jueves, 8 de febrero de 2024

El manual de la CNN para manipular las noticias sobre Gaza

 

El manual de la CNN para manipular las noticias sobre Gaza


DIARIO OCTUBRE / febrero 8, 2024

 


 Que la información sobre Palestina está manipulada, no es nada nuevo. Que la CNN es una cadena que destaca especialmente por la manipulación, tampoco. Lo singular es que lo haya denunciado un periódico como el Guardian (*), que no está al margen de todo tipo de manipulaciones.

La intoxicación de la CNN sobre la guerra de Israel en Gaza no es casual, sino una política deliberada y sistemática dictada por los caciques de más arriba.

El periódico británico consiguió más de una docena de memorandos y correos electrónicos internos y se tomó la molestia de entrevistar a seis redactores, que no se sienten cómodos en su papel intoxicador cuando la masacre de Gaza es tan evidente que no necesita mayores explicaciones.

“La CNN se enfrenta a una reacción violenta de su propio personal por las políticas editoriales que, según dicen, han llevado a una regurgitación de propaganda israelí y a la censura de las perspectivas palestinas en la cobertura de la guerra de Gaza a través de la cadena”, afirma el Guardian.

“Las decisiones de noticias diarias están determinadas por un flujo de directivas que emanan de la sede de CNN en Atlanta, que ha establecido pautas estrictas de cobertura”, que no son más que la ley del embudo: “estrictas limitaciones a las declaraciones de Hamas y otras opiniones palestinas, mientras que las declaraciones del gobierno israelí se toman literalmente”.

La manipulación de la cadena “resultó, particularmente en las primeras semanas de la guerra, en un mayor énfasis en el sufrimiento israelí”.

Además, cualquier información sobre la guerra “debe ser aprobada por la oficina de Jerusalén antes de ser transmitido o publicado”. El tono de las noticias lo impone “desde arriba el nuevo editor en jefe y director ejecutivo, Mark Thompson”.

Thompson es un sicario de la intoxicación que tiene una dilatada trayectoria. Fue director de la BBC de 2004 a 2012. Luego, de 2012 a 2020, fue presidente y director ejecutivo del New York Times.

Cuando estaba en la BBC le acusaron de “ceder a la presión del gobierno israelí en varias ocasiones, en particular al pedirle a uno de los más eminentes de la BBC corresponsales dejaran su puesto en Jerusalén en 2005”.

Israel sólo quiere corresponsales dóciles y sumisos, de los que ponen la oreja y no hacen preguntas incómodas.

Thompson ha elaborado un breviario de dos páginas para enseñar a sus pupilos a redactar las noticias sobre Gaza, que deben recordar a cada paso la causa inmediata del “conflicto actual”: el ataque terrorista de Hamas y la matanza y el secuestro masivo de civiles.

(*) https://www.theguardian.com/media/2024/feb/04/cnn-staff-pro-israel-bias

FUENTEmpr21.info

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¿Por qué un Plan Marshall?

 

Serie: 1944-2024, 80 años de intervenciones del Banco Mundial y del FMI, ¡basta ya!

¿Por qué un Plan Marshall?

 

Por Eric Toussaint

Rebelion

08/02/2024 

Fuentes: CADTM


En julio de 2024, el Banco Mundial y el FMI cumplirán 80 años. 80 años de neocolonialismo financiero y de imposición de políticas de austeridad en nombre del pago de la deuda. ¡80 años son suficientes! Las instituciones de Bretton Woods deben ser abolidas y sustituidas por instituciones democráticas al servicio de una bifurcación ecológica, feminista y antirracista. Para conmemorar estos 80 años, volvemos a publicar todos los miércoles hasta julio una serie de artículos que analizan en detalle la historia y los daños causados por estas dos instituciones.

Los gobernantes de Estados Unidos aprenden de los errores cometidos en los años 1920-1930

Finalizada la primera guerra mundial, con el Tratado de Versalles, los vencedores impusieron a Alemania el desembolso de unas sumas muy altas en concepto de reparaciones y deudas de guerra. [1] Muy pronto Alemania se encontró en dificultades para pagar y el descontento social fue en aumento. El crash de Wall Street, que se produjo en 1929, desencadenó una crisis económica mundial. Estados Unidos redujo drásticamente el flujo de capitales hacia el exterior. Alemania cortó los desembolsos a Francia, Bélgica y el Reino Unido, países que a su vez suspendieron el pago de su deuda a Estados Unidos. El mundo más industrializado se sumió en la recesión y se instaló la desocupación masiva. El comercio internacional se hundió.

Previendo el desenlace de la Segunda Guerra Mundial, las autoridades de Washington decidieron adoptar una actitud diametralmente opuesta a la que mantuvieron desde el fin de la primera guerra mundial hasta principios de los años 30.

Optaron por el establecimiento de las instituciones de Bretton Woods y de las Naciones Unidas. Es la parte institucional internacional.

Se trata ahora de analizar qué es la política bilateral pregonada por las autoridades de Washington.

Mejor que prestar dinero, donarlo

La preocupación del Gobierno estadounidense al finalizar la Segunda Guerra Mundial era mantener el pleno empleo alcanzado gracias al colosal esfuerzo de guerra. Así mismo quería garantizar un superávit comercial en las relaciones de Estados Unidos con el resto del mundo. [2] Pero los principales países industrializados capaces de importar mercaderías de Estados Unidos estaban literalmente sin un céntimo. Para que pudieran comprar productos estadounidenses había que proporcionarles dólares en grandes cantidades.

