sábado, 7 de junio de 2025
Hace 50 años los Estados Unidos abandonaron Vietnam. Los medios todavía no han aprendido la lección
Hace
50 años los Estados Unidos abandonaron Vietnam. Los medios todavía no han
aprendido la lección
Norman Salomon
KAOSENLARED / Por Debates
5 de junio de 2025
El último helicóptero que
despegó del tejado de la embajada norteamericana en Saigón el 30 de abril de
1975 marcó el final de la guerra de Vietnam. Cincuenta años después, la
mitología sobre la cobertura de la guerra por parte de los medios de comunicación
norteamericanos se basa en la errónea premisa de que los medios fueron
fundamentales para que los norteamericanos se volvieran en contra de la guerra.
Algunos afirman que los principales medios de comunicación socavaron un noble
esfuerzo bélico, mientras que otros declaran que la cobertura alertó al público
sobre las realidades de una guerra injusta. Ambas afirmaciones son erróneas.
Convertir a los medios en
chivos expiatorios encaja perfectamente en las teorías de la «puñalada por la
espalda» de los norteamericanos que no pueden soportar que su país perdiera una
guerra contra indigentes combatientes vietnamitas. Y alabar a los medios de
comunicación como catalizadores de la conciencia reavivada del país les otorga
un crédito indebido al tiempo que fomenta las ilusiones sobre la cobertura
informativa de las guerras de los Estados Unidos.
Hoy en día, el grueso de la
población sigue sin tener ni idea de lo que hace el Pentágono en varios
continentes. Las noticias fugaces sobre los ataques con misiles norteamericanos
en diversos países -incluidos Irak, Siria, Yemen y Somalia desde el año pasado-
se basan habitualmente en fuentes oficiales. Además, de acuerdo con
el proyecto Costs of War [Costes de la Guerra] de la Universidad Brown, los
Estados Unidos tienen «operaciones y programas militares dirigidos desde
departamentos civiles con fines militares al menos en 78 países».
Cuando se trata de una
acción militar de los Estados Unidos, los informes se convierten habitualmente
en servicios taquigráficos para la Casa Blanca y el Pentágono. La pauta de la
guerra de Vietnam se estableció a principios de agosto de 1964, cuando los
medios de comunicación norteamericanos informaron con credulidad de las
afirmaciones del presidente Lyndon Johnson y de su secretario de Defensa,
Robert McNamara, de que lanchas cañoneras norvietnamitas habían atacado «sin
mediar provocación» a dos destructores de la Marina norteamericana en el Golfo
de Tonkín.
El relato oficial, lleno de
engaños, llevó al Congreso a aprobar rápidamente (con sólo dos votos
en contra) la Resolución
del Golfo de Tonkin, que daba luz verde incondicional a la guerra
contra Vietnam. Al presentar mentiras absolutas como verdades absolutas, los
medios de comunicación más prestigiosos del país allanaron el camino para la
escalada de una guerra que se cobró por encima de 3 millones de
vidas en Vietnam.
Una forma de cobertura
típica es la que llegaba de la mano del Washington Post, que
publicó este titular el 5 de agosto de 1964, dos días antes de que se aprobara
la resolución sobre la guerra, haciéndose eco de la noticia: «Aviones
norteamericanos atacan Vietnam del Norte tras el segundo ataque a nuestros
destructores; se toman medidas para detener la nueva agresión». Veinticuatro
años después, pregunté si el periódico se había retractado alguna vez de su
falsa información sobre los sucesos del Golfo de Tonkín. Cuando me puse en
contacto con el reportero que había escrito gran parte de la cobertura política
de aquellos acontecimientos por parte del Post, Murraey Marder,
antiguo corresponsal diplomático jefe, me dijo: «Puedo asegurarle que no hubo
nunca ninguna retractación».
Cuando le pregunté por qué
no, la voz de Marder se tiñó de tristeza. «Si se hiciera una retractación»,
dijo, “habría que llevar a cabo una retractación prácticamente de toda la cobertura
de la guerra de Vietnam”. Y añadió: «Si la prensa norteamericana hubiera hecho
su trabajo y el Congreso el suyo, nunca nos habríamos visto implicados».
En el frente interno, los
opositores a la guerra tuvieron que librar una ardua batalla contra el establishment mediático.
Contrariamente al mito de que la cobertura informativa avivaba el fuego del
sentimiento antibélico, los principales medios de comunicación se quedaron en
realidad muy rezagados. En febrero de 1968 -el mismo mes en que el 49% de los
norteamericanos encuestados afirmaba
que el envío de tropas norteamericanas a Vietnam era «un error», mientras que
el 41% declaraba que no lo era- el Boston Globe realizó una
encuesta entre 39 de los principales periódicos norteamericanos. Ni uno solo
había editorializado a favor de la retirada de las tropas norteamericanas de
Vietnam.
