martes, 4 de mayo de 2021

Claves de las elecciones en Madrid: la agenda de la derecha y las contradicciones de la izquierda de Régimen

 

Claves de las elecciones en Madrid: la agenda de la derecha y las contradicciones de la izquierda de Régimen



¿Qué se dirime en Madrid este 4M? ¿Fascismo versus democracia o la disputa entre dos campos del régimen del 78? ¿Qué impacto tendrán las elecciones para el panorama político del Estado español?

Por Beatriz Luque 

Kaosenlared

4 May, 2021

El cierre de campaña electoral en Madrid ha coincidido con los actos de conmemoración del 2 de mayo, aquellos levantamientos del pueblo madrileño en 1808 contra el invasor francés retratados para la historia por Goya. Y con múltiples apelaciones a las “invasiones” y al “levantamiento del pueblo” han culminado todos los candidatos sus actos de campaña, desde la derecha hasta la izquierda institucional.

«Madrid es España. Esa es nuestra grandeza. En realidad, esa es nuestra identidad: para ser madrileño basta con querer serlo. Lo he dicho muchas veces: Madrid es un resumen de lo mejor de cada forma de ser español. Es España», aseguraba Isabel Díaz Ayuso en el cierre de campaña del PP. El tono y la apelación a la españolidad era un claro guiño para ese sector de votantes disputado con VOX que la presidenta de la Comunidad de Madrid aspira a llevar nuevamente a la “casa común de las derechas” que es el Partido Popular. Por algo le dicen a Ayuso que es la candidata más trumpista del PP, recreando una especie de populismo de derechas para “renovar” su mandato.

Por su parte, VOX cerraba la campaña en Plaza de Colón, asegurando que su objetivo era “evitar que la izquierda entre en el Gobierno madrileño” y denunciando la “equidistancia” de Casado. La estrategia electoral de campaña de VOX buscaba asegurarse un lugar a la derecha de Ayuso. Y lo que es cierto es que logró cambiar la agenda en los últimos días. De “Comunismo o libertad” (el lema que pretendía imponer Ayuso para polarizar con Unidas Podemos), se terminó pasando a “Democracia o fascismo”, con Unidas Podemos y VOX como protagonistas.

No está claro, sin embargo, qué consecuencias tendrán estas polarizaciones en la campaña electoral. Hasta el momento, todas las encuestas indican un triunfo para el PP, que podría gobernar en solitario o con el apoyo de VOX.

 

El falso relato “democracia o fascismo”

Pedro Sánchez ha intervenido de forma directa en la campaña, llamando a apoyar a Gabilondo. Según su discurso, este 4M hay que evitar que VOX tenga influencia en el gobierno madrileño, porque eso implicaría «el principio del fin de la democracia vigorosa, rebosante de derechos y libertades».

Una línea similar a la que han tenido todos los partidos de la izquierda del Régimen en los últimos días: plantear que lo que se dirime el 4M es la lucha entre “democracia” o “fascismo”. Pero esto es una trampa. Como ya explicamos en varios artículos publicados en Izquierda Diario, este relato es una buena forma de “blanquear” al régimen del 78 y sus partidos tradicionales, empezando por el PSOE.

La polarización “fascismo o democracia” blanquea el racismo institucional y la represión de quienes supuestamente están del “campo democrático”. Si el peligro que representa VOX es el aumento de un discurso reaccionario contra los inmigrantes, lo que hay que empezar por decir es que cada vez que la policía nacional detiene a un inmigrante, está promoviendo el ascenso de la extrema derecha. Cada vez que el gobierno “progresista” construye un nuevo CIE, está colaborando con el aumento de la xenofobia. Cada vez que se deporta a los migrantes, o se los deja morir en el Mediterráneo, se está promoviendo el racismo desde el Estado, lo que da alas a la extrema derecha. Porque como dijo un integrante del Sindicato de Manteros recientemente en una charla previa al 1 de mayo, “VOX no tiene el patrimonio del racismo. El PSOE también es racista”. Lo mismo podemos decir sobre la criminalización de la juventud, o la represión policial en los barrios populares como en Vallekas o contra las ocupaciones de centros sociales como la Ingobernable. El gobierno “progresista” ya toma en sus manos gran parte de la agenda de la derecha y la extrema derecha, por más que estos últimos la radicalicen.

Además, la disyuntiva “fascismo o democracia” blanquea también a los poderes reales del capitalismo español. En esta campaña “antifascista” donde hasta el PSOE es un “defensor de la democracia más plena”, se ha dejado de lado todo cuestionamiento a los que ostentan los poderes reales y que han amasado fortunas amparados en los mecanismos de esta democracia para ricos: la banca, las eléctricas, las constructoras y las multinacionales españolas.

Finalmente, cuando va a cumplirse una década del 15M, Unidas Podemos cuenta en su haber con haber logrado transformar la lucha contra “la casta” (PSOE y PP la misma mierda es) en un combate “antifascista” para investir a Gabilondo en presidente de la Comunidad de Madrid. Eso sí que es autonomía del discurso, hay que reconocerlo, o más bien, puro relato, que no se corresponde en lo más mínimo con la realidad.

Más allá de los matices en la campaña, tanto Mas Madrid como Unidas Podemos apuestan por sumar escaños para gobernar con el PSOE en la Comunidad de Madrid, recreando y ampliando la coalición “progresista” que ya gobierna en el Estado español. Y allí está la prueba más concreta de que todas sus promesas son papel mojado. Porque en más de un año, este gobierno no ha derogado las reformas laborales, ni ha regularizado a las personas migrantes, ni ha cerrado los CIEs, ni ha derogado la Ley mordaza. En cambio, ha destinado miles de millones en ayudas a las grandes empresas, mientras aumenta el paro y la precariedad. Ha enviado a la policía nacional a reprimir a la juventud en los barrios obreros, para prohibir las manifestaciones feministas o desalojar los centros sociales.

