debajo del umbral de pobreza de 5.50 dólares al día. Estamos hablando de casi la mitad de la humanidad.

Actualmente asistimos a un retroceso catastrófico en la seguridad alimentaria global y ésta no se debe sólo al elevado precio de la energía que ha repercutido en el desarrollo de un gran periodo inflacionario, sino también a las malas cosechas mundiales de cereales que han visto mermada su producción debido a las sequías que se están sufriendo en países productores elevando aún más el precio de los alimentos. El objetivo 2º “Hambre cero” se encuentra en serio riesgo de aumentar los valores que establecía la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) en 2015, que situaba en 670 millones el número de personas afectadas por el hambre en el mundo. Según el último informe “Estado de seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2022″ de la FAO, entre 702 y 828 millones de personas sufrieron hambre en 2021, añadiendo 180 millones de personas al número inicial de 2015].

Sus proyecciones (optimistas), prevén que para 2030 alrededor de 670 millones de personas se encontrarán en situación de hambre, el mismo número que en 2015. Serán 15 años en los que no se habrá producido ningún progreso. 

El aumento de precios, la crisis climática y los conflictos armados profundizan una situación de injusticia en el acceso a los alimentos en un mundo que produce suficiente para alimentar al conjunto de la población, pero donde la cínica inacción política a través de la falta de acuerdos y financiación imposibilitan el mínimo progreso en una situación agravada después de la pandemia del COVID-19.

La crisis de desigualdad también se ha pronunciado desde la pandemia desencadenando en un retroceso del objetivo nº10 “Reducción de las desigualdades”. Aunque el objetivo no sólo se refiere a desigualdades económicas, centrándonos en este aspecto podemos ver como el “World Inequality Report” de 2022 afirma que “las desigualdades contemporáneas están cerca de los niveles de principios del siglo XX, en el pico del imperialismo occidental”. Entre 2019 y 2021, la riqueza del 0,001% más rico creció un 14%, en un periodo en que la riqueza global promedio creció sólo un 1%. Mientras el mundo sufría las consecuencias económicas y sanitarias de la pandemia, los multimillonarios aumentaban sustancialmente su fortuna.

En nuestra sociedad, el 10% más rico de la población mundial continúa poseyendo el 76% de la riqueza y apenas ha variado desde el inicio de la Agenda.

La pandemia y la situación crítica de los objetivos anteriormente señalados afectan profundamente al objetivo nº3 “Salud y Bienestar”, en un mundo que ha sufrido las consecuencias del COVID-19 tanto en la salud física como mental y que se enfrenta a nuevos desafíos ante la proliferación de nuevas enfermedades. También observamos graves retrocesos en el objetivo nº5 “Igualdad de género” con la sentencia del Tribunal Supremo de EEUU sobre el aborto y con las consecuencias de la crisis que afectan especialmente a las mujeres con menos recursos y extremadamente delicada es la situación del objetivo nº6 “Agua limpia y saneamiento” en un mundo acechado por “la crisis inminente del agua” como advertía la misma ONU debido a las consecuencias del cambio climático y el aumento de las temperaturas que están propiciando un crecimiento del número de inundaciones y una prolongación de las sequías en el planeta (Cuerno de África, megasequía en Chile central).

El informe “The State of Climate Services 2021: Water” de la Organización Mundial de Meteorología, advierte que más de 2000 millones de personas viven bajo condiciones de “estrés hídrico” y estima que para 2050 más de 5000 millones de personas sufrirán algún problema de normal acceso al agua potable.

Este año se ha materializado con severidad la crisis energética global, que ya venía gestándose al haber superado los picos máximos de producción del petróleo, el carbón y previsiblemente el gas. Nuestro sistema energético hiperdependiente ha sufrido las consecuencias de las sanciones a Rusia, principal exportador de la UE, en un periodo de alza de precios del combustible dónde ya antes del inicio del conflicto el barril de Brent se vendía a más de 100$, un precio crítico para el normal desarrollo de las economías.

La escasez de combustibles fósiles y el encarecimiento de la energía está desembocando en un auge de la inestabilidad social por las limitaciones en el acceso a los combustibles, los cortes periódicos de luz, la crisis de los alimentos agravada por el alto precio de los fertilizantes y que amenaza seriamente a las capas sociales más empobrecidas.

