lunes, 2 de junio de 2025

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Ucrania: ¿La paz es imposible?

 

Las deseadas negociaciones de paz se están estrellando contra el hecho de que Rusia no va a permitir, en modo alguno, una amenaza en sus fronteras. Y no parece que Zelensky, alentado por los descerebrados de la UE, vaya a ceder –por ahora– en ese asunto.


Ucrania: ¿La paz es imposible?

 

Roberto Iannuzzi

 El Viejo Topo

2 junio, 2025


A la luz de las posiciones irreconciliables de Kiev y Moscú, del maximalismo europeo y de la falta de incisividad de Trump, la perspectiva de una solución a la guerra de Ucrania parece alejarse.

Las conversaciones de Estambul del 16 de mayo, las primeras entre Rusia y Ucrania en tres años, pusieron de relieve todos los obstáculos para alcanzar un acuerdo de paz entre Moscú y Kiev. Obstáculos confirmados por la llamada telefónica entre el presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo ruso Vladimir Putin tres días después.

La reunión de Estambul fue un paso adelante, considerando que hace apenas tres meses el gobierno ucraniano rechazó incluso la idea de un diálogo con el Kremlin, considerándolo ilegal, y pidió la retirada de Rusia de todos los territorios ucranianos como condición previa para las negociaciones. Pero el progreso de las conversaciones permaneció incierto hasta el final y tenso en su corta duración (menos de dos horas).

Como denunció el diplomático ruso Rodion Miroshnik , la delegación ucraniana estaba compuesta en gran parte por miembros del aparato militar y de inteligencia, lo que confirma que había llegado a Estambul sólo para negociar los detalles de un posible alto el fuego. Había muy pocos diplomáticos y figuras políticas capaces de discutir los elementos de una paz duradera. Pero hasta el final, el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, exigió la implementación de un alto el fuego de treinta días como condición previa para el inicio de las negociaciones. Una petición que Trump reiteró en la conversación telefónica posterior con Putin, aunque en este caso actuó esencialmente como portavoz de Kiev y sus aliados europeos. Sin embargo, esta es una premisa que Moscú siempre ha rechazado, considerándola un pretexto para que Kiev se reorganice militarmente, movilice nuevos hombres y se rearme.

Por otra parte, los aliados occidentales de Ucrania nunca han aceptado la demanda rusa de cese de los suministros militares a Kiev como condición para un alto el fuego.

ESTRATEGIA DE NEGOCIACIÓN RUSA

Las conversaciones de Estambul fueron posibles gracias a la propuesta de Putin de iniciar negociaciones directas entre las partes, y luego se pusieron en riesgo cuando Zelensky las relanzó pidiendo una reunión directa entre él y el presidente ruso.

El líder ucraniano esperaba una negativa de Putin y pretendía utilizar esa negativa para subrayar la supuesta falta de voluntad de Rusia para negociar. Junto a él, gran parte de la prensa occidental ha definido a la delegación enviada por el Kremlin a Estambul como una “delegación de perfil bajo”, subrayando que ello demostraría la falta de seriedad de los rusos.

Normalmente, sin embargo, en un conflicto amargo y complejo como el ucraniano, los líderes de los países involucrados se reúnen sólo al final de largas y profundas negociaciones llevadas a cabo por sus diplomáticos, quienes tienen la tarea de definir el marco y los detalles de un posible acuerdo.

Al señalar a Estambul como sede de las conversaciones, pareció muy clara la intención rusa, es decir, reiniciar las negociaciones ruso-ucranianas que tuvieron lugar en la metrópoli turca en marzo de 2022, cuando el conflicto solo había comenzado, y que fueron saboteadas por los ingleses y los estadounidenses.

Lejos de ser un grupo de perfil bajo, la delegación rusa estuvo encabezada por Vladimir Medinsky, el asesor de confianza de Putin, el mismo que había liderado las negociaciones de 2022, una confirmación de que los rusos pretendían establecer las nuevas conversaciones como una continuación directa de las que estuvieron cerca de culminar en un acuerdo de paz tres años atrás.

Medinsky, ex ministro de cultura, es un historiador y politólogo que conoce bien Ucrania y sus relaciones con Rusia, pues nació en la región de Cherkasy, al sur de Kiev, otro elemento que muestra que la cuestión ruso-ucraniana es mucho más compleja que la versión que suelen difundir los medios occidentales.

CONDICIONES RUSAS PARA LA PAZ

En Estambul, Medinsky volvió a dejar claras las condiciones de Rusia para llegar a un acuerdo:

1) Neutralidad de Ucrania, con imposibilidad de desplegar tropas extranjeras o armas de destrucción masiva en el país.

2) Renuncia mutua a cualquier reclamación de reparaciones de guerra.

3) Reconocimiento de los derechos de los ucranianos de habla rusa, de conformidad con las normas europeas sobre derechos de las minorías.

