miércoles, 5 de enero de 2022

El Manifiesto Comunista - Marx y Engels (3/3)

Puturru de Fua - Reyes Majos

La desertificación está dejando la Tierra estéril, pero hay una solución que todavía está a nuestro alcance

 

La desertificación está dejando la Tierra estéril, pero hay una solución que todavía está a nuestro alcance

 

Por David R. Montgomery 

Rebelion

05/01/2022 


Fuentes: The Guardian [Imagen: En España aproximadamente un quinto de toda la tierra está en alto riesgo de desertificación. Fotografía: David Ramos/GettyImages]



Traducido por Eva Calleja

La expansión de las tierras áridas está dejando a países enteros enfrentados a la hambruna. Es hora de cambiar la manera en la que pensamos sobre la agricultura.

Este verano las olas de calor sin precedentes y los dramáticos incendios en el sur de Europa y en el oeste norteamericano fueron duros recordatorios de que la crisis climática está aquí.  Pero mientras el mundo se calienta, también hay una crisis más silenciosa y menos conocida desarrollándose bajo nuestros pies.  La desertificación, durante mucho tiempo vista como una crisis que principalmente afecta a las naciones en desarrollo, está llegando también a Europa y Norteamérica, a medida que las sequias cada vez extremas tuestan los suelos ya degradados por las prácticas agrícolas y de pastoreo convencionales.

En España, por ejemplo, aproximadamente un quinto de toda la tierra está ahora en alto riesgo de desertificación, como también lo está la tierra agrícola en Italia, Grecia y el oeste de Norteamérica.

La desertificación es un proceso que convierte las tierras fértiles en tierras áridas debido a la interacción  entre los efectos de la actividad humana y los extremos climáticos.  La degradación del suelo es la disminución de su capacidad para mantener cultivos y ganado, ya sea por la erosión de su capa superficial fértil o por la pérdida de su capacidad de retener el agua, materia orgánica rica en nutrientes y la vida que lo mantiene.  Las praderas semiáridas como el Sahel y las llanuras del oeste de Norteamérica son las más vulnerables debido a que la perdida de la vegetación nativa resistente a las sequias puede desencadenar  una degradación rápida del suelo y una pérdida de productividad agrícola.

Sin embargo, un clima cambiante no es la única causa detrás de la desertificación. Cómo tratamos la tierra, cómo cultivamos y pastoreamos, también importa. Los suelos sanos y llenos de vida retienen mejor la humedad que cae sobre los campos agrícolas.

La desertificación es un problema creciente. Una auditoria de la UE de 2018 encontró que, solo en Europa, un área dos veces la superficie de Portugal había entrado en un alto riesgo de desertificación en la década anterior.  En décadas recientes 13 estados de la EU se declararon afectados debido a que la región mediterránea experimentó una expansión significativa de las tierras áridas (regiones con baja pluviometría).  Se estima que la degradación del suelo cuesta decenas de miles de millones de euros al año en la UE, y sin embargo, la manera en la que los agricultores tratan el suelo sigue prácticamente sin regular en ambos lados del Atlántico en lo que se refiere a la salud del suelo.

La amenaza de desertificación y de la degradación del suelo aumentará a medida que progresa la crisis climática.  Un informe de 2018 encontró que la degradación de la tierra ya afecta al bienestar de al menos 3.2 miles de millones de personas, más de un tercio de la humanidad. Entre 1982 y 2015 las prácticas insostenibles de uso de la tierra ya desertificaron un 6% de las tierras áridas del mundo.  Globalmente, se estima que el área de tierras áridas aumente en un 23% este siglo.

Ya se prevé que el aumento de temperatura reducirá las cosechas de cultivos básicos como el trigo, el arroz, el maíz y la soja en un 3-7% por cada 1ºC de aumento. En el estado de Washington, por ejemplo, este año las cosechas de trigo han disminuido a la mitad debido a una sequía devastadora. Madagascar se enfrenta ahora a una hambruna provocada por el cambio climático.

Pero no son solo las sequias las que provocan el problema. Las prácticas agrícolas que degradan el suelo reducen la resiliencia de los cultivos debido a que el empeoramiento de las condiciones afecta las cosechas. Las tierras áridas son particularmente sensibles a la degradación por el laboreo y el sobrepastoreo. Si continua, la degradación del suelo aumentará aún más la amenaza a la producción agrícola en regiones de las que la humanidad depende para alimentarse.

Mirando atrás en la historia, es claro que la desertificación y la degradación del suelo no son problemas nuevos.  Desde la llegada de la agricultura, la humanidad ha degradado hasta un tercio de la tierra potencialmente cultivable del mundo.  Este patrón refleja tanto una larga historia de erosión provocada por el arado, como la adopción más reciente de prácticas agrícolas modernas que agotan la materia orgánica y perturban los ecosistemas del suelo.  Desafortunadamente, estamos repitiendo el problema a escala global.

Las prácticas ahora convencionales de cultivo y pastoreo que degradan el suelo dejan a los agricultores de todo el mundo cada vez más dependientes de grandes cantidades de fertilizantes y plaguicidas químicos. El declive de la salud del suelo debido al agotamiento dela materia orgánica y de la vida del suelo es un problema crítico cada vez más reconocido.

Según un informe de la EU de 2015 vamos camino de degradar otra tercera parte de la tierra cultivable global en el curso de este siglo.  Estamos dejando la tierra más frágil y a nuestros cultivos más vulnerables al mismo tiempo que el cambio climático está creando presiones medioambientales sin precedentes.

Para combatir y revertir la creciente amenaza de desertificación y degradación de los suelos necesitamos reducir las emisiones de carbono y cambiar la manera en la que cultivamos.  No tenemos que reaprender lecciones de las sociedades pasadas que degradaron sus suelos.  Pero para evitar su suerte necesitamos reorientar nuestra agricultura en torno a prácticas de cultivo y pastoreo que regeneren la salud del suelo.

Hace varios años, visité y escribí sobre granjas y ranchos de todo el mundo que habían restaurado la fertilidad de tierras antes degradadas.  Vi como la agricultura y el pastoreo regenerativo basado en prácticas de creación de suelos pueden revertir su degradación, reconstruir la salud del suelo y hacer que las granjas sean más resilientes ante fenómenos meteorológicos extremos, mientras que se mantienen buenas cosechas.  Pero se necesita reemplazar las prácticas agrícolas convencionales que dependen de un laboreo intensivo y del uso masivo de fertilizantes químicos por prácticas que priorizan la salud del suelo.

Además de los intensos esfuerzos para reducir las emisiones de carbono derivadas de los combustibles fósiles, necesitamos un impulso global sostenido para reconstruir la salud de los suelos agrícolas del mundo.  Afortunadamente, esto último puede ayudar con lo primero.  Las prácticas agrícolas que crean suelos sanos convierten el dióxido de carbono capturado de la atmosfera en materia orgánica para el suelo. Mientras que el potencial de los suelos para secuestrar carbono sigue siendo intensamente debatido, incluso las estimaciones más prudentes ayudarían a ralentizar el cambio climático.

El suelo es el cimiento de la vida en la Tierra. A medida que nos enfrentamos a un siglo con condiciones meteorológicas cada vez más volátiles y con una población en aumento,  lo necesitamos en sus mejores condiciones para sustentarnos.  La humanidad debe tomarse en serio nuestra responsabilidad colectiva intergeneracional para conservar la salud y la fertilidad de nuestra tierra, sin importar donde vivamos.

David R. Montgomery es profesor de geomorfología en la Universidad de Washington, y autor de Tierra: La erosión de la civilizaciones (Dirt: TheErosion of Civilizations ) y  Cultivando una revolución: Devolver la salud a nuestros suelos (Gorwing a Revolution:Bringingoursoil back tolife).

Fuente: https://www.theguardian.com/commentisfree/2021/sep/02/desertification-barren-solution-famine-agriculture?

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Treinta años sin la Unión Soviética

 

Treinta años sin la Unión Soviética

 

Por Higinio Polo 

Rebelion

04/01/2022 


Fuentes: Mundo Obrero


Se han cumplido ahora treinta años de la destrucción de la Unión Soviética.

