viernes, 2 de octubre de 2020

Para descifrar China

 

DESCIFRAR CHINA (II)

 ¿Capitalismo o socialismo?

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 CLAUDIO KATZ

28 SEPTIEMBRE 2020 | CAPITALISMO, CHINA, SOCIALISMO

Vientosur

Justificaciones milenaristas

Otra explicación de la expansión del país relativiza los determinantes económicos y subraya la preeminencia de condicionamientos histórico-sociológicos. Observa el despegue como un retorno al antiguo equilibrio destruido por la primacía de Occidente. Recuerda que China es una civilización milenaria, con derecho a ocupar un lugar hegemónico en el concierto de las naciones. Por eso interpreta su protagonismo actual, como una compensación a los desvíos creadospor la dominación occidental en los últimos dos siglos. Concluido ese paréntesis, la historia tendería a recuperar una  trayectoria previa asentada en la centralidad de China.

Esta teoría de la venganza milenaria supone que el país recobra su legítimo predominio. Recuerda que en el año 1800, las economías localizadas en los territorios asiáticos proveían el 49% de la producción mundial (Fornillo, 2018).Estima que China actualmente reequilibra la historia y recupera el lugar de una vieja economía de mercado, que siempre superó a otras formaciones asentadas en la preeminencia militar (Nolan, 2019). Estas miradas recuerdan que en el pasado, la distribución del poder económico era proporcional a un patrón de peso demográfico que tiende a reaparecer (Ríos, 2017).

Pero de su interpretación de la historia, algunos enfoques deducen la validez de una resurrección hegemónica de China en el escenario actual. Aportan importantes observaciones que mejoran nuestro conocimiento de una sociedad milenaria, pero deducen de ese pasado un controvertido derecho de China a recuperar centralidad en el mundo.

Esa nación no es portadora de ningún destino (a la dominación o a la subordinación) por la simple inexistencia de ese atributo. China no encarna ningún devenir superior al resto de la humanidad, por la misma razón Estados Unidos carece de un “destino manifiesto” como custodio de la seguridad mundial. Ese mismo faltante se extiende a Europa, que no es transmisora de ninguna “civilización” de excelencia a los pueblos de la periferia.

Las justificaciones milenaristas retoman las mitologías de la excepcionalidad nacional, como una virtud de ciertas poblaciones frente a otras. En el caso de China, las tesis sinocéntricas han irrumpido como reacción al eurocentrismo previo. Luego de un siglo de humillación occidental suponen la validez de una retribución. Pero ese razonamiento participa de todos los mitos gestados en torno a la “invención de las naciones”, para enaltecer ciertos territorios, destinos, culturas o idiomas.

La tradición marxista siempre ha confrontado con ese tipo de creencias, que agudizan las rivalidades nacionales y afectan los intereses compartidos de todos los pueblos del mundo. El comunismo chino propagó activamente un ideario nítidamente internacionalista durante décadas. Enarboló especialmente una variante antiimperialista de ese proyecto asentado en el protagonismo revolucionario del Tercer Mundo.

Ese legado ha quedado ahora erosionado por el nuevo patriotismo sinocéntrico, que presenta el desarrollo de China, como una revancha frente a la opresión impuesta por Occidente (Guigue, 2018). El mismo argumento patriótico es utilizado para interpretar el enriquecimiento de los capitalistas locales, como una retribución al empobrecimiento sufrido en el pasado. La incorporación de potentados al Partido Comunista es presentada con ese fundamento como una expresión de ponderables comportamientos nacionales (Ding, 2009).Pero en los hechos ocurre todo lo contrario. Los sectores adinerados de la nueva elite china son afines a Occidente, propician el estrechamiento de la asociación transnacional y propagan el credo neoliberal.

Algunas justificaciones nacionalistas del renacimiento de China se sustentan en la revalorización delconfucionismo, como fundamento del estado, la sociedad, la ética y la armonía familiar. Otras reemplazan el análisis concreto del desarrollo desigual y combinado contemporáneo por vagos preceptos de auge y declive secular de sistemas sociales indiferenciados. Con ese enfoque, el devenir de China es despegado de su cimiento en modos de producción tributarios, capitalistas o socialistas, para ser evaluado con el dudoso patrón valorativo de las civilizaciones.

Esa mirada diluye las singularidades de las últimas décadas en nebulosas tramas meta-históricas. El propio pasado de China se pierde en esas vaguedades. Olvida que la oleada nacionalista que sucedió a la guerra de Opio (1840) alimentó la moderna identidad china y apuntaló la conciencia nacional de la revolución republicana (1911). El posterior triunfo socialista (1949) combinó proyectos agrarios, democráticos y antiimperialistas que definieron el curso posterior del país. Los críticos del milenarismo subrayan la centralidad de estas trasformaciones (Lin Chun, 2013:197-211).

El mismo debate se extiende a la evaluación del papel internacional de China. Algunos análisis dan cuenta de la frecuente identificación de ese rol, como el cimiento de una nueva civilización, forjada con criterios de comunidad, destino compartido, desarrollo pacífico y armonía global (Margueliche, 2020). Esa imagen idealizada de universalismo es propagada con un lenguaje despolitizado de consenso universal, que simplemente omite las tendencias destructivas del capitalismo (Lin Chun, 2019). Para superar esa evasión conviene aplicar al análisis de China,los mismos parámetros de materialismo histórico, que se utilizan para indagar la trayectoria de cualquier otra nación.

Capitalismo, socialismo, formas intermedias

Los principales interrogantes sobre China no radican en las peculiaridades de su modelo, sino en la naturaleza social de su sistema ¿Es capitalista, socialista o intermedio?

