viernes, 3 de septiembre de 2021

Endesa troceada: un expolio de lo público o la historia de un despropósito. [Pero benditos y queridos míos, si yo no deseo que a nadie se le quite nada (¡Hostias, Pedrín, que me acaban de quitar ENDESA! Pero si yo la dejé ayer a ENDESA aquí y ya no está. ¡A mí la Legión!, que me acaban de dar un encontronazo-robo y se me han llevado ENDESA). Si yo lo que quiero es que los ladrones que dominan ENDESA y la comparsita de compaña vayan a la cárcel y me devuelvan lo que es mío. Por el amor de Dios, ¡cómo voy yo a querer que se le expropie al ladrón lo que es mío! Que lo devuelva y punto pelota, que ya se encargará el cabo Jefe de Puesto del Cuartelillo de la Guardia Civil de ajustarles las cuentas. Y, aquí paz y allá gloria, oyes. ]

 

Endesa troceada: un expolio de lo público o la historia de un despropósito

·      La liberalización del sector está siendo una enorme estafa para los más débiles y un enorme despropósito empresarial y sectorial.

·      La opa de Enel sobre la entonces primera eléctrica española fue una de las operaciones más caras de la historia económica europea.

·      La Endesa estatal contribuyó con sus beneficios al saneamiento financiero de otros sectores industriales



Sede de Endesa en Madrid.

Economistas Sin Fronteras

Rodolfo Rieznik —26 de octubre de 2014 20:24h

@EconomiaJusta

Enel, la eléctrica estatal italiana, expolia y trocea Endesa, de la que tiene el 92%, al repartir un dividendo de 14.600 millones de euros y llevarse todos sus activos latinoamericanos. El dividendo es el más grande jamás pagado en la historia de España. Los italianos hacen caja para pagar la compra del negocio latinoamericano, unos 8.600 millones, y de paso, reducir la deuda de Enel, de 50.000 millones. Para poder transferir semejante cantidad duplicarán la deuda de Endesa con 5.000 millones más. Enel se lleva el segmento de negocio más rentable y dejará a Endesa como empresa de ámbito nacional1, lo que era 20 años antes. Endesa quedará desmembrada y en términos de capitalización será menos de la mitad de lo que llegó a ser hace 7 años, cuando Enel la compró.

La electricidad en España subirá más (ya es de la más cara de la Unión Europea) cuando Endesa repercuta en la luz la nueva situación financiera de la empresa. Y la operación es un expolio a los ciudadanos españoles que financiaron durante 70 años, con la tarifa eléctrica, las inversiones que transformaron, a fines del siglo pasado, a Endesa en uno de los mayores grupos empresariales de España.

Paradójicamente, será una empresa pública la que terminará de liquidar a la que se llamó en su momento, con cierto orgullo, Empresa Nacional de Electricidad y que a fines del siglo XX era un líder sectorial energético eficiente. Endesa contribuyó a universalizar el servicio eléctrico haciendo posible que la electricidad llegara al conjunto de los ciudadanos y fortaleció técnicamente el suministro asegurando una energía más segura y confiable. Fue la empresa insignia del antiguo Instituto Nacional de Industria que, además, contribuyó con sus beneficios a fortalecer al sector eléctrico español y al saneamiento financiero de otros sectores industriales.2

Breve historia de Endesa

Endesa nació en 1944 cuando, aislado el país económica y políticamente, tuvo dificultades para desarrollar y consolidar un sector eléctrico en condiciones de afrontar la reconstrucción económica. La España inmediata de la posguerra no tenía las divisas necesarias para importar la tecnología y los combustibles para generar energía eléctrica. No hubo otra opción que construir centrales térmicas e hidráulicas aprovechando los recursos naturales autóctonos del carbón de Galicia y el impulso del agua de las cuencas del norte del país. Endesa se creó para esa tarea.

Los años 50 y 60, de desarrollismo y planes de estabilización, coincidieron con los modelos energéticos sustentados en petróleo barato y abundante que impusieron instalaciones de centrales de fuel-oil, técnicamente más sencillas y económicas. El consumo creció en esos años a tasas superiores al 10%. Las constantes necesidades de inversión por el crecimiento de la demanda energética indujeron, sin mucho debate ecológico en aquellos primeros años de introducción de esta tecnología, a la construcción de centrales nucleares ante el agotamiento de los recursos hidrológicos y la necesidad de diversificar el mix de generación.

La crisis de los años 70 (guerra árabe-israelí) cuadruplicó el precio del petróleo y disparó los costos energéticos. Como resultado, se formularon los primeros planes indicativos3. Entre otras cosas, se establecieron garantías de remuneración a la inversión en la tarifa eléctrica ante la incertidumbre económica del final de los años dorados del capitalismo de posguerra, en un sector, como el eléctrico, intensivo en capital.

La década de los 80 registra la segunda gran subida de los precios del petróleo después de la caída del Sha de Irán en el año 79. España se encontró con un parque de generación muy dependiente del petróleo y con una gran parte de las empresas eléctricas privadas endeudadas peligrosamente en inversiones en centrales térmicas y nucleares4. Endesa había construido plantas de carbón e hidroeléctricas y pudo sortear la crisis del petróleo. El primer gobierno del PSOE, en 1982, aprovechó sus cuentas saneadas para concretar un salvataje financiero del sector eléctrico privado a través de un intercambio de activos. Endesa, que compró plantas y otros negocios a las empresas en situación delicada para aliviar la deuda de las mismas, salió convertida en 1985 en la cabecera de un grupo eléctrico público de ciclo completo al agregtar al negocio de la generación, de la cual ya era líder, el de la distribución. Aquel conjunto de operaciones terminó transformando al sector en un oligopolio de Endesa, Iberdrola, Unión Fenosa y Gas Natural, con una participación más que proporcional de las primeras dos.

Las políticas neoliberales y globales de los años 90 condujeron a la liberalizaron y desregulación del sector energético, especialmente el eléctrico, que llevaron a la creación de mercados abiertos a partir del desmembramiento, en algunos países, de los monopolios naturales preexistentes, como en América Latina, o la separación de los negocios de generación, transmisión y distribución integrados hasta entonces en empresas únicas.

El abandono de la planificación indicativa en España y el desarrollo del “marco legal y estable”5 se hizo cuando Endesa estaba capitalizada6, con tesorería para acometer una expansión internacional dada la saturación de capacidad de producción eléctrica en España.

A su vez, las políticas neoliberales del “Consenso de Washington” en los años 90 vigentes en América Latina, de privatización y venta rápida de empresas de servicios públicos, permitió a Endesa concretar en 1992, en Argentina, la primera compra de una empresa de distribución eléctrica en la ciudad de Buenos Aires. Así inició la expansión como grupo empresarial en Latinoamérica. En 7 años, entre 1992 y 1997, invirtió la friolera de 15.000 millones de dólares7 y pasó a ser la primera empresa eléctrica privada de la región.

El Partido Popular se hace con Endesa

Sin embargo, fue la privatización progresiva de Endesa en los 80–90 el caldo de cultivo en el que se fraguó el expolio actual. Comenzó en 1988 con los socialistas en el poder, al vender un 25% del capital. La continuó el Partido Popular con Aznar en 1997 colocando en bolsa, vía OPV8, otro 35%. Ahí se pierde la mayoría de control público. En 1998 el PP termina de privatizarla al 97%. Simultáneamente, el gobierno maniobra y blinda estatutariamente el consejo de administración de la compañía para garantizar su futuro control ejecutivo con directivos políticamente afines. Por eso Manuel Pizarro pudo conservar la presidencia de Endesa después de que Rodríguez Zapatero ganara las elecciones de 2004.

En 2001, el grupo ya era un negocio monumental: 13.500 millones de ingresos y 4.400 millones de beneficios anuales. Era muy apetitoso para cualquier “gestor” privado manejar esa masa ingente de dinero. 9

Rodolfo Martín Villa, su presidente entre 1997 y 2002, con el PP en el gobierno, intentó en 2001 la fusión con Iberdrola. Incluso propuso conformar un núcleo duro de control con las cajas de ahorro a partir del porcentaje de participación que tenía Caja Madrid en Endesa, para poder defenderse de una potencial OPA10 de control por algún grupo extranjero. El sector más liberal del PP, con Rodrigo Rato y Pizarro a la cabeza, se opusieron con el argumento falaz de que iba contra el mercado competitivo y el proyecto de fusión fracasó.