Mientras tanto, las
informaciones sobre la guerra tenían cualidades adormecedoras, con una
cobertura apenas capaz de transmitir realidades humanas. Tras informar desde
Vietnam a finales de la década de 1960, Michael Herr, corresponsal de la
revista Esquire, escribió en su libro Dispatches que
los medios de comunicación norteamericanos «nunca habían encontrado la manera
de informar de manera significativa sobre la muerte, que era, por supuesto, de
lo que se trataba en realidad». Las más repulsivas y transparentes tentativas
de santidad en medio de la matanza recibían un tratamiento serio en los
periódicos y en las ondas». Los reporteros que recibían lo último de los
portavoces militares podían llegar a hastiarse fácilmente, ya que «la jerga de
los avances [en la guerra] se te metía en la cabeza como si fueran balas», y
después de vadear el diluvio de de noticias relacionadas con la guerra, «el
sufrimiento resultaba en cierto modo algo poco impresionante».
Ningún aspecto de la
mitología sobre la cobertura de Vietnam ha sido más tenaz que la creencia
firmemente arraigada de que la televisión llevó la guerra a la sala de esta
doméstica de los Estados Unidos, y en ese proceso suscitó su desaprobación.
Aunque arraigada como tópico, la noción de que la televisión sirvió de baza
contra la guerra se contradice con abundantes hechos, documentados por
investigadores que volvieron a ver minuciosamente los noticiarios de las tres
principales cadenas norteamericanas.
En su exhaustivo
libro The ‘Uncensored War’: The Media and Vietnam, [La “guerra
sin censura”: Los medios de comunicación y Vietnam], Daniel Hallin,
estudioso del periodismo, resumió de qué manera las noticias televisadas les
resultaban regularmente convenientes a los belicistas de Washington: «La
cobertura televisiva de Vietnam deshumanizó al enemigo, lo despojó de todas sus
emociones y motivos reconocibles y lo desterró no sólo de la esfera política,
sino de la propia sociedad humana. Los norvietnamitas y el Vietcong eran
‘fanáticos’, ‘suicidas’, ‘salvajes’, ‘medio locos’. Estaban por debajo de los
simples criminales… eran alimañas».
Los informativos de
televisión desempeñaron un papel mucho más importante en la promoción de la
guerra de Vietnam que en su cuestionamiento. Esto resultó especialmente cierto
a lo largo de los diversos años de escalada que elevaron el número de tropas
estadounidenses en el país a 500.000 efectivos a finales de 1967. A mediados de
año, cuando Newsweek encargó una encuesta Harris para
averiguar cómo afectaba la televisión a la opinión pública, la revista informaba:
«La televisión ha animado a una mayoría decisiva de espectadores a apoyar la
guerra». La encuesta reveló que el 64% afirmaba que la cobertura televisiva
había aumentado realmente su apoyo a la guerra, mientras que sólo el 26% decía
que había impulsado su oposición.
Pero, ¿qué hay de los
memorables reportajes televisivos que mostraban las acciones militares
norteamericanas de forma claramente desfavorable? Pues bien, son memorables
porque fueron muy raros.
CBS Evening News [el
telediario de la noche] causó revuelo en agosto de 1965 cuando el corresponsal
Morley Safer hizo un reportaje a
pie de obra junto a marines norteamericanos que recurrían a sus
mecheros para quemar chozas en el pueblo de Cam Ne. «El hecho de que este
particular esfuerzo periodístico se celebre hoy prácticamente por parte de
todos los que escriben sobre el tema no significa, sin embargo, que
ejemplificara la cobertura de la guerra durante este periodo», es lo que
escribió el periodista Edward Jay Epstein en una serie de investigación que TV
Guide publicó ocho años después. «Por el contrario, al analizar los noticiarios
y guiones de las cadenas entre 1962 y 1968, pude encontrar pocos casos más
comparables de destrucción o brutalidad indiscriminada por parte norteamericana
«a pesar de que “cientos de aldeas survietnamitas fueron destruidas y evacuadas
en ‘programas de reubicación’ durante este periodo».
Un destacado estudioso de
la historia de la radiodifusión, Lawrence Lichty, de la Universidad de
Wisconsin, llevó a cabo un análisis exhaustivo de los reportajes filmados que
se emitieron durante ese mismo lapso de media docena de años y llegó a la
conclusión de que esos reportajes de la televisión norteamericana que mostraban
acciones crueles de las tropas norteamericanas en Vietnam «se podían contar con
los dedos de una mano».
