martes, 7 de agosto de 2018

PABLI (De Pablito para los amigos) CASADO ES LA SOMBRA ALARGADA SIN GASEOSA DE MARIANO RAJOY TIPO CAJA B, O LA DE LA CUADRÁNGULA DE CRISTINA CIFUENTES QUE TENÍA UN MASTER CHICHI PORQUE LE SALIÓ DEL CHICHI



Casado miente como Cifuentes


Ignacio Escolar es periodista. Es el director de eldiario.es. Autor de escolar.net y analista político en La Sexta. Más en www.escolar.net/about.
Un repaso documentado a las mentiras del presidente del PP sobre los indicios de delito que ha encontrado la justicia en su máster regalado

Ignacio Escolar
escolar.net 
06/08/2018

Pablo Casado: “Yo no estoy investigado por ningún tribunal. No recae sobre mí ningún indicio de culpabilidad”
Falso. La jueza que investiga el caso máster  ha encontrado indicios de delito de Pablo Casado por el título que recibió de la URJC. Las evidencias son claras y por eso ha pedido al Tribunal Supremo que le impute por prevaricación y cohecho impropio.
Si Casado no fuera aforado, estaría imputado ya, igual que lo están ya otras tres alumnas del mismo máster, que recibieron los mismos sobresalientes, las mismas convalidaciones y el mismo trato de favor que el nuevo presidente del PP.
Pablo Casado: “En ningún caso yo he recibido ningún regalo y en ningún caso he recibido nada que no fuera lo mismo que se hiciera con el resto de alumnos”
Falso. En ese máster de la URJC, igual que en el que cursó Cristina Cifuentes, había dos tipos de alumnos. Los “ordinarios”, como los llama la jueza: doce estudiantes sin enchufe especial. Y los cuatro VIP, entre ellos Pablo Casado, todos ellos relacionados con la URJC o con el PP.
Los ordinarios iban a clase y la asistencia era obligatoria. Los VIP no.
Los ordinarios se examinaban. Los VIP no.
Los ordinarios tenían prácticas. Los VIP no.
Los ordinarios realizaron un trabajo especial de fin de curso, que defendían ante un tribunal. Los VIP no.
Los ordinarios cursaron 22 asignaturas. Los VIP solo cuatro.
Los ordinarios no están siendo investigados por la justicia. Los VIP sí.
¿Hicieron algo los alumnos VIP, aparte de pagar las tasas? Una de esas alumnas, ante la juez, ya ha confesado que no, que no hizo absolutamente nada. Los otros tres dicen que aprobaron las cuatro asignaturas que les quedaban con cuatro trabajos, y nada más.
Casado aseguró que escogió los temas de esos trabajos viendo los títulos de las materias, y sin hablar con ningún profesor. Sacó cuatro sobresalientes, tres de ellos en solo quince días, y sin pisar las clases.
Pablo Casado: “Todo era correcto en materia de reconocimiento de créditos”
Falso. Las convalidaciones que recibió Pablo Casado, y que le ahorraron cursar 18 de las 22 asignaturas del máster, también fueron excepcionales. Según detalla la jueza, solo los cuatro alumnos VIP se beneficiaron de estas convalidaciones, a pesar de que varios de los alumnos ordinarios tenían la misma licenciatura en Derecho que Pablo Casado, y con el mismo plan de estudios. Solo los alumnos VIP consiguieron este trato de favor.
Pablo Casado: “En ningún caso se puede tratar como regalo algo que sencillamente no se tiene. Esto es un curso de doctorado que habilitaba a inscribir una tesis que finalmente no se hizo”
Falso. Solo cuando la prensa y la justicia empezaron a investigar sobre este máster, Pablo Casado lo empezó a despreciar como simple “título habilitante”. En las primeras líneas de su currículum oficial en el Congreso, Casado lo presenta como “Máster en Derecho Autonómico y Local por la Universidad Rey Juan Carlos”, no como “curso de doctorado para una tesis que finalmente no se hizo”.
Casado infla y desinfla su currículum a conveniencia, igual que antes hizo con esos “posgrados en Harvard” que eran cursillos de cuatro días en Aravaca
Pablo Casado: “Yo no tengo ningún título para colgar de la pared. Yo si fuera a la secretaría de alumnos de la Rey Juan Carlos no me podrían dar nada”
Falso. Si Casado pagase las tasas, la secretaría de alumnos de la URJC le daría el mismo título de máster que varios de sus compañeros de promoción sí han retirado, como explica la jueza en su escrito al Tribunal Supremo.
Pablo Casado: “Además yo no conocía a las personas que pudieran haber dado ese regalo”
Falso. Claro que conocía a Enrique Álvarez Conde, el acusado de regalarle el título de máster. “Le vi muy pocas veces y le trataba de usted”, aseguró Casado a eldiario.es. A quien no conocía es al resto de los alumnos. Jamás le vieron por clase, como han declarado todos ellos ante la jueza.
Pablo Casado: “(Yo era) una persona que no era nadie más que un diputado autonómico recién nombrado, sin ninguna responsabilidad, sin ninguna capacidad de hacer nada en la Administración”
Falso. Un diputado es cualquier cosa menos “nadie”: es parte del poder legislativo y por tanto cuenta con bastante más poder que un alumno convencional. Casado puede ser imputado por cohecho impropio –tal y como solicita la jueza al Supremo– precisamente porque entonces ya era diputado autonómico, un cargo público. Llevaba varios años cobrando importantes sueldos públicos de la política.
Además, en aquel curso, Casado también era presidente de Nuevas Generaciones en Madrid, una organización política que tenía su peso y su influencia en las elecciones universitarias de la URJC.
Álvarez Conde, tal y como figura en la investigación, regaló másteres a alumnos con bastante menos importancia de la que entonces ya tenía el hoy presidente del PP. Nunca fue un alumno más. Tampoco en su anterior Universidad.
Pablo Casado: “Lo que me han hecho a mí no se ha hecho a nadie en este país”
Falso. Entre la promoción de Pablo Casado y la de Cristina Cifuentes, ya son catorce los alumnos bajo la lupa de la justicia por el caso máster, destapado por eldiario.es. Todos ellos tienen unos nexos en común. “Su especial relación personal o profesional con Enrique Álvarez Conde o su especial relevancia política”, como afirma en su último escrito la jueza.
De los catorce alumnos VIP de los máster de la URJC que están siendo investigados por la justicia, hay dos especialmente famosos: Pablo Casado y Cristina Cifuentes. Pero hay otros alumnos imputados, el resto de los VIP, todos ellos menos conocidos que estos dos líderes del PP. La única diferencia en el trato que le ha dado la Justicia a Casado es que aún no está imputado, por el privilegio del aforamiento.
Pablo Casado: “¿Es normal que en España estemos cuatro meses dando tanta importancia mediática a una cuestión que es irrelevante en términos políticos?”
Tal vez en el PP les parezca “irrelevante” – una “brisa en un portaviones que avanza con paso firme”, como dijo el nuevo secretario general– que su presidente haya podido obtener un título oficial en una Universidad pública sin dar un palo al agua. O que mienta con la facilidad y ligereza con la que lo hace. O que una jueza haya encontrado indicios de delito en su comportamiento. O que el Tribunal Supremo tenga que decidir si se le tiene que procesar penalmente.
Afortunadamente para los lectores, la “relevancia mediática”, el espacio que la prensa dedica a cada noticia, no la decide el presidente del PP. Al menos no en eldiario.es.
Pablo Casado: “En absoluto (pienso dimitir). El Partido Popular tiene unas normas muy tasadas para determinar en qué materias y en qué supuestos se tienen que asumir responsabilidades y en este caso no se cumplen ninguna de ellas”
Cierto. Lo cual no dice nada bueno del código ético del PP.
Pablo Casado: “Después de muchos meses de indefensión, tiene que ser el Tribunal Supremo quien determine si hay algún tipo de responsabilidad”
Cierto. Y esta es una muy buena noticia para Casado porque allí se va a encontrar con muchos jueces que deben su carrera al partido que preside.
Al Tribunal Supremo español solo se llega por elección directa de los veinte vocales del Consejo General del Poder Judicial. A estos vocales los escogen directamente los partidos. Y hace años que son mayoría los vocales nombrados a dedo por el PP.
Pablo Casado: “He dado todo tipo de explicaciones y he mostrado mis trabajos”
Falso. Solo enseñó la portada de esos trabajos, pero no los ha mostrado a la prensa. No sabemos si son originales o un plagio, como el artículo que publicó en un libro sobre la marca España. La jueza incluso tiene dudas de que esos trabajos se presentaran ante la Universidad y por eso ha solicitado al Supremo que reclame ese viejo ordenador donde Casado dice que los encontró, para que la policía haga un estudio informático forense y compruebe en qué fecha se crearon esos archivos.
Pablo Casado: “Lo que sé es que no se cometió ninguna irregularidad por mi parte”
Falso. Salvo que Casado crea que un título de un año y 600 horas lectivas en una Universidad pública se aprueba en quince días, como si fuera un curso de guitarra por correspondencia.
Pablo Casado: “Unas supuestas irregularidades que estarían prescritas”
Falso. En su escrito al Supremo, la jueza lo argumenta muy bien. En caso de que existan varios delitos –prevaricación y cohecho impropio en este caso– el plazo de prescripción lo marca el delito de mayor gravedad. Y el delito de prevaricación administrativa, el más grave de estos dos, prescribe a los diez años. Es decir, en 2019.
Que Casado haya dicho esto solo demuestra su nerviosismo, y también cuál será su estrategia de defensa judicial.
Pablo Casado: “La ética no la marcan ni los periodistas ni los políticos. La ética la marca la ley”
Falso. Mentir no suele ser un delito, y es algo que condena todo código ético desde los diez mandamientos de Moisés.
Los socios son el muro que nos blinda ante las presiones del poder
También puedes llamarnos al 91 368 88 62