Para dilucidar ese problema hay que reconocer primero la validez de esos conceptos, en contraposición a los pensadores que los omiten o impugnan. Habitualmente descartan la relevancia actual del socialismo, considerando que el capitalismo es el único sistema válido. Esa visión convalida implícitamente la óptica neoliberal, que asoció el derrumbe de la Unión Soviética con el “fin de la historia” y la consiguiente eternidad del capitalismo. Con esa postura resulta imposible comprender la trayectoria seguida por China y caracterizar a un régimen que proclama su identidad con la perspectiva socialista.

Si se considera que esa definición es intrascendente o constituye un simple disfraz habría que extender la misma objeción a otras evaluaciones. ¿Por qué aceptar por ejemplo la consistencia de los conceptos capitalismo regulado y desregulado? ¿O de liberales y antiliberales? ¿No ocultan otra realidad subyacente que invalida esas caracterizaciones?

El análisis se torna más sensato si se reconoce que capitalismo y socialismo son las dos nociones organizadoras de la interpretación de China. Aportan reglas antagónicas de funcionamiento de la sociedad y el estado, que permiten indagar dónde se ubica ese país.

Ciertamente son conceptos insuficientes para caracterizar el modelo vigente en un país, pero aportan un punto de partida insoslayable. Antes de dilucidar las especificidades del capitalismo o del socialismo chino hay que esclarecer el significado básico de ambos términos.

La vigencia de capitalismo está dada en el terreno económico por la propiedad privada de los medios de producción y la preeminencia de normas de beneficio, competencia y explotación, junto al desequilibrio de la sobreproducción. Ninguna variedad de capitalismo se desenvuelve sin la presencia de estas condiciones.

Esos tres pilares no sólo distinguen al capitalismo de su antónimo socialista. También lo diferencian de formas incompletas o primitivas de gestión mercantil. El mercado precedió y sucederá al capitalismo. Es un dispositivo complementario de distintos sistemas y su presencia no define la naturaleza social de un país. La presentación de China como “una economía de mercado” -que conceptualizó un influyente estudioso de esa sociedad (Arrighi, 2007: cap 3 y 8)- evade la caracterización efectiva del régimen.

El pasaje de normas mercantiles acotadas y compatibles con la planificación a los tres pilares de la economía capitalista, marcó el debut potencial en China de ese sistema a principios de los años 90. La pequeña y mediana propiedad privada en el agro dio paso a grandes empresas industriales pertenecientes a la nueva burguesía. La fijación de precios por normas competitivas se amplió al grueso de las cotizaciones, se extendieron las modalidades de explotación y la acumulación de beneficios enriqueció a una influyente minoría. Además, los viejos cuellos de botella generados por la sub-producción fueron sustituidos por tensiones de sobre-inversión. Estos cambios retratan la gravitación de modalidades capitalistas en la economía china.

De esa canasta de elementos lo más significativo es el surgimiento de una clase propietarias de los medios de producción que busca transmitir privilegios a sus herederos.¿Pero la indiscutible incidencia de este sector define la vigencia del capitalismo en China?

La respuesta sería probablemente afirmativa en otras circunstancias históricas. El país comenzó a incorporarse a ese sistema en un escenario global de neoliberalismo y financiarización, sin adoptar esas dos características. Esa limitación tornó muy incompleta desde el inicio la restauración del capitalismo. Las modalidades de alta regulación, restricción de ganancias, propiedad pública de la tierra y manejo estatal de los bancos, la moneda y el comercio exterior obstruyen la vigencia plena de ese sistema.

A diferencia de otras experiencias -como el neo-desarrollismo o el distribucionismo latinoamericano de la última década- el distanciamiento chino del neoliberalismo y la financiarización no ha sido un episodio de pocos años. Impera en un país, que forjó su economía contemporánea con pilares de socialismo.

El carácter acotado del predominio capitalista en China se verifica más nítidamente en el plano político. Esa esfera es decisiva puesto que la preeminencia de ese sistema no se define exclusivamente en el ámbito de la economía o la sociedad. Presupone también el manejo del estado por parte de la gran burguesía. La simple existencia de este sector o su elevada gravitación en el control de los recursos no determina el status capitalista de un país. Los principales resortes del poder estatal deben quedar sometidos al manejo directo o delegado de los apropiadores. Y ese control no se verifica en la actualidad en China.

El estado funciona con las normas e instituciones forjadas a partir de la revolución socialista de 1949. La continuada preeminencia del Partido Comunista -y de toda la estructura de organismos nacionales y regionales conectados a esa primacía- ilustra una modalidad de gobierno muy distinta a las formas habituales del poder político burgués.

En China no se produjo la implosión que desintegró a la URSS, ni el abrupto colapso de los regímenes del Este Europeo. La repetición de esa trayectoria que esperaban los líderes de Occidente no se verificó. La ruptura del sistema que impuso Yeltsin contrastó con la continuidad que reafirma Xi Jinping. Esa diferencia indica que la clase capitalista ya forjada en China actúa bajo un sistema político que no domina.

Esa estructura institucional mantiene, además, ideologías, símbolos y próceres muy chocantes para los preceptos básicos del capitalismo. Reivindica el heroísmo en lugar el lucro y las metas colectivas en vez del enriquecimiento personal. Ciertamente esos principios divergen de una realidad económica sujeta en gran medida a la lógica del beneficio. Pero esa tensión también expresa los límites que afronta el reingreso pleno del capitalismo.

El legado socialista no sólo aflora lateralmente en los formalismos de los funcionarios, sino que conserva vigencia en el gran espectro de la izquierda y recobra importancia en las coyunturas de crítica a la desigualdad.  ¿Pero esos límites a la restauración capitalista indican, entonces, la continuidad de su contracara socialista?

