miércoles, 9 de junio de 2021

Para leer al atardecer.

 

Tal día como hoy de 1870 moría el gran escritor Charles Dickens. En su epitafio de Westminster puede leerse: "Fue un simpatizante del pobre, del miserable y del oprimido, y con su muerte el mundo ha perdido a unos de los mejores escritores ingleses".


Para leer al atardecer

 

©Charles Dickens por Nora MacPhail.

 Charles Dickens

El Viejo Topo

9 junio, 2021 

Uno, dos, tres, cuatro, cinco. Eran cinco.

Cinco correos sentados en un banco en el exterior del convento situado en la cumbre del Gran San Bernardo, en Suiza, contemplando las remotas cumbre teñidas por el sol poniente, como si se hubiera derramado sobre la cima de la montaña una gran cantidad de vino tinto que no hubiera tenido tiempo todavía de hundirse en la nieve.

Este símil no es mío. Lo expresó en aquella ocasión el más vigoroso de los correos, que era alemán. Ninguno de los otros le prestó más atención de lo que me habían prestado a mí, sentado en otro banco al otro lado de la puerta del convento, fumándome mi cigarro como ellos, y también como ellos contemplando la nieve enrojecida y el solitario cobertizo cercano en donde los cuerpos de los viajeros retrasados iban saliendo, y desaparecían lentamente sin que pudiera acusárseles de vicio en aquella fría región

Mientras contemplábamos la escena el vino de las cumbres montañosas fue absorbido; la montaña se volvió blanca; el cielo tomó un tono azul muy oscuro; se levantó el viento y el aire se volvió terriblemente frío. Los cinco correos se abotonaron lo abrigos. Como un correo es el hombre al que resulta más seguro imitar, me abotoné el mío.

La puesta de sol en la montaña había interrumpido la conversación de los cinco correos. Era una vista sublime con todas las probabilidades de interrumpir una conversación. Pero ahora que la puesta de sol había terminado, la reanudaron. Yo no había oído parte alguna de su discurso anterior, pues todavía no me había separado del caballero americano que en el salón para viajeros del convento, sentado con el rostro de cara al fuego, había tratado de transmitirme toda la serie de acontecimientos causantes de que el honorable Ananias Dodger hubiera acumulado la mayor cantidad de dólares que se había conseguido nunca en un país.

-¡Dios mío! -dijo el correo suizo hablando en francés, lo que a mí no me parece, tal como les suele suceder a algunos autores, una excusa suficiente para una palabra pícara, y sólo tengo que ponerla en esa lengua para que parezca inocente-. Si habla de fantasmas…

-Pero yo no hablo de fantasmas -contestó el alemán.

-¿De qué habla entonces? -preguntó el suizo. -Si lo supiera -contestó el otro-, probablemente sería mucho más sabio.

Pensé que era una buena respuesta y me produjo curiosidad. Por eso cambié de posición, trasladándome a la esquina de mi banco más cercana a ellos, y así, apoyando la espalda en el muro del convento, los escuché perfectamente sin que pareciera estar haciéndolo.

-¡Rayos y truenos! -exclamó el alemán calentándose-. Cuando un determinado hombre viene a verte inesperadamente, y sin que él lo sepa envía un mensajero invisible para que tengas la idea de él en la cabeza durante todo el día… Cómo le llama a eso, cuando uno camina por una calle atestada de gente, en Frankfurt, Milán, Londres o París, y piensa, que un desconocido que pasa al lado se asemeja al amigo Heinrich, y luego otro desconocido se parece a tu amigo Heinrich, y empiezas a tener así la extraña idea de que vas a encontrarte con tu amigo Heinrich… y eso es exactamente lo que sucede, aunque unos creían que su amigo estaba en Trieste… ¿cómo le llama a eso?

-Tampoco eso es nada infrecuente -murmuraron el suizo y los otros tres.

-¡Infrecuente! -exclamó el alemán-. Es algo tan común como las cerezas en la Selva Negra. Es algo tan común como los macarrones en Nápoles. ¡Y lo de Nápoles me recuerda algo! Cuando la vieja marquesa Senzanima lanza un grito con las cartas de la uija -y fui testigo, pues sucedió en una familia mía bávara y aquella noche estaba yo a cargo del servicio-, digo que cuando la vieja marquesa se levanta de la mesa de cartas blanca a pesar del carmín y grita: «¡mi hermana de España ha muerto! ¡He sentido en mi espalda su contacto frío!»… y cuando resulta que la hermana ha muerto en ese momento… ¿cómo le llama a eso?

-O cuando la sangre de San Genaro se licúa porque se lo pide el clero… como todo el mundo sabe que sucede con regularidad una vez por año, en mi ciudad natal -añadió el correo napolitano tras una pausa con una mirada cómica-. ¿Cómo llama a eso?

-¡Eso! -gritó el alemán-. Pues bien, creo que conozco un nombre para eso.

-¿Milagro? -preguntó el napolitano con el mismo rostro pícaro.

El alemán se limitó a fumar y lanzar una carcajada; y todos fumaron y rieron.

-¡Bah! -exclamó el alemán un rato después-. Yo hablo de cosas que suceden realmente. Cuando quiero ver a un brujo pago para ver a un profesional, y que mi dinero merezca la pena. Suceden cosas muy extrañas sin fantasmas. ¡Fantasmas! Giovanni Baptista, cuente la historia de la novia inglesa. Ahí no hay ningún fantasma, pero resulta igual de extraño. ¿Hay alguien que sepa decirme qué?

Como se produjo un silencio entre ellos, miré a mi alrededor. Aquél que pensé debía ser Baptista estaba encendiendo un cigarro nuevo. Enseguida empezó a hablar y pensé que debía ser genovés.

-¿La historia de la novia inglesa? -preguntó-. ¡Basta! Uno no debería tomarse tan a la ligera una historia así. Bueno, da lo mismo. Pero es cierta. Ténganlo bien en cuenta, caballeros, es cierta. No todo lo que brilla es oro, pero lo que voy a contarles es verdad.

Repitió esa misma frase varias veces.

-Hace diez años, llevé mis credenciales a un caballero inglés que estaba en el Long’s Hotel, en Bond Street, Londres, quien pensaba viajar durante uno o quizá dos años. El caballero aprobó mis credenciales, y yo lo aprobé a él. Quería hacer unas investigaciones y el testimonio que recibió fue favorable. Me contrató por seis meses y mi acogida fue generosa. Era un hombre joven, de buen aspecto, muy feliz. Estaba enamorado de una hermosa y joven dama inglesa, de fortuna suficiente, e iban a casarse. En resumen, lo que íbamos a emprender era viaje de bodas. Para el reposo de tres meses durante el clima caluroso (estábamos entonces a principio de verano) había alquilado un viejo palacio en la Riviera, a escasa distancia de la ciudad, Génova, en carretera que conducía a Niza. ¿Conocía yo el lugar? Cierto, le dije que lo conocía bien. Era un palacio viejo con grandes jardines. Era un poco desértico, algo oscuro y sombrío, pues los árboles lo rodeaban desde muy cerca, pero resultaba espacioso, antiguo, imponente y muy cercano al mar. Me dijo que así lo habían descrito exactamente, y le complacía que yo lo conociera. En cuanto a que estuviera algo deprovisto de muebles, así sucedía con todos los lugares de alquiler. Y en cuanto a que fuera un poco sombrío, lo había alquilado principalmente por los jardines, y él y su amada pasarían a su sombra el tiempo veraniego.

»-¿Todo bien entonces, Baptista? –preguntó.

»-Indudablemente; muy bien.

»Para nuestro viaje contábamos con un carruaje que acababan de construir para nosotros y que en todos los aspectos resultaba conveniente. El matrimonio ocupó su lugar. Ellos estaban felices. Yo me sentía feliz viendo que todo era brillante, viéndolo tan bien situado, dirigiéndome a mi propia ciudad enseñándole mi lengua mientras viajábamos a la doncella, la bella Carolina, cuyo corazón era alegre y risueño, y que era joven y sonrosada.

»El tiempo volaba. Pero observé -¡y les ruego que presten atención a esto (y en ese momento el correo bajó el volumen de su voz)-, a veces observé que mi señora se encontraba meditabunda, de una manera muy extraña, de una manera que daba miedo, de una manera desgraciada, y percibí en ella una vaga sensación de alarma. Creo que empecé a darme cuenta de ello cuando ascendía colina arriba al lado del carruaje y el amo iba por delante. En cualquier caso, recuerdo que quedó grabada en mi mente una noche, en el sur de Francia, cuando me pidió que llamara al amo; y cuando éste vino y caminó un largo trecho hablando con ella afectuosamente, poniendo una mano en la ventanilla abierta para sujetar la de ella. De vez en cuando se reía alegremente, como si se estuviera burlando de ella por algo. Al cabo de un rato, ella reía y entonces todo iba bien de nuevo.

