viernes, 7 de marzo de 2014

GUARDIAS CIVILES VERSUS GUARDIAS CIVILES



(O la historia no contada de la lucha por la democracia

desde las entrañas del Estado)

3/8


Rodrigo M. Rico Ríos
Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME)
Rebelión

Organizar el silencio
Y declararlo en  huelga...

Antonio Gamoneda

Para la década del cuarenta, el objetivo de construir una fuerza del orden  vertebradora del aparato político no estaba, ni mucho menos, alcanzado. España  estuvo atravesada, en algunas etapas de la primera mitad del siglo XIX, por varios  « grupos armados » en competencia o en conflicto abierto: Ejército, Milicia  Nacional, carlistas, Cuerpo de Voluntarios Realistas, migueletes forales, bandoleros,  etc. Y esto resultaba un escollo fundamental para la creación del Estado, de hecho,  era el escollo por resolver.

Habiendo abandonado la enclenque burguesía española  la vía francesa y la participación de las grandes mayorías y, a falta de una sólida  sociedad civil organizada, la jerarquía militar ocupaba el espacio político y la  vanguardia.

El Ejército actuaba como partido, es más, como múltiples partidos  políticos, asestando golpes según las corrientes que lo circulaban  (pronunciamientos), interviniendo constantemente en la vida pública durante todo  el siglo. ¿Cómo crear un Estado sin una fuerza del orden subordinada al poder civil  y con la sombra del Ejército irrumpiendo constantemente en el Parlamento? El  poder del Ejército en comparación al Estado, aún en pañales, era majestuoso. Éste  absorbe alrededor del 60% del presupuesto nacional y aglutina al 90% de los  servidores públicos del país (3 López Garrido, Diego. « La Guardia Civil y los orígenes del Estado centralista », Editorial Crítica, Barcelona 1982, p.181. 4 Ibídem, p.89).

 El Estado es el Ejército, pero sin estar sometido a su  gobierno civil. La dura lucha de los políticos liberales será someter el poder  armado al poder civil y edificar una verdadera administración civil entorno a este  nuevo esqueleto. Y ante esta situación opta por la creación de un nuevo cuerpo,  con funciones policiales, sometido al poder civil, disciplinado, centralizado y  diseminado por toda la geografía nacional. Su nombre: La Guardia Civil. El apellido  « civil » del término era consustancial al proyecto. El diseñador fue Luis González  Bravo siendo Presidente del Gobierno, quien también disolvió la Milicia Nacional.

Para edificar la nueva fuerza pública contaba con los cuadros militares del Ejército.  López Garrido lo sintetiza:

Ese gran trozo de poder es lo que el Gobierno quiere arrancar a la  administración militar, no ciertamente para devolverlo al pueblo, sino para  trasladarlo a la hasta el momento  débil administración civil. La Guardia Civil es la  fuerza pensada para ser depositaria de ese poder dirigido desde Madrid (Ibídem, p.89.).


El proyecto inicial era netamente civil: un instituto armado, pero dirigido  únicamente por el poder civil, el entonces Ministerio  de Gobernación. Esta era la  idea dibujada en la cabeza de González Bravo. Pero el Ejército era demasiado  poderoso e influyente como para no desfigurar este modelo. Narváez y sobre todo  el Duque de Ahumada (Ministro de la Guerra) terminaron por modificar la idea  original y el resultado fue un cuerpo mixto: dependiente a la vez del Ministerio de  Gobernación y del Ministerio de la Guerra, que surgió oficialmente el 28 de marzo  de 1844.