El gobierno de Zapatero no pudo retomar el control de Endesa. Lo intentó en 2005 a través de la OPA de Gas Natural. Pizarro, a la sazón presidente de Endesa, entendió que tras la operación estaba la mano negra de los catalanes11 y el gobierno del PSOE y, con la complicidad del PP, se revolvió para hacerla abortar. Gastó generosamente millones de euros en asesores legales y consultores para frenarla y terminó impulsando una contraopa de la alemana E.ON, de la que se sentía más cercano ideológicamente. Finalmente, tras 2 años de una batalla político económica extraordinariamente agresiva y costosa, la constructora española Acciona y la estatal italiana Enel, con el concurso financiero del Banco Santander, formalizaron en una mañana la compra de Endesa por más de 40.000 millones de euros. Una de las operaciones más caras de la historia económica europea.

En esos 2 años, el precio de la acción de Endesa se disparó de los 20 euros de septiembre de 2005 a más de 41 en marzo de 2007, cuando concluye. Endesa tenía en torno a 1.000 millones de acciones emitidas y se canalizaron a la especulación unos 20.000 millones, dejando pingues beneficios a los actores participantes y a los promotores. La especulación, como siempre la financian el conjunto de los ciudadanos. La subida del valor de las acciones exige más dividendos para remunerar el capital y como la tarifa eléctrica garantiza la rentabilidad de las empresas, ésta crece en paralelo al aumento de cotización de las mismas.

Para que esta fantástica operación financiera no impactara súbitamente en el precio de la electrcidad, Rato, ministro de Economía en 1998, camufló el incremento del precio de la luz instaurando el “déficit de tarifa”. Aunque el recibo no subía más que en un 2% anual, porcentaje próximo a la inflación, la diferencia con el precio del mercado eléctrico se trataba como una deuda, de todos los españoles, a pagar en el plazo de 15 años. El saldo acumulado alcanzó a principios de este año, 2014, los 30.000 millones de euros, importe que las eléctricas ya han cobrado en su mayoría convirtiendo los títulos de deuda en ingresos adelantados. En cambio, los ciudadanos los pagamos a los bancos, tenedores de la deuda, en forma de “peaje” todos los años en el recibo de la luz.

La liberalización progresiva del sector eléctrico en marcha desde 1997 y completado definitivamente en 2013 con la desregulación total de la tarifa eléctrica, no ha introducido ni eficiencia ni mejores precios de la electricidad; al revés, ha recogido en tarifa el expolio y la especulación a la que ha estado sometido el sector en los últimas décadas. Empresas, fondos de inversión y grupos capitalistas del más variado origen se han embolsado grandes ganancias mientras que una parte importante de los ciudadanos han ingresado en un status de “pobres energéticos”, esto es, sin acceso a los beneficios de un servicio eléctrico en condiciones

Este es el panorama eléctrico en el que se consuma este escándalo de 14.600 millones de euros. Los 30 años de liberalización del sector eléctrico están siendo una enorme estafa para los más débiles y un enorme despropósito empresarial y sectorial.

1 Le quedarán algunas inversiones en Marruecos y Portugal.

2 Los buenos resultados de Endesa nutrían las cuentas del INI y se utilizaban financiar para procesos de reconversión industrial en otras empresas del INI como la minería.

3 Las empresas se obligaban a realizar las inversiones que satisfacían el incremento de la demanda.

4 La tecnología nuclear era un monopolio de americanos y franceses y los costos de construcción se habían multiplicado de manera incontrolada.

5 A fines de los 80, el gobierno presionado por Europa diseñó una transición para la apertura del sector eléctrico a nuevos agentes. Las empresa que venían a acometiendo inversiones de acuerdo los planes indicativos previos negociaron seguir cobrando en tarifa las amortizaciones a través de los llamados costes a la transición y que aún hoy siguen recuperando a través de los peajes.

6 En 1995 Endesa era la primera empresa española por beneficios (150 mil millones de pesetas) y capitalización bursátil (882 mil millones de pesetas)

7 Lo mismo que hoy se llevan los italianos en forma de dividendo

8 OPV: Oferta pública de Venta de acciones.

9 Hay que recordar que si bien la UE presionó a la creación de mercados eléctricos en esos años ello no implicaba la ausencia total del estado en el control de las principales empresas del sector. Edf de Francia y Enel de Italia, entre otras, siguen teniendo capital público de control.

10 Oferta Pública de Adquisición de acciones.

11 La Caixa de Cataluña controlaba Gas Natural

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jueves, 2 de septiembre de 2021

El Estado tendrá que pagar 1.400 millones extra a las eléctricas a final de año. [Me pasó lo que cuento mañana. Como ustedes no tienen fe sé que no se lo van a creer, pero es igual, porque yo he hablado con quien tengo que hablar y me ha dicho que sí, que lo de mañana ya lo puedo dar por hecho. Así que, me pasó mañana, que paseando tan tranquilo por la calle me veo venir a un nota, un progre. Y como a mí se me ponen los pelos de punta y la sangre (común y corriente actualmente) de aceite quemado de motor gasoil que llevo en las venas se me recalienta, pues nada, que me tiro hacia el nota, o sea, hacia el progre, como un miura santiaguino, ya saben, unos de estos dirigentes de VOX, y a bote pronto le pregunto: ¿Me podría decir la hora que es? Mal español. Y va el tío progre, chavista, marcelista, terrorista, comunista, trompetista, ciclista, animalista y separatista por demás, y a bocajarro me suelta el escopetazo de : ¡Catorce expropiaciones es lo que hacen falta aquí! ¿Pero pande vas, muchacho –me pensé yo- con tanta expropiación? Ya saben, estos rompe patrias de progres son así, que como no tienen nada que hacer y viven de la acción patria de los robos de la gurtel del PP, los correspondientes por la banda del PSOE y los compañeros del metal de UGT y CC.OO, colindantes autonómicos y otros mocos de pavo que caen por enchufe sobre enchufe y me llevo tres para otro enchufe que tengo que hacer, más las subvenciones de la sopa boba que le caen a determinadas empresas o, pedidos de armamento a empresas puritanas muy cercanas o cercanas del todo al caballo de Santiago Abascal, pues que todo lo arreglan dándole una patada a una piedra para sacar diecinueve expropiaciones, o cuatrocientas cincuenta o cinco mil. Pero sosiego, queridos. Que no se me alborote nadie. Reine la paz ahora y en la hora de nuestra muerte. Amen Jesús. Se prosigue que no hemos terminado. Que no hay que expropiarle nada a nadie. ¿Ven? Problema resuelto. ENDESA, por ejemplo, era de los españoles robada a los españoles por españoles dedicados a la política. Devuélvase ENDESA por parte de los ladrones a su auténtico dueños, los españoles y júzguese como Dios no manda (porque Dios en estas cosas ni fu ni fa) a los ladrones y demás artistas invitados que posibilitaron el robo, y adiós muy buenas (para que nos queremos meter en esos líos de la expropiación). Y así hasta el ciento y la madre. Qué, ¿cómo se les ha quedado el cuerpo? Ahora nos andan robando las pensiones. Digo yo, pero esto es un decir, que no quiero entrar en la banda de ladrones que en el Pacto de Toledo están perpetrando el robo de las pensiones (usted llámele como quiera, querido, pero un robo es un robo), preparándolo para darle una manita de pintura en el Congreso de los Diputados, que eso ya es política y yo en política no me meto, que luego te engorrinas y cuando llegas a la casa lo primero que tu mujer te dice: dónde coño te has metido que vienes oliendo a mierda. Digo yo, pero que es un decir, para que nadie me mal interprete: ¿no sería mucho mejor tumbarnos en mitad de la calle o, hacer una huelga general como un piano de grande, a fin de evitar que nos roben ahora las pensiones para no entrar luego (dentro de 15 o 20 años) en que si expropiamos las pensiones, no expropiamos las pensiones o dejamos de expropiar las pensiones?, que eso es un quebradero de cabeza].