El objetivo nº7 “Energía asequible y no contaminante” se aleja de su meta para 2030 de “garantizar un acceso universal a servicios energéticos asequibles, fiables y modernos”.

Desde 2021, Europa ha vuelto a incrementar la quema de carbón, el más contaminante de los combustibles fósiles, para garantizar el suministro eléctrico a sus respectivos países en el año en el que el IPCC presentaba la primera parte de su sexto y más demoledor informe sobre el cambio climático alertando sobre la necesidad de reducir las emisiones de C02 en una previsible última oportunidad de limitar el aumento de temperatura a 2º.

La inestabilidad económica y social repercute en el objetivo nº16 “Paz, justicia e instituciones sólidas”, que también ha empeorado sustancialmente con respecto a 2015. Según la Escola de Cultura de Pau de la Universidad Autónoma de Barcelona en su informe anual “Alerta 2021! 
Informe sobre conflictos, derechos humanos y construcción de paz” en 2020 los conflictos armados graves, aquellos donde la mortalidad supera el millar de personas al año, se intensificaron e incrementaron desde un 27% en 2018 hasta llegar a un 43% del total de ellos en 2020.

La perspectiva futura es aún más negativa si atendemos al estallido de la guerra en Ucrania y la decisión de la OTAN de aumentar el presupuesto militar y catalogar a China como “desafío a los intereses y valores” de la organización, en un claro ejercicio de refortalecimiento en vistas de la situación geopolítica del globo ante la crisis de recursos.
Una revisión del estado de los objetivos más relacionados con la crisis medioambiental, aunque interrelacionados con los otros, nos muestra el triste retroceso en gran parte de la Agenda y en los objetivos establecidos en el Acuerdo de París.

La crisis climática está mostrando al mundo las consecuencias del calentamiento global a través de fenómenos meteorológicos extremísimos en muchas partes del planeta en un periodo donde estamos superando puntos de no retorno en ecosistemas indispensables para la estabilización climática como la Amazonia, el Ártico o los arrecifes de coral, que potencialmente dificultan nuestras posibilidades de mitigación y la capacidad de adaptación a un mundo cada vez más hostil.

Antes de olvidar esta ola de calor extrema que ha golpeado a Europa, donde han muerto más de 1000 personas, recuerden que esto sucede con sólo una subida de 1.2º y algunos estudios prevén que alcanzaremos los 1.5º en esta misma década. 

Desde 2015, el estado de los océanos ha empeorado gravemente como indica la recién finalizada Conferencia sobre los Océanos de la ONU celebrada en junio en Lisboa que certifica el “fracaso colectivo”, tal y como ellos textualmente declaraban, en el objetivo 14 “Vida submarina”, añadiendo dicho fracaso a los objetivos 13 “Acción por el clima” y 15 “Ecosistemas terrestres”.

La Agenda está fracasando y supone un riesgo para la mayoría más empobrecida de la sociedad que va a sufrir las consecuencias de la inacción política y la falta de moral ante situaciones que tienen solución.

Nos acercamos al fin de una era de abundancia material dónde el modelo de crecimiento infinito ha polarizado la desigualdad y ha estigmatizado los problemas globales que más nos deben avergonzar como individuos y sociedades. Es una obligación exigir el cumplimiento de los derechos más básicos en un periodo donde la desigualdad se va a acrecentar en un planeta que es suficiente para todas y todos, pero que sin las medidas que aborden correctamente la crisis ecosocial y un cambio de nuestro modelo de consumo se convertirá en un planeta habitable sólo para una minoría.