»Aquello me resultó curioso y le pregunté a la hermosa Carolina. ¿Se encontraba mal el ama? No. ¿Desanimada? No. ¿Temerosa de los malos caminos o los bandidos? No. Pero lo que me resultó más misterioso fue que la bella Carolina no me mirara directamente al darme la respuesta, sino que contemplara la vista.

»Pero un día me contó el secreto.

»-Si deseas saberlo -dijo Carolina-, he descubierto, escuchando aquí y allá, que el ama está hechizada y obsesionada.

»-¿Y cómo?

»-Por un sueño.

»-¿Qué sueño?

»-El sueño de un rostro. Durante tres noches antes de la boda vio un rostro en sueños… siempre el mismo rostro, y sólo ése.

»-¿Un rostro terrible?

»-No. El rostro de un hombre oscuro de muy agradable aspecto, vestido de negro, con el cabello negro y mostacho gris… un hombre guapo, salvo por un aire reservado y secreto, jamás había visto el rostro, ni otro que se le pareciera. En el sueño no hacía sino mirarla fijamente, desde la oscuridad.

»-¿Volvió a tener ese sueño?

»-Nunca. Lo único que le preocupa es recordarlo.

»-¿Y por qué le preocupa?

»Carolina sacudió la cabeza.

»-Eso es lo que quiere saber el amo -contestó la bella-. Ella no lo sabe. Ella misma se pregunta la razón. Pero la oí decirle a él anoche mismo que si encontraba un cuadro de ese rostro en nuestra casa italiana (y tiene miedo de que así suceda) piensa que no sería capaz de soportarlo.

»Puedo jurar (siguió diciendo el correo genovés) que después de esto tuve miedo de llegar al viejo palazzo, no fuera a encontrarse allí aquel malaventurado cuadro. Sabía que había muchos cuadros, y conforme nos fuimos acercando al lugar deseé que toda la galería de pintura hubiera caído en el cráter del Vesubio. Para empeorar las cosas, cuando por fin llegamos a aquella parte de la Riviera hacía una noche lúgubre y tormentosa. Tronaba, y en mi ciudad y sus alrededores los truenos son muy fuertes, pues se repiten entre las altas colinas. Los lagartos salían y entraban por las hendiduras del muro roto de piedra del jardín, como si estuvieran asustados; las ranas burbujeaban y croaban a gran volumen; el viento del mar gemía y los árboles húmedos goteaban; y los relámpagos… ¡por el cuerpo de San Lorenzo, qué relámpagos!

»Todos sabemos cómo es un palacio antiguo en Génova o sus cercanías… cómo lo han manchado el tiempo y el aire del mar… cómo las pinturas de las paredes exteriores se han ido cayendo dejando al descubierto grandes trozos de escayola… que las ventanas inferiores están oscurecidas por barras de hierro oxidado… que el patio exterior está cubierto de hierba… que los edificios exteriores están en ruinas… que todo el conjunto parece dedicado al olvido. Nuestro palazzo era uno de los auténticos. Llevaba cerrado varios meses. ¿Meses…? ¡Años! Olía a tierra, como a tumba. De alguna manera se había introducido en la casa, sin ser capaz de salir de nuevo, el aroma de los naranjos de la amplia terraza trasera, y de los limones que maduraban en la pared, y de algunos matorrales que crecían por alrededor de una fuente rota. En todas las habitaciones había un olor a vejez, que había crecido con el confinamiento. Penetraba en todos los armarios y cajones. En las pequeñas salas de comunicación que había entre las habitaciones grandes, aquello resultaba sofocante. Si dabas la vuelta a un cuadro, por volver al tema de los cuadros, allí estaba ese olor, aferrándose a la pared detrás del marco, como una especie de murciélago.

»Las persianas enrejadas estaban cerradas en toda la casa. Sólo vivían allí, para atenderla, dos ancianas de aspecto horrible y cabellos grises; una de ellas con un huso, sentada en el umbral dándole vueltas y murmurando, y que antes habría dejado entrar al diablo que al aire. El amo, el ama, la bella Carolina y yo recorrimos el palazzo. Yo fui el primero en entrar, aunque habría preferido ser el último, abriendo las ventanas y persianas, y quitándome de encima las gotas de lluvia, las manchas de argamasa, y de vez en cuando un mosquito durmiente, o una monstruosa, gruesa y manchada araña genovesa.

»Cuando había encendido la luz en una habitación, entraban el amo, el ama y la bella Carolina. Mirábamos entonces todos los cuadros, y pasaba yo a la habitación siguiente. Secretamente el ama tenía un gran miedo a encontrarse con un cuadro que se asemejara a aquel rostro… todos lo teníamos; pero no estaba. La Madonna y el Niño, San Francisco, San Sebastián, Venus, Santa Catalina, ángeles, bandidos, frailes, iglesias en el ocaso, batallas, caballos blancos, bosques, apóstoles, dogos, todos mis antiguos conocidos tantas veces repetidos… así es. Pero no había un hombre guapo y oscuro vestido de negro, reservado y secreto, de cabellos negros y mostacho gris que mirara al ama desde la oscuridad; ése, no existía.

»Después de haber pasado por todas las habitaciones, contemplando todos los cuadros, salimos a los jardines. Estaban hermosamente cuidados, pues habían contratado un jardinero, y eran grandes y sombríos. En un lugar había un teatro rústico a cielo abierto; el escenario era una pendiente verde; los bastidores, con tres entradas por un lado, eran pantallas de hojas aromáticas. El ama movió sus ojos brillantes, incluso allí, como si esperara ver el rostro saliendo a escena; pero todo estaba bien.

»-Bien, Clara -dijo el amo en voz baja-. Ya ves que no hay nada. ¿Eres feliz?

»El ama se sentía muy animada. Enseguida se habituó a aquel feo palacio y empezó a cantar, a tocar el arpa, a copiar los viejos cuadros y a pasear con el amo bajo los árboles verdes y los emparrados el día entero. Ella era hermosa. Él se sentía feliz. Solía echarse a reír y me decía, montando a caballo por la mañana antes de que apretara el calor:

»-¡Baptista, todo va bien!

»-Así es, signore, gracias a Dios, todo va muy bien.

»No recibíamos visitas. Llevé a la bella al Duomo y a la Annunciata, al café, a la ópera, al pueblo de Festa, a los jardines públicos, al teatro diurno, a las marionetas. La hermosa estaba encantada con todo lo que veía. Y aprendió italiano milagrosamente. ¿Se había olvidado totalmente el ama de ese sueño?, le preguntaba a veces a Carolina. Casi, contestaba la bella… casi. Estaba olvidándolo.

»Un día, el amo recibió una carta y me llamó.

»-¡Baptista!

»-¡Signore!

»-Se me ha presentado un caballero que cenará hoy aquí. Dice llamarse signore Dellombra. Dispón que cene como un príncipe.

»Era un nombre extraño que yo desconocía Pero últimamente había muchos nobles y caballeros perseguidos por los austriacos por sospechas políticas y algunos habían cambiado de nombre. Quizá éste fuera uno de ellos. Dellombra era para mí un nombre tan bueno como cualquier otro.

»Cuando llegó a cenar el signore Dellombra (contó el correo genovés en voz baja, tal como había hecho en otra ocasión), lo llevé hasta la sala de recibir, el gran salón del viejo palazzo. El amo le recibió con cordialidad y le presentó a su esposa. Al levantarse ésta le cambió el rostro, lanzó un grito y cayó desmayada sobre el suelo de mármol.

»Entonces volví la cabeza hacia el signore Dellombra y vi que iba vestido de negro, que tenía un aire reservado y secreto, que era un hombre oscuro de muy buen aspecto, de cabellos negros y mostacho gris.

»El amo levantó a su esposa en brazos y la llevó al dormitorio, donde yo envié inmediatamente a la bella Carolina. Ésta me contó después que el ama estaba aterrada mortalmente, y que se pasó toda la noche pensando en el sueño.

»El amo se encontraba molesto y ansioso… más colérico, pero muy solícito. El signore Dellombra era un caballero cortés y habló con gran respeto y simpatía del hecho de que el ama se encontrara tan enferma. El viento africano llevaba soplando algunos días (así se lo habían dicho en su hotel de la Cruz de Malta), y él sabía que a menudo era dañino. Deseaba que la hermosa dama se recuperara pronto. Pidió permiso para retirarse y renovar su visita cuando pudiera tener la felicidad de saber que su esposa estaba mejor. El amo no se lo permitió y cenaron a solas.