Pero ¿en qué forma? ¿Donaciones o préstamos?

En síntesis, el razonamiento de los estadounidenses era el siguiente: si prestamos a los europeos que son de nuestro bando el dinero que emplearán para comprarnos lo que necesitan para reconstruir su economía, ¿con qué nos van a pagar? Los dólares que les prestamos, ya no los tendrán, porque los habrán gastado en comprarnos lo que necesitan. Por lo demás, no hay más que tres posibilidades. Primera, nos pagan en especie. Segunda posibilidad, nos reembolsan en dólares. Tercera posibilidad, les donamos el dinero hasta que salgan adelante.

Veamos la primera posibilidad: si nos pagan en especie más que en dólares, sus productos competirán con los nuestros en nuestro mercado interno, el pleno empleo se verá amenazado en casa, los beneficios de nuestras empresas decaerán. No es una buena solución.

Consideremos la segunda: nos reembolsan en dólares. Los dólares que les habíamos prestado ya los gastaron en la compra de nuestros productos. En consecuencia, para que puedan reembolsarnos debemos prestarles por segunda vez la misma suma (que nos deben), más los intereses. El riesgo de entrar en un círculo incontrolable de endeudamiento (que bloquee o frene de nuevo la buena marcha de los negocios) se combina con el riesgo evocado en la primera posibilidad. Si los europeos tratan de no acumular deudas con nosotros, vendrán a vender en nuestro mercado sus productos, compitiendo con nuestras empresas. Obtendrían así una parte de los dólares necesarios para reembolsarnos. Pero esto no será suficiente para que se desendeuden, y encima hará crecer el desempleo entre nosotros. [3]

Queda la tercera posibilidad: mejor que prestar masivamente dinero a los europeos (por medio del Banco Mundial o por cualquier otra vía), conviene donarles los dólares necesarios para que reconstruyan su economía en un período relativamente corto. Los europeos utilizarán los dólares recibidos para comprarnos bienes y servicios. Esto asegurará una salida para las exportaciones estadounidenses y, por consiguiente, el pleno empleo. Una vez realizada la reconstrucción, los europeos, no endeudados, estarán en condiciones de pagar la factura de lo que nos compren.

Las autoridades estadounidenses llegaron a la conclusión de que era mejor proceder mediante donaciones y lanzaron el Plan Marshall.

El Plan Marshall [4]

Entre 1948 y 1951, Estados Unidos destinó mas de 13.000 millones de dólares de la época (de los cuales, 11.000 millones en donaciones) a la reconstrucción de 17 países europeos, a través de la Organización Europea de Cooperación Económica (OECE, hoy OCDE). El monto total de la ayuda corresponde a unos 90.000 millones de dólares actuales. Washington exigía a los Estados que aceptaran la ayuda varias contrapartidas: de entrada, que los países europeos coordinaran los gastos de reconstrucción en el seno de la OECE. De este modo, reforzando el bloque opuesto al soviético, Estados Unidos contribuyó a la cooperación europea, preludio de la construcción europea. Por otra parte, exigía que el dinero prestado sirviera para comprar productos de la industria estadounidense.


Gastos generales del Plan Marshall

Asistencia económica desde el 3 de abril de 1948 hasta el 30 de junio de 1952
(en millones de dólares de la época)

País

Total

Donaciones

Préstamos

Total para todos los países

$13 325,8

$ 11 820,7

$ 1 505,1

Austria

677,8

677,8

Bélgica-Luxemburgo

559,3

491,3

68,0 a

Dinamarca

273,0

239,7

33,3

Francia

2713,6

2 488,0

225,6

Alemania (RFA)

1390,6

1 173,7

216,9

Grecia

706,7

706,7

Irlanda

147,5

19,3

128,2

Islandia

29,3

24,0

5,3

Italia (incluido Trieste)

1 508,8

1 413,2

95,6

Países Bajos (Indonesia) b

1 083,5

916,8

166,7

Noruega

255,3

216,1

39,2

Portugal

51,2

15,1

36,1

Suecia

107,3

86,9

20,4

Turquía

225,1

140,1

85,0

Reino Unido

3 189,8

2 805

384,8

Regional c

407,0

407,0

Notas:
a. El total del préstamo incluye 65 millones para Bélgica y 3 millones para Luxemburgo.
b. Ayuda del Plan Marshall a las Indias Neerlandesas (Indonesia) extendida a los Países Bajos antes de la transferencia de soberanía, el 30 de diciembre de 1949.
c. Incluye la contribución de Estados Unidos al fondo permanente social europeo de sindicatos (EPU): 361,4 millones. Este maná financiero estaba destinado principalmente a reforzar los sindicatos que actuaban en contra de la influencia comunista.

