martes, 1 de julio de 2025

DIRECTO. PÁNICO EN UCRANIA. COLAPSO. RUSIA A POR SUMY Y ODESA. TRUMP MUS...

LAS TROPAS RUSAS EXPULSAN A UCRANIA EN CHASIV YAR. ADEMÁS ENTRAN EN DNIP...

La Brutal Realidad del Frente Oriental

La Casa Real de los Borbones necesita más dinero: acaba de declararse en «números rojos»

 

La Casa Real de los Borbones necesita más dinero: acaba de declararse en «números rojos»

 

INSURGENTE.ORG / 01.07.2025

 

La Casa del Rey cerró el 2024 con pérdidas de 99.591,80 euros . Así consta en las cuentas de la Zarzuela que se han hecho públicas este lunes y que tienen el aval del Tribunal de Cuentas. Para comparar, en 2023 la misma institución terminó el ejercicio con un balance positivo de casi 380.000 euros. Felipe VI contará con un presupuesto para 2025 calcado al del año anterior, ya que se mantienen prorrogados los presupuestos de 2023. Entre su sueldo y el de Letizia se repartirán 554.714 euros. La Casa del Rey recibió 8,43 millones de euros en forma de subvención, divididos en 277.361 y 152.539, respectivamente. La Reina Emérita, Sofía, recibirá 124.814 euros. No les alcanza.

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Ya en la calle el Topo del verano

 

Además de esta entrevista, el Topo contiene artículos de H. Polo, Víctor M. Sánchez, Moreno Pasquinelli, Eduardo Luque, Fernando Álvarez-Uría, Eduardo Ibáñez, y el dossier Memorias y legados del 15M, con textos de Jaime Paulino, Guillermo Zapata y Javier Enríquez.


  • Ya en la calle el Topo del verano

Javier Enríquez Román

El Viejo Topo

1 julio, 2025 


Además de esta entrevista, el Topo contiene artículos de H. Polo, Víctor M. Sánchez, Moreno Pasquinelli, Eduardo Luque, Fernando Álvarez-Uría, Eduardo Ibáñez, y el dossier Memorias y legados del 15M, con textos de Jaime Paulino, Guillermo Zapata y Javier Enríquez.

EL FANTASMA DEL 15M

 Entrevista a Amador Fernández-Savater y Ernesto García López

 Por Javier Enríquez Román


Amador es investigador independiente, activista y editor. Sus actividades pueden seguirse en www.filosofiapirata.net. Su último libro es Capitalismo libidinal; antropología neoliberal, políticas del deseo, derechización del malestar (Ned, 2024). Ernesto es escritor, artista plástico y antropólogo. Sus investigaciones se centran en los estudios sobre movimientos sociales y cultura política. Su último libro es Hospital del aire (Candaya, 2022). Su voz es solo una.

El año pasado publicasteis un artículo escrito donde reflexionabais (quizá con cierta nostalgia) sobre las preguntas que han dejado atrás el 15M… Una serie de problemas no resueltos, de posibilidades históricas incumplidas. Describíais al 15M como un espectro, como un fantasma, como la triste presencia de una ausencia. ¿Podríais desarrollar un poco esta idea?

—¡No, no, para nada triste! Más bien quería ser inquietante, desafiante, mirando hacia adelante. La melancolía, como explicara tan bien Freud, nos fija a algo que fue y ya no es, congelándonos en la reivindicación de un pasado idealizado, de algo que se quisiera recuperar, de algo a repetir.

El fantasma del 15M, que nosotros invocamos en ese artículo, es de un orden muy distinto. Es, efectivamente, un fantasma, algo que “no está”, una ausencia, decir eso nos permite escapar a todas las disputas de atribución, pero que sin embargo tiene una existencia, una existencia “espectral”. Acecha al presente, lo inquieta, impidiéndole cerrarse, completarse, “dormir tranquilo”, trayendo recuerdos de otras posibilidades de vida política, sueños y anhelos, preguntas y problemas abiertos, desafíos que retomar…

Los espectros figuran, como dices, posibilidades históricas incumplidas, cuestiones que aún nos interpelan. En ese artículo nos interrogábamos, con ayuda del fantasma del 15M, sobre algunas de ellas: ¿cómo pueden articularse los diferentes malestares del presente, lo público y lo común, lo masivo y lo radical, la utopía y la normalidad? No se trata de repetir nada, de insistir con las mismas respuestas, sino de retomar las preguntas, una serie de desafíos pendientes. Hacia adelante y no hacia atrás.