4) La no oposición de Ucrania a la reivindicación de Rusia sobre cinco regiones: Donetsk, Luhansk, Jerson, Zaporiyia y Crimea. Moscú pretende obtener el reconocimiento internacional de la anexión rusa de estas regiones.

5) Se podrá lograr un alto el fuego cuando las fuerzas ucranianas se retiren de estas regiones, entregándolas en su totalidad a Rusia.

Ante la aparente reticencia de Ucrania a aceptar tales condiciones, Medinsky también afirmó que Rusia «no quiere la guerra, pero está dispuesta a luchar durante uno, dos o tres años, sin importar cuánto tiempo lleve. Luchamos con Suecia durante 21 años [la referencia es a la Gran Guerra del Norte, que duró de 1700 a 1721]. ¿Cuánto tiempo más están dispuestos a luchar? Quizás alguien sentado en esta mesa pierda a otros seres queridos. Rusia está dispuesta a luchar eternamente».

El jefe negociador de Rusia también advirtió que si Ucrania no acepta el acuerdo y la guerra continúa, Kiev terminará perdiendo cuatro regiones más (algunos han sugerido Sumy, Kharkiv, Odessa y Nikolayev; otros han incluido Dnepropetrovsk y Chernihiv entre las posibilidades).

ABORDAR LAS CAUSAS PROFUNDAS DEL CONFLICTO

Tras las conversaciones de Estambul, Putin dejó claro que Moscú aspira a lograr una “paz sostenible y duradera”, pero también que Rusia tiene “suficiente fuerza y ​​recursos para llevar a su conclusión lógica lo que comenzó en 2022”.

En vísperas de la llamada telefónica entre Trump y Putin, el portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, explicó que Moscú sigue abierto a la posibilidad de lograr sus objetivos por medios pacíficos. Expresó su agradecimiento por la mediación estadounidense y señaló que “si nos ayuda a alcanzar nuestros objetivos por medios pacíficos, sin duda sería preferible”.

Putin reiteró por enésima vez cuáles son estos objetivos al día siguiente de la llamada telefónica, cuando declaró que «la posición de Rusia es clara: eliminar las causas profundas de esta crisis es lo que más nos interesa».

Estas “causas fundamentales” ya se habían establecido en el proyecto de tratado que Moscú había propuesto a Washington en diciembre de 2021 para evitar la guerra en Ucrania, y pueden resumirse de la siguiente manera:

1) La continua expansión de la OTAN hacia el Este; 2) el despliegue de fuerzas de la OTAN y bases de misiles en Rumania y Polonia; 3) el derrocamiento ilegal del presidente ucraniano Viktor Yanukovych en 2014; 4) la infiltración progresiva de la OTAN en Ucrania y el entrenamiento y rearme del ejército de Kiev en preparación para la adhesión del país a la Alianza Atlántica; 5) la influencia desproporcionada de los grupos políticos y armados de extrema derecha y afiliados a los neonazis en los gobiernos establecidos en Kiev después de 2014; 6) la agresión posterior contra la población étnicamente rusa del Donbass; 7) el fracaso en la implementación de los acuerdos de Minsk de 2015 que habrían garantizado los derechos y la autonomía de las regiones del Donbass, pero también la integridad territorial de Ucrania (con excepción de Crimea) y el fin del conflicto.

En particular, es con referencia a los puntos 4) y 5) que Moscú siempre ha indicado la “desmilitarización” y la “desnazificación” de Ucrania como dos objetivos clave de la operación militar rusa.

LA NEUTRALIDAD DE UCRANIA

Como ya se ha mencionado, otro objetivo esencial para Moscú es restablecer la neutralidad de Ucrania.

A este respecto, puede ser útil recordar que, al lograr la independencia, Ucrania se definió como un Estado neutral. Así lo establece el artículo IX de la Declaración de Soberanía Estatal de 1990, según el cual el Estado ucraniano “declara solemnemente su intención de convertirse en un Estado permanentemente neutral que no participe en bloques militares”.

Esa promesa fue posteriormente incorporada a la Constitución, que comprometía a Ucrania a mantenerse neutral y le prohibía unirse a cualquier alianza militar, incluida, por supuesto, la OTAN.

Es sobre esta base que Rusia reconoce la soberanía de Ucrania. Como reiteró el ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov , en 2023, Moscú “reconoció la soberanía de Ucrania en 1991, sobre la base de la Declaración de Independencia, adoptada por Ucrania tras su salida de la Unión Soviética”.

También puede ser útil recordar que, incluso después del levantamiento de Maidán en 2014, una clara mayoría de la población ucraniana seguía oponiéndose a la membresía del país en la OTAN, según una encuesta realizada por el Instituto Republicano Internacional estadounidense (afiliado al Partido Republicano) .

