miércoles, 6 de abril de 2022

Lejos de Ucrania, Afganistán es “la mayor crisis humanitaria del mundo”

 

Lejos de Ucrania, Afganistán es “la mayor crisis humanitaria del mundo”

 


KAOSENLARED / 06.04.2022

Publicado el 5 de abril de 2022 Por Otros medios

 

La guerra interminable y el reciente bloqueo económico de Estados Unidos al gobierno talibán define un escenario de hambruna masiva, alertan los organismos internacionales.

Andrés Ferrari Haines

El 11 de enero pasado, Naciones Unidas lanzó el “mayor llamamiento de ayuda para un país en toda su historia“. Solicitó más de 5 mil millones de dólares porque el 95 por ciento de los afganos no tiene para comer y casi nueve millones corren el riesgo de morir de hambre, incluyendo un millón de niños.

La periodista Jane Ferguson denunció que más de 20 millones de afganos están al borde de morirse de hambre, constituyendo la mayor crisis humanitaria del mundo. De forma similar se expresó el secretario general adjunto de Asuntos Humanitarios de las Naciones Unidas, Martin Griffiths, al alertar que “se avecina una catástrofe humanitaria en toda regla”, que para David Miliband, presidente del Comité Internacional de Rescate, “podría matar a muchos más afganos que los últimos 20 años de guerra”.

El ex primer ministro del Reino Unido Gordon Brown exclamó que Afganistán, “una vez estuvo casi en el centro de la atención mundial y ahora es una tierra casi olvidada. Nuestros ojos se han desviado a medida que se desarrolla el mayor desastre humanitario del planeta”. Advirtió que por la escala de la catástrofe se observan “niños muriendo de hambre o congelados frente a nuestros ojos, padres vendiendo sus riñones y madres que venden a sus bebés, todo en un intento desesperado por alimentar a los que aún están vivos“.

Las sanciones de Estados Unidos

Ezra Klein, en su artículo en el New York Times del 20 de febrero, apunta que la situación dramática de Afganistán se agravó cuando el presidente de Estados Unidos, Joe Biden congeló más de 7 mil millones de dólares que le pertenecían al gobierno afgano, la gran mayoría de sus reservas de divisas.

Las sanciones originariamente tenían como objeto a los talibanes como grupo terrorista, pero cuando este grupo tomó el poder con la retirada de los países occidentales, las multas comenzaron a aplicarse sobre el país. A continuación, la Unión Europea cortó otros 1400 millones de dólares en asistencia gubernamental y ayuda para el desarrollo. En consecuencia, Afganistán tuvo que cerrar al menos 2 mil centros de salud que atienden a unos 30 millones de personas, sobre la población total de 40 millones, por lo que Vijay Prashad destaca que “la mayoría de los afganos ha perdido el acceso a la atención médica”.La crisis llevó a que un millón de personas intenten huir a Irán y Pakistán, por lo cual se teme que haya una crisis en toda la región. La Unión Europea está preocupada que se repita la crisis migratoria de 2015, cuando más de un millón de personas, en su mayoría sirios, buscaron asilo en Europa. Ese temor llevó a la UE a prometer más de mil millones de dólares en ayuda humanitaria para Afganistán y para los países vecinos que reciban a los afganos.

Doble vara

La situación afgana se agravó ahora más porque Biden decidió que los cerca de 7 mil millones de dólares congelados se consignaran mitad para los afganos y mitad para compensar a las familias de las víctimas del 11 de septiembre. Pero como la Casa Blanca afirmó que busca “que los fondos lleguen a la gente de Afganistán y no a los talibanes y los actores maliciosos”, incluso la parte correspondiente a los afganos va a demorar hasta que se delinee la forma concreta en que se harán las transferencias.

El argumento para destinar la mitad de los fondos a familiares de las víctimas del atentado de 2001 es que en 2012 éstos ganaron un juicio en un tribunal de Estados Unidos contra los talibanes y otras organizaciones. Charlie Savage explica que como la decisión judicial no tenía forma de ejecutarse, “el juicio parecía simbólico”. El retorno de los talibanes al poder llevó a que los tribunales decidieran que los activos afganos en Estados Unidos puedan tomarse como pago.

La especialista en derecho internacional Arianna Rafiq cuestionó la lógica de esa decisión porque “los activos del Estado no pasan a ser de los talibanes únicamente porque asumieron el gobierno. Tampoco los bienes del Estado pertenecen a su respectivo gobierno”. Por otro lado, también citó a Andrew Maloney, uno de los abogados que representan a las familias, quien aceptó el argumento de Rafiq, pero luego sostuvo que “como país, como pueblo, tienen cierta responsabilidad por permitir que los talibanes regresen”.

Phyllis Bennis, del Instituto de Estudios Políticos, denunció la lógica contradictoria detrás de la incautación de activos, porque por un lado se sostiene que los talibanes no son el gobierno legítimo de Afganistán, no permitiendo que retiren los fondos. Por el otro, se los considera lo suficientemente legítimo como para usar ese dinero “para pagar lo que Estados Unidos cree que es la deuda de los talibanes en un fallo dictado en Estados Unidos”.

En esa línea, Samina Akhter destaca en el sitio thegeopolitics que “la noción de que los afganos pueden buscar métodos legales para accionar contra los Estados Unidos por la participación de ese país en la devastación de Afganistán es absurda”. El mensaje es claro: “las vidas de los estadounidenses son más importantes que las vidas de los afganos, y el dolor de los estadounidenses es más grande que el de los afganos”.

Bandidos

El gobierno talibán en Afganistán ha condenado esa medida. Suhail Shaheen, representante ante las Naciones Unidas, requirió que se descongele el dinero y se mantenga bajo el control del Banco Central Afgano.

En Kabul, capital afgana, una manifestación masiva señaló que los afganos no tenían nada que ver con los ataques del 11 de septiembre y pidieron a Estados Unidos una compensación financiera por los cientos de miles de afganos asesinados durante los 20 años de guerra y ocupación.

También en su país Biden recibió fuertes críticas. Barry Amundson, cuyo hermano fue asesinado el 11 de septiembre, reconoció esta injusticia: “Me temo que el resultado final de incautar este dinero será causar más daño a los afganos inocentes que ya han sufrido mucho”. Para Michael Kugelman, subdirector del Programa de Asia en el Centro Wilson, la medida de Biden es “despiadada”.

La diputada Ilhan Omar tuiteó que “no había un solo afgano entre los secuestradores. Mientras tanto, estamos dando billones de dólares a los gobiernos de Arabia Saudita y Egipto que tienen vínculos directos con los terroristas del 11 de septiembre. Castigar a millones de personas hambrientas por estos crímenes es inconcebible.”