»Se retiró pronto. Al día siguiente llegó a caballo hasta la puerta para preguntar por el ama. En aquella semana, lo hizo en dos o tres ocasiones.

»Lo que yo observé por mí mismo, unido a lo que la bella Carolina me contó, me bastó para comprender que el amo había decidido curar a su esposa de su caprichoso terror. Era todo amabilidad, pero se mantuvo sensato y firme. Razonó con ella que estimular esas fantasías era provocar la melancolía, cuando no la locura. Que tenía que ser ella misma. Que si lograba enfrentarse a su extraña debilidad y recibir felizmente al signore Dellombra tal como una dama inglesa recibiría a cualquier otro invitado, habría vencido su fantasía para siempre. Para abreviar, el Signore regresó, y el ama lo recibió sin que se le notara ninguna preocupación (aunque todavía con ciertas limitaciones y aprensiones), por lo que la noche pasó serenamente. El amo estaba tan complacido con este cambio, y tan deseoso de confirmarlo, que el signore Dellombra se convirtió en un invitado constante. Era muy entendido en cuadros, libros y música, y su compañía habría sido bien recibida en cualquier palazzo triste.

»Muchas veces observé que el ama no se había recuperado del todo. Delante del signore Dellombra bajaba la mirada e inclinaba la cabeza, o lo contemplaba con una mirada aterrada y fascinada, como si su presencia tuviera sobre ella una influencia o un poder malignos. Pasando de ella a él, solía verlo en los jardines sombreados, o en la gran sala iluminada a medias, podríamos decir que «mirándola fijamente desde la oscuridad». Pero lo cierto es que yo no había olvidado las palabras de la bella Carolina al describir el rostro del sueño.

»Tras su segunda visita, oí decir al amo:

»-¡Ya ves, mi querida Clara, ahora todo ha terminado! Dellombra ha venido y se ha ido, y tu aprensión se ha roto como si fuera de cristal.

»-¿Volverá… volverá de nuevo? -preguntó el ama.

»-¿De nuevo? ¡Claro, una y otra vez! ¿Tienes frío? -le preguntó al ver que ella se estremeció.

»-No, querido; pero ese hombre me aterra: ¿estás seguro de que tiene que volver otra vez?

»-¡El hecho mismo de que me lo preguntes hace que todavía esté más seguro, Clara! -contestó el amo alegremente.

»Pero ahora el amo estaba muy esperanzado en la recuperación completa de su esposa, y cada día que pasaba lo estaba más. Ella era hermosa y él se sentía feliz.

»-¿Va todo bien, Baptista? -me preguntaba de vez en cuando.

»-Así es, signore, gracias a Dios; todo va muy bien.

»Para el carnaval nos fuimos todos a Roma (dijo el correo genovés forzándose a hablar un poco más alto). Yo había pasado fuera el día entero con un siciliano amigo mío, también correo, que se encontraba allí con una familia inglesa. Al regresar por la noche al hotel encontré a la pequeña Carolina, que nunca salía de casa sola, corriendo aturdida por el Corso.

»-¡Carolina! ¿Qué sucede?

»-¡Ay, Baptista! ¡Ay, en el nombre del Señor! ¿Dónde está mi ama?

»-¿El ama, Carolina?

»-Se fue por la mañana… cuando el amo salió a su paseo diurno, me dijo que no la llamara, pues estaba fatigada por no haber descansado durante la noche (había tenido dolores) y se quedaría en la cama hasta la tarde, para levantarse así recuperada. ¡Pero se ha ido!… ¡Se ha ido! El amo ha regresado, ha echado la puerta abajo y ella ha desaparecido. ¡Mi bella, mi buena, mi inocente ama!

»Así lloraba, desvariaba y se debatía para que yo no pudiera sujetarla la hermosa Carolina, hasta que acabó desmayándose en mis brazos como si le hubieran disparado. Llegó el amo; en su actitud, su rostro y su voz no era ya el amo que conocía yo: se parecía a sí mismo tanto como yo a él. Me cogió, y después de dejar a Carolina en su cama del hotel al cuidado de una camarera, me condujo en un carruaje furiosamente a través de la oscuridad, cruzando la desolada Campagna. Cuando se hizo de día y nos detuvimos en una miserable casa de postas, hacía doce horas que todos los caballos habían sido alquilados y enviados en distintas direcciones. ¡Y fíjense bien en esto! Habían sido alquilados por el signore Dellombra, que había pasado por allí en un carruaje con una asustada dama inglesa acurrucada en una esquina.

Tras emitir un prolongado suspiro, el correo genovés dijo que nunca había oído que nadie la hubiera vuelto a ver más allá de ese punto. Lo único que sabía es que se desvaneció en un infame olvido llevando a su lado el temible rostro que había visto en su sueño.

-¿Y cómo llaman a eso? -preguntó con tono triunfal el correo alemán-. ¡Fantasmas! ¡Ahí no hay fantasmas! ¿Cómo llaman a esto que voy a contarles? ¡Fantasmas! ¡Aquí no hay fantasmas!

»En una ocasión (siguió diciendo el correo alemán) me contraté con un caballero inglés, anciano y soltero, para recorrer mi país, mi Patria. Era un hombre de negocios que comerciaba con mi país y conocía la lengua, pero que no había estado nunca allí desde su adolescencia… y por lo que yo consideré que debían haber transcurrido unos sesenta años.

»Se llamaba James y tenía un hermano gemelo llamado John, que era también soltero. Un gran afecto unía a esos hermanos. Tenían un negocio común en Goodman’s Fields, pero no vivían juntos. El señor James habitaba en Poland Street, esquina a Oxford Street, en Londres; y el señor John residía cerca de Epping Forest.

»El señor James y yo íbamos a partir para Alemania en una semana. El día exacto dependería de un negocio. El señor John llegó a Poland Street (cuando yo habitaba ya en la casa) para pasar esa semana con el señor James. Pero al segundo día le dijo a su hermano:

»James, no me siento muy bien. No es nada grave, pero creo que estoy un poco gotoso. Me iré a casa para que me cuide mi ama de llaves, que me entiende bien. Si mejoro, regresaré para verte antes de que te vayas. Si no me pongo bien como para proseguir la visita donde la dejé, tú puedes venir a verme antes de partir.

»El señor James dijo que por supuesto que así lo haría, y se estrecharon las manos, las dos manos, tal como hacían siempre, tras lo cual el señor John pidió que le trajeran su carruaje, ya anticuado, y se fue a casa.

»Dos noches después de eso, es decir, el día cuarto de la semana, me despertó de un profundo sueño el señor James, entrando en mi dormitorio con un camisón de franela y una vela encendida. Se sentó junto a mi cama y me dijo, mirándome:

»-Wilhelm, tengo razones para pensar que he cogido una extraña enfermedad.

»Me di cuenta entonces de que había en su rostro una expresión inusual.

»-Wilhelm -añadió-. Ni me asusta ni me avergüenza decirte lo que podría tener miedo o vergüenza de decirle a otro hombre. Vienes de un país sensible en el que se investigan las cosas misteriosas y no se rechazan hasta haber sido sopesadas y medidas, o hasta que se descubre que no pueden sopesarse ni medirse, o en cualquier caso hasta que se ha llegado a una solución aunque para ello se necesiten muchos años. Acabo de ver ahora al fantasma de m hermano.

»He de confesar (dijo el correo alemán) que al oír aquello sentí que la sangre me hormigueaba en el cuerpo.

»Acabo de ver ahora mismo al fantasma de mi hermano John -repitió el señor James mirándome fijamente, por lo que pude darme cuenta de que sabía lo que estaba diciendo-. Me encontraba sentado en la cama, sin poder dormir, cuando entró en m habitación vestido de blanco, me miró fijamente, pasó a un extremo de la habitación, contempló unos papeles que había en mi escritorio, se dio la vuelta y sin dejar de mirarme mientras pasó junto la cama, salió por la puerta. No estoy loco en absoluto, y en modo alguno estoy dispuesto a conferir a ese fantasma una existencia externa fuera de mí mismo Creo que es una advertencia de que estoy enfermo, y que sería conveniente que me sangraran.

»Salí inmediatamente de la cama (contó el correo alemán) y empecé a vestirme rogándole que no se alarmara, y diciéndole que yo mismo iría en busca del doctor. Estaba ya dispuesto a hacerlo cuando oí que en la puerta de la calle llamaban tocando el timbre y golpeando con fuerza. Mi habitación estaba en un ático de la parte trasera, y la del señor James se encontraba en el segundo piso, por el lado de la fachada, por lo que acudimos a su habitación y levantamos la ventana para ver qué sucedía.

