martes, 27 de septiembre de 2022

El declive económico de Estados Unidos y la inestabilidad mundial

 

La globalización se requebraja, y con ello la hegemonía de EEUU, que ve cómo el centro del mundo se desplaza de Occidente a Oriente. Enfrentarse a Rusia y China, y someter a sus socios de la UE son sus obvios objetivos. Pero su declive es ya evidente.


El declive económico de Estados Unidos y la inestabilidad mundial


Fabrizio Russo

El Viejo Topo

27 septiembre, 2022

 


Amenazas a los pilares sobre los que se asienta EE.UU.

Estados Unidos salió de la Segunda Guerra Mundial como la primera potencia económica y militar del mundo. Unos setenta años después, el poder de Estados Unidos está en declive, como consecuencia directa de décadas de políticas económicas neoliberales, del gasto de enormes cantidades de dinero público en el ejército y de la consecución de la “paridad” económico-militar con Rusia y China. Estas políticas han erosionado la fuerza económica de Estados Unidos y están socavando el papel del dólar como moneda de reserva mundial, pilares fundamentales de su poder global. De hecho, todos los pilares que sostienen el poder de Estados Unidos están ahora amenazados por décadas de políticas económicas neoliberales imprudentes. El quid de la cuestión es la conexión entre el continuo declive económico y social de EE.UU. y la UE (colectivamente denominados «Occidente») y una política exterior estadounidense cada vez más imprudente, así como el papel desempeñado por las corporaciones mediáticas en la promoción de estas políticas al pueblo estadounidense y de la UE frente al ascenso de Rusia, China junto con otros países del Sur global.

El papel de las empresas de comunicación

Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos: «El Congreso no aprobará ninguna ley que establezca una religiónoficial, o que prohíba el libre ejercicio de la misma; o que coarte la libertad de expresión o de prensa; o el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y a solicitar al gobierno la conpensación de agravios».

Durante mucho tiempo ha sido un lugar común que la prensa (también conocida proverbialmente como «cuarto poder») en los Estados Unidos es «libre» e «independiente» y «esencial para el funcionamiento de una sociedad libre», sirviendo como «guardián» de las acciones y políticas del gobierno. Un papel, por tanto, vital para proteger la «libertad» de los ciudadanos estadounidenses. Hace tiempo, cuando nació el mito de Estados Unidos como campeón de la libertad, esto era así. Por desgracia, hoy es diferente y, como suele ocurrir, las cosas no son siempre lo que parecen.

En una reciente entrevista con Brian Berletic, Mark Sleboda comentaba que «los medios de comunicación occidentales se alinean con los deseos del ejecutivo, en cuestiones de política exterior, en un grado que haría sonrojar a los dictadores». Asumiendo que no hay duda de que los medios de comunicación occidentales (léase «medios corporativos») promueven efectivamente la política exterior de EE.UU., hay que añadir que no es el gobierno de EE.UU. el que formula estas políticas, sino que es la élite gobernante la que las formula y desarrolla, utilizando fundaciones y «think tanks» financiados por empresas, instituciones académicas y políticos prominentes.

Los principales son: el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), la Rand Corporation, la Rockefeller Foundation, la American Heritage Foundation, el Atlantic Council, Brookings, el Center for Strategic and International Studies (CSIS). Instituciones académicas como la Kennedy School (Harvard), la Hoover Institution (Stanford), la Walsh School of Foreign Service (Georgetown) y la School of Advanced International Studies (Johns Hopkins) no solo aportan «expertos» y funcionarios gubernamentales.

Una vez formuladas, estas políticas son «vendidas» al público estadounidense por medios de comunicación obedientes y uniformemente alineados. ¿Cómo? Bueno, algunos detalles para deducir fácilmente: cerca del 90% de los medios de comunicación estadounidenses están controlados por seis grandes empresas: Comcast, Walt Disney, AT&T, Paramount Global, Sony y Fox, con una capitalización de mercado combinada de unos 500.000 millones de dólares. Al igual que otras grandes corporaciones, los conglomerados mediáticos tienen los mismos intereses de clase que la élite financiera, es decir, promover políticas que aumenten el poder y los beneficios de las empresas y mantener la hegemonía mundial de Estados Unidos. Los llamados medios de comunicación «públicos», como la National Public Radio (NPR) y la BBC en el Reino Unido, funcionan de forma similar. Los medios de comunicación, que funcionan con una lógica corporativa, están estrechamente integrados con los grandes intereses financieros, actuando como «animadores» del Pentágono y de la política exterior estadounidense.

Por lo tanto, no es de extrañar que los principales medios de comunicación, The New York Times (NYT), The Wall St. Journal (WSJ), The Washington Post (WaPo), etc. etc., sean poco más que una caja de resonancia de la élite gobernante estadounidense y, por lo tanto, funcionen principalmente como el «ministerio de propaganda» para los grandes intereses financieros. Cualquier periodista, analista militar, alias «general de la televisión», etc. que «se pase de la raya» –por ejemplo, diciendo la verdad sobre la debacle militar a la que se enfrenta Ucrania, en medio de unos cuantos éxitos bien orquestados– será severamente reprendido o se quedará sin trabajo. Algunos ejemplos:

1) La CBS publicó recientemente un documental en el que se afirma que solo el 30% de la «ayuda militar» enviada a Ucrania llegó realmente. El vídeo fue retirado tras las quejas del gobierno ucraniano.

2) David Sanger (graduado en Harvard) es el corresponsal jefe en Washington del NYT y también miembro del Consejo de Relaciones Exteriores (CFR), entre cuyos miembros se encuentran ejecutivos de empresas, banqueros y otros representantes de la élite gobernante.

3) David Ignatius (graduado de Harvard) es columnista de asuntos exteriores del WaPo y tiene estrechos vínculos con la comunidad de inteligencia, la CIA y el Pentágono.

Sanger e Ignatius actúan como expertos en el dominio global de Estados Unidos, promoviendo el uso de la fuerza militar para apoyar los intereses estadounidenses.

Cuando no se sigue la línea de la empresa…………

4) Gary Webb era un periodista que trabajaba para el San Jose Mercury News. En 1996, Webb publicó una serie de artículos, «Dark Alliance», en los que describía cómo los rebeldes nicaragüenses de la Contra, en estrecha colaboración con la CIA, suministraban crack a la comunidad negra de Los Ángeles y utilizaban los beneficios de estas ventas para comprar armas y derrocar al gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional de Daniel Ortega. Tras la publicación de la serie Dark Alliance, la Corporación de Medios de Comunicación se puso «histérica», denunciando a Webb y arruinando efectivamente su carrera; se suicidó en 2004.

5) Julian Assange – En 2010, Wikileaks, fundada por Julian Assange, publicó una serie de filtraciones obtenidas por Chelsea Manning, una analista de inteligencia del ejército estadounidense, que documentaban los crímenes de guerra de Estados Unidos en Irak y Afganistán. Tras la publicación de estas filtraciones, el gobierno estadounidense inició una investigación penal sobre WikiLeaks. En 2010, Suecia emitió una orden de detención contra Assange por cargos de conducta sexual inapropiada. Para evitar la extradición, Assange se refugió en la embajada de Ecuador en Londres. En 2019, Assange fue detenido por la policía británica en la embajada de Ecuador y trasladado a Belmarsh, una prisión de categoría A en Londres. Hasta entonces, Julian Assange no había sido acusado formalmente.

EE.UU. ha estado involucrado casi continuamente en conflictos militares abiertos y encubiertos desde 1940, y como resultado, la guerra y la violencia asociada han sido normalizadas e institucionalizadas por los medios de comunicación «corporativos», hasta el punto de que estas políticas son fácilmente aceptadas por un público estadounidense relativamente dócil e ignorante. Cuando los gobiernos extranjeros que se consideran hostiles a los intereses corporativos de Estados Unidos restringen la «libertad» de prensa, se les califica inmediatamente de regímenes represivos/terroristas y de posibles candidatos a un ataque directo y a un cambio de «régimen» por parte del Departamento de Estado estadounidense. Parafraseando un dicho estadounidense: al parecer, lo que es «bueno para la gallina» no es «bueno para el ganso». Como se ha señalado anteriormente, cualquier periodista que amenace al imperio estadounidense se arriesga a perder su trabajo, o peor aún, a ser encarcelado y/o a morir.

Aceleración del declive del capitalismo estadounidense en fase avanzada

Múltiples factores han contribuido al declive del poder económico estadounidense. Entre ellos, las políticas económicas, el gasto astronómico del dinero de los contribuyentes en el ejército y la guerra, la inestabilidad social y el ascenso del eje China-Rusia-Irán.

Políticas económicas

Desde mediados de la década de 1970, los responsables políticos de Estados Unidos han aplicado políticas económicas neoliberales: desregulación financiera, austeridad, recortes fiscales para los ricos, ataques al trabajo y deslocalización del mismo, lo que condujo al crecimiento masivo del sector FIRE de la economía, compuesto por las finanzas, los seguros y el sector inmobiliario. Estas políticas aceleraron la crisis financiera global (CFG) de 2007-2008, el mayor choque financiero desde la Gran Depresión.