H.A. Hellyer, de la Universidad de Cambridge, y Farid Senzai, de la Universidad de Santa Clara en California, denunciaron en el New York Times que “los afganos no fueron responsables del 11 de septiembre. Al menos la mitad de los afganos de hoy ni siquiera había nacido en 2001”.

Esto no es diferente de la conducta de los bandidos”, dijo el portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de China, Wang Wenbin, porque “sin el consentimiento del pueblo afgano, Estados Unidos se hace deliberadamente de activos que pertenecen al pueblo afgano, incluso manteniéndolos como propios”,

Asesinato en masa

Austin Ahlman en The Intercept afirma que un alto asesor de política exterior demócrata en forma anónima sostuvo que la medida de Biden “efectivamente equivale a un asesinato en masa”. Mark Weisbrot, codirector del Centro de Investigación Económica y Política, caracterizó la decisión de Biden como generadora de una hambruna masiva.

Ahlman destaca que el anónimo asesor sostuvo que Biden “ha recibido advertencias del Secretario General de la ONU, el Comité Internacional de Rescate y la Cruz Roja, con un consenso unánime de que la liquidez del Banco Central es de suma importancia y que ninguna cantidad de ayuda puede compensar la destrucción del sistema financiero de Afganistán y de toda la macroeconomía”.

*PPGEEI/UFRGS-Brasil.
Página 12

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Jean-Luc Mélenchon: la fuerza de la república

 

La propuesta de Mélenchon se caracteriza por la coherencia entre principios, programa y estrategia. No engaña y apuesta por decir la verdad. Se podría exponer así: un programa social y democrático avanzado no es compatible con esta Unión Europea.


Jean-Luc Mélenchon: la fuerza de la república

 

Manolo Monereo

El Viejo Topo

6 abril, 2022 




Para Oscar Lafontaine, dignidad en tiempos de vileza

 

Mélenchon y Lafontaine entraron en nuestro mundo como parte de aquella socialdemocracia que no quería dejar de serlo y que hacía de la coherencia, fuerza y programa. Eran tiempos de optimismo: foros sociales, movilizaciones de amplio espectro e izquierdas que crecían en Francia, Italia, Grecia, Alemania, Portugal… El Partido de Izquierda europeo como expresión de un sujeto político que quería construirse con vocación de mayoría, desde un programa claro y nítido de izquierdas. “Otra Europa es posible” resumía y sintetizaba una voluntad, una apuesta diferenciada formulada en positivo. Todo esto terminó el día que Alexis Tsipras se plegó al chantaje de la Unión Europea y aplicó un durísimo programa de austeridad que, lo sabemos hoy con claridad, solo sirvió para pagar deudas y terminar de hundir a la economía griega.

Los tiempos han cambiado para peor, mucho peor. Lafontaine deja Die Linke después de que este partido aceptara los nuevos presupuestos de guerra, en el marco de un reforzamiento estructural del complejo militar-industrial alemán y de una OTAN que cierra cualquier posibilidad de una apertura al Este. Mélenchon sigue en la pelea, en una lucha desigual por reivindicar una nueva república asentada en un bloque nacional-popular que existe y se moviliza pero que no tiene, hoy por hoy, una definición política autónoma capaz de convertirlo en sujeto de un proyecto alternativo de país. Esta es la cuestión decisiva.

El mapa político-electoral de Francia parecía acotado: tres derechas duras que le disputaban la mayoría a un Macron situado en un centro virtual, simplemente porque no parecía tener un competidor serio a su izquierda. De nuevo, aparece Mélenchon con un discurso potente cargado de propuestas, defendiendo un proceso constituyente hacia una nueva república y colocando en su centro un proyecto alternativo de sociedad, de gobierno y de Estado. La reacción ante la guerra de Ucrania ha sorprendido: rechazo de la intervención militar de Rusia, apuesta clara por la salida de la OTAN y defensa de una política de no alineamiento. Los momentos de crisis, conflictos, guerras son los que miden a las políticas y a los políticos, los que ponen en evidencia la hondura de sus principios, la consistencia de su carácter y su subalternidad o no ante los poderes económicos, mediáticos y político-militares dominantes. Mélenchon, en plena campaña electoral -y contra corriente- ha sido coherente con una política y ha salvado la dignidad de una izquierda en retroceso en todas partes.

La Francia Insumisa aparece en las encuestas en tercer lugar con una media del 14% de los votos. Macron encabeza con un 28% aproximadamente y con una Marie Le Pen que empieza a distanciarse de Zemmour y se acerca, de nuevo, al 19%. El Partido Socialista prácticamente desaparece, al igual que el Partido Comunista; los Verdes se estancan en torno al 5%. El mapa de las encuestas dice mucho de la realidad política y cultural francesa. El 30% de los que piensan votar lo van a hacer a la extrema derecha y algo más de un 10% al antiguo Partido gaullista. La estrategia de Macron consiste en polarizarse con Marie Le Pen y en la segunda vuelta llevarse los votos de la izquierda como mal menor ante el miedo al triunfo de las derechas populistas. Todo esto cambiaría si en la segunda vuelta quien aparece frente al actual presidente es Mélenchon. Sabemos que esto es muy difícil pero la esperanza está creciendo en un pueblo descreído, resentido con los políticos y con una rabia acumulada por años de engaños y mentiras y, es lo más grave, ante un futuro cada vez más incierto e inseguro. Las gentes siguen buscando protección, firmeza frente a los grandes poderes económico-financieros y defensa de los derechos sociales. Un orden basado en la justicia, la igualdad y la solidaridad

La batalla de Mélenchon trasciende a Francia. Si algo nos dice la experiencia de países como Italia, es que la izquierda puede desaparecer como fuerza real y que los sistemas políticos de la Unión Europea tienden a crear en cada uno de los Estados –como dice Luciano Canfora- “partidos unificados de régimen” basados en una política económica y social común, en un rígido alineamiento con los Estados Unidos y organizados por la OTAN. La crisis de Ucrania demuestra precisamente esto: hemos pasado del pensamiento único a la política única y a una forma-partido profesional y oligárquica férreamente subordinada a los grandes poderes económicos. En el centro, unos todopoderosos medios de comunicación que promueven un discurso disciplinario que excluye el pensamiento crítico y margina a la disidencia. El liberalismo conservador y autoritario es ya la centralidad.