Desde entonces ha mantenido esa personalidad bipolar civil/militar, con  dependencia del Ministerio de la Guerra (Defensa) y del Ministerio de Gobernación  (Interior), con reglamento militar y reglamento civil, bajo jurisdicción del jefe  militar y bajo las instrucciones del jefe político. Una seña que arrastra y que llega  hasta nuestros días, y que ha generado no pocos problemas tanto a la población  civil como a sus propios integrantes, tema que tratamos en este trabajo.
La consiguiente expansión del Estado decimonónico irá acompañada de la extensión de la presencia de la Guardia Civil por todo el país. De ahí el crecimiento  de sus tercios, compañías y puestos que, de forma progresiva y atendiendo  primero a las zonas más conflictivas y de interés estratégico (como las vías ferroviarias o las rutas de viajeros y mercancías hostigadas por el bandolerismo), se diseminaron por toda la geografía nacional.

Ello permitió la concentración cuartelera del Ejército regular, antes absolutamente disperso. Tema este último clave para alcanzar el objetivo de subordinar el poder militar al poder civil. Así quedaba claro en la exposición que hicieron los defensores del Real Decreto fundador de la Guardia Civil: Al propio tiempo sirve la fuerza civil para evitar la intervención frecuente del  Ejército en los actos populares: intervención que puede menguar al cabo el prestigio de las tropas permanentes, que puede también ejercer una influencia perniciosa en el  principio de subordinación, que imposibilita o entorpece la instrucción del soldado, y  que robusteciendo con exceso la importancia del brazo militar en el orden político, no favorece [el desarrollo] del sistema constitucional (5 Real Decreto de 28 de marzo de 1844, creando un cuerpo especial de fuerza armada de  infantería y caballería con la denominación de Guardias Civiles. Exposición).

Un cuerpo para construir el Estado, para hacerlo llegar a todos los espacios  de la Nación y para evitar la constante interrupción de la normalidad democrática
por  parte del Ejército. Un esqueleto fiel al Gobierno, sea cual sea el color político de  éste. Esta fidelidad profesional es una de las principales improntas, muchas veces  destacada, que definieron durante décadas a la Guardia Civil.

De hecho, son muy pocas (y siempre en segundo plano) las participaciones de la Guardia Civil en los  abundantes pronunciamientos o conspiraciones acaecidas durante la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX. A pesar de prevalecer entre sus mandos un  fuerte peso conservador,  podemos afirmar que este rol de origen liberal - democrático de subordinación al poder civil se mantuvo firme y tuvo su reflejo en  el acontecimiento político - social más importante de nuestro pasado siglo: la  Guerra Civil.

*


jueves, 6 de marzo de 2014

GUARDIAS CIVILES VERSUS GUARDIAS CIVILES



(O la historia no contada de la lucha por la democracia
desde las entrañas del Estado)

2/8


Rodrigo M. Rico Ríos
 Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME)

Organizar el silencio
Y declararlo en  huelga...

Antonio Gamoneda

Orígenes: Un nuevo esqueleto para un nuevo Estado

Es  imposible comprender la génesis de este cuerpo armado sin hablar de la  creación del Estado moderno en el siglo XIX. La España de principios de la era
decimonónica supone un huracán de acontecimientos políticos, culturales y  militares, donde una vieja sociedad camina hacia su extinción y una nueva  sociedad empieza a alumbrarse. Una época de enconada confrontación entre dos  mundos, pero que ya estaba determinada por la Revolución de 1812 la cual había  herido de muerte al antiguo régimen.

El proceso, por tanto, de consolidación de la  modernidad en España y de afianzamiento del poder burgués, viene a ser un  combate constante por enterrar los rescoldos del feudalismo y del absolutismo y  por la consolidación de un Estado moderno. El enraizamiento del capitalismo e n  España fue un proceso tardío, sinuoso, con avances y retrocesos, lleno de resistencias, donde la joven y débil burguesía nacional luchó por edificar un Estado  centralizado que alcanzase al más recóndito lugar del país. Un Estado que le  permita gestionar  su inaugurado poder. La creación de un mercado nacional, las desamortizaciones o la supresión de derechos señoriales, provocan un cambio cualitativo en la formación social  española en el siglo diecinueve. En esta centuria revolucionaria, está germinando  una nueva estructura económica que se propaga y arraiga por la geografía, que  sueña con una extensa red de comunicaciones, de líneas férreas, de telégrafos  debidamente protegida. Tiene hambre de mercado, sed de crecimiento, ambición  de mercantilizar y necesita leyes, administración, organización y unificación  para despegar.