Votar al “mal menor” no es la alternativa

Este 4M no se dirime ninguna batalla entre “democracia o fascismo”, sino entre dos variantes, una conservadora y otra social-liberal, para superar la crisis del Régimen del 78. Por eso, llamar a seguir apoyando el “mal menor” del gobierno con el PSOE nada bueno puede traer. Solo es la mejor forma de evitar una ruptura verdaderamente por izquierda con este régimen monárquico y para ricos.

Desde la CRT, nos negamos a que la única alternativa para los trabajadores y trabajadoras, para la juventud, las mujeres combativas y las personas migrantes sea elegir entre el “mal mayor” y el “mal menor”. Nos negamos a que la única alternativa sea que no hay alternativa. Por eso, en estas elecciones no apoyaremos con nuestro voto a las variantes de la izquierda del régimen. Ante la falta de una candidatura anticapitalista y de clase, llamamos a votar nulo. Porque lo más importante no es lo que ocurra este 4M, sino lo que ocurra el día después. Y para eso tenemos que avanzar en coordinar a todos los sectores en lucha, a la vez que avanzamos en construir una alternativa política anticapitalista y revolucionaria de la clase trabajadora, las mujeres y la juventud.

Fuente: Izquierda Diario

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domingo, 2 de mayo de 2021

Madrid: el 4 de mayo hay que votar contra la derecha

 

Madrid: el 4 de mayo hay que votar contra la derecha


Daniel Raventós

El Viejo Topo

30 abril, 2021

La injusticia es humana,

pero más humana

es la lucha contra la injusticia

(Bertolt Brecht)

Hay convocatorias electorales que cobran una gran importancia. El próximo 4 de mayo es una de ellas. Existen razones poderosas para impedir que en Madrid gobierne la extrema derecha y la derecha extrema neoliberal. De gobernar cualquier cosa que no sea esta podredumbre, se posibilitaría un gobierno en la Comunidad de Madrid que, al margen de otras muchas carencias políticas que a buen seguro pueda tener, por primera vez en 26 años no haga del dogma neoliberal su catecismo. Existe la oportunidad de impedir un gobierno que no entienda la administración pública como una simple oficina de contratación para las grandes empresas; que no vea el presupuesto público, de casi 30 mil millones de euros, como un botín a repartir entre el 5% superrico. Hay la posibilidad de que pueda haber un gobierno que apueste por lo público como el motor y el eje vertebrador de una recuperación económica, social y ecológica, que hunda sus pies en la sanidad y la educación públicas. Ojalá que sea un gobierno que dé a la atención primaria el lugar central del sistema público de salud que le corresponde, que contrate profesionales, que baje las ratios en las escuelas públicas, que proteja el derecho a la vivienda e impida desahucios; que amplíe la protección social para combatir el galopante empobrecimiento. Existe hasta la posibilidad de un gobierno que considere que la democracia se garantiza y se construye apostando por la existencia material de toda la población y la libertad. Posibilidad, mera posibilidad. La alternativa la conocemos, se ha practicado durante más de dos décadas en Madrid: un gobierno de corrupción “atrapatodo”, un gobierno neoliberal ultramontano y gran-nacionalista español del PP liderado por Isabel Díaz Ayuso de la mano de la ultraderecha franquista de Vox y el apoyo de Ciudadanos ya en derribo.

El PP convocó las elecciones con un plan: condicionar, en el “año de la vacuna”, la salida de la crisis sanitaria, social, económica y ecológica que vivimos a partir de profundizar su modelo neoliberal, segregador, xenófobo y aporofóbico. Arropados por el poder mediático y el económico, no dudaron Díaz Ayuso y su partido en apostar por la abstención de la mayoría popular y trabajadora, en especular con el agotamiento pandémico, en huir de todo debate que pusiera el gobierno de coalición del PP y Ciudadanos y sus amigos de Vox ante la realidad. Es decir, ante el hecho de que Madrid es la Comunidad Autónoma con más muertes por habitante por Covid-19 del reino, la región que permite que continúen sin luz más de 2.000 personas en la Cañada Real, la que arroja las peores cifras de desigualdad, la de las colas del hambre y los desahucios, la de las UCI saturadas y los centros de salud a media asta. Fue Anatole France quien a finales del siglo XIX dejó dicho que “la ley, en su magnífica ecuanimidad, prohíbe, tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar por las calles y robar pan”. El gobierno madrileño de la derecha ha demostrado que la ley está para eso. Es la Comunidad que garantiza por ley a la mayoría “libertad” para vivir en situación precaria y con las condiciones de existencia material cada vez más atacadas, que permite a los mil millonarios no pagar impuestos. La ley que no da ni una ayuda directa a los autónomos y hosteleros, mientras reparte 4,5 millones para subvencionar la tortura animal de las corridas de toros o los contratos públicos sin concurso a la familia de Ayuso por más de 70.000 euros. Es la ley de la “magnífica ecuanimidad” de la derecha. Y la aplica sin fisuras.

Desde estas páginas queremos poner nuestra pequeña contribución para llamar a llenar las urnas de papeletas que puedan impedir un gobierno del PP, Vox y Ciudadanos. Un gobierno que desean mantener tras 26 años de maltrato social creciente. No se trata tanto de lo que puede venir sino de que no se puede repetir un gobierno como el actual. Cualquier cosa será mejor que PP, Vox y Ciudadanos.

El voto del 4 de mayo es una buena ocasión para responder a las cartas de amenaza ultras y sus balas -de Cetme, el fusil de asalto oficial del ejército español- contra algunos representantes políticos, entre ellos a un candidato de la izquierda en estas elecciones. La recomposición del tejido social madrileño mediante el trabajo compartido a pie de calle y empresa a partir de los colectivos de trabajadores, sindicatos, entidades vecinales y de apoyo mutuo, de mujeres o ecologistas, es la mejor garantía de hacer frente a estas amenazas habituales entre la extrema derecha, pero el 4 de mayo el voto puede ayudar.