 

El Estado tendrá que pagar 1.400 millones extra a las eléctricas a final de año

La hacienda pública tendrá que pagar más de 1.400 millones de euros a las compañías eléctricas por el llamado 'déficit de tarifa' cuando el precio de la luz está disparado y las eléctricas baten récords de beneficios.



Por Kaos. Laboral Y Economía 

Rebelión

2 Sep, 2021

La hacienda pública va a tener que devolver más de 1.400 millones de euros a las compañías eléctricas por un decreto aprobado por el Gobierno del PP en 2015 por el llamado ‘déficit de tarifa‘, la diferencia entre los ingresos y los costes regulados del sistema eléctrico. En una sentencia del pasado 15 de abril la Sala Tercera de lo Contencioso-Administrativo del Supremo estimó en parte el recurso presentado por la patronal de la industria eléctrica Unesa, tras la anulación del decreto.

La cifra de 1.400 millones, que prácticamente triplica las previsiones iniciales, es una estimación provisional ya que dependerá de cuál sea el crecimiento final de la inflación este año. De momento agosto la inflación se ha disparado a su mayor tasa en casi una década, con un papel decisivo del crecimiento desorbitado del precio de la electricidad. De hecho, este jueves el mercado mayorista de electricidad batirá su cuarto máximo histórico consecutivo por la subida de la cotización del gas natural y la cotización récord de los derechos de emisión.


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¿Por qué hay tan pocos anarquistas en la academia?

 

Hoy cumpliría 60 años David Graeber, fallecido en Venecia en septiembre pasado. La antropología y las ciencias sociales perdieron a uno de sus grandes. Él se consideraba un anarquista, pero no veía el anarquismo como una identidad excluyente.

¿Por qué hay tan pocos anarquistas en la academia?



David GraeberÇ

El Viejo Topo

 2 septiembre, 2021 


Ésta es una cuestión pertinente ya que hoy en día el anarquismo como filosofía política está en apogeo. Los movimientos anarquistas o inspirados en el anarquismo crecen por todas partes; los principios anarquistas tradicionales —autonomía, asociación voluntaria, autoorganización, ayuda mutua, democracia directa— se pueden encontrar tanto en las bases organizativas del movimiento de la globalización como en una gran variedad de movimientos radicales en cualquier parte del mundo. Los revolucionarios de México, Argentina, India y otros lugares han ido abandonando cada vez más los discursos que abogaban por la toma del poder y han empezado a formular ideas diferentes acerca de qué podría significar una revolución. Es cierto que la mayoría utiliza todavía con timidez la palabra «anarquista», pero como ha señalado recientemente Barbara Epstein, el anarquismo ya ha ocupado sobradamente el lugar que el marxismo tenía en los movimientos sociales de los años sesenta. Incluso aquellos que no se consideran a sí mismos anarquistas se ven abocados a definirse en relación a éste e inspirarse en sus ideas.

Sin embargo, esto apenas se refleja en las universidades. La mayoría de académicos suele tener una idea muy vaga sobre qué es el anarquismo, o lo rechazan sirviéndose de los estereotipos más burdos. («¡Organización anarquista! ¿Acaso no constituye eso un contrasentido?») En los EE.UU. hay miles de académicos marxistas de una escuela u otra, pero apenas una docena de profesores dispuestos a autodenominarse anarquistas.

¿Se trata de una cuestión de tiempo? Es posible. Quizá en unos años las universidades estén a rebosar de anarquistas, pero no albergo grandes esperanzas. Parece que el marxismo tiene una afinidad con la universidad que el anarquismo nunca tendrá. Después de todo, se trata del único gran movimiento social inventado por un académico, aunque luego se convirtiera en un movimiento que perseguía la unión de la clase obrera. La mayoría de los ensayos sobre la historia del anarquismo afirman que sus orígenes fueron similares a los del marxismo: el anarquismo se presenta como una creación de ciertos pensadores decimonónicos —Proudhon, Bakunin, Kropotkin, etc.—, fuente de inspiración de organizaciones obreras, que se vería envuelto en luchas políticas, dividido en corrientes… El anarquismo, en los relatos más comunes, se suele presentar como el pariente pobre del marxismo, teóricamente un poco cojo, el cual se ve compensado, sin embargo, en el plano ideológico por su pasión y sinceridad. Pero de hecho, la analogía es forzada, en el mejor de los casos. Los «padres fundadores» decimonónicos nunca creyeron haber inventado nada particularmente nuevo. Los principios básicos del anarquismo —autoorganización, asociación voluntaria, ayuda mutua— se refieren a formas de comportamiento humano que se consideraba habían formado parte de la humanidad desde sus inicios. Lo mismo se puede decir de su rechazo del Estado y de todas las formas de violencia estructural, desigualdad o dominio (anarquismo quiere decir, literalmente, «sin gobernantes»), y también del reconocimiento de que todas estas formas se relacionan y refuerzan hasta cierto punto entre sí. Estas ideas nunca se presentaron como el germen de una nueva doctrina. Y de hecho, no lo eran: se puede encontrar constancia de gente que defendió semejantes argumentos a lo largo de la historia, a pesar de que todo apunta a que, en casi todo momento y lugar, estas opiniones raramente se expresaban por escrito. Nos referimos, por lo tanto, menos a un cuerpo teórico que a una actitud o incluso podríamos decir una fe: el rechazo de cierto tipo de relaciones sociales, la confianza en que otras serán mucho mejores para construir una sociedad habitable, la creencia de que tal sociedad podría realmente existir.

Si además se comparan las escuelas históricas del marxismo y el anarquismo, se observa que se trata de proyectos fundamentalmente diferentes. Las escuelas marxistas poseen autores. Así como el marxismo surgió de la mente de Marx, del mismo modo tenemos leninistas, maoístas, trotskistas, gramscianos, althusserianos… (Nótese que la lista está encabezada por jefes de Estado y desciende gradualmente hasta llegar a los profesores franceses). Pierre Bourdieu señaló en una ocasión que si el mundo académico fuese como un juego en que los expertos luchan por el poder, uno sabría que ha vencido cuando esos mismos expertos empiecen a
preguntarse cómo crear un adjetivo a partir de su nombre. Es precisamente
para preservar la posibilidad de ganar este juego que los intelectuales insisten en continuar usando en sus discusiones teorías de la historia del tipo «Gran Hombre», de las que sin duda se mofarían en cualquier otro contexto. Las ideas de Foucault, como las de Trotsky, nunca son tratadas como un producto directo de un cierto medio intelectual, resultado de conversaciones interminables y de discusiones en las que participan cientos de personas, sino como el producto del genio de un solo individuo o, muy ocasionalmente, de una mujer. Tampoco se trata de que la política marxista se haya organizado como una disciplina académica o de que se haya convertido en un modelo para medir, cada vez más, el grado de radicalidad
de los intelectuales. En realidad, ambos procesos se han desarrollado en paralelo. Desde la perspectiva de la academia, esto ha producido resultados satisfactorios —el sentimiento de que debe existir algún principio moral, de que las preocupaciones académicas deben ser relevantes para la vida de la gente—, pero también desastrosos: han convertido gran parte del debate intelectual en una parodia de la política sectaria, en la que todos se esfuerzan por caricaturizar los argumentos del otro no solo para mostrar lo erróneos que son, sino sobre todo lo malévolos y peligrosos que pueden llegar a ser. Y todo ello cuando las discusiones que se plantean se sirven de un lenguaje tan hermético que solo quienes se hayan podido permitir siete años de estudios superiores podrán tener acceso a ellas.

