sábado, 21 de septiembre de 2024

Cinco razones por las que es necesario que Correos se convierta en un banco público

 

Cinco razones por las que es necesario que Correos se convierta en un banco público

 

Por Rodrigo Ponce de León | 

Rebelion / España

17/09/2024

Fuentes: El Diario

Correos debería tener un banco público como antaño para evitar la exclusión financiera, luchar contra la España vaciada, generar más competencia en el sector financiero, ayudar a solventar el problema de acceso a la vivienda y equipararnos con otros países europeos con entidades financieras públicas.

El presidente de Correos, Pedro Saura, anunció esta semana en una entrevista en el diario económico Expansión que dentro del plan estratégico de la empresa pública postal está “crear una entidad de dinero electrónico” en 2025 para “recuperar los antiguos valores de la Caja Postal y atender a una parte de la población española en riesgo de exclusión financiera”. Rápidamente se encendieron las alarmas de la España neoliberal y de los ardientes defensores de la colaboración público-privada al vislumbrar la enésima intención intervencionista del Gobierno de coalición a través de la recuperación de un banco público, aunque no fuera así.

Hay que empezar aclarando que una entidad de dinero electrónico no es un banco. La principal diferencia es que una entidad de dinero electrónico solo puede ofrecer servicios básicos como la apertura de cuentas y gestión de pagos y recibos, pero no tiene permisos legales para remunerar depósitos ni vender hipotecas, que son los elementos fundamentales del negocio bancario.

También habría que recordar que la Sociedad Estatal de Correos y Telégrafos ya tiene la potestad para emitir dinero electrónico como recoge la Ley 21/2011, de 26 de julio, de dinero electrónico y el Real Decreto-ley 19/2018, de 23 de noviembre, de servicios de pago y otras medidas urgentes en materia financiera. El Banco de España es el organismo que autoriza a este tipo de entidades que están bajo su supervisión y control.


Por otro lado, una entidad financiera bajo el paraguas de Correos no sería una novedad en España. Solo hay que hacer un poco de memoria con la Caja Postal, una caja de ahorros creada en 1909 y que tuvo vida independiente hasta 1991, cuando bajo el Gobierno de Felipe González se integró con otros bancos públicos españoles (Banco Exterior de España, Banco Hipotecario de España, Banco de Crédito Local, Banco de Crédito Agrícola y Banco de Crédito Industrial) en la conocida como Corporación Bancaria de España, que después devino en Argentaria. Las pulsiones privatizadoras de Felipe González, primero, y José María Aznar, posteriormente, llevaron a la privatización de Argentaria mediante la fusión con el entonces BBV en 1999. Aznar colocó a Francisco González al frente de Argentaria y de aquellos polvos, estos lodos, pero eso es otra historia.

Entonces, si Correos ya es una entidad de dinero electrónico, a qué viene tanta polémica. Primero, a que Pedro Saura llamó la atención a la banca por no cumplir la legislación que obliga a que “todo el mundo tiene derecho a tener una cuenta bancaria básica. No parece que eso en la práctica sea así. Correos garantiza que eso se cumpla, que la ley se cumple”, recalcó en la entrevista en Expansión. Segundo, porque recordó que “Correos ya tuvo una Caja Postal”, que funcionaba como una entidad financiera. Y tercero, porque sacó a la palestra el ejemplo de Francia, donde opera Groupe Le Poste, que incluye a la entidad financiera La Banque Postale, que funciona como un banco normal, con especial atención a los mayores.

La realidad es que si Correos funciona como entidad de dinero electrónico no ayudaría a solventar del todo el problema de exclusión financiera porque la peticiones de los que han sido excluidos de la banca tradicional no responden solo a tener una cuenta, sino también al acceso a otros servicios financieros como es el crédito o que se les trate como personas y por personas. Es necesario que Correos sea un banco público por cinco razones: evitar la exclusión financiera, luchar contra la España vaciada, generar más competencia en el sector financiero, ayudar a solventar el problema de acceso a la vivienda y equipararnos con otros países europeos que cuentan con banca pública.

Evitar la exclusión financiera

A principios de 2022, cuando las grande entidades financieras empezaron a dar ruedas de prensa para presentar sus resultados, una nueva pregunta se hizo omnipresente: ¿qué medidas iban a poner en marcha las entidades financieras para luchar contra la exclusión financiera? Protestas ciudadanas por parte de los más mayores, las críticas por parte del Gobierno de coalición y la llamada de atención del Banco de España hicieron que los bancos pasaran de sacudirse la responsabilidad de la exclusión financiera a dar tímidos pasos: un decálogo con buenas intenciones y acuerdos de las entidades con Correos para la presencia de cajeros en sus oficinas. Totalmente insuficiente. Esta es la situación: menos de dos oficinas por cada 1.000 personas mayores de 60 años en España. Entre otras cosas porque la exclusión financiera no se evita solo con cajeros que, por ejemplo, a las personas mayores les cuesta manejar. Además, no hay que olvidar que los bancos no han parado de desmantelar cajeros como se puede observar en este gráfico:

Exclusión financiera, según Funcas, se define como la incapacidad para acceder a los servicios financieros necesarios de una forma apropiada, ya sea por razones de precio, requisitos de acceso, escasez de oferta, discriminación social o autoexclusión. No es solo cuestión de cajeros o del servicio para facilitar ingresos y retiradas de dinero (Correos Cash) que las entidades acordaron con el servicio postal. Correos puede jugar en este sentido un papel relevante ofreciendo servicios financieros (desde microcréditos a hipotecas) atendido por su personal en los 8.267 puntos de atención que tiene: 2.388 oficinas y 5.879 de servicios rurales. Ya hay un ejemplo a seguir la francesa Banque Postale tiene un servicio específico para personas mayores.

