viernes, 2 de octubre de 2020

Así sí. Así ya vamos teniendo todos los mimbres para tejer el cesto del fascismo financiero en el que nos encontramos, o si alguien prefiere verlo de otro modo, en el totalitarismo capitalista en el que nos hallamos. Por una parte, nuestra intimidad es un libro abierto en manos de quienes nos dominan económica, política e ideológicamente, gracias al espionaje continuo al que nos están sometiendo permanentemente a través de las redes sociales. Saben, pues, de nuestra debilidad y fragilidad intelectual para tratar en profundidad un tema concreto, incluido el fútbol, de modo que con este dato en sus manos ya saben la fórmula del pensó ideológico que nos tiene que suministrar a través de los medios de prensa, radio y televisión: pienso compuesto de cosas simples: bueno, malo, blanco, negro, viva, muera, asesino, santo, etc., que para ellos tiene una efectividad garantizada, porque con esos conceptos simples y separados el uno del otro, sin relación entre ellos, jamás podremos entender la realidad tan compleja en la que vivimos, sobre cuyo conocimiento necesaria y obligadamente se tiene que levantar cualquier teoría que marque el camino a seguir por los trabajadores para la resolución efectiva de los problemas. De permanecer en la pasividad cuando no indiferencia de la política y de lo político en la que nos encontramos actualmente los trabajadores, no es que nos aseguremos el fracaso. Este ya lo tenemos encima, sino que nos estamos asegurando la perpetuación de ese fracaso, pero cada vez más intenso y extenso. Podemos salir de la situación presente dedicándonos a la oración, al cabezazo continúo contra la farola de las lamentaciones o lanzándoles sin parar aleluyas y vivas al jefe del partido, pero casi veo mejor y más efectivo que todo eso junto, el empezar a leer y a hablar con los que tengamos más cercanos y a taparse los oídos en cuanto se empiece escuchar el canto del primer cisme que se acerque, porque ya sabemos los trabajadores que los cisnes no se acercan a nosotros más que para engañarnos.

CÓMO LOS ALGORITMOS DISCIERNEN NUESTRO ESTADO DE ÁNIMO POR LO QUE ESCRIBIMOS ONLINE


Investigadores y empresas están utilizando los ordenadores para identificar las emociones tras nuestras palabras escritas. Aunque el análisis de sentimientos está lejos de ser prefecto, consigue destilar significados de enorme cantidades de datos y un día podría incluso evaluar la salud mental.

Dana Mackenzie

EL SALTO

30 SEP 2020 

Mucha gente ha declarado a 2020 como el peor año de la historia. Aunque una descripción de este tipo puede parecer irremediablemente subjetiva, según una medida es cierta.

Esa referencia es el Hedonómetro, una forma computerizada de evaluar tanto nuestra felicidad como nuestro desaliento. Funciona día a día en ordenadores de la Universidad de Vermont (UVM), donde reúne alrededor de 50 millones de tuits de Twitter y después da una lectura rápida del estado de ánimo del público. Según el Hedonómetro, 2020 ha sido de largo el año más horrible desde que empezó a hacer seguimiento en 2008.

El Hedonómetro es una encarnación relativamente reciente de una tarea en la que los informáticos han estado trabajando durante más de 50 años: usar los ordenadores para evaluar el tono emocional de las palabras. Para construir el Hedonómetro, el informático de la UVM Chris Danforth tuvo que enseñar a una máquina a entender las emociones tras esos tuits ya que ningún humano tendría posibilidad de leerlos todos. Este proceso, llamado análisis de sentimientos, ha hecho grandes avances en años recientes y está encontrando cada vez más usos.

Además de tomar la temperatura emocional del usuario de Twitter, los investigadores están empleando el análisis de sentimientos para medir las percepciones de la gente del cambio climático y para examinar sabiduría convencional como, en la música, si un acorde menor es más triste que un acorde mayor (y cuánto más). Los negocios que codician información sobre los sentimientos de los consumidores están utilizando el análisis de sentimientos para evaluar críticas en plataformas como Yelp. Algunos lo están usando para medir los estados de ánimo de los empleados en las redes sociales internas en funcionamiento. La técnica puede tener también aplicaciones médicas, como identificar a las personas deprimidas que necesitan ayuda.

El análisis de sentimientos está permitiendo a los investigadores examinar una avalancha de datos que era previamente larga y difícil de recoger, por no hablar de estudiar, dice Danforth. “En la ciencia social tendemos a medir cosas que son fáciles, como el producto interior bruto. La felicidad es una cosa importante que es difícil de medir”.

DECONSTRUIR EL ‘GUISO DE PALABRAS’

Podrías pensar que el primer paso en el análisis de sentimientos sería enseñar al ordenador a entender lo que están diciendo los humanos. Pero eso es algo que los informáticos no pueden hacer: entender el lenguaje es uno de los problemas notoriamente difíciles en la inteligencia artificial. Pero hay abundantes claves para las emociones tras un texto escrito, que los ordenadores pueden reconocer incluso sin entender el significado de las palabras.

El enfoque más temprano al análisis de sentimientos es el recuento de palabras. La idea es bastante sencilla: contar el número de palabras positivas y restar el número de palabras negativas. Una medida incluso mejor puede obtenerse pesando las palabras: “Excelente”, por ejemplo, conlleva un sentimiento más fuerte que “bueno”. Estos pesos son generalmente asignados por expertos humanos y son parte de la creación de los diccionarios palabra-emoción, llamados lexicons, que el análisis de sentimientos a menudo utilizan.

Los informáticos están usando algoritmos de aprendizaje automático que enseñan a un programa informático a reconocer pautas, como las relaciones significativas entre palabras

Pero el recuento de palabras tiene problemas inherentes. Uno es que ignora el orden de las palabras, tratando a una frase como una especie de guiso de palabras. Y el recuento de palabras puede pasar por alto señales específicas del contexto. Considera esta crítica de producto: “Estoy tan feliz de que mi iPhone no sea como mi viejo y feo Droid”. La frase tiene tres palabras negativas (‘no’, ‘viejo’ y ‘feo’) y sólo una positiva (‘feliz’). Mientras que un humano reconoce inmediatamente que ‘viejo’ y ‘feo’ se refieren a un teléfono diferente, para el ordenador, parece negativo. Y las comparaciones presentan dificultades adicionales: ¿Qué significa ‘no sea como’? ¿Significa que el hablante no está comparando el iPhone con el Android? El lenguaje puede ser muy confuso.

Para abordar estos asuntos, los informáticos han recurrido cada vez más a enfoques más sofisticados que dejan a los humanos completamente al margen. Están usando algoritmos de aprendizaje automático que enseñan a un programa informático a reconocer pautas, como las relaciones significativas entre palabras. Por ejemplo, el ordenador puede aprender que parejas de palabras como ‘banco’ y ‘parque’ a menudo se dan juntas. Estas asociaciones pueden dar claves respecto a significado o sentimiento. Si ‘banco’ y ‘dinero’ están en la misma frase, probablemente sea un tipo de banco diferente.

Un gran paso en estos métodos se dio en 2013, cuando Tomas Mikolov, de Google Brain, aplicó el aprendizaje automatizado para construir una herramienta llamada Word Embeddings (incrustaciones de palabras). Ésta convierte cada palabra en una lista de 50 a 300 números, llamada vector. Los números son como una huella que describe una palabra, y concretamente las otras palabras a las que tiende a frecuentar.

Para obtener estos descriptores, el programa de Mikolov miró millones de palabras en artículos de prensa e intentó predecir la siguiente palabra de texto, dadas las palabras previas. Las incrustaciones de Mikolov reconocen sinónimos: palabras como ‘dinero’ o ‘efectivo’ tienen vectores muy parecidos. Más sutilmente, las Word Embeddings capturan analogías elementales ─que rey es a reina lo que chico es a chica, por ejemplo─ aunque no pueden definir esas palabras (una hazaña remarcable dado que tales analogías eran parte de cómo los exámenes de acceso a la universidad en EEUU evaluaban el desempeño).

