martes, 1 de febrero de 2022

Las lenguas de España

 

En el artículo en abierto de la revista de este mes, Salvador López Arnal entrevista a Ángel López García-Molins, autor de Repensar España desde sus lenguas.

 

Las lenguas de España

 

Salvador López Arnal

El Viejo Topo

1 febrero, 2022 

 

Catedrático emérito de Lingüística en la Universidad de Valencia, entre las obras de Ángel López García-Molins cabe citar El rumor de los desarraigados (1985, Premio Anagrama) y El sueño hispano ante la encrucijada del racismo contemporáneo (1991). Centramos nuestra conversación en su libro Repensar España desde sus lenguas (2020).

¿Cuántas lenguas tiene España?

—Ya se sabe que en esto de las lenguas pasa como con los colores: hay una serie de colores básicos, pero si uno se empeña aparecen, como setas, muchos más. Los pintores o los diseñadores de moda no hablan simplemente de rojo, abundan los matices como granate, coral, carmín, cereza, púrpura, bermellón, frambuesa, etc. Pues con las lenguas pasa lo mismo: hay gente que se empeña en diferenciar el rumano del moldavo como la hay que quiere distinguir el valenciano del catalán o el andaluz del castellano. Los lingüistas nos echamos las manos a la cabeza, pero los intereses políticos que animan estas divisiones infinitas nos suelen dejar al margen. Si uno se empeña, siempre podrá ver dos lenguas donde solo existe una sin más que alzar la bandera de algunos referentes que se designan con una palabra distinta: ¿no ve que nosotros decimos espill y ellos, mirall? Pues bien, técnicamente en España solo hay cuatro lenguas viables: español, catalán, gallego y vasco.

¿Viables?

—Viables significa, en los términos establecidos por Heinz Kloss (1904-1987), que o bien están suficientemente diferenciadas (Abstandssprachen) o bien están suficientemente elaboradas (Abbausprachen) o ambas cosas. Estas lenguas son el fundamento de las cuatro instancias políticas que hicieron España y que aparecen claramente reflejadas en su escudo: el reino de Castilla, la Corona de Aragón, el reino de León y el reino de Navarra.

Recoge en su ensayo una cita de La hispanibundia. Retrato español de familia, de Mauricio Wiesenthal. ¿Qué es eso de la hispanibundia?

—Es un neologismo afortunado de Wiesenthal que me he apresurado a adoptar. Está formado sobre el sufijo abundancial –bundo y su cualitativo –bundia, que aparecen en palabras como nauseabundo, errabundo, meditabundo/meditabundia, tremebundo, vagabundo, moribundo/moribundia, gemebundo.

Un hispanibundo es un hispano que muestra su condición en exceso y lo que la palabra hispanibundia viene a significar es que los ciudadanos españoles estamos dándole vueltas siempre a nuestra condición hispana, ya sea para exaltarla, para lamentarla o para rechazarla. La anécdota atribuida a Bismarck, quien se supone decía que España era el país más fuerte del mundo porque llevaba siglos intentando destruirse y no lo había conseguido, probablemente es falsa, pero da en el clavo. Como dirían los italianos: se non è vero, è ben trovato.

Abre el capítulo “Un país peculiar” con una pregunta: ¿Es España un país diferente? Su respuesta: “Pero, aunque culturalmente España difiere apenas de los demás países europeos, hay un asunto en el que ciertamente es diferente y es la cuestión de las lenguas”. ¿En dónde radica exactamente nuestra diferencia? ¿No hay también muchos otros países con varias lenguas?

—Desde luego. En todos los países de Europa, salvo Portugal e Islandia, se hablan varias lenguas. En Europa la media anda por cuatro lenguas y pico, pero en los otros continentes son muchas más. En Australia, en México o en la India pasan de cien. La diferencia estriba en que solo en España sucede que sus lenguas son constitutivas del imaginario nacional. Esta es nuestra especificidad, y cuanto antes adecuemos la cultura y la vida en común a este hecho singular mucho mejor. Pero un país tetralingüe no son cuatro países, como una interpretación simplista suele creer. Una taza de café con leche no se puede descomponer en una tacita de café y otra de leche, es otra cosa.

¿Y qué significa que las cuatro lenguas españolas sean constitutivas del imaginario nacional? ¿Qué imaginario es ese? ¿No ocurre así en el caso de Francia, por ejemplo?

—No lo creo. En Francia se hablan más lenguas que en España: aparte del francés y del occitano (que podríamos comparar con el español y el gallego), tienen el catalán y el vasco, pero a ellas hay que añadir el alemán, el corso y el bretón. Francia es el ejemplo prototípico de centralismo político y cultural: remedando una frase del catecismo de mi niñez, se podría decir que en el país vecino fuera de la lengua francesa no hay salvación. No es ni por asomo la situación española: la vitalidad del catalán es un caso único en Europa para una lengua que no tiene reconocimiento estatal y la del vasco, prácticamente renacido de sus cenizas, lo mismo. En cuanto al gallego, su consideración internacional, como codialecto del portugués y origen del mismo, es evidente.

El imaginario al que me refiero no está elaborado políticamente, hay que construirlo: a mi modo de ver, España debería ser a todos los efectos el país de las cuatro lenguas.

 Le cito: “Tratar al idioma español –y lo que es peor, a los hispanohablantes nativos– como si fueran invasores representa una tergiversación de la verdad histórica que se trata de legitimar a base de narraciones falsas del pasado y de mapas inventados”. Sin embargo, en algunas comunidades, en Cataluña por ejemplo, el éxito de esa tergiversación es amplio, generalizado, conocido y sufrido. ¿De dónde la fuerza de esas narraciones sesgadas del pasado?

—Tenemos datos históricos abundantes e irrebatibles que demuestran que el español se viene usando como lengua vehicular en el centro de la península ibérica desde la alta edad media y en sus costas (Cataluña, Galicia, Vascongadas, Valencia, incluso Portugal) desde el siglo XVI. Las lenguas vehiculares no se sustentan en ninguna invasión, resultan de una necesidad pragmática. Por eso, donde más intenso ha sido el papel vehicular del español fue a lo largo del camino de Santiago, que nació durante el medioevo, y en las zonas más industrializadas, Cataluña, Valencia y País Vasco, durante los siglos XIX y XX. Esto no quita para que desde el siglo XVIII, con ocasión del cambio de dinastía, se haya querido imponer coercitivamente el español a los hablantes de otras lenguas. Pero si no hubiese sido así, habría dado igual. Los habitantes de la península tienden a reforzar sus lazos de cohesión y esto comunicativamente se ha manifestado en una lengua común.

¿Lengua común peninsular? ¿Incluye también Portugal?

—Obviamente no. En el siglo XVI el español todavía se sentía en Portugal como una lengua vehicular: sus mejores escritores lo usaban en alguna de sus obras (Gil Vicente, Sá de Miranda o Camoens, por ejemplo: la tendencia continúa modernamente con Pessoa o Saramago)), pero desde la ruptura de 1640 ha habido un proceso de distanciamiento consciente. Paradójicamente no alcanzó a Brasil. Hoy día el español y el portugués (en su modalidad brasileira) se sienten en toda Latinoamérica como variedades cercanas e intercambiables, pero no así en Europa. No estoy abogando por volver a la situación del siglo XVI. Aunque personalmente soy iberista (es decir, partidario del acercamiento de España y Portugal), en el momento actual el español es la lengua común en España, pero no en Portugal. Otra cosa es que, por razones fonéticas, los portugueses europeos comprendan mejor el español que a la inversa (es lo que a nosotros nos pasa con el italiano). Si algún día España y Portugal llegan a formar algún tipo de asociación estatal, por ejemplo confederal, habría que articularla sobre la base de la intercomprensión lingüística, que, por otro lado, es el panorama ideal al que deberíamos tender en España en relación con los romances catalán y gallego. Entender la lengua del otro no es una fruslería, representa la mitad de la comunicación.