Fue en 2019 que el gobierno del entonces presidente Petro Poroshenko modificó la Constitución para incluir el objetivo de unirse a la Alianza Atlántica, sin recurrir a un referéndum popular.

Y es precisamente la restauración de la neutralidad de Ucrania (y el consiguiente fin de la guerra que acababa de comenzar) lo que estaba a punto de lograrse durante las negociaciones de Estambul de 2022, cuando fueron boicoteadas por la intervención angloamericana.

Está claro, sin embargo, que la continuación del conflicto ha ido (y seguirá yendo) en detrimento de Kiev, que está destinada a perder una porción de territorio mayor que la prevista en 2022, e incluso más que la definida en los acuerdos de Minsk de 2015.

Por lo tanto, al Gobierno ucraniano le debería interesar poner fin a las hostilidades lo antes posible, aunque en condiciones más desventajosas que las que hubiera obtenido en el pasado.

VALOR ESTRATÉGICO DE LA PENÍNSULA DE KINBURN

En comparación con las condiciones propuestas por Moscú, la propuesta negociadora estadounidense, presentada por el enviado presidencial Steve Witkoff a los socios europeos en París el pasado abril, busca limitar los daños a Ucrania.

Propone el reconocimiento legal de la anexión rusa de Crimea por parte de Estados Unidos, y el reconocimiento de facto de la anexión de la región de Luhansk y de las regiones de Donetsk, Zaporiyia y Jerson (pero sólo las porciones actualmente controladas por Rusia, por lo tanto no en su totalidad).

La propuesta estadounidense también exige que Ucrania recupere la soberanía sobre la central nuclear de Zaporizhia, pero que delegue el control a Estados Unidos, lo que dividiría la producción de electricidad de la planta entre las partes ucraniana y rusa.

Un aspecto menos conocido del borrador estadounidense es que exige a Rusia permitir a los barcos ucranianos el libre paso por el río Dnieper y devolver a Kiev la península de Kinburn, una estrecha franja de tierra que separa el estuario del río Dnieper del mar Negro.

En términos navales, la península de Kinburn es un punto de estrangulamiento, un paso estratégicamente importante por donde pasa una gran cantidad de tráfico marítimo.

Quien controle esta península determinará qué barcos podrán acceder al Dnieper, la vía fluvial más grande de Ucrania y su principal salida comercial en el Mar Negro.

Frente al extremo occidental de la península de Kinburn se encuentra el puerto de Ochakiv, mientras que al norte y al este se encuentran los puertos de Mykolaiv y Kherson.

El tráfico naval desde estos puertos está potencialmente bajo fuego de la artillería rusa. Por otra parte, esta península es una puerta de entrada potencial a Crimea, situada al sureste.

Por estas razones, la península de Kinburn ha sido históricamente una codiciada franja de tierra. Y ha sido objeto de una amarga disputa durante el conflicto actual.

Parece muy poco probable que los rusos cedieran un trozo de tierra tan estratégico a Ucrania, especialmente si Kiev permaneciera bajo un gobierno hostil a Moscú.

EL OBSTÁCULO DE LAS FUERZAS NACIONALISTAS UCRANIANAS

Aunque la propuesta estadounidense excluye explícitamente la adhesión de Ucrania a la OTAN, sí prevé «sólidas garantías de seguridad» para el país y que los países europeos deberían estar entre los garantes.

La condición no se especifica más, dejando abierta la posibilidad de que los países europeos no sólo proporcionen asistencia militar a Kiev en caso de un nuevo conflicto armado con Rusia, sino que continúen armando al país incluso en tiempos de paz. Una eventualidad inaceptable para Moscú.

Además, la posibilidad de que el actual gobierno permanezca en Kiev contraviene en principio el mencionado objetivo ruso de “desnazificación” de Ucrania, es decir, de una Ucrania que no sólo sea nominalmente neutral sino concretamente no hostil a Moscú.

Independientemente de las preferencias rusas, la permanencia de facciones nacionalistas de extrema derecha en posiciones de poder en el gobierno ucraniano pone en riesgo el éxito de las negociaciones incluso sobre la base de la propuesta estadounidense. De hecho, están en contra de cualquier concesión territorial y de cualquier reconciliación con Moscú. Dada su influencia en el gobierno y en el aparato militar y de inteligencia, Zelensky es efectivamente un rehén de estas fuerzas.

En el pasado, tanto él como su predecesor Poroshenko abandonaron los esfuerzos para implementar los acuerdos de Minsk debido a la presión y las amenazas de estos grupos. Gdupos que se consideran los guardianes del interés nacional de Ucrania y están dispuestos a “tomar el asunto en sus manos” si perciben que el gobierno es débil o “traidor”.

Si Zelensky se inclinara por un compromiso negociado, incluso sobre la base de la propuesta estadounidense (no necesariamente aceptable para los rusos, como hemos visto), las fuerzas nacionalistas podrían decidir derrocar al gobierno, sumiendo al país en el caos.