Luchar contra la España vaciada

Una de las principales razones del abandono de los pueblos y la España interior es la falta de servicios, también de servicios financieros. Desde la crisis financiera de 2008 en España han desaparecido más de la mitad de las oficinas bancaria, lo que ha acelerado el proceso de exclusión en las zonas rurales y menos pobladas. Ha desaparecido casi 30.000 oficinas de las 46.000 que llegó a haber abiertas. La última gran oleada de cierres fue en 2022 cuando los grandes bancos cerraron echaron la persiana de cuatro sucursales al díaUn informe del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas (IVIE), publicado en 2021, señalaba que en 2020 más de la mitad de los municipios españoles (4.287 de 8,131) no contaban con una sucursal bancaria. Hay municipios en determinadas provincias donde la sucursal más cercana se encuentra a 12 kilómetros. La situación es especialmente grave en Castilla y León, donde el 80% de los municipios no tienen acceso a una oficina de ninguna entidad.

Gráfico: España ha perdido casi 30.000 oficinas desde 2008.

Con los 8.267 puntos de atención de Correos repartidos por todo el territorio español no solo se garantiza el acceso al servicio público, también se contribuye con su capilaridad a la cohesión territorial y facilita el desarrollo económico de las zonas rurales. Si una buena parte de esos puntos de atención, especialmente las oficinas en las zonas rurales, se dedican a ofrecer servicios financieros como un banco se podría reducir la exclusión financiera del campo y se fortalecería la lucha contra el vaciamiento de la España interior y el abandono de los pueblos.

Más competencia en el sector financiero

Desde la crisis financiera de 2008 han desaparecido decenas de bancos y cajas: se pasó de tener cerca de 40 entidades a menos de una decena. La concentración bancaria en España es un hecho que se puede agravar si se consuma la fusión del BBVA con Banco Sabadell. Si sale adelante la operación, el banco resultante más Santander y Caixabank concentrarán dos de cada tres depósitos mientras que por activos sumarían más del 60% del sector, según la firma de calificación Moody’s con datos de febrero de 2024. Hay un problema de falta de competencia en el sistema financiero español que es patente si se tiene en cuenta que ninguno de los grandes bancos ha remunerado en condiciones los depósitos con la subida de los tipos de interés y han enchanchado sus márgenes de una manera abismal con las hipotecas y el crédito empresaria. En 2023, los seis grandes bancos ganaron 26.000 millones de euros.

La llegada del banco público de Correos podría aumentar la competitividad en el sector financiero con una oferta de servicios más pensada para el ciudadano, con depósitos remunerados siguiendo la estela de los tipos de interés, una oferta de hipotecas menos especulativa o la concesión de microcréditos a empresas y autónomos, siempre teniendo en cuenta criterios de riesgo. No tendría que ofrecer servicios de banca de inversión, que para eso ya está, aunque de manera muy tímida, el Instituto de Crédito Oficial (ICO), pero podría entrar en el accionariado de empresas cotizadas que generen un dividendo para fortalecer su solvencia. Para evitar malinterpretaciones: la entidad financiera de Correos tiene que ganar dinero, es un banco, entre otras cosas para acabar con las pérdidas (120,3 millones de euros en 2023) de un grupo empresarial que tiene que dar el servicio postal universal.

Poner en marcha este servicio financiero no va a ser fácil. Aunque el discurso empresarial está lleno de alusiones a la importancia de la competencia y la necesidad de un sector competitivo para las compañías, la realidad es muy diferente. A principio del verano de 2024, la patronal CEOE envió una carta al anterior comisario de Mercado Interior, Thierry Breton, en la que acusaba al Gobierno de “distorsionar, restringir y socavar la libre competencia y la contratación pública en general” por los contratos que adjudicaba a las empresas publicas de construcción y servicio, Tragsa, y de ingeniería, Ineco. Ya saben: nos gusta la competencia pero poquito. Eso sí, cuando la intervención del Gobierno es mediante subvenciones o ayudas públicas no hay tanta queja.

Ayuda a solventar el problema de acceso a la vivienda

El acceso a la vivienda es uno de los grandes problemas de la sociedad en España. Siete de cada diez jóvenes que trabajan siguen viviendo con sus padres. La edad media para dejar el hogar familiar supera los 30 años, cuatro más que la media europea, según el último informe del Observatorio de la Emancipación del Consejo de la Juventud de España. Más de la mitad de los jóvenes viven de alquiler y casi el 35% de quienes tienen menos de 44 años porque no tienen capacidad de ahorro para contratar una hipoteca porque los precios del alquiler se han disparado. El bucle es no poder salir del alquiler porque no tienen ahorros para dar la entrada de un inmueble; al mismo tiempo que no pueden ahorrar, porque el alquiler se come el sueldo y, además, sigue subiendo.

Gráfico: Más de la mitad de los jóvenes viven de alquiler

La banca pública de Correos podría acabar con esta pescadilla que se muerde la cola con una oferta de hipotecas competitiva a tipo fijo (sin los abusos de la banca tradicional) para evitar incertidumbre ni sobresaltos con los vaivenes de los tipos de interés y apoyarse en la línea de avales que ha puesto en marcha el Gobierno, a través del ICO, para la compra de vivienda para anular el efecto entrada y facilitar la compra de vivienda.

Equipararnos con otros países europeos

Aunque parezca mentira, España es una excepción entre los grandes países europeos al no tener banca pública. Por un lado están las oficinas postales de Estados que cuentan con bancos entre sus servicios: el francés Groupe Le Poste (ganó 514 millones de euros en 2023), que incluye a la entidad financiera La Banque Postale; en Italia, Poste Italiane (beneficios de 1.933 millones de euros en 2023) ofrece servicios financieros de todo tipo a través de Banca Posta; mientras que en el país bancario por excelencia, Suiza, el servicio postal también tiene un banco, Post Finance, que ganó el año pasado 164 millones de francos suizos (174 millones de euros).

Pero además, hay más entidades públicas financieras en el resto de Europa. Desde la holandesa NWB Bank, una entidad que está controlada mayoritariamente por las autoridades regionales del agua y participan el Estado y las provincias, a la Caixa Geral de Depositos, propiedad del Estado portugués; Belfius, cuyo propietario es el Estado belga; o el alemán NRW.Bank, propiedad del estado federado de Renania del Norte-Westfalia, entre muchos otros. Aquí tienes un listado de la Asociación Europea de Bancos Públicos (EAPB)

Hay motivos suficientes para que Correos recupere a la antigua Caja Postal y empiece a dar servicios financieros. España necesita un banco público.