En los términos concebidos por los clásicos del marxismo, China siempre se ubicó a una gran distancia de esa meta. Nunca alcanzo el bienestar colectivo, la abundancia material o la democracia genuina, que permitirían inaugurar la disolución de las formas opresivas del estado. Mucho más alejado de ese ideal estuvo siempre la utopía positiva del comunismo.

Durante las primeras décadas que sucedieron a la revolución rigió una transición al socialismo asentada en dos principios de esa evolución: la expansión de la propiedad pública y la intervención popular en la transformación de la sociedad. Posteriormente se incluyeron en la misma plataforma numerosos mecanismos comerciales para renovar el crecimiento. Esa etapa quedó cerrada con la conformación de una nueva clase propietaria de grandes empresas. El avance inicial al socialismo se transformó en un proceso opuesto de involución hacia el capitalismo. Esa regresión no se ha consumado, pero revirtió la tendencia precedente.

En China no rige el capitalismo, ni el socialismo. Prevalece una modalidad histórica intermedia e irresuelta de sociedad, junto a una formación burocrática en el manejo del estado. El funcionariado que controla el poder estatal no actúa por simple delegación de la nueva clase propietaria. Busca sostener -mediante un elevado ritmo de crecimiento- un equilibrio de todos los sectores sociales del país.

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Así sí. Así ya vamos teniendo todos los mimbres para tejer el cesto del fascismo financiero en el que nos encontramos, o si alguien prefiere verlo de otro modo, en el totalitarismo capitalista en el que nos hallamos. Por una parte, nuestra intimidad es un libro abierto en manos de quienes nos dominan económica, política e ideológicamente, gracias al espionaje continuo al que nos están sometiendo permanentemente a través de las redes sociales. Saben, pues, de nuestra debilidad y fragilidad intelectual para tratar en profundidad un tema concreto, incluido el fútbol, de modo que con este dato en sus manos ya saben la fórmula del pensó ideológico que nos tiene que suministrar a través de los medios de prensa, radio y televisión: pienso compuesto de cosas simples: bueno, malo, blanco, negro, viva, muera, asesino, santo, etc., que para ellos tiene una efectividad garantizada, porque con esos conceptos simples y separados el uno del otro, sin relación entre ellos, jamás podremos entender la realidad tan compleja en la que vivimos, sobre cuyo conocimiento necesaria y obligadamente se tiene que levantar cualquier teoría que marque el camino a seguir por los trabajadores para la resolución efectiva de los problemas. De permanecer en la pasividad cuando no indiferencia de la política y de lo político en la que nos encontramos actualmente los trabajadores, no es que nos aseguremos el fracaso. Este ya lo tenemos encima, sino que nos estamos asegurando la perpetuación de ese fracaso, pero cada vez más intenso y extenso. Podemos salir de la situación presente dedicándonos a la oración, al cabezazo continúo contra la farola de las lamentaciones o lanzándoles sin parar aleluyas y vivas al jefe del partido, pero casi veo mejor y más efectivo que todo eso junto, el empezar a leer y a hablar con los que tengamos más cercanos y a taparse los oídos en cuanto se empiece escuchar el canto del primer cisme que se acerque, porque ya sabemos los trabajadores que los cisnes no se acercan a nosotros más que para engañarnos.

CÓMO LOS ALGORITMOS DISCIERNEN NUESTRO ESTADO DE ÁNIMO POR LO QUE ESCRIBIMOS ONLINE


Investigadores y empresas están utilizando los ordenadores para identificar las emociones tras nuestras palabras escritas. Aunque el análisis de sentimientos está lejos de ser prefecto, consigue destilar significados de enorme cantidades de datos y un día podría incluso evaluar la salud mental.

Dana Mackenzie

EL SALTO

30 SEP 2020 

Mucha gente ha declarado a 2020 como el peor año de la historia. Aunque una descripción de este tipo puede parecer irremediablemente subjetiva, según una medida es cierta.

Esa referencia es el Hedonómetro, una forma computerizada de evaluar tanto nuestra felicidad como nuestro desaliento. Funciona día a día en ordenadores de la Universidad de Vermont (UVM), donde reúne alrededor de 50 millones de tuits de Twitter y después da una lectura rápida del estado de ánimo del público. Según el Hedonómetro, 2020 ha sido de largo el año más horrible desde que empezó a hacer seguimiento en 2008.

El Hedonómetro es una encarnación relativamente reciente de una tarea en la que los informáticos han estado trabajando durante más de 50 años: usar los ordenadores para evaluar el tono emocional de las palabras. Para construir el Hedonómetro, el informático de la UVM Chris Danforth tuvo que enseñar a una máquina a entender las emociones tras esos tuits ya que ningún humano tendría posibilidad de leerlos todos. Este proceso, llamado análisis de sentimientos, ha hecho grandes avances en años recientes y está encontrando cada vez más usos.

Además de tomar la temperatura emocional del usuario de Twitter, los investigadores están empleando el análisis de sentimientos para medir las percepciones de la gente del cambio climático y para examinar sabiduría convencional como, en la música, si un acorde menor es más triste que un acorde mayor (y cuánto más). Los negocios que codician información sobre los sentimientos de los consumidores están utilizando el análisis de sentimientos para evaluar críticas en plataformas como Yelp. Algunos lo están usando para medir los estados de ánimo de los empleados en las redes sociales internas en funcionamiento. La técnica puede tener también aplicaciones médicas, como identificar a las personas deprimidas que necesitan ayuda.

El análisis de sentimientos está permitiendo a los investigadores examinar una avalancha de datos que era previamente larga y difícil de recoger, por no hablar de estudiar, dice Danforth. “En la ciencia social tendemos a medir cosas que son fáciles, como el producto interior bruto. La felicidad es una cosa importante que es difícil de medir”.