 

Bibliografía

https://www.wsws.org/en/articles/2022/04/19/oxfa-a19.html
https://oi-files-d8-prod.s3.eu-west-2.amazonaws.com/s3fs-public/2022-
04/Oxfam%20briefing%20-%20First%20Crisis%20Then%20Catastrophe_0.pdf
https://elpais.com/internacional/2022-05-18/la-hambruna-amenaza-con-matar-a-una-
persona-cada-48-segundo-en-el-cuerno-de-africa-segun-ong.html
https://www.edx.org/es/course/human-rights-human-wrongs-challenging-poverty-vuln
https://www.ipcc.ch/assessment-report/ar6/
https://es.wfp.org/crisis-global-hambre
https://es.wfp.org/accion-climatica
https://www.fao.org/publications/sofi/en/
https://library.wmo.int/index.php?lvl=notice_display&id=21963#.YVxxM30pDIX

https://rebelion.org/los-riesgos-tras-la-cumbre-de-la-otan/
https://www.wri.org/water
https://newlinesmag.com/photo-essays/east-africas-worst-drought-in-40-years-is-threatening-
countries-future/
https://newlinesmag.com/photo-essays/east-africas-worst-drought-in-40-years-is-threatening-
countries-future/

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Putin aclara objetivo de operación militar en Ucrania

 

Putin aclara objetivo de operación militar en Ucrania

 


DIARIOCTUBRE / septiembre 2, 2022

 

El presidente Vladimir Putin aclaró ayer que el objetivo de la operación militar en Ucrania es finalizar la guerra de Kiev contra las autoproclamadas repúblicas de Donetsk y Lugansk, así como la protección de Rusia.

Durante un foro juvenil “Conversación sobre lo importante”, en el occidental enclave de Kaliningrado, Putin indicó a los ganadores de concursos en la esfera de la cultura, la ciencia y el deporte que la prioridad es frenar la guerra iniciada por Kiev en Donbass, en 2014.

 

Acaso nadie entiende que después del golpe de Estado hace ocho años en Ucrania, los pobladores de Donetsk, Lugansk y la península de Crimea estuvieron en contra de esa acción anticonstitucional.

En febrero de 2014, la derecha, respaldada por grupos paramilitares neofascistas, se hicieron del poder en la capital ucraniana y forzaron la salida del poder del entonces Viktor Yanukovich, con quien representantes occidentales habían firmado un documento para evitar la violencia.

Además de defender la población del Donbass, donde se encuentra Donetsk y Lugansk, se trata de proteger a la propia Rusia y de evitar la formación de un enclave antirruso que amenaza la seguridad de nuestra nación, comentó.

El jefe de Estado indicó que, de acuerdo con el ministro de Enseñanza, Serguei Kravtsov, en las escuelas ucranianas ningún alumno conoce sobre la existencia del puente de Crimea, que une a esa península con la sureña comarca rusa de Krasnodar.

Los alumnos ucranianos consideran que el puente de Crimea es una falsedad, como tampoco conocen que Rusia y Ucrania formaban parte de un solo país, es decir, la Unión Soviética, indicó.

De otro lado, Putin estimó que en el mundo actual se hace casi imposible aislar a un país, en referencia a los miles de medidas punitivas aplicadas por Occidente contra Rusia, tras el inicio de la operación militar en Ucrania, el pasado 24 de febrero.

FUENTE: prensa-latina.cu

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Ucrania: la invasión del capital. [¿Pero en toda la historia del capitalismo el capital promovió alguna vez alguna guerra (todas ellas financiadas y realizadas por los trabajadores para empeorar indefectiblemente las condiciones de vida de los mismo) para dar besitos y abrazos y regalar caramelos, cacahuet, agua, pipas, chicle, tabaco …? Pero la guerra militar, que la guerra del guerrero antiguo hecha en primera persona, entre guerreros para sí y los suyos, es cosa distinta, ¿no es un instrumento al servicio del capital, como último recurso, que utiliza a su favor cuando ve peligrar en serio los intereses del capital? Pero, los intereses del capital y los intereses del trabajo no son intereses contrapuestos e irreconciliables?]

 

La Ucrania debilitada por la guerra ha despertado el apetito del Capital, que acelera su penetración en el país. Sus objetivos: "la privatización, la reforma de las empresas estatales, la reforma agraria y la "integración euroatlántica" entre otros.