Las Word Embeddings de Mikolov eran generadas por lo que se llama una red neuronal con una capa oculta. Las redes neuronales, que están ligeramente modeladas según el cerebro humano, han permitido increíbles avances en el aprendizaje automatizado, incluido AlphaGo (que aprendió a jugar al juego de go mejor que el campeón del mundo). La red de Mikolov era una red deliberadamente más superficial, así que podía ser útil para variedades tareas, como traducción y análisis de temas.

Las redes neuronales más profundas, con más capas de cortex, pueden extraer incluso más información sobre el sentimiento de una palabra en el contexto de una frase o documento concretos. Una tarea de referencia común es que el ordenador lea la crítica de una película en IMDB y prediga si el crítico la aprobó o suspendió. Los primeros métodos de léxico consiguieron cerca del 74% de precisión. Los más sofisticados llegaron al 87%. Las primeras redes neuronales, en 2011, consiguieron el 89%. Hoy actúan con más del 94% de precisión ─acercándose a la de un humano. (El humor y el sarcasmo siguen siendo grandes escollos, porque las palabras escritas pueden expresar literalmente lo contrario del sentimiento que se pretende).

A pesar de los beneficios de las redes neuronales, los métodos basados en léxico son todavía populares; el Hedonómetro, por ejemplo, usa un léxico, y Danforth no tiene intención de cambiarlo. Aunque las redes neuronales pueden ser más precisas para algunos problemas, vienen con un coste. Sólo el periodo de formación es una de las tareas informáticamente más intensas que puedes pedir hacer a un ordenador.

Pacientes diagnosticados con depresión tenían estilos de escritura distintivos, como el uso de los pronombres ‘yo’ y ‘mí’ más a menudo

“Básicamente, estás limitado por cuánta electricidad tienes”, dice Robert Stine, de Wharton School, que cubre la evolución del análisis de sentimientos en el Annual Review of Statistics and Its Application de 2019. “¿Cuánta electricidad utilizó Google para preparar AlphaGo? El chiste que escuché fue que la suficiente como para cocer el océano”, dice Stine.

Además de las necesidades de electricidad, las redes neuronales requieren hardware caro y conocimiento técnico, y hay una falta de transparencia porque el ordenador está descifrando cómo abordar la tarea, más que siguiendo las instrucciones explícitas de un programador. “Es más fácil corregir errores con un léxico”, dice Bing Liu, de la Universidad de Illinois en Chicago, uno de los pioneros del análisis de sentimientos.

MEDIR LA SALUD MENTAL

Aunque el análisis de sentimientos cae a menudo en la esfera de los informáticos, tiene profundas raíces en la psicología. En 1962, el psicólogo de Harvard Philip Stone desarrolló el General Inquirer, el primer programa informatizado de análisis de textos de carácter general para utilización en psicología; en los 90, el psicólogo social James Pennebaker desarrolló un temprano programa para análisis de sentimientos (el Linguistic Inquiry and Word Count) como mirada a los mundos psicológicos de la gente. Estas primeras evaluaciones revelaron y confirmaron pautas que los expertos habían observado desde hace tiempo: pacientes diagnosticados con depresión tenían estilos de escritura distintivos, como el uso de los pronombres ‘yo’ y ‘mí’ más a menudo. Usaban más palabras con afectividad negativa, y a veces más palabras relacionadas con la muerte.

Hay todavía trabajo que hacer para mostrar cuán útiles son estos análisis: muchos estudios que evalúan la salud mental no consiguen definir sus términos adecuadamente

Los investigadores están ahora examinando la expresión de la salud mental en el lenguaje y la escritura analizando publicaciones en redes sociales. Andrew Reece, psicólogo de Danforth y Harvard, por ejemplo, analizó las publicaciones de Twitter de personas con diagnósticos formales de depresión o desorden por estrés post-traumático que fueron escritos antes de la diagnosis (con el consentimiento de los participantes). Empezaron a aparecer signos de depresión hasta nueve meses antes. Y Facebook tiene un algoritmo para detectar usuarios que parecen estar en riesgo de suicidio; expertos humanos revisan los casos y, si corresponde, envían a los usuarios indicaciones o números de ayuda telefónica.

PREDECIR LA DEPRESIÓN DE LOS TUITS

Pero los datos de redes sociales están todavía muy lejos de ser usados en atención al paciente. Los temas de privacidad son una inquietud obvia. Además, hay todavía trabajo que hacer para mostrar cuán útiles son estos análisis: muchos estudios que evalúan la salud mental no consiguen definir sus términos adecuadamente o no proporcionan suficiente información como para replicar sus resultados, dice Stevie Chancellor, una experta en informática centrada en las personas de la NorthWestern University y coautor de una crítica reciente de 75 estudios de este tipo. Pero aun así cree que el análisis de sentimientos podría ser útil clínicamente, por ejemplo al hacer el triaje de un nuevo paciente. E incluso sin datos personales, el análisis de sentimientos puede identificar tendencias como el nivel general de estrés de estudiantes universitarios durante una pandemia, o los tipos de interacciones en redes sociales que disparan las recaídas entre las personas con desórdenes alimenticios.

LEER LOS ESTADOS DE ÁNIMO

El análisis de sentimientos también está abordando cuestiones más desenfadadas, como los efectos del clima sobre el estado de ánimo. En 2016, Nick Obradovich, ahora en el Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano de Berlín, analizó alrededor de 2.000 millones de publicaciones de Facebook y mil millones de publicaciones en Twitter. Un poco de lluvia rebajaba la felicidad expresada por la gente alrededor de un 1%. Las temperaturas bajo cero la rebajaban alrededor del doble. En un estudio de seguimiento ─y más desalentador─, Obradovich y otros colegas miraron Twitter para entender los sentimientos sobre el cambio climático. Descubrieron que tras cinco años de aumento del calor, la sensación de los usuarios de Twitter de lo ‘normal’ cambió y ya no tuiteaban sobre una ola de calor. No obstante, la sensación de bienestar de los usuarios aún era afectada, muestran los datos. “Es un problema que progresa tan despacio que no se percibe”, dice Obradovich. “Ése fue uno de los descubrimientos empíricos más preocupantes que nunca he hecho”.

Aunque ‘lunes’ es el nombre de día que suscita las reacciones más negativas, el martes era en realidad el día en que la gente estaba más triste

La reputación del lunes como peor día de la semana también requirió investigación. Aunque ‘lunes’ es el nombre de día que suscita las reacciones más negativas, el martes era en realidad el día en que la gente estaba más triste, descubrió un temprano análisis de tuits por el Hedonómetro de Danforth. El viernes y el sábado, por supuesto, eran los días más felices. Pero la pauta semanal cambió tras las elecciones presidenciales estadounidenses de 2016. Aunque probablemente todavía hay una señal semanal, “superpuesta sobre ella están acontecimientos que atrapan nuestra atención y se habla sobre ellos más que sobre lo básico de la vida”, dice Danforth. Traducción: en Twitter, la política nunca para. “Cualquier día de la semana puede ser el más triste”, dice.

Otro tópico puesto a prueba es que en la música, los acordes mayores se perciben como más alegres que los acordes menores. Yong-Yeol Ahn, un experto en ciencia social informática de la Universidad de Indiana, puso a prueba esta idea analizando el sentimiento de las letras que acompañan a cada acorde en 123.000 canciones. Los acordes mayores de hecho estaban asociados con palabras más alegres, 6,3 comparado con 6,2 para los acordes menores en una escala de 1 a 9. Aunque la diferencia parece pequeña, es aproximadamente la mitad de la diferencia de sentimiento entre Navidad y un día de la semana normal en el Hedonómetro. Ahn también comparó los géneros y descubrió que el rock de los 60 era el más feliz; el heavy metal era el más negativo.

SAGACIDAD EMPRESARIAL

El mundo de los negocios también está asumiendo la herramienta. El análisis de sentimientos se está volviendo ampliamente usado por las empresas, pero muchas no hablan sobre ello así que precisamente aumentar su popularidad es difícil. “Todas lo están haciendo: Microsoft, Google, Amazon, todas. Algunas de ellas tienen múltiples grupos de investigación”, dice Liu. Una medida de interés de fácil acceso es el gran número de programas de software de análisis de sentimientos comerciales y académicos que están disponibles públicamente: una comparación de referencia de 2018 detalló 28 programas de este tipo.