Hay que subrayar la importancia de su programa. Mélenchon está haciendo una campaña fundada en un conjunto articulado de propuestas muy precisas y con gran contenido transformador. Para el político francés el programa es un contrato que se pacta con la ciudadanía, que orienta el voto y fomenta el compromiso político. Para decirlo de otra forma, se trata de convertir esta durísima precampaña y campaña en la construcción colectiva de una esperanza concreta, viable, posible y, a la vez, impugnadora de un sistema político y económico dominado por el capitalismo financiero y sometido a la lógica de los grandes poderes económicos. Sé positivamente que para los grandes medios, el programa está para no cumplirse y que es un adorno que apenas si cubre unos discursos vacíos, sin concreciones, basados en el insulto como método de diferenciación. Mélenchon se opone radicalmente a esto. El aspecto programático más rompedor de La Francia Insumisa es abrir un proceso constituyente que ponga fin a la “monarquía presidencial” y que conduzca a una VI República de base parlamentaria. La idea de “democratizar la democracia” es fundamental, así como la apelación continua a una ciudadanía activa capaz de autogobernarse al modo republicano.

La segunda idea central es la planificación ecológica y la reorganización territorial del país. Esta parte se concreta mucho. El núcleo de la propuesta consiste en aprovechar la necesaria e inevitable reconversión ecológica de la economía y de la sociedad para diseñar un nuevo modelo productivo asentado en el territorio desde una lógica superadora del beneficio capitalista. La clave es la planificación democrática y descentralizada de la economía al servicio de las necesidades básicas de las personas, respetuosa con el medio natural y sólidamente insertada en unos espacios rurales siempre en peligro de abandono o en decadencia permanente.

La tercera idea es la defensa de un proteccionismo ecológico y solidario. Se trata de un control democrático del comercio, de las inversiones extranjeras y de la circulación del capital que pueda poner en peligro los fundamentos de un modelo alternativo social y ecológicamente sostenible. La centralidad del programa sigue siendo el mundo del trabajo y los derechos sociales de las clases trabajadoras. A contracorriente, de nuevo, se defiende el pleno empleo, la reducción de la jornada laboral y la estabilidad en el trabajo desde una defensa de las pensiones y de una democracia que llegue a las empresas.

Si algo caracteriza la propuesta de Mélenchon es la coherencia entre principios, programa y estrategia. En este sentido no engaña y apuesta por decir la verdad. Se podría exponer del siguiente modo: un programa social y democrático avanzado no es compatible con esta Unión Europea. Dicho de otro modo, la UE es el mayor obstáculo para realizar políticas realmente de izquierdas. La lógica que se propone es usar a fondo el derecho de veto que tienen los Estados para impedir nuevos avances de las políticas neoliberales y usar sin miedo el poder que da el gobierno para definir políticas autónomas coherentes con el programa, sabiendo que se enfrenta al consenso de Bruselas. Soberanía popular, autonomía productiva y económico-financiera e independencia nacional están íntimamente unidas a una política internacional de no alineamiento, de lucha por la paz y por un nuevo orden planetario más justo y democrático. Tampoco en esto engaña el programa de La Francia Insumisa: todo esto es incompatible con la pertenencia a una organización militar como la OTAN que sirve a los intereses de los EEUU.

 

Publicado originalmente en el blog El Comején.

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martes, 5 de abril de 2022

Primer ataque químico desde el inicio del conflicto en Ucrania. [Que la guerra es un crimen y que quienes las organizan para enriquecimiento propio son unos criminales ya lo sabemos. Que Putin está medio calvo, calvo o calvo entero también lo sabemos. Lo mismo que sabemos que el presidente de Ucrania tiene el oficio de cómico, muy loable por cierto. Ahora de lo que se trata para no estar hablando de un nuevo crimen añadido al crimen de la guerra es que las autoridades ucranias o los que verdaderamente cortan el bacalao en Ucrania, los capitales USA, aclaren cuanto antes el accidente, porque tiene que ser accidente (acerca de si ese accidente sea intencionado o no yo tengo mi propia opinión que a nadie excepto a mi interesa), que ha ocasionado la explosión de la fábrica de productos químicos o, bien, que demuestren que se ha debido a un ataque ruso o en su defecto a algún desbolique sufrido por cualquier merecumbé despistado que en el fragor de batalla le haya dado sin querer un cabezazo a la tapia de la fábrica en cuestión y ha liado la que ha liado. Se ruega que esto sea ligerito, por favor.]

 

Primer ataque químico desde el inicio del conflicto en Ucrania

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DIARIO OCTUBRE / abril 5, 2022

 


La explosión de la planta química de Rubizhne no fue simple. Se hizo teniendo en cuenta la dirección del viento y con plena comprensión de las consecuencias para la población civil de Donbas.

De hecho, estamos ante el primer caso confirmado de un ataque químico en este conflicto.

·         Las Fuerzas Armadas ucranianas hicieron estallar de forma calculada la producción química de la planta de Zarya.

·         A juzgar por el tono rojo del humo, la concentración de ácido es superior al 95%. Se trata de una nube extremadamente tóxica: dientes, ojos y vías respiratorias en alto riesgo.

·         Vientos en dirección a Kudryashovka. La nube llegará al asentamiento en 2 horas a la velocidad actual.

Reproductor de vídeo

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FUENTE: t.me/swodki/60977

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NO ES RUSIA LA QUE ESTA DESESTABILIZANDO UCRANIA. [Lo de hoy es consecuencia de lo que se hizo y se dejó de hacer ayer, aunque los trabajadores no lo sepamos o nos importe una higa, por inconsciencia no por tontería –que ningún trabajador es ni puede ser tonto-. De igual manera que lo de mañana será consecuencia de lo que los trabajadores hagamos o dejemos de hacer hoy, por inconsciencia no por tontería - que ningún trabajador es ni puede ser tonto -, o porque creamos que la cosa no va con nosotros y como no va con nosotros, oye, que se jodan los demás. Y que esto se puede decir con otras palabras para decir lo mismo. Adivina adivinanza: ¿Si los trabajadores no nos preocupamos de nuestros intereses ni de nuestras vidas ni de la vida de los nuestros, quién lo hará? El pajarito Pinzón desde luego no.]