Violando el referéndum de marzo de 1991, donde la gran mayoría de la población de las repúblicas soviéticas votó por la conservación de la URSS, los tres conspiradores (el presidente ruso, Yeltsin; el ucraniano Kravchuk y el bielorruso Shushkévich) que se reunieron a espaldas de Gorbachov en el bosque de Białowieża el 8 de diciembre de 1991, junto a la frontera polaca, disolvieron la Unión protagonizando un golpe de Estado que recibió el inmediato apoyo de todos los poderes occidentales. Los tres de Białowieża se revelarían después como unos corruptos y ladrones. Yeltsin era un demagogo que supo engañar a la población rusa: se hizo elegir como defensor de Lenin y giró en unos meses a imponer el capitalismo de bandidos.

La operación contó con la complicidad de Estados Unidos, que conocía las intenciones de los conjurados y abonaba la partición del país. En el trasfondo había una desmedida ambición de poder del turbio y borracho Yeltsin: quería todo el poder del Kremlin y para ello debía expulsar a Gorbachov, y la forma de conseguirlo era disolver la Unión Soviética.

Cuando Gorbachov fue informado por Shushkévich del acuerdo de disolución de la URSS, el pusilánime presidente se sintió incapaz de oponerse a la conjura, debilitado por el fuego cruzado de quienes encabezaron con el vicepresidente Yanáyev la intentona fracasada de agosto de 1991 para apartarlo del poder y quienes como Yeltsin y los dirigentes nacionalistas conspiraban en el desorden creado por la perestroika. Gorbachov podía haber resistido, ejerciendo su poder como presidente de la URSS, pero fue un funesto gobernante: abandonó y dejó el campo libre a Yeltsin. Si el proyecto de Gorbachov era la renovación del socialismo y del país, se rodeó de los peores dirigentes para hacerlo, como Yakovlev o Shevardnadze. Yakolev admitiría después que en los años de la perestroika trabajaba para liquidar el Partido Comunista. Además, las decisiones de Gorbachov desorganizaron la economía y crearon un creciente caos que aprovecharon los enemigos del socialismo.

Sigue asombrando cómo personajes de la calaña de los tres de Białowieża pudieron llegar a puestos tan relevantes en el PCUS: los comunistas rusos explican hoy que una parte de la organización había degenerado. Los Yeltsin, Kravchuk, Shushkévich, el kazajo Nazarbáiev, el uzbeko Karímov, el azerí Mutallibov y otros, vieron la ocasión propicia para apoderarse de la riqueza del país: todos ellos disolvieron el partido comunista en sus repúblicas y acabaron organizando partidos derechistas: empezaba el tiempo de los ladrones, que aún no ha terminado. También asombra que muchos intelectuales creyeran a un sujeto como Yeltsin, un corrupto, hipócrita y borracho que, dos años después, en 1993, bombardearía el parlamento ruso causando una matanza en Moscú.

Ahora, con ocasión del treinta aniversario de la disolución, Kravchuk fue entrevistado en la televisión rusa y siguió con sus armas de tramposo: «Si Białowieża fue un golpe de Estado, ¿por qué nadie se rebeló?», dijo. Ocultó que Gorbachov había dimitido como secretario general y hecho un llamamiento para disolver el partido ya en agosto de 1991, y que el día 29 de ese mismo mes el Partido Comunista fue prohibido en toda la Unión Soviética, y sus locales incautados, y que en las repúblicas gobernaban oportunistas como el uzbeko Karímov que pasó de apoyar la intentona de Yanáyev a prohibir el Partido Comunista en Uzbekistán. Los millones de comunistas soviéticos carecían de dirección, y todas las organizaciones del partido estaban prohibidas: también comenzaba la persecución.

En el tránsito al capitalismo murieron millones de personas. La traición llegó tan lejos que había agentes de la CIA en el gobierno de Yeltsin e incluso en las instalaciones nucleares, que diseñaron la privatización y el robo de la propiedad pública. Los golpistas de Białowieża sabían que la mera persistencia de la Unión Soviética era un impedimento para sus objetivos de gángsters. Sin embargo, pese a la represión, el comunismo no ha desaparecido: el partido comunista ruso, reorganizado, continúa siendo la principal fuerza política del país, aunque le roben las elecciones, como ocurrió en 1996 con Yeltsin o en los recientes comicios a la Duma.

La destrucción de la Unión Soviética dio inicio a un nuevo ciclo de explotación y latrocinio en el mundo y estimuló la voracidad imperialista de Estados Unidos, que quiso someter al planeta sin temor a la oposición soviética, aunque fracasó, y después llegó China. Pero esa es otra historia, aunque sea la misma.

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Los (supuestos) límites del capitalismo. Los (supuestos) límites del capitalismo. [Lo que no tiene límite es la voracidad del capitalista por hacer crecer los capitales. Pero el capitalista que puede ser alto, bajo, feo, guapo, pervertido moral, moreno o rubio no es el capitalismo. Punto primero a tener en cuenta por los trabajadores. Y, esto no es ocurrencia mía sino el resultado de los estudios realizados por Marx y Engels, entre otros, acerca del modo de producción capitalista. Qué otra cosa representa la crisis de 2008 más que el principio del fin del proceso histórico que inexorablemente conducirá (mecánicamente o automáticamente no, hermano, que se habla de un proceso histórico) a la extinción histórica del modo de producción capitalista como modo de producción dominante (que lo siento paisano tener que utilizar términos marxistas, pero que no hay otros para poderse entenderse). Hasta 2008 el capitalismo cumple su función histórica de desarrollar todas las fuerzas productivas que condujeron al progreso social. A partir de esta fecha, y en tus gafas encomiendo estas líneas patrona de la vista Santa Lucia de mi vida y mi corazón, ¿alguien ha podido ver –yo digo ver, no creer en nada por aquí, nada por allí, solución de la crisis, social y que no me hagas reír María Luisa- desde 2008 a esta parte algún signo de desarrollo de las fuerzas productivas o algún síntoma de progreso social? ¿Lo visto de desde 2008 a esta parte no es más bien un mazacote macizón de regreso social –quiere decirse, queridos, empeoramiento generalizado de las condiciones de vida cada vez más intenso y extenso para cada vez más gente? ¿No será esto el “límite” del capitalismo? Ea, pues venga, como buenos amigos, cada mochuelo a su olivo, pero sin discutir que es muy temprano y a leer El Capital que es mucho gueno, maño. Más liao que la pata un romano, pero mucho gueno, que eso ya lo he dicho. Sí, sí, lo de maño también lo he dicho.]

 

Los (supuestos) límites del capitalismo

 

Raúl Zibechi

El Viejo Topo

3 enero, 2022 


 


Durante mucho tiempo una parte de los marxistas aseguraron que el capitalismo tiene límites estructurales y económicos, fincados en leyes que harían inevitable su (auto) destrucción. Esas leyes son inmanentes al sistema y se relacionan con aspectos centrales del funcionamiento de la economía, como la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia, analizada por Marx en El capital.

Esta tesis dio pie a que algunos intelectuales hablaran del derrumbe del sistema, siempre como consecuencia de sus propias contradicciones.

Más recientemente, no pocos pensadores sostienen que el capitalismo tiene límites ambientales que lo llevarían a destruirse o por lo menos a cambiar sus aspectos más depredadores, cuando en realidad lo que tiene límites es la propia vida en el planeta y, muy en particular, la de la mitad pobre y humillada de su población.

Hoy sabemos que el capitalismo no tiene límites. Ni siquiera las revoluciones han podido erradicar este sistema ya que, una y otra vez, en el seno de las sociedades posrevolucionarias se expanden relaciones sociales capitalistas y desde dentro del Estado resurge la clase burguesa encargada de hacerlas prosperar.

La expropiación de los medios de producción y de cambio fue, y seguirá siendo, un paso central para destruir el sistema, pero, a más de un siglo de la revolución rusa, sabemos que es insuficiente, si no existe un control comunitario de esos medios y del poder político encargado de gestionarlos.

También sabemos que la acción colectiva organizada (lucha de clases, de géneros y de colores de piel, contra las opresiones y los opresores) es decisiva para destruir el sistema, pero esta formulación también resulta parcial e insuficiente, aunque verdadera.