EL BURRO Y LA IZQUIERDA BOQUILLERA. EL PRIMERO SOLAMENTE TROPIEZA DOS VECES CON LA MISMA PIEDRA: LA IZQUIERDA DE BOQUILLA, NIÑOS Y NIÑAS BIEN O DE MIRE USTED QUE BIEN, PUEDE PASARSE TODA SU PUÑETERA VIDA TROPEZANDO CON LA MISMA PIEDRA



Balance de dos crisis graves en una década

06.08.2018


Nadie puede dudar que en 2008, con el inicio de la fase aguda de la gran recesión, se encadenaron en todo el mundo una serie de cambios sociopolíticos y económicos que alteraron con más o menos profundidad las distintas estructuras de muchos países y regiones. En espera de profundizar en un estudio más amplio que abarque las partes más importantes del planeta, este artículo se va a centrar en el análisis de esos cambios en España. La hipótesis que se va a sostener, y que se intentará verificar, debería ser testeada después a nivel global.

La hipótesis principal a discutir en realidad no tiene nada de novedosa, podríamos decir que es casi una constante histórica, pero vamos a comprobar hasta qué punto se ha cumplido en el caso español. La hipótesis vendría a sostener que las crisis abren oportunidades de cambios en profundidad, cambio que pueden ser de diferentes signos, y suponen ventanas de oportunidades para viejos o nuevos sujetos sociales y políticos, pero que las energías desencadenadas por la crisis intentan ser contrarrestadas por una reacción de fuerzas que busca recuperar los equilibrios o el status quo existente antes de la crisis, aunque sea en una versión modificada.
España se constituye en un laboratorio especial porque es afectada por múltiples crisis simultáneamente en el período abierto hace una década, siendo las consecuencias de algunas de ellas más importantes que otras. Así podríamos destacar entre la crisis con menos efectos internos en las estructuras dos que son comunes a toda la UE, dónde tienen sus consecuencias principales, afectando a España como parte de ese espacio europeo. Se trataría de las crisis abiertas en la UE con la victoria del brexit, por un lado, y la presión migratoria por otro lado. Las crisis con más efectos internos en España son las derivadas, de un lado del impacto de la gran recesión, y de otro lado, del ensayo de secesión territorial en Cataluña. Y ello sin negar que entre las diferentes crisis existen relaciones más o menos intensas, aunque a efectos de análisis las tratemos de manera separada.
En el momento de redactar este artículo los efectos y consecuencias de estas crisis aún no han acabado por lo que las conclusiones a las que se llegue tienen un carácter provisional. Sin embargo ya podemos constatar una primera diferencia entre las dos más importantes, que son en las que nos centraremos.
La crisis económica desatada a partir de 2008 supuso unas reacciones políticas y sociales importantes, pero en ningún momento existió un proyecto o un programa con una base social importante que pusiera en cuestión la existencia del capitalismo, mayoritariamente la reacción consistió en regresar al conjunto de condiciones socioeconómicas existente antes de la crisis: recuperación del empleo, del trabajo estable, del poder adquisitivo y de otras conquistas y derechos sociales que fueron atacados por las políticas austericidas durante la crisis. No se exigió en ningún momento que el Estado nacionalizase sectores económicos, ni siquiera el financiero dónde aquel aportó grandes sumas para mantenerlo a flote, no hubo ocupaciones de centros de trabajo ante los despidos masivos o les cierres de los mismos. Las resistencias más serias se produjeron fuera de los centros de trabajo, fueron las que se plantearon para impedir los desahucios de viviendas y las movilizaciones callejeras para defender servicios sociales como la sanidad. Así que las consecuencias más importantes derivadas de la crisis económica se trasladaron al nivel de la superestructura, al nivel de los actores políticos. El sistema de partidos políticos es dónde se concentraron los intentos de cambio, rebajándose así la gravedad de las consecuencias que la gran recesión podría haber supuesto para la impugnación del capitalismo en España.
Por el contrario, la crisis catalana si supuso un nivel de desafío más grave al status quo anterior a la crisis en cuanto se intentó la secesión de una parte del territorio español, originando un nivel de desafíos y reacciones mucho más elevado que la crisis económica. El desafío en este caso no partió de los problemas originados en el sistema socioeconómico sino en la estructura territorial del Estado. Y si suscitó mayor gravedad fue porque el conflicto en torno al eje identitario concitó un mayor grado de adhesiones y polarización, y porque el objetivo a alcanzar la creación de un nuevo Estado independiente dentro de la UE sin ninguna alteración de la estructura socioeconómica, fue señalado como un propósito fácil de conseguir por las organizaciones independentistas, lo cual se descubrió como un engaño y una ilusión cuando intentaron pasar de la propaganda a los hechos.
Así pues, analizaremos a continuación como estos dos ensayos de cambios originados en crisis llevaron a una reacción de fuerzas que han buscado mantener el status quo preexistente al desencadenamiento de las crisis aunque ello implique algunas modificaciones no sustanciales del mismo.
La crisis socioeconómica y sus consecuencias: el 15-M, Podemos y la lucha contra la austeridad
Como hemos señalado anteriormente la crisis económica tuvo su principal terreno de consecuencias en el sistema de partidos políticos. La crisis produjo también consecuencias socioeconómicas, algunas se fueron revertiendo conforme la crisis se fue superando, por ejemplo la reducción del nivel de desempleo, la recuperación de los salarios o de la sanidad universal, otras aún no han desaparecido, como el aumento de los empleos precarios o el copago farmacéutico, y otras se han convertido en irreversibles, como la concentración bancaria con la desaparición de las cajas de ahorros y algunos bancos. Por otra parte, no hubo cambios en la correlación de fuerzas sindicales, y los principales movimientos sociales nacidos durante la crisis fueron desapareciendo de la escena, como el 15-M o las plataformas de afectados por los desahucios. Se puede decir que al nivel socioeconómico el sistema ha recuperado gran parte de la situación anterior a la crisis, y si por un lado es cierto que el modelo de acumulación capitalista no ha conseguido convertir en permanente sus principales objetivos durante la crisis (mayores privatizaciones, reducciones salariales, mayor precarización, etc.), también es verdad que, superada gran parte de ésta a costa del sacrificio de las clases populares, el capitalismo no se ha visto afectado por algunas de las amenazas que se vertieron al inicio de la crisis (mayores regulaciones y controles para impedir la repetición de otra crisis similar), ni ha sido puesto en cuestión de manera seria.
El sistema de partidos políticos fue el terreno más afectado por las consecuencias de la crisis económica, pero estas consecuencias se solaparon con otras derivadas de los casos de corrupción que afectaron especialmente al PP y a CiU. En este sentido se puede decir que se fueron abriendo ventanas de oportunidades para cada una de las formaciones políticas nuevas o ya existentes en las que lo que estuvo en juego fueron cuatro aspectos: a) La permanencia o sustitución del bipartidismo imperfecto entre el PSOE y un partido conservador (UCD, PP) dominante desde la transición democrática b) La hegemonía en el terreno de la derecha (PP versus Ciudadanos) c) La hegemonía en el terreno de la izquierda (PSOE versus Podemos) d) La hegemonía en el seno del independentismo catalán (ERC versus exconvergentes).
La primera ventana de oportunidad se abrió para Podemos con el nacimiento del 15-M en mayo del 2011 contra las políticas de austeridad aplicadas en la fase final del gobierno de Zapatero. Su ventana de oportunidad representó un reto importante, primero porque pretendió, aunque solo inicialmente, presentarse como una alternativa al modelo de partido, una especie de movimiento; segundo, porque pretendió disputar la hegemonía del bloque progresista-izquierda al PSOE; tercero porque pretendió alcanzar el gobierno con un programa contrario a las políticas de austeridad vigentes y regenerar la vida democrática.