Ucrania: la invasión del capital


Michael Roberts

El Viejo Topo

2 septiembre, 2022 



La semana pasada, los acreedores privados extranjeros de Ucrania aceptaron la petición de este país de congelar los pagos de unos 20.000 millones de dólares de deuda externa durante dos años. Esto permitiría a Ucrania evitar el impago de sus préstamos extranjeros. A diferencia de otras «economías emergentes» agobiadas por la deuda, parece que los tenedores de bonos extranjeros están encantados de ayudar a Ucrania, aunque solo sea durante dos años. La medida ahorrará a Ucrania 6.000 millones de dólares a lo largo del periodo, contribuyendo a reducir la presión sobre las reservas del banco central, que han caído un 28% en lo que va de año, a pesar de la importante ayuda exterior.

No es de extrañar que la economía ucraniana se encuentre en una situación desesperada. Se espera que el PIB real caiga más del 30% en 2022 y la tasa de desempleo sea del 35%. “Estamos agradecidos por el apoyo del sector privado a nuestra propuesta en momentos tan terribles para nuestro país», declaró Yuriy Butsa, Viceministro de Finanzas de Ucrania. «Me gustaría subrayar que el apoyo que hemos recibido durante esta transacción es difícil de subestimar… Seguiremos comprometidos con la comunidad inversora en el futuro y esperamos su participación en la financiación de la reconstrucción de nuestro país tras la victoria de la guerra», dijo Butsa.

Aquí Butsa revela el precio a pagar por esta limitada generosidad por parte de los acreedores extranjeros: la aceleración de la demanda por parte de las corporaciones multinacionales y los gobiernos extranjeros de tomar el control de los recursos de Ucrania y ponerlos bajo el control del capital extranjero sin ninguna restricción o limitación.

En un post anterior expuse el plan de privatización y entrega de los vastos recursos agrícolas de Ucrania a las multinacionales extranjeras. Desde hace varios años, una serie de informes del observatorio económico del Instituto Oakland documentan la adquisición de capital extranjero. Gran parte de lo que sigue procede de estos estudios.

La Ucrania postsoviética, con sus 32 millones de hectáreas cultivables de rico y fértil suelo negro (conocido como «cernozëm»), tiene el equivalente a un tercio de toda la tierra agrícola de la Unión Europea. El «granero de Europa», como se le llama, tiene una producción anual de 64 millones de toneladas de cereales y semillas, y es uno de los mayores productores mundiales de cebada, trigo y aceite de girasol (de este último, Ucrania produce cerca del 30% del total mundial).

Como expliqué en mi anterior post, la adquisición planificada de los recursos de Ucrania provocó en parte el conflicto: la semiguerra civil, el levantamiento del Maidán y la anexión de Crimea por parte de Rusia. Como señaló el Instituto Oakland, para limitar la privatización desenfrenada, en 2001 se impuso una moratoria a la venta de tierras a extranjeros. Desde entonces, la derogación de esta norma ha sido uno de los principales objetivos de las instituciones occidentales. Ya en 2013, por ejemplo, el Banco Mundial concedió un préstamo de 89 millones de dólares para el desarrollo de un programa de escrituras y títulos de propiedad necesarios para la comercialización de tierras estatales y cooperativas. En palabras de un documento del Banco Mundial de 2019, el objetivo era «acelerar la inversión privada en agricultura». Ese acuerdo, denunciado en su momento por Rusia como una puerta trasera para facilitar la entrada de las multinacionales occidentales, incluye la promoción de «la producción agrícola moderna… incluyendo el uso de la biotecnología», una aparente apertura hacia los cultivos transgénicos en los campos ucranianos.

A pesar de la moratoria sobre la venta de tierras a extranjeros, en 2016 diez empresas agrícolas multinacionales ya habían pasado a controlar 2,8 millones de hectáreas de tierra. Hoy en día, algunas estimaciones hablan de 3,4 millones de hectáreas en manos de empresas extranjeras y empresas ucranianas con fondos extranjeros como accionistas. Otras estimaciones llegan a los 6 millones de hectáreas. La moratoria sobre las ventas, que el Departamento de Estado de EE.UU., el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial habían pedido repetidamente que se levantara, fue finalmente levantada por el gobierno de Zelensky en 2020, antes de un referéndum final sobre la cuestión previsto para 2024.

Ahora, con la guerra en marcha, los gobiernos y las empresas occidentales están intensificando sus planes para incorporar a Ucrania y sus recursos a las economías capitalistas de Occidente. Los días 4 y 5 de julio de 2022, altos funcionarios de Estados Unidos, la Unión Europea, Gran Bretaña, Japón y Corea del Sur se reunieron en Suiza para la llamada «Conferencia sobre la recuperación de Ucrania».