Además de las donaciones acordadas en el marco del Plan Marshall, hay que agregar la anulación parcial, en 1946, de la deuda de Francia con Estados Unidos (2.000 millones de dólares condonados). Igualmente, Bélgica se benefició por parte de Estados Unidos de una reducción de la deuda en compensación por el uranio proporcionado para la fabricación de las primeras dos bombas atómicas, lanzadas sobre las ciudades japonesas de Hiroshima y Nagasaki, que causaron el holocausto nuclear. El uranio provenía de la mina de Shinkolobwé (cerca de Likasi, ex Jadotville) situada en la provincia de Katanga, en el Congo Belga. Primer acto, Bélgica se benefició de una anulación de la deuda gracias a su colonia, cuyos recursos naturales explotaba. Segundo acto, unos quince años más tarde, legó al Congo independiente las deudas que había contraído para explotar sus recursos naturales y a su pueblo. (Ver “Préstamos odiosos a las metrópolis coloniales…” in http://cadtm.org/En-un-clima-de-caza-de-brujas-el )

Conclusión

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial y hasta hoy, las grandes potencias siempre han rechazado poner en marcha un plan Marshall para los países en desarrollo (exceptuando Corea del Sur y Taiwan; véase más adelante). Los préstamos con intereses constituyeron el instrumento fundamental de la supuesta financiación del desarrollo del Tercer Mundo. Este rechazo a un Plan Marshall indica que los acreedores no deseaban que estos países se desendeudaran. Los acreedores consideran que lo que les interesa es mantenerlos en el endeudamiento permanente, para obtener de este modo un beneficio máximo bajo la forma del pago de la deuda, y para imponerles unas políticas acordes a sus intereses de acreedores y asegurarse su lealtad en el seno de las instituciones internacionales.

Lo que los estadounidenses realizaron con los países más industrializados destruidos por la guerra, mediante el Plan Marshall, fue concedido de manera excepcional a Corea del Sur y a Taiwan, dos PED aliados de Estados Unidos que ocupaban un lugar estratégico en la vecindad de la Unión Soviética y de China. Estados Unidos otorgó en forma de donaciones unas sumas netamente superiores a los préstamos concedidos por el Banco Mundial al resto de los PED. Es el caso, en particular de Corea del Sur y de Taiwán, que desde los años 50 han recibido una ayuda determinante, que es uno de los ingredientes de su éxito.

Para dar una idea: entre 1954 y 1961, Corea del Sur recibió como donación de Estados Unidos una suma superior a todos los préstamos juntos otorgados por el Banco Mundial a los países independientes del Tercer Mundo (incluidos la India, Pakistán, México, Brasil y Nigeria). Corea del Sur recibió como donaciones de Estados Unidos más de 2.500 millones de dólares entre 1953 y 1961, mientras que los préstamos del Banco al conjunto de los PED independientes durante el mismo período sumaban 2.323 millones de dólares. Las donaciones a Taiwán se elevaron a cerca de 800 millones de dólares en dicho período. [5] Debido a encontrarse en un lugar estratégico frente a China y la URSS, la pequeña Corea del Sur, agrícola, con una población de menos de 20 millones de habitantes, recibió los favores de Estados Unidos. En el plano de las políticas económicas, el Banco Mundial y Estados Unidos toleraron a Corea del Sur y a Taiwán lo que no le admitieron a Brasil, o a México. Ese aspecto es el que desarrollé en el artículo sobre Corea del Sur entre 1945 y los años 1990 (véase Éric Toussaint « Corea del Sur: el milagro desenmascarado», publicado en marzo 2006, http://cadtm.org/Corea-del-Sur-el-milagro,1869).

Traducido por Griselda Pinero y Raúl Quiroz

Notas:

[1] John Maynard Keynes, contratado por el Tesoro británico, participó activamente en las negociaciones del Tratado de Versalles (1919) que concluyó la primera guerra mundial. Opuesto a la amplitud de las reparaciones exigidas a Alemania, renunció a la delegación británica y publicó a continuación Las consecuencias económicas de la paz (Crítica, Barcelona, 2002)

[2] Y eso fue lo que pasó: la balanza comercial de Estados Unidos, que era deficitaria, se mantuvo positiva hasta 1971. En otras palabras, Estados Unidos exportó más que lo que importaba.

[3] «La oposición a un reembolso en forma de importaciones es una constante de este país, y el motivo es que éstas entran en competencia con los productos nacionales y eso contribuye al desempleo.» Randolph E. Paul, Taxation for Prosperity, Bobbs-Merrill, Indianápolis, 1947, citado por Cheryl Payer, Lent and Lost. Foreign Credit and Third World Development, Zed Books, Londres, 1991, p. 20.

[4] Información y cuadro sacado de la enciclopedia Wikipedia: http://fr.wikipedia.org/wiki/Plan_Marshall

[5] Cálculos del autor. Fuente: 1) informes anuales del Banco 1954-1961; 2) US Overseas Loans and Grants (Greenbook) http://qesdb.cdie.org/gbk/index.html

Artículos anteriores de la serie:

  1. Acerca de la fundación de las instituciones de Bretton Woods
  2. En un clima de caza de brujas, el Banco Mundial siempre está al servicio de los poderosos
  3. Conflictos entre la ONU y el dúo Banco Mundial/FMI
  4. SUNFED versus Banco Mundial
  5. ¿Por qué un Plan Marshall?