En general, la prensa
norteamericana tuvo buen cuidado de mantenerse alejada de reportajes sobre las
atrocidades de las tropas. En lugar de representar un periodismo intrépido, la
saga mediática de la matanza más famosa de la guerra fue todo lo contrario.
En marzo de 1968, soldados
del ejército norteamericano mataron a varios cientos de civiles
desarmados de todas las edades en la aldea vietnamita de My
Lai. En cuestión de meses, « Ron Ridenhour, veterano de Vietnam y otros
periodistas presentaron pruebas de la matanza a los principales medios de
comunicación nacionales, pero ni uno solo de los medios quiso tocar la
historia», ha señalado Jeff
Cohen, mi colega de RootsAction. «No fue hasta noviembre de 1969, más de un año
y medio después de la matanza de My Lai, cuando la historia la publicó un
pequeño medio alternativo, Dispatch News Service, y un tenaz reportero de
investigación, Seymour Hersh».
A medida que la guerra se
alargaba, sin que se vislumbrara una victoria norteamericana, las controversias
se volvieron feroces, pero ni los halcones ni las supuestas palomas del
continente mediático cuestionaron el «derecho de los Estados Unidos a llevar a
cabo una agresión contra Vietnam del Sur», según observó Noam Chomsky.
«De hecho, ni siquiera admitieron que se estuviera produciendo. Lo llamaron
‘defensa’ de Vietnam del Sur, usando ‘defensa’ por ‘agresión’ a la manera orwelliana
normativa».
Con pocas excepciones, los
temas enmarcados en los medios de comunicación de masas eran cuestiones de
eficacia, más que de moralidad, y mucho menos de Derecho internacional. Y este
era el caso cuando Walter Cronkite, el presentador de noticias de la CBS
-conocido como «el hombre más fiable de Estados Unidos»- ofreció los minutos de
comentarios bélicos más legendarios de la historia de la televisión
norteamericana.
Después de varios
años de vitorer la
guerra, Cronkite regresó de un viaje a Vietnam y elaboró un reportaje
especial de una hora para la CBS que se emitió el 27 de febrero
de 1968 y que terminaba con un comentario que
sorprendió a los telespectadores con palabras pesimistas: «Decir que hoy
estamos más cerca de la victoria es creer, frente a la evidencia, a los
optimistas que se equivocaron en el pasado… Decir que estamos empantanados
parece la única conclusión realista, aunque sea insatisfactoria».
Cronkite concluía su
solemne valoración declarando: «La única salida racional será entonces
negociar, no como vencedores, sino como un pueblo honorable que cumplió su
promesa de defender la democracia y lo hizo lo mejor que pudo». Su angustia era
evidente, en tanto que su mensaje se centraba mucho más en los fallos militares
que en los morales.
El comentario de Cronkite
no era el giro antibélico que algunos pretendían. Sus palabras reforzaban, en
lugar de cuestionar, las afirmaciones oficiales de virtuosas intenciones que él
y tantos otros periodistas norteamericanos habían hecho tanto por propagar,
insistiendo en que los líderes que prosiguieron con tan horrible guerra año
tras año eran «personas honorables» que trataban de cumplir «su promesa de
defender la democracia».
En el mundo del que hablan
los medios de comunicación dominantes, los Estados Unidos son defensores de la
virtud frente a los actos ilícitos de malignos agentes. Sobre la marcha, los
relatos distorsionados sobre la guerra de Vietnam han servido de parábola para
las próximas guerras norteamericanas, en consonancia con la sentencia de George
Orwell: «Quien controla el pasado controla el futuro: quien controla el
presente controla el pasado».
Con escaso empuje mediático
y mucha afirmación positiva, durante los últimos 50 años un presidente tras
otro le ha dado la vuelta a lo que Estados Unidos hizo en Vietnam. Los
telespectadores, conscientes de las mentiras
metódicas y las enormes crueldades de la guerra, aprietan los
dientes mientras los presidentes tergiversan la historia para presentar al Tío
Sam como un gigante benévolo.
Los presidentes
norteamericanos nunca se han acercado ni lo más mínimo a una descripción
honesta de la guerra de Vietnam. Ninguno podría imaginarse el tipo de franqueza
que ofreció sin
rodeos Daniel Ellsberg, que
filtró los Papeles del Pentágono, cuando afirmó: «No es que estuviéramos
en el bando equivocado. Éramos nosotros el bando equivocado».
Dos meses después de asumir
el cargo, a principios de 1977, el presidente Jimmy Carter se mostró desdeñoso
cuando un periodista le preguntó si sentía «alguna obligación moral de ayudar a
reconstruir» Vietnam. «Bueno, la destrucción fue mutua», es lo que respondió.