Todo el mundo es consciente de que el resultado de las elecciones madrileñas tendrá su efecto sobre la política de todo el reino. Esta es una razón añadida para considerar que ningún voto debe ir a la derecha ni a la derecha extrema de PP, Vox y Ciudadanos. No se trata de ofrecer ningún apoyo incondicional a nadie, sino de frenar a una derecha particularmente nefasta. El 4 de mayo es una oportunidad para intentarlo.

 

Artículo publicado originalmente en Sin Permiso.

 

¿Volverán los años 20? Continuemos. Como diremos mañana, que es igual a lo que decíamos ayer, y está científicamente demostrado (vaya esto por delante) el burro, gracias a su altísima inteligencia, gracias a lo cual no es secretario general de ningún partido, es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra. Este animal, Dios lo bendiga, al ver la misma piedra por tercera vez, se echa dos rebuznos, caga unos cuantos cagajones, y se dice con esa sonrisa propia de sabiduría infinita que tienen los burros: que ahora va a tropezar su puta madre, y sigue rebuznando tan campante. El Hombre en cambio, al estar hecho a imagen y semejanza de Dios, ¡Ave María Purísima!, puede pasarse tropezando generación tras generación. Hasta ahora solamente llevamos DOS GUERRAS MUNDIALES, la I y la II ¡Gracias a Dios! Pero que no cunda el pánico ni entre la desesperación, que después del segundo palote (II) viene el Tercer Palote (III). Eso sí, después del tercer palote, III, ¡A tomar pol culo la bicicleta!, que ya no hay más palotes. Pero bueno, a mi estas cosas me importan una mierda, yo a lo mío, que ahora estoy inventado el Cha´, Chá, Chá del Tropezón, cuya primera estrofa empieza así: “Tropezón, que rico tropezón. Tropezón… (Aquí ya me atranco y no sé seguir… -pero que no desespero, yo persisto. Ya saben (y si no lo saben aquí estoy yo para decírselo) que con paciencia y saliva se la metió el elefante a la hormiga. En cuanto em invente la saliva problema resuelto y que famoso que me hago con mi Chaá, Chá, Chá. Tal cual, como lo están leyendo-)

 

¿Volverán los locos años veinte?

Se ha renovado el optimismo de que la depresión pandémica puede revertirse rápidamente. Keynesianos como Larry Summers y Paul Krugman han argumentado ya que la economía de EEUU se recuperará rápidamente.


Por Michael Roberts Publicado el 2 May, 2021

Los últimos datos sobre la recuperación económica en China y EEUU sugieren que ambas economías deberían volver a los niveles de producción nacional previos a la pandemia o por encima de estos a finales de este año (en el caso de China probablemente un 10% por encima).  Se ha renovado el optimismo de que la depresión pandémica puede revertirse rápidamente.

Keynesianos como Larry Summers y Paul Krugman han argumentado ya que la economía de EEUU se recuperará rápidamente porque la crisis del COVID se parece al cierre estacional de los sitios turísticos en los complejos vacacionales durante el invierno. Una vez que llega el verano, las empresas de servicios vuelven a abrir y las economías vuelven a funcionar a medida que las flores florecen.

Como lo expresó un think-tank de economía ortodoxa: “Juntas, estas mejoras en las perspectivas han llevado al fondo a predecir que, en su conjunto, las economías avanzadas perderán menos del 1% de la producción ya en 2024 en comparación con su pronósticos previo a la pandemia, un resultado que parecía apenas plausible en octubre pasado. Estados Unidos está en la cima del grupo y ahora tiene pronósticos que muestran que está en vías más sólidas que antes de la pandemia, pero otras economías avanzadas no se quedan atrás en el medio plazo».

Por supuesto, todo esto supone que la epidemia de COVID terminará para fin de año a medida que aumenten las vacunas y disminuyan los contagios, y las poblaciones alcancen la «inmunidad colectiva». Parece un poco optimista, en el mejor de los casos, dada la gran cantidad de variantes de COVID en diversos grados de infección que aún se están extendiendo. Además, he argumentado en muchas notas anteriores que este escenario va en contra de lo que ha sucedido con las principales economías; a saber, las cicatrices del empleo, la inversión y el creciente número de empresas en quiebra o «zombis» en las principales economías capitalistas.

Pero consideremos el plazo más largo. Supongamos que la pandemia de COVID cede o se controla lo suficiente para fin de año como para permitir que todas las principales economías vuelvan, más o menos, a plena actividad, al menos tanto como lo estaban en 2019. ¿Es este el escenario para una década de rápido crecimiento de la producción y de los ingresos para todos?

Se habla mucho en círculos optimistas de que después del COVID, al igual que después de la epidemia de gripe española de 1918-19 y el final de la Primera Guerra Mundial, habrá otros locos años veinte. Los principales argumentos a favor de este pronóstico se basan en la historia de los locos años veinte del siglo pasado.

Como el COVID, la llamada “gripe española” fue una epidemia contagiosa muy virulenta que no solo mató a cientos de miles de estadounidenses desde el otoño de 1918 hasta la primavera de 1919, sino que también cerró negocios de costa a costa. Al igual que el COVID ahora, esta calamidad más al final de la Primera Guerra Mundial sentó las bases para una severa recesión en los EEUU y otras economías importantes de Europa durante 1920-21. Esta recesión fue una «depresión brutalmente dura, pero muy eficiente» (según un historiador). El mercado de valores perdió casi la mitad de su valor, el desempleo alcanzó el 19 por ciento e innumerables empresas quebraron.