La actualización del pensamiento sobre el fin del capitalismo, no puede sino ir de la mano de las resistencias y construcciones de los pueblos, de modo muy particular de zapatistas y kurdos de Rojava, de los pueblos originarios de diversos territorios de nuestra América, pero también de los pueblos negros y campesinos, y en algunos casos de lo que hacemos en las periferias urbanas.

Algunos puntos parecen centrales para superar este desafío.

El primero es que el capitalismo es un sistema global, que abarca todo el planeta y debe expandirse permanentemente para no colapsar. Como nos enseña Fernand Braudel, la escala fue importante en la implantación del capitalismo, de ahí la importancia de la conquista de América, ya que le permitió, a un sistema embrionario, desplegar sus alas.

Las luchas y resistencias locales son importantes, pueden incluso doblegar al capitalismo a esa escala, pero para acabar con el sistema es imprescindible la alianza/coordinación con movimientos en todos los continentes. De ahí la tremenda importancia de la Gira por la Vida que estos días realiza el EZLN en Europa.

El segundo es que no se destruye el sistema de una vez para siempre, como debatimos durante el seminario El pensamiento crítico frente a la Hidra capitalista, en mayo de 2015. Pero aquí hay un aspecto que nos desafía profundamente: sólo la lucha constante y permanente, puede asfixiar el capitalismo. No se lo corta de un tajo, como las cabezas de la Hidra, sino de otro modo.

En rigor, debemos decir que no sabemos exactamente cómo terminar con el capitalismo, porque nunca se ha logrado. Pero vamos intuyendo que las condiciones para su continuidad y/o resurgimiento deben acotarse, someterse a control estricto, no por un partido o un Estado, sino por las comunidades y pueblos organizados.

El tercer punto es que no se puede derrotar el capitalismo si a la vez no se construye otro mundo, otras relaciones sociales. Ese mundo otro o nuevo, no es un lugar de llegada, sino un modo de vivir que en su cotidianidad impide la continuidad del capitalismo. Las formas de vida, las relaciones sociales, los espacios que seamos capaces de crear, deben existir de tal modo que estén en lucha permanente contra el capitalismo.

El cuarto es que, mientras exista Estado, habrá chance de que el capitalismo vuelva a expandirse. En contra de lo que pregona cierto pensamiento, digamos progresista o de izquierda, el Estado no es una herramienta neutra. Los poderes de abajo, que son poderes no estatales y autónomos, nacen y existen para evitar que se expandan las relaciones capitalistas. Son, por tanto, poderes por y para la lucha anticapitalista.

Finalmente, el mundo nuevo posterior al capitalismo no es un lugar de llegada, no es un paraíso donde se practica el buen vivir, sino un espacio de lucha en el que, probablemente, los pueblos, las mujeres, las disidencias y las personas de abajo en general, estaremos en mejores condiciones para seguir construyendo mundos diversos y heterogéneos.

Creo que si dejamos de luchar y de construir lo nuevo, el capitalismo renace, incluso en el mundo otro. El relato del Viejo Antonio que dice que la lucha es como un círculo, que empieza un día pero nunca termina, tiene enorme actualidad.

Artículo publicado originalmente en La Jornada.

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domingo, 2 de enero de 2022

La reforma laboral, a debate. [Pero sin campanazos al aire y evidenciando la falta de organización de los trabajadores para defender y hacer valer sus intereses y derechos frente y en contra a los del capital que no son chiquilladas ni voceríos y gesticulaciones a un lado y otro, sino la base material en la que se sustentan las condiciones de vida]

 

La reforma laboral, a debate

Kaosenlared / Por Albert Recio Andreu

El fin de año político culmina con el anuncio del pacto sobre la reforma laboral. Y, por primera vez, no se trata de un recorte de derechos. De por sí debe considerarse una buena noticia. No se trata de la derogación de la reforma laboral de 2012, pero tampoco es un mero ejercicio cosmético. Para que hubiera sido una reforma radical el Gobierno debería haberla aprobado de la misma forma que lo hizo el PP: sin negociar (o haciéndolo sólo con los sindicatos). Pero esto hubiera sido un ejercicio de alto riesgo porque se habría enfrentado no sólo a la patronal y sus aliados políticos, sino a alguno de sus posibles apoyos parlamentarios, a todos los grandes medios de comunicación y a la Unión Europea. No estamos intervenidos, pero seguimos estando supervisados. No solo por ser socios de la UE. sino, sobre todo por el elevado nivel de endeudamiento externo.

La deuda ha sido en todos los tiempos un poderoso mecanismo para imponer pérdidas de derechos. En diferentes momentos históricos las deudas han convertido a mucha gente en esclavos, presos o migrantes forzosos. Y en todos los tiempos los deudores han sido explotados por sus acreedores. En el pasado reciente, los países del Sur de Europa fueron forzados a aplicar duras medidas de ajuste a causa de la deuda. Por ejemplo, a Grecia se la forzó a aplicar una reforma laboral. La resistencia del Gobierno griego tuvo como único efecto la creación de una comisión en la que la UE nombró a tres miembros y los griegos a otros tres. Uno de los tres propuestos por el Gobierno griego, el economista alemán Gerhard Bosch, difundió el dictamen y nos comentó la experiencia. El punto de partida de la Unión Europea era muy radical, en la línea de la reforma española del 2012, pero el dictamen de la Comisión fue bastante más mesurado que la propuesta inicial y desagradó a los halcones de Bruselas. Por cierto, que entre los miembros de la Comisión partidarios de la línea dura había dos españoles, uno de ellos economista del Banco de España. Cuento esta historia porque creo que ayuda a situar varias cuestiones de contexto. Tanto del papel y las demandas europeas, que hasta hace nada se han alineado con la línea neoliberal más radical, como del propio papel que tienen una parte de las élites técnicas españolas (académicas y altos funcionarios) en la defensa de estas tesis radicales. Algo que ayuda a entender las dificultades con las que se han tenido que enfrentar los defensores de una reforma laboral más profunda. Un enfrentamiento que se ha producido no sólo entre las partes negociadoras, sino también en el seno del propio Gobierno.

II

Los cambios que introduce la reforma afectan a elementos clave de la reforma de 2012, a reformas anteriores y a la consolidación del marco protector puesto en marcha con motivo del confinamiento.

El principal cambio que tiene que ver con la reforma del 2012 se encuentra en el campo de la negociación colectiva: se elimina la limitación a un año de la ultraactividad y se da primacía al convenio de sector en materia salarial. La ultraactividad supone que las normas de un convenio colectivo siguen vigentes hasta que se firma uno nuevo. Garantiza derechos laborales adquiridos. El PP limitó su vigencia a un año, transcurrido el cual el antiguo convenio quedaba extinguido y se generaba una situación favorable a negociar nuevos convenios a la baja (algunas empresas trataron de imponer convenios leoninos, lo que acabó generando sentencias judiciales contradictorias). Era, además una forma de laminar los convenios sectoriales y generar un marco de relaciones laborales limitado a la empresa o al centro de trabajo. La experiencia en todo el mundo es que, donde predomina este modelo, en muchas empresas no se negocian convenios y el salario mínimo y el resto de normas legales básicas (por ejemplo, sobre jornada laboral) acaban siendo los únicos elementos protectores de los derechos laborales. La vuelta a la ultraactividad indefinida y a la fijación de salarios por convenios sectoriales abre la posibilidad de reforzar una acción colectiva en un país donde pequeñas y medianas empresas son predominantes. No se ha conseguido sin embargo una recuperación completa en este campo. A última hora, los representantes empresariales consiguieron que también la jornada quedara incluida en lo que se definirá a nivel sectorial. Y tampoco se ha revocado ni una amplia manga ancha para que las empresas se descuelguen del convenio ni la posibilidad de negociar a nivel de empresa cambios en las condiciones de trabajo por comisiones de personal creadas ad hoc, y en las que las empresas suelen tener bastante poder.

En segundo lugar, se introducen modificaciones en materia de modelos de contratación y subcontratas que modifican aspectos sustanciales de todo el conjunto de reformas que se han sucedido a partir de principios de 1980.