Algunas empresas usan el análisis de sentimientos para entender lo que sus clientes están diciendo en las redes sociales. Como ejemplo posiblemente apócrifo, Expedia Canada llevó a cabo una campaña de márketing en 2013 que se hizo viral de la forma equivocada, porque la gente odiaba la chirriante música de violín de fondo. Expedia sustituyó rápidamente el molesto anuncio con nuevos vídeos que se reían del antiguo (por ejemplo, invitaron a un disgustado usuario de Twitter a destrozar el violín). Se afirma frecuentemente que Expedia fue alertada de la respuesta de las redes sociales por el análisis de sentimientos. Aunque esto es difícil de confirmar, ciertamente es el tipo de cosa que el análisis de sentimientos podría hacer.

Otras empresas utilizan el análisis de sentimientos para hacer seguimiento de la satisfacción de la plantilla, por ejemplo, monitoreando las redes sociales internas de la empresa. IBM, por ejemplo, desarrolló un programa llamado Social Pulse que hacía seguimiento de la intranet de la compañía para ver de qué se estaban quejando los empleados. Por motivos de privacidad, el software sólo miraba a las publicaciones que se compartían con toda la empresa. Incluso así, esta tendencia molesta a Danforth, quien dice: “Mi preocupación sería que la privacidad de los empleados no estuviera en consonancia con la esencia de la empresa. Es una cosa éticamente dudosa”.

Es probable que la ética siga siendo un problema a medida que el análisis de sentimientos se vuelve más común. Y las empresas, los profesionales de la salud mental y de cualquier otro campo que consideren su uso deberían tener en mente que aunque el análisis de sentimientos es infinitamente prometedor, cumplir esa promesa puede ser difícil todavía. Las matemáticas que subyacen a los análisis son la parte fácil. La parte difícil es entender a los humanos. Como dice Liu, “Ni siquiera entendemos lo que es entender”.

Knowable Magazine

Artículo original: How algorithms discern our mood from what we write online, publicado el licencia creative commons y traducido por Eduardo Pérez para El Salto.

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jueves, 1 de octubre de 2020

¿Y las guerras por qué no se paran antes de que empiecen? ¿Y los trabajadores españoles por qué consentimos que el gobierno -el actual y los pasados- nos quite de servicios sociales 18 mil millones de euros todos los años que van para pagar la financiación de la OTAN de la guerra que viene?

 

PUTIN, TRUMP Y MACRON ACUERDAN UNA DECLARACIÓN SOBRE NAGORNO KARABAJ


https://mundo.sputniknews.com/politica/202010011092970363-putin-trump-y-macron-acuerdan-una-declaracion-sobre-nagorno-karabaj/

01.10.2020

MOSCÚ (Sputnik) — Los líderes de Rusia, Estados Unidos y Francia, Vladímir Putin, Donald Trump y Emmanuel Macron, condenaron enérgicamente el conflicto en Nagorno Karabaj y llamaron a cesar de inmediato las hostilidades en la región.

La declaración sobre Karabaj, acordada este 1 de octubre por los tres presidentes, fue publicada en la página web del Kremlin.

"El presidente de la Federación de Rusia, el presidente de EEUU y el presidente de la República Francesa, que representan los países copresidentes del Grupo de Minsk de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE), condenan enérgicamente la escalada de tensiones en la línea de contacto en Nagorno Karabaj", señala la declaración conjunta.

Los tres líderes también instaron a Bakú y Ereván a poner fin de inmediato a las hostilidades en Karabaj y reanudar negociaciones sin condiciones previas.

"Pedimos a los líderes de Armenia y Azerbaiyán que asuman inmediatamente compromisos para reanudar de buena fe y sin condiciones previas las negociaciones sobre la solución del conflicto con la asistencia de los copresidentes del Grupo de Minsk de la OSCE", indica el texto. 

Además los líderes expresaron sus condolencias a las familias de los muertos y heridos en Nagorno Karabaj.

Por su parte, el portavoz de la presidencia rusa, Dmitri Peskov, alertó de que las declaraciones de algunos países sobre su posible apoyo a uno u otro bando del conflicto en Nagorno Karabaj entrañan unas consecuencias graves.

"Consideramos que cualquier participación de terceros países en este enfrentamiento puede tener consecuencias extremadamente negativas", dijo Peskov a la prensa.

El portavoz señaló que las declaraciones sobre posible intervención militar en el conflicto solo empeorarán la situación en la región.

El 27 de septiembre volvieron a estallar los choques armados entre Armenia y Azerbaiyán en Nagorno Karabaj, foco de conflicto desde 1988, cuando este territorio de población mayoritariamente armenia decidió separarse de la entonces República Socialista Soviética de Azerbaiyán.

Las dos naciones se acusan mutuamente de haber desatado esta nueva espiral de hostilidades.

Tras la escalada de las hostilidades entre 1992 y 1994, Azerbaiyán perdió el control de Karabaj y siete distritos adyacentes.

Azerbaiyán insiste en recuperar su integridad territorial, mientras que Armenia defiende los intereses de la autoproclamada república de Nagorno Karabaj, que no es parte de las negociaciones para solucionar el conflicto, encabezadas por el llamado Grupo de Minsk de la OSCE.

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Descifrando China

 

DESCIFRAR CHINA (II)

 ¿Capitalismo o socialismo?

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CLAUDIO KATZ

28 SEPTIEMBRE 2020 | CAPITALISMO, CHINA, SOCIALISMO

Vientosur

Desequilibrios sin neoliberalismo ni financiarización 

China introdujo un modelo con regulaciones estatales muy alejadas del patrón neoliberal. Se integró a la globalización con una elevada presencia del sector público y con gran incidencia gubernamental en las normas de inversión. Impuso limitaciones al nivel de las ganancias, a la distribución de los dividendos y a la transferencia de los beneficios al exterior (Andreani; Herrera, 2013). La nueva potencia se asoció al capitalismo mundializado con reglas muy distintas a las imperantes en ese sistema.

La gravitación de las empresas estatales es ilustrativa de esa estrategia. Luego de un intenso proceso de privatizaciones, las compañías del sector público conforman un núcleo minoritario, pero con dimensiones 14 veces mayores al promedio de la economía. Están localizadas, además, en las ramas estratégicas del petróleo, el gas, el acero, los seguros, las telecomunicaciones y la banca (Treacy, 2020).

China tiene un stock de activos del sector público equivalente al 150% del PIB anual, lo que triplica el acervo del sector privado. Sólo Japón cuenta con un stock semejante, mientras que en las principales economías ese porcentual no supera el 50%. Las mismas diferencias se observan en la gravitación de la inversión pública y en el peso de las empresas estatales con activos gigantescos (Roberts, 2020, 2018, 2017).

Es importante registrar, además, el elevado grado de centralización de esas compañías, que operan bajo la supervisión directa del Partido Comunista. Esas empresas garantizan el suministro de insumos baratos a toda la estructura productiva.

El grado de privatización actual de la economía china es muy controvertido. Algunas estimaciones destacan la nítida preeminencia de ese sector(Hart-Landsberg,2011)y otras restringen su incidencia dominante al 30% de PBI (Merino, 2020). Pero todos los analistas coinciden en resaltar el continuado papel protagónico de las firmas estatales.

Otro rasgo distintivo del modelo ha sido la conservación de la tierra como propiedad pública. Esa condición está determinada por las exigencias de soberanía alimentaria, en un país que concentra el 22% de la población mundial con tan sólo el 6% de la tierra cultivable. La relación per cápita de utilización del suelo para la nutrición es 10 veces inferior al nivel imperante en Francia (Andreani, Herrera, 2013).

Las modalidades de la propiedad agraria común han sido muy diversas. La pequeña producción ha persistido, las formas comunales perdieron peso frente al ámbito privado y el despegue de los años 80 se basó en el crecimiento exponencial de todo el sector. Allí se generaron los primeros excedentes para la industrialización posterior. Como el volumen de la población urbana saltó del 20 al 50% del total, la expansión del agro fue indispensable para asegurar el abastecimiento alimentario de las ciudades. La propiedad pública garantizó ese equilibrio (Amin, 2013).