Mantuvo estrechas relaciones con Syriza, que encabezaba desde el gobierno griego la oposición a las políticas de austeridad que se habían impuesto en Europa con Merkel a la cabeza, estas relaciones se enfriaron cuando Syriza claudicó y dejó de ser un modelo para la izquierda en Europa. Por otro lado, durante un período las encuestas le vaticinaron un avance electoral importante. Pero su ventana de oportunidad se fue cerrando gradualmente, primero con los resultados de las elecciones legislativas de 2015-16 dónde no pudo superar al PSOE y mucho menos alcanzar el gobierno, segundo con la política errática adoptada con el conflicto catalán y, tercero con el papel subordinado jugado en la moción de censura que presento en 2018 el PSOE y que expulso del gobierno al PP. Todos estos factores internos, al que hay que añadir el fracaso de Syriza, se producían sobre un telón de fondo caracterizado por la desmovilización callejera, la pérdida de impulso de los movimientos sociales y la superación de los momentos más duros de la crisis. Con ese telón de fondo no es posible predecir una recuperación de Podemos al que las encuestas dan en estos momentos un papel bastante secundario en la política española.
La segunda ventana de oportunidad se le presentó al PP cuando en 2011 cosecho diversas victorias electorales y alcanzó el gobierno con mayoría absoluta. Llevó a cabo una gestión muy austeritaria de la crisis que provocó masivas manifestaciones en su contra y le debilitó electoralmente. Es difícil saber cual habría sido el efecto electoral de su gestión de la crisis catalana, dónde asumió un papel de rechazo a cualquier diálogo o concesión, firmeza en la defensa del orden constitucional, y valedor del nacionalismo español en ascenso frente al nacionalismo catalán, porque el factor que terminó por desgastarle y expulsarle del gobierno fue la cascada de casos de corrupción que atravesaron al PP. Estos cerraron su ventana de oportunidad y pusieron en cuestión si continuaría siendo el partido hegemónico de la derecha española.
La tercera ventana de oportunidad se le abrió al partido que le disputaba esa hegemonía al PP, Ciudadanos. Originariamente un partido de ámbito catalán, se catapultó a disputar esa hegemonía a nivel de España gracias primero a la corrupción que minaba al PP y, luego, a su papel durante el conflicto catalán, dónde se ha mostrado con posiciones más duras en contra del independentismo que el propio PP. Esta posición le llevó a ser el partido más votado en las elecciones autonómicas catalanas de diciembre de 2017 y a encabezar las encuestas de las elecciones nacionales, si estas hubiesen celebrado como consecuencia de la sentencia del caso Gürtel que dejó noqueado al PP. Esta ventana se cerró de golpe cuando Rajoy prefirió asumir la moción de censura del PSOE, pensando que no triunfaría, a dimitir y convocar unas elecciones en las que las encuestas daban la victoria a Ciudadanos.
La cuarta ventana de oportunidad se le presentó al PSOE, y no fue fruto del apoyo en un movimiento social preexistente (Podemos), ni de la victoria en unas elecciones (PP), ni de el aprovechamiento de unas circunstancias para ascender (Ciudadanos), fue fruto de un golpe de audacia arriesgado por parte de Pedro Sánchez, porque con solo una minoría de 84 diputados consiguió el apoyo de un conjunto de fuerzas políticas muy heterogéneas para ganar la moción de censura, fuerzas unidas solo por la necesidad de expulsar al PP del gobierno. Sin embargo, ese acceso al gobierno, aunque fuese en condiciones muy precarias, le ha servido para que en pocas semanas haya conseguido situarse en una posición claramente vencedora en las encestas electorales. Se trata de la única ventana de oportunidad abierta hasta este momento, pero también en condiciones muy frágiles para consolidarse.
El status quo político antes de la crisis consistía en un bipartidismo, imperfecto debido a la existencia de partidos nacionalistas en distintas comunidades autónomas, en el que se producía una alternancia entre un partido socialdemócrata (PSOE) y otro conservado (UCD, PP); una hegemonía en el bloque de derechas por parte del PP, y en el de la izquierda y el progresismo por parte del PSOE. Dado que, como hemos señalado, en el nivel socioeconómico los desafíos al status quo nunca fueron importantes y han terminado siendo encauzados, la reacción por volver al status quo precrisis solo se mantiene en el nivel político, y si en el primer nivel, el de la infraestructura, no se han producido cambios sustanciales, en el segundo, el de la superestructura, es muy difícil que puedan producirse entonces.
Efectivamente, los datos apuntan en este sentido. La recuperación electoral del PSOE, gobernando en el momento de escribir este artículo, y el retroceso de Podemos, llevan por el camino de reproducir la situación anterior de los papeles del PSOE e IU. En la derecha es dónde queda por disputar si habrá un partido hegemónico o si dará lugar a una situación de bicefalia. Superados los momentos más duros de la crisis económica y apartado del gobierno el partido más corrupto, no es que desaparezcan muchos de los argumentos utilizados anteriormente, es que se desdibuja cualquier proyecto alternativo como el que representó Podemos, que nunca tuvo, por otro lado, perfiles muy claros.
Lo que se puede constatar, pues, en esta década comenzada en 2008 es que prácticamente el mismo cuerpo electoral ha oscilado de manera importante, pero solo a nivel de expectativas porque, finalmente, en dicho período se ha seguido reproduciendo el viejo modelo de alternancia gubernamental entre socialdemócratas y conservadores que ha prevalecido desde que el actual régimen democrático sustituyó a la anterior dictadura franquista.
Realmente, el desafío político provino de Podemos, pues Ciudadanos representaba un intento de regeneración en el seno de la derecha ante el desgaste sufrido por el PP debido a los casos de corrupción. Pero este desafío no podía sustraerse a las condiciones externas a la política española, de un lado, sus principales líderes habían colaborado y se miraban en el espejo de los populismos de izquierda que habían estado en auge en América Latina, de otro lado, seguían la estela de Syriza que, desde el gobierno griego, representó durante un breve tiempo la ilusión en la capacidad de la izquierda para levantar un programa alternativo a la gestión de la crisis que los partidos socialdemócratas y conservadores impulsaban en Europa en favor de los intereses de la burguesía. Pero justamente, cuando Podemos empezaba su ascenso empezaban a fracasar esos dos modelos, Syriza claudicando ante la troika, el populismo de izquierdas más representativo, el venezolano, deslizándose hacia una grave crisis política y económica que le descalificaba como modelo a seguir.
Y, por si fuera poco este panorama adverso, la crisis catalana terminó de arruinar las posibilidades del proyecto de Podemos a trasladar bruscamente el eje de enfrentamiento en España desde el socioeconómico al identitario.
El conflicto catalán y sus consecuencias
La segunda crisis que sacudió a España fue la originada por el intento secesionista de los partidos independentistas catalanes. Sus consecuencias están siendo más graves por varias razones. Ha elevado la crispación y la polarización especialmente en la sociedad catalana, pero también en el resto de España, hasta niveles preocupantes, con riesgos evidentes en ciertos momentos del desencadenamiento de situaciones de violencia que podrían volverse incontrolables. Ha suscitado el ascenso de dos nacionalismos enfrentados, el catalán y el español, que ha eclipsado otros problemas existentes en España. Y ha llevado a la violación del ordenamiento jurídico y constitucional español por parte de los partidos independentistas y las instituciones autonómicas controladas por ellos, y la reacción política y jurídica del Estado español con la suspensión temporal del régimen autonómico en Cataluña y el procesamiento de los principales dirigentes independentistas por dichas violaciones, con el resultado del exilio o la cárcel provisional.
No vamos a entrar ahora a analizar en detalle el conflicto catalán porque hay varios artículos dónde ya me ocupé de este tema, solamente vamos a examinar las consecuencias generales y verificar la hipótesis expuesta al principio de que las oportunidades de cambio que se abren con una crisis siempre van a intentar ser contrarrestadas por reacciones tendentes a mantener el status quo anterior a la crisis aún con modificaciones en ese status.