La agenda de la URC se centraba explícitamente en imponer cambios políticos en el país, a saber, «el fortalecimiento de la economía de mercado», «la descentralización, la privatización, la reforma de las empresas estatales, la reforma agraria, la reforma de la administración del Estado» y la «integración euroatlántica». La agenda era en realidad un seguimiento de la Conferencia de Reforma de Ucrania de 2018, que había hecho hincapié en la importancia de privatizar la mayor parte del sector público restante de Ucrania, afirmando que «el objetivo final de la reforma es vender las empresas estatales a los inversores privados», junto con llamamientos a una mayor «privatización, desregulación, reforma energética, reforma fiscal y aduanera». Argumentando que «el gobierno es el mayor poseedor de activos de Ucrania», el informe afirma: «La privatización y la reforma de las empresas públicas deberían haberse llevado a cabo hace mucho tiempo, ya que este sector de la economía ucraniana ha permanecido prácticamente sin cambios desde 1991».

La ironía es que los planes de la URC para 2018 contaron con la oposición de la mayoría de los ucranianos. Una encuesta de opinión pública reveló que solo el 12,4% estaba a favor de la privatización de las empresas estatales, mientras que el 49,9% se oponía. (Otro 12% se mostró indiferente, mientras que el 25,7% no respondió).

Sin embargo, la guerra puede marcar la diferencia. En junio de 2020, el FMI aprobó un programa de préstamos de 18 meses y 5.000 millones de dólares con Ucrania. A cambio, el gobierno ucraniano levantó su moratoria de 19 años sobre la venta de tierras agrícolas de propiedad estatal, tras la fuerte presión de las instituciones financieras internacionales. Olena Borodina, de la Red Ucraniana para el Desarrollo Rural, comentó que «los intereses de la agroindustria y los oligarcas serán los primeros beneficiarios de esta reforma… Esto sólo marginará aún más a los pequeños agricultores y corre el riesgo de separarlos de su recurso más valioso».

Y ahora la URC de julio reiteró sus planes de tomar el control de la economía ucraniana por medio del capital, con la plena aprobación del gobierno de Zelensky. Al final de la reunión, todos los gobiernos e instituciones presentes aprobaron una declaración conjunta denominada Declaración de Lugano. Esta declaración se complementó con un «Plan de Recuperación Nacional», elaborado a su vez por un «Consejo de Recuperación Nacional» creado por el gobierno ucraniano.

El plan preveía una serie de medidas favorables al capital, como la «privatización de empresas no críticas» y la «finalización de la corporativización de las SOE» (empresas estatales), como la venta de la empresa estatal ucraniana de energía nuclear EnergoAtom. Para «atraer el capital privado al sistema bancario», la propuesta también pedía la «privatización de los SOB» (bancos estatales). Con el fin de aumentar «la inversión privada y estimular el espíritu empresarial en todo el país», el Plan de Recuperación Nacional pedía una importante «desregulación» y proponía la creación de «proyectos catalizadores» para desbloquear la inversión privada en sectores prioritarios.

En un llamamiento explícito a la reducción de las protecciones laborales, el documento atacaba las leyes laborales restantes en Ucrania, algunas de las cuales son un legado de la era soviética. El Plan de Recuperación Nacional lamentaba «una legislación laboral obsoleta que da lugar a complicados procesos de contratación y despido, a la regulación de las horas extraordinarias», etc. Como ejemplo de esta supuesta «legislación laboral obsoleta», el plan respaldado por Occidente se quejaba de que los trabajadores ucranianos con un año de experiencia tienen un «plazo de preaviso de despido» de nueve semanas, frente a sólo cuatro semanas en Polonia y Corea del Sur.