Consideremos ahora las diferentes escuelas del anarquismo. Hay anarcosindicalistas, anarcocomunistas, insurreccionalistas, cooperativistas, individualistas, plataformistas… Ninguna le debe su nombre a un Gran Pensador; por el contrario, todas reciben su nombre de algún tipo de práctica o, más a menudo, de un principio organizacional. (Significativamente, las corrientes marxistas que no reciben su nombre de pensadores, como la autonomía o el comunismo consejista, son las más próximas al anarquismo). A los anarquistas les gusta destacar por su práctica y por cómo se organizan para llevarla a cabo y, de hecho, han consagrado la mayor parte de su tiempo a pensar y discutir precisamente eso. Los anarquistas jamás se han interesado demasiado por las cuestiones estratégicas y filosóficas que han preocupado históricamente a los marxistas. Así los anarquistas consideran que cuestiones como «¿son los campesinos una clase potencialmente revolucionaria?» es algo que deben decidir los propios campesinos. ¿Cuál es la naturaleza de la forma mercancía? En lugar de ello, discuten sobre cuál es la forma verdaderamente democrática de organizar una asamblea y en qué momento la organización deja de ser enriquecedora y coarta la libertad individual. O sobre qué ética debe prevalecer en la oposición al poder: ¿qué es acción directa?, ¿es necesario (o correcto) condenar públicamente a alguien que asesina a un jefe de Estado?, ¿o puede ser considerado el asesinato un acto moral, especialmente cuando evita algo terrible, como una guerra?, ¿cuándo es correcto apedrear una ventana?

En resumen:

1. El marxismo ha tendido a ser un discurso teórico o analítico sobre la estrategia revolucionaria.

2. El anarquismo ha tendido a ser un discurso ético sobre la práctica revolucionaria.

Obviamente, todo lo que he dicho hasta ahora no deja de ser un poco caricaturesco (ha habido grupos anarquistas muy sectarios y muchos marxistas libertarios, partidarios de la práctica, incluyéndome posiblemente a mí). De todas formas, tal y como he señalado, esto implica una gran complementariedad potencial entre ambos. Y de hecho, la ha habido: Mijaíl Bakunin, aparte de discutir con Marx sobre cuestiones de índole práctico en incontables ocasiones, también tradujo personalmente El Capital al ruso. Pero, además, facilita la comprensión de por qué hay tan pocos anarquistas en la academia. No se trata simplemente de que el anarquismo no emplee una teoría elevada, sino que sus preocupaciones se circunscriben sobre todo a las formas de práctica; insiste, antes que nada, en que los medios deben ser acordes con los fines; no se puede generar libertad a través de medios autoritarios. De hecho, y en la medida de lo posible, uno debe anticipar la sociedad que desea crear en sus relaciones con sus amigos y compañeros. Esto no encaja demasiado bien con trabajar en la universidad, quizá la única institución occidental, además de la iglesia católica y de la monarquía británica, que ha permanecido inalterable desde la Edad Media, promoviendo debates intelectuales en hoteles de lujo y pretendiendo incluso que todo ello fomenta la revolución. Al menos, cabe esperar que un profesor abiertamente anarquista cuestione cómo funcionan las universidades —no me refiero aquí a solicitar un departamento de estudios anarquistas— y eso, por supuesto, le iba a traer muchas más complicaciones que cualquier cosa que jamás pudiera escribir.

Fuente: La Peste.org

 

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miércoles, 1 de septiembre de 2021

25 años de la primera victoria del PP, cuando Aznar hablaba catalán en la intimidad y Arzalluz euskera en Génova. [Que digo yo, José María Aznar, Josma para los amigos, que por qué no hablaba castellano con Puyol (corruptus corruptus corruptubilitates como muchos dirigentes del PP)] en vez de hacerlo en catalán en la intimidad con los enanos? Del negoción que supuso para Mayor Oreja con sus (o familiares) empresas de seguridad privada metiendo a ETA de por medio para la seguridad de políticos (cosa que podrían haber hecho las beneméritas fuerzas de seguridad del Estado) cobrando el 50% del gobierno central y el otro 50% del gobierno vasco no digo nada, que eso ya es política de la sucia y “cara” y en esas cosas yo no me meto]

 

25 años de la primera victoria del PP, cuando Aznar hablaba catalán en la intimidad y Arzalluz euskera en Génova


 

Por Jesús Maraña 

Rebelión| 

Fuentes: Info Libre

31/08/2021 

Domingo 3 de marzo de 1996. José María Aznar había ganado las elecciones generales. El líder del Partido Popular se dirigió desde el balcón de Génova a miles de simpatizantes con un discurso en el que los protagonistas eran sus votantes: “El PP ha ganado las elecciones. Habéis triunfado después de muchos años y de un modo limpio, democrático y ejemplar como hay que hacer las cosas”. “¡’Pujol, enano, habla castellano’!”, respondió la multitud en referencia al entonces president de la Generalitat. Aquel estudiante de Derecho que había comenzado su andadura en la política en las filas de Alianza Popular iba camino de convertirse en el cuarto presidente desde el regreso de la democracia a este país, pero sus 156 escaños no eran suficientes para llevarlo a la Moncloa. Necesitaba recabar apoyos. Empezaba así una carrera a contrarreloj para formar Gobierno.

Meses antes, las tensiones entre el PSOE e Izquierda Unida (IU) se habían hecho patentes. Julio Anguita había dejado claro que las posibilidades de un pacto entre su partido y el de Felipe González eran “mínimas”. El coordinador general de IU había repetido en reiteradas ocasiones que la única posibilidad de llegar a un acuerdo entre ambas formaciones sería “regenerando” a los socialistas, pero sentenció: «Es poco probable que el Partido Socialista se regenere si González continúa en el mismo«. Nunca llegaron a entenderse a pesar de que podrían completar la mayoría que necesitaban con nacionalistas vascos y catalanes.

La noche electoral, en Barcelona, Jordi Pujol miraba una y otra vez los resultados. Habían sido moderadamente buenos para Convergència i Unió (CiU), con 16 parlamentarios, uno menos que en los anteriores comicios. Pero esos 16 diputados valían ahora mucho. Sabía que iba recibir tarde o temprano la llamada de Aznar. “Estos 16 diputados son importantes y nos van a permitir poder defender eficazmente nuestro proyecto de Cataluña dentro del marco del Estado español (…), pero especialmente en el campo económico y social”, dijo rodeado de periodistas en una rueda de prensa. Y así fue. Los equipos negociadores de ambos partidos se pusieron manos a la obra en la búsqueda de una hoja de ruta común. Y es que Aznar no tenía más remedio que sentarse con los nacionalistas catalanes. El Partido Socialista, evidentemente, ya había anunciado que votaría “no” en su investidura. El recelo mutuo que ambos líderes habían sentido en el pasado auguraba un acuerdo complicado. Mientras tanto, el candidato conservador lanzaba mensajes conciliadores delante de la prensa. Uno de los más destacados fue cuando un periodista de TV3 le preguntó “¿Habla usted catalán?”, a lo que este le respondió: “Cuando estoy en círculos reducidos, no muy amplios, en la intimidad, lo hablo también”.

El 27 de marzo Federico Trillo-Figueroa (PP) fue elegido presidente del Congreso de los Diputados con 179 votos. Tres días después, conservadores y convergentes pactaron la composición de la mesa de las dos cámaras. El 1 de abril, Pujol autorizaba a su portavoz en Madrid, Joaquim Molins, a negociar con Rodrigo Rato. Pero a diferencia del acuerdo con los socialistas en el año 93, esta vez desde CiU exigían un pacto detallado y por escrito, donde planteaban una serie de reivindicaciones que González había desestimado. Entre ellas, modificar la financiación autonómica (elevar del 15% al 30% la cesión del impuesto sobre la renta [IRPF]), suprimir el servicio militar obligatorio en un plazo de seis años, sustituir los gobernadores civiles por subdelegados provinciales, así como ceder a la Generalitat competencias de Tráfico, Puertos, Costas y ordenación del suelo. Paralelamente, el 4 de abril Coalición Canaria anunciaba que sus cuatro diputados apoyarían la investidura de Aznar después de un pacto de legislatura que le otorgaba más autogobierno a las islas. Mariano Rajoy fue uno de los actores clave en la negociación.

La reunión que duró casi 8 horas

El 24 de abril el presidente catalán y el líder del PP tuvieron una reunión discreta. Al día siguiente, el grupo de intermediarios de ambas formaciones se encerraron durante más de siete horas y media en una suite de la novena planta del hotel Plaza en Barcelona. Un avión de vuelta a Madrid trasladó a los catalanes al día siguiente al hotel Alameda para seguir con las negociaciones. Durante el encuentro las tensiones subieron de tono. La reunión se alargaba y los convergentes tenían que coger el último vuelo en dirección Barcelona. Hombres trajeados subían y bajaban las escaleras para llamar a Aznar e informarle de cómo avanzaban las conversaciones. Había problemas en trasladar al papel lo acordado de palabra. Finalmente, no llegaron a un acuerdo por falta de tiempo y lo pospusieron para el día siguiente.