La crisis en este caso es originada por las decisiones de actores políticos. La primera decisión correspondió al PP con su recurso ante el Tribunal Constitucional para que anulase, como así ocurrió en 2010, contenidos esenciales del nuevo Estatuto de Autonomía para Cataluña aprobado en 2006. La segunda decisión correspondió a las fuerza nacionalistas catalanas que reaccionaron adoptando la vía de la secesión unilateral. Sobre este panorama incidieron dos fenómenos externos, el primero fue la crisis económica desatada en 2008 y, el segundo el referéndum por la independencia celebrado en Escocia en 2014, fenómenos que reforzaron tendencias existentes, no las crearon.
La decisión secesionista del independentismo catalán no contaba ni con legitimidad política, puesto que su estrategia se basaba en la desobediencia y ruptura del ordenamiento jurídico vigente, Constitución y Estatuto de Autonomía; ni, lo que era más importante, con legitimidad social, puesto que en ninguna de las elecciones celebradas en Cataluña el conjunto de los partidos independentistas llegó a superar el 48% de apoyos electorales. Se puede decir que si el gobierno del PP adoptó una posición de rígido inmovilismo legal y constitucional para enfrentar esta crisis política, la posición adoptada por el independentismo catalán adquirió tintes dictatoriales al violar el ordenamiento jurídico e intentar que una minoría social, nunca superior al 48%, impusiese su proyecto de Estado independiente al conjunto de la sociedad catalana.
En estas condiciones es difícil saber si las causas de que el conflicto no llegase a adquirir contornos más dramáticos se encuentran en los hábitos democráticos de la sociedad, en que la polarización se producía en una sociedad cuyo nivel de vida está por encima de la media europea, o en que las derrotas que fueron sufriendo los independentistas les hicieron desistir de llevar el desafío a cotas más altas. Efectivamente, el independentismo se encontró con que sus postulados de base para lanzar la secesión unilateral no se fueron cumpliendo. Las principales empresas catalanas trasladaron su sede social a otras partes de España ante el riesgo de secesión; ningún Estado europeo y prácticamente del mundo movió un dedo a favor del proyecto secesionista; se produjo una reacción social movilizadora en el interior de Cataluña en contra del independentismo que les disputó las calles; el Estado español mantuvo una clara actitud de firmeza expresada en el plano político, policial y judicial; y el desafío independentista originó una reacción política en España con la creación de un frente constitucionalista que representaba las tres cuartas partes del parlamento español.
En estas circunstancias, y después de haber violado diversas leyes, en lo que judicialmente ha sido calificado de rebelión, el independentismo se limitó a realizar una confusa declaración de independencia tras la cual sus dirigentes se marcharon al exilio o se presentaron ante la justicia para ser procesados, sin intentar en ningún momento hacer efectiva dicha declaración. Por su parte el gobierno de PP, apoyado por el bloque parlamentario constitucionalista, procedió a suspender por dos meses el régimen de la autonomía catalana con la convocatoria paralela de elecciones autonómicas en las que el resultado de la correlación de fuerzas fue la misma que la existente anteriormente.
El nuevo gobierno catalán surgido de las elecciones de diciembre de 2017 sigue formado por los partidos independentistas, pero tras las derrotas sufridas en los meses finales de 2017 su estrategia es confusa y, en todo caso, ha cambiado. De un lado se ha enzarzado en disputas con el Estado español de carácter simbólico, de otro lado, ha colaborado con el PSOE para desalojar del gobierno al PP en favor de Pedro Sánchez y, finalmente, han aparecido fuertes diferencias en su seno sobre el camino a seguir.
En este caso se puede constatar que las reacciones por mantener el status quo anterior a la crisis han sido múltiples, proviniendo de los actores políticos, del Estado, de la sociedad civil, de los actores económicos, y de los actores internacionales.
Al desplazar la crisis catalana el eje del conflicto desde el socioeconómico al identitario, impactó sobre los actores políticos que habían surgido como consecuencia del primer tipo de conflicto, es decir, Podemos a nivel español y el que sería más o menos su réplica a nivel catalán, Cataluña en Comu. El resto de los partidos, tanto de ámbito estatal, PP, Ciudadanos y PSOE, como catalán, ERC, CUP y PDeCAT (ex CiU) se posicionaron claramente, según avanzaba el conflicto, en una u otra posición cuya línea divisoria la establecía el respeto o no al marco jurídico y constitucional vigente, con la diferencia de que mientras el bloque constitucionalista hizo de la defensa de ese orden jurídico-constitucional el punto de encuentro, el bloque independentista no fue homogéneo respecto a la desobediencia de las leyes, con una CUP claramente posicionada en favor de la desobediencia y el resto oscilando, lo que explica la kafkiana proclamación de la independencia, suspendida, reafirmada y desmentida, y la descoordinada actitud ante la justicia, unos sometiéndose y presentándose ante el juez, otros huyendo de España.
Podemos y Cataluña en Comu intentaron mantenerse en un terreno equidistante, rechazando tanto la independencia unilateral como la intervención temporal de la autonomía por parte del Estado. Para ello se aferraron a una demanda de los independentistas que estos habían abandonado a mediados de 2017, la del derecho a decidir. Ésta significaba la exigencia al Estado de la celebración de un referéndum legal, tipo Escocia. Pero ante la negativa del gobierno central y el bloque constitucionalista de aceptarla, alegando su falta de respaldo constitucional, el independentismo la abandonó hacia mediados de 2017 para pasar a la estrategia de la secesión unilateral. Paralizados por un enfrentamiento en el que Podemos y Cataluña en Comu no querían tomar parte, pero que había dividido en dos mitades a la sociedad catalana, y provocado una reacción nacionalista en el resto de España, con esa posición se marginaron del importante conflicto en curso y dejaron de contar como actores políticos, la imagen que trasmitieron era la de que no eran un vehículo para solucionar el problema en un sentido u otro.
Conclusiones
En un giro paradójico de la historia, un actor político que en 2011 parecía desahuciado, el PSOE, y al que se le pronóstico un futuro similar al Pasok, sin embargo consiguió llegar al gobierno en 2018 en condiciones muy precarias para cambiar tanto su futuro como las tendencias de la política española desde 2012. En la última parte de su gobierno, el presidente socialista Zapatero se había alineado con las políticas de austeridad que marcaba la canciller Merkel desde Europa, ello unido a que había sido una de las patas del bipartidismo histórico llevó a que desde el movimiento 15-M y, luego, desde Podemos fuese englobado dentro de la "casta" que había que barrer en España. Sin embargo, los resultados de las elecciones legislativas de 2015-16 llevaron a Podemos a considerarle un aliado para poder gobernar, dejó de ser parte de la "casta". Por otro lado, durante el conflicto catalán, el PSOE formó parte del bloque constitucionalista que se enfrentó al independentismo y aprobó la decisión en el Senado para intervenir temporalmente la autonomía catalana, por lo tanto formaba parte del "bloque inmovilista y represor" para los independentistas.
Sin embargo, la ventana de oportunidad, de la que hablamos anteriormente, representada por la sentencia Gürtel contra la corrupción del PP, terminó de rehabilitar al PSOE. Su moción de censura contra el gobierno del PP, que le llevó al gobierno en 2018, fue apoyada tanto por Podemos como por el sector mayoritario de los independentistas. Todo ello en una situación que suponía mantener la dinámica del bipartidismo histórico en la alternancia de gobiernos, y la permanencia del PSOE dentro del "bloque constitucionalista" que se oponía al independentismo.
El conflicto catalán no ha acabado aún, aunque esté apaciguado en estos momentos, y es difícil saber los derroteros que tomará en el futuro pero, por el momento, las fuerzas desencadenadas para oponerse a los cambios ensayados durante las dos crisis que hemos descrito han sido capaces de reconducir la situación y trasladar la situación de desconcierto y repliegue al interior de las fuerzas que intentaron abrir una ventana de oportunidad a su favor en ambas ocasiones, Podemos y los independentistas catalanes.
Otros artículos y libros del autor en su blog: http://miradacrtica.blogspot.com/
*++