Algunos políticos, filósofos, periodistas… que vieron con buenos ojos el 15M, como César Rendueles o Daniel Bernabé, ahora parecen renegar del movimiento (o mostrar un cierto distanciamiento), indicando que fue una experiencia de clases medias, de jóvenes universitarios, muy enfadados por ver su futuro truncado tras la crisis del 2008. ¿Qué os parece esta interpretación?


—El problema que tienen las miradas demasiado macrosociológicas, de corte estructuralista, es que tienden a homogeneizar y estabilizar fenómenos que son internamente diversos y heterogéneos. Es por ello que preferimos tantear otras aproximaciones que nos podrían ayudar a reevaluar el 15M y convocar a su fantasma, sus potencialidades, en lugar de tirar a la basura lo que fue desde miradas tristes, muy elaboradas en retrospectiva, que zanjan las cosas en lugar de mantenerlas abiertas.

Recordemos, traigamos de nuevo por un momento el recuerdo: cientos de ciudades, coaligadas sincrónicamente en una misma práctica ciudadana que tenía en «Ciudad Sol” algo así como su pulmón energético. Cada ciudad montaba su asamblea, y lo hacía con los ingredientes propios de cada territorio. No era lo mismo la declinación madrileña que la barcelonesa, no era lo mismo habitar unos grupos de trabajo y comisiones en un territorio que en otro. No era lo mismo dinamizar el espacio asambleario en Zaragoza que en Granada. Lo general cristalizaba en lo local, y lo local reinterpretaba lo general. Existía un clima compartido, por supuesto, unas metodologías comunes, pero cómo se declinaba cada una de ellas variaba infinitamente en función de los cuerpos que habitaban cada uno de esos espacios públicos. Tenemos numerosos ejemplos de cómo unas cosas funcionaban en una ciudad y, sin embargo, fracasaban estrepitosamente en otras. La política de las plazas consistía en una especie de sístole/diástole que irrigaba un cuerpo de afectos general, pero traducido a partir de experiencias subjetivas e intersubjetivas muy diferentes.

Más tarde, con el levantamiento de las plazas, vino lo que podríamos denominar una «fase de capilarización y descentralización”. Fue de 2011 a 2013. El protagonismo pasó a los barrios, a la pléyade de luchas concretas, colectivos y minorías activas que hicieron del 15M su santo y seña, su savia, pero desde una traducción libérrima, no unitaria, no homogénea. Ahí estuvieron las luchas por el agua pública, el Rodea el Congreso, las mareas en defensa de lo público, la explosión de la PAH y Stop desahucios, la auditoría ciudadana de la deuda, las asambleas distritales, las «tomas” (toma la tele, toma la huelga, toma el orgullo, toma la universidad, etc.), el surgimiento de medios de comunicación propios, el impulso del hacktivismo, los grupos de desobediencia civil, los yayoflautas, la explosión del artivismo, el surgimiento de las cooperativas integrales, la extensión de la economía social y solidaria, la politización generalizada de la calle, la conexión con las redes internacionales (Occupy, marea granate, etc.), la creación de las marchas por la dignidad que llegaron a juntar a más de un millón de personas en Madrid… Un clima, un proceso, que bien podríamos calificar de «politización de la vida».

Por último, tenemos una “fase de crisis, debilitamiento y mutación”, sobre todo a partir del otoño de 2013, que duró hasta la irrupción de Podemos en 2014. Desde nuestra perspectiva, es un momento decisivo, de bifurcación histórica, donde se dieron diferentes fenómenos que merecen la pena rescatar. Por un lado, encontramos un evidente desfallecimiento de la protesta callejera. Se ha acusado injustamente a Podemos de haber vaciado las calles, pero las calles ya estaban razonablemente vacías desde el invierno de 2013, cuando las movilizaciones toparon con límites y desgastes claros. Muchas asambleas barriales se habían quedado mermadas, muchos colectivos andaban ya en franco retroceso, había una atmósfera de agotamiento, pesimismo, falta de expectativas. El gobierno de Rajoy aguantaba, la crisis arreciaba con virulencia, la burorrepresión alcanzó cotas intimidantes.

Fue entonces cuando empezaron a surgir las primeras reflexiones, dentro de los propios movimientos made in 15M, en torno a la herramienta electoral. Recordemos la “asamblea de las descalzas” en Madrid, el movimiento “Carta por la democracia”, la génesis de Alternativas desde Abajo, el surgimiento del Partido X. Si algo tenían en común todas estas iniciativas dispersas y descoordinadas era poner encima de la mesa un asunto tabú hasta ese momento: el uso de la vía electoral. Y cada una de ellas lo planteaba desde enfoques diferentes, a través de palancas también muy disímiles entre sí. Lo único que las reunía es que en todas ellas se apostaba por formas de organización partidaria innovadoras, con exigentes metodologías democráticas abajo-arriba, y una relativa prevalencia de la política local frente a la política nacional. Este caladero constituyó el líquido amniótico dentro del cual surgieron luego las candidaturas ciudadanas para las elecciones locales y eso que se llamó el movimiento municipalista. Podemos vino en paralelo, cual aerolito, y respondía a otra lógica, irrumpió desde un ethos completamente distinto.