Fuente: https://www.eldiario.es/economia/cinco-razones-necesario-correos-convierta-banco-publico_129_11652777.html?utm_source=adelanto&utm_medium=email&utm_content=Socio&utm_campaign=14/09/2024-adelanto&utm_source=elDiario.es&utm_campaign=7313081b1f-ADELANTO_14-09-2024&utm_medium=email&utm_term=0_10e11ebad6-7313081b1f-%5BLIST_EMAIL_ID%5D&goal=0_10e11ebad6-7313081b1f-70387648&mc_cid=7313081b1f&mc_eid=25a657c028

 

El sabotaje que nos lanza EEUU

 

La lenta laminación de lo que antaño fue Europa y su cultura, continúa. Ya nadie se engaña: la ciega subalternidad con respecto a EEUU sigue creciendo imparablemente. Así, hasta fatalmente empobrecernos. Así, hasta que hagamos la guerra por ellos.

 

El sabotaje que nos lanza EEUU

 

Andrea Zhok

El Viejo Topo

21 septiembre, 2024 



Ayer, triste doblez del valiente Parlamento Europeo, que primero aprueba el uso de misiles europeos contra objetivos en Rusia (377 votos a favor, 191 en contra y 51 abstenciones) y luego pide que se emita una orden de detención internacional contra el presidente de Venezuela, Maduro, así como el reconocimiento como presidente del líder opositor Edmundo González Urrutia.

A estas alturas, la UE, la verdadera Europa política (y no la ansiada, ideal, esperada, etc.) es simplemente el cañón que EE.UU. emplea contra sus enemigos -mientras ellos dan un paso atrás (los Estados Unidos NO han aprobado el uso de misiles estadounidenses en territorio ruso).

A veces, como exeuropeista que acaba de salir de su desintoxicación, sigo preguntándome cómo fue posible todo esto.

La UE se reduce ahora a ser un sistema de sabotaje de esa forma de vida que era Europa.

Desde las recomendaciones pedagógicas de la agenda 2030, pasando por la destrucción del tejido industrial en nombre de una agenda llamada «verde», pasando por el desmantelamiento sistemático del Estado de bienestar, hasta la ruptura de relaciones con todos sus vecinos (hacia el Este y el Sur, Rusia y Oriente Medio en primer lugar) para aumentar la dependencia de los EE.UU., la UE es sólo un gran mecanismo de autosabotaje y de deterioración por americanización de la cultura europea residual.

Y en el origen de todo esto está, aguas arriba, ese proceso de americanización de las clases dominantes que comenzó en los años 90 del siglo pasado y que ahora está dando plenos frutos. Las poblaciones europeas (las libres de la devastación mental producida por las pantallas portátiles) todavía permanecen parcialmente no asimiladas con respecto a la omnipresente americanización de la cultura y los valores.

El triunfo de la mentalidad liberal, ahora neoliberal, de la que la cultura estadounidense es la encarnación eminente, hegemonizó primero a los bloques sociales más «actualizados» y «modernos» (en otro tiempo los habríamos llamado «burgueses»), y luego se convirtió en consenso político.

En la política reducida a variantes del (neo)liberalismo, los diversos «centro-derecha» y los diversos «centro-izquierda» son perfectamente intercambiables. Por cada abyección en un ámbito legislativo del centro derecha se puede encontrar una abyección similar (en nombre de la alternancia) en el centro izquierda. A favor del uso de misiles europeos en territorio ruso, por ejemplo, votaron por Italia: FdI, FI y PD; todas ellas personas que, si pudieran, venderían Abruzzo por un ático en Manhattan.

Así, hoy todos estamos dentro de un mecanismo infernal, contraproducente, sin salida porque somos incapaces de imaginar una forma de vida alternativa, que no sea una variante de las representaciones de Hollywood.

Estamos todos dentro de la burbuja del thatcherismo («no hay alternativa») y todo lo que no encaja culturalmente se rebaja a una excentricidad deplorable, cosas que ninguna persona decente aceptaría («oscurantismo –huelga decirlo, religioso», «familismo –va de suyo, amoral», «populismo», «soberanismo», «rojipardismo», etc.).

Fuente: L’AntiDiplomatico

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viernes, 20 de septiembre de 2024

PÁNICO EN UCRANIA: LA UNION EUROPEA DECLARA LA GUERRA A RUSIA.LA OTAN LA...

ÚLTIMA HORA: ISRAEL ES ATACADA MASIVAMENTE | RUSIA ATACÓ KIEV Y ELIMINÓ ...

El extraño estado de la democracia occidental

 

Curioso sistema este de la democracia parlamentaria: los partidos en el poder incumplen sistemáticamente las promesas electorales, y llevan a cabo políticas con las que están en desacuerdo la mayoría de los ciudadanos. Para ese viaje sobran alforjas.


El extraño estado de la democracia occidental


Prabhat Patnaik

El Viejo Topo

20 septiembre, 2024 

 


Durante todo el periodo de posguerra en los países metropolitanos la democracia nunca ha estado en un estado tan extraño como el actual. Se supone que la democracia significa la aplicación de políticas conformes con los deseos del electorado. Cierto, no es que los gobiernos primero averigüen los deseos populares y luego decidan la política; la conformidad entre ambos se garantiza bajo el dominio burgués cuando el gobierno decide las políticas de acuerdo con los intereses de la clase dominante y luego dispone de una maquinaria de propaganda que persuade al pueblo sobre la sensatez de estas políticas La conformidad entre la opinión pública y lo que desea la clase dominante se consigue así de una manera compleja cuya esencia reside en la manipulación de la opinión pública.

Sin embargo, lo que ocurre actualmente es totalmente distinto: la opinión pública, a pesar de toda la propaganda que se le dirige, desea políticas totalmente distintas de las que persigue sistemáticamente la clase dominante. En otras palabras, las políticas favorecidas por la clase dominante se están llevando a cabo a pesar de que la opinión pública se opone a ellas de forma palpable y sistemática. Esto es posible gracias a que la mayoría de los partidos políticos se alinean detrás de estas políticas; es decir, gracias a que un amplísimo espectro de formaciones o partidos políticos respaldan estas políticas en contra de los deseos de la mayoría del electorado. Así pues, la situación actual se caracteriza por dos rasgos distintos: en primer lugar, una amplia unanimidad entre el grueso de las formaciones políticas (partidos); y en segundo lugar, una falta total de congruencia entre lo que acuerdan estos partidos y lo que desea el pueblo. Esta situación no tiene precedentes en la historia de la democracia burguesa. Además, estas políticas no se refieren a cuestiones menores sobre tal o cual asunto, sino a cuestiones fundamentales de guerra y paz.