Sin embargo, mientras se vigoriza este nuevo modo de producción,  permanecían oxidadas estructuras políticas del régimen anterior, cohabitaban  limitaciones propias del mundo señorial qu e ralentizan su maduración. Esta nueva  criatura necesitaba soltar amarras, liberarse de los restos de corsé del antiguo  régimen y formar un nuevo  espacio político  a su medida.

Era necesario disolver los  distintos estamentos señoriales locales, intermedios
o regionales productos del  feudalismo que perduraban en aquella época.  De esta manera, y en palabras de  López Garrido :

A nuestro juicio, el fundamental fenómeno político que se produce durante el
ochocientos español no es tanto pasar de un sistema  absolutista a otro liberal, como  pasar de unos poderes más o menos públicos y con proyección y mando políticos  frágiles, discontinuos e irregulares, a un sistema de poder unificado, organizado, con  presencia en todo el país, con competencias sustantivas, es decir, a un Estado.

Los liberales de la época (ya sea desde una visión progresista o  conservadora) lo tenían bien claro: es imposible crear un Estado moderno y  centralizado sin una fuerza del orden de ámbito nacional que lo represente. Se  hace trascendental esa fuerza pública que garantice la conquista del Estado en  todo el territorio, que respalde a las nuevas leyes y a la administración en todos los  rincones. Y al igual que chocan distintas visiones sobre el modelo de  (2 López Garrido, Diego. « La Guardia Civil y los orígenes del Estado centralista », Editorial Crítica,  Barcelona 1982, p.25.) administración central o de administración municipal, también el establecimiento  de un poder civil coercitivo se convierte en asunto de pugna entre las distintas  corrientes que recorren al liberalismo.

Y es que el caso específico de la revolución  española, donde la burguesía apuesta fundamentalmente por la nobleza como  aliada, imprime un carácter particular a la relación entre Ejército y Estado, o dicho  de otro modo, entre fuerza del orden y la administración civil. La falta de confianza  de la nueva clase dirigente hacia el campesinado y otras clases populares, y su  preferencia por la nobleza, hace que el Ejército, donde abundaban la nobleza y los  ilustrados entre sus mandos, pase a ser un actor protagonista del proceso  decimonónico español. Del parto revolucionario  sui géneris surgió un  Ejército que  «iba por libre», no como un Estado dentro del Estado, sino como un Estado  paralelo al Estado que se erigió en el paladín del avance revolucionario. Un avance  que era en unos casos progresistas y en otros conservador según la correlación de  fuer zas interna del cuerpo armado.

La Milicia Nacional, la cual sí constituía una verdadera fuerza popular  dispuesta a una revolución  a la francesa , fue siendo desplazada y desarmada
progresivamente por el conservadurismo liberal. Ésta sólo era reclamada, de  manera utilitarista, por las altas instancias del poder central para grandes  empresas como fue la primera guerra carlista (1833 - 1840). Por tanto, a la larga, el  cambio hacia la sociedad capitalista en España se realiza siguiendo la versión  conservadora, apostando por las cúpulas del Ejército y marginando a la Milicia  Nacional.

*++

miércoles, 5 de marzo de 2014

MARIANO RAJOY, CUMPLIENDO SU DEBER, DECLARA QUE JAMÁS LE METIÓ UN GOL AL PRESIDENTE DEL BARCELONA FC, QUE COMO TODOS SABEN ES MÁS QUE UN CLUB, APARTE FRAUDES FISCALES


“Miguel Cardenal no es tonto. Rajoy no quiere problemas con Artur Mas y menos con el Barça” 

¿Estaban al tanto el presidente del Gobierno y Montoro del artículo del presidente del CSD?