¿Fue todo aquello, esa multiplicidad de tiempos, de espacios, de iniciativas, de sujetos, el producto de jovencitos de clase media descontentos con sus proyectos aspiracionales? Creemos que no. Apostamos por reevaluar el 15M desde una decidida mirada heterogeneizadora, que vaya más allá de una reducción homogénea, y grotesca, de la riqueza expresiva de los fenómenos que allí se dieron, capaz de restituir los muchos mundos sociales que habitaron en su realidad histórica. Frente a las historias teleológicas del 15M, que se escriben como si el final estuviese ya escrito en un origen, hay que narrar una trayectoria menos lineal, más diversa, llena de problemas y contradicciones, donde hubo caminos abiertos que no se transitaron, posibles que quedaron sin realizar, virtualidades que podríamos retomar hoy. Fantasmas.

Entonces no creéis que las limitaciones que impidieron al 15M (y sus derivadas) consolidarse como una fuerza transformadora, duradera, estaban ya en sus primeros momentos…

—Esta cuestión enlaza con la anterior. ¿Había algún tipo de límite estructural en el 15M, en su composición sociológica, en su realidad de clase, en su origen o identidad profunda, que determinase su devenir, su evolución, sus vidas posteriores? Creemos que un movimiento social son prácticas, prácticas que transforman lo dado, lo que hay, los seres humanos que existen, sus relaciones y valores. No crean o inventan de la nada, sino que toman apoyo en realidades, experiencias comunes, vivencias y trayectorias, malestares y anhelos, pero no sólo reflejan lo dado, sino que lo elaboran, lo recrean, lo reinventan. La aptitud para reelaborar, en términos materiales y simbólicos, las marcas que somos, las heridas que tenemos, los cuerpos que nos han sido dados. En ese sentido, más atento al cambio que a la identidad, a las metamorfosis que al origen, a la apertura que al cierre identitario, los “límites” de un movimiento deben ser encontrados en su propio devenir, en los obstáculos que se encontraron y no se supieron franquear o atravesar, en los desafíos que les rebasaron. La derrota, o el fracaso, siempre es concreto, singular, específico. Hay que escuchar el combate que se dio, no presuponer la respuesta en un origen fijado de antemano.

La polarización hoy en día, tanto en España como en buena parte de occidente, es brutal. Siempre habéis defendido que el 15M fue una “alianza entre extraños” y ponéis como ejemplo la solidaridad en Madrid ante el desalojo de la acampada de Barcelona: “¡Barcelona, no estás sola!”. ¿Por qué estos puentes parecen haberse roto?

—Habría muchas líneas posibles de respuesta, vamos a seguir ahora una: el cuestionamiento de las “políticas de la identidad” que amenazan con bloquear la emergencia de lo común diverso y heterogéneo. Un cuestionamiento que no nos planteamos “desde fuera”, al modo de quien se burla en modo altanero de lo woke o de la trampa de la diversidad, sino como un impasse siempre posible de los movimientos, de los sujetos mismos que los configuran, de cada uno de nosotros.

¿Qué pasa, qué nos pasa, cuando participamos en un movimiento de emancipación, a la escala que sea? Diríamos que se produce, en nosotros y en la sociedad misma, una apertura, un desplazamiento. Nos movemos de las categorías en las que estamos normalmente encerrados: sociológicas, geográficas, profesionales. Hay encuentro entre quienes no estaban destinados a encontrarse y creación colectiva de nuevas formas de habitar el mundo, nuevas formas de vida.

La emancipación implica la subversión de los papeles, de las funciones y de los roles sociales establecidos. Un desorden fecundo. El poder teme esto más que nada y pone todo su empeño cotidiano en mantener el orden de las clasificaciones. Clavar a cada cual en su lugar, impedir los cruces y las alianzas imprevistas. Ya sea por medio de la fuerza bruta o de los estereotipos que difunden la desconfianza en el otro, por medio de la policía o de los medios de comunicación, se trata siempre de lo mismo: aísla y vencerás.