 

NO ES RUSIA LA QUE ESTA DESESTABILIZANDO UCRANIA

 

Maxim Guchek/BelTA Pool Photo vía AP/ Geographic España / Conversaciones para la paz

De izquierda a derecha, Oleksiy Reznikov, Ministro de Defensa de Ucrania, Davyd Arakhamia, jefe de la facción ucraniana Siervo del Pueblo,  Mykhailo Podoliak el Asesor del Jefe de la Oficina del Presidente de Ucrania,  Leonid Slutsky, presidente de la El Comité de Asuntos Internacionales de la Duma Estatal rusa, Vladimir Medinsky, el ayudante presidencial ruso y el jefe de la delegación rusa,  Alexander Fomin viceministro de Defensa y Andrei Rudenko, viceministro de Relaciones Exteriores, se saludan antes de las conversaciones ruso-ucranianas en el Parque Nacional Belavezhskaya Pushcha, cerca de la frontera entre Polonia y Bielorrusia, al norte de Brest, Bielorrusia, el jueves 3 de marzo de 2022. [Estas conversaciones de paz y las que le han seguido no habrían tenido lugar si los políticos y grupos de capital, los de USA incluidos, que tuvieron en su mano la resolución del conflicto ucraniano en vez de cumplir los acuerdos previos al mismo y con ese fin no los hubieran abortado para producir la guerra en Ucrania, por lo que deberían ser juzgados y condenados como auténticos primeros criminales de guerra y como paso previo a si  Putin es medio calvo o calvo entero (aquí no hablamos de santidades), para que con posterioridad se calcule la cuantía por daños humanos y materiales causados por la guerra promovida y alentada por ellos a la que deberán hacer frente (y cuando no lleguen sus descendientes) como criminales de guerra y enemigos de la sociedad por los siglos de los siglos, y sin amén. ]


Serguei Lavrov

Sociología critica

23.03.2022


Publicado en The guardian 07/03/2014

 

La crisis profunda y generalizada en Ucrania es motivo de grave preocupación para Rusia. Entendemos perfectamente la posición de un país que se independizó hace poco más de 20 años y aún enfrenta tareas complejas en la construcción de un estado soberano. Entre ellos está la búsqueda de un equilibrio de intereses entre sus diversas regiones, cuyos pueblos tienen diferentes raíces históricas y culturales, hablan diferentes idiomas y tienen diferentes perspectivas sobre su pasado y presente, y el lugar futuro de su país en el mundo.

Dadas estas circunstancias, el papel de las fuerzas externas debería haber sido ayudar a los ucranianos a proteger los cimientos de la paz civil y el desarrollo sostenible, que aún son frágiles. Rusia ha hecho más que cualquier otro país para apoyar al estado ucraniano independiente, incluso durante muchos años subsidiando su economía a través de bajos precios de la energía. En noviembre pasado, al comienzo de la crisis actual, apoyamos el deseo de Kiev de consultas urgentes entre Ucrania , Rusia y la UE para discutir la armonización del proceso de integración. Bruselas lo rechazó rotundamente. Esta posición refleja la línea improductiva y peligrosa que la UE y los EE. UU. han estado tomando durante mucho tiempo. Han estado tratando de obligar a Ucrania a hacer una elección dolorosa entre el este y el oeste, lo que agrava aún más las diferencias internas.

A pesar de las realidades de Ucrania, se brindó un apoyo masivo a los movimientos políticos que promovían la influencia occidental, y se hizo en violación directa de la constitución ucraniana. Esto es lo que sucedió en 2004, cuando el presidente Viktor Yushchenko ganó una tercera vuelta electoral inconstitucional presentada bajo la presión de la UE. Esta vez, el poder en Kiev se tomó de forma antidemocrática, mediante violentas protestas callejeras realizadas con la participación directa de ministros y otros funcionarios de Estados Unidos y países de la UE.

Las afirmaciones de que Rusia ha socavado los esfuerzos para fortalecer las asociaciones en el continente europeo no se corresponden con los hechos. Por el contrario, nuestro país ha promovido de manera sostenida un sistema de seguridad igual e indivisible en la zona euroatlántica. Propusimos firmar un tratado en ese sentido, y propugnamos la creación de un espacio económico y humano común desde el Atlántico hasta el Pacífico, que también estaría abierto a los países postsoviéticos.

Mientras tanto, los estados occidentales, a pesar de sus repetidas garantías de lo contrario, llevaron a cabo sucesivas oleadas de ampliaciones de la OTAN, movieron la infraestructura militar de la alianza hacia el este y comenzaron a implementar planes de defensa antimisiles. El programa de Asociación Oriental de la UE está diseñado para unir estrictamente a los llamados estados focales, cerrando la posibilidad de cooperación con Rusia. Los intentos de quienes organizaron la secesión de Kosovo de Serbia y de Mayotte de las Comoras de cuestionar el libre albedrío de los habitantes de Crimea no pueden verso sino como una muestra flagrante de doble rasero.No menos preocupante es la pretensión de no darse cuenta de que el principal peligro para el futuro de Ucrania es la propagación del caos por parte de extremistas y neonazis.

Rusia está haciendo todo lo posible para promover una pronta validez en Ucrania. Estamos firmemente convencidos de que esto se puede lograr a través, entre otros pasos: una reforma constitucional real, que garantizaría los derechos legítimos de todas las regiones de Ucrania y respondería a las demandas de su región sureste para hacer del ruso el segundo idioma oficial del estado; garantías firmes sobre el estatus de no alineado de Ucrania consagrado en sus leyes, asegurando así su papel como enlace en una arquitectura de seguridad europea indivisible; y medidas urgentes para detener la actividad de las formaciones armadas ilegales del Sector Derecha y otros grupos ultranacionalistas.

No estamos imponiendo nada a nadie, solo vemos que si no se hace, Ucrania seguirá cayendo en una espiral de crisis con consecuencias impredecibles. Estamos dispuestos a sumarnos a los esfuerzos internacionales encaminados a lograr estos objetivos. Apoyamos el llamamiento de los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania, Francia y Polonia para implementar el acuerdo del 21 de febrero . Su propuesta – celebrar conversaciones Rusia-UE con la participación de Ucrania y otros estados de la Asociación Oriental sobre las consecuencias de los acuerdos de asociación de la UE – corresponde a nuestra posición.

El mundo de hoy no es una escuela secundaria donde los maestros asignan castigos a su antojo. Declaraciones beligerantes como las que se escucharon en la reunión de ministros de Relaciones Exteriores de la OTAN en Bruselas el 1 de abril no coinciden con las demandas de una desescalada. La desescalada debe comenzar con la retórica. Es hora de detener el aumento infundado de la tensión y volver al trabajo común serio.

Este artículo se modificó el 8 de abril de 2014. El sexto párrafo originalmente se refería a «garantías firmes sobre el estatus de no alineado de Ucrania que se consagrarán en sus leyes». Esto se cambió a «garantías firmes sobre el estatus de no alineado de Ucrania consagrado en sus leyes», ya que su estatus ya está consagrado en la ley.

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Bienes comunes, deudas y patentes de la industria farmacéutica

 

La lucha por la defensa de los bienes comunes y la conquista de otros nuevos está íntimamente ligada a la lucha contra las deudas ilegítimas y el sistema capitalista en su conjunto.