Fuente: https://www.cadtm.org/Por-que-un-Plan-Marshall

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El Partido Popular retrocede y podría perder la mayoría absoluta en Galicia, con el BNG a menos de diez puntos

 

El Partido Popular retrocede y podría perder la mayoría absoluta en Galicia, con el BNG a menos de diez puntos

TERCERAINFORMACION / 05.02.2024

  • Según la última encuesta de precampaña realizada por el CIS, el PP lograría el 42,2% de los votos, un punto menos que hace un mes.
  • El BNG, que sube hasta el 32,9%, junto con el PSOE (20,1%), en total un 53%, obtendrían más votos que el PP (un 42,2%).
  • La candidata del Bloque Nacionalista Galego, Ana Pontón, es la mejor valorada (5,74) y se considera que es la que más se preocupa por los problemas de Galicia (36,8%).

La encuesta de precampaña de las elecciones autonómicas en Galicia que ha realizado el CIS indica que el PP retrocede, y podría perder la mayoría absoluta con un 42,2% de los votos y lograr entre 34 a 38 escaños. El BNG sube hasta el 32,9% y se quedaría entre 22 y 26 escaños, el PSOE, sigue como tercera fuerza, y llegaría al 20,1% de los votos (13 a 15 escaños) y SUMAR podría conseguir un escaño con el 2,1%. 

Valoración de líderes

La líder del BNG, Ana Pontón, es la mejor valorada con un 5,74, seguida de Alfonso Rueda (PP) con un 5,37, del candidato del PSOE, Xosé Ramón Gómez Besteiro, con un 4,86, de Marta Lois (SUMAR) con un 3,98 y de Pachi Vázquez de Espazo Común Galeguista (3,66).
El candidato que se piensa que más se preocupa por los problemas de Galicia es la líder del BNG, Ana Pontón (36,8%).

Decisión de voto

Un 27,7% de gallegos aún no ha decidido a que partido político o coalición va a votar. Un 5,5 % va a decidir su voto durante la jornada de reflexión y un 6,1% ha asegurado que lo hará el mismo día de las elecciones.

Estos y otros datos se encuentran recogidos en la encuesta de precampaña que se ha realizado del 29 de enero al 1 de febrero y cuenta con una muestra de 3.743 entrevistas. 

Los nuevos votantes gallegos prefieren al BNG y los antiguos abstencionistas al PP

– El Bloque se llevará al 62,2% de los votantes de Sumar en generales y al 35,4% de los del PSOE.

– El PP al 45,5% de los de Vox.

El 46,3% de los ciudadanos gallegos que no tenía edad para votar en las elecciones autonómicas de 2020, pero ya han cumplido los 18 años votará al Bloque Nacionalista Galego, mientras que el 32,9% de los que se abstuvieron en los últimos comicios apoyará ahora al PP, ambos porcentajes bastante mayores que el de los que respaldarán a cualquier otro partido en ambos grupos demoscópicos.

Así lo refleja el cruce por recuerdo de voto del Barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) previo a las elecciones cuya campaña comenzó este viernes. Es decir, que los dos colectivos de ciudadanos que más podrían hacer variar los resultados respecto a los de 2020 apuntan en dos direcciones distintas, pero en ambos casos a los dos partidos más votados hace cuatro años, que, según la estimación general de dicho estudio, volverán a serlo el próximo domingo 18.

En cuanto a los gallegos que han alcanzado la mayoría de edad desde las elecciones anteriores, el PP sería el siguiente partido con más apoyos, pero sólo le votarían el 30,5%, casi 16 puntos porcentuales por debajo de los que elegirán al BNG liderado por Ana Pontón.

Todavía más lejos queda el PSdeG, por quien se inclinaría el 11,7% de los nuevos votantes, y en posiciones residuales aparecen Sumar, con el 3,8%, y Vox, con el 2,5%.

Por lo que respecta a los que no votaron en las elecciones de 2020, que fueron nada menos que el 51% de los que tenían derecho a hacerlo, un 14,7% volverá a ausentarse de la cita con las urnas, menos que los que, de dicho colectivo, esta vez sí ejercerán su derecho para votar al PP y al BNG.

Por los nacionalistas gallegos apostará esta vez el 23,9% de los abstencionistas de hace cuatro años, más de ocho puntos porcentuales por debajo de quienes darán su confianza a la candidatura liderada por el presidente de la Xunta, Alfonso Rueda.

Aunque la diferencia favorable a los populares respecto al BNG entre los abstencionistas de 2020 sea inferior a la que tienen en contra entre los nuevos votantes, el número absoluto de los primeros (1,4 millones) es muy superior al de los segundos (unos 80.000).

Los ocho puntos porcentuales en que aventaja el PP al BNG entre quienes no votaron hace cuatro años equivalen a unos 115.000 votos a su favor, mientras que los 16 que le sacan los nacionalistas a los populares entre los nuevos votantes suponen apenas 13.000 sufragios de ventaja.

Por tanto, teniendo en cuenta a la vez a estos dos sectores de la población que parecen los más susceptibles de cambiar la distribución de escaños en el Parlamento gallego, el PP partiría con mayores posibilidades de mejorar su mayoría absoluta de 2020, entonces con su hoy presidente nacional, Alberto Núñez Feijóo, como su cabeza de lista y candidato a presidir la Xunta de Galicia.