La depresión de 1920-21 fue dura, pero fue eficiente a la hora de crear las condiciones para un nuevo período de rápido crecimiento: la madera muerta se quemó y limpió y surgieron nuevos brotes. Después de 1921, Estados Unidos no solo se recuperó, sino que entró en una década de crecimiento y prosperidad. Los llamados locos años veinte estaban en marcha. De 1921 a 1929, el PIB real aumentó un 42%. El PNB real per cápita creció un 2,7 por ciento anualmente entre 1920 y 1929. Con los estándares del siglo XIX y XX fue un crecimiento relativamente rápido, y desde luego rápido para los estándares del siglo XXI.


(PIB per capita real en dólares de 1982, de 1919 a 1930, evolución anual)
Las nuevas construcciones casi se duplicaron de 6.7 mil millones a 10.1 mil millones  de dólares y las tasas de desempleo cayeron por debajo del 4% durante todo el período.

Hubo una ola de avances tecnológicos: la electrificación generalizada de hogares y fábricas, la introducción de electrodomésticos como refrigeradores y lavadoras, la rápida adopción del automóvil, el crecimiento de estaciones de radio comerciales y cines. Todas estas tecnologías habían estado en el horizonte durante la Primera Guerra Mundial y ahora despegaron como aplicaciones comerciales. La década de 1920 fue también la década en la que Estados Unidos se transformó por completo de una economía agrícola a una industrial. La agricultura se redujo del 18% al 12,4% de la economía, mientras que los ingresos agrícolas cayeron un 21%.

La productividad laboral creció más rápidamente durante la década de 1920 que en la década anterior o siguiente. De manera similar, la ‘productividad del capital’ (es decir, la producción por unidad de inversión en medios de producción) había disminuido en la década anterior a la de 1920. Pero aumentó drásticamente durante la década de 1920 a medida que, en particular, se aceleraban los desarrollos en energía y transporte. El crecimiento de la productividad laboral promedió más del 5% anual y la productividad del capital aumentó más del 4% anual.

En mi opinión, el auge de la inversión y la productividad de la década de 1920 fue el resultado de algunos factores clave. Primero, hubo un aumento significativo en la rentabilidad del capital después de la recesión de 1920-21, lo que incentivó a las empresas capitalistas a introducir las nuevas tecnologías y expandir la producción comercial de nuevos valores de uso (productos de consumo). Es difícil obtener una medida confiable del movimiento en la rentabilidad del capital en la década de 1920 para Estados Unidos, y mucho menos para otras economías. Aquí debemos confiar en el trabajo de Esteban Maito para estimar la rentabilidad del capital en Suecia, Holanda, Reino Unido y Estados Unidos. Las estimaciones estadounidenses se basan en realidad en el trabajo de Dumenil y Levy de su trabajo histórico sobre la rentabilidad en los Estados Unidos desde la Guerra Civil estadounidense (ver Maito, Capítulo 4 en World in Crisis).Lo que muestran las cifras es que, durante la profunda recesión de 1920-21, la rentabilidad del capital cayó un 44% en el Reino Unido, un 38% en Suecia y solo un 9% en los EEUU. En los locos años veinte, la rentabilidad aumentó un 14% en los Estados Unidos, un 75% en el Reino Unido, un 8% en los Países Bajos y un 31% en Suecia. De hecho, en mi propio trabajo sobre la tasa de beneficio  en el Reino Unido, encuentro un aumento de casi el 30% para la rentabilidad del Reino Unido entre 1921 y 29. (Consultar el capítulo 6 de World in Crisis). 


Fuente: Maito, mis cálculos

El aumento de la rentabilidad del capital puede haber impulsado la inversión y las nuevas tecnologías impulsaron la productividad del trabajo, pero sorpresa, sorpresa, esto no se tradujo en unos ‘años locos’ para el trabajo. De hecho, este fue el segundo factor que impulsó la rentabilidad: una mayor explotación a expensas de los salarios reales. Si bien la productividad laboral creció más del 5% anual, los salarios reales promedio de los trabajadores cualificados y no cualificados aumentaron solo un 3% anual de 1921 a 1929, y si se incluyen los años de recesión 1920-21, los salarios reales aumentaron solo un 1% anual durante la década de 1920.


También durante la década de 1920, la afiliación sindical se desplomó, dejando a los trabajadores expuestos directamente a las fuerzas del «mercado libre» en el mercado laboral.

(Afiliación sindical de 1920 a 1930 como % de trabajadores no agrícolas)De hecho, la desigualdad de ingresos y riqueza aumentó drásticamente. El PIB per cápita aumentó de 6.460 a 8.016 dólares per capita, pero esta prosperidad no se distribuyó de manera uniforme. En 1922, el 1% más rico de la población recibía el 13,4% del ingreso total. En 1929, ganó un 14,5%. El trabajo de Thomas Piketty et al proporciona todos los datos sobre la creciente desigualdad de ingresos en la década de 1920.

Además está el tercer factor específico de Estados Unidos.  Estados Unidos fue, con mucho, la economía capitalista más fuerte después de la Primera Guerra Mundial. Los años de guerra fueron años de auge para los Estados Unidos, ya que el gobierno federal invirtió dinero en la economía de la guerra, mientras que el país escapó a la devastación, a diferencia de Europa. Antes una nación deudora, Estados Unidos emergió de la guerra como un gran prestamista y posiblemente la economía más fuerte y vibrante del mundo. Como resultado, durante la década de 1920, Estados Unidos produjo casi la mitad de la producción mundial porque la Primera Guerra Mundial había destruido la mayor parte de Europa. 

Ingreso per cápita ($)

Pero los locos años veinte llegaron a su fin, no hubo una expansión permanente. Como sostiene la teoría económica marxista, la producción capitalista no avanza de manera armoniosa y con una expansión sostenida, sino que está sujeta a crisis regulares y recurrentes debido a las contradicciones en la acumulación capitalista expresadas en la rentabilidad del capital. Los locos años veinte dieron paso a la Gran Depresión de los años treinta.