DECONSTRUIR EL ‘GUISO DE PALABRAS’

Podrías pensar que el primer paso en el análisis de sentimientos sería enseñar al ordenador a entender lo que están diciendo los humanos. Pero eso es algo que los informáticos no pueden hacer: entender el lenguaje es uno de los problemas notoriamente difíciles en la inteligencia artificial. Pero hay abundantes claves para las emociones tras un texto escrito, que los ordenadores pueden reconocer incluso sin entender el significado de las palabras.

El enfoque más temprano al análisis de sentimientos es el recuento de palabras. La idea es bastante sencilla: contar el número de palabras positivas y restar el número de palabras negativas. Una medida incluso mejor puede obtenerse pesando las palabras: “Excelente”, por ejemplo, conlleva un sentimiento más fuerte que “bueno”. Estos pesos son generalmente asignados por expertos humanos y son parte de la creación de los diccionarios palabra-emoción, llamados lexicons, que el análisis de sentimientos a menudo utilizan.

Los informáticos están usando algoritmos de aprendizaje automático que enseñan a un programa informático a reconocer pautas, como las relaciones significativas entre palabras

Pero el recuento de palabras tiene problemas inherentes. Uno es que ignora el orden de las palabras, tratando a una frase como una especie de guiso de palabras. Y el recuento de palabras puede pasar por alto señales específicas del contexto. Considera esta crítica de producto: “Estoy tan feliz de que mi iPhone no sea como mi viejo y feo Droid”. La frase tiene tres palabras negativas (‘no’, ‘viejo’ y ‘feo’) y sólo una positiva (‘feliz’). Mientras que un humano reconoce inmediatamente que ‘viejo’ y ‘feo’ se refieren a un teléfono diferente, para el ordenador, parece negativo. Y las comparaciones presentan dificultades adicionales: ¿Qué significa ‘no sea como’? ¿Significa que el hablante no está comparando el iPhone con el Android? El lenguaje puede ser muy confuso.

Para abordar estos asuntos, los informáticos han recurrido cada vez más a enfoques más sofisticados que dejan a los humanos completamente al margen. Están usando algoritmos de aprendizaje automático que enseñan a un programa informático a reconocer pautas, como las relaciones significativas entre palabras. Por ejemplo, el ordenador puede aprender que parejas de palabras como ‘banco’ y ‘parque’ a menudo se dan juntas. Estas asociaciones pueden dar claves respecto a significado o sentimiento. Si ‘banco’ y ‘dinero’ están en la misma frase, probablemente sea un tipo de banco diferente.

Un gran paso en estos métodos se dio en 2013, cuando Tomas Mikolov, de Google Brain, aplicó el aprendizaje automatizado para construir una herramienta llamada Word Embeddings (incrustaciones de palabras). Ésta convierte cada palabra en una lista de 50 a 300 números, llamada vector. Los números son como una huella que describe una palabra, y concretamente las otras palabras a las que tiende a frecuentar.

Para obtener estos descriptores, el programa de Mikolov miró millones de palabras en artículos de prensa e intentó predecir la siguiente palabra de texto, dadas las palabras previas. Las incrustaciones de Mikolov reconocen sinónimos: palabras como ‘dinero’ o ‘efectivo’ tienen vectores muy parecidos. Más sutilmente, las Word Embeddings capturan analogías elementales ─que rey es a reina lo que chico es a chica, por ejemplo─ aunque no pueden definir esas palabras (una hazaña remarcable dado que tales analogías eran parte de cómo los exámenes de acceso a la universidad en EEUU evaluaban el desempeño).

Las Word Embeddings de Mikolov eran generadas por lo que se llama una red neuronal con una capa oculta. Las redes neuronales, que están ligeramente modeladas según el cerebro humano, han permitido increíbles avances en el aprendizaje automatizado, incluido AlphaGo (que aprendió a jugar al juego de go mejor que el campeón del mundo). La red de Mikolov era una red deliberadamente más superficial, así que podía ser útil para variedades tareas, como traducción y análisis de temas.

Las redes neuronales más profundas, con más capas de cortex, pueden extraer incluso más información sobre el sentimiento de una palabra en el contexto de una frase o documento concretos. Una tarea de referencia común es que el ordenador lea la crítica de una película en IMDB y prediga si el crítico la aprobó o suspendió. Los primeros métodos de léxico consiguieron cerca del 74% de precisión. Los más sofisticados llegaron al 87%. Las primeras redes neuronales, en 2011, consiguieron el 89%. Hoy actúan con más del 94% de precisión ─acercándose a la de un humano. (El humor y el sarcasmo siguen siendo grandes escollos, porque las palabras escritas pueden expresar literalmente lo contrario del sentimiento que se pretende).

A pesar de los beneficios de las redes neuronales, los métodos basados en léxico son todavía populares; el Hedonómetro, por ejemplo, usa un léxico, y Danforth no tiene intención de cambiarlo. Aunque las redes neuronales pueden ser más precisas para algunos problemas, vienen con un coste. Sólo el periodo de formación es una de las tareas informáticamente más intensas que puedes pedir hacer a un ordenador.

Pacientes diagnosticados con depresión tenían estilos de escritura distintivos, como el uso de los pronombres ‘yo’ y ‘mí’ más a menudo

“Básicamente, estás limitado por cuánta electricidad tienes”, dice Robert Stine, de Wharton School, que cubre la evolución del análisis de sentimientos en el Annual Review of Statistics and Its Application de 2019. “¿Cuánta electricidad utilizó Google para preparar AlphaGo? El chiste que escuché fue que la suficiente como para cocer el océano”, dice Stine.

Además de las necesidades de electricidad, las redes neuronales requieren hardware caro y conocimiento técnico, y hay una falta de transparencia porque el ordenador está descifrando cómo abordar la tarea, más que siguiendo las instrucciones explícitas de un programador. “Es más fácil corregir errores con un léxico”, dice Bing Liu, de la Universidad de Illinois en Chicago, uno de los pioneros del análisis de sentimientos.