»-¿Está el señor James? -dijo el hombre que se encontraba abajo, retrocediendo en la acera para poder vernos.

»-Así es -contestó el señor James-. ¿Y no eres tú Robert, el sirviente de mi hermano?

»-Así es, señor. Lamento decirle, señor, que el señor John está enfermo. Está muy mal, señor. Incluso se teme que pueda estar al borde de la muerte. Quiere verlo, señor. Tengo aquí un calesín. Le ruego que venga a verlo sin pérdida de tiempo.

»El señor James y yo nos miramos el uno al otro.

»-Wilhelm, esto es muy extraño -me dijo-. ¡Me gustaría que vinieras conmigo!

»Lo ayudé a vestirse, en parte en la habitación y en parte ya en el calesín; y corrimos tanto que las herraduras de hierro de los caballos marcaron la hierba entre Poland Street y el Forest.

»¡Y ahora, presten atención! (Añadió el correo alemán). Fui con el señor James hasta la habitación de su hermano, y allí vi y oí lo que voy a contarles.

»Su hermano estaba acostado en la cama, en el extremo superior de un dormitorio alargado. Allí se encontraban su anciana ama de llaves y otras personas. Creo que había tres más, si no cuatro, y llevaban con él desde primera hora de la tarde. Estaba vestido de blanco, como el fantasma, pero evidentemente aquello era necesario porque tenía puesto el camisón. Se parecía al fantasma, necesariamente, porque miró ansiosamente a su hermano cuando vio que entraba en la habitación.

»Pero cuando el hermano llegó al lado de la cama, se incorporó lentamente, y mirándolo con atención dijo estas palabras

»-¡James, ya me has visto esta noche… y ya lo sabes!

»Y después murió.

Cuando el correo alemán dejó de hablar, presté atención para conocer algo más de esta extraña historia. Pero nadie interrumpió el silencio. Miré a mi alrededor y los cinco correos habían desaparecido tan silenciosamente que era como si la montaña fantasmal los hubiera absorbido en sus nieves eternas. Para entonces no me encontraba en absoluto con un estado de ánimo suficiente para permanecer sentado a solas en aquel horrible escenario, mientras caía sobre mí solemnemente el aire helado; o si quieren que les diga la verdad, no tenía ánimos para estar sentado a solas en ninguna parte. Por eso volví a entrar en el salón del convento y encontré al caballero americano, que estaba todavía dispuesto a contarme la biografía del honorable Ananias Dodger, y yo a escucharla.

Fuente: Blog Ciudad Seva.

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Movilizarse ante las denuncias de fraude contra Castillo. [La derecha, o sea, los grupos de capitales que la mantienen y dirigen, son igual en toda tierra de garbanzos. Y en la tierra que no hay garbanzos también. Si gana las elecciones bien, bien, bien. Si las pierde, al pataleo y a revolver Roma con Santiago]

 

Movilizarse ante las denuncias de fraude contra Castillo

 

 César Zelada | 08/06/2021 | América Latina y Caribe

 


Fuentes: Rebelión

Según la Oficina Nacional de Procesos Electorales (Onpe), al 96% de actas contabilizadas, el profesor cajamarquino ocupa el primer lugar al obtener 50,280%, mientras que la representante de Fuerza Popular registra un 49,720%, de apoyo, manifestando la polarización política que vive Perú.

Los votos en blanco disminuyeron al 0,60% de los votos emitidos mientras que el viciado al 5,67% de los votos emitidos. El ausentismo fue de aproximadamente 5 millones. Es un lugar común que en este resultado la división del movimiento antifujimorista fue funcional a la candidata naranja.

Al dar su primer avance de resultados, Piero Corvetto (responsable de la Onpe y amigo del brazo derecho de Keiko, Piere Figari) antes de la primera vuelta hizo una visita inusual al local de Fuerza Popular lo que fue denunciado por la prensa independiente (Hildebrant en sus Trece, 28/5). Este jefe de la Onpe, sin embargo, declaró que estos todavía “son los resultados de los avances de los locales más cercanos a nuestros 104 centros de cómputo”. “Son urbanos. Falta procesar lugares rurales y el voto en el exterior”, (La República, 7/6).

Según versiones, el voto de los peruanos en el exterior (PEX) lo estaría ganando Keiko. Y el voto rural, bien que beneficia a Castillo, da también guarismos más importantes de lo que se esperaba para Keiko Fujimori. Los medios afirman que, de desarrollarse esta tendencia, la victoria de Keiko Fujimori estaría definida.

Declaraciones de Castillo y Keiko

Pedro Castillo, al conocer el conteo a boca de urna, declaró: “quiero… decirles que hay que mantener la calma, hay que ser prudentes. El pueblo es sabio, sabe lo que hace, es inteligente. Compañeros, hermanos, queridos compatriotas que están al interior del país, llamo a la más amplia cordura, lo que hemos escuchado no es nada oficial”.

Por su lado, Keiko Fujimori desde su local partidario, declaró que “esta campaña ya culminó y es fundamental tender puentes y diálogos”. “Los resultados [del boca de urna] se han recibido con alegría, pero es fundamental mantener la prudencia. […] Pido a los personeros que defiendan el voto hasta el final” (El Comercio, 7/6).

Fraude y macartismo contra Castillo

El proceso electoral se ha desarrollado con denuncias de fraude y provocaciones (la policía detuvo a personeros de Keiko y Castillo con cédulas marcadas en Tumbes y Lambayeque, respectivamente). Pero, además, redoblando una campaña macartista fenomenal contra el candidato de la centroizquierda acusándolo desde el principio de “terrorista”, “comunista”, “que quiere expropiarle sus casas a la gente”, “que no está preparado para gobernar”, “que no tiene equipo técnico”, “que quien va a gobernar es Vladimir Cerrón (sentenciado por corrupción)”, etc. Esto a pesar que Castillo es solo un invitado del partido Perú Libre (PL), pertenece a una congregación religiosa y reza con su familia antes de almorzar.

Toda esta ofensiva derechista (incluso con llamados del excandidato de ultraderecha Rafael López Aliaga a “matar a Castillo y Cerrón”) semiparalizó y puso a la defensiva a Castillo y su aparato político (sin visión estratégica e inconsistente en los debates electorales, donde se mantuvo a la defensiva tratando de desmentir cualquier política de cambios radicales). Cuestión que se expresó en el deslinde que hizo del “comunismo” y la firma de todos los pactos de “garantías” habidos y por haber con las Iglesias (Proclama Ciudadana, etc. junto a Keiko Fujimori), creando desmovilización y confusión en los electores indecisos que lo podían ver como “una opción de cambio”, pero confusa.

Un 90% de la población demanda un cambio del “modelo neoliberal”

De hecho, uno no puede comprender el voto obtenido por la izquierda “progresista” si no es porque canalizó el anhelo de cambio del “modelo neoliberal”. Según Hernán Chaparro, jefe del Instituto de Estudios Peruanos, el 90% de la población demanda un cambio del “modelo” (un tercio quiere un cambio radical y el 60% un cambio moderado). En otras palabras, Castillo fue una manifestación deformada de la irrupción de masas que tumbó al presidente golpista Manuel Merino en noviembre pasado y de la aspiración popular a un cambio del “modelo neoliberal”. La propia Keiko tuvo que cambiar su slogan de campaña por el de “un cambio hacia adelante”.

Es así como de los 20 puntos de ventaja que le llevaba Castillo a Keiko, esta última lograría convertirse en tendencia ascendente. En esta tendencia, Keiko tuvo una campaña más enfocada en el voto de conquista de bolsones electorales concretos. Para disputar la base electoral rural de Castillo, prometió invertir el 40% del Canon Minero en esas regiones o duplicar los programas sociales como Pensión 65, etc.

La élite vio a Castillo como un advenedizo que no le garantizaba un gobierno de “contención de masas”

A estos factores, habría que agregar que la élite capitalista y el monopolio de los medios de comunicación apoyaba a Keiko. Castillo hacía “buena letra” con las clases dominantes (por eso no cuestionaba su poder económico planteando que la banca privada pase al poder público o que los monopolios mineros fuesen estatizados). Pero esta “élite” vio en este a un candidato “advenedizo”, que no le garantizaba un gobierno de “contención de masas” ya que su estructura partidaria es débil. Todo lo contrario, a Lula Da Silva, en Brasil, que tiene al PT y toda una estructura poderosa detrás de él o a Alberto Fernández en la Argentina que cuenta con el respaldo del kirchnerismo y de las históricas burocracias sindicales.