Bienes comunes, deudas y patentes de la industria farmacéutica

 

Éric Toussaint

El Viejo Topo

5 abril, 2022 

 

 

Desde el inicio del capitalismo, los bienes comunes fueron sistemáticamente cuestionados por la clase capitalista en su lógica de mercantilización y de apropiación privada. Entre los objetivos perseguidos por los capitalistas, cuando comenzaron a invertir en las manufacturas europeas, hace varios siglos, estaba la supresión de las fuentes vitales de subsistencia de la mayor cantidad de pequeños campesinos y campesinas, quienes constituían, de lejos, la mayor parte de la población europea. El objetivo era conseguir que migrasen a las ciudades y aceptasen un trabajo con salarios de miseria en las manufacturas de los capitalistas. En los países de otros continentes sometidos a la conquista de las potencias europeas, sus fines fueron: robar las tierras de las poblaciones locales, sus materias primas y, por lo tanto, sus recursos vitales, instalar colonos y obligar a las poblaciones al trabajo forzado.

Desde el siglo XVI hasta el siglo XIX, los diferentes países cuyas economías fueron progresivamente dominadas por el sistema capitalista sufrieron un vasto proceso de destrucción de los bienes comunes. Autores como Karl Marx en el libro I de El Capital, Rosa Luxemburg en su libro La acumulación de capital, Karl Polanyi (1886-1964) en La Gran Transformación, Silvia Federici en Calibán y la bruja lo remarcaron fuertemente. La hermosa película de Raoul Peck sobre el joven Karl Marx comienza con unas imágenes muy fuertes de uno de los múltiples ejemplos de destrucción de los bienes comunes: la represión brutal de gente pobre que estaba recogiendo leña en los bosques de la región alemana de Renania y la postura de Karl Marx en defensa de las víctimas de los procesos judiciales por haber ejercido un derecho colectivo milenario que contradecía la lógica capitalista. Daniel Bensaïd le dedicó un pequeño libro titulado Los desposeídos. Karl Marx, los ladrones de madera y el derecho de los pobres, en el que muestra la prosecución de la destrucción de los bienes comunes.

En El Capital, Karl Marx resumía algunas de las formas que adquiría la imposición del sistema capitalista en Europa:

“La expoliación de los bienes eclesiásticos, la enajenación fraudulenta de las tierras fiscales, el robo de la propiedad comunal, la transformación usurpadora, practicada con el terrorismo más despiadado, de la propiedad feudal y clánica en propiedad privada moderna fueron otros tantos métodos idílicos de la acumulación originaria. Estos métodos conquistaron el campo para la agricultura capitalista, incorporaron el suelo al capital y crearon para la industria urbana la necesaria oferta de un proletariado enteramente libre”.[1]

Imponiéndose progresivamente como modo de producción en Europa, al mismo tiempo el capitalismo extendió su reino al resto del mundo:

“El descubrimiento de las comarcas auríferas y argentíferas en América, el exterminio, la esclavización y soterramiento en las minas de la población aborigen, la conquista y saqueo de las Indias Orientales, la transformación de África en un coto reservado para la caza comercial de pieles negras, caracterizan los albores de la era de producción capitalista. Estos procesos idílicos constituyen factores fundamentales de la acumulación originaria”.[2]

Desde entonces, el capitalismo prosiguió su ofensiva contra los bienes comunes por dos razones: 1) Todavía no desaparecieron del todo y por lo tanto limitan la dominación total del capital, por lo que buscan apropiarse de los mismos o reducirlos a un estricto mínimo. 2) Una serie de importantes luchas permitieron recrear espacios de bienes comunes durante los siglos XIX y XX. Esos espacios de bienes comunes están constantemente cuestionados.

Durante los siglos XIX y XX hubo, simultáneamente, destrucción y reconquista o construcción de espacios de bienes comunes

Durante el siglo XIX y en la primera mitad del siglo XX, el movimiento obrero recreó espacios de bienes comunes al desarrollar sus sistemas de solidaridad: creación de cooperativas, desarrollo de cajas de resistencia, fondos de solidaridad. La victoria de la Revolución rusa condujo también, durante un período corto de tiempo, al restablecimiento de bienes comunes, antes de que la degeneración estalinista impusiera la dictadura y los privilegios vergonzosos en beneficio de la casta burocrática, como lo describió en 1936 León Trotsky en su libro La revolución traicionada.

En cierta forma, volviendo a los países capitalistas, las luchas políticas y sociales produjeron en el siglo XX (según una periodicidad que varía de un país a otro) el desarrollo de lo que se llamó el Estado de bienestar, cuando los gobiernos capitalistas comprendieron que era necesario hacer concesiones al movimiento obrero para conseguir la paz social, y en algunos casos evitar el reinicio de luchas revolucionarias.

Después de la Segunda Guerra Mundial, desde finales de los años 1940 hasta finales de los años 1970, la ola de descolonización, principalmente en África, Oriente Próximo y en Asia, a la que se agregan las victorias de revoluciones como la de China (1949) o la de Cuba (1959), condujeron al renacimiento de algunos bienes comunes, especialmente por medio de la ola de nacionalizaciones de algunas infraestructuras (el canal de Suez en 1956 por el régimen de Nasser) y de fuentes de materias primas (el cobre por Allende a comienzos de los años 1970) y los hidrocarburos (Argelia, Libia, Iraq, Irán…).

Ese período de reafirmación de los bienes comunes se expresó claramente en una serie de documentos de las Naciones Unidas, desde la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948 hasta la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo de 1986. Subrayemos el punto 2 del artículo 1 de la Declaración sobre el Derecho al Desarrollo que dice:

“El derecho humano al desarrollo implica también la plena realización del derecho de los pueblos a la libre determinación, que incluye, con sujeción a las disposiciones pertinentes de ambos Pactos internacionales de derechos humanos, el ejercicio de su derecho inalienable a la plena soberanía sobre todas sus riquezas y recursos naturales”.

Ese derecho inalienable de los pueblos “a la plena soberanía sobre todas sus riquezas y recursos naturales” está cuestionado constantemente por instituciones como el Banco Mundial, el FMI, la mayor parte de los gobiernos y las grandes compañías privadas.