MEDIR LA SALUD MENTAL

Aunque el análisis de sentimientos cae a menudo en la esfera de los informáticos, tiene profundas raíces en la psicología. En 1962, el psicólogo de Harvard Philip Stone desarrolló el General Inquirer, el primer programa informatizado de análisis de textos de carácter general para utilización en psicología; en los 90, el psicólogo social James Pennebaker desarrolló un temprano programa para análisis de sentimientos (el Linguistic Inquiry and Word Count) como mirada a los mundos psicológicos de la gente. Estas primeras evaluaciones revelaron y confirmaron pautas que los expertos habían observado desde hace tiempo: pacientes diagnosticados con depresión tenían estilos de escritura distintivos, como el uso de los pronombres ‘yo’ y ‘mí’ más a menudo. Usaban más palabras con afectividad negativa, y a veces más palabras relacionadas con la muerte.

Hay todavía trabajo que hacer para mostrar cuán útiles son estos análisis: muchos estudios que evalúan la salud mental no consiguen definir sus términos adecuadamente

Los investigadores están ahora examinando la expresión de la salud mental en el lenguaje y la escritura analizando publicaciones en redes sociales. Andrew Reece, psicólogo de Danforth y Harvard, por ejemplo, analizó las publicaciones de Twitter de personas con diagnósticos formales de depresión o desorden por estrés post-traumático que fueron escritos antes de la diagnosis (con el consentimiento de los participantes). Empezaron a aparecer signos de depresión hasta nueve meses antes. Y Facebook tiene un algoritmo para detectar usuarios que parecen estar en riesgo de suicidio; expertos humanos revisan los casos y, si corresponde, envían a los usuarios indicaciones o números de ayuda telefónica.

PREDECIR LA DEPRESIÓN DE LOS TUITS

Pero los datos de redes sociales están todavía muy lejos de ser usados en atención al paciente. Los temas de privacidad son una inquietud obvia. Además, hay todavía trabajo que hacer para mostrar cuán útiles son estos análisis: muchos estudios que evalúan la salud mental no consiguen definir sus términos adecuadamente o no proporcionan suficiente información como para replicar sus resultados, dice Stevie Chancellor, una experta en informática centrada en las personas de la NorthWestern University y coautor de una crítica reciente de 75 estudios de este tipo. Pero aun así cree que el análisis de sentimientos podría ser útil clínicamente, por ejemplo al hacer el triaje de un nuevo paciente. E incluso sin datos personales, el análisis de sentimientos puede identificar tendencias como el nivel general de estrés de estudiantes universitarios durante una pandemia, o los tipos de interacciones en redes sociales que disparan las recaídas entre las personas con desórdenes alimenticios.

LEER LOS ESTADOS DE ÁNIMO

El análisis de sentimientos también está abordando cuestiones más desenfadadas, como los efectos del clima sobre el estado de ánimo. En 2016, Nick Obradovich, ahora en el Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano de Berlín, analizó alrededor de 2.000 millones de publicaciones de Facebook y mil millones de publicaciones en Twitter. Un poco de lluvia rebajaba la felicidad expresada por la gente alrededor de un 1%. Las temperaturas bajo cero la rebajaban alrededor del doble. En un estudio de seguimiento ─y más desalentador─, Obradovich y otros colegas miraron Twitter para entender los sentimientos sobre el cambio climático. Descubrieron que tras cinco años de aumento del calor, la sensación de los usuarios de Twitter de lo ‘normal’ cambió y ya no tuiteaban sobre una ola de calor. No obstante, la sensación de bienestar de los usuarios aún era afectada, muestran los datos. “Es un problema que progresa tan despacio que no se percibe”, dice Obradovich. “Ése fue uno de los descubrimientos empíricos más preocupantes que nunca he hecho”.

Aunque ‘lunes’ es el nombre de día que suscita las reacciones más negativas, el martes era en realidad el día en que la gente estaba más triste

La reputación del lunes como peor día de la semana también requirió investigación. Aunque ‘lunes’ es el nombre de día que suscita las reacciones más negativas, el martes era en realidad el día en que la gente estaba más triste, descubrió un temprano análisis de tuits por el Hedonómetro de Danforth. El viernes y el sábado, por supuesto, eran los días más felices. Pero la pauta semanal cambió tras las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016. Aunque probablemente todavía hay una señal semanal, “superpuesta sobre ella están acontecimientos que atrapan nuestra atención y se habla sobre ellos más que sobre lo básico de la vida”, dice Danforth. Traducción: en Twitter, la política nunca para. “Cualquier día de la semana puede ser el más triste”, dice.

Otro tópico puesto a prueba es que en la música, los acordes mayores se perciben como más alegres que los acordes menores. Yong-Yeol Ahn, un experto en ciencia social informática de la Universidad de Indiana, puso a prueba esta idea analizando el sentimiento de las letras que acompañan a cada acorde en 123.000 canciones. Los acordes mayores de hecho estaban asociados con palabras más alegres, 6,3 comparado con 6,2 para los acordes menores en una escala de 1 a 9. Aunque la diferencia parece pequeña, es aproximadamente la mitad de la diferencia de sentimiento entre Navidad y un día de la semana normal en el Hedonómetro. Ahn también comparó los géneros y descubrió que el rock de los 60 era el más feliz; el heavy metal era el más negativo.

SAGACIDAD EMPRESARIAL

El mundo de los negocios también está asumiendo la herramienta. El análisis de sentimientos se está volviendo ampliamente usado por las empresas, pero muchas no hablan sobre ello así que precisamente aumentar su popularidad es difícil. “Todas lo están haciendo: Microsoft, Google, Amazon, todas. Algunas de ellas tienen múltiples grupos de investigación”, dice Liu. Una medida de interés de fácil acceso es el gran número de programas de software de análisis de sentimientos comerciales y académicos que están disponibles públicamente: una comparación de referencia de 2018 detalló 28 programas de este tipo.