jueves, 2 de agosto de 2018

CUBA SÍ? CUBA NO?



Transformaciones en Cuba
¿Socialismo a la china para todos?

02.08.2018


I

Cuba socialista está en proceso de modificar su constitución política. Cambio enorme, fundamental quizá en la historia del socialismo de la isla, que por casi seis décadas fue un ejemplo para las luchas revolucionarias de todo el mundo. ¿Se vuelve capitalista?

Este breve opúsculo –quizá más culo que opus– es solo una pequeña reflexión, introductoria a lo que pretenderá ser un estudio más serio y exhaustivo por parte de quien firma (con buena suerte, para mediados del año entrante estaría terminado). Pero pretende además –este es el objetivo central– abrir y alimentar la discusión sobre el socialismo, sus límites, sus posibilidades y dificultades, sus logros, siempre sobre la base irrenunciable de su entronización. “Socialismo… o barbarie”, podríamos decir, haciendo nuestra la formulación de Rosa Luxemburgo.

¿Cuba se hace capitalista ahora? ¿Se hizo capitalista la República Popular China? ¿Fracasaron los intentos socialistas? ¿Qué significó la Perestroika en la Unión Soviética? Todas estas preguntas son vitales, especialmente vitales para quienes seguimos pensando que otro mundo es posible… ¡e imperiosamente necesario! En otros términos, para quienes vemos que el capitalismo no tiene salida, salvo las guerras (pero, ¿son eso “salidas”?)

Es posible, y ¡necesario!, otro mundo porque, sin ningún lugar a dudas, el capitalismo como sistema no soluciona ni puede solucionar los acuciantes problemas de la humanidad: hambre, sed, seguridad, ignorancia, prejuicios. Más allá de todos los oropeles que pueda exhibir, centrados siempre en el hiper consumismo, su modelo está estructuralmente trabado. Si se produce para alimentar la ganancia individual, es decir: el lucro empresarial, entonces la solidaridad, la preocupación por el otro, ¡la justicia!, están radicalmente imposibilitadas. Más allá de pomposas declaraciones, lo máximo a lo que puede aspirar el sistema es a un capitalismo con “rostro humano”, un Estado benefactor (al modo keynesiano), un capitalismo pretendidamente “menos” explotador. Pero eso radicalmente está negado. La producción se basa en la explotación de la fuerza de trabajo, que es quien genera la ganancia. Eso es una verdad transindividual, no un mero capricho persona, subjetivo. El padre del liberalismo económico, Adam Smith, ya lo veía en el siglo XVIII: la única fuente creadora de riqueza es el trabajo. Y en el sistema capitalista quien crea la riqueza es el trabajador (el obrero industrial, el campesino), pero no quedándose con la ganancia que ese producto genera. ¡Eso es la explotación! Plusvalía se le llamó.

No se produce tanto para cubrir necesidades sino para engrosar el lucro personal del dueño (que hoy pueden ser enormes sociedades anónimas, corporaciones multinacionales, bancos gigantescos, etc.) de los medios de producción: empresarios industriales, terratenientes, banqueros. De hecho, el capitalismo, para seguir lucrando, inventa necesidades, y las instala como imprescindibles. Producir para ganar dinero es el verdadero motor de la producción. Eso es así desde Adam Smith en adelante, no ha cambiado: el lujo de la burguesía es el producto del esfuerzo de la clase trabajadora. Para que un 10% de la población mundial (clase media y grandes propietarios) tenga un buen nivel de vida, el 90% se mueve en la pobreza.

¿Soluciona eso el capitalismo? Se produce casi 50% más de la comida necesaria para alimentar a toda la población mundial, pero el hambre sigue siendo el principal flagelo. ¡Irracional!, pero así es el capitalismo. Por eso, de este sistema no se puede esperar más nada, sino explotación, miseria para las mayorías, y llegado el caso: represión. Y cuando la maquinaria social está demasiado trabada, alguna guerra genera “soluciones” (crea puestos de trabajo llega a plantearse, destruye para reconstruir, “mueve la economía”. Es infame… ¡pero así es!). El socialismo, en ese sentido, como la antípoda del capitalismo, más allá de los errores de sus primeras experiencias –errores que, por supuesto, con solvencia moral habrá que revisar–, continúa siendo una esperanza.

II

¿Qué pasó con las primeras experiencias socialistas del siglo XX: Rusia (luego Unión Soviética), China, Cuba, Corea, Vietnam, Nicaragua? ¿Se puede decir que fracasaron?

Insistamos: este breve escrito no puede ser un análisis acucioso de fenómenos tan complejos. Presenta solo atisbos para comenzar el debate. Lo que sí es más que evidente es que todas esos problemas arriba apuntados: hambre, sed, ignorancia, prejuicios, en los países socialistas comenzaron a desaparecer. Decir hoy día que Venezuela es un desastre, que hay hambre y que la población huye despavorida, es una vil e interesada mentira. Primero: todo ese desastre social (que realmente existe) es provocado por el capitalismo que acecha a la Revolución Bolivariana; y por otro lado: ese proceso no es, en sentido estricto, socialista (es un capitalismo redistributivo con discurso antiimperialista).

En aquellas latitudes donde la clase trabajadora tomó el poder (siempre a través de una revolución que, necesariamente implica la violencia, pues ningún grupo privilegiado suelta el poder alegremente) y construyó una alternativa al capitalismo, esas señaladas lacras históricas comenzaron a desaparecer. En nuestro continente Cuba, para tomar el ejemplo más esclarecedor, a partir de su revolución en 1959, superó esos tremendos cuellos de botella, exhibiendo en la actualidad, pese a los interminables ataques sufridos, índices socioeconómicos como los países capitalistas más desarrollados. ¿Fracasó ahí el socialismo? Como dijo alguna vez Fidel Castro: “En el mundo hay 200 millones de niños de la calle. Ninguno de ellos vive en Cuba”. En la isla no hay desnutrición ni analfabetismo, como no lo hubo en la Unión Soviética. En ninguno de estos lugares nadie deja de tener empleo, vivienda, seguridad social, educación de primera, dignidad. ¿Por qué puede plantearse entonces un “fracaso”? De hecho, ¿por qué se revirtió el proceso en la Revolución Bolchevique, ejemplo glorioso del primer Estado obrero y campesino?