Es difícil, pues, pensar en una solución negociada sin el desmantelamiento previo de estas fuerzas dentro del aparato de seguridad y del gobierno de Kiev, una operación quizá sólo factible con medios militares (y ésta podría ser sin duda la persuasión de Moscú).

Las posiciones intransigentes de estas fuerzas se han reflejado hasta ahora en la actitud del ejecutivo dirigido por Zelensky, quien de hecho dijo estar en contra de la propuesta estadounidense.

MAXIMALISMO EUROPEO

Por lo tanto, Ucrania ha presentado una contrapropuesta para las negociaciones que incluye un alto el fuego incondicional antes del inicio de cualquier negociación, “sólidas garantías de seguridad para Kiev, incluso por parte de los EE.UU.” (efectivamente equivalente al Artículo 5 de la OTAN, aunque Ucrania está optando por no ser miembro formal de la Alianza), ninguna restricción a las fuerzas armadas ucranianas y la presencia de armas y tropas de países aliados en territorio ucraniano.

Una propuesta inaceptable para Moscú en todos los aspectos, incluso antes de entrar en el fondo de las disputas territoriales, precisamente porque prefigura el escenario para evitar el cual Rusia inició la guerra.

Ante esta propuesta, las posiciones de Kiev y Moscú parecen absolutamente irreconciliables. Pero quizás lo más importante es que esta propuesta fue apoyada por los aliados europeos de Ucrania, principalmente Francia, Gran Bretaña y Alemania. Estos países, junto con Polonia, reaccionaron con dureza al resultado de las conversaciones celebradas el 16 de mayo en Estambul, calificando de “inaceptable” la negativa de Rusia a un alto el fuego incondicional e instando a Trump a imponer nuevas sanciones a Rusia.

Desde la elección de Trump, los socios europeos de Ucrania, junto con la UE, han intentado sabotear cualquier negociación, han alentado a Zelensky a mantener posiciones intransigentes, han propuesto enviar tropas europeas a Ucrania (como una fuerza de mantenimiento de la paz o de «reafirmación«, a pesar de que claramente son partes cobeligerantes en el conflicto) e han impuesto nuevos paquetes de sanciones a Rusia, el último de los cuales se produjo a raíz de la llamada telefónica de Trump con Putin el 19 de mayo.

LA FALTA DE INCISIVIDAD DE TRUMP

El presidente norteamericano, por su parte, debe lidiar con rusófobos dentro de su propia administración, en primer lugar su enviado y ex general Keith Kellogg y el secretario de Estado Marco Rubio. Hasta ahora, Trump se ha mostrado reacio a ejercer presión real sobre Zelensky, como suspender el suministro de armas o la asistencia esencial de inteligencia estadounidense.

Tras la llamada telefónica con Putin, Trump planteó la posibilidad de que El Vaticano pudiera intervenir como mediador entre Moscú y Kiev, sugiriendo que Washington podría retirarse de las negociaciones, aunque Estados Unidos sigue involucrado en el conflicto a nivel militar.

Por su parte, Moscú, también a través del nombramiento de un nuevo comandante de las fuerzas terrestres rusas, el general Andrey Mordvichev, que se distinguió en el sangriento asedio de Mariupol en 2022, ha dejado claro que está dispuesta a confiar en una solución militar si no se abordan las razones que provocaron el conflicto.

La poco atractiva perspectiva de un alto el fuego frágil, durante el cual Kiev tendría tiempo para reagruparse y rearmarse, y de un conflicto congelado que podría estallar de nuevo en cualquier momento, ciertamente no es lo que el Kremlin tenía en mente cuando comenzó su campaña militar en Ucrania.

Considerando todo, la perspectiva de una solución a la guerra de Ucrania parece trágicamente lejana, y probablemente nunca estuvo al alcance a pesar de las pretenciosas declaraciones hechas por Trump al comienzo de su mandato.

Fuente: Intelligence for the People

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La izquierda que olvidó a Marx y la derecha que entendió a Gramsci

 

La izquierda que olvidó a Marx y la derecha que entendió a Gramsci

 

DIARIO OCTUBRE / junio 2, 2025

 

 

Si no se transforma la base, la superestructura se burla. Gramsci, sin Marx, es un meme. Y la izquierda, sin Marx, es una marca sin producto.



René Ramírez.— La izquierda contemporánea anda recitando a Gramsci como si sus ideas fueran souvenirs de una revolución institucionalizada. «Pesimismo de la inteligencia, optimismo de la voluntad» se repite como mantra en cafés universitarios, discursos de campaña, manuales de autoayuda progresista y más allá.

Mientras tanto, la extrema derecha toma notas, ordena sus cuadros, construye sentido común y gana elecciones. Más grave, aún el triunfo electoral de este lado sobreviene solo cuando la derecha deja «tierra arrasada».