En lugar de resolver los graves problemas estructurales que afronta el capitalismo estadounidense y que crearon esta crisis, la FED ha utilizado el Tesoro como una «hucha» de facto apoyada por los contribuyentes para apuntalar los mercados de valores, los bonos, los precios reales excesivos de los bancos y los bienes inmuebles, y [todavía] muchos bonos corporativos «insolventes». En perspectiva, desde 2009 la Fed ha inyectado más de 40 billones de dólares en los mercados financieros, aumentando así la riqueza de la élite financiera, el proverbial «1%». No es de extrañar que los déficits del gobierno estadounidense hayan aumentado unos 2 billones de dólares al año en los últimos cinco años, superando actualmente los 30 billones de dólares. Esta cifra no incluye la deuda de las administraciones locales, de las empresas ni de los consumidores. Esto plantea la pregunta obvia: ¿hasta cuándo podrá la Fed continuar con este comportamiento «orgiástico», imprimiendo dinero y aumentando la deuda?

Gasto militar y guerra

Desde el principio, Estados Unidos se construyó sobre el robo y la violencia, justificados por la religión «cristiana» y la «supremacía del hombre blanco». El primer asentamiento británico permanente en Norteamérica se estableció en Jamestown, Virginia, en 1607. Una década más tarde, los comerciantes de esclavos holandeses introdujeron esclavos africanos. Durante los siguientes 250 años, el gobierno estadounidense seguiría robando tierras y reubicando/matando a cerca del 90% de la población indígena. A mediados del siglo XIX, Estados Unidos era la mayor economía del mundo, construida en gran parte sobre el algodón producido por los esclavos negros. Avanzamos 150 años y observamos que, Estados Unidos, ha estado casi continuamente en guerra desde 1940. El 11-S fue un regalo del cielo para los militares: los contribuyentes estadounidenses gastaron unos 21 billones de dólares (7,2 billones para los contratistas militares) en la militarización posterior al 11-S. La dotación militar para 2023 supera los 760.000 millones de dólares. A pesar de esta generosidad de los contribuyentes, el Pentágono no ha «ganado» una guerra desde 1945, se vio obligado a salir de Afganistán después de gastar 2 billones de dólares, y se enfrenta a inminentes debacles estratégicas en Irak, Siria, Libia, Yemen y (probablemente) Ucrania. Esto ha mostrado claramente al resto del mundo los límites del poder militar estadounidense. Lamentablemente, después de gastar tanto capital financiero y humano, el Pentágono parece incapaz de salir de estos conflictos porque hacerlo sería admitir su fracaso y, por extensión, su debilidad militar. Esto subyace claramente en la decisión de Joe Biden de retirar las tropas estadounidenses de Afganistán en 2021 y en la «reprimenda» que ha recibido de las corporaciones mediáticas y del «pueblo» en el Congreso.

Caos político e inestabilidad social

A menudo oímos que la sociedad estadounidense ha progresado hasta el punto de que el país parece cada vez más ingobernable. De hecho, la sociedad estadounidense está plagada de desigualdades económicas, racismo y violencia omnipresente. La clase trabajadora estadounidense ha sido testigo del colapso de su nivel de vida, resultado de décadas de políticas económicas neoliberales, que incluyen la subcontratación de mano de obra, la austeridad, el estancamiento del crecimiento de los ingresos y, desde la pandemia del Covid 19, la alta inflación, reflejada en el aumento de los costes de alquiler, transporte, energía, alimentos, atención médica y otras necesidades. Para ponerlo en perspectiva, el 60% de los estadounidenses no tiene 500 dólares de ahorros, por lo que una reparación costosa del coche, una emergencia médica o la pérdida del empleo prácticamente equivalen a la ruina financiera. Al mismo tiempo, la riqueza de los multimillonarios estadounidenses aumentó en cerca de un billón de dólares durante la pandemia de Covid19.

Fortalecimiento de la oposición BRICS/OCS frente a EE.UU./OTAN

Por otra parte, asistimos al continuo aumento del poder global y de la influencia de Rusia, China y las naciones aliadas, en varios frentes, incluidos el organizativo, el económico y el militar. Los BRICS y la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) se están expandiendo. Los miembros originales del BRICS eran Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica. Irán y Argentina han solicitado recientemente su adhesión, mientras que Arabia Saudí, Turquía y Egipto se preparan para solicitar su ingreso el próximo año. La OCS es la mayor institución económica regional del mundo: abarca el 60% de Eurasia, con una población de más de 3.200 millones de personas y un PIB combinado de los Estados miembros que representa aproximadamente el 25% del total mundial. Los intercambios comerciales entre los Estados miembros de los BRICS y de la OCS se realizan cada vez más en moneda local.

El sistema de pago «Mir», operado por el Sistema Nacional de Pagos con Tarjeta de Rusia, es un competidor directo de Visa y Mastercard y ya se acepta en toda la Federación Rusa y en 13 países, entre ellos India, Turquía y Corea del Sur, y pronto se utilizará en Irán. Los países del BRICS están desarrollando una moneda global para el comercio internacional que competirá directamente con el dólar. Rusia está desarrollando una nueva plataforma de comercio internacional de metales preciosos: el Moscow World Standard (MWS). El Ministerio de Finanzas ruso considera que esta nueva estructura internacional independiente «normalizará el funcionamiento del sector de los metales preciosos» y servirá de alternativa a la London Bullion Market Association (LBMA; https://www.lbma.org.uk), que durante años ha sido acusada de manipular sistemáticamente el precio de mercado de los metales preciosos para deprimir sus precios. En conjunto, estas políticas están diseñadas para reducir significativamente la dependencia de las economías de Rusia, China, India y otros países del Sur Global con respecto a los EE.UU. y la UE y eliminar la dependencia del dólar estadounidense y del sistema de la Sociedad para las Telecomunicaciones Financieras Interbancarias Mundiales (SWIFT) en los pagos relacionados con el comercio internacional. Sin duda, esto se hace en estrecha sincronía con la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) de China, cuyo objetivo es conectar Asia con África y Europa a través de redes terrestres y marítimas para mejorar la integración regional, aumentar el comercio y estimular el crecimiento económico. Este proceso se aceleró con la promulgación de las sanciones de EE.UU. y la UE contra Rusia, Irán y China (por diferentes motivos).

En la última década, el poder militar de Rusia, China e Irán se ha reforzado considerablemente. El ejército ruso es líder mundial en sistemas de defensa aérea y armas hipersónicas, que son «impermeables» a cualquier sistema de defensa aérea desplegado actualmente por los Estados Unidos y la OTAN. En los últimos 25 años, China ha modernizado sus fuerzas armadas, centrándose en la Marina y la Fuerza Aérea. China ha desarrollado un sólido arsenal de misiles que incluye misiles balísticos intercontinentales (ICBM). El Pentágono considera ahora que China es una «fuerza militar formidable» y un «gran desafío» para la Marina estadounidense en el Pacífico Occidental. La República Islámica de Irán también ha desarrollado una formidable capacidad militar defensiva, que sitúa a Irán entre los principales «agentes de poder» de la región. El Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS) concluyó: «Irán posee el mayor y más diverso arsenal de misiles de Oriente Medio, con miles de misiles balísticos y de crucero, algunos capaces de alcanzar incluso a Israel y el sureste de Europa». Irán ha advertido en repetidas ocasiones a EE.UU. y a la OTAN que puede atacar las bases militares estadounidenses en la región, incluida la base de Al Udeid en Qatar, la mayor base estadounidense en Oriente Medio. Así, estamos asistiendo a una mayor asertividad del eje Rusia-China-Irán en Siria, Ucrania y el Pacífico occidental. Una tendencia claramente confirmada por el discurso del Presidente ruso Vladimir Putin en el Foro Económico Internacional de San Petersburgo en junio, cuando declaró el fin de la «era del mundo unipolar». El Pentágono se ve cada vez más desafiado por el eje Rusia-China-Irán en Europa Oriental, Oriente Medio y el Pacífico Occidental.

Ucrania: otra debacle de Estados Unidos y la OTAN

Para conocer los antecedentes históricos de Ucrania y sus relaciones con Rusia, recordemos que es el segundo país más grande de Europa después de Rusia y ocupa una posición estratégica en Europa del Este, compartiendo una frontera de unos 2.300 km con Rusia. En 2021, Ucrania tenía el segundo ejército más grande (unos 200.000 soldados), después de las fuerzas armadas rusas, en Europa y tiene el poco envidiable récord de ser uno de los países más corruptos del mundo. Históricamente, la población predominantemente rusófona de la región de Donbás, en el este de Ucrania, siempre ha mantenido estrechos vínculos con Rusia.