Ocurre sin embargo que, en los últimos tiempos, una fuerte pulsión identitaria atraviesa a los propios grupos y movimientos de emancipación desde dentro. Las identidades, en lugar de tomarse como un punto de partida, se consideran como puntos de llegada. Nos percibimos unos a otros a partir de nuestras etiquetas y categorías, desde la desconfianza y la acusación. El otro es lo que es a priori (hombre/mujer, heterosexual/homosexual, blanco/negro, clase media/popular) y no ya lo que podría ser. No lo que podríamos hacer juntos.

Tomándonos unos a otros por lo que somos, sólo difundimos la mirada del poder. Porque las identidades a priori son los marcajes del poder en nuestros cuerpos: marcajes de raza, de género o de clase. Al vernos a nosotros mismos (y a los demás) únicamente desde ahí, en lugar de escuchar también los desplazamientos, las huidas y las traiciones que nos atraviesan, nos tratamos como meros efectos de poder, sin potencias de cambio. Sin contagio y encuentro entre diferentes (hombres y mujeres, clases medias y populares, urbanos y rurales, con toda su parte inevitable de choque, tensión y malentendido), el poder mantiene intacta la capacidad de gestionar cada casilla por separado.

Amador, en ocasiones refieres a la necesidad de “pensar en plural”, dejar de entender el poder como un monopolio del Estado. Pero también reconoces que, por ejemplo, una buena ley estatal puede frenar todos los desahucios, mientras que la capacidad de una plataforma es limitada. ¿Cómo veis actualmente la dualidad entre institucionalidad y movimientos sociales?

—Héctor Illueca, que fuera vicepresidente de la Comunitat Valenciana y muy cercano a Pablo Iglesias, defendió hace poco que la única forma de reconstruir la izquierda es volver al Estado Nación, es decir, reforzar la presencia en las instituciones.

Con el BOE no alcanza. Dicho de otra manera, si ciframos toda la esperanza de reconstrucción de la izquierda a su más o menos exitosa participación en la gestión pública de un Estado-Nación, mucho nos tememos que la llegada de la extrema derecha será, tarde o temprano, una realidad incontenible. Las cifras macroeconómicas que exhibe el gobierno una y otra vez no se están traduciendo necesariamente en un cambio sustancial de las condiciones de vida de los sectores más vulnerables. La tasa de pobreza o exclusión social AROPE alcanza el 25,8% de la població, un cuarto del total de la ciudadanía. La pobreza laboral golpea de manera inmisericorde a más de un 12% de las personas trabajadoras según Oxfam Intermón. El 60% de los hogares españoles tiene problemas serios con la vivienda. Etcétera.

Estos elementos nos indican que más allá de la participación en las instituciones públicas, cosa que desde luego vemos importante y estratégica, se necesita algo más. Ahora bien, ese algo más… ¿qué sería? Cabrían diferentes posibilidades. Hay voces que indican que todo se debe a la batalla cultural, al desigual ecosistema mediático, a la producción del relato, y a que los humores colectivos se construyen y deconstruyen, cual resultado de una ingeniería social empirista, por medio de aparatos ideológicos más o menos eficaces. Esa sería, por ejemplo, la estrategia actual del binomio Podemos-Canal Red. Nuestra posición es diferente, sin restar un ápice de importancia a la necesidad de la izquierda de estar en las instituciones y, al mismo tiempo, de disponer de sus propios mecanismos de comunicación, consideramos que la crisis es más profunda.

Somos partidarios de entender que la politización es un fenómeno que se encarna en los cuerpos y los deseos, en las dimensiones ordinarias de la vida social, en las dimensiones racionales y pulsionales del ser humano, a través de vínculos colectivos y procesos de subjetivación, y que los sujetos sociales son algo más que meros animales lingüísticos. La ideología no sería tanto un tipo de discurso, un conjunto rígido de ideas, sino más bien un codificador de necesidades y deseos genuinos. Otorgan sentido a la práctica cotidiana, somatizan relaciones vividas, articulan experiencias conscientes e inconscientes, son siempre performativas, pragmáticas, y beben más de lo afectivo que de lo cognitivo. Dicho de un modo más simple, lo ideológico sería un campo de fuerzas donde tiene mayor peso la composición de afecciones (en el sentido spinoziano) que la mera agrupación de intereses.

Si partimos de esta idea, para nosotros el desafío consistiría en no renunciar a esa composición de deseos y afecciones que se dan en la vida ordinaria. Es decir, asumir que la recomposición de la izquierda, lejos de ser una estrategia política, va mucho más allá de la canalización, expresión o representación de ciertos intereses y necesidades, sino de contribuir, en el día a día concreto, a la experimentación de la potencia transformadora de lo real. Esto es, politizar la vida. Lo que ocurre es que politizar la vida no necesariamente se produce en los lugares que tradicionalmente denominamos «políticos», sino que se enraíza en todos y cada uno de los pliegues de lo social. Esto fue un aprendizaje del 15M. El ciclo de protesta se engendró en la heterogeneidad social, en la ayuda mutua allí donde tuviera que darse (un huerto, una plaza, un centro de salud, un grupo de afinidad, etc.). Las alteridades son irreductibles, siempre estarán ahí, y se necesita alguna estrategia que desestabilice las categorías de anclaje social y avance hacia posibilidades no exploradas de accionar colectivo.