Tomemos el ejemplo de Estados Unidos. La mayoría de la población de ese país, según todas las encuestas de opinión disponibles, está horrorizada por la guerra genocida de Israel contra el pueblo palestino; desearía que Estados Unidos pusiera fin a la guerra y no siguiera suministrando armas a Israel para prolongarla. Pero el gobierno estadounidense está haciendo precisamente lo contrario, aun a riesgo de convertir la guerra en una que envuelva a todo Oriente Próximo. Del mismo modo, la opinión pública estadounidense no desea una continuación de la guerra de Ucrania. Es partidaria de poner fin a ese conflicto mediante una paz negociada; pero el gobierno estadounidense (junto con el del Reino Unido) ha torpedeado sistemáticamente toda posibilidad de arreglo pacífico. Su oposición a los acuerdos de Minsk, una oposición transmitida a Ucrania a través del viaje del primer ministro británico Boris Johnson a Kiev, fue lo que inició la guerra en primer lugar; e incluso ahora, cuando Putin había hecho ciertas propuestas para establecer la paz, incitó a Ucrania a lanzar su ofensiva de Kursk, que acabó con todas las esperanzas de paz.

Lo significativo es que tanto los republicanos como los demócratas de EEUU están de acuerdo en esta política de proporcionar armas a Netanyahu y Zelensky, a pesar de que la opinión pública desea la paz y a pesar de que cualquier aventurerismo de Ucrania corre el riesgo de desencadenar una conflagración nuclear.

Este contraste entre lo que desea el pueblo, a pesar de toda la propaganda a la que ha sido sometido, y lo que ordena el establishment político, aflige a todos los países metropolitanos; pero en ningún lugar es tan descarnado como en Alemania. La guerra de Ucrania afecta directamente a Alemania de una manera que no afecta a ningún otro país metropolitano, ya que Alemania dependía totalmente del gas ruso para sus necesidades energéticas. Las sanciones impuestas a Rusia han provocado una escasez de gas; y la importación de sustitutos más caros desde Estados Unidos ha hecho subir los precios del gas hasta niveles que repercuten fuertemente en el nivel de vida de los trabajadores alemanes. Los trabajadores alemanes exigen con urgencia el fin de la guerra de Ucrania; pero ni la coalición gobernante, formada por los socialdemócratas, los demócratas libres y los verdes, ni la principal oposición, formada por los democristianos y los socialcristianos, muestran interés alguno por una resolución pacífica del conflicto. Por el contrario, la clase política alemana está intentando azuzar el miedo a la aparición de tropas rusas en las fronteras alemanas, ¡aunque, irónicamente, son tropas alemanas las que están estacionadas actualmente en Lituania, en las fronteras de Rusia!

En su desesperación por poner fin a la guerra de Ucrania, el pueblo trabajador alemán está recurriendo a la neofascista AfD, que profesa estar en contra de la guerra (aunque uno sabe que inevitablemente traicionará esta promesa en cuanto se acerque al poder) y al nuevo partido de izquierda de Sahra Wagenknecht, que se separó del partido de izquierda matriz, Die Linke, por esta misma cuestión de la guerra.

Exactamente lo mismo ocurre con las actitudes alemanas hacia el genocidio de Gaza. Mientras que el grueso de la población alemana se opone a este genocidio, el gobierno alemán ha criminalizado de hecho toda oposición al genocidio israelí alegando que constituye «antisemitismo». Incluso disolvió una convención que se estaba organizando para protestar contra el genocidio, a la que habían sido invitados ponentes de renombre internacional como Yanis Varoufakis. El uso de la vara del «antisemitismo» para golpear toda oposición a la agresión de Israel está muy extendido también en otros países metropolitanos. En Gran Bretaña, Jeremy Corbyn, el antiguo líder del Partido Laborista, fue expulsado de ese partido, aparentemente por su supuesto «antisemitismo» pero en realidad por su apoyo a la causa palestina; y las autoridades universitarias estadounidenses han invocado esta acusación contra las protestas generalizadas en los campus que han sacudido ese país.

Normalmente, se intenta conseguir este tipo de cabalgada sobre la opinión pública manteniendo estas cuestiones candentes de la paz y la guerra totalmente fuera de la discusión política. En las próximas elecciones presidenciales estadounidenses, por ejemplo, dado que ambos contendientes, Donald Trump y Kamla Harris, están de acuerdo en suministrar armas a Israel, esta cuestión en sí no figurará en ningún debate presidencial ni en la campaña presidencial. Mientras que otros temas en los que difieren ocuparán el centro del escenario, el crucial que afecta a la gente y en el que tienen una opinión diferente de los contendientes, no será un tema de debate.

Una de las razones del apoyo de la clase política a las acciones israelíes, que dista mucho de ser insignificante, es la generosa financiación que recibe de los donantes proisraelíes. Según un informe publicado en la revista Delphi Initiative (21 de agosto), la mitad del gabinete de Keir Starmer, el recién elegido primer ministro laborista británico, había recibido dinero de fuentes proisraelíes para concurrir a las elecciones que les llevaron al poder. El mismo número de la misma revista informa también de que un tercio de los miembros conservadores del parlamento británico habían recibido dinero de fuentes pro-Israel para las elecciones. En otras palabras, el dinero pro-Israel está a disposición de los dos principales partidos de Gran Bretaña; esto hace que el apoyo a las acciones israelíes sea un asunto bipartidista.