JOSÉ MANUEL MUÑOZ
El Plural.com
04/03/2014

Madrid. 7:45 horas. Mi contacto en Génova, 13 (sede del PP) me alerta y me despierta: “Has leído el artículo de Miguel Cardenal, el amigo de Villar, en El País”. Como yo no sabía ni dónde estaba: “Reacciona. El equipo de la Cospedal está de los nervios. ¡Muévete!”.

A los 10 minutos sabía que Miguel Cardenal, secretario de Estado para el Deporte y amigo de Ángel María Villar, presidente de la Federación Española de Fútbol desde 1988, reelegido sistemáticamente con el respaldo del FC Barcelona, había publicado (con o sin orden de Montoro; a lo mejor lo descubre el juez Ruz) un artículo en el diario El País bajo el título Orgullosos del Barça donde defendía al equipo barcelonista por “ser acosado y acusado hasta la desmesura”. 

Es decir, Cardenal, el máximo responsable del deporte español y nombrado por Mariano Rajoy, en este artículo se puso del lado de los dirigentes del Barça, los mismos que están investigados en la Audiencia Nacional (llámese cuentas, comisiones y todo lo que se descubra el juez Ruz) por contratar de forma irregular al futbolista brasileño Neymar. Además, en este artículo el secretario de Estado para el Deporte defendía los valores y los colores de la institución blaugrana en vez de preguntarse porque la gestión de sus dirigentes, antes o después será juzgada por la Audiencia Nacional. 

Leí hasta tres veces el artículo (reflexiones o confesiones) de Cardenal en El País, el segundo del ministro Wert antes de llamar a nadie. ¿Por qué el secretario de Estado para el Deporte, un abogado de Bilbao y que no da puntadas sin hilo, nombrado por el PP para que controle el deporte español, sale, y además en El País? Además, el mismo día que se reúne en Barcelona la asamblea general de la ECA (Asociación Europea de Clubs), con presencia de los equipos más importantes de la Champions League. Y encima, para tratar el nuevo marco de los traspasos de futbolistas en la comunidad europea. En esa reunión, todos los presentes, sus antiguos compañeros, preguntaron dónde estaba Sandro Rosell, expresidente del club blaugrana, porque tampoco les han explicado porque también ha dimitido como vicepresidente de la ECA. 

Al momento, las redes madridistas estaban incendiadas al leer el artículo de Cardenal: “¿Entiendes lo del Villarato? El CSD siempre ayuda al Barça”, sentenciaban. Para elaborar esta información llamé a tres presidentes de Primera División y al escuchar su respuesta, me quedé perplejo. Ninguno quiso hablar. Eso sí, los tres coincidieron en su respuesta al amigo periodista: “¿Es normal que el secretario de Estado defienda de esta forma a los dirigentes del Barça? Si no han cometido ninguna irregularidad, ¿por qué ha dimitido Rosell y por qué los que se han quedado han pagado ya 13,5 millones de euros sin que nadie les pida nada y quieren llegar a un acuerdo con Hacienda?”. 

Como nadie de la LFP (Liga de Fútbol Profesional) me cogía el teléfono, pasadas las 17 horas llamé al CSD. Más tarde me devolvió la llamada un asesor de Miguel Cardenal. Su confesión fue contundente y me dejó perplejo: “El deporte español le debe cariño al Barça y al deporte catalán. Hay que agradecérselo”. Cuando me pregunté el porqué del artículo, el asesor de Cardenal sentenció: “España no tiene seguridad jurídica en el extranjero y así nos va; sin inversores del extranjero. El otro día el presidente del Standard de Lieja y un empresario belga querían comprar el Getafe y se marcharon asustados”. Me quedé de piedra al saber que un millonetis belga se negó a comprar el Getafe de mi amigo Ángel Torres porque en España, para los clubes de fútbol, como dice Miguel Cardenal, no hay seguridad jurídica.