 ¿Por qué da usted tanta importancia a los mapas? Llega a afirmar que “toda la tragedia de dos guerras mundiales está contenida en los mapas que se imprimían en varios estados europeos antes de la conflagración”.

—Los mapas físicos representan la realidad; los políticos, su caricatura. En los primeros se pinta el mar de azul y la tierra de ocre: es exacto, los peces se ahogarían en la tierra y los conejos en el mar. Pero en los mapas políticos la necesidad de representar una gran complejidad en solo dos dimensiones tergiversa los hechos reemplazándolos por los deseos de quien encarga el mapa. Vemos el mapa de España y parece que la mancha uniforme de color representa un mismo clima, una sola lengua, una única religión… Oiga, ¿pero el catalán no traspasa la frontera de los Pirineos y llega a Perpinyà? Oiga, ¿pero el islamismo no está muy vivo en lugares como Granada o como Vic? Oiga, ¿pero de verdad que en Galicia siempre está lloviendo y que en Benasque alcanzan los 20 grados bajo cero en invierno? Esta manipulación de los mapas, casi siempre interesada, ha provocado innumerables guerras. Por ejemplo, en el siglo XIX se imprimían mapas de la grossdeutsche Lösung (Gran Alemania) y de la kleindeutsche Lösung (pequeña Alemania), la primera con Austria y la segunda sin ella. No hay duda de que la anexión de Austria por Hitler fue la materialización de un mapa imaginario. Algo parecido puede decirse del mapa imaginario del destino manifiesto (Manifest Destiny) promovido por John L. O’Sullivan en 1845 y que justificaba la anexión por EE. UU. de todos los territorios de América del norte comprendidos entre el Atlántico y el Pacífico y su posterior intervencionismo imperialista en Latinoamérica.

 Castellano, español, ¿son términos sinónimos para usted? ¿Qué término deberíamos usar si queremos hablar con precisión y sin ofender a nadie? Usted nos advierte sobre la reducción del idioma español a la lengua castellana.

—El castellano es uno de los dialectos históricos del español, la koiné vehicular que surge a lo largo del camino de Santiago simultáneamente en Navarra, Aragón, Castilla y León durante la edad media. El origen de la sinécdoque (la parte por el todo) estriba en que fue un gran rey castellano, Alfonso X, el primero que impuso una normativa a dicho idioma y logró que la adoptaran sus vecinos.

 ¿Y cuáles serían los otros dialectos históricos del español?

—El astur-leonés y el navarro-aragonés, en el norte, y el extremeño y el murciano, que los continúan, en el sur. Como derivados directos del castellano tenemos el andaluz y el canario.

 ¿Se puede afirmar, como en ocasiones se afirma, que el español ha sido impuesto siempre de forma coactiva a todos los ciudadanos de las comunidades bilingües como Cataluña, Galicia, Euskadi, Valencia o les Illes?

—En absoluto. El español nunca se ha impuesto coactivamente, el castellano sí. El español es una lengua vehicular, que fue adoptada por personas de lengua materna diferente (primero vasca; luego francesa, gascona, italiana o alemana; más tarde catalana o gallega) por razones estrictamente prácticas y sin renunciar a su idioma materno. La imposición del castellano va ligada al estado moderno, a la regulación de la justicia, de la educación o de la administración y naturalmente adopta la normativa que dicho estado adoptó en el siglo XVIII, de manera paralela a lo que estaba sucediendo en Francia y en Gran Bretaña.

 En las páginas 37-38 cita usted el Manifest pel català com a única llengua oficial del grupo Koiné. Habla luego de inexactitudes. ¿Cuáles serían las más importantes en ese Manifiesto donde habla de colonizadores lingüísticos?

—La referencia que hago es más que una cita, casi reproduce íntegramente dicho manifiesto.

Tiene razón, disculpe.

—La razón es que me interesaba dar a conocer a muchos hispanohablantes, que no conocen bien la profundidad del malestar cultural catalán, las razones que se aducen. Tengo que decir que algunas las comparto, otras las comprendo y unas pocas no me convencen. Es a estas a las que Vd. se refiere y mi disenso tiene que ver, sobre todo, con el concepto de colonizadores lingüísticos. Los hispanohablantes que entraron masivamente en Cataluña durante el siglo XX fueron inmigrantes que venían a labrarse una vida mejor y que con su esfuerzo convirtieron a Cataluña en una comunidad mucho más próspera de lo que era. Hoy por hoy representan la mitad de la población: ¿De verdad es viable Cataluña como comunidad política –no entro en si debe ser independiente o no– en la que se ningunea sistemáticamente a la mitad de su población?

 Fuerzas nacionalistas catalanas parecen (o sin el ‘parecen’) creer que sí, que es viable. De hecho, según los críticos, llevan haciéndolo desde hace más de cuatro décadas.

—También los espartanos creían que podrían tener a los ilotas trabajando eternamente para ellos sin que se les respetasen sus derechos. Pero se rebelaron y Tucídides nos cuenta lo que fue de Esparta.

 Sostiene usted también que es un error hablar de España como un país multilingüe, que sería mejor usar el término plurilingüe. ¿Cuál es la diferencia? ¿Por qué es preferible la segunda opción?

—Multilingüe quiere decir que coexisten varias lenguas (el ejemplo prototípico sería Suiza), plurilingüe que el país se concibe a sí mismo y ante el mundo como un lugar que sería impensable sin la convivencia de varias lenguas. La razón de preferir la segunda opción es que la historia de España es diferente de la de Suiza; España no es un agregado de cantones que hoy siguen siendo monolingües, sino la suma de cuatro reinos bilingües porque uno de los idiomas es vehicular. En Suiza hay cantones que solo hablan alemán y cantones que solo hablan francés: si Luzern y Neuchâtel se separasen, no pasaría nada. Incluso hay ciudades, como Freiburg, en las que el río separa rígidamente a una comunidad de la otra. En España no existe nada parecido: una conformación política basada en la lengua materna de la gente conduciría a una balcanización salvaje y se saldaría inevitablemente con una guerra.

 Finaliza el capítulo de “Malvados invasores” con estas palabras: “Evidentemente los inmigrantes y sus descendientes tenían poca importancia en comparación con todos los negocios que se estaban montando gracias al buen entendimiento de los conservadores de uno y otro lado del Ebro”. Pero, añade, “tampoco la izquierda estuvo por la labor de atenerse a los hechos y a la verdad: se ve que el materialismo histórico, en España, no es una ideología que interpreta la historia en clave material, sino la historia que se han montado para resolver los problemas echándole cuento a la vida. Así nos va”. ¿Por qué la izquierda no fue capaz de atenerse a los hechos y a la verdad, dos atributos muy importantes de los que suele hacer ostentación? También escribe usted, más adelante: “Haciendo oídos sordos a la realidad, se ha practicado una anormalísima política de sedicente ‘normalización lingüística’, conducente a borrar el español de Cataluña. Y, sorprendentemente, la izquierda española, de manera casi unánime, se ha unido al coro de este vergonzoso lingüicidio que pretende aplastar la comunidad hispanohablante”.