El derecho a utilizar pequeños terrenos cumple, además, una función protectora de los trabajadores migrantes, cuando el incremento del desempleo los expulsa de las ciudades. Cuentan con una especie de seguro social agrario frente a los vaivenes del mercado laboral (Au Loong, 2016). Las tensiones que generaría la implementación en el agro de las privatizaciones introducidas en el suelo urbano han disuadido esa extensión. El patrón del agrobusiness que el neoliberalismo impuso en el grueso del planeta no rige en China.

En ese país tampoco prevalece la financiarización vigente en el grueso de las economías occidentales. Las regulaciones acotan especialmente el ingreso y egreso de los capitales. Ese flujo está controlado por distintos mecanismos cambiarios, que protegen a la economía de los temblores financieros internacionales (Amin, 2018).

Ese control de las divisas no sólo otorga a China grandes ventajas en la gestión de cualquier crisis. Ha permitido la conversión de los ingresos de la exportación en créditos bancarios orientados a la industrialización. Con esos mismos dispositivos se limita también la fuga de capital y la expatriación de las ganancias. La nueva clase adinerada ha sido inducida a reciclar internamente sus beneficios y a tolerar la intermediación del Banco Central en la gestión de sus fondos.

El principal instrumento de esa regulación financiera son los bancos de propiedad estatal. Una veintena de entidades controlan el 98% de las operaciones y manejan los monumentales depósitos que orientan el crédito. Un corolario de esa supervisión es la ausencia de financiarización en los tres terrenos de ese dispositivo. El auto-financiamiento de empresas, la titularización de los bancos y el endeudamiento de los hogares son muy secundarios en comparación a cualquier economía occidental (Lapavitsas, 2016: 227).

Con su prescindencia del neoliberalismo y la financiarización, China se ahorró muchos desequilibrios que afectan a sus competidores. Pero no ha podido soslayar las contradicciones que introduce el capitalismo. Esas tensiones irrumpieron con la sustitución de modelo mercantil-planificado por el esquema de privatización de las grandes empresas.

China es el principal epicentro mundial de la superproducción y esos sobrantes empujan a redoblar la búsqueda de mercados externos. Esa compulsión deriva en picos de sobre-inversión interna, que su vez alimentan la especulación inmobiliaria, el endeudamiento creciente y las operaciones financieras en las sombras.

Neoliberales y heterodoxos

La impresionante irrupción de China suscita admiración, temor e incomprensión. La elite occidental no logra hilvanar una interpretación coherente de lo ocurrido. Oscila entre el reproche a la continuidad del comunismo y la alegría por el giro pro-capitalista. Algunos sospechan que la nueva potencia mantiene con disfraces su viejo régimen y otros celebran su conversión al ideario de mercado.

Estas incoherencias repiten las reacciones de la guerra fría frente al apogeo económico de la URSS. Esa expansión generaba en 1950-60 tanto odio como envidia, entre los intelectuales orgánicos del imperialismo occidental. Pero la tónica finalmente dominante frente a China es la confrontación, con todo tipo de fábulas sobre el peligro rojo o amarillo.

Lo neoliberales suelen explicar el crecimiento chino por su meritoria adopción del capitalismo. Omiten el antecedente socialista y presuponen una falsa identidad entre la vigencia del mercado y la preeminencia de las privatizaciones. La primera norma operó durante un largo tiempo en estrecha combinación con la planificación y la segunda ha quedado acotada por los límites al neoliberalismo y la financiarización.

El desarrollo chino refuta todos los mitos del capitalismo desregulado. Ese modelo no prevaleció en ninguna de las tres fases del desenvolvimiento económico del país. El impulso inicial se consumó bajo estrictas reglas de planificación centralizada, el período siguiente incorporó mecanismos de gestión mercantil y el curso actual contiene formas capitalistas acotadas por la regulación estatal. La simplificada creencia que las reglas del beneficio rescataron a esa economía de su “estancamiento socialista” es una fantasía de los derechistas, que no logran digerir la extraordinaria expansión de un modelo ajeno a sus recetas.

Ese desconcierto se traduce en esquizofrénicas loas y repudios al “orden”, la “jerarquía” o la “disciplina”, que observan en el funcionamiento del sistema económico chino. Esas características son elogiadas como sinónimo de “progreso capitalista” o denigradas como evidencias de la “dictadura comunista”. La coherencia brilla por su ausencia entre los neoliberales, a la hora de evaluar la irrupción de la nueva potencia asiática.

La heterodoxia convencional presenta a China como el principal ejemplo del capitalismo regulado. En general rehúye el debate conceptual sobre el significado de esa categoría. Simplemente refuta las ensoñaciones neoliberales de un crecimiento, guiado por la mágica presencia de la mano invisible del mercado. Esa crítica subraya la constante preeminencia de la regulación estatal en cada avance consumado por el país. Describe correctamente la decisiva ausencia del neoliberalismo y la financiarización, pero supone que la simple continuidad de esa estrategia garantiza el sendero del progreso.

Esa mirada reduce todos los secretos del desarrollo a la presencia dominante del estado. Omite que muchos países contaron con largos períodos de primacía estatal, sin superar el atraso ante la continuada primacía del capitalismo dependiente. Al desconocer que el logro de China se cimentó inicialmente, en mayúsculas transformaciones  de tono anticapitalista, se transmite un diagnóstico incompleto y sesgado.

Los teóricos del capitalismo regulado olvidan que sus principios estuvieron totalmente ausentes en el debut de proceso y no cumplieron ningún rol importante durante la combinación del plan con el mercado. Han aparecido finalmente con formas muy singulares en la actualidad. La historia de los últimos dos siglos contiene incontables ensayos de regulación capitalista fallida que China no imitó.

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El país perdido (Aragón)

El coronavirus pasa de castaño a castañón y de este a castañazo. El Secretario General de la ONU se ha dejado caer con el castañazo de “que una de las consecuencias del desequilibrio actual entre las personas y la naturaleza es la aparición de enfermedades mortales, como el coronavirus. Si esto lo dice el jefe, calculen qué no andará diciendo por ahí el último mono de la ONU, o sea, el conserje que abre la puerta todos los días, por ejemplo. Y menos mal que dentro del disparate, por lo menos ha reconocido que él en 10 años no ha cumplido con su trabajo, a lo mejor es que no vale ni para hablar. Pues ya saben los millones de trabajadores españoles que en marzo de 2020 (cuando al coronavirus no lo conocía entonces ni su puta madre) aun teniendo trabajo y cobrando por lo trabajado eran considerados pobres porque no les llega ni para comer a fin de mes, que el culpable de esa situación, según el dicho figura de la ONU, fue el coronavirus, ¿Quién si no podría ser? Podría ser aceptable que por la propia ceguera de los trabajadores (y yo el primero) dejemos que jueguen con nuestra existencia, pero hombre, jefe Secretario General de la ONU, no nos tomes el pelo de tan malas maneras, porque mira que a mí se me escurre eso de tu puta madre como quien no quiere la cosa, pero por culpa también del coronavirus, no te vayas a pensar. En fin, que el coronavirus será lo que sea, pero que tiene otras cosas que no son del coronavirus y tienen tan malas pintas o más que lo que sea el coronavirus, y mientras más tardemos los trabajadores en descubrirlas para actuar contra ellas al tiempo que contra el coronavirus peor para nosotros.

 

EL JEFE DE LA ONU AFIRMA EN LA CUMBRE DE BIODIVERSIDAD QUE NO SE LOGRÓ NINGUNA META PARA 2020


2020© REUTERS / Mike Segar MEDIOAMBIENTE 18:01 GMT 30.09.2020URL corto 0
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30.09.2020

ONU (Sputnik) — El secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, dijo durante su discurso en la Cumbre sobre Biodiversidad que no se alcanzó ninguno de los objetivos acordados por los estados miembros para este año.

"Hace diez años, logramos compromisos que deberían haber protegido nuestro planeta. Hemos fracasado en gran medida (…) A pesar de los repetidos compromisos, nuestros esfuerzos no han sido suficientes para cumplir con ninguno de los objetivos globales de biodiversidad establecidos para 2020", afirmó Guterres.