Tras esta respuesta y como no paraba de llamar a unos y a otros, pasadas las seis y media de la tarde recibí una llamada anónima para decirme: “Muñoz no seas tocapelotas, ¿crees que Montoro y Rajoy no sabían lo que iba a publicar Cardenal en El País?”. Cuando pregunto quién me llama, al instante mi interlocutor me dice: “Cardenal, como el de Media Markt, no es tonto. Rajoy no quiere problemas con Artur Mas y menos con el Barça”. Es verdad, el PP no quiere problemas con el Barça antes de que visite el Bernabéu (23 de marzo) y de que juegue con el Real Madrid (16 de abril) la final de la Copa del Rey en Valencia. Final a la que por supuesto acudirán su Majestad, Rajoy y todo su séquito y también Artur Mas.

José Manuel Muñoz es periodista de Deportes 

*++

GUARDIAS CIVILES VERSUS GUARDIAS CIVILES



 

(O la historia no contada de la lucha por la democracia
desde las entrañas del Estado)

1/8
 


 Rodrigo M. Rico Ríos
 Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME)


Organizar el silencio
Y declararlo en  huelga...

Antonio Gamoneda

Introducción

La Historia va dejando a su paso un rastro de sangre y miseria. La historiografía dominante lo va cubriendo de mezquindad. Siempre nos  encontraremos historias de los vencedores o historias de (desde) los vencido s, de  los que dominan o de los dominados, de los que dirigen mecanismos de poder o de  los que los sufren. Es imposible encontrar un relato histórico consensuado cuando  la sociedad está sumida en una lucha de intereses contrapuestos que lo empapa  todo. Unas historias cuentan con potentes altavoces para hegemonizar  culturalmente las sociedades y las épocas, otras quedan marginadas y en el mayor  ostracismo. Una de esas historias que se han mantenido al margen de los grandes  debates, de los grandes medios de comunicación y de los principales intereses  académicos, es la lucha sindical y asociativa de la Guardia Civil. En los albores de  nuestra democracia, desde la clandestinidad y sufriendo una durísima represión  por parte de sus propios compañeros, un buen número o de guardias fueron  conquistando espacios de democracia en uno de los aparatos más represores que  tuvo la dictadura franquista: la Guardia Civil. Para ello se tuvieron que enfrentar a  aquellos gobiernos que supuestamente dirigían el camino hacia la completa  democracia, ya sea de la UCD o del PSOE. Una larga y durísima travesía que llega  hasta el final de los años noventa y que en otras formas continúa hasta nuestros  días, transformando este aparato del Estado tanto profesional como culturalmente.
Un proceso de lucha y resistencia que ha llevado vientos de democracia al interior  de los puestos, cuarteles y comandancias de este cuerpo armado. Un cambio  profundamente desconocido para la mayoría de la sociedad y de los historiadores  españoles.

La aspiración fundamental del trabajo que pretendo desarrollar es describir  analíticamente la represión sufrida, la persecución tramada desde el gobierno de  turno y desde las filas de la Guardia Civil y el menosprecio o la indiferencia de una  parte de la sociedad española. Para ello he contado como principal referente con la  fundamental obra « Guardias valientes. Historia del sindicalismo en la Guardia  Civil (1977 - 2009) » 1 y me he apoyado en otros trabajos que tratan directamente o  de soslayo la realidad de las Fuerzas y  Cuerpos de Seguridad en España en sus  distintas etapas. Mi gran reto con este modesto esfuerzo documental es acercar al  lector al desconocido y en ocasiones desagradecido mundo de la conquista de  derechos democráticos en el seno de un aparato militarizado.

Para ello haré un  breve recorrido histórico por los orígenes de la Guardia Civil en el siglo XIX, su  estallido como institución durante la Guerra Civil y su transformación durante el  franquismo. Hechos que marcaron profundamente la personalidad de este cuerpo  y que nos ayudarán a comprender el indigesto metabolismo que supuso para las  autoridades civiles y militares las luchas sindicales que afloraron en las primeras  décadas postfranquistas

*++