—Pues sí. La izquierda, que históricamente ha sido contraria a la imposición de unos sobre otros y ha defendido consecuentemente a los marginados, desde los obreros hasta las mujeres, siempre tuvo dificultades teóricas con la cuestión nacional, según revelan numerosos textos y ejemplifica la polémica que mantuvieron Rosa Luxemburgo y Lenin. Evidentemente, apoyar procesos de liberación nacional, como el de la URSS o el de China, resulta obvio desde una postura marxista. El problema es qué postura adoptar cuando las naciones que se quieren autodeterminar se prefiguran como estados capitalistas a base de machacar a sus minorías (y hasta a sus mayorías) proletarias. Es sintomático que la facción de la izquierda catalana que ha apoyado y apoya entusiásticamente al nacionalismo radical pertenezca a la misma clase social privilegiada que los líderes de este último. Vienen a ser los mismos perros con distintos collares.

 Retomo un hilo anterior. ¿A qué llama koiné peninsular? ¿Cómo surgió? ¿Cuál ha sido su papel?

—Llamo koiné peninsular a la variedad romance que surgió en los reinos norteños de la península ibérica a lo largo del camino de Santiago. Se trataba de un romance originariamente vehicular, es decir, creado con finalidad práctica por gentes que podían tener lenguas maternas muy alejadas del latín. Esta variedad no se concibió como nacional, es decir, no representaba a unos frente a otros, sino que se limitaba a facilitar la comunicación. Las comparaciones son odiosas, pero a mí me recuerda al suajili, que es una lengua vehicular de base bantú que utiliza mucha gente como materna en Tanzania y Kenia, y como vehicular en Uganda, Zambia, Mozambique, Somalia, Congo, Burundi, Malawi, Ruanda, etc. Esta lengua es un bantú extraño porque ha perdido los tonos, lo que sin duda facilita su aprendizaje, y ha acabado por tener un sistema fonético muy simple. Ello recuerda de cerca al español, cuyos sonidos vocálicos tienen menos grados de abertura que los de sus hermanos catalanes, franceses, portugueses e italianos. También son más sencillas las consonantes del suahili dentro del grupo bantú, como lo eran las del español medieval en el sistema románico de las sibilantes (pero no así las del castellano, que en la edad media recordaba al catalán y al portugués).

 ¿Cuál sería el uso adecuado de la expresión “lengua propia”? ¿Qué tipo de entidades tienen, hablando propiamente, lengua propia? ¿Los países o los ciudadanos?

—El adjetivo propio en lengua propia no debería significar nada diferente de lo que significa en casa propia, es decir, la mía. Cuando discuto con un amigo y le digo ¿cómo te atreves a insultarme en mi propia casa?, resulta evidente que estamos en mi casa y no en la suya. Pero las casas en sí mismas no son propias, se las apropia alguien cuando pasan a ser de su propiedad. Las lenguas tampoco son propias, son los individuos los que las tienen como propias o no. Y de la misma manera que uno puede tener varias casas propias, puede tener varias lenguas propias. Por ejemplo, yo mismo como ciudadano de la Comunidad Valenciana, tengo el español y el catalán como lenguas propias. Como lenguas maternas, en cambio, tengo el español y el alemán porque son las que hablaba mi madre, que nació en Múnich. Además, hay lenguas que no son propias, pero que usamos por necesidad, según sucede con el inglés de la globalización.

 Habla en el libro de naciones verticales y nacionalidades horizontales. ¿A qué comunidad y procesos se está refiriendo?

—Estas denominaciones tienen que ver con la Reconquista, que es un proceso histórico que modeló políticamente la península de norte a sur (es decir, en sentido vertical): la nación gallego-portuguesa, la castellano-leonesa, la vasco-navarra, la aragonesa, la catalano-valenciana, etc. Solo la andaluza se ha configurado horizontalmente como nación, porque su origen está en Al-Andalus, el territorio musulmán que los cristianos del norte iban empujando hacia el mar.

Nacionalidad es otra cosa, tiene que ver con la transversalidad resultante de la conveniencia económica y cultural y va ligada a la lengua común.

 En el apartado “Teoría de la nación”, sostiene que las naciones son invenciones relativamente modernas. ¿Desde cuándo podemos hablar propiamente de naciones? ¿En el caso de España?

—Yo no soy historiador, sino lingüista, pero basándome en los datos de mis colegas entiendo que las naciones no surgen en un momento concreto, sino a lo largo de un proceso de consolidación. No creo que Guifré el Pilós se sintiese de nación catalana, como tampoco don Pelayo sabía que era asturiano. En el caso de España, hay una serie de momentos claros: el compromiso de Caspe (1412), cuando los estados de la Corona de Aragón aceptan una dinastía castellana; el compromiso matrimonial de los Reyes Católicos y el matrimonio de dichos reyes; el cambio de dinastía de los Austrias, que seguían un modelo patrimonial, hasta los Borbones, que se acercan a un modelo estatal (en 1700 Felipe V fue proclamado rey de España ¡en el palacio de Versalles!); la constitución de Cádiz (1812); la constitución de 1978.

Esto es como las relaciones amorosas: ¿cuándo se hicieron pareja María y Juan: cuando se cruzaron sus miradas y se gustaron, cuando empezaron a salir juntos, la primera vez que hicieron el amor, el día de la boda, cuando nació su primer hijo…? La fecha oficial suele ser la de la boda y en el caso de España seguramente fue 1812. No tiene demasiada importancia.

 ¿Cuál es la diferencia entre la concepción funcional de la nación y la concepción étnica?

—La misma que existe entre un concepto científico y una idea religiosa. La concepción funcional es algo que va cambiando con el tiempo, depende de cómo los avatares de la historia van modelando a un determinado grupo humano. La concepción étnica parte del pueblo como entelequia intocable y eterna. Filosóficamente se podría decir que la primera es racionalista y la segunda idealista.

 Le cito de nuevo: “La política lingüística de las comunidades bilingües, unas más que otras, me recuerda lo que está haciendo el estado de Israel con los palestinos: una canallada, que no está justificada en absoluto por el genocidio de los nazis porque los palestinos no tienen nada que ver con ellos”. ¿Cómo hemos llegado a una situación que usted describe en términos muy críticos?

—Existen varias razones. La principal es que, extrañamente, España es un país en el que solemos inspirarnos en experiencias ajenas sin llegar nunca a comprenderlas en lo fundamental. Un diablo cojuelo que nos pudiese ver levantando el tejado de nuestra historia se sorprendería de que el imperio de las Indias, que tanto se ha criticado, era un imperio premoderno hecho a imagen y semejanza del de Roma, pero sin la flexibilidad religiosa de los romanos. También se sorprendería de que, aunque la política de centralismo administrativo y monolingüismo educativo de los Borbones españoles constituye un pálido reflejo de la que practicaron Luis XIV y sus sucesores jacobinos, la mala fama la tiene el estado español que “se ha convertido en un problema para la democracia europea” (Puigdemont dixit) y no el pulcro estado francés.

Seguramente esta tendencia al masoquismo colectivo es una consecuencia de nuestra condición periférica en el continente. Nos pasa lo mismo que al pueblo ruso, un paralelismo que se ha señalado muchas veces por ambas partes, no sin razón. En una situación como ésta siempre se buscan culpables, y las iras de la impotencia nacionalista xenófoba han recaído en los inmigrantes hispanohablantes, una gente que ha tenido la osadía de conservar la lengua de sus antepasados contra viento y marea. De ahí mi pesimismo: ni los unos se irán ni los otros dejarán de pretender que la mejor Cataluña es la de antes, cuanto más atrás en el tiempo, mejor. Pero Palestina, troceada y sin estado, sigue existiendo.