Porque la economía no crece al mismo ritmo que en los países capitalistas. ¿Fracasó porque faltan supermercados abarrotados de productos, muchos de ellos innecesarios? ¿Fracasó porque, comparativamente, un trabajador cubano, o soviético, no tenía tantas licuadoras, teléfonos celulares o zapatos como uno de algún país capitalista rico? Aunque la respuesta necesite muchos más desarrollos –y pueda parecer patética en términos éticos– en principio podría decirse que sí. Ello permite ver que el ideario socialista debe ser repensado críticamente, no para negarlo, sino para complejizarlo: ¿por qué el poder, como eje constitutivo de las relaciones humanas, no se analiza con nuevas categorías? Quizá sea necesario abrir una nueva antropología, para descubrir que “bondad” y “maldad” son conceptos demasiado restringidos para entender lo humano. Dejemos solo tangencialmente indicado esto, para retomar en algún momento: ¿por qué el poder fascina tanto? Porque brinda la ilusión de completud. Parece que a todos nos place sentirnos dioses.

¿Por qué ahora Cuba intenta poner mecanismos capitalistas? ¿Por qué este apoyo a la empresa privada? ¿Rechazo del socialismo? Todo indica que no: es, en todo caso, el modelo chino que comienza a difundirse por países que intentan abrir alternativas al capitalismo. ¡Socialismo de mercado!, socialismo con características chinas.

El gigante asiático hace ya largos años que produjo cambios sustanciales en el ideario socialista con que llevó a cabo su revolución en 1949, con Mao Tse Tung a la cabeza. Desde las reformas introducidas en los 70 del siglo pasado, lideradas por Deng Xiao Ping, se comenzó a construir un engendro que para la izquierda tradicional de Occidente nunca se terminó de entender: “socialismo de mercado”. Lo cierto es que, apelando a la introducción de todo un sector de propiedad privada, el país ha venido produciendo un avance económico fabuloso, sin precedentes en ningún Estado capitalista. Atrayendo inversión externa, permitiendo la propiedad privada de los medios de producción, siempre bajo la atenta mirada del Partido Comunista, que es quien fija férreamente las políticas, China pasó a ser hoy la primera economía mundial (técnicamente ya factura más que Estados Unidos, su PBI es el mayor de todos), con un superávit comercial impresionante.

¿Hay realmente un “milagro” económico en China? Según como se lo quiera ver: sí y no. No hay dudas que con la incorporación de capitales externos, y tomando tecnologías provenientes del desarrollo capitalista, el país asiático mantuvo –y mantiene todavía– un vertiginoso ritmo de crecimiento económico que nunca se vio en Occidente (ni durante la revolución industrial en la Inglaterra dieciochesca ni en Estados Unidos entre fines del Siglo XIX y durante el XX). Ello permitió levantar increíblemente el nivel de acceso a la riqueza de grandes masas, sacando de la pobreza rural ancestral a millones de chinos. La dirección comunista impidió que China fuera solo una “gran maquila”, como suele presentársela (quizá maliciosamente), dejando de ser “ensambladora de juguetes de mala calidad” para ir convirtiéndose en un país altamente industrializado, con tecnologías de punta propias que ya comienzan a sorprender.

El Partido en el poder dirige efectivamente los destinos del país, reservándose el 51% del manejo de la economía, exigiendo la real y constatable transferencia tecnológica y teniendo planes concretos de desarrollo nacional, que contemplan objetivos a cumplirse en el Siglo XXII (en China hablar de 50 o 100 años no es nada, obviamente, después de 5.000 años de historia. “Siéntate al lado del río a ver pasar el cadáver de tu enemigo”, enseñaba Sun Tzu… La paciencia china es proverbial).

III

El desarrollo económico es real, y ello permitió un avance científico-técnico portentoso, ubicándose ya hoy como líder en muchos campos del quehacer humano, habiendo superado a las potencias capitalistas (informática, inteligencia artificial, investigación aeroespacial, biotecnologías, transportes). De hecho, su acumulación de reservas monetarias es tan grande que, junto con Japón, es quien sostiene al Tesoro de Estados Unidos. Hoy día China es vital para el mantenimiento del equilibrio económico del planeta.

El costo de este fenomenal salto no es poco: retornó la explotación capitalista más inmisericorde, con condiciones que ya no existen en muchos países. La fabulosa acumulación originaria –que en Europa se hizo masacrando indígenas americanos y negros africanos, mientras se robaban con avidez los recursos naturales– en la China capi-socialista se llevó a cabo a partir de la gran explotación de sectores campesinos que se reubicaron en los grandes centros industriales de las urbes más desarrolladas, con salarios de hambre y con extenuantes jornadas laborales.

Eso no tiene secretos: la riqueza la producen siempre los trabajadores con su esfuerzo personal, no importando el modelo económico en el que se desenvuelvan. La cuestión es cómo se distribuye esa riqueza socialmente producida. En China, a partir de la existencia de un sector de su economía basada en el modelo capitalista –aunque sea dirigido por directivas que políticamente fija el Partido Comunista–, la explotación está presente. Que esa riqueza no sea apropiada enteramente por los inversionistas privados y que el Estado (socialista) se encargue de devolverlo a la población a través de políticas sociales, es otra cosa. Pero la explotación está. Por otro lado, contrariando los principios marxistas clásicos, este nuevo modelo de desarrollo (socialismo a la china) estimula la aparición de propietarios privados, premiando el “éxito” económico de quienes se transforman en millonarios. El lujo ostentoso está presente en el país al igual que en los más encumbrados centros capitalistas de Occidente.

Desde fuera de China, y con planteos marxistas clásicos, cuesta entender el proceso. ¿Es capitalismo o es socialismo? ¿Un paso atrás para tomar impulso y seguir avanzando? Lo cierto es que el proyecto chino actual, que se comporta como cualquier planteo capitalista, se está extendiendo por el mundo. Y donde llega, su impronta es capitalista. Claro que –fundamental es aclararlo– de momento no se ha mostrado como potencia imperialista invasora apelando a la violencia militar. Sin disparar un tiro, está haciendo lo que el rapaz capitalismo estadounidense, o europeo en su momento, hicieron a base de sanguinaria entrada bélica.

IV

No caben dudas que algo importante está ocurriendo en China desde hace algunos años. Su economía, y por tanto su presencia política en el mundo, crece a pasos agigantados, al igual que su desarrollo científico-técnico. Hoy ya es una potencia de primer orden, disputándole la hegemonía global a Estados Unidos. ¿Cómo lo logró en tan poco tiempo?

Se podría pensar que el aliciente de la empresa privada les ha servido. ¿Qué tiene la empresa privada que fomenta ese crecimiento, y que el Estado socialista, con economía planificada, no consigue? Una vez más: este escrito es apenas una introducción a lo que deberá ser un largo y mucho más profundo desarrollo, pero provisoriamente podríamos expresarlo con esta frase: “el ojo del amo engorda el ganado”.

La idea de “productores libres asociados”, estandarte de esa fase superior de desarrollo que sería el comunismo, dista aún mucho de la realidad actual. Lo que prima dentro de las relaciones capitalistas no es, precisamente, la solidaridad, la fraternidad. El “sálvese quien pueda” individualista es la matriz dominante. El Esclavo, parafraseando a Hegel, piensa con la cabeza del Amo. “La ideología dominante es la ideología de la clase dominante”, dirá Marx. Eso explica por qué las clases oprimidas no se levantan tan fácilmente: están sojuzgadas en la realidad concreta (la represión brutal está siempre disponible) y en la construcción simbólico-cultural que, en definitiva, es el mundo. La ideología es más efectiva que las bayonetas.

La experiencia china muestra que el incentivo personal cuenta, y cuenta mucho para la generación de riqueza (¿no era eso lo que buscaba la Perestroika soviética?). ¿Puede ese elemento ser la guía para la construcción de una sociedad nueva? A estar con lo que nos lega la actual República Popular China, estaríamos tentados de responder que sí.