«Fuimos allí para defender la libertad de los sudvietnamitas. Y no creo que
debamos disculparnos o castigarnos o asumir la condición de culpables.»
Una docena de años más
tarde, Ronald Reagan declaró en
una reunión en el Monumento a los Veteranos de Vietnam, en Washington, que la
guerra había sido una «causa noble», «aunque conducida de manera imperfecta,
[era] la causa de la libertad».
Al anunciar relaciones
diplomáticas formales con Vietnam en julio de 1995, el presidente Bill Clinton
se sintió obligado a inventarse la historia. «Independientemente de lo que
podamos pensar sobre las decisiones políticas de la era de Vietnam, los
valerosos norteamericanos que allí lucharon y murieron tenían nobles motivos», manifestó. «Lucharon
por la libertad y la independencia del pueblo vietnamita».
En el Monumento a los
Caídos en la Guerra de Vietnam, en Washington, en mayo de 2012, el presidente
Barack Obama habló de
«honrar a nuestros veteranos de Vietnam no olvidando nunca las lecciones de esa
guerra», entre las que se incluía «que cuando los Estados Unidos envíen
nuestros hijos e hijas al peligro, vamos siempre a darles una misión clara;
vamos a ofrecerles siempre una estrategia sólida». Pero Obama estaba todavía
muy lejos de reproducir la trágica locura de la guerra de Vietnam.
Durante sus primeros años
como presidente, Obama triplicó con
creces con creces el número de tropas norteamericanas en
Afganistán, llegando a un máximo de 100.000 efectivos en 2011. La adulación
patriotera era irresistible. En la primavera de 2010, Obama declaró ante
las tropas congregadas en Afganistán: «Todos vosotros representáis las virtudes
y los valores que los Estados Unidos necesitan tan desesperadamente en estos
momentos: sacrificio y abnegación, honor y decencia». Obama tenía cinco años
cuando Johnson viajó a Vietnam y afirmó ante
las tropas reunidas: «En toda nuestra larga historia, ningún ejército
norteamericano se ha mostrado tan compasivo».
Desde octubre de 2023, los
dos últimos presidentes han enseñado a una nueva generación de norteamericanos
lo que Johnson y Richard Nixon enseñaron a los baby boomers durante
la guerra de Vietnam. Cuando el Estado belicista calcula beneficios masivos
para el complejo militar-industrial y ventajas geopolíticas para el gobierno
norteamericano, las súplicas morales no entran en el cálculo político. Joe
Biden y Donald Trump han permitido el asesinato
masivo diario y sistemático de civiles palestinos en
Gaza, posible gracias
a los continuos envíos de armas norteamericanos a Israel, lo que convierte a
los Estados Unidos en socio de pleno derecho en el genocidio, tal como han
documentado Amnistía
Internacional y Human Rights
Watch.
La impunidad presidencial
corre paralela a la flexibilidad de los medios de comunicación. Aunque han
abundado las controversias sobre una amplia gama de esfuerzos bélicos
norteamericanos, los argumentos habituales de los medios de comunicación no
cuestionan la prerrogativa de Estados Unidos de imponer militarmente su
voluntad en el mundo en la medida de lo posible. La guerra de Vietnam no fue
una anomalía en su profusión de mendacidad oficial gubernamental ni en la
conformidad general de los medios de comunicación de masas del país.
Dos años antes de morir, en
junio de 2023, me dijo Ellsberg:
«Que hay engaño, que a la opinión pública se la confunde cuando empieza el
juego, en el enfoque de la guerra, de una manera que anima a aceptar la guerra
y a apoyarla, eso es una realidad».
No es difícil engañar a la
opinión pública, añadió: «A menudo lo que les estás diciendo es lo que les
gustaría creer: que somos mejores que los demás, que somos superiores en
nuestra moralidad y en nuestra percepción del mundo».
Norman
Solomon dirige RootsAction y es director ejecutivo del
Institute for Public Accuracy. Su último libro es “War Made Invisible: How
America Hides the Human Toll of Its Military Machine” [“La Guerra
invisibilizada: Cómo esconde Norteamericana el coste humano de su maquinaria
bélica”].
Peligro inminente…
Que en vísperas de una
cita para hablar de paz, Ucrania (con la más que probable colaboración del
MI6), lleve a cabo una acción militar que rebasa la línea roja que invita a una
respuesta nuclear, anuncia una firme voluntad de proseguir con la guerra.