 Permítame que insista en una arista ya comentada. La migración a Cataluña de los años sesenta y setenta de los trabajadores/as españoles de otras comunidades, ¿fue una estrategia del régimen franquista, del Estado español, como se quiera decir, para españolizar Cataluña? ¿Hay alguna base histórico-lingüística para hacer esta afirmación?

—Hay fundamentos, tanto históricos como lingüísticos, para afirmar lo contrario. Históricamente el franquismo intentó dificultar la concentración de trabajadores en Barcelona y en su zona de influencia porque fue allí, junto con Valencia, donde más tiempo resistió la II República y donde previsiblemente los inmigrantes iban a encontrar un ambiente más favorable a la izquierda. No se equivocaba: después de la guerra la resistencia antifranquista empezó antes en Cataluña que en el resto de España y, por otro lado, los maquis entraron desde Francia por el valle de Arán.

En cuanto al fundamento lingüístico hay que decir que una buena parte de la emigración hacia Barcelona venía del sur, pero otra procedía de Galicia.

 Muchos catalanistas, incluidos historiadores, algunos de ellos valencianos, sostienen que el problema de Cataluña (también, tal vez, de Valencia) tiene fecha antigua. Lo asocian al Compromiso de Caspe de 1412, cuando Cataluña –no hablan de la Corona de Aragón propiamente– se vinculó con la dinastía castellana de los Trastámara. ¿Hay alguna base para una afirmación así?

—Ya lo he dicho: ese episodio representa el comienzo del proceso que lleva al estado español, solo que no fue ningún problema. Si a un escocés le dijesen que el Acta de la Unión (1707), por la que se constituye el Reino Unido, ha sido un problema se reiría porque los beneficios para Escocia, derivados del imperio británico, superaron con mucho a los inconvenientes. Si a un estadounidense de Tejas le dijeran que el estado de la estrella solitaria habría hecho bien en permanecer al margen de EE.UU., sus carcajadas se oirían en Nueva York. Son afirmaciones gratuitas propias del Ku Klux Klan y organizaciones racistas por el estilo. El problema, eso sí, es que las rodean de una parafernalia simbólica y folclórica con la que se logra atraer a mucha gente.

Cuestión diferente es la de si, ahora que Gran Bretaña ha salido de la UE y ya no tiene imperio, le conviene a Escocia seguir allí. Pero lo de Cataluña es simplemente incomprensible: ya no existe el imperio español (del que, por cierto, se benefició mucho más que otras comunidades, sobre todo desde el siglo XVIII), pero la conditio sine qua non para seguir en la UE, y se lo han dejado muy claro, es que forme parte de España.

¿Incomprensible significa aquí irracional? Si fuera así, ¿cómo puede explicarse esta irracionalidad? Una burguesía que siempre se las ha dado de muy europea e ilustrada, ¿representada por unos partidos nacionalistas que no tocan realidad, que viven en el limbo?

—Me temo que pone Vd. el dedo en la llaga. En realidad, incomprensible es mucho más que irracional: el romanticismo del XIX exaltó la irracionalidad, pero como actitud emocional ante la crisis del antiguo régimen, que es lo que le subyace, se comprende. Por eso su consecuencia política más evidente, la explosión de los nacionalismos en Europa, tiene una lógica. Sin embargo, en el siglo XXI lo del independentismo catalán es imposible de entender: lo que lleva destruido se lo echarán en cara muchas generaciones futuras de catalanes y lo que puede lograr es simplemente nada.

 Cita usted en varias ocasiones a Joan-Lluís Marfany. ¿Qué opinión le merece la obra de este intelectual no siempre justamente reconocido?

—Marfany es un ejemplo de lo que necesita Cataluña. Me admira su independencia intelectual, aunque no coincidamos en muchas cosas, pues él es un catalanista comprometido y yo, que ni siquiera soy catalán, no. Se trata de un historiador de la talla de Vicens Vives o de Reglà. Hace bien en seguir en la Universidad de Liverpool: imagino que en el ambiente irrespirable de Barcelona, donde un tal Torra llegó a dirigir el Centre Cultural Born, Marfany no podría haber hecho nada.

 Cuando habla usted de lengua trasnacional, ¿a qué se está refiriendo?

—La transnacionalidad es un concepto moderno surgido en economía. Una empresa transnacional crea clones de sí misma adecuados a los entornos en los que se ha instalado y desde los que se toman las decisiones. Por el contrario, las empresas multinacionales son imperialistas, todo se cuece en la sede central. Hasta ahora las lenguas globales como el inglés eran multinacionales. El español, que empieza a ver proliferar varios centros de orientación normativa, está en camino de convertirse en la gran lengua transnacional del momento presente.

 ¿Quiere añadir algo más?

—Solo deseo agradecer a El Viejo Topo la oportunidad que me brinda con esta entrevista. El momento que vivimos en España es muy importante porque hay muchos aspectos convivenciales que no podremos resolver sin una pluralidad lingüística justa y simbólicamente asumida por todos.

*++

 

lunes, 31 de enero de 2022

El Partido Socialista (PS) de António Costa logra una histórica mayoría absoluta en Portugal

 

El Partido Socialista (PS) de António Costa logra una histórica mayoría absoluta en Portugal

Tercerainformación / 31.01.2022

  • La participación crece por primera vez desde 2005, hasta el 57,96%.
  • La extrema derecha de Chega se ha convertido en tercera fuerza con el 7,15% y 12 diputados, desde el 1,30% y 1 escaño de los anteriores comicios. Bloco de Esquerda retrocede desde el 9,67% (19 escaños) de 2019 a 4,46% y 5 escaños; la alianza entre comunistas y verdes, 4,39% y 6 diputados, mientras que en 2019 sumó 6,46% y 12 escaños.

 

El Partido Socialista (PS) del primer ministro António Costa ha ganado las elecciones legislativas anticipadas celebradas este domingo en Portugal con una histórica mayoría absoluta, según los resultados oficiales del Ministerio de Administración Interna.

En concreto, el PS ha logrado un 41,68 % de votos con un 99,13 por ciento de votos ya escrutados. El Partido Socialista ha alcanzado una histórica mayoría absoluta de 117 asientos, es la segunda vez que el socialismo logra superar los 116 escaños, la barrera de la mayoría absoluta en una Cámara de 230.

Por detrás del PS se sitúa el conservador Partido Social Demócrata (PSD) con un 27,80 % de apoyo y 71 asientos asignados, lo que confirma un retorno al bipartidismo con menos importancia de los partidos minoritarios.

El partido de extrema derecha Basta sería la tercera fuerza política por primera vez con un 7,15 % de votos y doce puestos.

Iniciativa Liberal es la siguiente opción más votada (4,98 por ciento), seguida del Bloque de Izquierda (4,46 por ciento) y la Coalición Democrática Unitaria (CDU) que incluye al Partido Comunista de Portugal, que ha logrado un 4,39 por ciento de votos. Detrás quedan el Centro Democrático y Social-Partido Popular, Personas-Animales-Naturaleza y Libre.

Tras conocerse los resultados oficiales, Costa ha asegurado que «esta noche es muy especial», y ha agradecido a «todos los portugueses» su participación en las elecciones y en la campaña electoral «en un momento tan difícil para todos», en su discurso en el hotel Altis de Lisboa donde han celebrado el triunfo este domingo, según recoge ‘Diário de Notícias’.

«A pesar de todas las restricciones que nos trae la pandemia, la verdad es que hoy la abstención bajó. Ha habido una mayor participación y esto es una prueba más del civismo, del carácter de los portugueses», ha aseverado.