El secretario general de la ONU se refería a las 20 Metas de Aichi para la Diversidad Biológica acordadas por los países en 2010 para:

·         abordar las causas de la pérdida de diversidad biológica;

·         promover la sostenibilidad;

·         salvaguardar los ecosistemas;

·         avanzar en la implementación de estrategias relevantes.

El jefe de la ONU advirtió que una de las consecuencias del desequilibrio actual entre las personas y la naturaleza es la aparición de enfermedades mortales, como el coronavirus.

"El 75% de las nuevas enfermedades infecciosas son zoonóticas, pasan de los animales a los humanos, lo que demuestra la íntima interconexión entre la salud de nuestro planeta y la nuestra", dijo Guterres.

 

Sobre la Historia de España

 

ESPAÑA Y EL PASADO QUE NO PUEDE PASAR

 

Francisco Espinosa

Sociología Crítica

20.09.2020

A propósito de «Los amnésicos. Historia de una familia europea» de Geraldine Schwartz / Francisco Espinosa 21/09/2020

 Comentario introductorio:

A través de su propia familia, alemana por parte paterna y francesa por la de su madre, Geraldine Schwartz (Estrasburgo, 1974) se adentra en el período más trágico del siglo XX, el del auge de los fascismos, la guerra mundial, la posguerra y la evolución hasta nuestros días siempre con el pasado traumático de fondo. El abuelo alemán fue un mitläufer (cómplice pasivo de un régimen criminal), uno de tantos miembros del Partido Nacional Socialista Obrero Alemán que se benefició del expolio judío, y el abuelo francés, gendarme en la Francia de Vichy, colaborador con el nazismo tras la invasión de Francia por el ejército alemán y por tanto también cómplice del nazismo. Entre ambos casos, la propia Schwartz considera que para el desarrollo democrático ha sido mucho más positiva la evolución habida en Alemania que la experiencia francesa. Sobre esta base se expone y se analiza lo que cada país ha hecho respecto a su propia historia.

Me centraré en el caso alemán por su mayor cercanía a la experiencia española y por formar parte ambos del tronco de los fascismos. Hay que decir, no obstante y sin que esto invalide en modo alguno la obra, que la autora muestra en ocasiones una visión un tanto complaciente, e incluso selectiva de la realidad, de lo ocurrido en Alemania, ya que realmente hasta que desapareció la “generación culpable” poco se pudo hacer. Por otra parte, en lo que se refiere a la unificación alemana se percibe claramente cierto maniqueísmo, hecho en el que quizás influya la participación de su padre en la Treuhand, la agencia encargada de privatizar todas las empresas públicas de la Alemania del Este entre 1990 y 1994, con resultados económicos y sociales desastrosos para la Alemania oriental. La consecuencia de este proceso brutal de reconversión capitalista en tan breve lapso de tiempo no fue otro que el aumento del paro a niveles desconocidos y la creación de las bases que llevarían al surgimiento de la extrema derecha y del revisionismo histórico.

Con los ‘comunistas’ de la RDA hicieron de inmediato lo que no habían querido hacer con ellos mismos: abrir los archivos, garantizar el acceso a los documentos y rehabilitar a las víctimas

Por otra parte, mostrarse ante el mundo como los campeones de la superación del pasado ha resultado una operación muy rentable a todos los niveles. De ahí que algunos piensen que la memoria histórica alemana ha estado muy orientada hacia la galería. Por lo demás hay que señalar la diferencia entre cómo abordaron el pasado en la zona occidental y en la oriental, ya que con los “comunistas” de la RDA hicieron de inmediato lo que no habían querido hacer con ellos mismos: abrir los archivos, garantizar el acceso a los documentos y rehabilitar a las víctimas. Además, frente a lo que la realidad ha mostrado en varios países, se viene a decir que es la política y no los movimientos sociales la que ha movido los procesos de memoria histórica. Sin embargo, lo común ha sido tanto en Europa como en otros lugares del mundo que la política se mueva tras el activismo social. En este sentido la autora no parece reconocer el papel que en la revisión del pasado merecen la literatura (Peter Weiss, Günter Grass, H.M. Enzensberger entre otros) ni la reforma educativa realizada a fines de los sesenta con Gustav Heinemann en la presidencia y Willy Brandt como canciller. Ambos, opositores al nazismo, plantaron así las bases del conocimiento de la historia reciente.[1] Pero veamos con más detalle los contenidos del libro que me han hecho pensar en las diferencias con el caso español.

Cómo se afrontó el pasado

Tras la derrota de Hitler los aliados establecieron cuatro grados de implicación en los crímenes del nazismo: incriminados mayores, incriminados, incriminados menores y los mencionados mitläufer. Estos últimos salieron prácticamente indemnes de la criba, con dos salvedades: tuvieron que devolver los negocios robados a los judíos y se les complicó el acceso al funcionariado. Hablamos de ocho millones de alemanes. Además fueron despedidos los funcionarios inscritos en el partido nazi antes de mayo de 1937, a los que se consideró afiliados por convicción. Este proceso culminó con los juicios de Núremberg a fines de 1945, en los que por iniciativa norteamericana fueron juzgados 24 altos cargos nazis. Observa la autora que una tía suya nacida en 1936 tenía conocimiento de los crímenes del nazismo, mientras que su padre, nacido en 1943, lo ignoraba en absoluto. La explicación era simple: la primera fue a la escuela cuando los estadounidenses intentaban reeducar a los alemanes y el segundo cuando aquel espíritu había sido eliminado.

En enero de 1948 el abuelo alemán recibió una carta de un abogado por la que Julius Löbmann, desde Chicago, reclamaba 11.000 marcos acogiéndose a la ley, solo vigente en la zona americana, que establecía reparaciones para los judíos expoliados. Löbmann era el propietario del negocio del que se apropió el abuelo. Hablamos de la ciudad de Mannheim, en la que fueron destruidas tres sinagogas, saqueados los negocios y viviendas de los judíos y enviados a Dachau muchos de ellos. Cabe imaginar el desasosiego que estas demandas crearon en la sociedad alemana, carente por completo de cualquier signo de arrepentimiento y en la que muchos, como la abuela alemana de la autora, pensaban que “si el Führer lo hubiera sabido, no habría permitido que ocurriera”.

El cambio vino con la llegada al poder de Konrad Adenauer en 1949, quien entre sus primeras medidas aprobó una amnistía de la que se beneficiaron miles de nazis, algunos de los cuales habían estado implicados en crímenes. El fin del débil proceso de desnazificación avanzó en 1951 cuando una nueva ley permitió que 300.000 funcionarios y soldados despedidos por su afinidad al nazismo, entre los que había incluso miembros de la Gestapo, fueran readmitidos. La autora ofrece porcentajes de lo que acarreó tal medida: los beneficiados por la ley suponían el 77% del Ministerio de Defensa, el 68% del de Economía, el 58% de Prensa e Información del Gobierno, el 40% de Interior y porcentajes muy elevados en Enseñanza y Justicia. Este proceso se consumó con la aprobación en 1954 de una ley que reconocía como atenuante la “obediencia en estado de urgencia”, que salvó a todo tipo de criminales y cargos nazis. Poco después se produjo un hecho que debe señalarse: las presiones de Alemania impidieron que el filme documental de Alain Resnais sobre el holocausto Noche y Niebla (1955) se exhibiera en el festival de Cannes.

Avanzados los cincuenta, cuando aún se mantenía que la Wehrmacht (ejército alemán entre 1933 y 1945) no tuvo relación con los crímenes nazis, en medios militares se prohibió la apología del nazismo

Lo único que se mantuvo fue el pago de reparaciones económicas, que se realizó en dos etapas, una primera de restitución de bienes y dinero robado a los judíos por particulares, y otra segunda en la que se indemnizaron daños no materiales como cárcel, maltrato, tortura o muerte. Incluso se realizaron pagos a algunos países europeos y a Israel, conscientes de que así mejorarían su imagen a nivel internacional. Por su parte la derecha se movilizó acusando a los judíos de reclamar bienes que nunca fueron suyos y caldeando el ambiente para conseguir la liberación de los nazis presos fuera de Alemania. La década de los 50 trajo la rehabilitación del pasado en la política, la prensa y la enseñanza. Según le contaba a la autora su padre, en la escuela la historia se detenía en la República de Weimar; la Segunda Guerra solo se explicaba en los institutos, pero de manera parcial y superficial, y en las enciclopedias de la época era imposible encontrar conceptos como “campo de concentración” o “SS”. Se ocultaba igualmente que entre 1940 y 1945 se dictaron en Alemania 16.000 penas de muerte y el papel que la Justicia tuvo en la legitimación de la violencia.