Algunas empresas usan el análisis de sentimientos para entender lo que sus clientes están diciendo en las redes sociales. Como ejemplo posiblemente apócrifo, Expedia Canada llevó a cabo una campaña de márketing en 2013 que se hizo viral de la forma equivocada, porque la gente odiaba la chirriante música de violín de fondo. Expedia sustituyó rápidamente el molesto anuncio con nuevos vídeos que se reían del antiguo (por ejemplo, invitaron a un disgustado usuario de Twitter a destrozar el violín). Se afirma frecuentemente que Expedia fue alertada de la respuesta de las redes sociales por el análisis de sentimientos. Aunque esto es difícil de confirmar, ciertamente es el tipo de cosa que el análisis de sentimientos podría hacer.

Otras empresas utilizan el análisis de sentimientos para hacer seguimiento de la satisfacción de la plantilla, por ejemplo, monitoreando las redes sociales internas de la empresa. IBM, por ejemplo, desarrolló un programa llamado Social Pulse que hacía seguimiento de la intranet de la compañía para ver de qué se estaban quejando los empleados. Por motivos de privacidad, el software sólo miraba a las publicaciones que se compartían con toda la empresa. Incluso así, esta tendencia molesta a Danforth, quien dice: “Mi preocupación sería que la privacidad de los empleados no estuviera en consonancia con la esencia de la empresa. Es una cosa éticamente dudosa”.

Es probable que la ética siga siendo un problema a medida que el análisis de sentimientos se vuelve más común. Y las empresas, los profesionales de la salud mental y de cualquier otro campo que consideren su uso deberían tener en mente que aunque el análisis de sentimientos es infinitamente prometedor, cumplir esa promesa puede ser difícil todavía. Las matemáticas que subyacen a los análisis son la parte fácil. La parte difícil es entender a los humanos. Como dice Liu, “Ni siquiera entendemos lo que es entender”.

Knowable Magazine

Artículo original: How algorithms discern our mood from what we write online, publicado el licencia creative commons y traducido por Eduardo Pérez para El Salto.

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jueves, 1 de octubre de 2020

¿Y las guerras por qué no se paran antes de que empiecen? ¿Y los trabajadores españoles por qué consentimos que el gobierno -el actual y los pasados- nos quite de servicios sociales 18 mil millones de euros todos los años que van para pagar la financiación de la OTAN de la guerra que viene?

 

PUTIN, TRUMP Y MACRON ACUERDAN UNA DECLARACIÓN SOBRE NAGORNO KARABAJ


https://mundo.sputniknews.com/politica/202010011092970363-putin-trump-y-macron-acuerdan-una-declaracion-sobre-nagorno-karabaj/

01.10.2020

MOSCÚ (Sputnik) — Los líderes de Rusia, Estados Unidos y Francia, Vladímir Putin, Donald Trump y Emmanuel Macron, condenaron enérgicamente el conflicto en Nagorno Karabaj y llamaron a cesar de inmediato las hostilidades en la región.

La declaración sobre Karabaj, acordada este 1 de octubre por los tres presidentes, fue publicada en la página web del Kremlin.

"El presidente de la Federación de Rusia, el presidente de EEUU y el presidente de la República Francesa, que representan los países copresidentes del Grupo de Minsk de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), condenan enérgicamente la escalada de tensiones en la línea de contacto en Nagorno Karabaj", señala la declaración conjunta.

Los tres líderes también instaron a Bakú y Ereván a poner fin de inmediato a las hostilidades en Karabaj y reanudar negociaciones sin condiciones previas.

"Pedimos a los líderes de Armenia y Azerbaiyán que asuman inmediatamente compromisos para reanudar de buena fe y sin condiciones previas las negociaciones sobre la solución del conflicto con la asistencia de los copresidentes del Grupo de Minsk de la OSCE", indica el texto. 

Además los líderes expresaron sus condolencias a las familias de los muertos y heridos en Nagorno Karabaj.

Por su parte, el portavoz de la presidencia rusa, Dmitri Peskov, alertó de que las declaraciones de algunos países sobre su posible apoyo a uno u otro bando del conflicto en Nagorno Karabaj entrañan unas consecuencias graves.

"Consideramos que cualquier participación de terceros países en este enfrentamiento puede tener consecuencias extremadamente negativas", dijo Peskov a la prensa.

El portavoz señaló que las declaraciones sobre posible intervención militar en el conflicto solo empeorarán la situación en la región.

El 27 de septiembre volvieron a estallar los choques armados entre Armenia y Azerbaiyán en Nagorno Karabaj, foco de conflicto desde 1988, cuando este territorio de población mayoritariamente armenia decidió separarse de la entonces República Socialista Soviética de Azerbaiyán.

Las dos naciones se acusan mutuamente de haber desatado esta nueva espiral de hostilidades.

Tras la escalada de las hostilidades entre 1992 y 1994, Azerbaiyán perdió el control de Karabaj y siete distritos adyacentes.

Azerbaiyán insiste en recuperar su integridad territorial, mientras que Armenia defiende los intereses de la autoproclamada república de Nagorno Karabaj, que no es parte de las negociaciones para solucionar el conflicto, encabezadas por el llamado Grupo de Minsk de la OSCE.