El nuevo primer ministro, aclamado entre gritos de «Portugal, Portugal», ha celebrado el «enorme» apoyo recibido por parte de sus votantes, sin embargo Costa ha querido recalcar que, «una mayoría absoluta no equivale a un poder absoluto».

«Uno de mis objetivos es reconciliar a los portugueses con la mayoría absoluta y con el hecho de que son buenas para la democracia», ha declarado Costa.

Por su parte, la coordinadora del Bloque de Izquierda, Catarina Martins, ha declarado tras conocer los resultados que la estrategia del Partido Socialista de António Costa «de crear una crisis artificial» ha tenido éxito.

También ha hecho una mención al partido de extrema derecha portugués Basta asegurando que los va a «combatir» todos los días. «Cada diputado racista electo en el Parlamento portugués es un diputado racista de más», ha agregado Martins.

Desde la izquierda, se ha confirmado que Los Verdes no tendrán representación en el próximo parlamento pese a ir en coalición con el PCP. El líder comunista, Jerónimo de Sousa, ha reconocido que es «un cuadro de retroceso electoral» y señala como causante la «bipolarización».

El partido del líder de extrema derecha portugués Basta, André Ventura, está lejos de los porcentajes que su líder había previsto, aunque se ha convertido en la tercera fuerza política.

El líder de Basta, ha celebrado los resultados de forma eufórica, declarándose como el verdadero líder de la oposición. «Asumimos el papel de hacer la verdadera oposición al Partido Socialista, asumimos el papel que la historia nos confió, devolver la dignidad a nuestro país», ha subrayado Ventura.

«Basta lo prometió y lo cumplió. Somos la tercera fuerza política en Portugal», ha recalcado en su perfil de Twitter el líder de la tercera fuerza política de Portugal.

El cabeza de lista de Basta por el Algarve, Pedro Pinto, se ha felicitado por los resultados que suponen «expulsar» a la extrema izquierda del panorama político portugués.

«Hemos conseguido que la extrema izquierda haya sido expulsada al lugar al que se merece, a un rincón de la Asamblea de la República», ha declarado Pinto, según recoge el periódico ‘Diário de Notícias’.

Mientras, un portavoz del partido Centro Democrático y Social-Partido Popular (CDS-PP), Pedro Melo, ha señalado que los resultados obligan a «toda la derecha» a reflexionar.

Desde el partido Iniciativa Liberal han destacado que «esta noche Portugal es más liberal» y han agradecido los «8 diputados», en palabras del portavoz parlamentario del grupo, Rodrigo Saraiva.

«Las ideas de futuro han marcado la campaña. Afirmamos de forma convincente que el liberalismo funciona y hace falta en Portugal. Hemos conseguido movilizar a los sectores más dinámicos de la sociedad y a los jóvenes», ha argumentado.

*Con información de Agencias. 

*++


La pobreza de la pandemia. La pobreza de la pandemia. [Ante esta situación que no tiene nada de imaginaria, los diferentes gobiernos (efectivamente, los gobiernos que se basan en la democracia representativa y que proclaman la defensa de los intereses de los trabajadores que somos la inmensa mayoría de la población) que han tenido y tienen todos los recursos humanos y materiales para atajar las consecuencias del Covid-19 desde que se declaró la pandemia no han querido hacerlo por anteponer el aseguramiento de los beneficios económicos a las grandes empresas farmacéuticas a la salud y la vida de las personas, lo que sin ninguna duda constituye un acto criminal, un acto criminal contra la humanidad. ¿Da igual votar a unos que a otros? No, no da igual votar a unos que a otros, pero teniendo bien clarito (que no lo tenemos) que la solución a nuestros problemas no dependen exclusivamente de los resultados electorales, sino del grado de organización económica, política e ideológica que podamos tener (y que ahora no tenemos), y esto no lo dan las urnas. Esto lo da el esfuerzo personal que cada trabajador haga para que se le caigan las musarañas ideológicas, detrás de cuyo trabajo desaparecen los miedos y esa sensación de impotencia que nos embarga para aparecer en su lugar la toma de conciencia personal, social y económica y que no es otra cosa que el conocimiento claro de qué coño pinta uno en la vida, lo que se consigue mediante la lectura y discusión con las personas más cercanas que cada uno tenga acerca de los problemas más concretos e inmediatos que se vayan detectando y las posibles soluciones que podrían corresponder a cada uno de los mismos. Y todo lo que no sea esto, a pedir por Dios, hermano]

 

Según un estudio del Pew Research Center, la pandemia del COVID19 ha empujado a 131 millones de personas a la pobreza. Y estos pobres no son campesinos rurales, sino urbanos y, a menudo, educados. El aumento de los pobres varía de un país a otro.


La pobreza de la pandemia

 

Michael Roberts

El Viejo Topo

 31 enero, 2022 

 

La caída de la pandemia de COVID19 ha aumentado la pobreza en todo el mundo. Los economistas de JP Morgan han intentado medir el aumento de la pobreza utilizando datos de encuestas de consumo e ingresos de los hogares de la base de datos PovcalNet del Banco Mundial. JPM define a los pobres (o aquellos en extrema pobreza) como quienes viven con menos de $ 2 al día (que es el nivel ridículamente bajo del Banco Mundial); a ‘aquellos vulnerables a caer en la pobreza’ como los que viven con $ 2 a $ 10 al día (que es realmente una mejor medición de la pobreza). Las personas de ‘ingresos medios’ son aquellas que viven con $ 10-50 al día (lo que ya da algo de margen para vivir); y, finalmente, las personas de  «altos ingresos», como aquellas que viven con más de $ 50 al día o alrededor de $ 18.000 al año.

Antes del COVID, aproximadamente la mitad de los 6.500 millones de personas que vivían en los llamados «mercados emergentes» podían considerarse de «ingresos medios». Eso significa que al menos 3.000 millones de personas se encuentran en situación de pobreza extrema («económicamente vulnerables» o algo peor).

Usando estas definiciones, JPM encuentra que, durante la recesión del COVID, hubo un fuerte aumento de la pobreza global. Utilizando los datos del Banco Mundial, el número de personas en situación de pobreza (definida como vivir con menos de 1,90 dólares estadounidenses al día) aumentó en 97 millones en 2020, el primer aumento neto de la pobreza mundial desde la crisis financiera asiática (Figura 3). Un estudio separado del Pew Research Center encuentra que la pandemia empujó a 131 millones de personas a la pobreza. Y estos pobres no son campesinos rurales, sino urbanos y, a menudo, educados.

El aumento de los pobres y la correspondiente caída de la población de «ingresos medios» varian de un país a otro. Las economías con las contracciones más profundas en 2020 (como Perú y Argentina) experimentaron las mayores caídas en el grupo de ‘ingresos medios’. En general, fueron los ‘vulnerables’ los que más crecieron (1,9% pts) como proporción de la población, mientras que la proporción de ingresos medios se redujo más (-1,8% pts).

Algunos países evitaron lo peor. La experiencia durante el COVID-19 de China de ‘primero en entrar, primero en salir’ no protegió por completo al país de una contracción de las clases altas y medias, pero solo hubo una pequeña expansión de la población más pobre, según estimaciones de Pew.

Antes de la pandemia, Pew estimó que casi 100 millones de personas constituían la población de ingresos medios de la India en 2020, con otros 22 millones en los rangos medios-altos. Pero la pandemia afectó duramente a la India y el PIB real se contrajo un 7% en 2020, por lo que las poblaciones de rentas medias y medias altas sufrieron drásticamente (disminuyendo en conjunto en 39 millones de personas, cuadro 5). Mientras tanto, se calcula que unos asombrosos 75 millones de personas han caído en la pobreza, lo que representa casi el 60% de los nuevos pobres del mundo. Tal era el contraste entre los dos países más poblados del mundo.