Era 26 de abril, habían pasado 54 días desde la celebración de las elecciones y el pacto estaba a punto de fraguarse. Desde la sede de Convergencia en el paseo de Gràcia de Barcelona, ambas delegaciones —la del PP formada por Rodrigo Rato y Juan Costa y la de CiU, por Joaquim Molins, Macià Alavedra y Josep Sánchez Llibre— se negaron a explicar el contenido del pacto y se limitaron a hacer una declaración pública sin aceptar preguntas de los periodistas. Según Rato se trataba «de colaboración política y parlamentaria«. Para Molins habían alcanzado un acuerdo “de investidura y de gobernabilidad«. Los consejos nacionales de Convergència Democrática y de Unió Democrática habían sido convocados de manera urgente al día siguiente, el comité ejecutivo del PP también se reuniría el domingo por la mañana.

Después de siete semanas y medio de negociaciones y tres encuentros secretos, llegó la foto más esperada. Aznar y Pujol se dejaron ver por primera vez en público. Era el 28 de abril. El Hotel Majestic de Barcelona estaba atestado de cámaras, fotógrafos y periodistas con micrófonos. La expectación fue tan grande que tuvieron que hacer tres turnos para captar el momento de los dos políticos dándose la mano. De fondo se escuchan gritos que decían: “¡La mano por favor!”. Sobre el papel de 18 folios había escritos 400.000 millones de pesetas que serían transferidos en los próximos cuatro años a Cataluña. La prensa no tardó en bautizar aquel encuentro como el Pacto del Majestic.

Turno de los nacionalistas vascos

Y si la foto Aznar-Pujol abrió portadas, la frase pronunciada por el presidente del PNV, Xavier Arzalluz, el día que pisó por primera vez la sede madrileña en el marco de las negociaciones para formar gobierno, abrió titulares: “He conseguido más en 14 días con Aznar que en 13 años con Felipe González”. Su presencia en la calle Génova aquel martes 30 de abril despertó un gran interés entre los periodistas allí presentes. Arzalluz hizo gran parte de su intervención en euskera y uno de ellos le preguntó si sabía dónde estaba. Iñaki Anasagasti, ex portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados, explicó en una entrevista en La Vanguardia que la respuesta de su compañero fue: ‘Esto de aquí detrás son las gaviotas del PP, y este edificio, la sede del PP en la calle Génova. ¿No es así? ¿Usted cree que no sé con quién estoy pactando?’.

El acuerdo se cerró a cambio de mayores competencias para el País Vasco, medidas específicas como el surgimiento de la operadora vasca de telefonía Euskaltel, así como la devolución del patrimonio histórico incautado durante la Guerra Civil. El propio Aznar llegó a plantear el traslado del Guernica de Picasso a Bilbao, lugar donde nació su padre. Aunque en el imaginario colectivo quedó el recuerdo que los votos del PNV fueron claves para la investidura de Aznar, lo cierto fue que a estas alturas de las negociaciones el pacto cerrado con CiU y Coalición Canaria le garantizaba a los conservadores los apoyos suficientes para obtener la mayoría absoluta de la Cámara. Pero el intermediario del PP encargado de entablar los encuentros con los jeltzales, Jaime Mayor Oreja, sabía que detrás había más cuestiones de fondo. Contar con el apoyo de los peneuvistas sería clave ante un escenario de negociación con ETA, además les permitió condicionar el acuerdo con CiU sobre todo al principio de las conversaciones, una vez se habían celebrado las elecciones. Para los convergentes tenía valor que sus homólogos en el País Vasco estuvieran también en el pacto.

La votación final

El 4 de mayo, día de la votación de la investidura, Aznar con unos papeles bajo el hombro subía las escaleras de la tribuna para pronunciar su primer discurso. El candidato prometía un gobierno dialogante, austero, transparente y reformista. “Avanzando juntos, reconociendo nuestro pluralismo y diversidad, respetándolo, logrando acuerdos inteligentes, actuando con lealtad a la Constitución España podrá afrontar los problemas que tiene planteados (…) señores y señoras diputados para tales propósitos solicito la confianza de la Cámara”, articuló entre aplausos. El ambiente era relajado. Felipe González prometió su apoyo en cuestiones de Estado, pero su insistencia en conocer el coste de los pactos entre conservadores y nacionalistas provocó un breve rifirrafe. Con 181 votos a favor, 166 en contra y una abstención, José María Aznar consiguió que su apretada victoria electoral se convirtiera en una mayoría absoluta en el hemiciclo.

Fuente: https://www.infolibre.es/noticias/veranolibre/2021/08/30/25_anos_primera_victoria_aznar_investidura_que_fraguo_suites_hotel_entre_madrid_barcelona_123906_1621.html

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(A MI PADRE) Mi Viejo - Piero. Cover by Camilla Lour

lunes, 30 de agosto de 2021

2021.02.11 島根県立出雲商業高等学校吹奏楽部「Sing,Sing,Sing」「A Whole New World」「It Don't ...

Evolución de la sanidad pública en España. [La privatización, querido, es un robo de un “privado” (o sea, de un ladrón dicho con otro nombre) al patrimonio acumulado por el trabajo de generaciones enteras de trabajadores, lo que pasa es que a ese robo le meten de por medio paletada y media de Boletín Oficial del Estado y ya no es un robo, es una privatización y queda la cosa la mar de arregladita. Ahora bien, que usted me dice: “muchacho que te estás pasando con eso del robo, que eres tú mu radical con eso del robo”. Pues nada, chitón, punto en boca, que por eso no vamos a discutir, que ahora mismo a lo del robo de la privatización yo le voy a llamar tiroliro, liroliro, tirolirolirolá y todos contentos. Pero eso sí, que es un robo al patrimonio público de todos los trabajadores no lo podría discutir ni Dios.]

 

La estrategia privatizadora

Evolución de la sanidad pública en España

 


Por Marciano Sánchez BayleSergio Fernández Ruiz 

Fuentes: 


Nueva Tribuna

Rebelión

30/08/2021 


La evolución en los últimos 10 años no ha sido positiva y la privatización y el deterioro de la sanidad pública continúan avanzando, empeorado incluso con la pandemia.

En su momento (2013), en el libro La contrarreforma sanitaria, ya señalamos que la privatización sanitaria y la consecuente destrucción del sistema sanitario público en España se conformaba en 3 líneas de actuación que avanzaban en paralelo, por supuesto de manera confluente y coordinada, la fragmentación de la Sanidad Pública y la creación de pseudomercados y mercados sanitarios, la potenciación del sector privado para dotarle de capacidad, en cantidad y calidad, para poder sustituir al sistema público, y por fin la fragmentación del aseguramiento, bien directamente, bien potenciando el papel del aseguramiento privado.

Ocho años después está claro que las cosas han avanzado en los tres aspectos reseñados, obviamente con diferente intensidad en cada caso y con una penetración distinta de cada aspecto según las distintas Comunidades autónomas (CCAA). Pasamos revista a continuación a cómo se ha producido esta evolución, en realidad involución, de la Sanidad Pública en nuestro país.

1-Fragmentación y mercado sanitario.

Inicialmente es la primera medida que se adopta y que, en esencia, se ponen en marcha mediante la separación arbitraria entre financiación y provisión. Supuestamente para incluir la ventaja de la negociación entre ambas partes dentro del sistema sanitario público, fomentando lo que se denomina un pseudomercado o mercado interno, como si fuera posible negociar entre partes del propio sistema en el que existe una dependencia jerárquica entre las mismas (Hablando en plata ¿Cómo es posible establecer condiciones para negociar por una parte que ha sido nombrada y puede ser destituida por la otra?) y que, en realidad, tiene como objetivo la ampliación de este mercado a un mercado mixto (público- privado) en el que centros privados y públicos compiten entre si (otra ficción, los centros privados pueden, de hecho lo hacen, especializarse en prestaciones rentables y los públicos tienen que asumirlo todo). Ya señalaba Allyson Pollock (NHS Pic 2004) que este paso era la clave para la privatización del sistema sanitario público del Reino Unido.