En definitiva, entender que eso que llamamos izquierda, o se funde con la vida, con los dolores y complejidades ambiguas de la vida, o difícilmente podrá interpelar a las mayorías sociales. Si todo queda circunscrito a la representación, a la identidad nacional, a la presencia en las instituciones públicas, mucho nos tememos que abandonará los lugares de experimentación e imaginación política.

Os he leído decir que la experiencia vivida trata de regresar y reactivarse. ¿Creéis que es posible una suerte de revival del movimiento quincemayista? Si fuese el caso, ¿tomaría otras orientaciones políticas? Algunas voces llevan tiempo anunciando una suerte de 15M de derechas o reaccionario. ¿Qué podemos hacer para revertir esta situación en que los jóvenes se acercan masivamente a opciones políticas como las de VOX?

—Le preguntamos a un amigo sevillano por el ascenso de Vox en su tierra, cómo lo vivía, cómo lo explicaba. Nos dijo: “es muy sencillo: ahí donde había un grupo del 15M, o más tarde un círculo de Podemos, ahora hay un grupo de Vox”. Metidos en los barrios, traduciendo sus problemas y necesidades a lenguaje reaccionario, dotando al símbolo general abstracto de la bandera española de contenidos concretos y cotidianos. Desmontamos pieza a pieza nuestros mundos para meterlos como proyectiles en las catapultas del «asalto institucional», y ese vacío lo puebla ahora Vox y su traducción derechizada del malestar cotidiano de la gente.

La pelea por la “hegemonía social” se disputa en los territorios de vida, en todos los entornos laborales, locales y familiares en los que hacemos experiencia, en cualquiera de los lugares cotidianos donde se configura nuestra manera de ver y sentir el mundo. Si te conviertes en una maquinaria meramente representativa desanclada de los dolores y la vida social. Si te vuelves una caja de resonancia de tu propia identidad y discurso, sin estar inserto materialmente, corporalmente, afectivamente, somáticamente, en el cuerpo de lo social, en lo ordinario de la vida minúscula, recluido en estructuras de partido autorreferenciales, transformado en mero aparato ideológico canalizado por los medios de comunicación, ahí tus posibilidades de ser una fuerza transformadora se debilitan.

No hay atajos. No hay soluciones de vía única. No hay recetas mágicas. Nadie tenemos la solución. Se han demostrado fracasadas las estrategias ingenieriles de la política. El desafío consiste en coproducir mundo y hacerlo de la manera más integradora posible, apostando por la heterogeneidad social, por la innovación organizativa, experimentando y fracasando caminos de participación, reinventando el ritmo y el tiempo de lo político, poniendo en suspenso inercias y liderazgos, dispuestos a estar abiertos a la contingencia, entendiendo que la emancipación es un campo habitado por lugares de sombra, ambiguos, incomprensibles a veces, indeterminados. Pensar contra nosotros mismos y asumir la incerteza de lo real. En definitiva, estar dispuestos a renunciar a nuestras propias (y supuestas) verdades.

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lunes, 30 de junio de 2025

COMIENZA EL ASALTO A LA CIUDAD DE POKROVSK. EL EJÉRCITO UCRANIANO SE DER...

DIRECTO.UCRANIA EN PÁNICO.RUSIA DESTRUYE BUNKER DE ZELENSKI.TRUMP ABANDO...

La naturaleza como espacio de disputas

 

Este año se cumplen 30 del ajusticiamiento del escritor nigeriano Ken Saro Wiwa. Su delito fundamental: oponerse a los métodos extractivos de la Shell. Métodos que siguen vigentes. La lucha por la justicia ambiental es la lucha por la tierra y por la vida.


La naturaleza como espacio de disputas

 

Guillermo Barreto

El Viejo Topo

30 junio, 2025 


El 10 de noviembre de 1995, el escritor nigeriano Ken Saro Wiwa murió ejecutado en su propio país. En esos días yo vivía en Inglaterra y recuerdo un comercial que se transmitía por la televisión. La pieza de publicidad comienza con una mujer en sus 30s. Camina dentro de un bosque con botas y ropa de campo. Con el agua en las rodillas porta su libreta de campo. Observa y toma notas. La voz en off dice: “Ella está preocupada por la naturaleza, toma notas y colecciona datos que ayudarán a proteger el bosque”. La mujer sale del bosque y camina hacia un helicóptero. Mientras entra al mismo la voz dice: “Ella no está en contra de la industria petrolera”. El helicóptero despega y se observa en la cola del mismo el logo de Shell. La voz concluye diciendo “Ella ES la industria petrolera”.