Geraldine Schwartz establece el punto de ruptura en el momento en que Fritz Bauer, fiscal general del estado federal de Hesse, inició su lucha contra la impunidad cuando entendió que el único punto de partida válido para la RFA exigía “erradicar las raíces del nacionalsocialismo, que  pasaba obligatoriamente por una confrontación honesta con el pasado”. Lo primero que consiguió, en 1952, fue establecer jurídicamente que el Tercer Reich había sido un “Estado de no derecho”, legitimando así los levantamientos y atentados contra el régimen y el Führer. De Bauer partió la operación que llevó en 1960 a Adolf Eichmann al banquillo, consiguiendo de este modo que las víctimas fueran escuchadas públicamente. No obstante, según la autora, en Alemania se emitieron las sesiones del juicio en medio de la mayor indiferencia. Poco antes, en 1959, había tenido lugar en Colonia un hecho grave cuando un memorial que recordaba a las víctimas apareció pintado de cruces gamadas, hecho que se extendió en las semanas siguientes a otros lugares. Nuevamente la imagen internacional obligó a tomar algunas medidas.

En 1963 Bauer, quien mantenía que “nadie tenía derecho a ejecutar una orden que implica una acción criminal”, logró sentar en el banquillo a 22 colaboradores de Auschwitz, consiguiendo que intervinieran más de 200 testigos de todo el mundo. Para el fiscal lo que realmente importaba, más allá de los casos concretos, era mostrar “la magnitud de la culpabilidad alemana”. Pero la negación del crimen estaba aún totalmente extendida y, aunque en su contra jugaba la abundante documentación generada por el nazismo, el proceso constituyó una nueva victoria para el olvido. Pese a todo, la sociedad alemana hubo de acostumbrarse a que se hicieran públicas las atrocidades nazis. Ya avanzada la década de los cincuenta, cuando aún se mantenía que la Wehrmacht (ejército alemán entre 1933 y 1945) no tuvo relación con los crímenes nazis, en medios militares se prohibió la apología del nazismo. Y en 1965, cuando se debatió el plazo de prescripción de los crímenes, que entonces era de 20 años, el filósofo Karl Jaspers publicó en Der Spiegel unas declaraciones en las que defendía la imprescriptibilidad del genocidio, lo cual supuso llevar al debate público las diferencias entre crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, definidos estos como “la presunción de tener derecho a decidir qué grupos de personas o de pueblos tienen derecho a vivir”. El resultado fue que se prolongó el plazo de prescripción.

Ya en esos años los jóvenes comenzaron a preguntar a sus padres sobre su vida durante el nazismo y se empezó a ser consciente del papel de los mitläufer. Geraldine Schwartz da un ejemplo de lo que esto supuso a nivel familiar: su padre captó que el mobiliario de la casa familiar estaba por encima de su estatus social, por lo que debía proceder de bienes judíos comprados a saldo cuando se ocuparon sus viviendas. El ansia de saber también llegó a la enseñanza. En 1979 se estrenó en Europa la serie Holocausto, que pese a su mediocridad llamó la atención y fue vista en Alemania por 20 millones de personas, la tercera parte de la población. Después de cada episodio había un debate de historiadores en el que al final la gente podía llamar. Holocausto se benefició del trabajo previo de escritores, documentalistas e historiadores. Poco después el Bundestag decidió que los crímenes contra la humanidad no podían prescribir. Y en 1982 vio la luz al fin la obra de Raul Hilberg La destrucción de los judíos europeos (Akal, 2005), el gran trabajo sobre la Shoá que tantas dificultades tuvo que superar hasta su publicación, contadas con detalle en la obra del mismo autor Memorias de un historiador del Holocausto (Arpa, 2019).

 

En 1985 el presidente democristiano Richard von Weizsäcker, que había alcanzado el grado de teniente durante la guerra, declaró: “El 8 de mayo [día de la capitulación alemana] fue un día de liberación. Nos liberó a todos del sistema de dominación nacionalsocialista, basado en el desprecio del ser humano. Debemos mirar la verdad de frente, sin adornos ni parcialidad, y tenemos la fuerza para hacerlo. (…). Nuestra memoria histórica debe ser la línea directiva de nuestra actitud y permitirnos realizar las tareas que nos esperan”.

En este sentido, la autora olvida que quince años antes, en 1970, durante una visita a Varsovia, Willy Brandt realizó un gesto de gran importancia histórica: arrodillarse ante el monumento que recordaba el levantamiento del gueto y pedir perdón por los crímenes cometidos por Alemania durante la Guerra Mundial. Todo ello facilitó que años después, en 1995, se organizara la exposición Guerra de exterminio. Crímenes de la Wehrmacht (1941-1944), que acabó de raíz con el mito del Ejército ajeno al terror nazi al mostrar su historial criminal, por más que provocó tal movilización por parte de la derecha que finalmente fue clausurada y reformada cuatro años después.[2] Lo cual no es de extrañar cuando hasta el mismo Helmut Kohl creía en la limpieza de la Wehrmacht. Por otra parte, en 2000, con el socialdemócrata Gedhard Schröder en la cancillería, se creó tras una serie de acuerdos internacionales la Fundación Recuerdo, Responsabilidad y Futuro, dedicada a indemnizar a los trabajadores forzados de diversos países europeos y dotada con más de 10.000 millones de marcos proporcionados a medias entre el Estado y más de 6.000 empresas privadas. Hasta ese momento habían vivido mejor los exnazis que los expresos. Además, al mismo tiempo que los medios de comunicación se abrían al debate social, bancos y empresas abrieron sus archivos a los historiadores, lo que lleva a la autora a decir que “los archivos también son una muralla contra el olvido”. En 2005 ministerios e instituciones públicas pidieron a “historiadores independientes” que trabajaran sobre su papel en aquellos años.

Hasta aquí las notas que fui tomando del libro de Geraldine Schwartz, que concluye con la idea de que sin los trabajos de memoria se acaba relativizando el fascismo. Es este el momento en que se pasa al epílogo firmado por José Álvarez Junco, anunciado en portada. El salto es de tal calibre que uno llega a plantearse si Álvarez Junco ha leído el libro y si las páginas que escribe no estaban pensadas para otra obra. Ajeno al libro y a lo que en él se trata, su obsesión parece ser resaltar una vez más la transición, como si esta tuviera algo que ver con lo ocurrido en Alemania. Resulta evidente que pertenece a esa generación que sacándola de ahí y del régimen que contribuyeron a crear se encuentran absolutamente descolocados. Es lógico pues que piense que fueron “los más inteligentes de la izquierda”, entre los que debe contarse, los que hicieron posible la transición.[3] No es extraño que Jordi Gracia aluda en un artículo reciente al “valent epíleg” (valiente epílogo) de Álvarez Junco.[4] Lo que no deja de llamar la atención es que en el espacio que dedica al caso español no haga la más mínima alusión a la evolución de la memoria histórica en España. Y digo esto porque en su currículum consta haber presidido la comisión interministerial que elaboró en 2007 aquello que impropiamente se dio en llamar “ley de memoria histórica” y haber sido vicepresidente de la surrealista comisión constituida en Madrid en la época de Manuela Carmena para la revisión del callejero, que acabó en otro sonoro despropósito.

Dicho esto, cabe explicarse que, cuando el 31 de marzo de 2020 el blog conversacionsobrehistoria publicó una reseña de Zita Arenillas sobre el libro de Schwartz, en un comentario escrito por Bartolomé Clavero se leyera: “¿Qué hace un amnésico español epilogando una obra contra los amnésicos europeos? Seguimos con el trampantojo de la memoria del nazismo encubriendo la desmemoria del franquismo”.