De manera complementaria había que fragmentar el sistema sanitario mediante la creación de entidades con personalidad jurídica propia (fundaciones, empresas, etc.) que permitieran que los pseudomercados tuvieran un espacio de actuación. En la misma línea se colocan las llamadas unidades de gestión clínica que favorecían la competencia entre ellas frente a la necesaria cooperación y que, en ambos casos, propiciaban la privatización de un sistema parcelado en multitud de entes y organismos de menor tamaño, en los que se había separado las áreas más rentables económicamente y, por lo tanto, las más apetecibles para el sector privado. Esta estrategia comenzó con la creación de las fundaciones sanitarias y las empresas públicas en los años 90 en varias CCAA.

En prácticamente todas las CCAA se avanzó en esta línea de una manera bastante irregular y/o desigual. Por otro lado, en Cataluña, ya desde la aprobación de la LOSC (Ley de Ordenación Sanitaria de Cataluña) en 1990, se había creado la XUHP (red de hospitales de utilización pública) que permitía la contratación de centros privados con dinero público, evidentemente porque en esta comunidad autónoma, ya desde la época del franquismo, había un predominio del sector privado en la atención especializada. Además, posteriormente se crearon las EBAS (entidades de base asociativa sanitaria), especies de sociedades limitadas para gestionar centros de salud que trasladaban este mercado sanitario a la Atención Primaria (AP).

2 –Fomento del sector privado con fondos públicos

El siguiente paso, que como ya se ha señalado se produce frecuentemente en paralelo, es el fomento del sector privado con fondos públicos, porque se es consciente de que el sector privado en nuestro país, con la excepción de Cataluña, es minoritario y de baja calidad por lo que precisa de una inversión importante para ser competitivo. Qué mejor manera de hacerlo desde la óptica privatizadora que hacerlo derivando al mismo una cantidad creciente de fondos públicos. Es el fenómeno de las denominadas como externalizaciones, es decir, contratación de servicios y/o prestaciones con el sector privado, y de la denominada colaboración público-privada, que más bien debería de llamarse utilización de fondos públicos para fomentar el sector privado. Así crecieron como hongos las llamadas “nuevas formulas de gestión” (concesiones administrativas, el conocido como modelo Alzira) y los hospitales PFI (iniciativa de financiación privada por sus siglas en inglés) copiados de los desarrollados en el Reino Unido y extendidos posteriormente a muchos países del mundo. En ambos casos el sector privado recibía dinero público para fomentar empresas privadas que aumentaban la fragmentación del sistema público e incrementaban notoriamente los costes de los servicios sanitarios (ver nuestro libro “Privatización sanitaria. Análisis y alternativas”, 2019).

El resultado no solo ha sido encarecer y empeorar la asistencia sanitaria, sino, además, el deterioro de los centros de gestión pública preteridos presupuestariamente, especialmente en un entorno de restricciones económicas como la crisis de 2008-2009, donde los presupuestos del sistema sanitario público decrecieron de manera muy importante (en torno a un 14% menos de promedio) mientras que los centros privados financiados con fondos públicos no vieron disminuir sus aportaciones.

Otro momento crítico ha sido la pandemia de la COVID-19, que está siendo utilizada para favorecer la desviación de dinero público hacia contratos privados sin control, en temas como la hospitalización de los enfermos menos graves (obviamente los más rentables), el rastreo, la vacunación, etc., en lo que la Comunidad de Madrid ha tenido un evidente liderazgo.

De nuevo, ha existido una gran variabilidad entre las distintas CCAA, porque, aunque el proceso privatizador es generalizado en todas ellas, ha tenido especial impacto en algunas como Madrid, Andalucía o Galicia, y se han producido recuperaciones de centros privatizados en Valencia (Alzira y en marcha en Torrevieja).

3- Ruptura del aseguramiento

El tercer paso, volvemos a repetirlo no necesariamente en este orden porque se ha avanzado en paralelo en cada uno de ellos, es la ruptura del aseguramiento que es el modelo teórico hacia el que se pretende avanzar, porque conviene no ignorar que, como ya señalamos en su día, el PP, y en general la derecha de este país, tiene un modelo de aseguramiento fraccionado en el que las personas con más recursos tendrán un sistema de provisión mediante seguros privados, de mayor o menor calidad dependiendo del coste de sus pólizas (como en EE.UU.). Una seguridad social deteriorada que cubra a las personas asalariadas, probablemente con una provisión mayoritariamente privada, y un sistema de beneficencia para el resto de la población. Evidentemente, se trata de un modelo muy regresivo y difícil de implantar en el corto plazo, pero para lo que hay que dar pasos progresivos y continuos de manera que acabe imponiéndose con escasos costes sociales y electorales (un buen ejemplo es el de la rana sumergida en agua que se va calentando lentamente).

Respecto a esta línea de actuación cabría considerar:

1.       Las desgravaciones de los seguros privados sanitarios que pueden realizarse las empresas para sus empleados, los autónomos y los empleados que tienen un seguro de salud colectivo contratado por su compañía. La cuantía de la desgravación por este concepto está calculada en 1.000 millones € en 2019, dinero que no entra en las arcas públicas y que, por lo tanto, dificulta los incrementos presupuestarios de los servicios públicos, entre ellos la Sanidad y que, por otro lado, supone la subvención de toda la población a los seguros sanitarios de una parte de esta, la que tiene mejor situación económica.

2.      El RDL16/2012 que ligaba el aseguramiento a la afiliación a la Seguridad Social y producía exclusiones de la cobertura (la de quienes cobraban más de 100.000 € anuales, los que pasaban más de 100 días en el extranjero y los inmigrantes no regularizados). Obsérvese como este RDL suponía un descremado de la cobertura de la Sanidad Pública, excluyendo a las personas con más recursos, paso fundamental para alejarlos de la Sanidad Pública a la vez que en todos los casos se fomentaba el aseguramiento privado. Aunque este RDL fue corregido por el RDL 8/2018, en el que se suprimían las exclusiones, manteniendo aún algunos problemas para las personas no regularizadas, es obvio que el RDL 16/2012 establecía el horizonte estratégico del PP respecto al sistema sanitario.

3.      Los copagos son parte de un mecanismo de inequidad y exclusión de los segmentos más pobres de la población en cuanto a las prestaciones que precisan, una manera de favorecer el aseguramiento sanitario porque, comparativamente, disminuyen las ventajas del aseguramiento público a la vez que producen exclusión de las personas con menos rentas y fomentan la inequidad. El RDL 16/2012 también desarrolla ampliamente esta línea, en el campo farmacéutico y en las prestaciones como el transporte sanitario no urgente y prótesis y órtesis. También ha sido, en parte, posteriormente corregido.

4.      Las Mutualidades de funcionarios que suponen una clara ruptura del aseguramiento público al pagar con fondos públicos unas condiciones distintas para un colectivo concreto: el de una parte del funcionariado y empleados públicos, y hacerse fomentando la utilización de seguros privados. Conviene recordar que, en 2019, supusieron el 2,97% del gasto sanitario público y que durante los años de los recortes las Mutualidades no sufrieron merma de sus presupuestos asignados, con lo que de nuevo se priorizaron los intereses económicos de los seguros privados.

5.      Finalmente, está el efecto de los recortes y el deterioro del sistema público potenciando el aseguramiento privado, especialmente en lo que respecta el crecimiento exponencial e intolerable de las listas de espera (quirúrgica, de consultas externas y pruebas diagnósticas) que se ha agudizado con la pandemia. Obviamente, el número de personas con un seguro privado ha aumentado de una manera muy importante, pasando de 8,7 millones de 2011 (18,5% de la población) a 11 millones de 2020 (23%), siendo, según los datos de la patronal, el único seguro que ha aumentado durante la pandemia (más del 4,8%)

Todos estos hechos favorecen el aseguramiento privado y la sustitución del sistema público por uno privado,  estableciendo unas condiciones cada vez más complicadas para la sostenibilidad de la Sanidad Pública y favoreciendo un uso creciente del sector privado en detrimento de la Sanidad Pública, a la vez que generan un entorno ideológico de la necesidad y/o conveniencia del aseguramiento privado, inicialmente como complementario pero, obviamente, a medio plazo como sustitutorio del sistema público, algo muy parecido a lo que se pretende con las pensiones, el desarrollo y la potencia de los sistemas complementarios son la condición previa al deterioro y abandono del sistema público.