La promoción de incentivos para aumentar la producción no es nada nuevo: en la Unión Soviética, durante la década de 1930 tuvo lugar el movimiento stajanovista (impulsado por el minero Alekséi Stajánov), consistente en el pago de bonos extras por el aumento de la productividad. Eso mismo retomó Mijaíl Gorbachov con su intento de reestructuración en la década de los 80. De todos modos, esto abre una discusión fundamental: “El principal error que se cometió en el socialismo real fue competir con la producción capitalista en su propio terreno”, se plantea hoy el cubano Yassel Padrón. ¿Se trata de tener más licuadoras, teléfonos y pares de zapato? ¿Cómo se construye el socialismo entonces?

Sin dudas sigue siendo una agenda pendiente para el socialismo cómo lograr un aumento de la riqueza a partir de economías planificadas. Eso remite a la pregunta de si es posible establecer una moral socialista que funcione autónomamente (hay que trabajar con excelencia porque esa es la ética humana, podría decirse), o se necesita siempre del látigo para hacernos mover. Disyuntiva que, sin dudas, no está resuelta. La empresa privada, que no se detiene a filosofar sobre estos puntos, se limita a presentar el látigo. Para los trabajadores, la amenaza de la desocupación es un tirano que asusta tanto o más que la cámara de tortura. Y con eso acumula riqueza; lo demás le sale sobrando. Pragmatismo puro, podría decirse.

¿Por qué ahora Cuba opta por darle un lugar de mayor preponderancia a la iniciativa privada? El presupuesto básico, tomado de la experiencia china, es que ese tipo de emprendimientos genera más riqueza. Amén del inmisericorde y absolutamente abominable bloqueo que por décadas paralizó –y sigue paralizando– a la isla, algo pasa en el modelo económico socialista que no permite una gran acumulación. ¿Es posible el socialismo sin esa enorme masa de riqueza? La experiencia cubana lo dice: la población está cansada de no tener cosas, de estanterías vacías. La moral sola… puede agotarse. Las generaciones nuevas, aquellos que no pasaron los años heroicos de la Revolución, quieren vivir con tranquilidad, con acceso a satisfactores. Nadie puede vivir en combate permanente (esto lleva a cuestionar hasta dónde es posible la mística guevarista: ¿se puede vivir todo el tiempo “haciendo revoluciones”?) Aunque sea patético plantearlo así, vivir en un mundo capitalista plagado de oropeles (la licuadora, el teléfono celular y los zapatos de moda), genera angustias a quien no los posee. ¿Por qué se van muchos cubanos jóvenes de la isla? No porque escapen de una presunta dictadura, sino porque buscan esos escaparates atiborrados. ¿La iniciativa privada permitirá esa acumulación, hoy día faltante?

El modelo chino, ese raro y complejo “socialismo de mercado”, permitió generar una acumulación de riqueza espectacular en poco tiempo. El costo es que está basado en la explotación de los trabajadores. ¿Fue necesario eso como “un paso atrás para tomar impulso”? Todo indicaría que el Partido Comunista tiene puesto ahora sus ojos en la promoción de enormes planes de beneficio social para las inconmensurables masas de población del país. La riqueza acumulada probablemente lo permita.

Otros países socialistas, como Vietnam y Corea del Norte, están siguiendo este modelo. Cuba pareciera que también, sin renegar del ideario socialista primigenio. Ahora bien: no todos pueden ser la China, país monumentalmente grande y poderoso, con inmensidad de recursos naturales, con una historia milenaria que le confiere una autosuficiencia que nadie más puede tener. “¿Qué opina de la Revolución Francesa?”, le preguntaron a un dirigente chino durante la Revolución Cultural. “Es muy prematuro para opinar”, pudo decir, con cinco milenios tras sus espaldas como unidad nacional. Esa historia pesa.

¿Podrá Cuba ser una nueva China? Obviamente no, ni es tampoco esa la idea. La introducción de estas reformas abre dudas. China no terminó siendo una gran maquila de los capitales occidentales, porque el proyecto político en curso apunta a otra cosa. ¿Y porque hay 5.000 años de historia y 1.500 millones de habitantes que confieren una fuerza inconmensurable? ¿Podrá Cuba seguir construyendo el socialismo, fase preparatoria del comunismo (sociedad de productores libres asociados sin necesidad de la fuerza coercitiva de un Estado) con la introducción de estos elementos “capitalistas”? Confiamos en la entereza moral del pueblo y la dirigencia cubana. El desafío está abierto.

Blog del autor: https://mcolussi.blogspot.com/

*++

PEDRO SÁNCHEZ EL NO SOCIALISTA (Ser del PSOE no garantiza el ser socialista). ¡ÓLE, TÚ SI QUE ERES GUAPO!


Tribuna viento sur
El régimen, entre el alivio socioliberal y la derecha extrema
2/2