Por otro lado, lo que les ocurre a quienes se posicionan con Palestina queda ilustrado por dos casos en los miembros del Congreso de Estados Unidos, Jamaal Bowman y Cori Bush, ambos representantes progresistas negros, que simpatizaban con la causa palestina y eran fuertes críticos del genocidio israelí, fueron derrotados por la intervención del AIPAC (Comité de Asuntos Públicos Estadounidense-Israelí), un poderoso lobby proisraelí, que vertió millones de dólares en el esfuerzo. La Iniciativa Delphi del 31 de agosto informa de que se habían gastado 17 millones de dólares para la derrota de Bowman y 9 millones de dólares para la campaña publicitaria contra Cori Bush. Curiosamente, en la campaña contra Cori Bush no se mencionó la agresión de Israel contra Gaza, ya que el AIPAC sabía que en ese tema concreto el público habría apoyado a Cori Bush en lugar de a su oponente, y de ahí que frustrara sus planes para derrotarla. Lo que todo esto significa es que una decisión fundamental sobre la guerra y la paz que afecta a todo el mundo está siendo tomada en los países metropolitanos en contra de los deseos del pueblo por un estamento político financiado por grupos de presión con intereses creados.

Así pues, en la metrópoli se ha pasado de la «manipulación de la disidencia» mediante la propaganda a la ignorancia total de la disidencia, incluso de la disidencia de una mayoría que ha demostrado ser inmune a la propaganda. Esto representa una nueva etapa en la atenuación de la democracia, una etapa caracterizada por una bancarrota moral sin precedentes del establishment político. Dicha bancarrota moral del establishment político tradicional también constituye el contexto para el crecimiento del fascismo; pero tanto si el fascismo llega realmente al poder como si no, la atenuación de la democracia en las sociedades metropolitanas ya ha desempoderado a la gente hasta un punto sin precedentes.

Fuente: ESPAIMARX

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Hallados más de 100 plaguicidas diferentes en los alimentos que se consumen en España

 

Hallados más de 100 plaguicidas diferentes en los alimentos que se consumen en España

 


Raúl Rejón

Rebelion / España

19/09/2024 



Fuentes: El Diario

La Agencia Española Alimentaria halló más de un centenar de químicos en sus controles, recopilados por Ecologistas en Acción, y cuyos datos indican que los productos más contaminados son las frutas y verduras, que contenían fitosanitarios en un 43% de los casos analizados.

Aunque en España se analiza poco la presencia de insecticidas, herbicidas o fungicidas en lo que comemos, la Agencia Española Alimentaria (AESAN) halló hasta 106 tipos diferentes de plaguicidas en los alimentos que llegan a los consumidores, según la recopilación de datos hecha por Ecologistas en Acción.

Con datos de 2022, de los 106 plaguicidas que se han detectado, hay 59 considerados disruptores endocrinos y otros 32 productos que no están permitidos (porque son muy tóxicos) que llegan muchas veces por autorizaciones de uso excepcional.

Los resultados del análisis de los datos oficiales que ha presentado este miércoles Ecologistas revelan que los alimentos más contaminados son las frutas y verduras, en las que un 43% de los productos analizados presentó plaguicidas, muy por delante de los cereales, con un 9%.

En el grupo de los tomates se han hallado 31 plaguicidas (19 posibles disruptores), en las manzanas 22 fitosanitarios, en las naranjas otros 22, igual que en las mandarinas. En las lechugas seleccionadas se encontraron 21 productos químicos.

“En el top de alimentos con más plaguicidas siempre están los más utilizados, los que se pueden comprar todo el año porque están disponibles en las estanterías”, apostilla el responsable del trabajo, Koldo Hernández.

Lógicamente, a los cultivos no se les aplica una única sustancia así que, una misma pieza puede presentar un cóctel químico: se han analizado peras con nueve tipos de plaguicidas, mandarinas con ocho o tomates también con ocho productos.

Este control de plaguicidas, obligatorio por la legislación europea, es, a juicio de esta organización, muy poco exhaustivo. Desde luego si se compara el nivel de análisis en España con el resto de la Unión Europea, parece que es así.

España está a la cola en muestras analizadas por 100.000 habitantes con 3,61. Muy lejos del máximo de la UE, Bulgaria, que analizó más de 200. Tampoco se está cerca de las otras potencias agrícolas de la Unión: Alemania controla 22 alimentos por cada 100.000 habitantes, Francia unas 19 muestras e incluso Portugal analiza más de nueve.

En este sentido, en España no se ha buscado, por ejemplo, Glifosato, el herbicida más extendido, vendido y utilizado tanto por privados como las administraciones públicas. “De 30 países que participan en estos análisis, 25 sí buscaron glifosato, un producto que está en un tercio de los ríos y acuíferos españoles”, remata Hernández para ilustrar el bajo nivel de análisis en España.

España es una potencia agrícola en Europa. Y está a la cabeza en la venta y uso de plaguicidas. De hecho, ha encabezado la lista de la UE en 2020 y 2021. En 2022 ha pasado a ser segunda, por detrás de Francia. Ese año hubo un descenso generalizado en el uso de pesticidas y España, en particular, vio caer mucho el volumen: se pasó de 76 a 56 millones de kilos en un año. “Se debió en gran parte al incremento de los precios”, dicen los ecologistas.

España está a la cabeza de ventas de plaguicidas en Europa. Ha encabezado la lista en 2020 y 2021 y fue la segunda en 2022. En 2022 hubo un descenso generalizado, según reflejan las tablas de Eurostat, en el uso de estos productos “debido en gran parte al aumento de precios”, explican los ecologistas: se pasó de 76 a 56 millones de kilos.

El uso intensivo de pesticidas en la UE durante mucho tiempo ha hecho que los suelos en los que se aplican presenten ahora niveles de tóxicos mucho más elevados de lo que se había previsto y calculado a la hora de autorizar el uso de esos productos. Los resultados del estudio muestran que casi todos los suelos europeos contienen mezclas de residuos de pesticidas y que la manera de calcular su presencia puede no ser fiable“, concluyó el estudio de la Universidad de Wageningen que reveló esas concentraciones inesperadamente elevadas.

De todos esos pesticidas detectados en alimentos en España, en muy pocas ocasiones las cantidades del compuesto incumplían los máximos permitidos por la normativa. Apenas un 0,6%. “Pero el límite máximo es el mismo para los adultos hombres y mujeres, que para los niños y los ancianos”, contrapone Koldo Hernández. Además, una cosa es la regulación y otra la ciencia: no hay dictamen sobre la acumulación en el tiempo de estos productos ni sobre el efecto combinado de estar expuesto a varios tóxicos a la vez. “Nadie está expuesto a uno solo”, dice Hernández. “¿Cómo se evalúa el efecto combinado de 50 sustancias? Vivimos en una ficción que nos da seguridad”, remata.