¿Cómo avanzar?

Como hemos visto, la evolución en los últimos 10 años no ha sido positiva y la privatización y el deterioro de la Sanidad Pública continúan avanzando, situación que ha empeorado con la pandemia.

¿Qué tenemos y/o podemos hacer? Algunas ideas básicas serían:

Parar la privatización. Aunque no lo veamos claramente, paralizar cada avance en el proceso privatizador, pese a que nos parezca poco relevante, es importante porque por un lado contiene, en parte, el proceso, que es acumulativo y se basa en gran medida en una estrategia silenciosa de acumulación de cambios cuantitativos y, por otro lado, hace más fácil revertir el proceso, por eso es importante denunciar y enfrentarse a todas las iniciativas privatizadoras, por poco relevantes que nos parezcan.

Desprivatizar, o dicho de otra manera: recuperar lo privatizado. Por supuesto es un proceso más complejo pero la experiencia de Valencia señala que es posible si existe una voluntad política decidida. Hay muchas vías que hemos señalado en otra parte y ahí remitimos a los lectores interesados (Privatización sanitaria. Análisis y alternativas, 2019). En todo caso, sería deseable derogar/cambiar la legislación que favorece la privatización, como la Ley 15/97 y algunas leyes autonómicas, blindando la provisión sanitaria pública.

Recuperar la planificación, enfocada en la consecución de objetivos de salud establecidos por Planes de Salud como eje central de la Sanidad Pública (en este contexto habría que elaborar, por fin, el Plan Integrado de Salud, pendiente desde 1986). A la vez acabar con mercados y pseudomercados sanitarios que imponen la lógica de la rentabilidad económica a corto plazo por delante de las necesidades de salud de la población y de los objetivos a medio y largo plazo (el desastre del cambio climático es un buen ejemplo de adónde nos lleva la lógica mercantilista y de beneficios empresariales a costa de desatender la sostenibilidad del Planeta).

En ese mismo contexto, centrarnos en la integración/coordinación entre niveles y dispositivos sanitarios en ámbitos territorializados, la recuperación del papel de las áreas de salud es clave para responder a las necesidades de salud. Es hora de eliminar la competencia para potenciar la colaboración.

Desarrollar y centrarnos en la Atención Primaria (AP) para que pueda asumir el papel de eje central del sistema sanitario que nunca ha tenido, a pesar de las declaraciones grandilocuentes de las distintas administraciones sanitarias. Por supuesto, para ello, se necesita dotarla de recursos humanos y profesionales para asumir las tareas no solo asistenciales que le son propias, si no además más prevención, más promoción y más AP comunitaria.

Promover la Salud Pública como una parte esencial del sistema sanitario que debe estar en permanente diálogo y coordinación con el conjunto de este (Atención Primaria, Atención Hospitalaria, sociosanitaria, etc.). Primero porque hay que atender a los determinantes de salud que condicionan la salud de las personas y los países, y luego porque son previsibles nuevas pandemias que precisan mejorar y ampliar nuestra capacidad de respuesta.

Obviamente, defender una Sanidad Pública universal y de calidad choca con la deriva mercantilista e individualista de nuestras sociedades por lo que estará siempre en continúo peligro ante las iniciativas del neoliberalismo. En todo caso, los cambios necesarios para mantener y reforzar la Sanidad Pública no van a realizarse solos sino que precisan de un conjunto de condiciones a las que ya hemos hecho referencia con anterioridad (Sanidad Pública, entre el éxito y el desastre, 2015) y que, esencialmente, son: un apoyo social generalizado o muy mayoritario al sistema sanitario público, grupos profesionales significativos que apoyan un sistema público de salud y gobiernos progresistas y/o de izquierdas que estén dispuestos a trabajar por ello. De manera generalizada, en el conjunto del país, se dan las 2 primeras condiciones, con diferencias entre las distintas CCAA, y la última se da a nivel del estado y solo en algunas de las CCAA, por lo que los avances son de esperar se produzcan de forma irregular en cada territorio. Es obvio que donde los gobiernos son de carácter inequívocamente privatizador, como en Madrid, Andalucía, Galicia, etc., la tarea fundamental es oponerse a la privatización para conseguir que no avance o lo haga lo menos posible. Donde no es así y a nivel del gobierno central hay que presionar para la recuperación y el reforzamiento de la Sanidad Pública, porque conviene tener en cuenta que todos los gobiernos, aunque se autoproclamen de izquierdas, tienen tendencia al inmovilismo y a ceder ante las presiones empresariales.

En todo caso pensamos que no hay que ser pesimistas (a pesar de lo que dijo Gramsci, la razón no tiene que ser necesariamente pesimista, sino solo realista, debe evaluar los pros y contras de cada caso concreto y hacer un diagnóstico acertado) porque es una posición personal y política desmovilizadora que llama a la inacción y solo produce melancolía, favoreciendo el avance de los privatizadores. Por otro lado, es obvio que las cosas pueden cambiar de manera sustancial, dependiendo de lo que hagamos entre todos y todas, y que no solo puede evitarse que siga empeorando la situación sino conseguir revertirla. En ello estamos, el futuro será nuestro.

Marciano Sánchez Bayle y Sergio Fernández Ruiz, Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública

Fuente: https://www.nuevatribuna.es/articulo/actualidad/estrategia-privatizadora-evolucion-sanidad-publica-espana/20210823133833190501.html

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El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia

 

El 27 de agosto de 1985 fallecía en Barcelona nuestro querido maestro y amigo Manuel Sacristán. En noviembre de 1978 pronunció una importante conferencia sobre el trabajo científico de Marx y su noción de ciencia, que recordamos hoy.


El trabajo científico de Marx y su noción de ciencia

Manuel Sacristán

El Viejo Topo

27 agosto, 2021 

 


Peut-on éviter de se laisser prendre à ces jeux stériles en parlant de Marx et de ses enseignements? Autrement dit, peut-on parler raisonnablement, en respectant les règles élémentaires de la logique et la vérité palpable des faits? Bref, une marxologie scientifique est-elle encore possible quand on se trouve en face des exhibicions fantaisistes de toute une corporation –universitaires y compris– d’intellectuels?

Maximilien Rubel (1978)

En el mejor sentido de la palabra resulta oportuno ocuparse de Marx, ahora [1978] que ya este autor va siendo abandonado por la solicitud fantasiosa de que fue objeto durante los dos últimos decenios. En ese último período de moda marxista, centrado en torno a 1968, dominaron el horizonte unos espejismos particularmente engañosos a propósito del asunto que hoy consideramos, el trabajo científico de Marx. Eso contribuye a explicar el que, desde hace aproximadamente dos años, la discusión sobre la calidad científica del trabajo de Marx, o su falta de calidad científica, se sitúe bastante en el centro del cuadro de la crisis que están atravesando los movimientos políticos explícitamente marxistas y varias corrientes de pensamiento de esa misma tradición. Se puede observar que los autores que más críticamente se están haciendo oír sobre la cuestión son filósofos que hasta hace muy poco tiempo entendían la obra de Marx del modo más cientificista, como un pensamiento en ruptura, corte o coupure (por usar un término muy usado desde los años sesenta) con sus orígenes metafísicos. La duda acerca de la calidad científica del trabajo de Marx da menos que hacer a otras comprensiones de nuestro autor que no son cientificistas; por ejemplo, no se nota ninguna perturbación importante por cosas así en corrientes que entienden a Marx más bien como un filósofo social, o como un filósofo de la cultura, al modo de la escuela de Frankfurt; ni tampoco entre los que leen a Marx principalmente como a un filósofo de la revolución, lo que alguna vez se llamó “marxismo occidental”, con la escuela de Lukács y otras tradiciones; todos estos, o casi todos estos, coinciden hoy en la necesidad de revisiones más o menos importantes de modos de pensamiento presentes en la obra de Marx, o de tesis de este. Pero en ninguna de estas corrientes aludidas se percibe la situación de crisis teórica y práctica como un derrumbamiento. Los economistas, por su parte, se consideren marxistas o no, suelen desde antiguo ver en Marx, simplemente, un clásico, tan inspirador como cualquier otro de una tradición que unos economistas modernos cultivan, otros rechazan, ninguno debe sacralizar y todos pueden considerar interesante.