En febrero de 2014 se produjo el golpe de Estado del Maidán, apoyado e «instado» por Estados Unidos, que sustituyó al presidente democráticamente elegido, Víctor Yanukóvich, por un político/economista/abogado de extrema derecha y fóbico con Rusia, Arseniy Yatsenyuk. Por lo tanto, no es de extrañar que el gobierno ucraniano estuviera pronto dominado por una alianza de organizaciones fascistas/de extrema derecha, como Sector Derecho y Svoboda, y partidos oligárquicos como Patria. Era de esperar, ya que estos grupos eran las facciones más violentamente antirrusas de Ucrania y siguen siendo muy activos en el gobierno y el ejército. Inmediatamente después del golpe, las Repúblicas Populares de Donetsk y Luhansk declararon su independencia, iniciando la guerra en el Donbás. Durante los ocho años siguientes, Estados Unidos y la OTAN entrenarían a unos 100.000 soldados ucranianos y canalizarían miles de millones de dólares en ayuda militar, que se utilizaron para equipar al ejército ucraniano y fortificar las posiciones adyacentes a las repúblicas de Donetsk y Luhansk. Este aumento de las fuerzas terrestres fue acompañado por un mayor bombardeo de zonas residenciales en la región de Donbás por parte del ejército ucraniano, preparando el terreno para una posible invasión de esta región. En respuesta a la escalada de ataques de las fuerzas ucranianas, Rusia reconoció a las Repúblicas Populares de Donetsk y Luhansk como Estados soberanos el 21 de febrero de 2022, justo antes de la invasión rusa del 24 de febrero de 2022, calificando esta campaña de operación militar especial (OME).

Frente a un ejército ucraniano bien entrenado, bien equipado y atrincherado, las fuerzas rusas han conseguido hacerse con el control de aproximadamente el 20% (~47.000 millas cuadradas) del sur de Ucrania y están expulsando gradualmente a las fuerzas ucranianas de esta región. Este territorio contiene tierras agrícolas de primera calidad ricas en recursos. Parece que Rusia ha planeado anexionarse el territorio litoral que se extiende desde la región de Donetsk/Luhansk hasta Odessa. Una vez que esto ocurra, cualquier futuro Estado ucraniano dejará de tener una salida al mar y no tendrá acceso directo al Mar Negro, además de perder un territorio económicamente valioso. El analista militar Andrei Martyanov declaró que «Occidente, en conjunto, no tiene los medios materiales y tecnológicos para luchar contra Rusia en Europa del Este sin perder catastróficamente». Las armas occidentales han resultado ser, en su mayor parte, nada más que artículos comerciales no diseñados para combatir la guerra moderna, y de todos modos ninguna economía occidental, incluyendo la estadounidense, tiene la capacidad de producirlas hoy en día en las cantidades necesarias».

Occidente en su conjunto respondió a la invasión rusa bloqueando la apertura del gasoducto Nord Stream 2, que iba a suministrar gas natural ruso directamente a Alemania, impuso sanciones a las exportaciones energéticas rusas y desconectó a los bancos rusos del sistema SWIFT. Para «asombro» de Estados Unidos y la OTAN (¿dónde viven? ¿En Marte?), estas acciones provocaron un fuerte aumento de los costes energéticos de la UE, al tiempo que fortalecieron ­–al menos a corto plazo­– la economía rusa. Sin embargo, The New York Times (NYT) ha publicado recientemente un editorial en el que lamenta que, a pesar de las sanciones occidentales, Rusia esté ganando más dinero que nunca con las exportaciones de energía a China, India y otros países.

A pesar de la constante condena de EE.UU. y la UE al SMO ruso en Ucrania, muchas naciones no criticaron la guerra: solo 1/3 de los miembros de la ONU apoyaron una nueva resolución antirrusa votada en agosto. Así, el descenso del apoyo internacional a Ucrania, unido al éxito del SMO ruso, indica que es poco probable que el país tenga sus fronteras actuales (antes del conflicto) en el futuro.

Observaciones finales

El declive del capitalismo estadounidense está en marcha y se ha producido desde mediados de la década de 1970, pero se ha acelerado con la CFG, la pandemia del Covid-19, el cambio climático y el SMO ruso en Ucrania. Como es lógico, la élite gobernante y sus representantes en Washington han respondido trasladando los costes de este declive a los ciudadanos, que han visto caer en picado su nivel de vida -con el aumento, incluso, de los sin techo-, han impuesto una legislación reaccionaria como la criminalización del embarazo por parte del Tribunal Supremo de Estados Unidos, han incrementado la violencia estatal contra los trabajadores y la gente de color, al tiempo que han emprendido una política exterior astronómicamente cara y temeraria. Parece que la élite gobernante ve el eje Rusia-China-Irán como un obstáculo intolerable para el mantenimiento del poder global de Estados Unidos, lo que se refleja en la guerra en curso en Ucrania, que es efectivamente una guerra por delegación entre Estados Unidos y Rusia.

Obviamente, las sanciones impuestas por Estados Unidos a la energía rusa han hecho subir los precios mundiales de la energía: los precios del gas natural en la UE son 14 veces superiores a la media de los últimos 10 años. Como resultado, el Reino Unido y la UE corren el riesgo de quedarse sin cantidades suficientes de gas natural para el invierno, mientras que la industria de la UE no podrá competir con sus rivales de Asia, que se abastecen de energía rusa en condiciones mucho más baratas.

La presencia continuada de las tropas estadounidenses en Irak y Siria es un intento desesperado de mantener el control sobre las reservas energéticas de Oriente Medio. La imprudencia de esta ocupación se manifiesta en los continuos ataques israelíes contra las fuerzas sirias e iraníes aliadas (ataques apoyados por Israel y Estados Unidos), lo que aumenta las posibilidades de una guerra con Irán, que puede escalar rápidamente, encendiendo potencialmente toda la región del Golfo Pérsico. Por último, parece que Estados Unidos abandona la política de «una sola China» que ha guiado las relaciones entre ambos países durante casi cinco décadas y se dispone a reconocer a Taiwán como Estado «independiente», una línea roja insuperable para la RPC. Sin duda, esta fue una de las motivaciones para enviar a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, una persona con un patrimonio de más de 100 millones de dólares de la «liberal» San Francisco, a visitar Taiwán. El Pentágono también está animando activamente a Japón a armarse para una posible oposición a la expansión china en la zona. Esto plantea la pregunta obvia: ¿ha aprendido Japón algo de su derrota en la Segunda Guerra Mundial? Como señaló Glen Ford, los hegemones no tienen «aliados», sólo tienen subordinados.

La decadencia del capitalismo estadounidense tardío ha progresado hasta el punto de que la propia supervivencia del imperio estadounidense depende ahora de la interminable impresión de dinero para sostener los mercados financieros y el ejército. Sin embargo, este hilo del que penden se está volviendo cada vez más tenue, ya que la ronda «orgiástica» de impresión de dinero y deuda ha creado burbujas gigantescas en todas las clases de activos – «todo en una burbuja», se podría decir-, alimentando la inflación y amenazando con descarrilar el papel del dólar como moneda de reserva mundial y la viabilidad del capitalismo occidental.

Teniendo en cuenta el débil estado de las economías de EE.UU. y la UE, ¿qué incentivos económicos tiene EE.UU. para animar a los países del Indo-Pacífico a reducir el comercio con China? Obviamente, ¡este es un argumento que nació muerto! La oligarquía gobernante es muy consciente del declive económico de EEUU y, desesperada, intenta enfrentarse directamente al eje Rusia-China-Irán, que ha alcanzado la paridad (¿superioridad?) económica y militar con EEUU/OTAN. Se avecinan tiempos peligrosos y es necesario un alto grado de concienciación para afrontarlos de forma correcta y provechosa.

Fuente: La Fionda.

 *++

lunes, 26 de septiembre de 2022

A VECES ME PREGUNTO YO - RICHARD ANTHONY

IRLANDA. Miles de personas se manifiestan en Dublin contra la crisis y la escalada de precios

 

IRLANDA. Miles de personas se manifiestan en Dublin contra la crisis y la escalada de precios

 

INSURGENTE.ORG / 26 septiembre 2022

 

Miles de personas han marchado en Dublín en protesta contra el aumento del costo de vida. Participaron manifestantes de muchas organizaciones diferentes, incluidos partidos políticos, sindicatos, estudiantes y grupos de la sociedad civil.

 *++

Descubren una especie nueva de escarabajo en el centro de España

 

Descubren una especie nueva de escarabajo en el centro de España


TERCERAINFORMACION / 25.09.2022

  • Han denominado a este coleóptero ‘Eurymeloe orobates’ y lo han descubierto en el Puerto de la Quesera, entre las provincias de Segovia y Guadalajara. El nombre científico de la especie hace referencia al entorno en el que aparecieron, deambulando por pastos y senderos de montaña.

Ejemplar hembra de 'Eurymeloe orobates' en el Puerto de la Quesera/ Alberto Sánchez-Vialas

 

Un equipo científico formado por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) y el Instituto de Estudios Ceutíes (IEC) acaba de descubrir una especie nueva de escarabajo de mediano tamaño perteneciente al géneroEurymeloeen Guadalajara, en concreto en el Puerto de la Quesera, que separa las provincias de Segovia y Guadalajara.

Esta nueva especie, bautizada comoEurymeloe orobates, es un coleóptero de la familia Meloidae, un grupo de escarabajos ampliamente distribuidos por la península ibérica que se caracterizan por secretar cantaridina, un veneno de interés farmacológico capaz de degradar los tejidos de sus depredadores. La descripción de esta especie se ha publicado en la revistaZooKeys.

E. orobates es un escarabajo de color negro y semibrillante, con la cabeza redondeada y antenas delgadas y largas. Además, se diferencia morfológicamente de los otros miembros del género por sus setas, unos mechones rojizos dispersos por su cuerpo.