A propósito de los bienes comunes

Dentro de los límites de este artículo, no estableceré una tipología de los bienes comunes. Utilizaré este término en un sentido genérico, que va desde la propiedad colectiva de las tierras que, bajo diferentes formas, marcó hasta hoy toda la historia humana, hasta los espacios de bienes comunes de origen más reciente. Por ejemplo, los servicios públicos que constituyen conquistas sociales implementadas en el marco legal, y financiadas mediante los impuestos, que remontan principalmente a las luchas obreras del siglo XX. Los bienes comunes incluyen también iniciativas propias de los movimientos de trabajadoras y trabajadores que nacieron al comienzo del reino capitalista, como las cajas de solidaridad, las cajas de resistencia, las cooperativas, las cajas de crédito mutuo, sin olvidar, más recientemente, el salario y el sistema de seguridad social, cómo fueron conquistados por el movimiento obrero en el siglo XX, analizados de manera original por Bernard Friot[3]. En el espacio de los bienes comunes, las relaciones mercantiles están o excluidas o reducidas a un mínimo.

Adaptando un pasaje de un libro de Jean-Marie Harribey, podemos decir que, en un contexto de crisis ecológica cada vez más grave, el renovado interés por la noción de bien común nació de la concienciación de la existencia de un patrimonio común de la humanidad y, por lo tanto, de la necesidad de preservar algunos bienes materiales (agua, aire, suelo, bosques y selvas, materias primas) e inmateriales (clima, conocimientos, cultura, salud, estabilidad financiera, paz, etc.)[4].

La actividad de reproducción social aparece también en el centro de las preocupaciones por los bienes comunes gracias a la acción de los movimientos feministas. Como escriben Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya y Nancy Fraser en su manifiesto titulado Feminismo para el 99%[5]:

“Por último, la sociedad capitalista alberga una contradicción sociorreproductiva: una tendencia a reclutar para beneficio del capital tanto trabajo reproductivo libre como le sea posible, sin preocuparse en absoluto de reponerlo. Como consecuencia, periódicamente da lugar a crisis de cuidados, que agotan a las mujeres, devastan familias y tensan las energías sociales hasta un punto de ruptura”.

Las autoras definen la reproducción social englobando las actividades que sustentan a los seres humanos como seres sociales con cuerpo, que no solo deben comer y dormir, sino también criar a sus hijos, cuidar de sus familias y mantener sus comunidades, todo ello mientras persiguen sus esperanzas de cara al futuro. Estas actividades de crear personas existen de una forma u otra en todas las sociedades. Sin embargo, en las sociedades capitalistas dichas actividades también deben servir a otro amo, a saber, al capital, que requiere que el trabajo sociorreproductivo produzca y reponga la fuerza de trabajo.

Lo que agregan las autoras, un poco más adelante, nos acerca a la situación puesta en evidencia por la crisis multidimensional actual del capitalismo y la pandemia del coronavirus:

“Se asume que siempre habrá energías suficientes para producir obreros y sostener las conexiones sociales de las que dependen la producción económica y, más en general, la sociedad. En realidad, las capacidades sociales reproductivas no son infinitas, y puede suceder que se las tense hasta el punto de ruptura. Cuando una sociedad retira el apoyo público a la reproducción social y a un mismo tiempo recluta a sus principales proveedores para largas y extenuantes horas de trabajo mal remunerado, agota las mismas capacidades sociales de las que depende” (ibid. 63).

La deuda pública fue y es utilizada por el sistema capitalista para arremeter contra los bienes comunes

Desde los años 1970-1980, las deudas públicas fueron utilizadas sistemáticamente para aumentar los ataques contra los bienes comunes tanto en el Norte como en el Sur del planeta. Esto es lo que el CADTM, así como otros movimientos que se oponen a las deudas ilegítimas, denuncian sin parar desde los años 1980. Dediqué a esa lucha una decena de libros[6] y cientos de artículos. Es muy alentador constatar que cada vez hay más autores y autoras que remarcan la utilización del arma de la deuda para arremeter contra los bienes comunes y, en especial, los servicios públicos. Como ejemplo vuelvo a citar a las autoras del Manifiesto feminista para el 99%:

“En lugar de capacitar a los Estados para estabilizar la reproducción social a través de la provisión pública, permite que el capital financiero regule los Estados y el sector público según los intereses inmediatos de los inversionistas privados. Su arma elegida es la deuda. El capital financiero vive de la deuda soberana, que utiliza para proscribir incluso las formas más moderadas de provisión socialdemócrata, obligando a los Estados a liberalizar sus economías, abrir mercados e imponer la austeridad a poblaciones indefensas” (ibid., 66-67).

En el curso de la ofensiva neoliberal que dominó la escena mundial a partir de los años 1980, los gobiernos y diferentes organismos internacionales, como el Banco Mundial y el FMI, utilizaron la necesidad de pagar la deuda pública para generalizar una ola de privatizaciones de empresas estratégicas, de servicios públicos y de recursos naturales, tanto en el Norte como en el Sur del planeta. Eso invirtió, como se indicó antes, una tendencia que había marcado la evolución de las décadas precedentes, durante las cuales, bajo la presión de las luchas, se reforzaron los bienes comunes.

Es una lista larga la de los ataques realizados en nombre del reembolso de la deuda. Algunos aceleraron la crisis ecológica y el desarrollo de las zoonosis: desforestación acelerada, aumento de la cría intensiva y de monocultivos con el fin de suministrar ingresos en divisas que permitan pagar la deuda externa. Y para eso, se aplican las políticas de ajuste estructural recomendadas por el FMI y el Banco Mundial. Algunas de ellas, condicionadas por el reembolso de la deuda, tienen también un impacto directo sobre la capacidad de los estados y de sus poblaciones para poder hacer frente a la pandemia de la covid-19 y de otras crisis sanitarias: estancamiento o reducción de los gastos para la sanidad pública, imposición del respeto a las patentes de los medicamentos y tratamientos, renuncia a la producción de medicamentos genéricos, abandono de la producción local de equipamientos médicos, promoción del sector privado en el ámbito sanitario, supresión de la gratuidad del acceso a los servicios de salud en un gran número de países, precarización de las condiciones de trabajo de los trabajadores y las trabajadoras de la sanidad, desarrollo de la asociación público-privada…

Cuando entendemos el papel de la instrumentalización del pago de la deuda pública para intensificar las mortíferas políticas capitalistas neoliberales, también nos damos cuenta de la necesidad de luchar por la anulación de las deudas ilegítimas. Ya hace más de un siglo y medio, Marx encontró una expresión muy fuerte: “La deuda pública o, en otros términos, la enajenación del Estado –sea despótico, constitucional o republicano– deja su impronta en la era capitalista”[7].