Y de hecho, podemos ver por qué. En los EEUU, la rentabilidad del capital alcanzó su punto máximo en 1924, y luego cayó en más del 13% hasta 1929 (según los datos de D-L: consulte el gráfico anterior y consulte The Long Depression, p53). Como resultado, la inversión capitalista pasó de capital productivo a «capital ficticio».  Al igual que en el auge crediticio que condujo al colapso financiero mundial de 2008-9, gran parte de la riqueza vertiginosa de la década de 1920 se construyó cada vez más sobre una base inestable de crédito fácil y especulación bursátil. Este capital ficticio se derrumbó en 1929 y se produjo una gran recesión con la quiebra de muchos bancos.

Entonces, ¿se pueden repetir los locos años veinte del siglo pasado después de la epidemia de gripe española en este siglo después del COVID? ¿Las principales economías capitalistas tendrán una nueva oportunidad que acabe con el ‘estancamiento secular’ (keynesiano) o la Larga Depresión (marxista) de la última década desde 2010?

Bien, consideremos un modelo marxista para crear un auge prolongado en la producción capitalista. Un auge prolongado sólo será posible, según Marx, si ha habido una destrucción significativa de los valores del capital, ya sea físicamente o por devaluación, o ambos. Joseph Schumpeter, el economista austríaco de la década de 1920, siguiendo el ejemplo de Marx, llamó a esto «destrucción creativa». Limpiando el proceso de acumulación de tecnología obsoleta y capital fallido y no rentable, la innovación de nuevas empresas podría prosperar. Schumpeter vio este proceso como la ruptura de los monopolios estancados y su reemplazo con empresas innovadoras más pequeñas. Por el contrario, Marx vio la destrucción creativa como la creación de una mayor tasa de rentabilidad después de que los pequeños y los débiles fueran devorados por los grandes y fuertes.

Para Marx, la «destrucción creativa» tiene dos partes. Se produce la destrucción del capital real “en la medida en que se detiene el proceso de reproducción, se limita o incluso se detiene por completo el proceso de trabajo y se destruye el capital real” porque las “condiciones de producción existentes … no se ponen en acción”, es decir, las empresas cierran plantas y equipos, despiden trabajadores y / o quiebran. Por tanto, el valor del capital se «amortiza», porque el valor de uso físico de la mano de obra y el equipo, etc. ya no se utiliza.

En el segundo caso, es capital ficticio lo que se destruye. En este caso “no se destruye ningún valor de uso”. … En cambio: «una gran parte del capital nominal de la sociedad, es decir, del valor de cambio del capital existente, se destruye por completo». Hay una caída en el valor de los bonos estatales y otras formas de capital ficticio. Pero esto sólo conduce a una “simple transferencia de riqueza de una mano a otra ” (los que ganan con la caída de los precios de los bonos y las acciones de los que pierden). Pero también puede conducir a la destrucción de capital real, cuando conduce «a la quiebra del Estado y de las sociedades anónimas».   Escritos de Marx 1861-63, citado por Giacce, https://www.jstor.org/stable/23104259?seq=1

Tomemos el primero de estos casos de destrucción creativa. ¿Podemos decir que en 2021, la recesión del COVID ha aumentado drásticamente la rentabilidad del capital en las principales economías, o que lo hará? Antes de la recesión pandémica, la rentabilidad en las principales economías capitalistas estaba cerca de mínimos históricos, uno de los indicadores y explicaciones clave de la Larga Depresión de la última década.

Este fue particularmente el caso del capital estadounidense. Recientemente, el economista marxista Chris Dillow, que escribe para Investors Chronicle, reiteró los argumentos y los datos que he presentado sobre la rentabilidad de Estados Unidos. Dillow comenta: “Muestran que las ganancias antes de impuestos de las empresas no financieras el año pasado fueron solo el 7,4 por ciento de los activos no financieros (medidos a coste histórico). Esta fue solo la mitad de la tasa que disfrutaban las empresas a mediados de la década de 1950. E incluso antes de la pandemia, la tasa de ganancias había tenido una tendencia a la baja durante décadas: era más baja en 2019 que en la década de 1970, por ejemplo».  Aquí está mi gráfico, medido de manera ligeramente diferente, pero con el mismo punto.

A nivel mundial, también el crecimiento de las ganancias corporativas (la masa, no la rentabilidad) prácticamente se había detenido antes de la pandemia de COVID.


Esta no era la situación en 1919, al menos en Estados Unidos.En segundo lugar, lejos de que la recesión pandémica eliminase el capital ficticio para que pudiera brotar nuevo capital, ha habido una expansión sin precedentes del dinero de crédito barato para apoyar a las empresas, grandes y pequeñas. En la Gran Depresión, aunque el capital productivo creció lentamente, el capital ficticio se disparó. Y así ha sido durante la recesión pandémica. No ha habido un colapso en los precios de las acciones y los bonos (hasta ahora).


Por tanto, la caída de la pandemia no ha provocado la destrucción de «sociedades anónimas» débiles y no rentables, sino todo lo contrario. Hay aún más empresas poco rentables, principalmente pequeñas, que se tambalean y se mantienen a flote gracias a una ola de dinero barato sin interés inyectado por los bancos centrales. No es «destrucción creativa» sino el surgimiento de los «zombies».

Los últimos datos muestran que en los EEUU casi el 20% de todas las empresas se encuentran en la categoría de ‘zombis’, mientras que en Europa llega hasta el 40%. Mientras estas empresas permanezcan existiendo, mantendrán baja la rentabilidad promedio, el crecimiento de la productividad laboral débil y el desempleo alto. Esa no es la receta capitalista para iniciar un boom prolongado.Por cierto, actualmente existe el argumento de que estas empresas zombies no son realmente zombies en absoluto. Las empresas que parecen tener pérdidas (con ingresos netos negativos) no lo son. En cambio, han estado invirtiendo en ‘intangibles’ (software, I + D y medios que se deducen de los ingresos). Si se agregan a los ingresos, muchos zombis van bien. Sin embargo, si este fuera el caso, ¿dónde están los resultados en relación al crecimiento de la productividad? Pero eso exige otra nota.