Observadores internacionales denuncian

Carlos Ramírez, observador electoral y concejal de la ciudad de Chicago (Estados Unidos) por Socialistas Democráticos, condenó el trato que se le dio a la candidata a la primera vicepresidencia de Perú Libre, Dina Boluarte, en los debates. Dijo: “nos resulta llamativo la apropiación de consignas generales, de las instituciones democráticas de Perú por parte de una de las candidaturas, como si fuesen expresión de su fuerza política. Se observa una clara desigualdad en el tiempo y la forma con la que cada uno son tratados” (La República, 6/6). También hubo denuncias a militares por inducir el voto a favor de Keiko, así como el veto a observadores internacionales como Jeremy Corbyn y Rafael Correa, mientras que Cancillería permitió el ingreso del derechista venezolano Leopoldo López.

Por otro lado, Perú Libre está demandando a la Onpe y el Ministerio Público que “pedimos el escaneo de las actas para comprobar, una por una, el conteo de votos que realizarán y revisarán los personeros de ambos partidos políticos… solicitamos la presencia del fiscal de prevención del delito” (Expreso, 6/6).

La votación por regiones

No obstante, en la cuna de PL, Junín, Keiko obtuvo 41% de los votos contra 58% de la centroizquierda, una votación relativamente alta para una región donde PL es la primera fuerza política y que expresaría un desgaste político para Cerrón. En Cajamarca, la tierra de Castillo, donde se esperaba que este arrase, Keiko, obtiene el 28% contra el 71%. En Arequipa (la segunda ciudad más importante económicamente), Keiko obtuvo el 36% frente al 66% de Castillo. En la región más turística de la selva, Loreto, Keiko se impone con el 56% contra el 43%.

Así las cosas, el fujimorismo se impone en toda la costa norte ganando con holgura (entre 25% y 30%), incluido Lima (64% contra 35%). E incluso en Ica (donde se desarrolló la gran huelga obrera rural de diciembre del 2020), Keiko gana con el 53% contra el 43%; mientras que Castillo gana en las regiones del mundo andino (aunque en Tacna, que se caracteriza históricamente por ser contestataria y de izquierda, Keiko obtiene el 27% de los votos).

Perspectivas

De imponerse Keiko, esta no tendría “luna de miel” y podría detonar una rebelión popular. Y es probable que las protestas sociales la acorralen desde el primer día de su mandato. Además, debería formar un gabinete “amplio” (como juró frente al Premio Nobel, Mario Vargas Llosa), dado que la primera vuelta arrojó una gran atomización y ninguna fuerza cuenta con mayoría en el parlamento, lo cual no la eximiría de ir a una mayor confrontación con las masas (aprobaron en el Congreso una ley para que los privados puedan armar a los Comités de Autodefensa), lo que podría generar tendencias a una nueva rebelión popular. También podría convocar a una reforma constitucional con el fin de descarrillar las protestas, ya que se opuso a una constituyente durante su campaña electoral.

La imposición de un fraude, como señalamos líneas arriba, puede generar un desborde popular. Es necesario organizar la salida a la calle no solo en Lima, sino en todo el país, para presentar las denuncias de fraude existentes. Y hay llamados por parte de PL a manifestaciones como lavad de banderas, etc. Pero se necesita una convocatoria más decidida conformando una gran Coalición contra el Fraude electoral.

Durante toda la campaña de esta segunda vuelta electoral, PL se limitó a hacer una campaña tradicional de acuerdos sociales y mítines con “portátiles” (militancia afín) llenando las plazas (en el caso de Lima), en vez de convocar a las masas a movilizarse contra los ataques de la derecha y por las reivindicaciones de las masas trabajadoras. A pesar de que el gobierno siguió golpeando apelando al Tribunal Constitucional para observar leyes como la devolución de aportes de la ONP (Oficina de Normalización Previsional), Fonavi (Fondo Nacional de Vivienda), etc. a los trabajadores.

De ganar Pedro Castillo tendrá una gran presión popular para que haga las reformas que prometió en campaña, pero con una mayoría parlamentaria adversa, que podría plantear su vacancia presidencial, lo que produciría un escenario de movilización popular por una Asamblea Constituyente soberana, la única carta bajo la manga que tendría el líder magisterial de izquierda.

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martes, 8 de junio de 2021

Eladio García Castro y la historia perdida del PTE

 

Eladio García Castro y la historia perdida del PTE

” Pan, Trabajo y Libertad. Historia del Partido del Trabajo de España”, obra colectiva coordinada por José Luís Martín Ramos (coord.) (El Viejo topo, Barcelona, 2011)…La memoria histórica también tenía que llegar hasta este sector, ante todo sobre el PTE, el partido más importante de la izquierda del PCE-PSUC.




Por Pepe Gutiérrez-Álvarez 

Kaosenlared

Publicado el 8 Jun, 2021

En el debate suscitado por varios artículos con mi firma  sobre el maoísmo me he referido al único estudio publicado sobre esta corriente, al menos que yo sepa, sí bien son diversas páginas on line la que han tratado de evocar esta formación que en sus mejores momentos resultó ser la más influyente de lo que se llamó izquierda radical. Estamos hablando de” Pan, Trabajo y Libertad. Historia del Partido del Trabajo de España”, obra colectiva coordinada por José Luís Martín Ramos (coord.) (El Viejo topo, Barcelona, 2011)…La memoria histórica también tenía que llegar hasta este sector, ante todo sobre el PTE, el partido más importante de la izquierda del PCE-PSUC, sobre el que existían muy pocas aportaciones en papel escrito (la última, la de José Antonio Errejón en viento Sur 115), y unas pocas más en Internet. Dicha recuperación viene dada por el trabajo de la Asociación Pan y Libertad que ya había auspiciado otra obra La lucha por la ruptura democrática en la Transición que reúne documentos, fotografías, y una serie de artículos: Transición y transiciones permanentes, por Ramón Adell Argilés; Los movimientos sociales, por Manel Gracia Luño; El Partido del Trabajo de España, por Amador Rivera Pavón; La prensa del partido, por Antonio Bocanegra Martínez; La represión en la transición, por Alfredo Grimaldos Feito…El proyecto es todo lo extenso que merece una primera introducción.

La edición reseñada marca un salto cualitativo por su amplitud. Estamos hablando pues de una historia en construcción que comienza a ofrecer sus primeros frutos sacando este partido del foso del olvido, una tarea que comienza como no podía ser menos haciendo un listado de los militantes asesinados por las fuerzas del orden público, a los que habría que añadir una lista casi interminable de hombres y mujeres represaliados, encarcelados y torturados. Una primera secuencia que nos sitúan ante una historia trabajada muy duramente desde abajo, por una militancia que trataba de recuperar las mejores tradiciones militantes al tiempo que criticar aspectos insostenibles, primordialmente los heredados de una visión idealizada del estalinismo.

Los trabajos se apoyan en una amplia documentación y en las fuentes orales, es la obra coordinada por José Luís Martín Ramos, Pan, Trabajo y Libertad. Historia del Partido del Trabajo de España (El Viejo topo, Barcelona, 2011), y que incluye trabajos de otros autores como Marta Campoy, Manel Gracia y Ramón Franqueza, todos ellos estudiosos y antiguos militantes del partido.

Este primer trabajo ofrece una visión de conjunto sobre una experiencia que todavía resulta cercana, y que se desarrolla en un tiempo largo y agitado, y en una organización que conoce diversas etapas, y sobre la cual queda casi todo por hacer, desde tal o cual capítulo nacional, regional o local hasta los puramente personal, lo biográfico, un terreno en el que, hasta el momento, la cosecha es muy limitada. Todavía sabemos poco de “la gente” del PTE, y lo que hay no es muy conocido, por ejemplo, poca gente sabe que las militantes que aparecen en la valiosa película “Entre rojas” (1995), dirigida por Azucena Rodríguez y protagonizada por Penélope Cruz, pero sobre todo las que encarnan Cristiana Marcos y María Pujalte. Es una verdadera lástima que no se haya creado una institución que recoja los textos, testimonios o las aportaciones de los historiadores.