Se trata en ante todo de dar prioridad al contrato indefinido y de acotar la posibilidad de uso de los contratos de trabajo. Una larga preocupación de sindicalistas y iuslaboralistas, la de limitar los contratos temporales a situaciones objetivas. La reforma introduce diversos mecanismos para conseguir este objetivo: mayor especificación de las circunstancias que permiten realizar contratos temporales, plazos más cortos de duración de la temporalidad (tanto en contratos normales como en los de formación y prácticas), se elimina el contrato de obra y servicio (que era el gran colador de la contratación temporal sin control), se recupera el contrato de fijo de obra en la construcción (algo que se perdió hace muchos años) y se establece un aumento sustancial de las multas y de gravámenes en las cuotas de la Seguridad Social a las empresas que traten de evadir la contratación fija. Hay que señalar, además, que si bien se mantiene la indemnización por despido que fijó la reforma de 2012, esta se sigue situando muy lejos de lo que pretendían los defensores del “contrato único”, que en la práctica quería decir que todo el mundo sería fijo pero el despide completamente libre.

En materia de subcontratación el avance es menos sustancial y queda por ver al detalle la letra pequeña y su interpretación. De hecho, se permite la subcontratación y lo único que se exige es que se pague el salario del convenio de sector de la actividad que realizan las subcontratas. O sea, si se contrata personal de seguridad se paga según el convenio de seguridad y si subcontrata mantenimiento informático el de servicios informáticos. Hay aquí varios puntos de fuga. Uno, incluido en el propio texto, la posibilidad de que en lugar del convenio de sector se pague el de la empresa subcontratada en el caso que esta tenga convenio propio. El otro es que se parte de un supuesto en el que las subcontratas son actividades auxiliares, distintas a las realizadas por la compañía que las realiza. Pero la experiencia de los últimos años, como es el caso de los hoteles, muestra que la externalización alcanza a actividades centrales de la propia empresa. Y que el recurso a ETT y empresas multiservicio (que pueden tener su propio convenio) ha constituido un mecanismo brutal de devaluación salarial. En este campo la reforma deja demasiados flecos abiertos.

El último gran paquete de la reforma es la introducción de los ERTE utilizados en esta pandemia como un mecanismo de ajuste permanente en caso de recesión. El objetivo es permitir la adaptación de las empresas a la caída de la actividad sin generar despidos. Es un mecanismo copiado del modelo alemán y que allí funcionó con bastante éxito en la crisis de 2008 y que aquí ha sido bastante efectivo en contener el paro (mientras en la crisis del 2008-2014 por cada 1% de caída del PIB se destruía más de un 1% del empleo, en la recesión actual la caída del empleo ha sido del 0,5%).

III

El balance que se puede hacer es que se trata de una reforma importante, orientada a reducir alguno de los aspectos más sangrantes de la regulación anterior, pero que sigue dejando mucho poder en manos de las empresas. No es una derogación total de la reforma del Partido Popular, pero tampoco es un mero maquillaje estético de lo existente.

Se le puede achacar al Gobierno, y especialmente a la gente de Unidas Podemos que ha pilotado el proceso, que no han cumplido su promesa de derogar toda la reforma. El error estuvo en lanzar un eslogan contundente que no se podría cumplir. La izquierda demasiadas veces tiende al trazo grueso y se olvida de explicar la complejidad de las situaciones, abriendo un enorme abanico de posibilidades a los demagogos profesionales y a los jugadores del todo o nada. Pero hay que entender su satisfacción tras conseguir un acuerdo que mejora unas cuantas cosas, que genera tensiones en la derecha (no sólo en la política, también en el seno de las organizaciones empresariales), que cumple plazos y abre posibilidades a la acción sindical. Y creo que con todas las limitaciones y salvedades hay que acogerlo cómo un relativo éxito. Así lo han acogido también UGT y CC. OO.; al leer las declaraciones de sus líderes se aprecia tanto la sensación de un avance como la conciencia de las cosas en las que no se ha avanzado.

Ante el anuncio del acuerdo la respuesta de la derecha y los sectores empresariales más recalcitrantes sigue la lógica analizada por Albert Hirschman en La retórica reaccionaria: el acuerdo es inútil, es peligroso, tendrá el efecto contrario a lo buscado. Nada nuevo bajo el sol. Ya lo hemos visto en anteriores ocasiones, por ejemplo en el aumento del salario mínimo. Y lo podemos encontrar ante cualquier propuesta de reforma que roce o rebaje algunos de las muchas injusticias y privilegios de las sociedades de capitalismo real. Lo curioso es que a este mismo esquema se apuntan algunos de los críticos de la izquierda a una reforma que tiene sin duda puntos de fuga. Uno tiene a veces la sensación de estar permanentemente en medio de un fuego amigo donde unos se pasan exagerando el impacto de las medidas que toman y otros en una crítica sin matices. Una dinámica que no consigue generar una cultura racional entre la base social a la que en teoría todos los activistas de izquierdas aspiran a movilizar. El panglossismo de la izquierda institucional y el irredentismo de la radical pueden acabar facilitando el terreno donde se impongan los reyes de la demagogia derechista.

IV

¿Va a transformar las reglas del mercado laboral esta reforma? Es difícil de saber. Hay numerosos ejemplos que muestran que efectivamente los cambios en normativas y políticas acaban teniendo un efecto importante en comportamientos y dinámicas. Pero las normas no juegan en el vacío: dependen de la acción que se ejerce con ellas, de cómo funciona efectivamente el sector público, de cómo se moviliza la gente.

Lo que es seguro es que la patronal se va a mover para neutralizar al máximo, tanto como pueda, sus efectos más relevantes. Cuenta para ello con muchos recursos. Recientemente ya lo hemos visto con la entrada en vigor de la ley de riders orientada a controlar las condiciones laborales de las plataformas de reparto. La primera reacción de alguna de las empresas más relevantes del sector, por ejemplo Glovo, ha consistido en contratar importantes despachos de abogados que han diseñado un modelo contractual orientado a orillar la ley (y al mismo tiempo a fomentar un pseudo movimiento de trabajadores partidarios de ser autónomos). Hay que esperar todo tipo de maniobras, empezando en el propio trámite parlamentario, para dilatar, bloquear, desalentar, retorcer y adulterar el funcionamiento de las normas más lesivas para sus intereses. Es lo esperable, pura lucha de clases.

Para contrarrestarlas es necesario que la Administración juegue a fondo la implementación de la medida poniendo a funcionar y dotando de recursos a la inspección de trabajo en materias de inspección y, en su caso sanción. Pero sobre todo es crucial que los sindicatos y las clases trabajadoras utilicen este nuevo marco para avanzar derechos laborales. Más que entrar en un debate estéril sobre la propia reforma es necesario encontrar propuestas estratégicas de acción que sirvan efectivamente para movilizar, motivar, organizar a unas clases asalariadas que llevan demasiado tiempo desconociendo sus fuerzas y sus derechos. Y aquí también, habría que tratar se superar el estéril debate sobre quién es el culpable de esta situación y buscar en cambio prácticas de acción que resulten positivas para todo el mundo. Cada vez que las organizaciones sindicales o cualquier movimiento social se enzarzan en discusiones sobre quién es el culpable de la mala correlación de fuerzas, se disipan enormes energías, se generan resquemores que impiden un trabajo más cooperativo e integrador. Deberíamos tomar está reforma, parcial, imperfecta, insuficiente, como un instrumento para conseguir que sea un punto de partida en la reconstrucción de identidades colectivas, derechos y propuestas utópicas. Trabajar para que la actual solo sea la primera de una sucesión de reformas en beneficio de la mayoría social.