Peligro inminente…
El Viejo Topo
7 junio, 2025
PARA AQUELLOS
QUE ESTÁN CELEBRANDO CON LA BANDERA UCRANIANA…
En vísperas de
un nuevo intento de negociaciones de paz entre Rusia y Ucrania en Estambul,
Ucrania lanzó el ataque simultáneo más serio contra el interior de Rusia desde
el comienzo de la guerra.
Se produjeron
dos atentados con bomba en vías ferroviarias civiles, en Bryansk y Kursk. En el
primer caso, se reportaron al menos siete muertos y 69 heridos. Del segundo,
aún no se han recibido noticias definitivas.
Poco después se
produjo el ataque simultáneo a tres aeródromos militares en las remotas
regiones de Murmansk, Irkutsk y Amur.
Mediante la
infiltración de camiones comerciales cerca de los aeropuertos, se liberaron
cientos de drones que atacaron la aviación estratégica rusa.
Seguramente
fueron destruidos al menos 4 bombarderos nucleares, pero lo más probable es que
fueran 10; fuentes ucranianas hablan de 41 bombarderos destruidos, lo que haría
de este episodio una especie de Pearl Harbor ruso.
Si se confirman
las cifras ucranianas, aunque sean significativamente inferiores, esto
representaría una reducción grave del potencial nuclear de Rusia.
Estoy seguro de
que algunos de los que levantan la bandera ucraniana brindarán y aplaudirán por
la gran medida.
Ahora bien,
confieso que tengo miedo y si viviera en Ucrania tendría infinitamente más.
Según la
doctrina nuclear rusa, incluso la destrucción de un solo bombardero estratégico
en los hangares justifica una respuesta nuclear. Pero aquí nos enfrentamos a
daños reales y significativos, algo que realmente limita el potencial de la
defensa nacional rusa.
Tengan en
cuenta que esto no cambia en absoluto el tipo de guerra que se ha librado en
estos tres años, en los que los bombarderos estratégicos ni siquiera han
despegado. Por lo tanto, no cambia nada en el equilibrio de poder en el frente.
Sin embargo, la
perspectiva —apoyada día y noche por nuestra belicosa clase política— de un
enfrentamiento directo en el futuro próximo entre Europa (o la OTAN) y Rusia ha
cambiado mucho. Este golpe de los servicios secretos ucranianos, un golpe que
no habría podido llevarse a cabo sin la ayuda activa de la inteligencia y la
infraestructura de la OTAN, representa un debilitamiento objetivo del potencial
de autodefensa ruso.
Ahora bien,
mientras para Rusia la cuestión era simplemente ser paciente y dejar que el
equilibrio de poder relativo siguiera su curso, el riesgo de una auténtica
escalada, con un riesgo nuclear real, era mínimo. Putin siempre ha librado la
guerra con miras a la paz futura, y el uso de medios de destrucción masiva
habría comprometido la futura pacificación entre pueblos vecinos.
Así pues, por
muy dura que fuese y estando relativamente libre de bajas civiles, la guerra
permaneció estrictamente ligada a la línea del frente, y a la retaguardia sólo
en la medida en que ésta abastecía al frente.
Ahora, sin
embargo, con este doble golpe, por un lado sobre los civiles con una dinámica
típicamente terrorista, y por otro sobre un sector militar de máxima
importancia para la defensa nacional, la guerra da un salto cualitativo al que
es difícil saber cómo puede reaccionar Rusia.
De hecho, esta
operación ucraniana, en vísperas de las negociaciones de Estambul, es un
evidente sabotaje a las propias negociaciones, que fracasaron incluso antes de
comenzar.
Pero el
problema más grave de todos, el que nunca tenemos en cuenta, al no recibir
noticias directas de Rusia gracias a la diligente censura europea, está
determinado por el frente interno.
Putin se ha
mostrado repetidamente como un jugador de ajedrez frío y moderado, libre de
reacciones violentas. Pero el poder, en cualquier sistema, reside en última
instancia en cierto nivel de apoyo desde abajo: nadie gobierna solo. Y este es
un caso en el que parece realmente difícil que, por enésima vez, Putin pueda
poner buena cara a una mala partida, es decir, cruzar otra línea roja.
Muchos sitios
web rusos literalmente piden la aniquilación nuclear de Ucrania.
¿Podrá Putin
mantener la calma una vez más y no dar una «reacción ejemplar»?
Eso espero,
pero objetivamente me sorprendería.
Estamos
corriendo de noche con los faros apagados hacia un acantilado.