Reconocido como  el líder más reconocido del PTE,  García Castro, Eladio (Sevilla, 1944), el principal partido de la izquierda radical que a pesar de contar con una implantación bastante considerable no consiguió representación parlamentaria. La militancia de Eladio viene precedida por  la “desaparición” de si abuelo luchador del Sindicato de los Trabajadores del Puerto, a sus dos hijas las encerraron en prisión, el mismo conoció a su padre con 8 años, en una comunicación en el Penal del Dueso de Santoña; debía su nombre  a un hermano de su padre, fusilado por ser concejal del Frente Popular. El joven Eladio de vocación rebelde, estudió en la Escuela Técnica de la Universidad de Sevilla, en la que, dando clases particulares de matemáticas, se costeó su carrera de arquitecto. Militante del PCE en el seno del movimiento estudiantil, Eladio comenzó como otros jóvenes de entonces a cuestionarse la línea oficial expresada  en el libro Santiago Carrillo Y después de Franco ¿qué . Y de aquellos años de lucha, un rebelde cuya primera desobediencia sería contra las consignas del Partido contra una huelga por el asesinato de un trabajador en la comisaría de la Rinconada.

Indisciplina que terminaría con su expulsión y su trasvase al PCI, inicialmente castrista aunque en 1968 su CC  decidió girar hacia el marxismo leninismo pensamiento Mao, editando a finales de los años sesenta su propio “Libro Rojo” desde el que sentenciaban lo que era correcto y lo que no dentro de una línea que rememora al PCE del “tercer periodo”, unos criterios que García Castro hará suyo hablando del “triunfo del socialismo en la Unión soviética” con Stalin, del “triunfo del socialismo en un solo país” o presentando a Mao como “un revolucionario mundial, que ha hecho aportaciones importantes a la teoría del marxismo leninismo y que ha conducido en la práctica a la revolución china”, un recorrido que fue efectuado desde un entusiasmo similar al que albergó el prosovietismo en la época en que Stalin aparecía como el líder del antifascismo.

En aquel destino conoció la cárcel. Durante el estado de excepción de 1969, decretado por Franco tras una masiva movilización estudiantil, fue detenido  y pasó 14 días de malos tratos en comisaría; detenido nuevamente y acusado de instigador en grado de “dirigente”, Eladio huye a Barcelona, en 1972, tras nuevas detenciones de militantes, el PCI se divide, y una mayoría decide borrar un nombre que estiman como “trotskista”; en tanto que una minoría persiste desde el PCI Línea Proletaria para extraviarse en el curso que viene (con graves acusaciones de la turbia muerte de un militante), la mayoría toma el nombre de PTE, del que Eladio acaba siendo elegido secretario general como el camarada Ramón Lobato, alguien fuera de toda duda según las premisas del maoísmo asimilado desde la “gran revolución cultural proletaria”.. Desde su punto de vista “El PTE era un partido basado en la rama china del PCI. Pero lo primero que hizo la nueva dirección fue dar un viraje a la actividad, que no se fundamentara sólo en escribir panfletos sino en fomentar los movimientos de masas”.

Parece indudable que a pesar de su pobreza teórica, el PTE supo animar a una militancia entregada, capaz de desarrollar un enorme trabajo organizativo como la muestra su papel decisivo en la creación  del Sindicato Obrero del Campo (SOC) en Andalucía o la Joven Guardia Roja, la organización juvenil del PTE, con fuerte implantación en la Universidad y un sistema de funcionamiento de exaltación al líder, en el caso de (Josefina)  Pina López Gay (Almería,   1949-Madrid, 2000), Inés en la clandestinidad y que fue sin duda la personalidad más popular de la formación, acabó trabajando desde su condición de especialista en Historia de América llegó a ocupar en nombre del PSOE el cargo de presidenta   de la Comisión Nacional V Centenario desde la que exaltaba la colonización.

La evolución del PTE hacia un terreno intermedio entre la izquierda institucional y la radical,  EL PTE llevó a García Castro a tomar parte en la Junta Democrática a pesar de veto velado de Carrillo. Legalizado después de las elecciones de junio de 1977, el PTE obtuvo cerca de 200.000 votos. Del conjunto de las experiencias electorales quizás su mayor apuesta fue ofrecer toda la base militante y los medios para una candidatura catalana presidida por el líder histórico de ERC. Heribert Barrera quien, a la postre resultó el único electo para acabar negociando con Pujol su protagonismo parlamentario. En pleno desconcierto, tras la fracasada tentativa de unificación entre el PTE y la ORT más sus respectivos sindicatos efectuada de la manera más burocrática posible llegó la muerte de Mao, la caída de la llamada “banda de los cuatro”, el irresistible ascenso de la izquierda institucional que ofrecía cargos bien renumerados a la militancia, acabaron por hacer desaparecer la formación de la que apenas quedarían vestigios sí bien parte siguió con su lucha en frentes como la solidaridad (con Nicaragua y el POLISARIO), integrándose en IU o en el nacionalismo de izquierda como resultó ser el caso de Cataluña con el BEAN , escisión que, al contrario que el PTE, votó No a la Constitución..

Desde entonces, Eladio se apartó de la militancia para trabajar en el terreno de la defensa de los Derechos humanos en Cádiz.  Huellas de aquel tiempo se pueden encontrar en un par de folletos editados con su nombre, La crisis económica: una alternativa económica, una alternativa democrática; ¿Qué es la Dictadura del Proletariado? España, un socialismo sin adjetivo; la detallada entrevista incluida en el volumen Los partidos marxistas, sus dirigentes/sus programas (Ed. Anagrama, Barcelona, 1977, edición a cargo de Fernando Ruiz y Joaquín Romero) donde revela su miseria teórica, sin olvidar una entrevista aparecida en el diario Público. Hasta el momento el estudio más amplio es el de J.L. Martín Ramos, Pan, trabajo y libertad. Historia del partido del trabajo (El Viejo Topo, 2011)

por Taboola

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El ‘apartheid’ vacunal es un espejo del capitalismo. [ Atención, atención. Se ruega atención, y que no me hagan repetir las cosas que no me gusta. Atención: se necesitan más votos de trabaajdores para hacer subir a la extrema derecha, mangui-derecha, derecha sin más, centro trotante, centro centro pero bien del centro, centro verde de eco y centro central, porque estamos convencidos que entre todos esto lo podemos empeorar todavía más. Para más información acudir al sobrino del Maestro Armero a eso de las 12. Eso sí, sin hablar de política ni meternos en política que eso de la polítiica, nene caca, y deja ya de joder con la pelota ]


El ‘apartheid’ vacunal es un espejo del capitalismo

Joan Benach

El Viejo Topo

07.06.2021

La pandemia no sólo está generando un gran impacto mundial en pobreza, enfermedad y muerte sino también una gran desigualdad en la vacunación. A mediados de abril, se habían aplicado más de 900 millones de dosis de vacunas, pero los países ricos recibieron el 85% por sólo el 0,2% en los más pobres. En mayo, se estima que más de tres cuartas partes de las vacunas han sido administradas en apenas 10 países. Mientras tanto, el continente africano apenas ha recibido el 1% de las vacunas, aunque tiene el 15% de la población mundial. Al tiempo que en muchos países ricos entre una tercera y dos terceras partes de la población ya han recibido al menos una dosis, en países como Siria o Congo apenas una o dos de cada 10.000 personas la han recibido. De hecho, mientras en algunos países ricos ya se está vacunando a jóvenes y grupos de bajo riesgo, en países como Chad, Tanzania o Burkina Faso ni tan siquiera ha sido posible vacunar al personal sanitario. Si se hubieran repartido de forma equitativa los 1.670 millones de dosis de vacunas distribuidas en el mundo, ya se habría inmunizado a los profesionales sanitarios y personas mayores del planeta. El propio director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), Tedros Adhanom Ghebreyesus, ha denunciado que existe una desigualdad escandalosa, señalando que “un pequeño número de países que fabrican y compran la mayoría de las vacunas controlan el destino del resto del mundo”.

Si las vacunas fueran realmente un bien común de toda la humanidad, se podría atenuar (y probablemente controlar) el impacto global de la pandemia, pero, lamentablemente, ese deseo se contrapone a la realidad de un sistema neoliberal de producción y distribución de vacunas en el que grandes laboratorios farmacéuticos compiten por ganar cuotas de mercado y obtener beneficios enormes. La vacunación incluye su financiación y distribución, un proceso básicamente público, así como su control, producción y comercialización, de carácter privado. Y es que el enorme poder del complejo farmacéutico-industrial global (Big Pharma) influye decisivamente en el poder político (parlamentos, partidos e instituciones) para cambiar leyes, controlar precios y patentes, tener ganancias y con ello aumentar su poder global aún más. Por ejemplo, aunque países como India, Sudáfrica y otras decenas más trataron de suspender temporalmente los derechos de propiedad intelectual sobre las patentes durante la pandemia, la Unión Europea, los EE.UU. y otros países ricos lo han impedido tras ser presionados por el lobby farmacéutico.