En China, hubo una adición considerable de 247 millones de personas al nivel de ingresos medios de 2011 a 2019. Y la población de ingresos medios altos casi se cuadruplicó, de 60 millones a 234 millones. En ambos frentes, China por sí sola ha representado la mayor parte del aumento  en estos sectores a nivel mundial. La mayoría de las personas en la India se encontraban en el nivel mundial de bajos ingresos antes de la pandemia: unos 1.200 millones de personas que representan el 30% de la población mundial de bajos ingresos.

En China ahora hay más personas en los niveles globales de ingresos medios y medios altos que en el nivel de pobreza y de ingresos bajos. Aunque se estima que alrededor de 10 millones de personas en China han salido de la clase media durante la recesión pandémica, esta es una pequeña parte de los 504 millones que estaban en la clase media antes de la pandemia. Asimismo, la expansión del nivel de bajos ingresos en China de 611 millones a 641 millones, o el aumento del número de pobres de 3 millones a 4 millones durante la pandemia, es comparativamente modesto en número.

A medida que las personas caen en la pobreza extrema, no tienen fondos para apoyar su educación y mantenerlas sanas. Y eso significa que, además de sufrir otras consecuencias obvias, su productividad cae, dañando la economía en su conjunto. En el cuadro 6 encontramos que la inversión de China en educación y salud por persona (puntaje PISA) es alta, con más de 2 desviaciones estándar del promedio global y mejor que cualquier otro país ‘emergente’ (incluso aquellos con ingresos per cápita más altos como Singapur o Corea). ).

La pandemia ha sido un desastre para la población de la India, empujando a millones a la pobreza extrema, mientras que el pueblo chino ha evitado en su mayoría caer en la pobreza. De hecho, la economía china ha sido la que más se ha expandido de las principales economías en los dos años transcurridos desde fines de 2019 y el inicio de la pandemia: más de cuatro veces la expansión en los EEUU,  y seis veces la de la India. De hecho, la mayoría de las principales economías se contrajeron.


Publicado originalmente en el blog de Michael Roberts. Traducción de G. Buster en Sin Permiso.

*++

 

Ante la escalada bélica en la Europa del Este: ¡Alto a la expansión y la provocación imperialistas! ¡No al rearme de la Ucrania fascista contra las repúblicas de Donetsk y Lugansk! [Esto lo tenemos que saber todos los trabajadores. Difúndelo y coméntalo con las personas más cercanas que tengas. Todo lo que no hagamos los trabajadores por los trabajadores se quedará sin hacer]

 

Ante la escalada bélica en la Europa del Este: ¡Alto a la expansión y la provocación imperialistas! ¡No al rearme de la Ucrania fascista contra las repúblicas de Donetsk y Lugansk!

 

DIARIO OCTUBRE / enero 30, 2022

Ante las provocaciones belicistas que están produciéndose por parte de las potencias occidentales, con los Estados Unidos como principal pirómano, se hace necesario clarificar una serie de ideas, al servicio de ir creando un movimiento de solidaridad internacional que trate de frustrar los planes de agresión del imperialismo en la Europa del este y contra Rusia. Esta, junto a China, es cada vez más vista por el Occidente imperial, principalmente por EEUU, como una potencia que hay que desmembrar a fin de prolongar una hegemonía cada vez más contestada y en decadencia.

Para el movimiento revolucionario, seguir con detenimiento los acontecimientos que se están precipitando en la frontera con Ucrania no solo resulta una exigencia en términos de solidaridad con los que están dispuestos a luchar allá –pensamos concretamente en quienes resisten al gobierno títere y faccioso de Ucrania–, sino que, por el tipo de actores, consecuencias y repercusiones que puede traer consigo, este enfrentamiento podría acabar siendo un acelerador de contradicciones políticas y sociales mucho más cerca de nuestras fronteras. 

El Estado español es parte y cómplice del bando agresor, de sus estrategias belicistas, y nuestra responsabilidad aquí y ahora es para con él. Un verdadero internacionalismo implica ser conscientes de nuestra posición en el capitalismo internacional, para señalar y confrontar los planes de nuestros imperialistas.


Un breve contexto histórico

La política de hostigamiento contra la Rusia contemporánea data prácticamente desde su propia fundación como república. Tras la disolución de la Unión Soviética, a partir de 1991, la oligarquía financiera internacional, con el aval de los presidentes Bush padre y Clinton, al amparo de la fuerza militar de la OTAN y con la complicidad de una parte de los exlíderes soviéticos –con Yeltsin a la cabeza–, comenzó un proceso intensivo de privatización y parasitación de las economías la Europa del Este, sin duda con las miras occidentales puestas en desmembrar la inmensa Rusia para mejor repartírsela y expoliarla.

Lo que sobrevino tras la desaparición de la Unión Soviética supuso un auténtico desastre social, cuando no la quiebra total de los países que la componían y de los que fueron sus aliados. Desde Polonia a Georgia, pasando por Rumanía o Bulgaria, todos esos pueblos que en su día escaparon de la miseria por medio del socialismo, con la reinstauración del capitalismo iban a ser presa de los intereses de toda clase de parásitos: oligarcas, mafiosos, especuladores y usureros, que, entronizados en el nuevo sistema “liberal” y “democrático”, iban a poner una auténtica alfombra roja para los grandes monopolios extranjeros. Ya desde ese momento los Estados Unidos y la Unión Europea en torno a Alemania –no sin tácticas diferentes– iban a tratar al mismo tiempo de comprar el favor de las nuevas oligarquías nacionales, incluida la rusa, y fomentar un clima de exacerbación militarista contra este país-potencia que pese a su por entonces complacencia con los líderes occidentales, podía aún suponer una amenaza.

Sin embargo, ese juego a dos bandas que trataba de desmembrar soterradamente la esfera de influencia rusa iba a ser cada vez más palpable, y el matrimonio de conveniencia entre la oligarquía yanqui y las nuevas élites rusas, la época dorada de los encuentros íntimos entre Yeltsin y Clinton, iba a resquebrajarse. En 1999 Rusia comenzaba un proceso paulatino de relanzamiento económico, Yeltsin era sustituido por Vladimir Putin mientras el país encaraba el inicio de la segunda guerra chechena. Pero justo ese mismo año se producía una primera entrada masiva de países de Europa del Este a la OTAN. Esta primera entrada de los llamados miembros del “pacto de Visegrado” (Polonia, República Checa y Hungría) supuso de facto la ruptura del pacto tácito que los líderes norteamericanos habían ofrecido a los líderes soviéticos en el proceso de desmovilización del Pacto de Varsovia, en que se comprometían a no expandir la influencia de la alianza hacia el Este.

En el 2004, los Estados miembros de la OTAN avalaban la entrada en la organización de otros diez países, entre los que estaban Estonia, Letonia y Lituania, prácticamente a las puertas de San Petersburgo y Moscú; unas repúblicas que de continuo albergan tropas y en las que se celebran numerosas maniobras militares, y que siempre se alinean con las posturas más anti-rusas. Entre 2004 y 2020 se produjo la entrada de Albania, Croacia y Montenegro, y se extendió la opción de membresía a Bosnia, Georgia y Macedonia. Recientemente, la alianza militar atlántica también ha comenzado conversaciones con Suecia y Finlandia.