Quizás los programas de infraestructura y estímulo fiscal de Biden, que constituyen una inyección aparentemente enorme de gasto público (16% del PIB de EE. UU.), cebarán la bomba de una explosión de inversiones que generarán unos nuevos locos añosveinte. Esa es ciertamente la esperanza o expectativa de muchos economistas keynesianos. Pero las medidas de Biden (incluso si se implementan por completo) no se comparan en magnitud con el auge de la reconstrucción posterior a la Segunda Guerra Mundial en Europa. Las principales economías no se encuentran en una situación parecida a la de posguerra.

Recuerde: incluso antes de que el virus golpeara la economía global, muchas economías capitalistas se estaban desacelerando rápidamente o ya estaban en una recesión total. En los EEUU, una de las economías con mejor éxito, el crecimiento del PIB real en el cuarto trimestre de 2019 había caído a menos del 2% anual con pronósticos de una mayor desaceleración este año. La inversión empresarial se estaba estancando y los beneficios empresariales no financieros habían seguido una tendencia a la baja durante cinco años. El sector capitalista no estaba ni está en condiciones de liderar una recuperación económica que pueda conducir a un mayor crecimiento, inversión productiva y mayores ingresos reales.

La cuestión es que, una vez que terminen los cierres por la pandemia actuales, lo que se necesita para reactivar la producción, la inversión y el empleo es algo así como una economía de guerra, no rescatar a las grandes empresas con subvenciones y préstamos para que puedan volver a «hacer negocios como de costumbre». Esta depresión solo puede revertirse con medidas similares a las de la guerra, a saber, inversiones gubernamentales masivas, propiedad pública de sectores estratégicos y dirección estatal de los sectores productivos de la economía.

¿Pero no es eso lo que pretenden hacer los programas de Biden y lo que Roosevelt hizo con el New Deal en la década de 1930? Bueno, la evidencia histórica es que el New Deal no restauró un boom prolongado del capitalismo estadounidense. Fue necesaria la Segunda Guerra Mundial para hacerlo. El propio Keynes dijo que la economía de guerra demostró que “parece políticamente imposible que una democracia capitalista pueda organizar el gasto en la escala necesaria para realizar los grandes experimentos que probarían mi tesis, excepto en condiciones de guerra. En una nota mía de 2012 demostré que: “En 1940, la inversión del sector privado todavía estaba por debajo del nivel de 1929 y de hecho cayó aún más durante la guerra. Así que el sector estatal se hizo cargo de casi todas las inversiones, ya que los recursos (valor) se desviaron a la producción de armas y otras políticas de seguridad en una economía de guerra».

Andrew Bossie y JW Mason publicaron un artículo perspicaz sobre la experiencia de ese papel del sector público en la economía estadounidense en tiempos de guerra. Muestran que, para empezar, la administración Roosevelt ofreció todo tipo de garantías de préstamos, incentivos fiscales, etc. al sector capitalista. Pero pronto quedó claro que el sector capitalista no podía cumplir con el esfuerzo de guerra, ya que no invertiría ni impulsaría la capacidad productiva sin garantías de beneficios. La inversión pública directa se hizo cargo y se impuso la dirección ejecutiva del gobierno.

La economía de guerra no «estimuló» al sector privado, sino que reemplazó al «mercado libre» y la inversión capitalista con fines de lucro. Para organizar la economía de guerra y garantizar que produjera los bienes necesarios para la guerra, el gobierno de Roosevelt generó una serie de agencias de movilización que no solo compraban bienes a menudo, sino que dirigían de cerca la fabricación de esos bienes e influían fuertemente en el funcionamiento de las empresas privadas y de industrias enteras.

Bossie y Mason encontraron que del 8 al 10 por ciento del PIB durante la década de 1930, el gasto federal aumentó a un promedio de alrededor del 40 por ciento del PIB entre 1942 y 1945. Y lo más significativo, el gasto por contrato en bienes y servicios representó el 23 por ciento de media durante la guerra. Actualmente, en la mayoría de las economías capitalistas, la inversión del sector público supone aproximadamente el 3% del PIB, mientras que la inversión del sector capitalista es un 15% o mayor. En la guerra, esa proporción se invirtió. Los planes de Biden simplemente elevarían la tasa de inversión del gobierno (durante diez años) a aproximadamente el 4% del PIB, si se implementan por completo.

Bossie y Mason concluyen que: “cuanto más — y más rápido — necesita cambiar la economía, más planificación necesita. Más que en cualquier otro período de la historia de Estados Unidos, la economía en tiempos de guerra fue una economía planificada. El cambio masivo y rápido de la producción civil a la militar requirió una dirección mucho más consciente que el proceso normal de crecimiento económico”.

Lo que enseña la historia de la Gran Depresión y la guerra es que, una vez que el capitalismo se encuentra profundamente en una depresión prolongada, debe haber una destrucción sustancial de todo lo que el capitalismo había acumulado en décadas anteriores antes de que una nueva era de expansión sea posible. No hay política que pueda evitar eso y preservar el sector capitalista. Si eso no sucede esta vez, entonces la Larga Depresión que ha sufrido la economía capitalista mundial desde la Gran Recesión podría continuar esta década.

Michael Roberts, economista marxista británico, que ha trabajado 30 años en la City londinense como analista económico y publica el blog The Next Recession.

Fuente: https://thenextrecession.wordpress.com/2021/04/18/the-roaring-twenties-repeated/

Traducción: G. Buster

Fuente: Sin Permiso

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viernes, 30 de abril de 2021

Covid-19. Quiénes son los dueños de las vacunas privadas y cómo se están enriqueciendo

 

Quiénes son los dueños de las vacunas privadas y cómo se están enriqueciendo

 



Por Pascual Serrano 

Rebelión

30/04/2021

Fuentes: Sputnik News

Esta es la historia de cómo los mismos accionistas son dueños de las diferentes vacunas compradas por la UE y EEUU, de cómo los gobiernos europeos pasaron de pagar 2,9 euros a 19,5 la dosis y cómo fueron esos mismos gobiernos los que financiaron con dinero público las investigaciones. Son los dueños del dinero del mundo y ahora también de la salud.