“Su descripción ha sido posible gracias a la recolección de cinco ejemplares, un macho y cuatro hembras, que encontramos en el puerto de la Quesera”, explica Alberto Sánchez-Vialas, investigador del MNCN. De hecho, el nombre científico de la especie hace referencia al entorno en el que aparecieron, deambulando por pastos y senderos de montaña (en griego, “oros” significa montaña y “bates”, caminante).

Hasta ahora, la presencia de este coleóptero había pasado totalmente desapercibida por los investigadores. “La existencia de esta nueva especie de meloido morfológicamente distintiva, encontrada en una zona aparentemente bien estudiada del centro de España, sugiere que hay otras especies del género Eurymeloe que aún no han sido descubiertas”, declara Sánchez-Vialas. El trabajo también ha permitido al equipo describir elnuevo subgéneroBolognaia, al que pertenece la especie descrita.

Referencia:

A. Sánchez-Vialas et al. «A new systematic arrangement for the blíster beetle genus Eurymeloe (Meloini, Meloidae, Coleoptera) with the description of a new species from Spain». ZooKeys.

 *++

Impuestos, comunidades autónomas y paraísos fiscales

 

Impuestos, comunidades autónomas y paraísos fiscales

 



Victor Arrogante

KAOSENLARED

26 de septiembre de 2022 / Por 

 

En España ha comenzado la guerra de los impuestos, que no terminará hasta la celebración de elecciones municipales y autonómicas del próximo año, prologándose hasta las próximas generales. Lo que quiere decir que los impuestos se han convertido en arma políticamente electoral.

El Estado de las autonomías que desarrolla el Título VIII de la Constitución está inacabado. Eso pretendían los padres de la Constitución que no sabían como meterle mano allá por 1978.Las demandas pasaban desde el Estado unitario franquista al Estado federal que defendían las fuerzas nacionalista y de izquierdas, incluido el PSOE del momento. El resultado, un Estado multinacional, sin competencias territoriales, que se han ido desarrollando a lo largo de estos últimos cuarenta y cuatro años. Si no había competencias transferidas, tampoco financiación. Fue un problema entonces y lo sigue siendo ahora. La política fiscal es el gran debate y se puede abordar desde la coyuntura económica o desde el modelo de Estado, centralizado o descentralizado.

Se ha iniciado una escalada entre las comunidades autónomas gobernadas por el Partido Popular, sobre quien baja más impuestos, que afecta especialmente al de Patrimonio. Moreno Bonilla ha decidido librar del impuesto de Patrimonio a 20.000 andaluces, chocando con otras autonomías. Parece que están compitiendo en quién es capaz de reproducir un paraíso fiscal a imagen de aquellos del exterior para librar a los más ricos del pago legal de impuestos

Moreno Bonilla, apoyado por la dirección natural del PP y apoyado por otros tantos presidentes de Comunidades, parece como que el asunto es un derecho natural y no lo es. En estos momentos históricos, los gastos de una guerra en Europa y los gastos derivados de la inflación, eliminar impuestos va en contra de toda lógica y en contra de las recomendaciones de organismos como el FMI o la OCDE. Si todas las autonomías bajan impuestos, habrá que eliminar gastos en los presupuestos, como ya hace el Gobierno de Madrid en sanidad, hospitales, medicamentos, educación, dependencia, paro, carreteras, residencias o ayudas sociales.

Andalucía quiere atraer empresarios, y ha puesto el foco en los que están instalados en Catalunya. El Gobierno andaluz ha lanzado una campaña para atraer empresas que consiste en la bonificación del 100% del impuesto sobre el patrimonio y una bajada de los tres primeros tramos del IRPF. Para que no quede duda de sus intenciones, el Gobierno andaluz abrirá una delegación en territorio catalán para captar inversiones. No obstante, no está claro que consiga atraer el perfil deseado: empresarios que generen actividad económica y empleo. Si algo parecido hubiera hecho Catalunya, no solo pedirían la aplicación del artículo 155 de la Constitución como ya ocurre, lanzarían sus tropas de asalto para eliminar todo rastro de nacionalismo.

Para tener un Estado del Bienestar fuerte hacen falta recursos públicos. La guerra iniciada por el Partido Popular con el tema de los impuestos es lamentable. Pretenden dar más privilegios a las clases privilegiadas, suprimiendo el Impuesto de Patrimonio, que solo paga el 0,2% de lo más ricos en Andalucía, en lugar de atender a las más de 400.000 ayudas a la dependencia aún pendientes de tramitar por la Junta de Andalucía, lo que demuestra que hacen política para una minoría a costa de la mayoría social.

El PP, en su irresponsabilidad política, busca el enfrentamiento territorial. Moreno Bonilla decide regalar a 20.000 andaluces afortunados, entrando al choque con otras autonomías, como Cataluña, inaugurando por segunda vez una especie de subasta de ricos entre Comunidades Autónomas, haciendo un llamamiento para que los empresarios se instalen en Andalucía. Madrid fue la pionera de rebajar impuestos, ahora, Andalucía, secundado por Murcia y Galicia. La Junta apruebó la mayor rebaja fiscal de la historia de Castilla y León, convirtiéndose en la segunda Comunidad con el tipo de gravamen más bajo de España, después de Madrid.

Los últimos datos estadísticos sobre el Impuesto sobre Patrimonio que ha publicado la Agencia Tributaria constatan los efectos que esta política fiscal tiene sobre las clases más privilegiadas. Durante 2020, el Ejecutivo de Isabel Díaz Ayuso libró de pagar 992 millones de euros a 18.225 contribuyentes que declararon patrimonios millonarios. La bonificación alcanzó, de media, los 54.431 euros, según las cifras oficiales. Madrid era, hasta hace unos días, la única autonomía que bonificaba al 100% este gravamen, lo que supone, de facto, suspender el impuesto que grava a las grandes fortunas. Si bien, están obligados a presentar esta declaración aquellos que tengan más de dos millones de euros, mientras que en otros territorios el mínimo se sitúa en 700.000 euros. Con el anuncio de Juan Manuel Moreno Bonilla de sumarse a la política fiscal de la Comunidad de Madrid y suprimir este impuesto, ha resucitado un debate recurrente. El de la competencia fiscal a la baja, que hace que decisiones como las de Andalucía o Madrid lastren la financiación de otras comunidades.

El impuesto del patrimonio fue eliminado en 2008 por el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. El expresidente socialista lo calificó de desigual y criticó que penalizara el ahorro: “Eliminaremos el impuesto sobre el patrimonio para todos los ciudadanos de este país. Prácticamente un millón de ciudadanos, fundamentalmente clase media”, dijo en un acto pocos meses antes de las elecciones generales de 2008.

El presidente Pedro Sánchez ha hecho una referencia a la competencia fiscal a la baja que se está dando entre las comunidades y ha apostado por un modelo que fortalezca el Estado de bienestar, haciendo un paralelismo entre las dos crisis que ha enfrentado España en esta década. La que tenía lugar en 2008 y la que dejan ahora la pandemia y la guerra en Ucrania. Crisis, hay muchas, pero solo hay dos respuestas posibles, ha señalado el presidente, la “basada en el individualismo y la insolidaridad” de hace diez años o la actual, que ha asegurado que se está encarando con “determinación, con unidad, con solidaridad y con sensibilidad social”.

El Gobierno apunta a un nuevo impuesto estatal a las grandes fortunas. Unidas Podemos lleva tiempo proponiendo un impuesto a los ricos que el PSOE había rechazado bajo la premisa de que estaba elaborando una propuesta de reforma fiscal amplia. Sin embargo, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero, ha señalado que se acerca el momento: El Gobierno de España trabaja en estos momentos de dificultad en pedir un esfuerzo a aquellos que consideramos que están en mejores condiciones de hacerlo. Unidas Podemos, ha valorado positivamente que la titular de Hacienda se abra a la posibilidad de subir los impuestos a las grandes fortunas.

La Comunidad califica de injusto y destructivo el impuesto a las grandes fortunas anunciado por el Gobierno. Por su parte el presidente de la CEOE, Antonio Garamendi, ha resaltado que el nuevo impuesto a las grandes fortunas anunciado por la ministra de Hacienda, es un error y una equivocación, recordando que en Europa el Impuesto de Patrimonio solo está en España.

Garamendi no dice toda la verdad; actualmente, este impuesto se aplica en España, Noruega y Suiza. Noruega aplica una retención del 0,95% a los patrimonios superiores a 180.000 euros y el 1,1% a los que traspasan la barrera de los 2,1 millones de euros, mientras que en Suiza varía en cada cantón. Lo cierto es que la popularidad de este impuesto ha ido decayendo durante las últimas décadas. En 1990 lo aplicaban en su totalidad doce países de la OCDE. Un análisis elaborado para la comisión de Presupuestos de la Eurocámara en 2021 achaca la decaída a la combinación de una mayor competencia fiscal internacional con los bajos niveles de recaudación y a los altos costes administrativos.

El Impuesto grava a las rentas altas, ya que se impone sobre el patrimonio neto de las personas físicas, el conjunto de bienes y derechos de contenido económico que posee cada una. Este impuesto se aplica en todo el territorio nacional y sus competencias corresponden a las comunidades autónomas.