Fuente: https://www.eldiario.es/sociedad/hallados-100-plaguicidas-diferentes-alimentos-consumen-espana_1_11662584.html

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Mercedes Sosa - Si Se Calla El Cantor

Carlos Puebla - Ya que lo pregunta

jueves, 19 de septiembre de 2024

Imperialismo y rivalidad económica

 

El creciente conflicto entre bloques confirma que no existe una única clase capitalista mundial. Es obvio que hoy el más agresivo imperialismo es el de EEUU. Pero no hay ninguna razón para considerar mejores a los capitalistas de Rusia, China o la India.


Imperialismo y rivalidad económica

Costas Lapavitsas

El Viejo Topo

19 septiembre, 2024 



La geopolítica mundial está marcada actualmente por extraordinarias tensiones y conflictos armados que hacen temer una guerra mundial, especialmente en Ucrania, Oriente Próximo y Taiwán. Desde principios de 2010, la disposición de las grandes potencias estatales recuerda cada vez más a los años anteriores a la gran conflagración imperialista de 1914. Un giro semejante habría sido difícil de imaginar en la década de 1990, cuando dominaba la ideología de la globalización neoliberal y Estados Unidos reinaba como única superpotencia.

Estados Unidos sigue siendo sin duda el actor principal -y más agresivo- de la escena internacional, como demuestra su posición frente a China. Es importante señalar que ninguno de sus potenciales contendientes procede de las «viejas» potencias imperialistas, sino que todos tienen su origen en lo que antes se consideraba el Segundo o el Tercer Mundo, con China como principal competidor económico y Rusia como principal competidor militar. Esto refleja la profunda transformación de la economía mundial en las últimas décadas.

La escalada de las tensiones se produce, además, en un momento de malos resultados históricos en las zonas centrales de la economía mundial, en particular desde la Gran Crisis de 2007-2009. La actividad económica en las zonas centrales es notablemente débil en términos de crecimiento, inversión, productividad, etc., y no hay signos claros de reactivación. El período posterior a la Gran Crisis de 2007-2009 es un interregno clásico en el sentido de Antonio Gramsci, es decir, de lo viejo que muere y lo nuevo que no nace, sólo que en este contexto señala la incapacidad del núcleo de la acumulación capitalista para emprender su propio crecimiento tanto a escala nacional como internacional.

La dramática reaparición de los contenciosos imperialistas y hegemónicos y la necesidad de sacar conclusiones políticas de ellos son asuntos de primera importancia para la izquierda socialista. En este artículo pretendo aportar algunos puntos clave al debate, basándome principalmente en la obra colectiva recientemente publicada: El estado del capitalismo: economía, sociedad y hegemonía.

La clásica economía política marxista del imperialismo

La teoría marxista siempre ha intentado vincular el imperialismo a la economía política del capitalismo. Esto es más evidente en el análisis canónico de Vladimir Lenin, basado en El capital financiero de Rudolf Hilferding. La reaparición actual de actitudes imperialistas y hegemónicas puede analizarse mejor siguiendo el camino abierto por estos autores.

Los enfoques que se basan en explicaciones no económicas, o que incluso intentan desvincular el imperialismo del capitalismo, como el de Joseph Schumpeter, tienen un poder explicativo limitado. Sin embargo, la teoría de Hilferding y Lenin debe tratarse con gran cautela. La actual perspectiva geopolítica del mundo puede recordar a la anterior a 1914, pero las apariencias engañan.

Para ambos autores, el principal motor del imperialismo fue la transformación de las unidades fundamentales del capital en las áreas centrales de la economía mundial, que condujo a la aparición del capital financiero. En pocas palabras, el capital monopolista industrial y bancario se amalgamó en el capital financiero, que trató de expandirse en el extranjero de dos maneras: en primer lugar, mediante la venta de mercancías y, en segundo lugar, mediante la exportación de capital monetario prestado.

En resumen, el imperialismo clásico fue impulsado por la internacionalización acelerada del capital monetario y mercantil bajo la égida de la amalgama del capital monopolista industrial y financiero.

Naturalmente, los capitales financieros de los distintos países competían entre sí en el mercado mundial, y para ello buscaban el apoyo –en concreto, pero no exclusivamente– de sus propios Estados. Esto llevó a la creación de imperios coloniales para asegurar la exclusividad territorial de la exportación de capital básico y crear condiciones favorables para la exportación de capital de préstamo.

Los países colonizados se encontraban generalmente en una fase inferior de desarrollo capitalista o no eran capitalistas en absoluto. Esta expansión colonial habría sido imposible sin el militarismo y, por tanto, sin el impulso de la confrontación armada entre los distintos competidores.

En resumen, el impulso para la creación de colonias surgió de las agresivas operaciones del capital financiero que buscaba asegurarse beneficios. Para ello, cooptaron los servicios del Estado y esto creó un impulso hacia la guerra. Los Estados no son empresas capitalistas y sus relaciones no están determinadas por un burdo cálculo de beneficios y pérdidas. Actúan sobre la base del poder, la historia, la ideología y otros muchos factores no económicos. El árbitro último entre ellos es el poder militar.

Así pues, la expansión imperialista estaba impulsada fundamentalmente por el capital privado, pero implicaba inevitablemente opresión, explotación y conflictos nacionales. Los flujos de valor hacia la metrópoli podían proceder de los beneficios empresariales, pero también de los impuestos a la explotación, como en la India. Éstos se contrarrestaban con los enormes gastos de adquisición y mantenimiento de las colonias.

Desde esta perspectiva, es engañoso intentar demostrar la existencia del imperialismo mediante un modelo económico que muestre los excedentes monetarios netos creados y apropiados por las metrópolis. El imperialismo es una práctica geopolítica y una realidad económica. Está arraigado en la conducta y los beneficios de las empresas capitalistas activas a escala mundial, pero da lugar a políticas estatales que tienen resultados complejos y contradictorios. En un sentido profundo, el imperialismo es un resultado histórico de la acumulación capitalista madura.