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Descifrando China

 

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CLAUDIO KATZ

28 SEPTIEMBRE 2020 | CAPITALISMO, CHINA, SOCIALISMO

Vientosur

Desequilibrios sin neoliberalismo ni financiarización 

China introdujo un modelo con regulaciones estatales muy alejadas del patrón neoliberal. Se integró a la globalización con una elevada presencia del sector público y con gran incidencia gubernamental en las normas de inversión. Impuso limitaciones al nivel de las ganancias, a la distribución de los dividendos y a la transferencia de los beneficios al exterior (Andreani; Herrera, 2013). La nueva potencia se asoció al capitalismo mundializado con reglas muy distintas a las imperantes en ese sistema.

La gravitación de las empresas estatales es ilustrativa de esa estrategia. Luego de un intenso proceso de privatizaciones, las compañías del sector público conforman un núcleo minoritario, pero con dimensiones 14 veces mayores al promedio de la economía. Están localizadas, además, en las ramas estratégicas del petróleo, el gas, el acero, los seguros, las telecomunicaciones y la banca (Treacy, 2020).

China tiene un stock de activos del sector público equivalente al 150% del PIB anual, lo que triplica el acervo del sector privado. Sólo Japón cuenta con un stock semejante, mientras que en las principales economías ese porcentual no supera el 50%. Las mismas diferencias se observan en la gravitación de la inversión pública y en el peso de las empresas estatales con activos gigantescos (Roberts, 2020, 2018, 2017).

Es importante registrar, además, el elevado grado de centralización de esas compañías, que operan bajo la supervisión directa del Partido Comunista. Esas empresas garantizan el suministro de insumos baratos a toda la estructura productiva.

El grado de privatización actual de la economía china es muy controvertido. Algunas estimaciones destacan la nítida preeminencia de ese sector(Hart-Landsberg,2011)y otras restringen su incidencia dominante al 30% de PBI (Merino, 2020). Pero todos los analistas coinciden en resaltar el continuado papel protagónico de las firmas estatales.

Otro rasgo distintivo del modelo ha sido la conservación de la tierra como propiedad pública. Esa condición está determinada por las exigencias de soberanía alimentaria, en un país que concentra el 22% de la población mundial con tan sólo el 6% de la tierra cultivable. La relación per cápita de utilización del suelo para la nutrición es 10 veces inferior al nivel imperante en Francia (Andreani, Herrera, 2013).

Las modalidades de la propiedad agraria común han sido muy diversas. La pequeña producción ha persistido, las formas comunales perdieron peso frente al ámbito privado y el despegue de los años 80 se basó en el crecimiento exponencial de todo el sector. Allí se generaron los primeros excedentes para la industrialización posterior. Como el volumen de la población urbana saltó del 20 al 50% del total, la expansión del agro fue indispensable para asegurar el abastecimiento alimentario de las ciudades. La propiedad pública garantizó ese equilibrio (Amin, 2013).

El derecho a utilizar pequeños terrenos cumple, además, una función protectora de los trabajadores migrantes, cuando el incremento del desempleo los expulsa de las ciudades. Cuentan con una especie de seguro social agrario frente a los vaivenes del mercado laboral (Au Loong, 2016). Las tensiones que generaría la implementación en el agro de las privatizaciones introducidas en el suelo urbano han disuadido esa extensión. El patrón del agrobusiness que el neoliberalismo impuso en el grueso del planeta no rige en China.

En ese país tampoco prevalece la financiarización vigente en el grueso de las economías occidentales. Las regulaciones acotan especialmente el ingreso y egreso de los capitales. Ese flujo está controlado por distintos mecanismos cambiarios, que protegen a la economía de los temblores financieros internacionales (Amin, 2018).

Ese control de las divisas no sólo otorga a China grandes ventajas en la gestión de cualquier crisis. Ha permitido la conversión de los ingresos de la exportación en créditos bancarios orientados a la industrialización. Con esos mismos dispositivos se limita también la fuga de capital y la expatriación de las ganancias. La nueva clase adinerada ha sido inducida a reciclar internamente sus beneficios y a tolerar la intermediación del Banco Central en la gestión de sus fondos.

El principal instrumento de esa regulación financiera son los bancos de propiedad estatal. Una veintena de entidades controlan el 98% de las operaciones y manejan los monumentales depósitos que orientan el crédito. Un corolario de esa supervisión es la ausencia de financiarización en los tres terrenos de ese dispositivo. El auto-financiamiento de empresas, la titularización de los bancos y el endeudamiento de los hogares son muy secundarios en comparación a cualquier economía occidental (Lapavitsas, 2016: 227).

Con su prescindencia del neoliberalismo y la financiarización, China se ahorró muchos desequilibrios que afectan a sus competidores. Pero no ha podido soslayar las contradicciones que introduce el capitalismo. Esas tensiones irrumpieron con la sustitución de modelo mercantil-planificado por el esquema de privatización de las grandes empresas.

China es el principal epicentro mundial de la superproducción y esos sobrantes empujan a redoblar la búsqueda de mercados externos. Esa compulsión deriva en picos de sobre-inversión interna, que su vez alimentan la especulación inmobiliaria, el endeudamiento creciente y las operaciones financieras en las sombras.

Neoliberales y heterodoxos

La impresionante irrupción de China suscita admiración, temor e incomprensión. La elite occidental no logra hilvanar una interpretación coherente de lo ocurrido. Oscila entre el reproche a la continuidad del comunismo y la alegría por el giro pro-capitalista. Algunos sospechan que la nueva potencia mantiene con disfraces su viejo régimen y otros celebran su conversión al ideario de mercado.

Estas incoherencias repiten las reacciones de la guerra fría frente al apogeo económico de la URSS. Esa expansión generaba en 1950-60 tanto odio como envidia, entre los intelectuales orgánicos del imperialismo occidental. Pero la tónica finalmente dominante frente a China es la confrontación, con todo tipo de fábulas sobre el peligro rojo o amarillo.