Suprimir el impuesto patrimonio atrae ricos, pero no riqueza, merma la recaudación y aumenta la desigualdad.

Víctor Arrogante

En Twitter @caval100

 

Un tumor que amenaza a Europa

 

La guerra ha tomado a muchos por sorpresa. No será porque no estaba anunciada. Diversos colaboradores de El Viejo Topo llevan años advirtiendo de la inevitabilidad del conflicto. Como hace Polo en este artículo, publicado en el nº 327,de abril de 2015.


Un tumor que amenaza a Europa

 

 

Higinio Polo

El Viajo Topo

26 septiembre, 2022 

 


Un año después de la caída del presidente Yanukóvich, y del triunfo del golpe de estado en Kiev, Ucrania continúa inmersa en una guerra civil, que Poroshenko prometió que ganaría en un mes. Y es difícil encontrar un escenario donde la irresponsabilidad occidental sea tan grande como en Ucrania.


En un año, los responsables de la diplomacia europea y norteamericana han pasado de estimular las protestas y financiar grupos de matones y de provocadores –mientras repartían galletas en el Maidán, como hizo Victoria Nuland, secretaria adjunta del Departamento de Estado norteamericano– a contemplar impávidos una guerra civil que ya ha causado miles de muertos en el este del país, y que puede derivar en una guerra europea de mayor envergadura si no se consolida la vía diplomática establecida en los acuerdos de Minsk.

Sin embargo, la ausencia de Estados Unidos de las negociaciones y su persistente tentación de atizar los enfrentamientos por el procedimiento de armar al gobierno de Kiev y asesorar a sus tropas para la propagación de una guerra que podría implicar a la OTAN, han abierto una peligrosa herida en Europa. Obama, el Pentágono y el Departamento de Estado debaten sobre el grado de su implicación en la guerra, porque, en la práctica, ya participan por actores interpuestos, y han enviado asesores, espías y mercenarios. Victoria Nuland, por lo demás, no ha tenido el menor reparo en reunirse con Andriy Parubiy, el dirigente neonazi que organizó el Maidán de Kiev con la complicidad de la CIA norteamericana y la AW polaca, y que después pasó a dirigir el Consejo de Seguridad Nacional del gobierno surgido del golpe de Estado. Habituados a la manipulación y la propaganda, Washington y el cuartel general de la OTAN en Bruselas, ayudados por un ejército de periodistas sin escrúpulos, han levantado un gigantesco edificio de mentiras que recuerda otras guerras, como las de Yugoslavia e Iraq, sa biendo que la memoria de la opinión pública es débil y que unas mentiras tapan a otras. Porque el incendio de Ucrania tiene una lógica que adquiere sentido cuando se repara en las guerras iniciadas por Estados Unidos en los últimos años en Yugoslavia, Afganistán, Iraq, Siria, Libia, Yemen.

Bajo Yanukóvich, la rampante corrupción era moneda corriente, y ahogaba al país, pero todos los pasos dados hasta hoy, de la mano del complaciente, con Washington, gobierno de Poroshenko y Yatseniuk, han ido en la dirección del desastre. La Ucrania dirigida por Poroshenko es hoy un grotesco país donde mandan los capitalistas de la nueva oligarquía creada a partir del robo, como ayer, pero también los matones y asesinos, los comandantes de grupos armados de extrema derecha, que no dudan en deshacerse de cualquiera, los ladrones de los recursos del país y gente que parece no estar en sus cabales. No es una exageración: sólo hay que ver los personajes que se pasean por el parlamento y los ministerios, armados, acompañados de matones fascistas que no dudan en sacar granadas de mano de sus bolsillos. Aunque divididos en facciones, comparten la solidaridad de ser los beneficiarios del golpe de Estado y los protegidos por Estados Unidos. Yakseniuk (cómplice y socio de uno de los principales capitalistas ucranios, Igor Kolomoisky, organizador de batallones fascistas) es uno de los hombres de Washington en Kiev; Poroshenko duda entre el acercamiento a Berlín y la sumisión a Estados Unidos y, como Turchínov y el resto de gobernantes, ambos chapotean en la corrupción y en la incompetencia, que ha hundido la economía del país, mientras lanzan gritos de ayuda a Washington y Berlín y procuran convencer al mundo de que Rusia es un peligro. Es revelador que todos ellos se acojan a una retórica patriótica que se remonta a Stepan Bandera, y oculta Babi Yar y Volin, y que se desentiende de los símbolos y la lucha contra el nazismo durante la II Guerra Mundial. Tampoco dudan en utilizar las más groseras mentiras, entregando, por ejemplo, a Washington fotografías tomadas en la guerra de Georgia en 2008… como pruebas de la invasión rusa en Ucrania, dejando en un desairado papel al senador norte americano Jim Inhofe.

Durante el año transcurrido desde el golpe, la corrupción no sólo no se ha atajado, sino que ha aumentado, ayudada por el desorden de la guerra, y de ella participan todos los dirigentes de Kiev: incluso la prensa ucrania habla de que Poroshenko ha conseguido enormes beneficios con sus empresas, y de que no ha dudado en mentir y en aprovecharse de las estructuras del Estado para enriquecerse aún más. Así, la economía ucraniana, que ya atravesaba una dura crisis, ha sido prácticamente destruida: muchas fábricas han dejado de funcionar, es habitual que no se paguen salarios en muchas empresas, las pensiones son miserables y las condiciones de vida son cada vez más duras, pero el gobierno golpista sabe que tal vez no tendrá otra oportunidad como la actual y sus miembros roban a manos llenas. Y la guerra y el miedo callan muchas bocas.

Poroshenko reconoció que sus fuerzas habían roto la primera tregua de Minsk, sin duda aconsejado por los servicios secretos norteamericanos, confiando en una rápida derrota de los rebeldes del Donbass, pero la ayuda rusa en armamento y suministros a las milicias hicieron fracasar la ofensiva y forzaron a Poroshenko a firmar los acuerdos de Minsk II. Si durante la guerra fría los límites entre derecha e izquierda, entre partidarios y detractores de Estados Unidos eran claros, hoy la situación es más confusa. Al Donbass han acudido voluntarios de muchos países, aunque en número reducido, para ayudar a las milicias: desde comunistas e izquierdistas hasta nacionalistas y miembros de la extrema derecha, pasando por cosacos tradicionalistas y partidarios de la solidaridad paneslavista que ven en Rusia la hermana mayor, aunque es evidente que la referencia antifascista y antiimperialista es dominante entre las fuerzas rebeldes, así como la simbología fascista y nazi está muy presente en la Guardia Nacional ucraniana y en los efectivos militares que luchan con Kiev, plagados también de mercenarios y aventureros fascistas. Así, el grupo neonazi ruso Restrukt (Reestructura) apoya al partido fascista ucranio Pravii Serktor, circunstancia que ha llevado a miembros de los servicios de seguridad ucranianos a acusar al FSB (Servicio Federal de Seguridad) ruso de infiltrar miembros de esa organización (que no despertarían sospechas, y a quienes han comprado) en el batallón Azov (creado por el gobierno golpista de Kiev y financiado por el oligarca Igor Kolomoisky) con el objeto de conseguir información. Es uno entre muchos ejemplos, similar a lo que están haciendo los servicios secretos occidentales.

Una parte del nacionalismo ruso apoya, por consideraciones panrrusas, a los rebeldes del Donbass, y, en esa constelación, se encuentran agrupaciones neonazis, al igual que grupos de extrema derecha también simpatizan con los grupos fascistas del Maidán de Kiev, y algunos grupos de chechenos, con motivaciones opuestas, combaten con los dos bandos. De igual forma, grupos de serbios han acudido a apoyar a los rebeldes del Este de Ucrania amparados en la identidad eslava, que consideran amenazada por Occidente, tal y como constataron ellos mismos en las guerras yugoslavas, e incluso han acudido grupos derechistas húngaros que sueñan con “recuperar” territorios rumanos y ucranios para crear una Gran Hungría… que necesita el imprescindible requisito de la partición de la actuali Ucrania. Pese a todo, esos grupos conservadores son muy minoritarios entre los milicianos del Donbass. También algunos grupos rusos hablan de “enfrentamiento imperialista” entre Washington y Moscú, para postular una estricta neutralidad. Para acabar de hacer más confusa la situación, la larga mano de los servicios secretos, de la CIA, el Mossad, el BND alemán, la AW (Agencja Wywiadu) polaca, y otros, han hecho posible el tránsito de mercenarios desde Oriente Medio a Ucrania, y de grupos islamistas de la periferia rusa, mientras el FSB ruso intenta que los combatientes yihadistas teledirigidos por la CIA no lleguen a Ucrania y a la propia Rusia.