En marzo de 2022, el Parlamento ucraniano aprobó una legislación de emergencia que permite a los empresarios suspender los convenios colectivos. Luego, en mayo, aprobó un paquete de reformas permanentes que exime de hecho a la gran mayoría de los trabajadores ucranianos (los de empresas con menos de 200 empleados) de la legislación laboral ucraniana. Los documentos filtrados en 2021 muestran que el gobierno británico instruyó a funcionarios ucranianos sobre cómo convencer a un público recalcitrante para que renunciara a los derechos de los trabajadores y aplicara políticas antisindicales. El material de formación lamentaba que la opinión popular hacia las reformas propuestas fuera mayoritariamente negativa, pero ofrecía estrategias de mensajería para conseguir que los ucranianos las apoyaran.

Mientras que los derechos laborales serán eliminados en la «nueva Ucrania», el Plan de Recuperación Nacional pretende, en cambio, ayudar a las empresas y a los ricos reduciendo los impuestos. El plan se quejaba de que el 40% del PIB ucraniano procedía de los ingresos fiscales, y lo calificaba de «carga fiscal bastante elevada» en comparación con el ejemplo de Corea del Sur. Por ello, el plan aboga por «transformar el servicio fiscal» y «revisar el potencial de disminución de la parte de los ingresos fiscales en el PIB». En nombre de la «integración en la UE y el acceso al mercado», también propuso la «eliminación de los aranceles y las barreras no técnicas no arancelarias para todos los productos ucranianos», al tiempo que pedía «facilitar la atracción de la IED (inversión extranjera directa) para traer a Ucrania a las mayores empresas internacionales», con «incentivos especiales a la inversión» para las empresas extranjeras.

Además del Plan de Recuperación Nacional y de la sesión informativa estratégica, la Conferencia sobre la Recuperación de Ucrania de julio de 2022 presentó un informe elaborado por Economist Impact, una empresa de consultoría empresarial que forma parte del Grupo Economist. El Rastreador de Reformas de Ucrania instó a «aumentar la inversión extranjera directa (IED)» de las empresas internacionales, sin invertir recursos en programas sociales para el pueblo ucraniano. El informe del Rastreador subraya la importancia de desarrollar el sector financiero y pide la «eliminación de las regulaciones excesivas» y de los aranceles. Se pedía una «mayor liberalización de la agricultura» para «atraer la inversión extranjera y fomentar el espíritu empresarial nacional», así como «simplificaciones de los procedimientos» para «facilitar la expansión de las pequeñas y medianas empresas» mediante «la compra e inversión en activos de propiedad estatal», facilitando así «la entrada de los inversores extranjeros en el mercado tras el conflicto».

El Rastreador de la Reforma de Ucrania presentó la guerra como una oportunidad para imponer la adquisición por parte del capital extranjero. «El momento de la posguerra puede representar una oportunidad para completar la difícil reforma agraria ampliando el derecho a adquirir tierras agrícolas a las personas jurídicas, incluidas las extranjeras», dice el informe. «Abrir el camino al capital internacional para la agricultura ucraniana puede aumentar la productividad del sector, impulsando su competitividad en el mercado de la UE», añadió. «Una vez terminada la guerra, el gobierno también tendrá que considerar la posibilidad de reducir sustancialmente la participación de los bancos estatales, privatizando el Privatbank, el mayor banco del país, y el Oshchadbank, que se ocupa de las pensiones y los pagos sociales».

En otros lugares, las políticas a favor del capital ofrecidas por los economistas occidentales semi keynesianos son menos explícitas. En una reciente recopilación del Center for Economic Policy Research (CEPR), varios economistas propusieron políticas macroeconómicas para la Ucrania de la guerra. En este documento, los autores «subrayan desde el principio que la crisis ucraniana no es un contexto para un típico programa de ajuste macroeconómico, es decir, no son las habituales exigencias del FMI de austeridad fiscal y privatización. Pero después de muchas páginas, queda claro que sus propuestas son poco diferentes de las de la URC. Como ellos mismos dicen, «el objetivo debe ser perseguir una amplia y radical desregulación de la actividad económica, evitar los controles de precios, facilitar la adecuación de la mano de obra y el capital, y mejorar la gestión de los activos rusos incautados y otros sancionados».

La toma de posesión de Ucrania por parte del capital (principalmente extranjero) se completará así y Ucrania podrá empezar a pagar sus deudas y proporcionar nuevos beneficios al imperialismo occidental.

Fuente: Blog de Michael Roberts, The Next Recession.

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