Como suele suceder en España, los trasvases de votos entre bloques ideológicos, que también podrían invertir la correlación de fuerzas de la última legislatura, son de una entidad poco significativa. Eso sí, dentro de la izquierda, un 23,2% de los votantes socialistas de 2020 hoy se decantarían por el BNG, un porcentaje no compensado ni de lejos por el 5% que recorrería el camino contrario. Ese 5%, en cambio, sí se vería neutralizado por el 4,8% de votantes del PSOE que hoy se inclinan por apoyar a Sumar.

En la derecha, el PP también se llevará al 34% de los electores gallegos que en 2020 apostaron por Vox y al 66% que lo hicieron por Ciudadanos, pero ninguno de estos trasvases en la izquierda ni en la derecha alterarían la proporción entre ambos sectores, que es la que determinará si Rueda consigue reeditar la mayoría absoluta y por tanto seguir gobernando o si los tres partidos progresistas podrían pactar para desbancarle.

También en trasvases de votos desde las últimas autonómicas en la región, cabe indicar que, de los gallegos que hace cuatro años votaron a Galicia en Común, la marca de Unidas Podemos allí, el 50,4% lo harán ahora por el BNG, el 23,7% por Sumar, el 10,4% por el PSdeG y sólo un 7,6% por Podemos. No obstante, en términos absolutos este sector de la población se compuso de un número reducido de ciudadanos, dado que Unidas Podemos no llegó a lograr representación en el Parlamento gallego.

Respecto al cruce por recuerdo de voto en las elecciones generales del pasado 23 de julio, llama la atención que el BNG liderado por Ana Pontón se llevará nada menos que al 35,4% de los votantes que hace siete meses introdujeron la papeleta del PSOE y al 62,2% de los que escogieron la de Sumar; se invierte así, en favor del Bloque, la tendencia al voto útil que en julio benefició a los dos partidos estatales. En la derecha, incluso, es mayor el número de electores de Vox que en Galicia apoyarán al PP (el 45,5% de sus votantes de julio) que el de los que repetirán el voto de las generales (39,4%).

*Con información de Servimedia.

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miércoles, 7 de febrero de 2024

COMERCIALIZACIÓN DEL TOMATE. HERALDO DE ARAGON, Zaragoza, 20 de septiembre de 1977.

 

COMERCIALIZACIÓN DEL TOMATE. HERALDO DE

 ARAGON, Zaragoza, 20 de septiembre de 1977.


(Contenido literal del texto que arriba se muestra aparecido en el Heraldo de Aragón (Zaragoza) el día 20 de septiembre de 1977)

 

productos agrícolas, la figura del intermediario debe desaparecer

Manolo Sogas, gerente de cooperativas agrarias y técnico de la UAGA: “El sindicato campesino debe elaborar alternativas a todos los niveles y organizar a los labradores para la defensa de sus intereses”

Manolo Sogas es director gerente de la cooperativa agraria de El Bayo y asesor de otras cooperativas, así como técnico de la Unión de Agricultores y Ganaderos de Aragón. Sobradamente conocido en la provincia. Manolo Sogas ha recorrido en los últimos años las localidades rurales zaragozanas dando charlas, dirigiendo coloquios y ejerciendo su profesión de gerente de cooperativas, siempre con el objetivo de hacer realidad nuevas y reales alternativas a los eternos problemas del campo: la racionalización de la producción, su comercialización, la potenciación de una conciencia de solidaridad entre los agricultores…

Para Manolo Sogas, la aparición en el campo español de nuevas fórmulas de comercialización de los productos es fundamental.

-Hay que partir –asegura- de que la figura del intermediario no tiene por qué existir. Es cierto que la venta de la producción implica una función comercial: Hay que transportar el producto, almacenarlo…; pero para ello no es imprescindible el intermediario, sino que basta con la organización de los agricultores en cooperativas.

Naturalmente, y ello es básico, sería preciso modificar el concepto que de cooperativa agrícola se ha tenido en los últimos cuarenta años. El cooperativismo habría de basarse en la participación de los labradores y apoyarse en una infraestructura de la que hoy se carece: Medios de transporte, almacenes, frigoríficos… Ello unido a medidas como la eliminación del carácter privado y monopolista que hoy tienen los “Mercas”.

-Este tipo de alternativa general ¿hasta qué punto podría ser llevado a la práctica?

Yo creo que es totalmente viable; no se trata, desde luego, de ninguna utopía. Claro que precisa de una serie de elementos que hoy por hoy no se dan. El cooperativismo agrícola y el campo en general, habrían de tener un apoyo económico por parte del Estado. Y me refiero con ello no a la clásica subvención, sino a una financiación de sectores productivos y de interés social. Por otro lado, es preciso igualmente de una autofinanciación de las cooperativas, que estas den confianza al socio para que invierta en ellas sus ahorros. En definitiva, habría que conseguir un tipo de condiciones nuevas, de tal forma que el campo contase con una capacidad de maniobra económica y con instrumentos de presión: para eso estarían los sindicatos campesinos.

-¿Cuál debe ser exactamente el papel de los sindicatos agricultores y ganaderos?

-El sindicato campesino debe elaborar alternativas a todos los niveles y organizar a los labradores para la defensa en gene, la elevación del nivel de vida en las zonas rurales, las reivindicaciones de ese apoyo económico estatal de sus intereses: la consecución de apoyos a su producción de los que antes hablaba. El agricultor ha carecido hasta la aparición de las Uniones de instrumentos reivindicativos y estos le son precisos. Entonces, pienso que la función del sindicato está muy clara: es un medio de presión y de toma de conciencia a todos los niveles; la cooperativa debe ser un instrumento económico.