Fuente: Mientras Tanto

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CHILE. Boric no ha trabajado nunca; el de presidente será su primer trabajo. [Bueno, que a lo mejor lo que pasa es que la banda está borracha y que ni siquiera se sabe cuando se le va a pasar el trompeteo amodorrado que lleva la izquierda encima desde hace décadas, y que no se le pasa el sonambulismo, oiga, y para hacer políticas que favorezcan los intereses reales y no declarados y formales de la inmensa mayoría de la población de allá, acullá ni acá, ni basta ni es suficiente con ganar las elecciones si las clases trabajadoras , sí, sí, eso digo: clases trabajadoras, no están organizadas de forma práctica en la realidad. Sin este requisito previo se pueden dar saltitos desde la banqueta para alcanzar el cielo, pero eso de izquierda tiene ná, que como bien se sabe ná es la mitad de na-da, como demostró Unidas-Podemos al entrar a formar parte con el gobierno del PSOE en España. ¿Y qué quieren que les diga, que San Benjamín inventó el tres por cuatro? Vale, que no hay que discutir ni romper las amistades por eso. Concedido: San Benjamín inventó el nivel de bolos y el triángulo redondo para saber la hora que era]

 

CHILE. Boric no ha trabajado nunca; el de presidente será su primer trabajo


Cuando cumpla 36 años de edad, GABRIEL BORIC FONT asumirá su primer trabajo: ser Presidente de la República de Chile… Porque Gabriel Boric, hijo de una familia de la burguesía industrial chilena, NUNCA HA TRABAJADO…

INSURGENTE.ORG / 1 enero 2022

 

¿Mejor todavía?

Si todos los datos aportados en este texto son ciertos, y todo parece indicar que sí lo son, desmienten de manera contundente a aquellos analistas que aseguran que con la victoria de Boric “se abrieron las grandes alamedas”. Un individuo tal, nunca podrá tener las llaves (ni quiere tenerlas) para poder abrir sus puertas tantos años cerradas; mucho menos para que pase el pueblo y se pasee dignamente por ellas.  

Cuando cumpla 36 años de edad, GABRIEL BORIC FONT asumirá su primer trabajo: ser Presidente de la República de Chile…

Porque Gabriel Boric, hijo de una familia de la burguesía industrial chilena, NUNCA HA TRABAJADO…

Gabriel Boric nunca ha plantado una semilla, ni arado la tierra, ni navegado en busca de pescado para subsistir, ni colocado un ladrillo. Nunca ha cosechado el fruto del trabajo campesino, ni extraído un gramo de mineral. No ha pasado 12 horas sentado frente a una pantalla de un “call center” ni ha repartido comida en bicicleta, pedaleando bajo la lluvia.

No sabe lo que es esperar durante horas una atención médica para un hijo enfermo, porque tampoco tiene hijos, ni estudió en una escuela pobre sin baños, sin techo y con el agua hasta las rodillas y adonde se llega después de caminar durante kilómetros.

Gabriel Boric nunca ha vivido en una población dominada por el narcotráfico y la pobreza; no ha debido lidiar con garrapatas para conciliar el sueño ni levantarse de la cama, que ocupó solamente durante 3 o 4 horas, porque tenía que volver al trabajo.

Gabriel Boric tampoco ejerce su profesión, porque no la tiene, abandonando sus estudios para ser político, pues de eso ha vivido siempre: del trabajo ajeno, como el resto de la Clase Política Chilena y como el resto de sus compañeros de Coalición, que, sin embargo, se llaman “de Izquierda”, la “Izquierda” que quiere “humanizar” al Capitalismo…

Gabriel Boric es un digno representante de la Generación “Delivery” que creó la Concertación de Partidos por la Democracia… Una Generación que tiene lo que tiene porque alguien más lo hizo por ellos…

Gabriel Boric salió electo Presidente en un proceso fraudulento que se inició en 2017, cuando los Partidos Políticos desprestigiados (todos ellos, incluso el suyo, Convergencia Social) eran incapaces de reunir las firmas necesarias para re-legalizarse y participar de las elecciones parlamentarias de 2018.

Para que estas elecciones fueran posibles, se les permitió a todos los Partidos (incluso al suyo) re-legalizarse (“reficharse”) mediante fotocopias de las cédulas de identidad de los supuestos adherentes, fotocopias que se hicieron llegar al Servicio Electoral estatal (SERVEL) que regula y fiscaliza las elecciones en Chile1.

Sin ese “refichaje” espurio, ninguno de los actuales parlamentarios sería parlamentario. Tampoco Gabriel Boric, reelecto Diputado por la Coalición “Frente Amplio” en una elección controlada por el mismo SERVEL, es decir, por el servicio estatal que permitió el fraude… que luego lo certificó… y que luego lo “fiscalizó”…

En el llamado “Estallido Social” de Octubre de 2019, cuando el pueblo chileno salió a las calles a reclamar por una ASAMBLEA CONSTITUYENTE y la RENUNCIA del Presidente Piñera, levantando la consigna “NO SON 30 PESOS… SON 30 AÑOS” en alusión a la duración del infame Modelo Económico Capitalista Neo-liberal, ningún parlamentario podía salir a la calle. Tampoco Gabriel Boric…

Gabriel Boric fue parte de esos “30 años” que generó un Estallido Social que luego usó en beneficio propio, como siempre lo ha hecho…

Gabriel Boric fue la estrella de un acuerdo entre el desprestigiado Gobierno y toda la Clase Política “refichada”, para salvar al Gobierno, a la misma Clase Política y por sobre todo, para salvar al Modelo Económico.


El Acuerdo (conocido por el pueblo chileno como “La Cocina”) incluyó una seguidilla de elecciones para re-legitimar al Gobierno y resucitar a la Clase Política entonces muerta y sepultada, eludir su desalojo y evitar, especialmente, una Asamblea Constituyente que significaba el despido del Gobierno y del Parlamento y la defunción probable del Modelo Económico Capitalista Neo-liberal.

De “La Cocina”, realizada sólo tres semanas después de iniciado el Estallido Social y cuando este aún se desarrollaba, salió una CONVENCIÓN CONSTITUYENTE como alternativa para redactar una “nueva constitución”, que es la piedra final de un fraude iniciado hace cuatro años.

Todos los medios de comunicación fueron citados al Palacio de Gobierno por el Presidente cuestionado para ser alineados en torno a la propaganda que debía tener el proceso “constituyente”. Paralelamente, la cobertura periodística a las movilizaciones sociales DESAPARECIÓ de los medios de comunicación tradicionales.

Aunque sólo UN TERCIO del universo electoral Chileno “aprobó” tal “proceso constituyente” en un Plebiscito que tuvo un 50% de abstención, la Constitución por escribirse ya tiene, al menos, 100 artículos ya escritos antes de que se redacte: son los Acuerdos Comerciales firmados por Chile y que fueron blindados con una Ley Especial (Ley 21.200) para que no fueran tocados.

En Chile, hasta hoy y para siempre, los Acuerdos Comerciales tienen rango constitucional… y la Convención Constituyente no puede tocarlos. Tampoco al Modelo. La Constitución de Pinochet, elaborada para blindar al Modelo Económico Capitalista Neo-liberal, quedó blindada, a su vez, por el “proceso constituyente” surgido de “La Cocina” 2…

Después de “La Cocina” y del apoyo dado a leyes que consolidaron la represión al pueblo chileno movilizado, Gabriel Boric nunca más pudo salir a la calle, donde era agredido por el pueblo aún en combate mientras expiraba el Estallido Social. También fue agredido en una Cárcel de Santiago de Chile, cuando sin aviso previo, llegó a visitar “a los presos políticos de la Revuelta” que así le cobraron su apoyo a la represión.

Toda la coalición “Frente Amplio” a la que pertenece Gabriel Boric apoyó las leyes represivas y todos los firmantes fueron “reelectos” en el proceso eleccionario parlamentario paralelo a la reciente Elección Presidencial… TODOS.


Sólo tres días antes del plazo final, Gabriel Boric logró reunir las firmas que necesitaba para presentarse como Candidato Presidencial, en mayo de 2021. Las firmas fueron certificadas… por el SERVEL3.

Es decir, sólo 6 meses antes de la Primera Vuelta presidencial, donde obtuvo 1,8 MILLONES DE VOTOS, estuvo a punto de no reunir las 34 mil firmas que necesitaba para ser Candidato… En sólo 6 meses, aumentó SESENTA VECES el número de sus adherentes.

Gabriel Boric fue derrotado en la Primera Vuelta de la reciente elección presidencial por el Candidato de la Ultraderecha cuyo Partido tiene un nombre simbólico: Partido Republicano.

El Candidato, José Antonio Kast, lo derrotó en esa Primera Vuelta en una elección que tuvo un 55% de abstención: 8 millones de chilenos, de un universo electoral de 15 millones, no votaron.