Desde España

¿Qué decir del caso español tras leer Los amnésicos? De entrada hay que plantear la gran diferencia entre Alemania y España, que no es otra que, al contrario que el nazismo, el fascismo español se perpetuó con el beneplácito de los aliados durante cuatro décadas y, llegado el momento, impuso el modelo de transición, basado en el retorno a la monarquía, la ley de (auto) amnistía, los “pactos de la Moncloa” en su vertiente económica, una constitución acorazada que dejaba el futuro encauzado y una ley electoral al servicio del bipartidismo. Todo ello conduce a lo que se conoce como el Régimen de 78, caracterizado por la restauración de la monarquía desaparecida por méritos propios en abril de 1931, por la consolidación de los poderes económicos que venían de la dictadura, por el olvido de los crímenes del fascismo y por favorecer que a partir de 1982 el país fuera regido durante décadas por un partido centrista que se sumó a las políticas de olvido y una derecha que nunca rompió con el franquismo.

Con ese modelo de transición aquí nunca se planteó la devolución de lo robado y mucho menos la salida de los franquistas de espacios tan sensibles como el judicial o el militar. De hecho, uno podía entrar en una dependencia militar y encontrarse en las paredes de los despachos fotos de Franco o Queipo. La gente que partió al exilio y perdió su patrimonio y tuvo que rehacer su vida a duras penas nunca recibió compensación alguna. En Mannheim fueron destruidas las sinagogas y asaltados los negocios y viviendas de los judíos; en España los golpistas, en su avance hacia Madrid, no solo asaltaron, saquearon y destruyeron lo que les vino en gana sino que pusieron en práctica un plan de exterminio que dejó la ruta sembrada de cadáveres. Leyes similares a las de Adenauer se resumen aquí en la ley de amnistía, pero no porque se pudiera producir un hipotético proceso de desfranquización sino preventivamente antes de la aprobación de la Constitución. Es decir, que si en Alemania permitieron que el Estado fuese ocupado de nuevo en porcentajes importantes por individuos de pasado nazi, en España se actuó de manera que nada alterara el orden establecido, de modo que el aparato de Estado franquista pasó íntegro a la democracia.

Con ese modelo de transición aquí nunca se planteó la devolución de lo robado y mucho menos la salida de los franquistas de espacios tan sensibles como el judicial o el militar

Lógicamente en España no hubo reparación alguna por daños materiales e inmateriales. Tal cosa solo existió para los vencedores tras la guerra. En 1978, mediante el llamado real-decreto ley “por el que se conceden pensiones a los familiares de españoles fallecidos como consecuencia de la guerra 1936-1939”, se trató de compensar a las familias de los desaparecidos pagándoles 1.172 pesetas al mes (7 euros), cuando el salario medio andaba por las 17.000 pesetas mensuales (102 euros). Hay que observar que el decreto limitaba las pensiones a quienes habiendo participado en la guerra “hubieran muerto en acciones bélicas o como consecuencia inmediata de las heridas en campaña”, aunque luego, en disposición adicional, se incluyera a “los que sin haber participado en acciones de guerra” hubieran muerto violentamente o hubiesen sido ejecutados.

Tantas vueltas para no reconocer abiertamente el verdadero objetivo del decreto, que no era otro que las víctimas de la represión franquista. Pese a disponer de medios para saber quiénes habían sido asesinados, el Estado obligó a las familias afectadas a demostrar que habían muerto, lo cual motivó un caos administrativo que afectó a ayuntamientos y juzgados, y que supuso la inscripción fuera de plazo de miles de personas, muchas de las cuales fueron inscritas por segunda vez dada la dificultad de localizar sus anteriores inscripciones en los Libros de Defunciones. En realidad hubiera bastado con que el Ejército, la Guardia Civil o la Policía proporcionaran los listados de víctimas que conservaban. Aunque tal cosa hubiera supuesto reconocer su implicación en aquellos crímenes contra la humanidad.

En España al único juez que intentó llevar justicia a las víctimas del franquismo, Baltasar Garzón, titular del Juzgado nº 5 de la Audiencia Nacional, le costó su expulsión de la carrera judicial. Representó una oportunidad perdida que hubiera puesto un buen final al movimiento en pro de la memoria iniciado en 1996 y consolidado a partir de 2002. Pero ni el poder político ni el judicial ni el mediático estaban dispuestos a permitirlo. En Alemania jugó un papel importante en el establecimiento de la verdad la masa documental que dejó el nazismo; en España los fondos relativos al denominado Movimiento, entre los que destacaban los de Falange, fueron destruidos en la transición por orden del entonces ministro de Gobernación Rodolfo Martín Villa, miembro de Falange durante la dictadura. La investigación del golpe militar y la represión siempre ha constituido un camino sembrado de dificultades y el proceso de apertura de los archivos, aún inacabado, ha sido un proceso lento y difícil. Los diferentes gobiernos han permitido que los cuerpos y organismos implicados en la represión hagan con su documentación lo que prefieran, desde administrarla a su antojo hasta destruirla. Si en Alemania los archivos constituyen una muralla contra el olvido, en España no han dejado de ser una muralla contra la memoria.

En España los fondos relativos al denominado Movimiento, entre los que destacaban los de Falange, fueron destruidos en la transición por orden de Martín Villa

La apología del franquismo nunca se había planteado hasta que recientemente la coalición PSOE-Podemos se mostró partidaria de hacer algo sobre esto. La respuesta mayoritaria de los juristas fue contraria a que se legislara en tal sentido, ya que, según decían, conculcaba la libertad de expresión y era por tanto inconstitucional. Sin embargo, en un país en el que tanto la derecha como la ultraderecha no han dejado de decir barbaridades contra el movimiento de memoria histórica y sobre las víctimas del franquismo, esto no soluciona el dolor que causan, sabedores de la impunidad de que gozan. De este modo, la doctrina del Tribunal Constitucional se aleja en este sentido de la de los países europeos, caso de Alemania, Francia e Italia, que, conscientes de su pasado y de que la libertad de expresión no debe existir para el fascismo cuando incurra en dicha apología, optaron por una “democracia militante” orientada a la autoprotección. No resulta extraño que unas instituciones judiciales procedentes del franquismo y estrechamente ligadas al poder político opten por no castigar la apología del golpismo y de la dictadura.

Si en Alemania se emitió la serie Holocausto en 1979, en España se pudo ver en 1987 el programa de treinta capítulos España en guerra, que con Manuel Tuñón de Lara a la cabeza reunió a un equipo de historiadores que pretendió abarcar todas las tendencias.[5] Tras cada capítulo, ya muy tarde, había un debate transmitido por la radio que mostró la ignorancia y el desconcierto con que algunos sectores de la sociedad española recibían esos contenidos. Al ser emitido los miércoles por la noche, tras el partido de fútbol que la TVE solía transmitir ese mismo día, el programa fue víctima de constantes cambios de hora, llegando a veces a emitirse a media noche. Igualmente, en diversas ocasiones, la emisión fue pospuesta a la semana siguiente. Unido a este maltrato, que mostraba la desgana con que la dirección de TVE afrontó el proyecto, la derecha y sus medios montaron una campaña permanente contra el programa, cuyo resultado fue que algunos de los historiadores que intervinieron fueron objeto de todo tipo de insultos y amenazas.[6] Ni la historia ni la memoria democrática tenían cabida en la España de 1987. ¿Cómo olvidar la declaración oficial del gobierno encabezado por González y Guerra en 1986, con motivo del 50 aniversario de la guerra civil, en la que además de honrar la memoria de los que dieron su vida por la libertad y la democracia, mostraban “su respecto a quienes, desde posiciones distintas a las de la España democrática, lucharon por una sociedad diferente a la que también muchos sacrificaron su existencia”.