-Dentro de las experiencias de mejora de la comercialización de productos agrarios se ha hablado bastante últimamente de la venta hecha a través de la cooperativa de El Bayo, y de alguna otra, de grandes paridas de tomates. ¿Cómo se ha hecho esto?

- Bueno, es una experiencia interesante aunque sea un primer paso. La venta de los tomates de El Bayo y de otros lugares la negocié con una fábrica con la que previamente la UAGA había tenido contactos, planteando ya un precio mínimo de seis pesetas el kilo. A este precio vendimos cien kilos. Luego pudimos concentrar casi dos millones de kilos. No sólo de El Bayo, sino de Santa Anastasia y de labradores de Pinsoro, Bárdenas, Sabinar y algún otro pueblo. Entonces presioné al comprador para que aceptara un precio más alto, siete cincuenta el kilo, cantidad que quedó como definitiva. Ha sido el precio más alto pagado por una partida de esas proporciones, aunque a lo mejor, se hayan vendido a mejor precio cantidades más pequeñas de tomate.

-¿Cuál es la clave para la obtención de precios ventajosos en la comercialización de los productos agrarios?

-La consecución de grandes partidas es fundamental para tener una capacidad de presión ante el comprador. Hay que pensar que, en un momento dado, la congelación de ventas por parte de pueblos enteros originaría un desabastecimiento total a más de un fabricante o intermediario. Lo que se intenta en estos momentos es racionalizar y coordinar la producción, por ejemplo, poniéndonos de acuerdo previamente con los fabricantes en el caso de productos de transformación y ajustar la siembra a estas perspectivas de venta. Esta es la única forma de evitar las oscilaciones de precios de la producción agrícola y de dar al campo una seriedad comercial absolutamente necesaria par a acabar con el triste papel que hoy tiene que jugar a la hora de vender sus productos.

José Luis TRASOBARES”.

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El enfado en el campo

 


El enfado en el campo

 

Por Isa Álvarez Vispo

Rebelion / España

Viento Sur

06/02/2024

 

Vivimos días en los que el campo llena titulares y pantallas. Se repite que el campo está enfadado. Algunas personas, que no vivimos de lo que cultivamos, opinamos y analizamos sobre las que sí lo hacen con el ruido que esto nos puede generar a nosotras mismas, conscientes de las limitaciones de nuestros análisis. Se nombra a Europa y su Política Agraria Común (la famosa PAC), a los altos costes y baja remuneración que afronta la agricultura y se nombra el Tratado con Mercosur entre las principales causas del enfado. Pero si miramos atentamente estas movilizaciones y las problemáticas de las que emergen, vemos que enraízan en cuestiones más profundas.

Lo primero a destacar sería que no hay un campo en singular, sino muchos campos que se están movilizando. Si a una gran empresa multinacional la amenazaran con cortar suministros externos de los que depende, toda la empresa se enfadaría, pero la situación de los propietarios de esa empresa y la de las personas trabajadoras serían distintas. Mientras las personas propietarias estarán preocupadas por no perder, las trabajadoras estarán preocupadas por sobrevivir. La capacidad de resistencia y de afrontar las crisis no es homogénea y está atravesada por múltiples ejes, empezando por el capital, el poder de decisión y el de maniobra que tiene cada una. El medio rural y en el sector agrícola-ganadero europeo no son una multinacional pero cuentan con distancias y desigualdades de poder similares. Por eso, en algunos países, como Francia o Alemania, las organizaciones campesinas se han preocupado de visibilizar que en estas movilizaciones no todo es lo mismo, que hay intereses de grandes empresas, la patronal agraria, peleando para no perder y mantener macroproyectos, mientras ellas buscan sobrevivir con vidas dignas.

Insisten en que a pesar de que se están movilizando en las mismas fechas y que todas son parte de lo que sucede en los campos, no van de la mano. Así, mientras ellas reivindican una seguridad social agraria, ingresos dignos y una alimentación que sostenga personas y enfríe el planeta, otras buscan el mantenimiento de un modelo que solo alimenta intereses extractivistas y que éstos se sostengan con dinero público. Además, a caballo entre las grandes empresas y el pequeño campesinado hay otras producciones de tamaño mediano que, sin ser gigantes, ya no se identifican ni con lo pequeño ni como campesinas. Abrazaron el discurso de lo grande como objetivo, pero esa escala no es más que una ilusión y su capacidad de maniobra no es la de quienes cuentan con gran capital. Son producciones que facturan muchos euros, pero esclavas del modelo, muy endeudadas y con poco margen de decisión.

En medio de todos estos malestares, la derecha y extrema derecha buscan pescar y los grandes sindicatos agrarios buscan el mal menor. En este país, ha faltado tiempo para que afloren los titulares que digan que la culpa de todo la tiene la ecología, como si el cambio climático no existiera y las políticas de la UE fuesen ecologistas. La misma UE que a finales de 2023 aprobó continuar usando glifosato. La realidad es que los problemas del sector tienen su germen en un modelo y unas políticas agrarias que lo han llevado al límite. Un modelo que ignora las necesidades y capacidades de la tierra y los ecosistemas, generando ilusiones a golpe de insumos. Un modelo orientado al mercado global y totalmente dependiente de subsidios que no da más de sí. La energía ya no es barata ni para producir ni para transportar los productos a miles de kilómetros e incluso los números de la PAC tienen límites.