Las patentes, el APDIC (Acuerdo de la OMC sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio), la Big Pharma…

El saber, los descubrimientos científicos y los procedimientos técnicos deberían constituir un bien común de la humanidad. Cuanto más se extendió el capitalismo, más favoreció la apropiación privada de los conocimientos y de las técnicas, especialmente por medio del sistema de patentes. Porque el gran capital no solo no comparte los conocimientos, sino que se los apropia y luego el público los ha de pagar. El gran capital acapara los resultados de las investigaciones efectuadas en universidades públicas. También patenta las semillas que son el resultado de múltiples selecciones realizadas a lo largo de siglos por los campesinos y campesinas. Por ejemplo, la firma Del Monte (agronegocio) hizo patentar tomates producidos por las poblaciones de los Andes y ahora hace pagar un derecho sobre sus semillas.

Cuando la Organización Mundial del Comercio se estableció en 1995, el Acuerdo sobre los Derechos de Propiedad Intelectual relativos al Comercio (ADPIC –en inglés TRIP’s, Trade Related Intelectual Property Rights–) permitió a las grandes empresas capitalistas reforzar su poder. Ese acuerdo concierne a ámbitos tan diversificados como son la programación informática y el diseño de circuitos impresos, los productos farmacéuticos y los cultivos transgénicos. Define unas normas mínimas sobre las patentes, los derechos de autor, las marcas comerciales y los secretos de fabricación. Esas normas las genera la legislación de los países industrializados, y se impone a todos los miembros de la OMC el tipo y nivel de protección de esos países. Son netamente más estrictas que la legislación vigente en la mayoría de países en desarrollo antes de su adhesión a la OMC y, a menudo, entran en conflicto con los intereses y necesidades propias de esos países. Es posible obligar a un país a aplicar el acuerdo ADPIC de la OMC por medio del sistema integrado de arreglo de diferendos. En la práctica, eso significa que si un país no respeta sus obligaciones en materia de derechos de propiedad intelectual, puede que se le impongan sanciones comerciales, lo que constituye una seria amenaza.

El FMI, el BM y las grandes potencias utilizaron toda su influencia, especialmente mediante su posición de acreedores, para empujar a los países en desarrollo recalcitrantes a respetar el acuerdo ADPIC. Más aún, la Unión Europea, Estados Unidos y otros países ricos consiguieron acuerdos bilaterales que ofrecen una protección de sus patentes todavía más estricta que las normas mínimas definidas en el acuerdo ADPIC: son las normas ADPIC plus. Como escribe Peter Rossman:

“Las empresas farmacéuticas financiarizadas deben entenderse como organizaciones que gestionan sus operaciones en términos de un conjunto de activos financieros más que activos físicos. Su principal activo financiero está constituido por las patentes, que generan el 80% de sus beneficios”.

Rossman precisa que:

“En 1980, Estados Unidos adoptó una ley que autorizaba a las pequeñas empresas y a las universidades patentar sus invenciones desarrolladas con fondos públicos. Antes, estas invenciones o descubrimientos iban automáticamente al gobierno que los concedía, bajo licencia, a fabricantes de productos genéricos, o estaban directamente inyectadas en el dominio público. Las universidades y las jóvenes empresas están ahora integradas en un complejo de conocimientos dirigidos por las empresas. La transferencia de tecnología transformó la investigación pública en patentes privadas”[8].

Rossman prosigue:

“Las empresas están cada vez más financiarizadas, reduciendo los gastos ligados a las capacidades de producción, a los empleados e incluso a la I+D, con el fin de liberar liquidez para distribuir entre los accionistas bajo forma de dividendos y realizando recompras de acciones. En dos de las mayores empresas, Pfizer y Johnson & Johnson, los gastos ligados a la recompra de acciones y a los dividendos entre 2006 y 2015 superaron sus ingresos netos totales. Estas dos empresas se volcaron hacia el mercado de préstamos para financiar los crecientes rendimientos de los inversores y de sus altos ejecutivos, utilizando los activos de propiedad intelectual como garantía”.

Durante ese período de 2006-2015, Pfizer pagó 131.000 millones de dólares a sus accionistas, al mismo tiempo que gastaba 82.000 millones de dólares en I+D[9].

En el contexto de la pandemia de la covid-19

Desde la extensión de la pandemia a todo el mundo, el debate sobre las patentes se hizo fundamental. En el seno de la OMC, 62 países, liderados por India y Sudáfrica, propusieron la renuncia a las obligaciones de los Estados miembros con respecto al acuerdo ADPIC, y que esa determinación se aplicara a todos los productos necesarios a la prevención, el confinamiento y el tratamiento de la covid-19. La propuesta quedó bloqueada en la OMC, en especial por la posición de la Comisión Europea, que rechazó adherirse a la opinión del Parlamento Europeo, que, sin embargo, votó dos veces a favor de la retirada de las patentes sobre las vacunas[10].

Literalmente es una cuestión vital, puesto que si se mantienen las patentes, una gran parte de la población de los países del Sur global, deseando vacunarse, no tendrá acceso a esas vacunas en unos plazos razonables. En agosto de 2021, menos del 2% de los 1.300 millones de habitantes de África tenían la pauta de vacunación completa, cuando en Europa occidental y Estados Unidos y Canadá era del 60%. Con fecha de junio de 2021, de los 2.295 millones de dosis administradas en el mundo, un cuarto fue administrado en los países del G7, que tienen nada más que el 10% de la población mundial. Solamente el 0,3% fue a los países de ingresos bajos, según la OMS.

Los gobiernos de los países del Sur que deseen permitir a su población estar vacunada se tendrán que endeudar ya que las iniciativas del tipo Covax son totalmente insuficientes y consolidan la influencia del sector privado.

Los ingresos brutos y los beneficios netos que, a ojos de todos, está acaparando la Big Pharma gracias a las patentes son descomunales. Aproximadamente, el coste de producción de una dosis de vacuna anticovid varía entre 1 y 2 euros, mientras que los gobiernos del Norte la compran a un precio entre 10 y 20 veces mayor[11]. O sea, los gobiernos compran miles de millones de dosis de las vacunas anticovid a precios totalmente abusivos.

Por ejemplo, una dosis de vacuna anticovid cuesta a Pfizer entre 1 y 2 euros, y la vende al Estado de Israel a 23 euros y a la Unión Europea a 19,50 euros[12]. Sin embargo, la puesta a punto y la producción de esas vacunas fue ampliamente financiada por los poderes públicos.

Las vacunas con ARNm de Pfizer-BioNTech y de Moderna, que se pusieron en el mercado en menos de un año, se basan, en parte, en patentes anteriores. Principalmente, en una tecnología concebida por la Universidad de Pensilvania para fabricar ARN mensajero inofensivo para nuestro organismo, cuya patente fue depositada en 2005. Los dos laboratorios pagaron, cada uno, 75 millones de dólares para poder utilizar esa patente. La técnica innovadora consistente en estabilizar la proteína de la espícula del coronavirus también salió de la investigación pública. La vacuna de Astra Zeneca fue concebida gracias a los investigadores de la Universidad de Oxford.