Esta política de aislamiento y avance de posiciones emprendida por parte de los halcones yanquis en Europa central, los Balcanes y el Cáucaso, llegaba a su punto álgido en el año 2014 en Ucrania, cuando una serie de protestas más o menos espontáneas contra la corrupción fueron catalizadas por grupos ultranacionalistas y de extrema derecha para derrocar el gobierno de Víctor Yanukovich. Aquellas protestas cristalizaron en un auténtico golpe de Estado, que instaló en el país un gobierno títere al servicio de la estrategia estadounidense y más cercano a los dictados de la UE. El nuevo régimen comenzaría desde el minuto uno una represión feroz contra el movimiento obrero, las organizaciones de izquierda y las minorías étnicas y culturales, especialmente la rusa, una población que representa un porcentaje importante y que llega a ser mayoritaria en algunas zonas del este y sur ucraniano. Allí, rápidamente dio comienzo un proceso de resistencia, con una importante componente antioligárquica y antifascista, que liberó de las garras del nuevo gobierno las provincias de Donetsk y Lugansk.

Ante la amenaza que suponía el nuevo gobierno, Rusia intervino en la región de Crimea, para evitar que este punto estratégico y de población mayoritariamente rusa quedase en manos del nuevo régimen surgido tras el golpe. Esa intervención militar fue un claro punto de inflexión en su política exterior, que a partir de ese momento comenzaba a responder activamente a las maniobras norteamericanas. En 2015 Rusia intervenía exitosamente en Siria –en defensa del gobierno de Assad y contra los intentos de occidente para derrocarlo y desmembrar el país–, en el año 2020 las tropas rusas se convertían en la garantía del alto al fuego en la región del Alto Karabaj entre Armenia y Azerbaiyán, en el año 2021 su presencia diplomática fue crucial para el fracaso de un nuevo intento de “revolución de color” en Bielorrusia, y ya en las primeras semanas de este 2022 la OTSC intervenía para sofocar las revueltas en Kazajstán, ante el peligro de que fueran utilizadas para dar un nuevo golpe de estado y rodear de forma agresiva a Rusia.

Una crisis más que anunciada

La capacidad de Rusia de responder con determinación a la hoja de ruta desestabilizadora de los norteamericanos le ha granjeado el estatus de potencia regional, a tener en cuenta por la práctica totalidad de los gobiernos cuyos intereses entran en contradicción con el imperialismo. Por ejemplo, la derrota de la OTAN en Afganistán ha hecho que numerosos países de Asia Central (Tayikistan, Turkmenistan, Uzbekistan…) busquen una alianza en materia de defensa con Moscú[1]. La propia Venezuela bolivariana ha tratado por todos los medios de acercarse al país eslavo. O en la misma línea, no es casual que al tiempo que se agudizaba esta nueva crisis en la frontera con Ucrania, el presidente iraní Ebrahim Raisi compareciese en viaje oficial a la Federación Rusa, anunciando un avance en materia de cooperación económica para revertir la política de sanciones que los yankis han interpuesto contra ambas naciones[2].

El nuevo escenario solo puede interpretarse correctamente a la luz de la pérdida cada vez más profunda de base la material que sustente la política expansionista de los USA, y el auge de una alianza cada vez más consolidada –precisamente por las presiones del enemigo común– en torno a eje Moscú-Teherán-Pekín. Los Estados Unidos hoy cuentan únicamente con la supremacía militar para prolongar su hegemonía, y su mayor interés pasa por completar el cerco a esas tres naciones, intentando de paso imponer su agenda a la propia UE. Una agenda que pasa por la instauración de regímenes controlables, o por la creación y exacerbación de conflictos en los que, aunque no pueda “vencer” definitivamente, la degradación de la situación conduzca a un caos generalizado y a una amenaza de desestabilización permanente, bajo la cual ellos pueden seguir presentándose como aquel actor que garantiza –a su antojo y arbitrariamente– el (des)orden mundial. En su particular trayectoria descendente como primera potencia presentan al mundo la siguiente dicotomía: la servidumbre o la guerra, o nosotros o el caos (que también somos nosotros).

En el caso específico de Ucrania, Estados Unidos junto con el resto de países que ha ido posicionando a su favor y en contra de Rusia –Polonia, Croacia, Estonia, Letonia, Lituania– no han cesado desde 2014 de inflar el conflicto. Adiestrando a organizaciones paramilitares ultraderechistas, regando el campo de batalla de armamento –170 toneladas han llegado desde norteamérica solo en la última semana–, fomentando comportamientos provocadores por parte de los batallones ucranianos –que desde la firma de los Acuerdos de Minsk han vulnerado en incontables ocasiones la tregua e incumplido todo lo acordado en aquel momento–, esperando que termine de prender el polvorín que es hoy ese país y poniendo bajo amenaza a las pequeñas repúblicas surgidas de la resistencia en el Donbass. Al mismo tiempo, preparan la propaganda para presentar cualquier reacción de Rusia como una “agresión”, cuando en todo caso se trata de una respuesta a la guerra no declarada que viene sufriendo este país desde poco después del final de la Guerra Fría, y cada vez con más intensidad.

En su intento de seguir presentándose como “protectores del mundo libre”, EEUU necesita avivar un conflicto entre Europa y Rusia, evitar que normalicen relaciones y en última instancia conseguir que una polarización y eventual escalada haga que sus antiguos aliados de la Guerra Fría tengan que volver a reconocerles como “gendarme”. Comprender esto es esencial. Hasta el derrumbe de la Unión Soviética, el “enemigo socialista” ayudaba a mantener –aunque fuera de manera forzada– una unidad en torno a los norteamericanos, pero desde entonces las diferencias o la divergencia de intereses entre EEUU y las potencias europeas no han dejado de crecer, y se están expresando da manera latente en la actual crisis.

Mientras los Estados Unidos y una Inglaterra liberada de la UE prosiguen la escalada, utilizando a las repúblicas bálticas y algunos países del este muy ligados a ese eje anglosajón, las potencias europeas son más escépticas y se sitúan todo al margen que les permite su posición de fuerza. Alemania trata de desmarcarse e incluso se atreve a poner trabas al envío de armas[3], mientras reconocen que las sanciones con las que se amenaza a Rusia también les afectarían a ellos. El gaseoducto Nord Stream II, que los americanos llevan años tratando de boicotear, continúa parado después de que sus obras hayan finalizado, pero cuesta creer que después de tanto dinero y energías invertidas el gas ruso –del que depende buena parte de Europa– no acabe llegando por él. Recientemente hemos sido testigos de las declaraciones de un integrante del Estado Mayor alemán apelando a que la comunidad internacional respete las exigencias de Vladimir Putin[4]; palabras que le han costado el puesto, quizás por expresar en voz alta algo que no se puede decir, pero que piensa buena parte de los líderes alemanes.  Francia por su parte es la potencia europea que más ha venido cuestionando la OTAN, no se pueden olvidar aquellas declaraciones de Macron hablando de “muerte cerebral” en la alianza atlántica. El país galo lleva años buscando más autonomía militar, e igual que los germanos en el actual conflicto apuesta por distanciarse de la línea más belicista. De fondo, el imperialismo europeo lleva tiempo dando señales de querer caminar –por lejos que aún esté su materialización efectiva – hacia la construcción de un ejército propio.

Ante esta coyuntura prebélica: ¿Qué hacer?