Si han cesado los combates en Ucrania gracias a Minsk II, la guerra de la propaganda sigue. La fantasía para devotos de la OTAN reza así: el sueño imperial de Putin, como muestra la anexión de Crimea, reclama esferas de influencia exclusivas en Europa y ha provocado la más grave crisis desde la desaparición de la URSS. En el paquete devocional va también el papel de Putin como agresor en la guerra, el derribo del avión malasio, la violación de las fronteras de Ucrania, el despliegue de tropas rusas en el Donbass y la violación de la legalidad internacional. No im porta que no se haya demostrado ninguna de esas acusaciones, aunque no hay duda de que las milicias del Este no habrían podido resistir sin la ayuda rusa en armas, suministros y vituallas. En la gigantesca campaña propagandística occidental tampoco faltan esfuerzos para que nadie recuerde el estímulo norteamericano y europeo para derribar a un gobierno, el de Yanukóvich, elegido por la población ucrania en comicios que ni Estados Unidos ni la Unión Europea consideraron ilegítimos; y se ha ocultado el apoyo occidental a la violencia desatada por las bandas fascistas (decenas de policías murieron por disparos de bala en el Maidán, por ejemplo) mientras se difundía la bondad de un supuesto “movimiento pacífico” que deseaba “unirse a Europa”, al igual que permanece en la sombra que, en los meses previos a la caída de Yanukóvich se organizó el entrenamiento militar de grupos de mercenarios y fascistas en Polonia para enviarlos después al Maidán de Kiev; ni que, por supuesto, apenas se hagan referencias a la paulatina expansión de la OTAN en el Este de Europa, a la guerra de provo cación de Georgia, al escudo antimisiles, al intento de incorporar a Ucrania y Georgia a la OTAN, al golpe de estado en Kiev. Son patentes los endebles argumentos de Washington, así como su hipócrita indignación posterior por la ayuda rusa a las milicias, dado que si Putin hubiera iniciado el conflicto, ni siquiera se entendería la crisis ucraniana, porque ¿para qué iba Moscú a crearla si el gobierno de Yanukóvich mantenía buena relación con Rusia? Y, tras el golpe de estado pro-occidental,

¿podía Moscú abandonar a su suerte a la población rebelada contra Kiev y que hubiera sido aplastada por el gobierno golpista? Pero, para esos expertos norteamericanos en el lanzamiento de gigantescas campañas publicitarias, el golpe de estado de Kiev ha quedado convertido en la “revolución de la dignidad”, y sus clientes ucranianos lo recuerdan cada día en la prensa.

Un año después de la caída del gobierno de Yanukóvich, siguen sin aclararse los asesinatos cometidos por los misteriosos francotiradores que causaron una matanza en el Maidán, y que fueron la espoleta para el derrocamiento del gobierno. Ni el gabinete golpista de Kiev ni Estados Unidos han mostrado el menor interés en que se investigue, mientras los oligarcas se reparten el botín y el territorio: Igor Kolomoisky, uno de los millonarios más corruptos de  Ucrania, financiador de grupos nazis, un personaje que ha llegado a utilizar grupos de matones para imponer sus deseos, que compra jueces y consigue sentencias o, si es necesario, las falsifica, es hoy goberbernador de Dnepropetrovsk. El procurador general, Viktor Shokin, que des cuida la lucha contra la corrupción y el crimen, que desdeña la investigación sobre los francotiradores del Maidán en los días del golpe contra Yanukóvich, y que no tiene la menor intención de aclarar la terrorífica matanza del edificio de los sindicatos de Odessa, trabaja, en cambio, para ilegalizar al Partido Comunista, la única fuerza política que intenta limitar el poder de los corruptos empresarios-ladrones; porque el Partido Comunista es también el único partido que denuncia el fascismo en Ucrania, que reclama la disolución de las bandas para militares nazis y pide, en vano, protección de monumentos y símbolos de la lucha contra los nazis durante la II Guerra Mundial.


Estados Unidos se debate entre una mayor implicación en la guerra y el envío de armas. Influyentes fundaciones privadas y sectores del Pentágono y del gobierno se inclinan por enviar armamento, aunque son conscientes de que ello no convertiría al ejército ucraniano en una fuerza capaz de ganar la guerra civil, y podría crear una difícil situación con Moscú. Sin embargo, otros sectores de la administración norteamericana, aunque aceptan los riesgos de desafiar a Rusia, un país dotado de un enorme arsenal nuclear, apuestan por armar a Kiev confiados en que una guerra de desgaste acabará por dañar la economía rusa y, eventualmente, podría hundir a Putin o, al menos, hacer inviable el esfuerzo de recomposición en la Unión Euroasiática que proyecta Moscú. Todo ello, en Washington, en medio de absurdas discusiones sobre si deben enviarse a Ucrania armas “ofensivas” o “defensivas”, cuando lo cierto es que una escalada en la guerra tendría una difícil salida y que la tentación de anular a Rusia y amarrar más a la Unión Europea a través de una guerra continental está muy presente en los estrategas del Pentágono y la Casa Blanca. Del estado de opinión generado en Washington pueden dar idea los comentarios de uno de los analistas del CSIS, Center for Strategic and International Studies, el más importante “laboratorio de ideas” de la capital norteamericana para asuntos de política exterior. Andrew C. Kuchins, director del programa para Rusia y Eurasia del CSIS, presentaba al asesinado Boris Nemtsov como un patriota y demonizaba a Putin, señalando que el discurso del presidente ruso en el parlamento en abril de 2014 tal vez indica el “punto de inflexión de Rusia hacia un estado fascista”. Es obvio que, para quienes así piensan, estaría más que justificada la intervención militar abierta en Ucrania, aunque sea por actores interpuestos, mercenarios o soldados de los países más agresivos, como Polonia o los bálticos. Después de todo, siempre pueden argüirse los peligros de un “inminente ataque ruso” o pretextos semejantes a los que llevaron a la agresión norteamericana en Iraq.

El extraño asesinato de Boris Nemtsov (quien, hoy, era un personaje irrelevante en Rusia) puede tener implicaciones ligadas a la crisis ucraniana, y no puede descartarse la larga mano de Nuland y de los círculos más rusófobos del gobierno norteamericano, sobre todo ante la evidencia de que la desaparición de Nemtsov no beneficia precisamente a Putin. Convertido el presidente ruso en un espantajo pendenciero, Washington no quiere reconocer su propia responsabilidad en el aumento de la tensión internacional: hay que recordar que Putin inició su presidencia intentando acomodarse a un mundo unipolar dirigido por Estados Unidos, reclamando respeto y reconocimiento de los intereses rusos. El patente desprecio hacia el presidente ruso, la evidencia de que Estados Unidos sigue especulando y alentando una hipotética partición de Rusia, como hizo con la Unión Soviética, levantaron todas las alarmas en Moscú, y llevaron a Putin, todavía bajo la presidencia de George W. Bush, a su discurso de febrero de 2007 en Múnich, donde denunció el expansionismo norteamericano y el incumplimiento de todos los acuerdos, suscritos o tácitos, entre Moscú y Washington tras la desaparición de la Unión Soviética. Desde entonces, y pese a gestos teatrales como el del botón de “reinicio” ofrecido por Hillary Clinton (que no se concretó en ningún cambio en la política exterior norteamericana), Estados Unidos ha continuado aproximando su dispositivo militar a las fronteras rusas.

Francia y Alemania se han implicado en la búsqueda de una solución política para Ucrania, pero su margen de maniobra es escaso, porque predominan en sus gobiernos las obligaciones como miembros de la OTAN, y Washington y el cuartel general aliado de Bruselas han elaborado un discurso que, en lo esencial, ha sido impuesto a todos los miembros y ha sido adoptado también por París y Berlín que, aunque sigan a regañadientes el discurso belicista, se ven obligados a imponer sanciones económicas a Moscú y a discutir sobre hipótesis más peligrosas, donde no se descarta el envío de armamento e, incluso, de fuerzas militares, aunque por el momento, esa posibilidad se discuta fuera de las cámaras. Atrapados en su propia propaganda, los países de la OTAN son incapaces de asumir que la crisis ucraniana no estalló por unas “protestas ciudadanas” (por lo demás, instigadas y financiadas en buena parte por países occidentales), sino por el apoyo a un golpe de Estado y un cambio de régimen que pretende incorporar a Ucrania a una alianza militar abiertamente hostil con Moscú. Si te muestras agresivo con los demás, no puedes esperar que te reciban con los brazos abiertos.

Ni la Unión Europea, ni, mucho menos, Estados Unidos, quieren reconocer que la apuesta por integrar a Ucrania en la OTAN es una verdadera provocación contra Rusia (¿imagina alguien la hipótesis de que México o Canadá se integrasen en una alianza militar agresiva contra Washington?) que, además de innecesaria, ha traído una guerra civil, ha destruido la economía ucraniana, ha abierto un peligroso frente en Europa y ha dinamitado a medio plazo la posibilidad de una convivencia amistosa y pacífica en el continente. Que la guerra ucraniana haya sido producto del cálculo o una consecuencia imprevista del golpe de Estado, no mitiga la responsabilidad estadounidense. La guerra que la aventurera política exterior norteamericana ha encendido se presenta ahora como responsabilidad exclusiva de Moscú y como la prueba del peligroso “expansionismo” ruso, pero olvida que tras la disolución del Pacto de Varsovia, el destino manifiesto de la OTAN no fue iniciar su desmantelamiento sino una acelerada expansión hacia las fronteras rusas que le ha llevado a instalarse en ocho países (Polonia, Estonia, Letonia, Lituania, República Checa, Eslovaquia, Rumania, Bulgaria) e intentar hacerlo con Georgia y Ucrania, sin olvidar sus instalaciones en algunas de las viejas repúblicas soviéticas de Asia central. Ese ha sido el verdadero expansionismo militar de las dos últimas décadas. Porque Washington no quiere entender que la seguridad ha de ser un principio compartido, y que llevar el dispositivo militar de la OTAN a las propias fronteras rusas no es sólo una provocación sino también la ruptura de los inestables equilibrios internacionales.