En Segunda Vuelta, Gabriel Boric derrotó al candidato ultraderechista tras una Campaña del Terror propia de las Derechas Políticas mundiales y donde fue elevado, por su equipo de propaganda, al status de “El Mal Menor”… Y los conductores de aquellos “30 años” de neo-liberalismo que se denunciaba en el Estallido Social, lo hicieron su candidato.

Lo único que no se le cuestionó al Representante “Republicano” fue su adhesión al Capitalismo Neo-Liberal… porque es el Modelo que también defiende Gabriel Boric … el modelo que genera una salmonicultura “sustentable” y una “minería sustentable”… quizás también una energía nuclear “sustentable”…. Y para su administración desde Palacio, había que elegir entre “un mal mayor” y “un mal menor”…


No hay minería sustentable, lo único sostenible es el despojo de los recursos y el enriquecimiento de las grandes corporaciones y capítales transnacionales

Con la Campaña del Terror para evitar que el Cuarto Reich se instalase en Chile (!!) la votación aumentó apenas EN UN MILLÓN DE VOTOS. La abstención “sólo” alcanzó a un 45%…. SIETE MILLONES DE CHILENOS prefirieron renunciar a su derecho a elegir entre el Capitalismo y el Capitalismo, entre “Demócratas” y “Republicanos”…. Entre el “mal menor” y “el mal mayor”…

La propaganda del Nuevo Orden Mundial de los Banqueros, que necesita de los Bukele, de los Fujimori y de los Lenín Moreno, ha sembrado falsas expectativas sobre Chile SIEMPRE. Y esta vez no ha sido la excepción.

GABRIEL BORIC FONT no sólo nunca ha trabajado y desconoce lo que hay en el otro mundo del que siempre se ha aprovechado, pero que nunca ha conocido. Fue electo a pesar de los refichajes ilegítimos, a pesar de las leyes represivas que apoyó durante el estallido Social, a pesar de La Cocina … y a pesar de la acusación por acoso sexual en su contra que sigue en pie 4.

Es el reemplazo de los Ricardo Lagos y de las Michelle Bachelet que los banqueros necesitan para garantizar la continuidad del saqueo al territorio y maritorio chilenos, porque aunque no sepa que hay más allá de sus privilegios y prebendas, Gabriel Boric tiene a las ONG y “Fundaciones” para que le informen; tiene a la prensa de los banqueros y a los propios banqueros…

Tiene a su favor al analfabetismo funcional que consume al 80% de los chilenos para que no sepan distinguir entre un líder y un producto de la publicidad.

La Soberanía Alimentaria y el control en aumento de los alimentos por las grandes corporaciones, bajo la batuta y el auspicio de la FAO, nunca fueron materias de discusión en las Campañas de los siete Candidatos que se presentaron a la Primera Vuelta presidencial. Tampoco son tema para la Convención Constituyente.

Las organizaciones ligadas al mar y que pertenecen a MAELA Chile, por ejemplo, sólo tenían la opción de POSTULAR ante esta Convención para exponer durante DIEZ MINUTOS acerca de la destrucción del Mar Chileno y de los recursos que este contiene. No había más tiempo para exponer acerca de la piedra angular de la Soberanía Alimentaria para Chile… y había que concursar para hacerlo.

Como todo lo demás, aquello que fundamenta la existencia de MAELA seguirá siendo, en Chile, una materia pendiente y de la que sólo se podrá hacer cargo un pueblo que alguna vez despertará con la decisión de hacerse responsable y conductor de su propio destino, para convertirse en ese “enemigo poderoso” al que tanto le temen los vendedores de ilusión y sostenedores del hambre y de las injusticias.

Un “enemigo poderoso” que no serán capaces de detener los “males menores” que, de tanto en tanto, crea el Sistema para perpetuarse.

Notas :

https://www.ciperchile.cl/2019/09/16/refichaje-ilegitimo-de-partidos-el-blanqueo-de-la-corrupcion-politica-que-nadie-quiere-tocar/

https://www.revistadefrente.cl/el-blindaje-a-la-constitucion-de-pinochet-por-movimiento-agroecologico-de-america-latina-y-el-caribe-chile/

https://www.elmostrador.cl/dia/2021/05/17/boric-reune-las-firmas-para-inscribir-candidatura-presidencial-nos-dijeron-que-era-imposible-pero-aqui-estamos/

https://www.eldinamo.cl/politica/2021/11/10/estoy-disponible-para-toda-investigacion-boric-responde-a-acusacion-de-acoso-sexual/

(MAELA- Chile. Diciembre de 2021)

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sábado, 1 de enero de 2022

Los desechos en la ecología-mundo capitalista. Una breve historia de la basura plástica

 

Así es el circuito global de desechos legitimado por una retórica medioambientalista: unos países exportan su basura y otros países se encargan de procesarla y reciclarla. Pero ¿cuáles serían las consecuencias de que los países receptores de basura se negasen a ser el vertedero del mundo?


Los desechos en la ecología-mundo capitalista. Una breve historia de la basura plástica

 

Frank Molano Camargo

El Viejo Topo

1 enero, 2022 



El gobierno chino promulgó en 2018 una política de protección ambiental denominada “Espada Nacional” o también “Espada Verde” que consiste en la prohibición de importar diversos tipos de plásticos reciclables del resto del mundo. Si la potencia asiática, para entonces, no se hubiera convertido en el importador de más del 50% del plástico desechado que ha sido generado por el norte global, esta medida posiblemente hubiera pasado sin advertencia. Pero no es así, y ahora los gobiernos y corporaciones globales ven cómo los discursos de economía circular con que en las últimas décadas alentaron a sus ciudadanos a consumir infatigablemente y separar residuos, están colapsando.

Millones de toneladas de plástico descartado ya no fluyen hacia China. Y, en este capítulo del tóxico romance entre el capitalismo y sus desechos plásticos, por una parte, se incrementan las alarmas en los círculos de poder que buscan desesperadamente un lugar dónde redirigir el flujo de desechos, no importa que ese dónde se transforme en nuevas zonas de sacrificio[1]. Por otra parte, como también ocurre en otros momentos de la historia del exceso de desperdicio capitalista, la basura se convierte en el espejo que refleja las inconsistencias, cada vez más evidentes, de los repertorios de sustentabilidad ambiental y economía circular que han vendido los promotores del capitalismo verde.

¿Cómo China decidió dejar de ser el principal vertedero del plástico de la ecología-mundo capitalista y qué impactos tiene esto? ¿Cómo está respondiendo el norte global ante este desafío y qué ocurre en la periferia de la ecología-mundo capitalista? Son las preguntas que se responden a continuación.

El “tóxico idilio plástico” de la ecología-mundo capitalista

En sentido estricto, el plástico no es una materialidad sino una cualidad. Etimológicamente proviene del griego plassein (“moldear”, “dar forma”). Hasta antes del auge de la industria petroquímica en el siglo XX la cualidad de lo plástico tenía diferentes usos (las artes, por ejemplo). Sin embargo, el descubrimiento en las primeras décadas del siglo XX de la versatilidad de los polímeros (resinas sintéticas derivadas del petróleo que, sometidas a altas temperaturas, mostraban una gran capacidad de plasticidad para producir infinidad de mercancías) fue lo que produjo que, a mediados del siglo XX, el plástico se transformara de adjetivo en sustantivo.

Como ningún otro material, el plástico le ha dado a la ecología-mundo capitalista un toque distintivo. La ecología-mundo capitalista es una forma de producir-organizar el espacio, el poder, la naturaleza, la riqueza, mediante flujos de energía y capital que conectan ecosistemas y sistemas de trabajo humano y natural[2]. En esta ecología-mundo, el plástico posibilita la aceleración de procesos de extracción, producción, distribución, consumo y descarte de infinidad de mercancías a lo largo y ancho del planeta, en un envoltorio ideológico de fluidez y ductilidad de la vida moderna, pero, con profundas consecuencias ambientales, también de alcance global.