Estados Unidos de la era Trump prefinanció la investigación y producción de vacunas con 11.000 millones de dólares. En concreto, la compañía estadounidense Johnson & Johnson recibió por parte de Estados Unidos, desde el mes de marzo de 2020, más de 450 millones de dólares, luego 1.000 millones de dólares por 100 millones de dosis de la vacuna. Pfizer y BioNTech recibieron de Estados Unidos, desde el comienzo, cerca de 2.000 millones de dólares para 100 millones de dosis. A Moderna le tocó el premio gordo con 2.500 millones de dólares para financiar sus ensayos clínicos, y producir 100 millones de dosis. Por otra parte, Estados Unidos acordó 1.600 millones de dólares a la biotechNovavax por 100 millones de dosis. A Astra Zeneca y a la Universidad de Oxford se le inyectaron 1.200 millones de dólares para 300 millones de dosis reservadas.

Por parte europea, en noviembre de 2020 supimos que la Comisión Europea había firmado acuerdos con seis laboratorios: Moderna (un pedido de 160 millones de dosis), Astra Zeneca, Johnson & Johnson (400 millones de dosis cada uno), Sanofi-GSK (300 millones de dosis), Pfizer-BioNTech (300 millones de dosis) y con CureVac (405 millones de dosis). En 2020, eso representaba 2.000 millones de euros, pero desde entonces hubo un fuerte aumento de lo pagado a las firmas privadas[13].

Frente al escándalo de una nueva privatización de los beneficios y de socialización de las pérdidas, es fundamental apoyar propuestas radicales como la que hacen las y los firmantes del manifiesto “¡Terminemos con el sistema de patentes privadas! Por una industria farmacéutica bajo control popular y un sistema de vacunación gratuito, universal y público”, que fue lanzado por la red mundial del CADTM. El manifiesto afirma especialmente que: “La salud y el acceso a la sanidad y a la vacunación son derechos humanos universales. Por consiguiente, las vacunas deben ser consideradas como un bien común mundial. Y para asegurar su accesibilidad universal, la suspensión necesaria y urgente de las patentes debe acompañarse de mecanismos de nacionalización de las industrias farmacéuticas privadas y de una fuerte inversión en el desarrollo de industrias farmacéuticas públicas en todos los países. Es necesaria una acción decisiva que permita una planificación pública de la producción y de la distribución de las vacunas, desarrollando las capacidades de producción locales cuando eso sea posible y completándolo por una solidaridad internacional obligatoria en otros casos”. Los y las firmantes del manifiesto exigen también:

  • “La introducción de impuestos sobre la riqueza (patrimonio e ingresos del 1% más rico) para financiar la lucha contra la pandemia y asegurar una salida socialmente justa y ecológicamente perenne de las diferentes crisis del capitalismo mundial”.
  • “La suspensión del pago de la deuda durante el tiempo que dure la pandemia y la anulación de las deudas ilegítimas y de aquellas contraídas para financiar la lucha contra el virus”.

En resumen, la lucha por la defensa de los bienes comunes y la conquista de otros nuevos está íntimamente ligada a la lucha contra las deudas ilegítimas y el sistema capitalista en su conjunto.

Notas

[1] Marx, Karl (2009) El Capital, Tomo I, Vol. 3, sección séptima, “El proceso de acumulación de capital”, capítulo XXIV, 2-”La expropiación de la población rural y de su tierra”, pp. 917-918. Madrid: Siglo XXI.

[2] Ibid., sección sexta, “La génesis del capitalismo industrial”.

[3] Puissances du salariat, París, La Dispute, 2012.

[4] Harribey, Jean-Marie (2013) La richesse, la valeur et l’inestimable, París, http://www.editionslesliensquiliberent.fr/f/index.php?sp=liv&livre_id=67.

[5] Arruzza, Cinzia; Bhattacharya, Tithi y Fraser, Nancy (2019) Manifiesto de un feminismo para el 99%, Herder, Barcelona.

[6] Véase, por ejemplo, La bolsa o la vida. Las finanzas contra los pueblos, cuya primera edición es de 1999. También se puede consultar 60 preguntas, 60 respuestas sobre la deuda, el FMI y el Banco Mundial, coescrito con Damien Millet.

[7] Marx, Karl, El Capitalop. cit., p. 943.

[8] Peter Rossman, “Les sociétés transnationales et le Covid-19. Droits de propriété intellectuelle versus droits de l’homme” https://www.cadtm.org/Les-societes-transnationales-et-le-Covid-19-Droits-de-propriete-intellectuelle y https://alencontre.org/societe/les-societes-transnationales-et-le-covid-19-droits-de-propriete-intellectuelle-versus-droits-de-lhomme.html, 2 de septiembre de 2021.

[9] Las cifras citadas por Rossman provienen de Lazonick et al., “US Pharma’s Financialized Business Model”, Institute for New Economic Thinking, julio de 2017. https://www.ineteconomics.org/uploads/papers/WP_60-Lazonick-et-al-US-Pharma-Business-Model.pdf

[10] Miguel Urbán Crespo, Beatriz Ortiz Martínez, “Que por primera vez haya un texto europarlamentario exigiendo suspender las patentes condiciona a la UE”, https://www.cadtm.org/Que-por-primera-vez-haya-un-texto-europarlamentario-exigiendo-suspender-las

[11] Mathilde Damgé, “Covid-19: comprendre le prix d’un vaccin, de la recherche au flacon”. Le Monde, publicado el 9 de junio de 2021. https://www.lemonde.fr/les-decodeurs/article/2021/06/09/covid-19-de-la-recherche-au-flacon-comprendre-le-prix-d-un-vaccin_6083481_4355770.html

[12] Rtbfy Agence Belga, “Coronavirus: Pfizer et Moderna augmentent le prix de leur vaccin pour l’Europe”, publicado el 1 de agosto de 2021, https://www.rtbf.be/info/societe/detail_coronavirus-pfizer-et-moderna-augmentent-le-prix-de-leur-vaccin-pour-l-europe?id=10815946

[13] Todas esas cifras fueron publicadas por el diario financiero francés Les Échos, en noviembre de 2020, “Covid: 5 chiffres fous sur le financement des vaccins”, https://www.lesechos.fr/industrie-services/pharmacie-sante/covid-5-chiffres-fous-sur-le-financement-des-vaccins-1269170

Fuente: Viento Sur.