Fuente: L’Antidiplomatico
Movilización contra el rearme
Movilización contra el rearme
INSURGENTE.ORG
/ 07.06.2025
Koldo, Víctor de Aldama y Pérez Dolset, el novio de Ayuso, el hermano de Pedro Sánchez, la mujer de Feijóo. Errejón, Correa, Crespo, Bárcenas… los nombres de los personajes que conforman el estercolero nacional y que ocupan a las terminales mediáticas del régimen, ofrecen un panorama diáfano del momento político. Ilustran el estado de las cosas y provocan el alejamiento de las mayorías de la participación social.
Y el caso es que no nos
lo podemos permitir, por ejemplo, el gasto militar que exige Trump y que los
gobiernos europeos aceptan encantados y buscando en la palabra Putin la
justificación a todo (hace unas horas un ministro británico dijo que el alza de
los precios en los supermercados ingleses era culpa directa de Putin, e hizo
una mueca tipo «lo sabré yo»,,,) para alimentar a la industria
armamentística, que siempre aparece dispuesta a obtener beneficios
gigantes con las crisis.
Este sábado hay una cita necesaria, importante, donde desde las calles se gritará contra esta política belicista que transfiere dinero de servicios públicos y sueldos a la guerra imperialista. La convocatoria abarca decenas de organizaciones, por haberlas haylas incluso que votan dentro de gobiernos que aumentan el gasto militar obedeciendo cual lacayos a la OTAN. A pesar de ellos y sus miserias electorales la movilización debe constituir el comienzo de la presencia de lo más consciente del país haciendo política en su medio natural: las calles.
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viernes, 6 de junio de 2025
Izquierda europea y rearme
Ante las
desastrosas propuestas presentadas a la cumbre de la OTAN, la izquierda europea
ha comenzado a coordinar sus actividades contra el aumento del gasto militar
mediante la creación de Stop ReArm Europe. ¿Y la izquierda española?
TOPOEXPRESS
Izquierda europea y rearme
El Viejo Topo
6 junio,
2025
LA IZQUIERDA EUROPEA, EL REARME Y LA AUSTERIDAD DE LA OTAN
A medida que
Europa se acerca a la cumbre de la OTAN que se celebrará en La Haya del 24 al
26 de junio, sus 750 millones de ciudadanos se enfrentan a una decisión
estratégica decisiva, que afectará a sus vidas en los próximos años, y que
tendrá un impacto mucho más amplio a escala mundial.
Las políticas
aplicadas en Europa en los últimos años han sido desastrosas desde el punto de
vista social, económico, político y militar. Europa está experimentando un
empeoramiento de las condiciones sociales, la mayor guerra desde 1945 –en
Ucrania– y el mayor auge de las fuerzas autoritarias, racistas y xenófobas de
extrema derecha desde los nazis en la década de 1930.
Las propuestas
para la cumbre de la OTAN empeorarían esa situación. Por lo tanto, la pregunta
clave es si Europa seguirá por este camino destructivo y desastroso o adoptará
políticas que ofrezcan una salida.
El secretario
general de la OTAN, Mark Rutte, ha propuesto a
los 32 miembros de la OTAN que “la cumbre […] aspire a un gasto militar real
del 3,5% para 2032”, lo que supone un aumento del 75% con respecto al objetivo
anterior del 2,0% del PIB.
Trump pide un
gasto militar aún mayor, del 5% del PIB. Rutte abrió la puerta a esta
posibilidad al apoyar el compromiso de “un gasto del 1,5%, destinado a
infraestructuras, ciberseguridad y cosas por el estilo. También alcanzable para
2032”. El 3,5% más el 1,5% suman el 5% de Trump.
Las
consecuencias sociales y políticas de este rumbo ya son evidentes. Las
economías europeas están prácticamente estancadas, con un crecimiento medio
anual del PIB per cápita de la UE inferior al 1% entre 2007 y 2024. El FMI, con
cierto optimismo, prevé un aumento de solo el 1,3% para 2030. Con el aumento de
la desigualdad y la reducción del gasto social debido a las políticas de
austeridad, cientos de millones de personas en Europa ya han experimentado un
estancamiento o un deterioro de su nivel de vida. Desviar más recursos al gasto
militar, lo que irá va acompañado de recortes en el gasto social para
financiarlo, empeorará aún más la situación.
Las consecuencias políticas también son evidentes. Las fuerzas de extrema derecha y neofascistas, aprovechando el empeoramiento de las condiciones –que en realidad son consecuencia de las medidas de austeridad y del aumento del gasto militar– y culpando demagógicamente a los inmigrantes y a las minorías étnicas y religiosas, ganarán aún más fuerza.