El tratado Mercosur tan nombrado estos días es una gota más en un vaso muy agitado. El cambio climático está haciendo caer las ilusiones y marcando los limites en la artificialización del medio. Sequías, lluvias torrenciales y/o temperaturas anómalas no pueden gestionarse a golpe de dron. Mientras el cambio climático da bofetadas y genera inestabilidad al sector, la UE pretende vestirse de verde y aplicar alguna medida que justifique hablar de sostenibilidad, pero sin un plan real que acompañe una transición y sostenga el mientras tanto. Todo esto genera enfados, enfados en la agroindustria que produce los insumos, enfados en quienes se saben dependientes de ellos y enfados entre quienes no dependen tanto de ellos, pero que saben que el coste de los cambios siempre lo acaban pagando las más vulnerables.

Por todo ello, es realista pensar que las derechas más o menos extremas pueden tener buena pesca en estos descontentos. Las diferencias de modelos y tamaños existen, pero la realidad es que todos ellos, especialmente los más pequeños y el medio rural en general, han sido ignorados durante años por todas las esferas políticas. Desde las posiciones de izquierda no ha habido propuestas contundentes que apoyen la defensa de lo pequeño y la transición hacia otros modelos. En los discursos progres más tradicionales que hablan de lucha obrera y/o de clases, se habla siempre pensando en lo urbano, en quienes viven y trabajan sobre el asfalto y rara vez en el medio rural que se sabe periférico. El campesinado no ha sido identificado como esencial en la lucha obrera, aunque sin él no pueda, literalmente, alimentarse. Esto deja la puerta abierta a quienes de repente miran hacia el medio rural, lo perciben como un lugar apto para su beneficio y sacan a pasear discursos que, aunque con más ruido que contenido, parecen atender a quienes nunca han sido atendidas.

En este punto también es importante recordar que más allá de los campos que se rebelan, hay personas en los campos que no tienen oportunidad para rebelarse y que no son nombradas ni visibilizadas en estas revueltas. El campo se está movilizando, salvo excepciones, en masculino singular o plural interesado. Las reivindicaciones hablan sobre todo del mercado. En las movilizaciones vemos muchas máquinas y pocas manos, menos aún manos jornaleras, vemos barbas y calvas principalmente blancas y pocas mujeres poniendo rostro, voz y necesidades a propuestas y reivindicaciones. Si bajo la mirada heteropatriarcal urbana la lucha obrera ignora a quien la alimenta, lo mismo sucede con el sector primario, que parece que obvia toda la ayuda familiar gratuita que hace que las cuentas cuadren, así como a las personas jornaleras que, bajo condiciones de semi-esclavitud en muchos casos, son imprescindibles para que la cadena siga funcionando. El centro del discurso parece seguir siendo cómo sostener el mercado y no cómo sostener la vida. Se sigue desatendiendo a las más desatendidas.

No se escucha estos días la pregunta de ¿quién nos alimentará? cuando es el gran interrogante. Si bien hay diferencias en los campos, en el sector primario sobran corporaciones, pero no sobran personas. En un sector marcado por el abandono y el envejecimiento, el reto es generar transiciones que puedan apoyar caminos hacia modelos más sostenibles, equitativos e ilusionantes, que puedan sostener y alimentar de manera justa a personas y planeta. Modelos que cierren ciclos y que no obvien que alimentarnos es parte del cuidado, fórmulas que estén basadas en la cooperación y no en modelos competitivos que se entretienen en culpar a las de más abajo en lugar de pelear contra quienes los ahogan desde arriba. Son necesarios modelos que se pregunten quién decide sobre nuestra alimentación, hablar de derechos, plantear la soberanía alimentaria, el derecho a decidir sobre nuestra alimentación con criterios de justicia social y medio ambiental, como paraguas bajo el que caminar. Las soluciones al cambio climático no vendrán de tecnologías energéticamente insostenibles, sino de mirar hacia la Tierra y construir convivencia entre sus necesidades y las nuestras. Toca diseñar políticas que acompañen esa transición, que sostengan de verdad. Vivimos un momento complicado, pero también de oportunidad. Oportunidad para ver que otros modelos no solo son posibles, sino que ya existen. Para ser conscientes de la interdependencia en el territorio y salir de la fantasía urbana de la autosuficiencia. Es urgente valorar y enfatizar la esencialidad de quienes alimentan al mundo y acompañar transiciones que sostengan la vida.

Fuente: https://vientosur.info/el-enfado-en-el-campo/

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Deuda militar

 

A algunos nos había pasado por alto: las emisiones de fuente militar no cuentan en los acuerdos sobre el clima. No generan derechos de emisión. Y solo las de EEUU en Afganistán tenían una media anual mayor que la de muchos países industrializados.