A diferencia de la primera ola progresista, que supo irrumpir en tiempos de crisis con un proyecto político propio, hoy llegamos cuando no queda piedra sobre piedra, como parteras de lo que otros destruyeron. Y gobernar desde los escombros no es gobernar: es resistir con oxígeno prestado. Ganar por la negativa es condenar a cualquier proyecto político a la no sostenibilidad histórica.

Gramsci está de moda. Lo citan tanto los herederos de Laclau como los asesores de Vox, Javier Milei y Jair Bolsonaro. Pero mientras unos lo recitan como un relicario oxidado colgado del cuello de una retórica sin cuerpo, otros lo entienden como manual operativo. Lo convierten en estrategia: construcción hegemónica en tiempo real.

Nosotros, atrapados en la obsesión por las narrativas, hemos ido olvidando la materia, hemos ido olvidando a Marx. Nos hemos vuelto huérfanos del modo de producción, ciegos ante la arquitectura material que da forma a las subjetividades.

Porque sí, camaradas de Twitter y militantes del algoritmo: la subjetividad no flota en el aire, no nace en TikTok ni muere en X. La subjetividad se estructura en la relación social con la producción, con la distribución, con el reparto del tiempo, del suelo y del hambre.

¿Qué materialidad proponíamos cuando la tecnología privatizada construía individuos antisociales y antidemocráticos, moldeados por algoritmos adictivos y discursos de odio personalizados? ¿Dónde estábamos cuando las plataformas enseñaron que todo es competencia y que la culpa siempre es del otro pobre, del otro repartidor, de la otra uberista, del otro migrante, la otra feminista, en fin, del otro que no se sacrifica en la misa neoliberal del mérito?

Marx no está muerto. Está secuestrado. Lo enterramos bajo likes, lo expulsamos del análisis político y lo sustituimos por «emociones colectivas» y «comunicación eficaz» de estrategas de marketing carentes de compromiso con la historia.

Pero no se puede disputar hegemonía sin leer las grietas del modo de acumulación. No se puede disputar el alma sin entender el cuerpo. «Lo nuevo no nace», porque nuestra acción no lo fecunda. Definitivamente no somos los «monstruos», pero sí parecemos ser quienes les preparan el lecho en los claroscuros de la noche.

Hoy los cuerpos están precarizados; en otros casos, incluso descuartizados. La desindustrialización ha devuelto la lucha de clases al plano del delivery. La competencia entre pauperizados se ha vuelto espectáculo.

En tiempos de Netflix, del capitalismo de plataformas, la autoexplotación se disfraza de libertad. Y en esa libertad encubierta, la extrema derecha siembra su evangelio: que el Estado es un parásito, que las feministas destruyen la familia, que el migrante roba el trabajo, que el pobre es pobre porque quiere…

Su síntesis es tan perversa como brillante. Mientras nosotros intelectualizamos nuestras derrotas y disputamos pronombres o adjetivos, la derecha construye narrativas ancladas en la rabia, el miedo, el sentido del deber y de la pérdida; relatos acordes a los cambios materiales propios de nuestra época. La derecha narra la nostalgia como promesa. Y, como bien supo Gramsci, eso también es política.

La industria del narcotráfico enseña con sangre: la violencia como forma de resolver conflictos. Esta también es parte de la crisis de acumulación. La religión conservadora enseña con dogma, con dogma como sustituto de la razón pública. Se estigmatiza el conocimiento científico, se asedia a las universidades y las humanidades desparecen poco a poco. La pandemia enseñó que el Estado puede morir por abandono y que el antipolítico puede convertirse en profeta.

En ese caldo venenoso, la extrema derecha construyó subjetividades con eficacia quirúrgica, articulando lo material con lo simbólico, lo estructural con lo emocional. Mientras tanto, nosotros, atrapados en nuestra estetización de la política, hemos olvidado que la ideología no es solo un relato sino una práctica histórica anclada en las condiciones concretas de vida.

El avance de la derecha extrema no es un accidente. Es el resultado de haber leído correctamente las transformaciones del capitalismo: la falsa «desfosilización» como nueva acumulación, la digitalidad como nueva frontera de control, la ecología como excusa para nuevos extractivismos. Su utopía ya no solo es el orden y la tradición, sino la libertad privatizada, la tecnología como redención y la propiedad como horizonte moral.

Pero frente a todo esto tenemos un antídoto. Debemos volver a Marx. Volver a pensar la subjetividad como resultado de la estructura, no como simple emoción flotante. Volver a leer el capital no solo como crítica al mercado, sino como diagnóstico de las formas de vida que produce. Porque solo desde ahí puede construirse una nueva pedagogía política, que articule cambios materiales con horizontes ideológicos, que dispute el sentido común desde el suelo y no desde la pantalla. Volver a pensar lo analógico en tanto cuerpo a cuerpo y en tanto tiempo no usurpado.