El comercial no era gratuito. En ese momento, el pueblo Ogoni que habita el delta del río Níger, se encontraba en lucha contra esa misma empresa a la cual acusaba de haber contaminado sus tierras, dañado sus cultivos y generado serios impactos a la salud de las comunidades. Desde 1990, el Movimiento por la Sobrevivencia del Pueblo Ogoni, liderado por el reconocido escritor nigeriano Ken Saro-Wiwa se encontraba en una campaña no violenta en contra de las operaciones de la empresa Shell exigiendo reparaciones por los daños sufridos. El conflicto escaló al punto que el Gobierno del General Sani Abacha ordenó la detención del poeta a quien, bajo falsas acusaciones, sentenciaron a morir en la horca junto con 8 más de sus compañeros. Eso ocurrió en 1995 al tiempo que Shell mostraba su elegante publicidad en la televisora británica.

Ese conflicto no ha culminado. En 2011, el Programa de Naciones Unidas para el Ambiente (PNUMA) publicó un informe en el que se exponían los impactos de las operaciones petroleras en el Delta del Níger y hacía recomendaciones para su limpieza y restauración. En 2020, según reportó en su momento Amnistía Internacional, solo el 11% de los lugares contaminados habían sido abordados por el programa de restauración y en el caso de Hyprep, la empresa que dirige la limpieza, había sido acusada de tener conflictos de intereses toda vez que Shell participaba en sus estructuras de gestión y supervisión. Todavía en febrero de este año 2025, BBC reportaba que el estado de contaminación del área estaba lejos de mejorar y sus comunidades se mantenían carentes de agua potable, con suelos improductivos, imposibilidad de pescar y serios problemas de salud causados, entre otros, por los altos niveles de químicos presentes en aguas y suelos generados por la industria como benceno, tolueno, etil-benceno y xilenos.

El caso que relato es solo un ejemplo de los numerosos conflictos socioambientales en los que empresas extractivistas transnacionales han estado y están involucradas. Es un hecho que, para mantener el modelo económico dominante en crecimiento, se hace necesario mantener operaciones extractivistas de manera constante. De hecho, solo un 7% de la materia prima necesaria en la industria es producto del reciclaje. Los insumos necesarios en la industria son extraídos directamente del planeta.

Una fracción importante de los proyectos extractivistas es llevada a cabo por empresas transnacionales a través de las llamadas inversiones extranjeras directas (FDI por sus siglas en inglés). De acuerdo a datos proporcionados recientemente por UNCTAD, dichas inversiones alcanzaron un monto de 1.4 trillones de dólares en 2024 y se espera un crecimiento moderado en 2025. El sector extractivo (petróleo, gas, minas) comprende una fracción importante de las inversiones, aunque también habría que incluir al sector electrónica y telecomunicaciones, que no aparece como actividad extractivista pero que depende en grado supremo de la extracción de minerales y tierras raras.

De acuerdo a los economistas del Fondo Monetario Internacional, dichas inversiones son positivas en tanto utilizan tecnologías más limpias, así como técnicas y procedimientos más eficientes que benefician al país receptor tanto a sus comunidades locales como a la naturaleza. Una visión opuesta expone que dichas inversiones solo buscan oportunidades en países con ventajas competitivas, leyes ambientales flexibles, mano de obra más barata y facilidades tributarias. El resultado son impactos tanto ambientales como sociales que incluyen desplazamientos forzados, represión, encarcelamiento y asesinato de líderes comunitarios que, como Berta Cáceres en Honduras o Chico Méndes en Brasil, se enfrentaron a estas empresas la mayoría de las veces protegidas por gobiernos débiles y subordinados a los intereses transnacionales.

Recientemente un estudio realizado por Marcelo Llavero-Pasquina de la Universidad Autónoma de Barcelona, España, hace revelaciones muy interesantes sobre el papel de las corporaciones multinacionales como agentes en los principales conflictos socioambientales que se registran en el mundo. En dicho estudio el investigador consultó la base de datos del Atlas Global de Justicia Ambiental (EJAtlas), el mayor repositorio de información sobre conflictos socioambientales disponible. Allí tuvo acceso a 3.388 conflictos y 5.500 corporaciones involucradas. 73% de los conflictos empezaron después del año 2000 y solo 4% registraban fecha de culminación indicando que la mayoría de los conflictos seguían activos.