Jaime Pastor
Viento sur
31.07.2018

La disputa por la hegemonía en la derecha española
Del desenlace del Congreso del PP ha salido ganador un proyecto nada regenerador, pero sí firmemente dispuesto a buscar la polarización política y social; no sólo contra Unidas Podemos y el independentismo catalán sino también contra el mismo PSOE (“todo a la derecha del PSOE”, Casado dixit). De las declaraciones del nuevo, y todavía bajo la sospecha de fraude académico, líder del PP es fácil encontrar ya una audaz combinación de neoliberalismo (con su asesor económico Daniel Lacalle reivindicando “un PP liberal-conservador sin complejos y con orgullo” y proponiendo reducir el tipo máximo del IRPF a niveles inferiores al 40%), conservadurismo (defensa de la familia y de los privilegios de la iglesia católica), banalización del franquismo (no gastar un euro por la exhumación de Franco…), machismo (contra el derecho al aborto y la “ideología de género”), nacionalismo español reaccionario y punitivo (proponiendo incluir en el Código Penal el delito de “sedición impropia” y la restauración de la prohibición de referéndum, vigente bajo su mentor José María Aznar) y, por si lo echábamos en falta, apelación a la movilización ciudadana contra la “amenaza” de que “millones (¡) de africanos” lleguen a tierra española.
Esta firme decisión de optar por un discurso xenófobo le alinea con la extrema derecha europea, precisamente allí donde se encuentra la frontera más desigual del planeta, y está destinada a generar alarma social a base de mentiras entre una población cuya inseguridad ante su futuro se vería desviada hacia el resentimiento contra los sectores más vulnerables. Supone, por tanto, un verdadero llamamiento a intensificar la “guerra de fronteras” que desde hace tiempo vivimos en la fosa común en que se ha convertido el Mediterráneo 1/. No va a ser fácil hacer frente a esta nueva ofensiva si no sabemos acompañar la denuncia de sus mentiras con un proyecto de futuro alternativo, antineoliberal y solidario.
Así pues, derrotada la línea tecnocrática pero no por ello menos dura de Sáenz de Santamaría, ha ganado la opción a favor de un rearme ideológico que, de paso, le ayude a dejar en el olvido su corrupción estructural (que no por ello va a dejar de salir a la luz con nuevos juicios). De ese modo, busca competir desde la oposición con las fuerzas que en los últimos tiempos le disputaban la hegemonía en la derecha española: Ciudadanos y, en menor medida, Vox. Lo hemos visto ya con el desplazamiento de Casado y Rivera a Ceuta, pero quizás sea en Catalunya donde esa competencia será más dura.
En todo caso, las próximas elecciones andaluzas serán el primer test de cuál va a ser el resultado de este giro discursivo, una vez comprobado que el anclaje territorial de este partido, aun siendo superior a sus competidores, está lejos de la imagen que quería dar como “el partido más grande de Europa”: una vez actualizado, el censo de militantes y votantes en su reciente Congreso pasó de los 800 mil y pico a los 50 mil y pico.
Catalunya, Podemos y el mal menor
En este nuevo escenario de reducción de expectativas respecto al nuevo gobierno y de envalentonamiento desde la oposición de un PP que sin duda va a estimular a Ciudadanos a seguir un camino similar, la nueva fase que se está viviendo en Catalunya muestra tendencias contradictorias: si bien por un lado hay un bloqueo y una ausencia de hoja de ruta en el nuevo govern, con una mayor disputa por la hegemonía entre la nueva Crida Nacional per la República y ERC, la reivindicación popular de la libertad de presas y presos catalanes con ocasión de los próximos juicios y la legitimidad de una mayoría parlamentaria independentista mantendrán la tensión movilizadora en un otoño caliente que va a volver a poner contra las cuerdas al gobierno español, obligándole a mover ficha en uno u otro sentido. El riesgo de una nueva confrontación y una nueva escalada represiva no es descartable y por eso es muy necesario que Unidas Podemos retome la reclamación tanto del cese de la represión como de un referéndum pactado en torno a la relación entre el Estado español y Catalunya. Reivindicaciones ambas que, pese a la beligerancia de la mayoría de los medios de comunicación, empiezan a tener mayor audiencia en la sociedad española, especialmente entre las nuevas generaciones.
Sin embargo, el dato más preocupante del nuevo ciclo político es la profunda crisis de discurso, de proyecto estratégico y, ahora mismo, de orientación táctica que atraviesa Podemos. Parecía que, una vez constatado el rechazo de Sánchez a un gobierno de coalición, se insistía en el estatus de socio preferente “en la sombra”, pese a la experiencia fallida de la designación del número 1 y el Consejo en RTVE. Para ello se guardaron inmediatamente en reserva las 20 medidas propuestas por Pablo Iglesias, algunas de ellas claramente incompatibles con las políticas austeritarias de la UE, que no han sido objeto de campaña alguna. Ahora mismo, en cambio, ante la verificación innegable de los límites del nuevo gobierno, la disposición a seguir la política del “mal menor” parece perder credibilidad sin que por ello se está caminando hacia la búsqueda de la confluencia con las nuevas luchas y movilizaciones, única vía posible para ir desbordando al gobierno e ir haciendo frente a la contraofensiva de las derechas en mejores condiciones.
Porque, en efecto, un dato fundamental del nuevo escenario es el retorno de las luchas obreras en sectores precarizados (con las de Amazon y Ryanair, entre otras, que trascienden incluso la escala estatal), coincidentes con otras frente a las nefastas consecuencias de la nueva burbuja inmobiliaria y la gentrificación en manos de los fondos buitre, sin olvidar la continuidad del protagonismo del movimiento feminista en el rechazo a sentencias judiciales como la de la manada o la más reciente contra Juana Rivas. Victorias parciales como la conseguida por el pueblo de Murcia a favor del soterramiento de las vías del tren, junto a otras que se van logrando a escala regional y local, vienen a demostrar que el nuevo escenario es más propicio para el desarrollo de un nuevo ciclo de protestas y de empoderamiento popular. Ahora mismo, la huelga de taxistas, más allá de la heterogeneidad del sector, está desenmascarando también a ese capitalismo de plataforma que se esconde tras la autodenominada economía colaborativa.
En ese contexto de polarización política y social los resultados alcanzados en las elecciones primarias en Podemos Andalucía y la dinámica ilusionante de confluencia que allí se está desarrollando con Izquierda Unida, colectivos sociales y gente procedente de los movimientos sociales, constituyen datos esperanzadores de que es posible una vía distinta, de oposición al PSOE y de construcción de contrapoderes ciudadanos, y, con ellos, de otro Podemos,. Por eso sería un error gravísimo de la dirección estatal de esta formación imponer obstáculos burocráticos a ese proceso, ya que sólo iría en beneficio de una de las peores caras del PSOE, la que representan Susana Díaz y el régimen clientelar que desde hace décadas rige en esa Comunidad.
La posible convocatoria de elecciones andaluzas en otoño puede convertirse, por tanto, en la primera fase de un calendario que probablemente culmine en unas elecciones generales antes del final de esta legislatura, a la vista de la debilidad que está mostrando el gobierno actual ante sus adversarios de la derecha españolista y el bloque financiero-inmobiliario. Razón de más para no dejarse arrastrar por una política del “mal menor” (ésa que, como escribió Gramsci, es “la forma que asume el proceso de adaptación a un movimiento regresivo”), incapaz de generar ilusión de cambio, y para asumir, por el contrario, un proyecto autónomo y confluyente con los y las de abajo, que vuelva a poner en el centro la denuncia de un régimen lastrado por su propio origen y frente al cual sólo cabe persistir en una estrategia destituyente y rupturista.
30/07/2018
Jaime Pastor es politólogo y editor de viento sur.
1/ Entre los muchos testimonios y relatos sobre la “guerra no declarada” que se vive en el Mediterráneo me remito al artículo de la ya veterana y perseguida activista Helena Maleno “Gabriel y su última batalla. Nos sangran las fronteras: guerras no declaradas del siglo XXI”, viento sur, 150, pp. 76-85.

miércoles, 1 de agosto de 2018

PEDRO SÁNCHEZ EL NO SOCIALISTA (Ser del PSOE no garantiza el ser socialista). ¡ÓLE, TÚ SÍ QUE ERES GUAPO!



Tribuna viento sur

El régimen, entre el alivio socioliberal y la derecha extrema
1/2

Jaime Pastor
Viento Sur
31.07.2018

Cuando apenas han transcurrido dos meses de vida del nuevo gobierno presidido por Pedro Sánchez, es difícil encontrar signos de cambio que vayan más allá de haber dejado atrás la era Rajoy en un plano más cosmético que simbólico.

En efecto, ya sabíamos que en el núcleo duro de la política de Estado y de la UE, o sea, la economía política, no cabía esperar un nuevo rumbo; la ministra de Economía Calviño lo dejó claro poco después de asumir su cargo cuando afirmó que “es vital la confianza de los mercados”, si bien a continuación matizó, alertada quizás por su mala conciencia, “y también la de los ciudadanos”. Lo mismo se podía prever respecto a la xenofobia institucional (con el nuevo invento de los “centros controlados” en países como Libia, mientras el ministro Grande-Marlaska no pone reparos a las nuevas “devoluciones en caliente” en el Norte de África), o a la cuestión catalana, más allá de la voluntad de diálogo en torno a un nuevo Estatut, pese a la derrota judicial sufrida en Alemania.

Con todo, parecía que el líder del PSOE iba a compensar su fidelidad a la vieja política con un esfuerzo por responder a algunas de las expectativas creadas en otros terrenos progresistas o, simplemente, regeneracionistas. Algo ha habido en este sentido: la universalización de la sanidad pública, el nombramiento a duras penas de Rosa María Mateo como administradora única de RTVE o la disposición a exhumar el cadáver del dictador del mal llamado Valle de los Caídos. Sin embargo, ni siquiera se ha atrevido a hacer pública la lista de personas beneficiadas por la amnistía fiscal del ministro Montoro (pese a la promesa hecha desde la oposición), ha renunciado a derogar la reforma laboral de Rajoy (decisión desgraciadamente compartida por las direcciones de CCOO y UGT) y la Ley Mordaza, si bien aspira a cambiar algunos de sus artículos, y se ha opuesto a la inclusión del régimen especial de las trabajadoras domésticas en el general de la Seguridad Social; por no hablar de la todavía inconcreta disposición al acercamiento de presos y presas vascas, aunque sólo sea como cuota a pagar al PNV.

A todo esto se suman, por si cabía alguna duda de su fidelidad a los Borbones, su oposición a la Comisión parlamentaria de investigación sobre el emérito y ladrón rey Juan Carlos I a raíz del escándalo del caso Corinna y, last but not least, su compromiso a aumentar los gastos de defensa en cumplimiento de las exigencias del tan denostado Trump, al mismo tiempo que sigue sin concretar el impuesto a la banca ante las primeras críticas de esos patriotas del Banco Santander que amenazan ya con cambiar de sede madre.

Sería un error deducir de este sucinto balance que el PSOE no está obteniendo réditos de la centralidad que desde el gobierno está tratando de ocupar en el tablero político, como lo está confirmando su ascenso en los sondeos. No obstante, no parece que esa mejora esté consolidada ni que vaya a ser suficiente para contrarrestar la ofensiva de la derecha, si bien la polarización que ésta va a desarrollar con su estrategia de la crispación le pueda ayudar a ganar votos en el centro.

*++