En primer lugar y de cara a nuestro pueblo, es esencial comprender la capacidad que tienen nuestros regímenes de crear en muy poco tiempo un clima de demonización, de confusión, de alarma y finalmente de guerra contra un país. En épocas de crisis profunda, la burguesía necesita evitar ser el centro del malestar y de la ira, que la clase obrera y el pueblo no centren sus ataques contra ella; y la guerra, la utilización del enemigo externo, la apelación a la patria y la exacerbación del nacionalismo han sido herramientas recurrentes en la historia. Con ello, además, pretenden conseguir que la clase obrera ataque a sus defensores, aislando y haciendo pasar por traidores a los revolucionarios que se oponen a la guerra. Basta recordar la Primera Guerra Mundial y el tratamiento de “traidores a la patria” que recibieron los Bolcheviques, o las duras consecuencias que tuvo la apuesta por la “guerra a la guerra” hecha por héroes de la clase obrera como Rosa Luxemburg o Karl Liebknecht.

Hoy estamos todavía lejos de aquella situación de guerra total que trajo consigo la práctica destrucción de los Estados europeos –abriendo una oportunidad excepcional para el avance de posiciones revolucionarias–, pero una situación de tensión pre-bélica como la que vivimos debe servirnos para comenzar a entramar un trabajo antiimperialista riguroso, que pueda tener arraigo entre nuestro pueblo y cuyo primer deber sea señalar y confrontar a nuestro propio Estado. España se ha posicionado servilmente al lado de Washington, aprobando desde el primer momento el envío de tropas y participando de la intoxicación general contra Rusia[5], igual que en 2014 daba apoyo al gobierno ucraniano surgido tras el golpe de estado[6]. Para el Mar Negro ha salido la fragata Blas de Lezo (sic) junto a otro buque de guerra, mientras se envían cazas a Bulgaria y se refuerzan las tropas que tradicionalmente se mantienen en Lituania o Letonia. Toda una declaración de intenciones para con Rusia, en un intento de sacar pecho dentro de la OTAN, mientras Madrid prepara la cumbre de la organización militar que tendrá lugar en junio de este 2022.

En segundo lugar, no podemos caer en equivocaciones ni en confusiones. Frente a una guerra de la que nuestro país es partícipe y se sitúa dentro del bloque agresor, nuestro deber es el de confrontarla, aquí donde nos toca. Además, es inaceptable hablar de dos bandos equiparables, como si la política de cercamiento, agresiones o promoción de golpes de estado por parte de la OTAN fuera igual a la respuesta que Rusia está dando frente a las mismas, y como si Rusia estuviera situada en el mismo escalón dentro del sistema imperialista. En lo que toca al ámbito militar, Rusia es una potencia que dificulta la presión de los imperialistas dentro de sus fronteras y en sus países cercanos, pero es ridículo comparar su accionar con el del imperialismo occidental que invade y trocea países, impone y depone gobiernos.

Por la parte económica, esencial para el marxismo, el imperialismo no depende de los anhelos que puedan albergar los “nuevos ricos” rusos, sino de la capacidad efectiva, histórica y material de llevar a cabo esos deseos, en un sistema-mundo que ha sido constituido por y para las potencias occidentales[7]. Rusia tiene un peso muy pequeño en la actividad imperialista por excelencia, que es la exportación de capitales para la explotación del trabajo y la extracción de recursos del exterior. Su capital financiero es de poca relevancia a nivel internacional y sus monopolios no ejercen ningún dominio de importancia: la mayoría de las pocas empresas que aparecen entre las principales multinacionales a nivel mundial –tan sólo seis entre las 500 primeras, 25 entre las primeras 2000– son las dedicadas a la extracción de materias primas, una actividad que representa más del 80% de sus exportaciones, rasgo que es más bien característico de países subdesarrollados. Otros datos como la productividad del trabajo, la exportación de productos de alta tecnología o su papel en la banca internacional –tan sólo un banco ruso aparece entre los 100 primeros, el número 66– nos muestran más un estado de la semiperiferia capitalista que algún tipo de potencia imperial[8].

En cualquier caso, para los y las comunistas no se trata de defender gobiernos al otro lado de las trincheras –no es eso lo que hacemos, por mucho que la propaganda agite el espantajo de los “pro-rusos”–, ni de entrar a definir ideológicamente al Estado o al gobierno de Rusia, por necesario que sea conocer su realidad. La coyuntura que se nos presenta no va de eso. Nuestra responsabilidad, aquí y ahora, es la de señalar a nuestro enemigo principal, ese que como decía Karl Liebknecht está dentro de nuestras fronteras y que hoy es partícipe del bando agresor. La comparación de la escalada bélica actual con escenarios como el de la Primera Guerra Mundial, para justificar posturas que hablan de “dos imperialismos” y se oponen a ambos –el ruso y el occidental– es inaceptable por la caracterización de los actores, pero es que además el rechazo a la guerra que los bolcheviques o los espartaquistas mantuvieron entonces, se sostuvo sobre la oposición directa a su propia burguesía. Ese es el verdadero internacionalismo, y esta es nuestra principal tarea.

El Estado español tiene responsabilidad en las calamidades vividas por el pueblo Ucraniano en los últimos años, en su empobrecimiento, en la situación de guerra que sigue viviendo, en las decenas de miles de refugiados. Una situación que es especialmente cruda en el Donbass y en las repúblicas de Donetsk y Lugansk, con las que hoy toca solidarizarse más que nunca. Si acaba estallando una guerra, nuestro gobierno tendrá las manos manchadas de sangre, y el papel de los comunistas está en hacer pagar a nuestra burguesía cada uno de sus crímenes. Para todo militante consciente, es de vital importancia trabajar en la construcción de un movimiento de solidaridad internacional y por la paz, que exija la retirada de tropas españolas en la Europa del Este, la salida de nuestro país de la OTAN y que denuncie todas las atrocidades cometidas por el imperialismo.

Red Roja, enero de 2022

[1] https://www.aa.com.tr/es/mundo/rusia-tayikist%C3%A1n-y-uzbekist%C3%A1n-lanzan-maniobras-militares-conjuntas-cerca-de-la-frontera-de-tayikist%C3%A1n-con-afganist%C3%A1n/2325825

[2] https://www.aa.com.tr/es/mundo/presidente-de-ir%C3%A1n-dice-ante-el-parlamento-ruso-que-eeuu-est%C3%A1-en-su-posici%C3%B3n-m%C3%A1s-d%C3%A9bil/2481093

[3]  https://www.wsj.com/articles/germany-blocks-nato-ally-from-transferring-weapons-to-ukraine-11642790772

[4]  https://www.elespanol.com/mundo/europa/20220122/comandante-armada-alemana-dimite-afirmar-putin-respeto/644435732_0.html

[5]  https://elpais.com/espana/2022-01-22/el-consejo-de-ministros-aprobo-el-21-de-diciembre-el-envio-de-tropas-espanolas-al-este-de-europa.html

[6]  Años después, el Estado español sigue hablando de “valores europeos” o de “democracia y libertades”para referirse a un golpe de estado y unos acontecimientos protagonizados en su mayor parte por fuerzas ultraderechistas, con el apoyo del imperialismo occidental.

http://www.exteriores.gob.es/Portal/es/SalaDePrensa/Comunicados/Paginas/2019_COMUNICADOS/20190221_COMU033.aspx

[7]  En un reciente texto publicado por los compañeros de Iniciativa Comunista se hace un análisis minucioso de los elementos definitorios del imperialismo, poniéndolos en relación con las características del actual Estado ruso. Merece la pena su lectura: https://iniciativacomunista.org/2022/01/25/la-otan-rusia-y-el-fetiche-del-interimperialismo/

[8]https://mronline.org/2019/01/02/is-russia-imperialist/

FUENTE: redroja.net

 *++