Imperialismo contemporáneo

A diferencia de los tiempos de Hilferding y Lenin, la primera y decisiva característica del imperialismo contemporáneo es la internacionalización del capital productivo, y no sólo del capital monetario comercial y crediticio.

Grandes volúmenes de producción capitalista tienen lugar a través de las fronteras mediante cadenas de suministro dirigidas normalmente por empresas multinacionales, que ejercen el control directamente mediante derechos de propiedad sobre filiales o indirectamente mediante contratos con capitalistas locales. El salto cuantitativo en el volumen del comercio internacional en las últimas décadas es el resultado del comercio dentro de estas cadenas de valor.

Producir en el extranjero tiene requisitos mucho más estrictos que el simple comercio de materias primas o el préstamo de dinero. El capitalista internacional debe tener un amplio conocimiento de las condiciones económicas locales de los países receptores, derechos fiables sobre los recursos locales y, sobre todo, acceso a una mano de obra capaz. Todo ello requiere relaciones directas o indirectas con el Estado tanto del país de origen como del país de destino.

El segundo punto de diferencia, igualmente decisivo, es la forma característica que ha adoptado el capital financiero en las últimas décadas, que ha sido un factor decisivo en la financiarización del capitalismo tanto a escala nacional como internacional.

La exportación de capital de préstamo ha crecido enormemente, pero la mayoría de los flujos han sido, y siguen siendo, principalmente de núcleo a núcleo, en lugar de núcleo a periferia. La proporción era de aproximadamente diez a uno a favor de los primeros. También es característico del interregno el crecimiento sustancial de los flujos de China a la periferia y de otros flujos de la periferia a la periferia.

Además, hasta la Gran Crisis de 2007-09, tanto la financiarización nacional como la internacional estaban impulsadas principalmente por los bancos comerciales. Durante el interregno, el centro de gravedad se desplazó a los diversos componentes del «sistema bancario en la sombra», es decir, instituciones financieras no bancarias, como los fondos de inversión, que se benefician de la negociación y tenencia de valores. Tres de estos fondos –BlackRock, Vanguard y State Street– poseen actualmente en sus carteras una parte enorme de todo el capital de renta variable estadounidense.

El imperialismo contemporáneo se caracteriza, en resumen, por la internacionalización del capital productivo, mercantil y monetario, una vez más bajo la égida del capital monopolista industrial y financiero. Sin embargo, de nuevo al contrario que en la época de Hilferding y Lenin, no existe una amalgama de capital industrial y financiero, y menos aún una amalgama en la que el segundo domine al primero.

La dominación no es, después de todo, un resultado del movimiento esencial del capital, sino que deriva de las realidades concretas de las operaciones capitalistas en contextos históricos específicos. A principios del siglo XX, los bancos podían dominar al capital industrial porque éste dependía en gran medida de los préstamos bancarios para financiar inversiones fijas a largo plazo. Dichos préstamos permitían y animaban a los bancos a participar activamente en la gestión de las grandes empresas.

Hoy en día, las empresas industriales de los países centrales se caracterizan por una baja inversión y, al mismo tiempo, por enormes volúmenes de capital monetario de reserva. Ambas son características de la financiarización de las empresas industriales y de los malos resultados de las economías centrales durante el interregno. Además, implican que las grandes empresas internacionales dependen mucho menos del capital financiero que en la época del imperialismo clásico.

Las amplias participaciones de los «bancos en la sombra» son ciertamente importantes en términos de poder de voto dentro de las grandes empresas y desempeñan un papel en el proceso de toma de decisiones de las empresas no financieras. Sin embargo, es exagerado decir que las Tres Grandes dictan las condiciones a las empresas estadounidenses. Poseen acciones que pertenecen a otros –a menudo otros «bancos en la sombra»– y tratan de obtener beneficios gestionando sus carteras de valores. Su posición recuerda a la de un rentista que, sin embargo, busca un equilibrio de coexistencia con el industrial a través de los mercados de valores.

La fuerza motriz del imperialismo contemporáneo procede de esta combinación de capital industrial y capital financiero internacionalizados. Ninguno domina al otro y no existe un enfrentamiento fundamental entre ellos. Juntos constituyen la forma de capital más agresiva que conoce la historia.

Necesidades económicas del imperialismo contemporáneo

La combinación de capital que impulsa el imperialismo contemporáneo no tiene necesidad de exclusividad territorial y no busca formar imperios coloniales. Al contrario, prospera gracias a un acceso ilimitado a los recursos naturales mundiales, a una mano de obra barata, a una fiscalidad baja, a normas medioambientales poco estrictas y a mercados para sus componentes industriales, comerciales y financieros.

Un punto a destacar aquí es que no existe una clase capitalista «mundial». Se trata de una ilusión que se remonta a los tiempos del triunfo ideológico de la globalización y de la hegemonía única de Estados Unidos. Ciertamente, existe una similitud de puntos de vista entre los capitalistas internacionalmente activos, lo que en última instancia refleja el poder hegemónico de Estados Unidos. Pero la enorme escalada de tensiones de los últimos años demuestra que los capitalistas están y seguirán estando divididos en grupos potencialmente hostiles a escala internacional.

Por cierto, ni siquiera existe una «aristocracia del trabajo» en los países centrales, contrariamente a lo que afirmaba Lenin. La gran presión ejercida sobre los trabajadores de los países centrales en los últimos cuarenta años ha desmentido esta idea.

El capital industrial y financiero internacionalmente activo tiene dos requisitos básicos. En primer lugar, deben existir normas claras y aplicables para los flujos de inversiones productivas, materias primas y capital monetario prestado. No se trata sólo de un acuerdo entre Estados, sino de algo que debe estar garantizado por instituciones debidamente estructuradas, como el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización Mundial del Comercio, el Banco de Pagos Internacionales, etcétera. En segundo lugar, debe existir una forma fiable de moneda mundial que sirva como unidad de cuenta, medio de pago y depósito de valor.

Ambos requisitos –especialmente el segundo– reflejan el carácter peculiar de la economía mundial, que, a diferencia de la economía nacional, carece intrínsecamente de la presencia coordinadora y organizadora de un Estado nación. No obstante, el capital industrial y financiero sigue necesitando el apoyo de los Estados nación para sortear los escollos del mercado mundial.