Las acusaciones y alarmas, siempre sin pruebas, lanzadas contra Rusia por el norteamericano Philip M. Breedlove, comandante de las fuerzas de la OTAN en Europa, o la visita secreta a Kiev, en enero de 2015, del general James R. Clapper, director de la Inteligencia Nacional norteamericana, entre otras, son el reflejo de la visión de los halcones de Washington. El secretario de defensa, Chuck Hagel, y el jefe del Estado Mayor conjunto, general Martin Dempsey, también apoyan el envío de armamento a Kiev, y las alarmas lanzadas por el duro Zbigniew Brzezinski sobre un hipotético ataque de Rusia a los países bálticos, van en la misma dirección: quieren enviar armas a Ucrania, emponzoñar la situación y hacer irreversible una guerra europea, tal vez global, y eso puede hacerse a través de diferentes vías, porque los halcones de Washington no tienen demasiados escrúpulos: no hace mucho, el general Wesley Clark declaraba a la CNN sobre los nuevos islamistas que degüellan ante las cámaras: “Creamos el Estado Islámico con financiación de nuestros aliados”.

La reciente declaración del Partido Comunista ucraniano, principal fuerza de la oposición, ahora perseguida y reducida, se cerraba con una proclama dirigida a ucranianos y europeos: decid no a la guerra y al fascismo. Porque ese es el riesgo, el tumor que amenaza a Ucrania y Europa. Hay otros problemas para Europa, desde luego, añadidos a la severa crisis económica y a las grietas en la zona del euro: desde la imprevista rebelión griega, que Bruselas pretende doblegar; hasta la respuesta de los poderes reales ante la hipotética emergencia de un movimiento opositor que, aunque de manera confusa, impugne en diferentes países la construcción neoliberal de la Unión Europea; pasando por el reforzamiento de la extrema derecha, que no preocupa tanto por su modelo social como porque puede hacer retroceder a las formaciones conservadores hoy dominantes; o incluso las artimañas del poco fiable socio británico, cabeza de puente norteamericana en Europa, junto con los revanchistas gobiernos polacos y bálticos; y, en fin, los retos del terrorismo que la propia Europa y Estados Unidos han contribuido a crear. Pero ninguno de esos problemas es tan grave como la guerra en Ucrania y la posibilidad de que se extienda al resto del continente si no se consolida la vía diplomática. El pragmatismo de Angela Merkel, impulsando los acuerdos de Minsk, tiene una doble interpretación: por un lado, sabe que no puede vencerse a Rusia en una guerra global y, por eso, camina por el alambre de la diplomacia; por otro, aunque quisiera poner de rodillas a Moscú, sabe que esa victoria no sería alemana, sino norteamericana, y eso empuja a Berlín a los equilibrios entre la obligada sumisión a Washington (la OTAN, ata), el interés propio por la estabilidad europea, y los siempre presentes recelos germanos hacia el gran país eslavo que se niega a aceptar la supremacía occidental. Por su parte, Estados Unidos quiere una Rusia débil, y no renuncia a su fragmentación, que haría posible el control norteamericano de los yacimientos de hidrocarburos y, en ese escenario, no es casual que Estados Unidos no participe en la solución pacífica a la crisis ucraniana: una guerra abierta sometería a Moscú a una dura prueba, le impediría la reconstrucción de los lazos entre las antiguas repúblicas soviéticas y bloquearía su modernización económica. Al mismo tiempo, para la Unión Europea, la extensión de la guerra ucrania supondría un nuevo clavo en el ataúd de la impotencia estratégica y de la sumisión con que Washington quiere encerrar a Bruselas: un enfrentamiento entre Rusia y la Unión Europea en Ucrania, una herida abierta y sangrante en el continente, es la mejor hipótesis norteamericana para fortalecer su propio poder a través de la OTAN, arrinconar a Rusia, y para aprestarse a la gran batalla de las décadas próximas: China.

Artículo publicado en el número 327 de El Viejo Topo, de abril de 2015.

 *++

domingo, 25 de septiembre de 2022

Ahora sí, ya hay guerra

 

Ahora sí, ya hay guerra

 

Diario octubre / septiembre 22, 2022

 

Lynx "El Lince" pardinus


Hasta ahora la crisis de Ucrania era, básicamente, una guerra civil: las milicias de Donestks y Luganks eran las que estaban en primera línea en la mayoría de los frentes (este y sur), con el respaldo decisivo de las fuerzas rusas que sólo ocupaban esa primera línea cuando la cosa se ponía fea. La situación ahora se invierte porque con la declaración de Putin de esta mañana ya no serán las milicias las de primera línea sino el ejército ruso. Occidente quería la guerra. Ya la tiene.

 

Eso si Putin no habla por hablar, como ya ocurrió con lo de “atacar los centros de decisiones en cualquier lugar que estén”. Y aquí es donde hay que detenerse.

El anuncio de Putin con el uso de armas nucleares solo se puede interpretar de una manera: que sea un ultimátum a Occidente para que deje de armar a los nazis del “país 404”. Si esto no ocurre, y si Occidente, a través de la OTAN, hace algún otro movimiento de este tipo, Rusia no tiene otra salida que la de cumplir sus advertencias. Esto ya no es diciembre, ni enero, ni febrero. Ahora se ha dicho ante todo el mundo, ya no hay nada oculto. Y hay que actuar.

Rusia ha dado unos meses de tregua, para que se lo piensen: la movilización comienza ya, pero hay que instruir a los movilizados. O sea, hay tres meses por medio. Otoño entero. Justo antes del invierno. Ese es el plazo para la guerra o la paz. Ese es el plazo para Occidente, el plazo que tiene para amoldarse a los nuevos tiempos o sucumbir definitivamente. Supongo que los borrachos se habrán quitado la resaca de golpe.

Putin ha hecho el anuncio justo al comienzo de la Asamblea General de la ONU y todo el mundo lo tiene que entender. No hay marcha atrás por parte de Rusia. Ha dejado el campo libre para que el Occidente colectivo convierta esta asamblea de la ONU en un campo de batalla y se lleve algún triunfo: a Occidente no le imporata nada otra cosa que esta, porque es crucial para su supervivencia y hegemonía. En teoría se iba a discutir sobre cambio climático, alimentación, post-COVID. Seguro que no estáis viendo nada de esto, solo Ucrania, solo “el país 404”.

Todo esto oculta un análisis más serio de lo que ocurrió en la cumbre de la Organización de Cooperación de Shanghái que, para variar, no tiene nada que ver con lo que han trasladado los medios de propaganda occidentales.

Que todos los países hayan acordado reforzar el comercio entre ellos en sus propias monedas es relevante.

Que se acordase “priorizar la transición hacia el uso de las monedas [de los países integrantes de la OCS, sean miembros o no de pleno derecho] y la conexión de sus sistemas de pago nacionales” es relevante.

Que varios de ellos hayan firmado acuerdos bi o trilaterales en los que no se usa la moneda occidental, es relevante.

Que se hablase de la posibilidad de crear una zona de libre comercio entre los países de la OCS en Xinjiang, justo tras el informe de la ONU, es relevante.

Que se propusiese una fuerza policial conjunta de 2.000 integrantes para hacer frente a las “revoluciones de color” impulsadas por Occidente, es relevante.

Los borrachos occidentales se fijaron en Putin-Modi y en Putin-Xi, que si ambos criticaron a Rusia y que si tal y cual. Es lo que tienen las borracheras, que a veces ves doble. Y es lo que tienen los borrachos, que tienen dificultades para leer.

Porque una de las cosas que dijo China fue “apoyo explícito a los intereses fundamentales de Rusia”. ¿Críticas? Si esa no es a EEUU y la OTAN ya me diréis qué es. China lo vuelve a decir ahora tras el anuncio de Putin: “Hacemos un llamado a las partes relevantes para lograr un alto el fuego y detener la guerra a través del diálogo y la negociación, y encontrar una manera de acomodar las preocupaciones legítimas de seguridad de todas las partes lo antes posible. También esperamos que la comunidad internacional cree condiciones y espacios para ello”.

Y lo mismo India, dicho por el propio Modi.

¿Promoción, dice? Más, mucho más. Esto es de hace un par de días.

Habla de un ahorro de 350.000 millones de rupias (un crore es una medida india que multiplica por 10), o sea, unos 4.500 millones de euros, en la compra de petróleo ruso. India se ha convertido en el segundo mayor comprador de petróleo ruso después de China. Estos precios son cruciales para un país que ha superado a Gran Bretaña como quinta potencia económica del mundo (con lo que si se tiene en cuenta a China e India, al menos hay dos del famoso G-7 que no tendrían por qué estar ahí) y que importa el 80% del petróleo que consume.