El análisis realizado reveló que la mayoría de los conflictos se produjeron en países de ingreso bajo a medio del Sur Global y en los mismos se vieron involucradas corporaciones cuyos domicilios se encontraban en países de alto ingreso (Norte Global). Destacan 104 corporaciones involucradas en el 20% de los conflictos, encabezadas por la empresa con más conflictos en su espalda, la Royal Dutch Shell (98 conflictos), seguida de Total Energies (58) y Chevron (51). Destaca entre las primeras 10 la empresa petrolera Exxon Mobil, involucrada en serios conflictos en Mozambique y, actualmente, como agente proxy que intenta exacerbar un conflicto entre Venezuela y Guyana.

Los impactos tanto sociales como ambientales son mayores en los países del Sur Global. En dichos países se evidencian problemas que van desde destrucción de fuentes de agua, deforestación, contaminación hasta enfermedades y violaciones a los derechos humanos. Adicionalmente se registra que los programas de remediación suelen ser incompletos e ineficientes como es el caso relatado aquí en el delta del río Níger. La información analizada muestra que esto es así especialmente en los casos en los que las corporaciones involucradas son extranjeras, poniendo en evidencia la profunda injusticia de un sistema que basa su funcionamiento en la extracción continua de recursos de la tierra, produciendo inmensas ganancias a dichas corporaciones, pero que externalizan los costos de dicha actividad, que son subsumidos por los países del Sur Global. Es un ciclo que implica un flujo constante de riquezas desde el Sur Global al Norte Global.

Luchas como las que llevó adelante el pueblo Ogoni de Nigeria tienen mucho sentido y apuntan a los verdaderos responsables de los múltiples conflictos socioambientales de los que somos testigos. Este año se cumplirán 30 años de la ejecución de Ken Saro Wiwa. Que su sacrificio nos recuerde que la lucha por la justicia ambiental es la lucha por la tierra, por la independencia de los pueblos y por un mundo donde la vida y no el capital sea la prioridad.

Fuente: Globetrotter.

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domingo, 29 de junio de 2025

DEVASTADOR ATAQUE DE MISILES RUSOS! F-16 DERRIBADO!LOS RUSOS CRUZAN EL V...

La escopeta nacional

 


La escopeta nacional

 

 

Txema García

KAOSENLARED

27 de junio de 2025 

 

En el Estado español, la corrupción no solo no se esconde: se institucionaliza, se subvenciona y, si se tercia, se premia con una embajada o con un cargo en el FMI como director gerente. Lo que en otros países es escándalo, aquí es tradición, incluso deporte. Y como toda buena tradición, tiene sus ritos, sus protagonistas y, por supuesto, su banda sonora. Pero esta vez, el sainete ha superado al guion. La última entrega de esta tragicomedia tiene nombre propio: Koldo García, el último de la fila, el secundario que se cansó de ser sombra y decidió encender la luz del proyector. A su lado, José Luis Ábalos, el ministro que no sabía nada pero firmaba todo, y Santos Cerdán, el organizador de lo inconfesable, el que tejía la trama con la destreza de un sastre de Génova.

Acto I: El esperpento como forma de gobierno. Si Berlanga viviera, no sabría si reír o demandar derechos de autor. Porque lo que estamos viendo no es nuevo: es “La escopeta nacional” reescrita con sobres, adjudicaciones y audios filtrados. En la cinta original, un empresario catalán intenta vender porteros automáticos a la élite franquista durante una cacería. Hoy, los porteros han sido sustituidos por contratos públicos, y la cacería se celebra en despachos ministeriales, viajes en coches oficiales o encuentros con prostitutas. El escenario ha cambiado, pero los personajes siguen siendo los mismos: cortesanos, trepas, mediocres con ínfulas y pícaros con carné de partido.

Santos Cerdán, ese hombre de partido que parece salido de un casting de “Patrimonio nacional”, aparece en los informes de la UCO como el cerebro organizador, el que daba las órdenes sin dejar huella, el que manejaba los hilos desde Nafarroa como si fuera el mayordomo de una finca decadente, eso sí, con una carrera meteórica ue le llevo de trabajar en una fábrica de verduras y ejercer de camarero a ser el segundo del presidente Sanchez.