Inevitablemente, el sistema de Estado-nación –a diferencia del sistema de capital que compite internacionalmente– entra en juego y aporta sus consideraciones no económicas.

El papel de la hegemonía

El sello distintivo del sistema de Estado-nación es la hegemonía y hay pocas guías mejores para abordar esta cuestión que Gramsci, como sugirió hace tiempo Robert Cox. Gramsci se centraba en el equilibrio interno de clases y en los resultados políticos resultantes, más que en las relaciones internacionales entre Estados. Sin embargo, lo que importa a nuestros efectos es que para Gramsci la hegemonía implica tanto coerción como consenso. Ambos son cruciales para el funcionamiento del imperialismo contemporáneo.

Estados Unidos fue la única potencia hegemónica durante casi tres décadas tras el colapso de la Unión Soviética; su poder derivaba de su dominio económico reflejado en el tamaño de su PIB y los mercados relacionados, el volumen del comercio internacional y la escala de las entradas y salidas de capital. Sobre todo, su posición hegemónica derivaba de su capacidad única para afianzar su moneda nacional como divisa mundial.

El poder coercitivo de Estados Unidos es en parte económico, como demuestra la enorme gama de sanciones que impone regularmente a otros. Pero principalmente es militar, con enormes gastos que actualmente superan el billón de dólares al año. Esta cifra supera a la de las «antiguas» potencias imperialistas en al menos un orden de magnitud y financia una vasta red de bases militares en todo el mundo. A diferencia del periodo clásico, la militarización y el enorme complejo militar-industrial son características permanentes e integrales de la economía estadounidense.

El poder de consenso de Estados Unidos se basa en su papel dominante en las instituciones internacionales que regulan la actividad económica internacional. Esta forma de poder se apoya en universidades y grupos de reflexión que producen la ideología predominante en las instituciones internacionales. Ha sido fundamental para generar una visión común entre los capitalistas internacionalmente activos de todo el mundo durante varias décadas.

Como único hegemón, EE.UU. ha promovido sistemáticamente los intereses de su capital globalmente activo. Al hacerlo, han creado las condiciones que también permiten que el capital de otros «viejos» países imperialistas opere de forma rentable, entre otras cosas garantizando el acceso controlado al dólar en momentos críticos, como en 2008, pero también en 2020. También en este aspecto, el imperialismo contemporáneo difiere radicalmente de la versión clásica.

El problema hegemónico para Estados Unidos surge de la naturaleza contradictoria de estas tendencias.

Por un lado, favorecer los intereses del capital internacionalmente activo ha supuesto costes sustanciales para algunos sectores de la economía nacional estadounidense. La producción ha emigrado, dejando tras de sí un desempleo persistente, las empresas se han registrado en paraísos fiscales para eludir impuestos, se ha perdido capacidad técnica, etc.

Por otro, la deslocalización de la capacidad productiva ha favorecido la aparición de centros independientes de acumulación capitalista en lo que antes se consideraba el Segundo y el Tercer Mundo. El papel principal lo han desempeñado los Estados nacionales que han navegado por los bajos fondos de la producción, el comercio y las finanzas globalizadas. Pero la deslocalización de la producción también ha sido un factor crucial.

El principal ejemplo es, obviamente, China, que se ha convertido en el mayor país manufacturero y comercial del mundo. Por supuesto, las gigantescas empresas industriales y financieras chinas tienen características y relaciones distintivas de sus equivalentes estadounidenses, entre otras cosas porque muchas de ellas son de propiedad estatal. Pero los capitales financieros del imperialismo clásico también diferían sustancialmente entre sí, como señaló Kozo Uno, por ejemplo.

A nuestros efectos, las enormes empresas industriales y financieras chinas, indias, brasileñas, coreanas, rusas y de otros países operan cada vez más a escala mundial y buscan el apoyo del Estado para influir en las reglas del juego y determinar la moneda mundial. Esto significa principalmente su propio Estado, aunque también cultivan relaciones con otros Estados.

El impulso de la guerra

Las raíces de la constante escalada de las contiendas imperialistas se encuentran en esta configuración del capitalismo global. Es evidente que Estados Unidos no se someterá al desafío y recurrirá a su vasto poder militar, político y monetario para proteger su hegemonía. Esto les convierte en la principal amenaza para la paz mundial.

Las disputas actuales, en otras palabras, recuerdan a la época anterior a 1914, en el sentido fundamental de estar impulsadas por motivaciones económicas subyacentes. Esto no significa que detrás de cada explosión haya un burdo cálculo económico, pero sí que las disputas tienen profundas raíces materiales. Por lo tanto, son extraordinariamente peligrosas y difíciles de abordar.

Además, la contienda es cualitativamente diferente de la oposición entre EEUU y la Unión Soviética, que era principalmente política e ideológica. Durante el interregno, EEUU contó con el apoyo de las «viejas» potencias imperialistas, recurriendo principalmente a su poder de consenso, que hunde sus raíces en la era antisoviética. Nada garantiza que puedan hacerlo para siempre.

La izquierda se enfrenta, por tanto, a una elección difícil pero al mismo tiempo clara. La emergencia gradual de la «multipolaridad», con otros Estados poderosos que desafían la hegemonía estadounidense, ha creado un cierto espacio para que los países más pequeños defiendan sus intereses. Pero no hay nada meritorio o progresista en el capitalismo chino, indio, ruso o de cualquier otro tipo. Además, es crucial recordar que en 1914 el mundo era multipolar y el resultado fue una catástrofe. La respuesta todavía puede encontrarse en los escritos de Lenin, aunque el mundo haya cambiado mucho.

La izquierda socialista debe oponerse al imperialismo, reconociendo que Estados Unidos es el principal agresor. Pero debe hacerlo desde una posición independiente, abiertamente anticapitalista, que no se haga ilusiones sobre China, India, Rusia y otros contendientes, por no hablar de los «viejos» imperialistas. El camino debe ser el de la transformación anticapitalista interna, basada en la soberanía popular y unida a una soberanía nacional que busque la igualdad internacional. Este sería el verdadero internacionalismo, basado en el poder de los trabajadores y los pobres. Cómo puede volver a convertirse en una fuerza política real es el problema más profundo de nuestro tiempo.

Fuente: Jacobin 

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