Lo neoliberales suelen explicar el crecimiento chino por su meritoria adopción del capitalismo. Omiten el antecedente socialista y presuponen una falsa identidad entre la vigencia del mercado y la preeminencia de las privatizaciones. La primera norma operó durante un largo tiempo en estrecha combinación con la planificación y la segunda ha quedado acotada por los límites al neoliberalismo y la financiarización.

El desarrollo chino refuta todos los mitos del capitalismo desregulado. Ese modelo no prevaleció en ninguna de las tres fases del desenvolvimiento económico del país. El impulso inicial se consumó bajo estrictas reglas de planificación centralizada, el período siguiente incorporó mecanismos de gestión mercantil y el curso actual contiene formas capitalistas acotadas por la regulación estatal. La simplificada creencia que las reglas del beneficio rescataron a esa economía de su “estancamiento socialista” es una fantasía de los derechistas, que no logran digerir la extraordinaria expansión de un modelo ajeno a sus recetas.

Ese desconcierto se traduce en esquizofrénicas loas y repudios al “orden”, la “jerarquía” o la “disciplina”, que observan en el funcionamiento del sistema económico chino. Esas características son elogiadas como sinónimo de “progreso capitalista” o denigradas como evidencias de la “dictadura comunista”. La coherencia brilla por su ausencia entre los neoliberales, a la hora de evaluar la irrupción de la nueva potencia asiática.

La heterodoxia convencional presenta a China como el principal ejemplo del capitalismo regulado. En general rehúye el debate conceptual sobre el significado de esa categoría. Simplemente refuta las ensoñaciones neoliberales de un crecimiento, guiado por la mágica presencia de la mano invisible del mercado. Esa crítica subraya la constante preeminencia de la regulación estatal en cada avance consumado por el país. Describe correctamente la decisiva ausencia del neoliberalismo y la financiarización, pero supone que la simple continuidad de esa estrategia garantiza el sendero del progreso.

Esa mirada reduce todos los secretos del desarrollo a la presencia dominante del estado. Omite que muchos países contaron con largos períodos de primacía estatal, sin superar el atraso ante la continuada primacía del capitalismo dependiente. Al desconocer que el logro de China se cimentó inicialmente, en mayúsculas transformaciones  de tono anticapitalista, se transmite un diagnóstico incompleto y sesgado.

Los teóricos del capitalismo regulado olvidan que sus principios estuvieron totalmente ausentes en el debut de proceso y no cumplieron ningún rol importante durante la combinación del plan con el mercado. Han aparecido finalmente con formas muy singulares en la actualidad. La historia de los últimos dos siglos contiene incontables ensayos de regulación capitalista fallida que China no imitó.

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El país perdido (Aragón)

El coronavirus pasa de castaño a castañón y de este a castañazo. El Secretario General de la ONU se ha dejado caer con el castañazo de “que una de las consecuencias del desequilibrio actual entre las personas y la naturaleza es la aparición de enfermedades mortales, como el coronavirus. Si esto lo dice el jefe, calculen qué no andará diciendo por ahí el último mono de la ONU, o sea, el conserje que abre la puerta todos los días, por ejemplo. Y menos mal que dentro del disparate, por lo menos ha reconocido que él en 10 años no ha cumplido con su trabajo, a lo mejor es que no vale ni para hablar. Pues ya saben los millones de trabajadores españoles que en marzo de 2020 (cuando al coronavirus no lo conocía entonces ni su puta madre) aun teniendo trabajo y cobrando por lo trabajado eran considerados pobres porque no les llega ni para comer a fin de mes, que el culpable de esa situación, según el dicho figura de la ONU, fue el coronavirus, ¿Quién si no podría ser? Podría ser aceptable que por la propia ceguera de los trabajadores (y yo el primero) dejemos que jueguen con nuestra existencia, pero hombre, jefe Secretario General de la ONU, no nos tomes el pelo de tan malas maneras, porque mira que a mí se me escurre eso de tu puta madre como quien no quiere la cosa, pero por culpa también del coronavirus, no te vayas a pensar. En fin, que el coronavirus será lo que sea, pero que tiene otras cosas que no son del coronavirus y tienen tan malas pintas o más que lo que sea el coronavirus, y mientras más tardemos los trabajadores en descubrirlas para actuar contra ellas al tiempo que contra el coronavirus peor para nosotros.

 

EL JEFE DE LA ONU AFIRMA EN LA CUMBRE DE BIODIVERSIDAD QUE NO SE LOGRÓ NINGUNA META PARA 2020


2020© REUTERS / Mike Segar MEDIOAMBIENTE 18:01 GMT 30.09.2020URL corto 0
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30.09.2020

ONU (Sputnik) — El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, dijo durante su discurso en la Cumbre sobre Biodiversidad que no se alcanzó ninguno de los objetivos acordados por los estados miembros para este año.

"Hace diez años, logramos compromisos que deberían haber protegido nuestro planeta. Hemos fracasado en gran medida (…) A pesar de los repetidos compromisos, nuestros esfuerzos no han sido suficientes para cumplir con ninguno de los objetivos globales de biodiversidad establecidos para 2020", afirmó Guterres.

El secretario general de la ONU se refería a las 20 Metas de Aichi para la Diversidad Biológica acordadas por los países en 2010 para:

·         abordar las causas de la pérdida de diversidad biológica;

·         promover la sostenibilidad;

·         salvaguardar los ecosistemas;

·         avanzar en la implementación de estrategias relevantes.

El jefe de la ONU advirtió que una de las consecuencias del desequilibrio actual entre las personas y la naturaleza es la aparición de enfermedades mortales, como el coronavirus.

"El 75% de las nuevas enfermedades infecciosas son zoonóticas, pasan de los animales a los humanos, lo que demuestra la íntima interconexión entre la salud de nuestro planeta y la nuestra", dijo Guterres.