Las desastrosas
consecuencias para los partidos tradicionales de izquierda y progresistas que
apoyan o aplican estas políticas de rearme y austeridad, incluso antes de su
apoyo a las nuevas políticas de rearme de la OTAN, ya son conocidas en los
principales países europeos. El SPD en Alemania vio en 2025 cómo su voto caía
al 16%, el más bajo desde 1887. En las últimas elecciones en las que se
presentó de forma independiente, el Partido Socialista francés solo obtuvo un
6%. En Gran Bretaña, el Partido Laborista, que ya obtuvo uno de sus peores
resultados desde la década de 1930 en las últimas elecciones, se encuentra
ahora en las encuestas por detrás del partido de extrema derecha Reform Party.
Por el
contrario, los partidos de izquierda que se han opuesto a las políticas de
austeridad y a la OTAN –La France Insoumise en Francia, Die Linke en Alemania,
el Partido Obrero Belga– han mantenido o aumentado significativamente su apoyo.
Este desastroso
colapso sufrido por los partidos tradicionales de izquierda que han apoyado la
guerra y la austeridad es extremadamente peligroso en el contexto del auge de
los partidos de extrema derecha en toda Europa.
La razón del
colapso del apoyo a estos partidos es obvia. Sus políticas atacan el nivel de
vida de la población. Si los partidos que se dicen de izquierda siguen apoyando
la austeridad y el rearme, esta tendencia a la baja no hará más que continuar.
La única salida
a esta situación, tanto para la población europea como para la izquierda, es un
cambio radical de política que dé prioridad al progreso social y al desarrollo
económico.
Tras el fin de
la Guerra Fría, Europa debería haberse centrado en fomentar la cooperación
económica y minimizar las tensiones y los gastos militares. Esto habría creado
una zona económica equilibrada, equivalente a la de los Estados Unidos, con un
fuerte potencial de crecimiento, al combinar la industria manufacturera y los
servicios de Europa occidental con la energía y las materias primas de Rusia.
Lo que era posible quedó demostrado en Asia con la ASEAN, que, en un continente
que había sufrido los peores conflictos de la Guerra Fría, las guerras de Corea
y Vietnam, se convirtió en la región económica de más rápido crecimiento del
mundo gracias a su concentración en el desarrollo económico y a la ausencia de
bloques militares.
Sin embargo,
dado que una Europa económicamente cooperativa podría haber sido un competidor
exitoso de los Estados Unidos, los gobiernos estadounidenses siguieron un
camino para impedirlo, principalmente a través de la expansión hacia el este de
la OTAN, que se llevó a cabo en violación directa de las promesas de los
Estados Unidos al entonces primer ministro soviético Gorbachov de que la OTAN
no avanzaría “ni un centímetro” hacia el este después de la reunificación de
Alemania. En cambio, en 1999, 2004, 2009, 2017 y 2020 se incorporaron nuevos
países a la OTAN y se dejó deliberadamente abierta la puerta a la admisión de
Ucrania, conocida por ser una línea roja para Rusia debido a su proximidad a
este país y a su posición como ruta histórica de invasión.
Numerosos
expertos estadounidenses en Europa del Este se opusieron a ello, encabezados
por George Kennan, el arquitecto original de la estrategia estadounidense
durante la Guerra Fría, quien advirtió que la expansión de la OTAN sería “el
error más fatídico de la política estadounidense en toda la era posterior a la
Guerra Fría”. Pero sus advertencias fueron ignoradas, y los resultados
culminaron en la guerra de Ucrania.
Ahora la OTAN
exige el rearme y recortes en la protección social para financiar esta guerra.
Las fuerzas de
la OTAN se expandieron simultáneamente fuera de Europa para participar en
guerras en el Sur Global, Afganistán y Libia, crearon numerosas organizaciones
e iniciativas para preparar la intervención en el Sur Global, como la
Iniciativa de Cooperación de Estambul, el Centro de Dirección Estratégica Sur,
la Oficina de Enlace en Addis Abeba, y han comenzado a expandirse hacia el
Pacífico, con Japón, Australia, Nueva Zelanda y Corea del Sur, que asisten a
todas las cumbres de la OTAN desde 2022. Esta expansión de la OTAN implicaría a
Europa en aún más conflictos y más peticiones de gasto militar.
Lo que se
necesita es justo lo contrario: dar prioridad al progreso social y a la
inversión para el crecimiento económico. Ambas cosas requieren más gasto y, por
lo tanto, son directamente contrarias al aumento del gasto militar.
La necesidad de
gasto social en Europa es evidente. Pero la inversión europea, clave para el
crecimiento económico, también se ha desplomado. En la UE, la inversión, una
vez descontada la depreciación (el desgaste de los medios de producción
existentes), se ha reducido a la mitad, pasando del 7,4% del PIB en 2007 a solo
el 3,5% según los últimos datos. Las comparaciones internacionales muestran que
esto solo basta para generar un crecimiento económico anual del 1%.