Las denominaciones de las vacunas que se están distribuyendo en Europa y Estados Unidos ya nos resultan familiares por el nombre de sus empresas fabricantes: AstraZeneca, Pfizer/Biotech, Moderna, Janssen (Johnson & Johnson). Sin embargo, no se habla tanto de cuáles son sus accionistas, o dicho de otra forma, quiénes son los dueños de las vacunas. Como era de suponer básicamente se trata de fondos de inversión. Lo curioso es que si los analizamos encontramos dos fondos comunes a todas ellas (incluso en otras vacunas que están pendiente de aprobarse, como la de Novavax): The Vanguard Group y BlackRock. Estos dos fondos de inversión administran 16 billones de dólares. Si fueran un bloque de naciones, serían la tercera potencia mundial, solo por debajo de Estados Unidos y China, de acuerdo con datos del Banco Mundial en 2019.

Su poder es tal que han presionado para que las principales farmacéuticas occidentales se coordinen y negocien conjuntamente. Según la revista financiera Expansión, «Pfizer y Moderna trabajan, cada una por su cuenta, con otras biofarmacéuticas como Rentscheler Polymun, Rovi, Recipharm, mientras que AstraZeneca y Novavax colaboran con el Serum Institute of India, el mayor fabricante de vacunas del mundo, que está elaborando en paralelo productos similares a los de Oxford-AstraZeneca». Incluso esta última empresa anunció una alianza similar con Novavax (que, por supuesto, también tiene a BlackRock y Vanguard son sus mayores accionistas).

Conozcamos algo más de estos fondos. BlackRock es uno de los grupos financieros más influyentes en Wall Street y Washington, así como en Europa. En abril de 2020, la división de consultoría de BlackRock ganó un contrato de la Reserva Federal de Estados Unidos para gestionar su programa de estímulo financiero. Este fondo de inversión mueve más de 6,65 billones de euros, es decir, supera en cuatro veces y media el Producto Interior Bruto de España.

En España, según los registros de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), BlackRock participa en 21 grandes empresas cotizadas españolas. 18 pertenecen al Ibex, lo que supone más de la mitad del selectivo que agrupa a las principales compañías del país. En el peor momento de la pandemia y de la Bolsa española eso eran 13.000 millones de euros. Controla nada menos que el 15,9% del mercado español de inversiones.

Dueños de la banca española

De ese dinero, cerca de 9000 millones de euros están invertidos en la banca española BlackRock es el primer accionista de los dos grandes bancos españoles, Santander y BBVA, el tercero de Banco Sabadell y Bankinter y tiene cerca del 3% del Banco Popular. Cuenta también con capital de CaixaBank y Bankia, ahora fusionados. También posee participaciones en grandes empresas multinacionales españolas, como por ejemplo: Iberdrola, Telefónica, Repsol, Red Eléctrica, ACS, OHL, Gamesa, IAG, Amadeus o Aena.

BlackRock también es el mayor casero de España puesto que es el accionista de referencia de las dos mayores Socimi (sociedad de inversión inmobiliaria) españolas, que están cotizadas en el Ibex 35: Merlin Properties Socimi, S.A. e Inmobiliaria Colonial Socimi, S.A.

Los de BlackRock están en todo lo que pueda dar dinero. Hace unos años se anunció que sería el principal accionista de una empresa creada para comprar plantas fotovoltaicas en España, como el Gobierno suspendió las subvenciones a las energías renovables, el fondo demandó al Gobierno español y le exigió una indemnización de 124 millones de euros. Perdió entonces la subvención, pero seguro le llegará ahora con los fondos de recuperación europeos que se destinarán al desarrollo de las energías renovables.

Puertas giratorias

Una de las estrategias de BlackRock es lograr influencia política mediante la contratación de altos cargos de gobiernos y bancos centrales. Todos unos especialistas en puertas giratorias para políticos que se portaron bien. Llevan contratados al menos a 84 exfuncionarios del gobierno de EE. UU. Además del exdirector del banco central de Suiza, el exministro de Hacienda del Reino Unido, el exvicepresidente de la Reserva Federal de Estados Unidos, el exportavoz parlamentario del partido alemán CDU, el exjefe de gabinete de Hillary Clinton o el exconsejero de Jacques Chirac.

En cuanto a The Vanguard Group, es uno de los mayores inversores del mundo, solo superado por el BlackRock. A comienzos de 2020 contaba con 6,2 billones de euros en activos repartidos en algo más de 400 fondos en EEUU, Europa y el resto del mundo. Cuenta entre sus principales inversiones con compañías como Apple, Microsoft, Amazon, Facebook o Alphabet (Google). Suma importantes participaciones en otras como The Coca-Cola Company, Walmart o Disney.

Estimar la presencia de Vanguard en España, según Eldiario.es es algo más complicado, ya que está dividida en decenas de fondos que operan en Europa. La CNMV obliga a todos los accionistas que superan el 3% de una empresa a hacer públicas sus posiciones y la gestora estadounidense no aparece en ninguna de ellas como inversor relevante. Es en los registros de la institución homóloga estadounidense, la SEC, donde se comprueba que Vanguard está presente en todas las compañías del selectivo bursátil español, aunque sea con participaciones minoritarias. El diario La Información estimó, en base a distintos registros, que el dinero de este fondo alcanza unos 12.000 millones de euros en el Ibex a finales de 2019.

Pero tampoco creamos que entre estas empresas se pelean. Basta saber que Vanguard es el primer accionista de Blackrock.