La lucha cultural sin crítica de la economía política no es más que performance progresista. Si no se transforma la base, la superestructura se burla. Gramsci, sin Marx, es un meme. Y la izquierda, sin Marx, es una marca sin producto.

Observatorio de la crisis / Unidad y Lucha

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domingo, 1 de junio de 2025

El Matadero de Kursk | La Trampa Soviética que Enterró al Tercer Reich

ISKANDER BORRA A CIENTOS DE TROPAS EN CAMPO DE ENTRENAMIENTO.UCRANIA ATA...

En la calle el Topo de Junio

 

Reproducimos aquí en abierto este artículo publicado en el número de Junio de El Viejo Topo, centrado en la figura de Henry Tanguy, cabeza de la resistencia francesa frente a los nazis en París.


En la calle el Topo de Junio


Higinio Polo

El Viejo Topo

1 junio, 2025 



Además de este artículo en abierto. En el número 449  —El Viejo Topo, junio 2025—: historia, política y cultura; del legado de Constantino al Egipto de Sisi, entrevistas a Franquesa y Casinos, la segunda entrega sobre Walter Rodney, cine con Kids y más reseñas de libros. 


ROL-TANGUY. UNOS DÍAS DE AGOSTO DE 1944



Bajo el pabellón oeste que construyó Claude-Nicolas Ledoux en 1787 sobre las canteras de piedra caliza de Tombe-Issoire, en la Plaine de Montrouge, que albergaban desde el año anterior a las catacumbas, el gran osario de París, se encuentran unas angostas escaleras que se adentran en las profundidades de la tierra hasta llegar a un laberinto de dependencias oscuras donde Henry Rol-Tanguy instaló el puesto de mando de la resistencia francesa en 1944: son apenas seis estancias con la central telefónica, las bicicletas para asegurar la electricidad, el bureau del Estado Mayor y unas angostas duchas y retretes. Desde allí, hoy Denfert-Rochereau, se dirigió la insurrección para liberar París de los nazis. El puesto de mando estuvo cerrado durante más de ochenta años, hasta que en 2019 se consiguió su apertura al público.

Henry Tanguy era un comunista francés, voluntario de las Brigadas Internacionales, que combatió al fascismo en España junto al ejército republicano, y que cuando miraba el Ebro en 1938 no podía imaginar que seis años después, con Francia bajo la ocupación nazi, dirigiría la liberación de París desde un búnker hermético a veinte metros de profundidad bajo esa plaza parisina de Denfert-Rochereau. Tanguy estuvo en España desde 1937, y cayó herido en el Ebro. Trabajó en la Renault de Boulogne-Billancourt, y conoció a quien sería su esposa, Cécile, en 1936; ambos eran comunistas, se encontraron en los locales de la CGT francesa, participaron en campañas de solidaridad con la España republicana y se incorporaron después a las Brigadas Internacionales. Tuvieron una larga vida: Rol-Tanguy murió en 2002, con 94 años; Cécile, en 2020, cuando ya había cumplido 101 años, pero su existencia no siempre fue tranquila: el padre de Cécile, un obrero comunista, fue detenido en abril de 1940 bajo el gobierno de Paul Reynaud, antes de la ocupación nazi de Francia, deportado a Auschwitz y asesinado en el campo de exterminio en 1942.  Y la derrota y la ocupación de Francia trajeron días duros para ambos, viendo morir a su hija: Cécile recordaría después: «No me quedaba nada. Mi padre había sido detenido, no sabía donde estaba mi marido, y mi niña había muerto.» La pequeña Françoise  tenía solo siete meses, y murió dos días antes de la entrada de los nazis en París. Cécile, alias Lucie, lleva en el cochecito de sus hijos (Hélène y Jean, nacidos durante la guerra en 1941 y 1943) documentos de la resistencia, mensajes, pistolas y granadas, cócteles molotov, mientras Rol-Tanguy vive oculto en diferentes domicilios, hilando la resistencia: adoptó entonces el nombre Rol en memoria de su camarada Théo, que había sido asesinado por las tropas franquistas en España. Henry Tanguy, convertido en el coronel Rol-Tanguy de la resistencia contra los nazis, nunca escribió sus memorias, pero aceptó verter sus recuerdos al historiador Roger Bourderon.

La primavera de 1940 fue atroz: el 3 de junio, los alemanes bombardean París y matan a 254 personas. No serían las únicas víctimas, porque entre 1942 y 1944 estadounidenses y británicos bombardearon también la ciudad: el 3 de marzo de 1942 atacan la Renault y matan a casi 500 parisinos, y el 4 de abril de 1942 los estadounidenses causan 300 muertos. Los bombardeos más violentos fueron en abril de 1944, cuando las bombas angloestadounidenses mataron a 1.500 civiles. Nadie lo hubiera imaginado antes, pero cuando las tropas alemanas se acercan a París el gobierno francés sigue reprimiendo: el 6 de junio de 1940, los periódicos revelan que más de cien militantes comunistas han sido detenidos, y celebran la mano dura contra la «subversión». Cuatro días después, un tribunal militar de París juzga a treinta y tres miembros del Partido Comunista Francés (PCF).