Deuda militar


Pascual Serrano

El Viejo Topo

7 febrero, 2024 



Los ejércitos de EEUU y Reino Unido deben a los países pobres 110.000 millones de dólares de compensación climática por emisiones de carbono

Según los cálculos elaborados por el think tank Common Wealth, una organización sin fines de lucro financiada por fundaciones filantrópicas y donaciones con base en el Reino Unido y que también trabajó en Estados Unidos, el costo social de las emisiones de carbono de los ejércitos de estos dos países citados es aproximadamente de 111.000 millones de dólares. Un dinero que se sustrae de las finanzas de las naciones más amenazadas por la crisis climática.

Los acuerdos climáticos internacionales establecen que los países, las empresas o las entidades que emiten gases de efecto invernadero reciben una asignación de derechos de emisión, que representan una cierta cantidad de emisiones permitidas. Estos derechos pueden ser comprados, vendidos o transferidos entre las partes participantes en el mercado. Si una entidad tiene excedentes de derechos de emisión porque ha reducido sus emisiones, puede vender esos excedentes a otras entidades que necesiten más derechos para cumplir con sus metas de reducción de emisiones.

Es evidente que son los países más pobres los que, por su poca industrialización y consumo, tienen excedentes de derechos de emisión para vender; y que son los ricos los que, al contaminar más y necesitar más derechos de emisión, pagan a los pobres para poder contaminar lo que estos segundos no hacen. Pues bien, en ese cálculo no se han incluido los 430 millones de toneladas de CO₂ que han emitido los militares del Reino Unido y de EEUU desde que entró en vigor el Acuerdo Climático de París, en 2016. Eso supone más del total de emisiones de gases de efecto invernadero producidos en el Reino Unido en 2022.

No olvidemos que las emisiones de fuentes militares no se abordan en los acuerdos internacionales sobre el clima. Como resultado del cabildeo estadounidense, las emisiones militares en el extranjero se eximieron del Protocolo de Kioto de 1997 y la presentación de informes sobre emisiones militares siguió siendo voluntaria en el Acuerdo Climático de París de 2015.

Los derechos para emitir esos millones de toneladas de CO₂, según el estudio de Common Wealth, se calculan en los 110.000 millones de dólares, 106.000 millones atribuibles a las emisiones de los EEUU y 5.000 millones a las emisiones del Reino Unido. Un dinero que nunca pagaron estos dos países.

La organización denuncia así que “la presencia de EEUU y el Reino Unido en el extranjero muestra los diversos modos a través de los cuales las bases militares, su actividad y su infraestructura producen daños ambientales y residuos tóxicos”.

No solo eso, “los militares del Reino Unido y EEUU disponen de su propia industria militar internacional para suministrar equipos y servicios. En ambos países, esa industria es beneficiaria de la inversión pública y de muchas decisiones estatales. Por ejemplo, en los EEUU, el presupuesto del Departamento de Defensa aprobado el pasado diciembre en el Senado fue de 886.000 millones de dólares. El gasto en defensa de Estados Unidos representa casi el 40% de los gastos militares de los países de todo el mundo, según cifras del Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI) referidas a 2022. De hecho, Washington gasta más en defensa que los siguientes 10 países juntos.

Desde 2001, el Departamento de Defensa de los Estados Unidos ha representado entre el 77% y el 80% del consumo total de energía del gobierno de EEUU, mientras que el Ministerio de Defensa del Reino Unido representa al menos el 40% de las emisiones del sector público británico.

Conmon Wealth recuerda que “las estrategias industriales centradas en el ejército tanto de los EEUU como del Reino Unido se han beneficiado de la intervención estatal, mientras que los sectores verdes han sufrido una falta de apoyo”.

Los costos de la contaminación militar y los daños ambientales se están sufriendo con mayor intensidad en los países del Sur Mundial, que se enfrentan a los efectos difusos, pero cada vez más intensos, del calentamiento global. Según las recomendaciones del estudio anglosajón, “como paso inicial para corregir su contribución histórica y actual a la crisis ecológica, los EEUU y el Reino Unido deberían contribuir junto a otros grandes emisores de CO₂, con los fondos necesarios para compensar a los países del Sur que enfrentan la crisis climática y la escasez de contribuciones por parte para los países contaminantes del Norte”.

“Reducir la huella global de EEUU y el Reino Unido de casi 900 bases militares e introducir un superfondo militar, similar al administrado por la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos, para pagar la rehabilitación ambiental de las comunidades afectadas por materiales peligrosos, la contaminación y los residuos de bases e infraestructura militares son algunas de las medidas necesarias para corregir todo el espectro de impactos ambientales”, añade la Fundación.

En un estudio de 2019, la Universidad de Brown (EEUU) estimó que desde la invasión de Afganistán en 2001, el ejército de Estados Unidos había emitido 1.212 millones de toneladas de gases de efecto invernadero, con una media anual mayor que la de muchos países industrializados como Suecia, Noruega o Suiza.

Otro informe de las universidades británicas de Durham y Lancaster concluyó que el ejército de EEUU es “uno de los mayores contaminadores de la historia” y afirmó que, si fuese un país, sería el 47 mayor emisor de gases de efecto invernadero, teniendo en cuenta solo las emisiones por uso de combustible.

Si el drama de las muertes y la destrucción de las guerras no fuera una suficiente razón para renegar de los ejércitos y exigir un menor gasto militar, ahora observamos la contaminación de su industria y los mecanismos de las grandes potencias para evitar las responsabilidades financieras establecidas en los acuerdos mundiales de medioambiente.

Fuente: GLOBALTER.

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