El alumnado, salvo excepción, podía y puede acabar la Enseñanza Secundaria Obligatoria, e incluso sus estudios universitarios, sin tener ni idea de la historia reciente de su país

El impacto que tuvo en Alemania la obra de Raul Hilberg y el conocido por Historikerstreit (debate de los historiadores) en la década de los ochenta sobre el origen y desarrollo del nazismo hasta su derrota, mostró la importancia que la historia fue adquiriendo para la sociedad. En este contexto hay que situar la declaración de 1985 del presidente democristiano Weizsäcker celebrando el aniversario de la capitulación nazi y reivindicando la memoria histórica. El gran mito del Ejército inmaculado ajeno a los crímenes nazis caería a mediados de los noventa con la exitosa exposición sobre “Los crímenes de la Wehrmacht”. Todo esto culminará con la creación de la fundación que debía indemnizar a los trabajadores forzados con fondos tanto del Estado como de las empresas privadas. Solo resta decir que, desde los ochenta, los planes de enseñanza habían asumido la necesidad de mostrar a las jóvenes generaciones qué fue el nazismo. El historiador Ludger Mees estableció las bases para que la sociedad afrontara el pasado: la existencia de un debate académico sobre el tema, la implicación no partidista de las instituciones y la socialización de debate. Ninguna de ellas se dio en España.

En nuestro país las investigaciones sobre el golpe militar y la represión, temas sobre los que existía un vacío total, fueron abordadas tímidamente desde fines de los setenta. Pronto quedó claro que lo que se llamaba “Guerra Civil” no fue sino un calculado plan de exterminio en más de medio país. Como casi toda la Universidad se mantuvo al margen –no en vano los departamentos de historia estaban en manos por lo general de profesores allí instalados desde hacía décadas–, el trabajo hubo de hacerse por libre, con la participación de maestros, licenciados, profesores de Secundaria, etc. Al hacerse de esta manera, y debido a que los planes de estudios relegaban constantemente a un plano secundario la enseñanza de lo ocurrido en España entre 1931 y 1978, el resultado de las investigaciones no se trasladó a la sociedad. El alumnado, salvo excepción, podía y puede acabar la Enseñanza Secundaria Obligatoria, e incluso sus estudios universitarios, sin tener ni idea de la historia reciente de su país. En este contexto resulta impensable que algún gobierno adoptase una postura clara respecto al pasado y a la importancia de la memoria histórica. En la derecha, porque iría contra su esencia, y en el centro, por su ambigüedad, ya que, si Felipe González decidió “no mirar atrás”, el compromiso de Rodríguez Zapatero tampoco sirvió de mucho. El resultado es que la historia reciente viene a ser un campo minado que casi todos quieren eludir.

La investigación sobre los perpetradores, siempre posterior a la de las víctimas, se produce normalmente cuando aquellos han fallecido. En Alemania la exposición de 1995 antes comentada abrió una vía lenta y laboriosa que permitió adentrarse en el oscuro mundo de los que se sumaron a las prácticas violentas. En España ha sido más complicado, dado que la libertad de expresión choca con el concepto de derecho al honor que se coló en la Constitución, al que se acogen los familiares de personas implicadas en actos represivos para bloquear todo tipo de publicaciones. Prueba de ello son las demandas y querellas que desde los años ochenta han acompañado a las iniciativas que indagaban y exponían públicamente dichos crímenes.[7] Aunque ha habido algunos intentos de adentrarse en el mundo de los perpetradores, en el caso español quizás la comunidad más avanzada sea Navarra, pionera en cuestiones de historia y memoria con su proyecto Fondo Documental de Memoria Histórica de Navarra (UPNA).[8]

En cuanto a los medios de comunicación, al contrario que en Alemania, aquí no solo no han favorecido debate alguno sino que, conectados con la política como están, se alinean en general en el campo de la antimemoria. Casi todos los de papel y buena parte de los digitales son de derecha o extrema derecha y han jugado un papel clave en la promoción del revisionismo neofranquista. A la derecha española nunca le ha interesado crear canales de debate sobre el pasado reciente.

Final

Resulta impensable que la derecha española llegue a un acuerdo con alguien que no sea otra derecha similar o la extrema derecha (que de ella procede) sobre cómo afrontar el pasado y de qué manera debe plasmarse en los planes de enseñanza. Basta mirar los que ha habido desde la transición hasta ahora para darse cuenta de la imposibilidad de alcanzar un acuerdo común. Y del PSOE, que estuvo en el poder durante catorce años, ¿qué cabe decir? Fue este partido precisamente el que consolidó la posición dominante de la Iglesia en el campo de la enseñanza mediante el invento de los eufemísticamente llamados “conciertos educativos” (dinero público/gestión privada), medida que se pretendió vender como transitoria hasta que el Estado dispusiera de una red pública lo suficientemente amplia como para no tener que contar con los centros privados. No les debe haber dado tiempo, porque no han dejado de crecer y de imponer sus propios “idearios” con el visto bueno de los diferentes gobiernos. Y así seguimos con un país constitucionalmente aconfesional que subvenciona con dinero de todos la enseñanza católica y concede a la Iglesia un poder y una influencia que socialmente ya no tiene.

Creía Eisenhower que la desnazificación alemana no se produciría antes de cincuenta años. Hemos visto ese proceso, que llevó entre cuatro y cinco décadas. Hablamos de un país que sufrió una derrota total. ¿Cuánto tiempo tendrá que pasar para que España, donde el fascismo triunfó, afronte su pasado de manera que se pueda superar? ¿Cuándo se pondrá fin a la existencia de cientos de fosas comunes dignificando los restos humanos que contienen? ¿Cuándo se anularán las sentencias políticas dictadas por la maquinaria judicial militar franquista? ¿Cuándo se abrirán a la investigación todos los fondos documentales que cumplan los plazos legales? ¿Cuándo se dotará a los archivos del personal suficiente para que cumplan sus funciones? ¿Cuándo pasará toda la documentación de carácter represivo relativa al ciclo histórico 1931-1955 a manos civiles? ¿Cuándo se dedicará la atención que merece a la enseñanza de la historia reciente en la ESO? ¿Cuándo se reconocerá el carácter criminal y genocida de un régimen que, además de acabar con la vida de miles de personas sin procedimiento alguno, firmó más penas de muerte que Alemania e Italia juntas?[9]


Notas

[1] Debo estas reflexiones críticas al diálogo sobre el caso alemán con el profesor Georg Pichler, el cineasta Dietmar Post y la investigadora Eva Fernández.

[2] Sobre las vicisitudes de la exposición puede verse F. Miguel del Toro, “La exposición Vernichtungskrieg. Verbrechen der Wehrmacht 1941 bis 1944. El debate sobre los crímenes de la Wehrmacht”, en rev. KAMCHATKA, 16 (junio 2020), pp. 47-69.

[3] J. Álvarez Junco, “Recuerda que eres mortal”, El País, 9 de agosto de 2020.

[4] J. Gracia, “Penes y treballs de la memoria a l´Europa contemporània”, en política&prosa, nº 17, març 2020, pp. 92-94. Dada la particular lectura que Gracia ha hecho del libro de Schwartz, mostrada en poco más de una página, no es de extrañar que el epílogo de Junco le parezca valiente.

[5] Fueron F.F. Basterretche, J. Benet, A.M. Calero, G. Cardona, F. García de Cortázar, A. Cucó, J.M. Cuenca Toribio, G. Mir, A. Reig Tapia y Á. Viñas.

[6] Testimonio de Alberto Reig Tapia.

[7] Un recorrido por algunas de ellas puede ver en F. Espinosa Maestre, Callar al mensajero. La represión franquista, entre la libertad de información y el derecho al honor, Península, Barcelona, 2009.

[8] Sirva de muestra la obra de Fernando Mikelarena Sin piedad. Limpieza política en Navarra, 1936: responsables, colaboradores y ejecutores, Pamiela, Navarra, 2015.

[9] Cerrado el artículo, hace unos días se ha hecho público el “Anteproyecto de Ley de Memoria Democrática”, que ya anticipó Ángel Munárriz en Infolibre el 09/09/2020. En dicho anteproyecto se detallan algunos de los apartados: auditoría del expolio, reparación del trabajo forzado, nulidad de las resoluciones de los tribunales franquistas, localización y exhumación de fosas, fiscalía para la investigación de ciertos hechos producidos entre 1936 y 1978, banco de ADN, censo de víctimas, retirada de honores, extinción de las fundaciones pro franquistas, introducción de la memoria democrática en la ESO y acceso a los archivos. Sin duda el contenido alienta el optimismo de la voluntad, por más que las dudas en torno a los fondos que han de financiar tan ambicioso programa produzcan cierto pesimismo de la razón.

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