El presidente del gobierno, Paul Reynaud; su predecesor, Daladier; su ministro del Interior, Mandel, y el ex primer ministro Édouard Herriot, repetían en esos días que si el gobierno abandonaba la capital ante la llegada de las tropas nazis, los comunistas empezarían a saquear, asesinar e incendiar la ciudad. Pese a esos temores, el gobierno abandona París el 11 de junio. Antes, ocho millones de personas se han lanzado a las carreteras para escapar del ejército alemán, en uno de los mayores éxodos de la historia de Europa. Desde el norte, los franceses que huyen quieren alcanzar el sur, un refugio, una casa amiga. Los tenderos cierran las puertas, las oficinas se vacían, las fábricas se detienen. Millones de personas cargan con unas pocas pertenencias para escapar de la guerra, de la ocupación alemana, en trenes abarrotados, en automóviles, coches de caballos, bicicletas, en carros tirados por bestias, carretillas de mano, atraviesan las pequeñas ciudades de provincias donde no pueden asistir a una masa que bloquea las calles y los caminos. Por el camino, sufren los bombardeos alemanes: más de cien mil franceses mueren en las carreteras y las cunetas, y decenas de miles de niños se extravían; son huérfanos, se han perdido o han sido abandonados, y vagan por la campiña. París y su periferia tenían, según el censo de 1936, casi 5.000.000 de habitantes; cuando la Gestapo hace otro recuento a finales de junio de 1940 para controlar el racionamiento, la ciudad y su extrarradio solo tiene 1.737.000 residentes. En las dos primeras semanas de junio, París se vacía, el caos y el pánico se apoderan de todos los rincones, y Francia colapsa. El caos, la desorganización y la estampida desesperada han sido tan impresionantes y demoledores que cuando las tropas nazis entran en La Charité-sur-Loire, una pequeña localidad a doscientos kilómetros al sur de París, encuentran vagones precintados que tienen en su interior los archivos del servicio secreto militar francés, el Deuxiéme Bureau del Estado Mayor. Tres días después de la salida del gobierno francés, la Wehrmacht entra en París y el mando del general Bogislav von Studnitz se instala en el hotel Crillon. En la sede del Ministerio del Interior, junto al Elíseo, los alemanes descubren los archivos de la policía de seguridad, con los expedientes del espionaje y contraespionaje. El 16 de junio, dimite Paul Reynaud, que contaba en su gobierno con De Gaulle. Ocho días después de la ocupación de París, Pétain firma el armisticio con Alemania; asegura que ha salvado el honor del país, pero nace la Francia de Vichy, la del colaboracionismo y la vergüenza. También, la resistencia.

La policía de Vichy sigue los pasos de Rol-Tanguy, que vive en la clandestinidad cambiando con frecuencia de domicilio. Carl Oberg es el jefe de la Gestapo en Francia, y colabora con René Bousquet, el responsable de la policía del gobierno de Vichy; su objetivo: desarticular la resistencia comunista. El Partido Comunista Francés, que había sido prohibido por el gobierno de Édouard Daladier (uno de los firmantes de los Acuerdos de Múnich) casi un año antes de la llegada de los nazis a Francia, y sus periódicos clausurados, organiza durante la guerra grupos armados de resistencia bajo el nombre de Francotiradores y Partisanos (FTP), dirigidos por Jacques Duclos, Charles Tillon y Benoît Frachon. Rol-Tanguy es desde 1942 el responsable de la región de París. Además de lanzar ataques y sabotajes en las ciudades, los FTP organizan también el maquis en zonas rurales y montañosas hostigando a las tropas alemanas. Para ser más eficaz y facilitar sus movimientos, Tillon opta por grupos armados con no más de veinte o veinticinco partisanos. Los maquis gaullistas optan por esperar al desembarco de tropas aliadas en Francia. Los alemanes recurren a la tortura, el asesinato y la deportación, al tiempo que siembran confusión entre los franceses: Goebbels crea una Radio Humanité, utilizando el nombre del diario del Partido Comunista y un lenguaje anticapitalista. En 1944, el PCF recibe un duro golpe: varios centenares de partisanos comunistas son detenidos por la policía de Klaus Barbie, varios son torturados hasta la muerte y otros deportados a los campos de exterminio nazis.