Acto II: Koldo, el bufón que incendia el palacio. Pero si hay un personaje que merece su propia película es Koldo García. Nacido, se dice, en Baracaldo, ex aizkolari, ex escolta, ex colaborador de la Guardia Civil, ex concejal, ex todo. Un hombre que parecía salido de una novela de Delibes, pero que ha terminado protagonizando un thriller de espionaje cutre. Como “El verdugo” de Berlanga, Koldo no eligió el papel, fue la propia vida la que se lo fue dando en forma de innumerables actuaciones que aceptó e interpretó con entusiasmo. Fue chófer, guardaespaldas, recadero, portero de un puticlub, miembro del consejo de administración de Renfe Mercancías y, finalmente, el hombre que grabó a sus jefes y entregó las pruebas que hoy hacen tambalear al PSOE.

Su figura recuerda al personaje de Luis Ciges en tantas películas: el tipo anodino, torpe, que nadie toma en serio… hasta que aprieta el botón equivocado de este Armageddón político en forma de escándalo intergaláctico. Koldo es el bufón que, sin quererlo o queriéndolo mucho, incendia el castillo. En los audios filtrados, se le oye hablar de billetes de quinientos, de adjudicaciones amañadas, de prostitutas, de mordidas que pasaban por sus manos como si fueran gulas en una cesta de Navidad. Y lo más grotesco: grabó a todos. Como si supiera que, en esta película, el que no tiene copia de seguridad acaba en el foso.

Koldo García es el Lazaro posmoderno, críado humilde y astuto, el pícaro que se cuela en los pasillos del poder y, cuando lo echan, se lleva las grabaciones. Es el Torrente sin parodia, el funcionario que no necesita exageración para resultar grotesco. Y como buen personaje buñueliano, su venganza no es violenta, sino simbólica: dejar que los demás se hundan con sus propias palabras.

Acto III: Ábalos, el ministro que pasaba por allí. José Luis Ábalos, por su parte, es el personaje más berlanguiano de todos. Ministro de Transportes, secretario de Organización del PSOE, y ahora, actor involuntario de una tragicomedia judicial. En los informes de la Guardia Civil, aparece como beneficiario de adjudicaciones irregulares, receptor de favores y cómplice de una red que operaba como una empresa familiar. Pero él, como buen protagonista de “El discreto encanto de la burguesía”, asegura que no sabía nada. Que todo era cosa de otros. Que él solo pasaba por allí.

Como en la película de Buñuel, donde los comensales nunca logran cenar porque siempre ocurre algo absurdo, Ábalos nunca logra explicar nada porque siempre hay un nuevo escándalo que lo interrumpe. Su defensa es el desconcierto, su estrategia, la amnesia selectiva. Y mientras tanto, el personal aue ve esta película asiste a su caída con una mezcla de estupor y déjà vu.

Ábalos es el funcionario de Camus, el que cree que el sistema lo protege hasta que el sistema lo sacrifica. Es el verdugo que no quiere matar, pero que acaba firmando ejecuciones administrativas con una sonrisa de trámite. Su tragedia no es solo la charca de la presunta corrupción que le envuelve, sino su torpeza.

Acto IV: Todos a la cárcel (o no). En “Todos a la cárcel”, Berlanga reunió a lo peor de cada casa en una prisión valenciana. Hoy, la cárcel sigue vacía, pero los despachos están llenos. La trama de Cerdán, Ábalos y Koldo no es una excepción: es la norma. Desde los tiempos de Bárcenas, Rato o Gürtel y desde mucho antes, en el Estado español, incluidas sus periferias, se ha perfeccionado el arte de la corrupción como si fuera una disciplina olímpica. Lo nuevo es el tono: ya ni se disimula. Se graba, se filtra, se comenta en tertulias. La corrupción ha dejado de ser un escándalo para convertirse en un género narrativo.

Y como en “Los santos inocentes”, los de abajo siguen mirando desde el barro cómo los de arriba se reparten el festín. La diferencia es que ahora los inocentes tienen móviles, redes sociales y una paciencia que empieza a agotarse. Pero siguen sin voz, sin justicia, sin final feliz.

Epílogo: El cine como profecía. Quizá el cine español no era sátira, sino profecía. Quizá Berlanga, Buñuel y Camus no estaban exagerando, sino documentando. Lo que parecía grotesco era, en realidad, un retrato fiel de lo que vendría. Y lo que vendría ya está aquí: grabaciones, sobres, adjudicaciones, y un país (?) que asiste, entre la risa y la rabia, a una película que no pidió ver… pero que ya ha pagado.

Koldo, el último de la fila, ha sido el detonante. El bufón que se cansó de hacer reír y decidió contar el chiste final. Y como en toda buena película hispana, el final no es feliz. Pero al menos, esta vez, alguien ha encendido la luz del proyector. Pero, ¿alguien ha dicho final, o es “suma y sigue”? Y una última cuestión, ya solo falta saber si en esta película también hay una X.

Txema García es periodista y escritor

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