En el caso concreto de la UE, la vacunación muestra a las claras las prioridades de una entidad dirigida por una elite parásita (cuando no corrupta), sujeta en gran medida al poder financiero-empresarial. No es por casualidad que en la UE la vacunación haya sido un proceso desigual y lento (tres o cuatro veces peor que en el Reino Unido o EE.UU.), lo que ha generado un elevado sufrimiento y mortalidad que en buena medida podía haberse evitado. Primero, por la opacidad de las negociaciones de los contratos con las farmacéuticas, donde la información ha sido sistemáticamente ocultada, así como por la ineficacia en las decisiones y recomendaciones tomadas por una burocracia ineficiente que han generado confusión, escepticismo o incluso perplejidad entre la ciudadanía. Ejemplos de ello son la necesidad de mantener el equilibrio de poder interno franco-alemán con un pedido inicial de 300 millones de vacunas a BioNTech (alemana) y otros tantos a Sanofi (francesa), desdeñando y posponiendo durante meses los pedidos a AstraZeneca, o la lentitud de actuación y retrasos en los trabajos realizados por la Agencia Europea de Medicamentos (EMA) que regula la seguridad y eficacia de los productos farmacéuticos (por ejemplo demorando la aprobación de la vacuna rusa Sputnik V). Y segundo, por la sumisión de la Comisión Europea a los lobbies al servicio de las grandes corporaciones (en la UE hay 15.000 lobistas a tiempo completo). Big Pharma gasta muchos millones de euros anuales para presionar a la UE permitiendo que las farmacéuticas reciban mucho dinero por adelantado, renegocien al alza los precios e incluso incumplan contratos firmados sin cláusulas que les obliguen a cumplir los plazos acordados o ser sancionados.

Detrás de repetidas apelaciones para lograr “salud para todos”, que “nadie quede atrás”, o que las vacunas son “un bien público universal”, el modelo neoliberal de vacunación representa un enorme negocio económico y un modelo geopolítico insolidario en el que los gobiernos de los países ricos han acaparado masivamente vacunas practicando el “yo voy primero”. Por ejemplo, tras aprobarse las tres primeras vacunas, el 85% quedó en manos de Canadá, EE.UU. y otros países ricos que reservaron muchas más vacunas de las necesarias para proteger a su población. Entretanto, la distribución caritativa de un pequeño porcentaje mediante el Fondo de Acceso Global para Vacunas COVID-19 (COVAX) de la OMS no ha servido más que para encubrir cómo funciona un sistema mercantil y neocolonial que en las actuales condiciones sólo permitiría vacunar a toda la población mundial como muy pronto a finales de 2022. El actual “apartheid” vacunal es especialmente macabro porque parece probable que el coronavirus permanezca con nosotros mucho tiempo y que sigan surgiendo nuevas variantes que alarguen, compliquen o incluso empeoren la evolución de la pandemia. De hecho, la propia OMS reconoce que en apenas cinco meses de 2021 se han registrado más casos y muertes por covid-19 que en todo el año 2020. El capitalismo neoliberal no sólo es un sistema incompatible con el bienestar y salud de la población mundial, sino que, preso de su lógica mercantil y de obtener ganancias inmediatas, es incapaz de prevenir a medio y largo plazo la crisis pandémica o la emergencia climática. Ante una pandemia, las vacunas deben ser un bien común de la humanidad que no puede estar sujeto a patentes y al control privado. Como nos enseña la historia, sólo una gran movilización de ciudadanos, movimientos sociales y partidos políticos del Norte y del Sur Global puede permitir democratizar integralmente la investigación, desarrollo y distribución de vacunas y lograr así una “vacuna solidaria” que proteja a toda la humanidad.

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¡Hombre izquierda, tú por aquí. Cuanto tiempo sin verte. Que alegrón más gordo me das! (Por favor, que no se entere de esto la dire-centro-liberal-portavoz en la Comunidad de Madrid de Más Madrid, no sea que tengamos pelotera)

 

La izquierda conservadora… ¿no será aquella que obstaculiza la crítica al criticarla por conservadora? ¿No será aquella supuesta izquierda que conserva la tendencia de un mundo en decadencia?


¿La izquierda conservadora? A propósito de Elizabeth Duval y Ana Iris Simón

 


Genís Plana

El Viejo Topo

8 junio, 2021 


A propósito de la muy comentada intervención de Ana Iris Simón en La Moncloa es que se pronunció la escritora Elizabeth Duval en su artículo semanal de Público: “¿Qué hay detrás de Ana Iris Simón?” (25.05.21). Duval contextualiza el revuelo que ocasionaron las palabras de Simón, explica alguna que otra anécdota personal que la vincula con su interlocutora, y realiza un comentario crítico de sus planteamientos políticos a partir, principalmente, de su libro “Feria” (2020, Círculo de Tiza). Durante estos días estoy redactando un artículo que tiene amplias coincidencias con los planteamientos de Ana Iris Simón, así que me suscita interés aquello que a su crítica se le pueda criticar.

Debo de admitir que aún no he leído el libro de marras, pero eso no me impide advertir la endeble coherencia conceptual sobre la cual Elizabeth Duval despliega su crítica. Tras asumir la simplificación marxista de que «el modo de producción de los bienes materiales determina la conciencia social y la vida espiritual…», la autora afirma que «el discurso que iguala el liberalismo económico con el liberalismo cultural es un discurso profundamente peligroso, porque nos hace olvidarnos de todo lo bueno que puede tener el liberalismo cultural». Por último, sostiene que «parte de su discurso antiliberal me parece peligroso –¡a mí, económicamente revolucionaria, que siempre repito que en un sistema ideal yo aparentaría ser una liberal de izquierdas!–».

Sería saleroso realizar un ejercicio de imaginación y ponerle a esa última exclamación la misma modulación de voz, y acompañarla de los pertinentes aspavientos, con que se hubiera expresado una aristócrata francesa, pongamos por caso María Antonieta. Ahora bien, no nos detendremos en comentarios livianos, precisamente por cuanto que buscamos pautas de rigor y precisión. La cuestión que nos interesa se relaciona con la aparente inocencia con la que se concibe un «liberalismo cultural», amable y suponemos que cromáticamente reluciente, que pudiera ser compatible con esa «revolución económica» que la autora dice abanderar.

Puesto que –en un contexto ideológico como el actual– la contradicción entre «revolución» y «liberalismo» no resulta ostensiblemente evidente, debiéramos, antes que nada, poner negro sobre blanco al respecto de la tortuosa tradición de pensamiento liberal. Habida cuenta que Duval se refiere al «liberalismo cultural» como algo positivo y digno de preservar, suponemos que hace referencia a ese magma de ideologemas que acostumbran a acompañar el protréptico liberal: la inviolabilidad del ámbito privado, la separación entre creencias religiosas y autoridad pública, fragmentación y división del poder político, pluralismo con respecto a los asuntos morales…

Aunque por falta de tiempo me abstendré de desarrollarlo, sí es necesario mencionarlo: muchos de los logros que se le atribuyen al liberalismo cuentan, a decir verdad, con una paternidad no reconocida. El sufragio universal, por ejemplo, buque insignia de los derechos civiles atribuidos al liberalismo, es una conquista del movimiento obrero –organizado en partidos y sindicatos– ante la cual se oponía denodadamente el liberalismo realmente existente de Europa entera. Pero incluso atributos a tan aparentemente liberales como podrían ser los relativos a los derechos de reunión, asociación y manifestación, así como la libertad de expresión y de prensa, fueron de facto suspendidos, ante la inminencia de una «revolución económica», por unos fascios que contaban con la absoluta connivencia de los liberales: basta decir que fue el liberal Giovanni Giolitti, presidente del Consejo de Ministros de Italia, quien permitió la llegada al poder de Mussolini.

Probablemente el error de fondo se encuentre en confundir el liberalismo académico, donde encontramos las interesantísimas cavilaciones del Stuart Mill al que refiere Duval, con el liberalismo político, al que podemos identificar sin demasiada cautela con el proyecto histórico por medio del cual, especialmente durante los tiempos de paz social, se ha vertebrado institucionalmente la burguesía. Aunque lo digamos a modo de simplificación, no creo que sea demasiado arriesgado afirmar, como lo hace Étienne Balibar, que «liberalismo» es el nombre con que «genéricamente pueden llamarse las ideologías políticas burguesas».