Además, los
EE.UU. están presionando ahora para que se adopten nuevas políticas
perjudiciales para Europa y sus ciudadanos. Los EE.UU. ya han causado un daño
enorme a Europa con su política deliberada de cortar el suministro de energía
barata de Rusia a Europa occidental, lo que han conseguido mediante la guerra
de Ucrania y la voladura del gasoducto Nord Stream, que, como sabe cualquiera
que analice seriamente el asunto, fue obra de los EE.UU.
El Wall
Street Journal informa ahora de que los EE.UU. están buscando un
“compromiso de los líderes de la UE para imponer nuevos aranceles a las
industrias chinas”, lo que inevitablemente daría lugar a represalias
equivalentes por parte de China, perjudicando a la economía europea.
Al mismo
tiempo, los EE.UU. proponen aranceles contra las exportaciones europeas,
seguidos de la imposición de un sistema comercial internacional que sustituiría
a la ya de por sí imperfecta OMC por otro aún peor, en el que los EE.UU.
decidirían unilateralmente los aranceles y las normas.
Los ciudadanos
europeos ya han sufrido duros golpes en su nivel de vida debido a la política
estadounidense. No pueden permitirse más. Por el contrario, Europa debería, al
mismo tiempo que rechaza el aumento del gasto militar y los recortes sociales
para financiarlo, tratar de recuperar el acceso a la energía barata de Rusia y
ampliar el comercio con China como parte de una política de recuperación
económica.
Ante las
desastrosas propuestas presentadas a la cumbre de la OTAN, la izquierda europea
ha comenzado a coordinar sus actividades contra el aumento del gasto militar
mediante la creación de Stop ReArm Europe. Es fundamental que todas las fuerzas
del continente que se oponen a la política de la OTAN refuercen aún más sus actividades
y su cooperación.
Fuente: Este artículo ha sido elaborado por Globetrotter y No Cold War.
Concentración permanente en Logroño por la emergencia en Gaza
Comienza este miércoles 4 de junio a
las 20 horas con una asamblea abierta a la ciudadanía
Concentración permanente en Logroño por la emergencia en Gaza
Rebelion /España
04/06/2025 | Palestina y
Oriente Próximo
Fuentes: Rebelión
En este mismo
instante bebés, niñas, niños, ancianas, ancianos y personas civiles desarmadas
están siendo asesinadas, solo por ser palestinas. Israel ha bloqueado la
entrada de la ayuda humanitaria en Gaza provocando una hambruna planificada que
puede llevar a la muerte por inanición a 14.000 bebés, niñas y niños. Ante esta
situación insoportable la sociedad española está cada vez más sensibilizada y,
según encuestas recientes, apoya en más de un 70% que cese la matanza de
personas y termine el asedio de Israel a Gaza. Desde Amistad por Palestina La
Rioja y Acampada por Palestina La Rioja creemos que es el momento de forzar una
reacción contundente de nuestro gobierno.
Por ello, a
partir de este miércoles 4 de junio a las 20:00 horas comienza una CONCENTRACIÓN
PERMANENTE frente a la Delegación del Gobierno en Logroño, hasta que dejen de
matar en Gaza, termine el asedio por hambre y se permita la entrada de ayuda
humanitaria. Pediremos a la ciudadanía que ejerza presión dirigiéndose a las
personas que nos representan en el Congreso, para conseguir que el gobierno de
España rompa relaciones con Israel.
En la
coordinadora estatal RESCOP (Red Solidaria Contra la Ocupación de Palestina),
de la que Amistad con Palestina y Acampada por Palestina forman parte, se ha creado
un grupo de trabajo para diseñar acciones en otras localidades del Estado, para
conseguir la mencionada ruptura de relaciones con Israel.
La gran
sensibilización que está manifestándose en toda la sociedad ha hecho
coincidir en esa fecha, 4 de junio, esta convocatoria con la
primera acción de la recién constituida organización «Educación por Palestina
La Rioja», que durante la mañana realizará concentraciones en muchos centros
educativos riojanos en torno al tema de Palestina.
Necesitamos la
unión de la ciudadanía para hacernos oír. Podemos aportar nuestro granito de
arena. La primera propuesta es que la gente se sume a la concentración (a las
18:00 del día 4 comenzará la organización del espacio en el Espolón, y también
se invita a participar en ese montaje). Quienes convocan animan a toda la
sociedad a contribuir para que en Gaza se deje de asesinar indiscriminadamente
a personas civiles desarmadas.
TODAS LAS
PERSONAS SON NECESARIAS Y BIENVENIDAS EN LA CONCENTRACIÓN.