Las compañías petroquímicas generalizaron las mercancías de plástico tras el boom económico que siguió a la Segunda Guerra Mundial, y lo hicieron con una retórica de modernidad, higiene, ecología e incluso feminismo. Ya no habría que cazar elefantes para obtener marfil, los bosques maderables serían protegidos, la salud de las personas estaría aún más a salvo y el tiempo dedicado a las tareas domésticas, mayoritariamente realizado las mujeres, se reduciría[3]. Durante las últimas décadas, la tasa de producción de plástico ha crecido exponencialmente a nivel global. La producción acumulada de plásticos es superior a los 8 mil millones de toneladas desde 1950 (cuando empezó su masificación), y la mitad ha sido generada solo en la última década. Se han producido más de 300 millones de toneladas anuales de plásticos en los últimos años, con la expectativa que a 2050 la tasa se eleve a 600 millones de toneladas diarias.

Actualmente, más del 99% del plástico es fabricado con combustibles fósiles. Durante todo el ciclo de vida del plástico se generan gases de efecto invernadero: al extraer petróleo y refinarlo, al producir polímeros, al enterrarlo en rellenos sanitarios o incinerarlo, y también al reciclarlo. Sin embargo, la tasa de reciclaje de plástico varía ampliamente entre países y no alcanza el 10% a nivel mundial. Así que la mayor parte del plástico producido termina en vertederos, plantas de incineración, dispersa sin ningún tipo de gestión, en los mares –donde se han formado gigantescas islas de basura plástica– o en otros cuerpos de agua continentales. También partículas nanoplásticas se encuentran en los organismos vivientes, incluidos los humanos.

Los grandes monopolios de la cadena global de plástico tratan de invisibilizar su responsabilidad socioambiental transfiriéndola a los consumidores con el sofisma de que todo depende de los hábitos responsables de consumo. Se trata de una argucia, pues está establecido que en el norte global capitalista los principales productores de plástico son los gigantes petroquímicos. Para 2019, según la asociación australiana Plastic Waste Markers Index, el primer puesto lo ocupaba ExxonMobil con 5,9 millones de toneladas de desechos plásticos, seguida de la compañía química estadounidense Dow con 5,5 millones de toneladas, y de la empresa de gas y petróleo china Sinopec con 5,3 millones de toneladas. Además, otros mega oligopolio corresponde al de los principales distribuidores de plástico. Por último, debemos añadir que, acorde a Break Free From Plastic, una red global ambientalista, los responsables de generar más desechos plásticos contaminantes son Coca-Cola, PepsiCo y Nestlé.

En la década de 1990 se conformó el actual flujo de residuos plásticos de la ecología-mundo capitalista. En esa década florecieron economías capitalistas emergentes que requerían, además de capitales, un alto consumo de materias primas que no tenían a disposición. Una fuente potencial de estos recursos fueron los desechos del norte global. Grandes cantidades de papel, cartón, plástico, chatarra fueron desviados hacia estas economías como ayuda para el desarrollo. No se trató solo de una imposición externa, ya que las clases dominantes y los gobiernos de estas economías jugaron un activo papel en esta vía.

El principal receptor de estos flujos de basura plástica global fue China. A finales de la década de 1990, con una economía capitalista en auge, China se convirtió en el principal destino del mercado mundial de desechos reciclables. Comenzó a importar una amplia gama de chatarra, desde plástico hasta acero, para satisfacer la demanda de insumos en su sector manufacturero y así surtir el mercado interno y convertirse luego en el principal exportador de mercaderías del planeta. Los altos precios de petróleo encarecieron el plástico virgen, así que el reciclaje de desechos resultó mejor negocio para la expansión económica del gigante asiático. A comienzos del nuevo milenio, cada año China importaba 4 millones de toneladas de residuos plásticos, 12 millones de toneladas de papel usado y 11 millones de toneladas de chatarra metálica. Para 2016, China importaba cerca del 30% de desechos plásticos y chatarra metálica de todo el mundo, principalmente del norte global, y esto incluía el 55% de la chatarra de cobre del mundo, el 24% de aluminio, el 55% de papel desechado y el 51% de plástico desechado mundial. Ese año, según Will Flower, Estados Unidos enviaba cada día con destino a China 1.500 contenedores en buques cargados con residuos de todo tipo. Estos buques habían llegado a Estados Unidos con mercaderías baratas y retornaban a China con residuos para seguir produciendo más mercancías[4]. Claro está, no solo Estados Unidos participó de este flujo global de materialidades descartadas, también Europa, Japón y Australia encontraron en China un insaciable devorador de sus basuras.

De esta manera se constituyó un circuito global de gran parte de desperdicios, una ecología-mundo capitalista que parecía resolver los problemas del exceso de producción y consumo. En el norte global los ciudadanos podían consumir sin pausa y su conciencia ambiental quedaba en paz, incentivada por las autoridades ambientales y la publicidad sobre la importancia de separar y organizar los residuos domésticos. Las grandes corporaciones de la industria petroquímica adoptaron el lenguaje de la economía circular global, una estrategia orientada a asegurar su legitimidad pública al tiempo que ampliaban sus mercados y, por supuesto, aparecieron empresas globales de comercio de desechos que se lucraron al máximo[5].

Pero, si todo era tan exitoso… ¿Por qué China puso fin a este modelo de flujo de desechos? ¿Qué está pasando en la ecología-mundo capitalista?

En la primera década del siglo XXI, China se vio inundada de desechos globales. Lo que en un principio fue visto como un impulso al desarrollo económico se transformó en su contrario. Muchos de estos desechos no solo eran de mala calidad, sino que estaban contaminados. Además, los contenedores llevaban también basuras peligrosas y no reciclables. Los fabricantes chinos debían realizar grandes inversiones en la reclasificación de materiales y en la eliminación de las materialidades peligrosas, lo que implicó crear zonas de sacrificio ambiental en varias regiones chinas.

Por esta razón, en 2013 el gobierno chino diseñó la «Operación Green Fence», la cual buscó establecer controles sobre la calidad de los materiales de desecho importados y reprimir el comercio ilegal y el contrabando de desechos globales. Estas medidas pusieron en evidencia que las grandes potencias capitalistas estaban obviando el Convenio de Basilea que establece sobre el control de los movimientos transfronterizos de los desechos peligrosos[6]. Los exportadores de basura global hacia China argumentaron que el Convenio de Basilea no esclarece qué se considera residuos peligrosos y, por eso, los principales exportadores de residuos se negaron a firmarlo. Las potencias capitalistas del norte global no juegan limpio cuando de basura se trata. Utilizaron la exportación de plástico a China para deshacerse de otras basuras, incluso residuos tóxicos y peligrosos.

También hubo cambios significativos en la sociedad China que explican el cambio de prioridades ambientales en relación con la importación de desechos. En las últimas décadas apareció una clase media y un movimiento sindical hartos de la contaminación causada por los desechos importados, lo que trajo olas de protesta e inconformidad pese a la censura y las políticas de cooptación gubernamentales. En 2015 y en 2016 la opinión pública china fue estremecida con los documentales Under the Dome y Plastic China, respectivamente, que señalaron los duros efectos del reciclaje informal y la contaminación del aire, el agua y el suelo del país asiático[7]. A la presión ciudadana se le debe agregar el incremento del gasto público por razones de descontaminación ambiental, así que estas condiciones empujaron a la República Popular China a endurecer la política de importación de desechos. En 2017 el gobierno proclamó la agenda denominada “Espada Nacional” para hacer frente a la basura del norte global, que detalla las regulaciones para la calidad de la basura importada y prohíbe la importación de 24 tipos de desechos, incluido el plástico no industrial.

En marzo de 2018 China dejó de importar plástico, papel y otros tipos de chatarra de baja calidad. Así que, miles de toneladas de plástico desechado empezaron a acumularse en puertos e instalaciones de reciclaje de todo el mundo, principalmente del norte global que, considerando a China como su principal vertedero, no desarrolló tecnologías de reciclaje en su propio patio.

China es hoy una superpotencia económica en la ecología-mundo capitalista y su gobierno busca dejar de ser consumidora de tecnología, basura e ideas de sus rivales capitalistas. Ahora se proyecta como el epicentro de nuevos patrones globales. Y, en lo que respecta a la gestión de desechos, su política es reemplazar el sector de reciclaje informal por “parques eco-industriales” de alta tecnología más limpios. El propósito es, como sugiere Kate O’Neill, liderar un nuevo enfoque en la disputa por definir los criterios de la economía circular en el marco del capitalismo.