Goldman Sachs

Conocidas ya las dos grandes empresas propietarias de nuestras vacunas, vale la pena fijarse en otra que está presente en el accionariado de varias de ellas, desde AstraZeneca hasta Novavax, que se fabricará en España, se trata de Goldman Sachs. Como se recordará, esta entidad, con su bancarrota, tuvo un papel importante en la crisis financiera de 2008 y estuvo involucrada en el origen de la crisis de la deuda soberana en Grecia, ya que ayudó a esconder el déficit de las cuentas griegas del Gobierno conservador.

El negocio de las vacunas no para de dispararse para estos fondos de inversión. El primer gran pelotazo lo pega Pfizer cuando descubre que de cada vial en lugar de salir cinco dosis se pueden sacar seis, como el precio firmado por los gobiernos eran por dosis, se encuentra con una subida del 20% de su producto, una ganancia anual adicional de 3.120 millones de euros en su facturación global, por el mismo producto. Como no les pareció suficiente, durante su intervención en la conferencia virtual Barclays Global Healthcare, dos directivos de Pfizer —el director financiero Frank D’Amelio y Chuck Triano, vicepresidente senior de relaciones con inversores— anunciaron que habría una oportunidad para que Pfizer subiera los precios de la vacuna. Aunque el precio que negocia la UE es secreto, el primer ministro búlgaro, Boyko Borissov, ha revelado hace unos días que Pfizer empezó costando 12 euros la dosis, luego 15,50 y ahora la Comisión Europea está firmando contrato por 19,50 euros. La caída en desgracia de AstraZeneca puede ser una gran noticia, los gobiernos europeos pasarán de comprar una vacuna que valía 2,9 euros a los 19,50 que ya vale la de Pfizer y, como hemos visto, los accionistas son los mismos.

La nueva remesa de compra firmada entre la UE y la farmacéutica contempla 300 millones de dosis para la segunda mitad de 2021. Esto sumaría un total de 600 millones para todo el año. El Ejecutivo comunitario desveló también hace unos días que ha iniciado negociaciones para adquirir otros 1.800 millones de dosis en su estrategia de vacunación para 2022 y 2023. Esto se produce al mismo tiempo que se está planteando no renovar el contrato de compra con AstraZeneca por su incumplimiento en la entrega de las vacunas. Es lógico si los inversores pueden vender un producto por 19 euros por qué van a seguir entregando otro con la misma función para el mismo cliente por menos de tres. Incumples el compromiso de entrega del segundo y les colocas el primero.

Investigación con dinero público

Y, mientras tanto, no dejan de salir a luz informaciones que muestran que los principales recursos para la investigación de las vacunas fueron públicos. Un estudio elaborado por prestigiosos científico a partir de toda la documentación ofrecida por los investigadores revela que, en el caso de la vacuna de AstraZeneca, la industria farmacéutica soportó menos del 3% de los costes de investigación que la han hecho posible. La mayor parte de los 120 millones de euros invertidos llegaron desde el Gobierno del Reino Unido (45 millones) y la Comisión Europea (30 millones), mientras el resto procedía de entidades también financiadas con fondos públicos (centros de investigación) y fundaciones que apoyan la investigación científica.

El dinero público le vino muy bien al consejero delegado, Pascal Soriot, que vio cómo la empresa le premió el desarrollo de la vacuna contra el coronavirus con una subida salarial que llegó a los 18 millones en 2020 y que se aproximará en los próximos años a los 20 millones.

En cuanto a Pfizer, el presidente de la empresa, Albert Bourla, declaraba desde Nueva York al periódico español El Mundo que su empresa no dispuso de subvenciones ni dinero público para investigar la vacuna, sin embargo, el eurodiputado español Ernest Urtasun le recordaba que la tecnología RNA usada por Pfizer fue desarrollada por Biontech con el apoyo de casi 445 millones de dólares del gobierno alemán.

Es por todo ello que el eurodiputado belga Marc Botenga denuncia que los europeos hemos pagado cuatro veces el valor de la vacuna. «Los fondos públicos han financiado la investigación, el desarrollo, la capacidad productiva…, pero la propiedad final de la vacuna sigue siendo de la empresa. Esto se traduce, a fin de cuentas, en que es la empresa la que decide la cantidad de vacunas que se puede producir y el precio de venta», afirma.

Lobby contra la liberalización de la patente

Una investigación de Corporate Europe Observatory muestra las maniobras del gran lobby farmacéutico EFPIA (Federación Europea de Industrias y Asociaciones Farmacéuticas) para presionar a la Comisión Europea para que no ceda ante quienes piden la liberalización de las patentes para poder vacunar a toda la humanidad. EFPIA es el principal grupo de presión de las grandes farmacéuticas en Europa, con un gasto en lobby de hasta 5,5 millones en 2020 con la participación de 25 lobistas (4,6 millones en 2019) y ha dejado clara su oposición a «cualquier flexibilización de los derechos de propiedad intelectual».

Algunos números pueden ayudar a comprender la negativa de las farmacéuticas. El informe del Corporate Europe Observatory señala que «según una estimación conservadora, los ingresos de 15.000 millones de dólares de las ventas de la vacuna por parte de Pfizer este año lo convertirán en el segundo fármaco que más ingresos genera en cualquier momento y en cualquier lugar, con un beneficio estimado de 4.000 millones de euros (sólo superado por un fármaco contra la artritis). Otros analistas alcanzan una cifra mucho más alta al tomar en cuenta una decisión reciente de aumentar la producción a 2.500 millones de dosis, y un beneficio de 3-5 dólares por dosis: entre 7.500 y 12.500 millones de dólares beneficios (es decir, 10.500 millones de euros)».

Esos fondos de inversión con los que empezamos nuestro texto ya no son solamente los dueños del dinero que se invierte en el mundo, ahora son los dueños de nuestra salud, o sea, de nuestra vida.

Fuente: https://mundo.sputniknews.com/20210423/quienes-son-los-duenos-de-las-vacunas-privadas-y-como-se-estan-enriqueciendo-1111506444.html

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