A diferencia del liberalismo académico, en el liberalismo político (hoy en día llamado neoliberalismo) no hay ningún diseño institucional normativo. Es esencialmente pragmático, funcional, realista, puro accidentalismo… y, por ello mismo, se encuentra despojado de contenido teórico sustancial. Resulta ser, al fin y al cabo, la partitura a partir de la cual debe interpretarse la estrepitosa sinfonía que supone el proceso cíclico de reproducción ampliada de capital. Si desatendemos los procesos históricos reales no podremos advertir que aquellos actores políticos considerados a sí mismos como liberales se han apoyado, llegado el momento de necesidad, en monarquías férreas o en dictadores militares. Así como hoy en día el liberalismo se proyecta a través de las reivindicaciones identitarias de supuestas minorías culturales y grupos históricamente discriminados.

Dicho lo anterior, debe quedar claro el liberalismo académico y el liberalismo político a los que alude quien escribe estas líneas, así como el «liberalismo económico» y el «liberalismo cultural» de los que habla Duval, no son más que distinciones analíticas, no operativas. Significa esto que en su implantación empírica resultan indisociables cualesquiera que sean las facetas o dimensiones que teoréticamente podamos hacer de ese corpus doctrinal. Del mismo modo, la realidad no admite un proceso económicamente revolucionario en ausencia del proceso revolucionario que le resulta inherente. Y todo proceso revolucionario, por su propia naturaleza, supone una negación de los principios liberales. ¿Revolución o liberalismo?

Me explicará Elizabeth Duval cómo se puede ser revolucionario si, a un mismo tiempo, debemos salvaguardar la libertad negativa del liberalismo, la libertad entendida como mera ausencia de interferencia, que propicia eso tan «bueno» y «positivo» que tiene, según la autora, el «liberalismo cultural». Nos referimos, reconozcámoslo, a las derivadas socioculturales de la supuesta neutralidad política con respecto a los asuntos controvertidos: una conciencia autónoma y/o individualista, una actitud tolerante y/o indolente con respecto a la alteridad, una disposición indiferente y/o displicente para con los proyectos vehementes… en fin, todo ese arsenal simbólico-ideacional precisamente dispuesto para disipar cualquier ardor verdaderamente revolucionario, dispuesto para que todo siga igual.

Entonces, ¿cómo compatibilizar, por un lado, la imposición y, de ser necesaria, la violencia que entraña cualquier proceso revolucionario con, por otro lado, un supuesto marco institucional imparcial que propicia una cultura civil basada en la interacción de individuos que aspiran a maximizar sus intereses por medio de calculados, a la vez que cordiales y sosegados, procesos de negociación? Cualquier respuesta que no impugne la pregunta nos conduce a la búsqueda de soluciones imposibles: como consecuencia de intervenir en una sociedad atravesada por clases sociales con intereses económicos irreconciliables, no cabe la posibilidad de pedir permiso, educadamente y añadiendo por favor, al momento de emprender un proceso revolucionario.

Dada la primacía que asumen los derechos individuales por encima de los procesos de decisión colectiva, posiblemente el núcleo duro del liberalismo sea la apelación al derecho de los individuos de escindirse de los asuntos comunes. Son unos presupuestos filosóficos que complican en sobremanera que los liberales –aunque se digan «de izquierda»– lleven a cabo actitudes consecuentes, no solamente con una aspiración revolucionaria, sino también con la mucho más prudente y atemperada virtud republicana. Aprovecho para indicar, dicho sea de paso, que son de fundamentación republicana, y no liberal, esos «sistemas de gobierno» en que probablemente piensa Duval al considerarlos «de los mejores que la civilización ha ideado».

Incluso Stuart Mill, un autor que muchos considerarían un liberal prácticamente socialdemócrata, mostró amplias reticencias a la participación política de la población a través del sufragio universal. Siendo consciente de que la sociedad se encuentra marcadamente fracturada por una división de clases en la que los no propietarios son mayoría, la regla de un voto por persona podría comportar, a su criterio, que el poder legislativo quedase en manos de una mayoría pobre e inculta, incapaz de atender adecuadamente a los intereses del conjunto de la nación. A su entender, la solución pasaba por la introducción de un sufragio múltiple que, sin retirarle a nadie su derecho a votar, le permitía a las personas propietarias, cultas y calificadas disponer de diversos votos.

Deberemos aceptar, por consiguiente, que resulta deshonesto ese eclecticismo entre Stuart Mill y Karl Marx que Elizabeth Duval parece sugerir. Aunque haya puntos de encuentro, no es posible conjugar las posiciones de ambos autores. Se tiene la impresión de que, por parte de Duval, se ha querido realizar un equilibrio inverosímil: designarse revolucionaria, pero manteniendo, como no podría ser de otro modo, ese «liberalismo cultural» que se halla en la base de algunas plataformas en que suele participar. Gen Playz, por ejemplo, es el paradigma del buenrollismo y del opinadismo donde la discrepancia es un somero pasatiempo con que acopiar audiencia.

Además, si es cierto –como afirma categóricamente Duval– que «los hábitos y las costumbres de la cultura» son «simples reflejos» de «la producción de los bienes materiales», entonces poco quedaría, tras la revolución económica que supuestamente propugna la escritora, de los modos de pensar y de sentir propios de ese «liberalismo cultural» que, por otra parte, debiéramos proteger. Situación que no viene sino a reafirmar la contradicción de Duval: si triunfa la revolución económica cambian los marcos culturales, pero son marcos culturales a los que no debemos renunciar. Ante lo cual, nos volvemos a preguntar: ¿revolución o liberalismo? Sea como fuere, pudiera ser más acertado rechazar unas explicaciones meramente estructurales que no creo que si quiera la propia autora defienda con honestidad.

¿No será que eso de atribuirse la vulgata marxista del determinismo económico equivale, si se me permite la comparación, a disfrazarse con una sotana a fin de evitar cualquier acusación de apostasía y, de este modo, practicar secretamente un culto contrario?  Ahora bien, no creo que sea necesario el aparente papismo de Elizabeth Duval. Si el marxismo no es dogmática, entonces el nicodemismo carece de sentido. Desde planteamientos marxistas podemos considerar que la conciencia no solo se encuentra modulada por la praxis humana –algo más amplia que el encuadramiento que imponen las relaciones sociales de producción–, pues una conciencia políticamente comprometida puede contribuir a modular esa misma praxis y someterla a sus propósitos.

Entendemos el marxismo como filosofía de la praxis, y en ella el intelectual (hoy diríamos el comunicador) ocupa un papel central en su cometido de transformar la realidad. De ahí se sigue la relevancia de la crítica de Ana Iris Simón a las categorías mentales –a la conciencia social– que promociona ese «liberalismo cultural» que, gustándole tanto a Elizabeth Duval, resulta ser la expresión psicosocial del desarrollo característico de la dinámica económica en nuestras formaciones sociales. Así como la fase contemporánea de la matriz de acumulación de capital resulta incompatible con los valores esclavistas, pero también con los valores que pudieran ser consustanciales a un hipotético comunismo, mucho nos dice la irritación que, a los paladines del vigente desorden social, causan los valores (conservadores, dicen) que sostiene Ana Iris Simón.

Ya sabemos que Antonio Maestre está llamado a ser un trasunto de Jorge Javier Vázquez: maestro de ceremonias de la farándula televisiva en su versión politiquera. No obstante, de la amplia erudición y de la perspicacia intelectual de Elizabeth Duval esperamos algo decente. Aunque, bien visto, la cuestión pudiera no ser un traspiés ocasionado por la ingenuidad de quien aún es muy joven de edad y desconoce los procesos históricos en profundidad. Sospecho, antes bien, que estamos ante la impostura progresista de quien se afirma como revolucionaria cuando lo que se quiere es ser una vedette mediática de la cultura liberal (o del liberalismo cultural). Se comprendería así que cualquier disputa política quede resuelta en el ámbito ligero de esas «cañas» que Elizabeth Duval espera volverse a tomar con Ana Iris Simón.

¿Podemos concluir que nos encontramos ante la enésima muestra de espuria disidencia? Imposturas progresistas. Dicho sea, sin ápice de animadversión en lo personal. Cabe preguntarse: la izquierda conservadora… ¿no será aquella que obstaculiza la crítica al criticarla por conservadora?, ¿no será aquella que, situándose au-dessus de la mêlée, conserva el mundo en su estado actual?, ¿no será aquella supuesta izquierda que conserva la tendencia de un mundo en decadencia? Sí, la izquierda conservadora es aquella que se alimenta de ese glamouroso mejunje elaborado con, por un lado, impolutas intenciones éticas, y, por otro, su propia ironía y ambigüedad regurgitadas. Una izquierda que, a fin de cuentas, no tiene nada de izquierda. Pero que, de liberalismo, lo tiene todo.

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