En cambio, los autores a los que me he referido, intelectuales en crisis (ejemplos de ellos sean Althusser y Sollers en Francia, Colletti en Italia), son filósofos que reaccionan con formulaciones dramáticas a su descubrimiento reciente de que la obra de Marx no es, contra lo que ellos habían enseñado hasta hace muy poco tiempo, ciencia exacta, scientia in statu perfectionis, como decían los viejos filósofos, ni menos “la única ciencia social” como había proclamado Philippe Sollers del “marxismo-leninismo”. Las interpretaciones que hacían de Marx Althusser y Colletti coincidían en basarse en la idea de un corte completo entre el Marx maduro y su formación filosófica anterior, que fue principalmente hegeliana. El caso de Sollers es pintoresco; en su época de infatuación marxista-leninista-pensamiento Mao Tse-tung había sido fértil en graciosas frases como la mencionada de que el marxismo-leninismo es la única ciencia social moderna, o como el memorable descubrimiento de que la esencia de la revolución cultural china es la destrucción de la cuestión del sentido: mil millones largos de chinitos convertidos, al modo misionero, en ilustración de una mediocre semiótica especulativa… Althusser y Colletti estuvieron, desde luego, siempre lejos de esas cosas. Ellos dan involuntariamente un ejemplo mucho más interesante de los escollos que amenazan a la navegación marxista. Ambos son autores que no solo cumplen los habituales criterios de calidad académica, sino que los rebasan ampliamente, hasta dar más la imagen del maestro que la del profesor. Sin embargo, desde la altura de la crisis, que ellos mismos expresan, de las anteriores lecturas de Marx por estos autores, estas se ven hoy como una especie de hagiografía, como una vida de santo intelectual. Sus anteriores interpretaciones confundían de hecho lo que es historia de las ideas, estudio filológico (por decirlo subrayadamente), con lo que es cultivar libremente la tradición de un clásico. Una cosa es estudiar y explicar el pensamiento de Marx; otra hacer marxismo hoy. Muchas cosas que enseñaban Althusser o Colletti hace cinco años (tal vez todas) se estudian más provechosamente como pensamiento (de tradición) marxista de uno u otro de esos autores que como pensamiento de Marx. Por lo demás, esta confusión entre el tratamiento filológico de un clásico y la continuación productiva de su legado es frecuente en las tradiciones en cabeza de las cuales hay un clásico que lo es no solo en el sentido de paradigma de pensamiento teórico –en particular, científico–, sino también en el de inspirador moral, práctico o poético.

Pero no es mi intención hacer polémica, sino solo lo que he llamado filología, es decir, hablar del pensamiento de Marx, no presentar continuación –buena o mala, productiva o estéril– de su pensamiento. Y no por deseo de escurrir el bulto, ni porque crea que un clásico haya de ser siempre objeto de lectura filológica, sino porque me parece que entre las varias cosas buenas que se pueden sacar de una situación de crisis, de cambio de perspectiva, está la posibilidad de restaurar el estudio de las ideas sobre una buena base histórica. Este es un momento favorable para que los marxistas emprendan el intento, porque el estéril ideologismo del que ellos mismos parecen irse librando se enseñorea hoy más bien de la nueva moda anticomunista –también ella article de Paris, como el anterior marxismo tartarinesco–, a la que no me voy a referir porque no tiene nada que decir acerca de las modestas y nada espectaculares cuestiones de filosofía de la ciencia que me propongo tratar aquí.

De todos modos, aun sin voluntad polémica era obligado referirse, para empezar, al marco de disputas, críticas, contracríticas y autocríticas en que se sitúa hoy cualquier cuestión de marxismo; había que hacerlo, primero, por no ignorar soberbiamente la situación, y, segundo, porque en lo que interesa a la filosofía de la ciencia los autores mencionados, por curiosa que a veces resulte la inesperada furia con que rasgan sus vestiduras, antes tan rígidas, son filósofos considerables, no “literatos que saben las cosas a medias”, halbwissenden literati, como decía Marx; son filósofos considerables que expresan de un modo algo impropio una problemática nueva para ellos, pero nada imaginaria. Atendamos, por ejemplo, a Colletti: él ve su nueva dificultad para la lectura de Marx en la necesidad de reconocer, contra lo que había afirmado siempre, que en la obra de Marx hay dos conceptos de ciencia: el concepto normal de ciencia (digámoslo así, sin meternos en honduras, utilizando el término hecho célebre por un conocido historiador y filósofo de la ciencia, Thomas S. Kuhn), el concepto de ciencia que cobija normalmente a los científicos; y el concepto hegeliano de ciencia o Wissenschaft, una noción de origen platónico que engloba el conocimiento de las esencias, la metafísica.

No hay ninguna duda de que esa formulación por el propio Colletti de la crisis de su anterior convicción que veía en Marx un científico puro y normal es acertada. Colletti lleva mucha razón; tanta, que uno puede preguntarse cómo no se dio cuenta antes de algo tan evidente, de que ni el pensamiento de Marx ni ningún marxismo positivamente relacionable con Marx son ciencia pura, ni solo ciencia. El mismo léxico de Marx bastaba para darse cuenta de eso: Marx habla con desprecio de lo que él llama science, en malintencionado anglofrancés, y habla con orgullo de lo que llama deutsche Wissenschaft, saber alemán, literalmente “ciencia alemana”, igual que más tarde los nazis. Entre otras cosas, porque tiene en común con estos una tradición: la del idealismo alemán. Cuando se quejaba del patriotismo de Marx, Bakunin tenía bastante razón (tanta cuanta Marx cuando se quejaba del paneslavismo de Bakunin).

Autores mucho menos conocidos que nuestros filósofos sabían hace tiempo esta novedad debilitadora del marxismo cientificista y teoricista de estructuralistas y neokantianos. Paul Kägi, por ejemplo, un viejo funcionario sindical suizo que nunca fue profesor de ninguna universidad, se había expresado así en 1965:

Afirmaremos: Marx encontró en Hegel una estimación de la ciencia empírica, pero, al mismo tiempo, un concepto de ciencia que abarca desde la ciencia empírica hasta la doctrina de las ideas (…)

Ahora bien (por decir breve y claramente mi opinión): los conceptos de ciencia que presiden el trabajo intelectual de Marx, las inspiraciones de su tarea científica son no dos, sino tres: la noción de ciencia que he propuesto llamar normal, la science; la noción hegeliana, la Wissenschaft, que ahora percibe Colletti y que hace quince años trató Kägi; y una inspiración joven-hegeliana, recibida de los ambientes que en los años treinta del siglo pasado [XIX], a raíz de la muerte de Hegel, cultivaban críticamente su herencia, ambientes en los cuales vivió Marx; en ellos floreció la idea de ciencia como crítica. Science, Kritik y Wissenschaft son los nombres de las tres tradiciones que alimentan la filosofía de la ciencia implícita en el trabajo científico de Marx, así como este trabajo mismo.

Me propongo ahora documentar la presencia en la obra de Marx de las dos tradiciones filosóficas del concepto de ciencia hoy menos corrientes, dejando aparte la noción normal de ciencia, que doy por supuesta y que es la que, pese a todos los cambios de “paradigma”, sigue permitiéndonos atar de un mismo hilo (todo lo retorcido que se quiera) a Euclides, Ptolomeo, Copérnico, Galileo, Newton, Maxwell, Einstein y Crick, por ejemplo. Luego intentaré estimar el peso que esas nociones han tenido en la obra de Marx, y apuntar a lo que más importa: cómo se integran las tres nociones de ciencia en el programa filosófico-científico explícito de Marx o implícito en su práctica.

 

Fuente: Primeras páginas del libro de Manuel Sacristán El trabajo científico de Marx y su noción de cienciaeditado por Salvador López Arnal y David Vila, a partir de la conferencia del mismo nombre pronunciada por Sacristán el 11 de noviembre de 1978 en la Fundación Miró de Barcelona.

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