¿Qué, hay lucidez ya o aún sigue la borrachera? Porque apenas hay tiempo ya para una actitud sensata por parte de Occidente si quiere evitar el desastre.

El Lince

FUENTE: elterritoriodellince.blogspot.com

 *++

Actualidad de la piratería científica

 

¿Es ética la piratería científica? ¿Acelera la transmisión de conocimiento y mejora la calidad de este? Hoy Sci-Hub cuenta con cerca de 85 millones de artículos científicos pirateados, al alcance de cualquiera. Y la comunidad científica lo agradece.


Actualidad de la piratería científica

 

Jaime García Gila

EL Viejo Topo

25 septiembre, 2022 

 


La piratería científica desde la perspectiva ambiental; clave en la democratización de la ciencia

El 5 de septiembre de 2011 entró en funcionamiento el repositorio de artículos científicos Sci-Hub. Fundado por la neurocientífica y desarrolladora de software Alexandra Elbakyan, este repositorio hoy en día alberga cerca de 85 millones de artículos científicos pirateados, todos ellos de libre descarga y a coste cero.

Hasta la puesta en marcha de este repositorio, las grandes editoriales, revistas y repositorios científicos poseían —y lo siguen haciendo, aunque ya en menor medida— el monopolio de la literatura científica. Empresas como Elsevier, Springer, Taylor & Francis y Wiley-Blackwell —entre otras— publican hoy en día cerca de la mitad de los trabajos científicos a nivel mundial, lo que significa que existe una verdadera centralización de los derechos de autor.  En un ambiente altamente competitivo como es de la ciencia, donde impera el dicho «publicar o perecer» —del inglés «publish or perish»— se favorece que las revistas editadas por estas empresas gocen de un elevadísimo prestigio, ya que todo científico que quiera ser top intente —en ocasiones desesperadamente— publicar en ellas, lo que a su vez retroalimenta positivamente el monopolio aglutinador de los derechos de autor, concediendo siempre estos derechos a los mismos actores.

Estas empresas monopolísticas cobran a las universidades, laboratorios e instituciones de investigación grandes sumas de dinero por estar suscritas a sus servicios. De forma que, si no se pertenece a ningún organismo suscrito a dichos servicios y se desea acceder a esta literatura de forma independiente, por cada artículo se puedan llegar a pagar de 20 a 40 euros. Teniendo en cuenta que en un artículo científico de calidad se citan en torno a 30 fuentes, cada artículo puede llegar a costar entre 600 y 1.200 euros solo en referencias bibliográficas. Y esto sin tener en cuenta todos los trabajos que se son leídos y descartados de la publicación final.

El pago por el acceso a la literatura científica quizá no suponga un gran problema para aquellos científicos que trabajan en áreas que tradicionalmente han tenido importantes fuentes de financiación. Para los grupos de investigación en disciplinas como la física, la química, la biomedicina y la biotecnología —o el de las instituciones que los financian— el gasto en acceso a la literatura puede suponer una inversión ridícula si se compara con el gasto en personal, tecnología, materiales, reactivos, instalaciones, etc. Sin embargo, la aparición de Sci-Hub, y la piratería científica en general, ha supuesto toda una revolución para disciplinas de ciencias ambientales como la ecología, la botánica, la zoología, la entomología, la conservación, etc.

En estas disciplinas la financiación no suele ser muy grande, y esto se debe principalmente a tres factores. Primero, la naturaleza de la problemática a estudiar generalmente es de fácil acceso y no requiere de tecnología punta o grandes recursos si la comparamos, por ejemplo, con el estudio de enfermedades como el cáncer y el Párkinson; o la investigación de partículas subatómicas en grandes y costosos aceleradores, donde se pueden manejar presupuestos de millones o incluso de cientos de millones de euros. Segundo, los resultados de la gran mayoría de los estudios no tienen como fin último la producción de patentes rentables a corto y medio plazo, sino que buscan el saber por el saber o simplemente el estudio y la protección de determinadas especies y sus hábitats, por lo que tienen una reducida o nula rentabilidad de la inversión, haciéndolas poco llamativas a la inversión institucional. Y tercero, los sectores del medio ambiente y la protección de la biodiversidad tradicionalmente han tenido una baja demanda, tanto a nivel social como a nivel institucional. Aunque esto haya cambiado en los últimos años, con la mayoría de las grandes corporaciones queriendo vestirse los ropajes de una supuesta sostenibilidad, la realidad es que estos gastos suelen ocupar los puestos más bajos dentro de sus presupuestos.

Estos tres factores generan una precariedad casi crónica dentro de las disciplinas ambientales, con líneas de investigación con presupuestos muy ajustados por la falta de financiación. Sin olvidar, que muchos de los científicos que se dedican a estas áreas son científicos independientes que no viven directamente de la investigación, y que trabajan solos o mediante colaboraciones con grupos de investigación de forma altruista, tan solo por amor a la ciencia. Todo esto hace que el acceso a la literatura científica de altos costes no sea asumible, disminuyendo la calidad de las publicaciones, e incluso en muchas ocasiones, impidiendo la puesta en marcha o la finalización de estas.

¿No resulta paradójico que el primer paso en la generación de conocimiento, como es su adquisición, sea en muchos casos el paso limitante para el desarrollo de la ciencia y en especial en disciplinas como las ciencias ambientales, donde existe una gran actividad de científicos independientes? Realmente lo es.

Sin embargo, pese a los inconvenientes que suponen los altos costes de acceso a la literatura científica, las editoriales, revistas y repositorios están en su derecho de fijar los precios de venta de los artículos. Al fin y al cabo, funcionan como cualquier empresa privada, ofreciendo un servicio demandado —en este caso servicios de edición, publicación y almacenamiento de bibliografía— y obteniendo por ello un beneficio económico. Esto hace que la piratería vulnere los derechos legales de estas entidades.

Llegados a este punto podríamos preguntarnos si es ética la piratería científica, y si es ético hacer uso de ella. Desde mi punto de vista las respuestas deberían ser un par de rotundos síes; y existen razones de peso para ello.

Por un lado, los científicos no obtienen retribuciones económicas por parte de las revistas científicas al publicar sus artículos —en ocasiones incluso se paga por publicar—. Hecho que es fundamental para la buena praxis de la ciencia. Si las revistas pagaran por derechos de autor, los científicos podrían tener incentivos en publicar aquello que les brindara mayores beneficios y, por tanto, podrían verse tentados a falsear datos o llegar a interpretaciones sesgadas de los resultados. Es decir, los científicos publican gratis. Y por otro, en toda revista científica que se precie existe la revisión por pares. Esto significa que cada artículo es revisado por dos —en ocasiones hasta tres— académicos expertos en la temática tratada en dicho manuscrito. Los revisores, al igual que en el primer caso, tampoco obtienen una retribución económica por la misma razón, mejorar la calidad científica, eliminando los sesgos y el tráfico de influencias. Es decir, los artículos son revisados gratis por la comunidad de científicos. Entonces, ¿por qué deben pagar los científicos para obtener el conocimiento que otros previamente han publicado de forma gratuita, tras una escrupulosa revisión, también gratuita, cuando el beneficio lo obtiene únicamente la revista o repositorio y no los implicados en la cadena de generación de ese conocimiento? La respuesta es clara, la piratería científica es ética. Es más, es necesaria y se debe seguir produciendo hasta que todas las revistas pasen a ser de acceso libre.

A título personal como autor y coautor de varios artículos científicos, estoy a favor de que sean descargados desde repositorios como Sci-Hub, ya que el trabajo y esfuerzo depositados en ellos por mí, y por toda la cadena de personas partícipes, no debe ser objeto de fuente de riqueza de terceros. Además, esto cobra especial importancia cuando en disciplinas como las ambientales, parte de los autores publican y enriquecen la fuente de conocimiento simplemente por amor a la ciencia, de una forma totalmente desinteresada, sin obtener beneficio alguno más allá de la satisfacción personal y el reconocimiento entre colegas.

Por otro lado, se debe romper otra lanza a favor de la piratería científica. Y es que esta acelera la transmisión de conocimiento dentro de la comunidad y mejora la calidad de este. Muchos de los que nos dedicamos a la ciencia de forma pasional y no profesional, nos hemos encontrado en la situación de que un artículo en concreto no se encontraba en la base de datos de Sci-Hub o cualquier otro repositorio. Al no pertenecer a una institución con los servicios contratados del repositorio dueño de los derechos de autor de dicho artículo, nuestro acceso no va más allá de la información disponible en el resumen o abstract. Entonces, nos vemos obligados a recurrir a colegas que sí trabajen de forma profesional en alguna institución y esperar que tengan acceso. En el peor de los casos su acceso se hace imposible, lo que implica que, si la información contenida en este es de suma importancia, el artículo en redacción pierda calidad y rigor. Y, en el mejor de los casos, supone pérdida de tiempo, intercambio de mensajes entre colegas y una frase de agradecimiento al final del manuscrito especialmente dedicada a la persona que nos consiguió el ansiado artículo.

En definitiva, los repositorios piratas como Sci-Hub a día de hoy siguen siendo fundamentales, democratizando el acceso y el intercambio de conocimiento; permitiendo así, hacer ciencia a todo científico, independientemente de su presupuesto, estatus social o lugar de procedencia.

 *++