China pretende transitar a una nueva lógica, sea o no un error querer compatibilizar el exceso de producción y consumo, por un lado, con la gestión de desechos, por el otro. Pero mientras eso ocurre, sus competidores en el norte global no están dispuestos a hacer cambios sustantivos en la dinámica establecida, por lo que, previendo el cierre del gran vertedero chino, se están creando nuevas zonas de sacrifico a las que reorientar los flujos de desechos en la ecología-mundo capitalista. El norte global está reorganizando la geografía mundial de flujos de basura plástica, mediante métodos legales e ilegales, que acorten las cadenas mundiales y abaraten costos de transporte. De hecho, un informe de Interpol establece que en los dos últimos años, a partir de la entrada en vigor de la política Espada Nacional de China, se ha incrementado el comercio ilegal de residuos[8].

Según Interpol, dos son los espacios que constituyen la periferia tóxica de las potencias europeas: en primer lugar, los países de Europa del Este (especialmente la República Checa, Polonia y Rumania), y, en segundo lugar, la denominada región MENA (Medio Oriente y los países del Magreb). En el tránsito de estos flujos, cuyo destino final son los vertederos ilegales, los desechos peligrosos se camuflan o son legalizados sin mayor control ambiental. El impacto es nefasto, tanto en lo social como en lo ambiental. Por citar un ejemplo: desde 2018, en Polonia, se han producido incendios en vertederos ilegales en los que se depositan basuras domésticas y de grandes supermercados, que salen del Reino Unido etiquetadas como plástico de la “lista verde” de la Unión Europea. En Zgierz, en el centro de Polonia, los propietarios del vertedero quisieron borrar las pruebas del delito que supone la importación ilegal prendiendo fuego a los casi tres mil metros cúbicos de basuras, con severos impactos para la salud humana y el resto de la naturaleza en este territorio.

Las pujantes economías asiáticas (Japón, Corea del Sur, Taiwán… entre otras) y Australia encuentran un mercado legal e ilegal de residuos plásticos en Malasia, Tailandia y Vietnam, países en que se reproduce el viejo discurso que glorifica la basura importada como materia prima para el desarrollo, pese a que, según señala Interpol, son países que carecen de la infraestructura adecuada para el reciclaje de plásticos.

En el caso de Estados Unidos y Canadá, si bien no renuncian a exportar desechos a los países asiáticos, están diversificando sus zonas de envío. Estados Unidos incluso está llevando su basura plástica a ecosistemas inhabitados por humanos. Un reportaje periodístico de 2016 sobre la inundación global de plástico estadounidense informa que en ese país se han constituido empresas que compran todo tipo de plástico, contaminado o no, y lo exportan a 78 destinos, también a ecosistemas vírgenes (es el caso de la Reserva Marina de las Islas Heard y McDonald (HIMI) en el océano Índico australiano, hasta 2016 protegido celosamente). Según el mencionado reportaje, estas “islas deshabitadas” han recibido 57 toneladas métricas de desechos plásticos no clasificados procedentes de Estados Unidos[9]. Sin embargo, la nota periodística oculta que esta decisión pone en riesgo estos ecosistemas frágiles. Las autoridades ambientales buscaron restringir y controlar la presencia de especies exóticas causantes de la devastación de poblaciones reproductoras de aves marinas, la modificación de las comunidades de plantas e invertebrados, la reducción general de la biodiversidad y las extinciones locales[10]. Ahora, las consecuencias de la presencia de esta nueva materialidad desechada ofrecen un sombrío panorama.

Por razones de cercanía geográfica, pero también por factores geopolíticos, el destino de la basura plástica de Estados Unidos y Canadá tiende a ser América Latina y el Caribe. Según Interpol, en 2020 se notó un notable crecimiento del sector de reciclaje en la región, impulsado por inversionistas de China y Estados Unidos que esperan sacar provecho del exceso de plástico norteamericano. Así, los agentes privados se benefician de las institucionalidades débiles, con escasa capacidad para realizar controles ambientales a las importaciones provenientes de Norteamérica. Para ese año México, El Salvador y Ecuador se habían convertido en los principales importadores de desechos plásticos, con 32.650 toneladas, 4.054 toneladas y 3.665 toneladas respectivamente[11]. Recordemos que Estados Unidos no es firmante del Convenio de Basilea, y está utilizando los tratados de libre comercio y las fisuras del Convenio para firmar acuerdos bilaterales con otros países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) con los cuales, según la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos, “intercambió” el 55% de sus basuras plásticas. Actualmente, en América Latina, forman parte de la OCDE los siguientes países: Chile, Colombia, México y Costa Rica, cuyos gobiernos pueden estar tentados a convertirse en receptores de la basura norteamericana en nombre de las medidas de recuperación económica postpandemia.

La reconfiguración del flujo de plástico desechado en la ecología-mundo capitalista amenaza seriamente la vida humana y no humana en la periferia global. La inundación de estos desechos crea nuevas zonas de sacrifico, afecta a la salud humana, así como al bienestar de otras especies. Y, de manera particular, impacta negativamente sobre la economía popular de millares de recolectores de materiales descartados que recorren las calles de las ciudades del sur global y que ahora se enfrentan a la competencia de la basura importada. Es en estas condiciones que debe exigirse la defensa del trabajo de los recicladores populares y de sus organizaciones, algo fundamental en el sur global. Además, en el escenario de profundos desafíos en que nos encontramos, la ciudadanía debe presionar para que las políticas gubernamentales garanticen la soberanía ambiental y social de sus respectivos países.

Notas

[1] El concepto de ‘zonas de sacrifico’ hace referencia a espacios sometidos recurrentemente a daño socioambiental debido a la saturación de efectos contaminantes. Usualmente estas zonas están habitadas por poblaciones racializadas o de bajos ingresos, así que padecen procesos de injusticia ambiental. También, en una perspectiva antropocéntrica, pueden ser regiones sin habitantes humanos, pero con vida no humana considerada ‘no valiosa’ o ‘de menor impacto ambiental’ por parte de quienes toman las decisiones de contaminar.

[2] Jason W. Moore. (2020). El capitalismo en la trama de la vida. Ecología y Acumulación de Capital. Madrid: Traficantes de Sueños.

[3] Susan Freinkel. (2012). Plástico: Un idilio tóxico. Tusquets Editores.

[4] Will Flower. “What Operation Green Fence Has Meant for Recycling.” Waste360. 11/02/2016.

[5] Kate O´Neill. (2019). Waste. Polity Press.

[6] Su nombre completo es Convenio de Basilea sobre el Control de los Movimientos Transfronterizos de Desechos Peligrosos y su Eliminación. Se adoptó el 22 de marzo de 1989, y entró en vigor el 5 de mayo de 1992, con la intención de poner fin a graves situaciones, relacionadas con el tráfico de residuos peligrosos, presentadas a finales de 1980. Pese a que está suscrito por 187 países, Estados Unidos se ha negado a suscribirlo y otros países han logrado modificar apartados claves del convenio para continuar exportando materiales de desecho peligrosos para toda la vida en el planeta.

[7] Michael Standaert. “It Looks to Go Green, China Keeps a Tight Lid on Dissent”. Yale Environment 360. 2/11/2017.

[8] “Strategic Analysis Report – Emerging criminal trends in the global plastic waste market since January 2018”. Véase: www.interpol.int/es/Noticias-y-acontecimientos/Noticias/2020/Un-informe-de-INTERPOL-alerta-del-drastico-aumento-de-los-delitos-relacionados-con-los-residuos-plasticos

[9] Xavier A. Cronin. “America’s plastic scrap draft”. Recycling Today. 30/09/2016.

[10] Ver el informe del Departamento de Agricultura, Agua y Ambiente australiano en: http://heardisland.antarctica.gov.au/protection-and-management/history-of-protection/pressures

[11] Alianza Global para Alternativas a la Incineración (GAIA). La basura plástica llegó a América Latina: tendencias y retos en la región. Resumen ejecutivo, julio 2021.

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