En mayo de 1943 se celebra la primera reunión del Consejo Nacional de la Resistencia (CNR), con Jean Moulin, delegado de De Gaulle. La unificación de las redes de la resistencia era imprescindible, pero llega la detención y asesinato de Moulin por las SS. Le sustituirá Georges Bidault y, tras la liberación de París, Louis Saillant. Los gaullistas de Île-de-France colaboran con los comunistas. El gobierno provisional del exilio estaba representado por Alexandre Parodi, que fue nombrado en marzo de 1944. Su adjunto era el general Chaban-Delmas, subordinado al general Koening, comandante de las Fuerzas Francesas del Interior (FFI).

El programa de la resistencia aprobado en marzo de 1944 indicaba las decisiones que adoptaría el nuevo gobierno francés tras la derrota de los nazis: un plan de seguridad social para garantizar medios de vida a todos los ciudadanos, los derechos democráticos y un programa de nacionalizaciones que pretendía «el retorno a la nación de los principales medios monopolistas de producción, fruto del trabajo común, las fuentes de energía, la riqueza del subsuelo, las compañías de seguros y los bancos principales». El programa llevaba la impronta del Partido Comunista y el objetivo de asegurar la unidad de la resistencia.

El lunes 5 de junio de 1944, el coronel Rol-Tanguy es nombrado por la resistencia comandante de las FFI en la región de París. En julio se producen manifestaciones contra los ocupantes, y el 10 de agosto se inicia la huelga de los ferroviarios. El 13 de agosto de 1944, aparecen en la calle de Belleville los cadáveres de dos soldados alemanes, y el mismo día un sabotaje daña el depósito de las máquinas de la estación de Bercy. En la pared, dejan una leyenda: «Tous au repos, la Résistance«. El 15 de agosto, Chaban-Delmas llega desde Londres con una misión: el jefe de las FFI, general Pierre Koenig, ordena a Rol-Tanguy que detenga la insurrección. La orden se justifica alegando que los aliados iban a llegar a la ciudad en los primeros días de septiembre, pero los comunistas se lanzan a liberar París. Ese mismo día, los parisinos se sublevan, y en la mañana del 16 de agosto una treintena de miembros de la resistencia con ametralladoras y granadas subidos en tres camiones intentan entrar en el passage Doisy, cerca del Arco del Triunfo, para atacar  a militares alemanes de la organización Todt. La acción es un desastre: advertidos, los hombres de las SS bloquean al comando de la resistencia y tras un violento y prolongado tiroteo matan a cuatro resistentes y capturan a otros veintisiete, y después a veinte más en la Porte Maillot. El 17, la emisora colaboracionista Radio París deja de emitir, y las tropas de ocupación circulan a toda velocidad en los grandes bulevares, mientras centenares de personas se agolpan ante la Porte Saint-Denis, con los alemanes cacheando al azar y disparando a quienes están concentrados en el bulevar Bonne-Nouvelle. El nerviosismo de los soldados alemanes es patente: tiran granadas en el interior del Café Le Trou de la Lune, en la esquina de Saint-Denis y en el bulevar Bonne-Nouvelle. Por la noche, continuan disparando ante cualquier sospecha. Eisenhower, que manda las tropas estadounidenses, no piensa liberar París, aunque De Gaulle, a la vista de la iniciativa de Rol-Tanguy y la resistencia comunista, le insiste para que envíe tropas a la capital. El general estadounidense acepta: como De Gaulle, no quiere tampoco que la liberación de París sea protagonizada exclusivamente por los partisanos comunistas.

Al día siguiente, 18 de agosto, tampoco aparecen los periódicos y estalla la huelga general. Charles Tillon, un metalúrgico que había sido diputado y que forma parte del trío que dirige el Partido Comunista durante la ocupación y es responsable de los francotiradores y partisanos comunistas, pone a todas sus fuerzas de París y de Île-de-France a las órdenes de Rol-Tanguy, mientras las tropas alemanas se atrincheran junto a los hoteles Meurice, Crillon y Majestic, y ante la Ópera, en los Inválidos y en los alrededores del Palais de Luxembourg.

Desde su puesto de mando en Denfert-Rochereau, Rol-Tanguy llama a la movilización general, y los partisanos se juegan la vida pegando la convocatoria en las calles de París. Cécile ha escrito el llamamiento a la insurrección: «Aux patriotes aptes à porter des armes. […] La France vous appelle! Aux armes, citoyens!» ¡A las armas, ciudadanos! Cécile, otras cuatro mujeres y la que está a cargo de la central telefónica, aseguran las comunicaciones y los operativos: son la columna vertebral del puesto de mando y, en el mayor secreto, reciben mensajes, llamadas, partisanos. Junto a Rol-Tanguy está el Estado mayor de la resistencia: Pierre Avia, Robert Villate, Eugène Van der Meersch, Antoine Kargall, Pierre Robert, Victor Scarpazza, Francis Pornot. Tienen que evitar la confusión sobre el terreno, los rumores y las informaciones falsas y las provocaciones, y asegurar los ataques a los alemanes.

El sábado 19 se producen más combates y los partisanos levantan barricadas, entre tiroteos en las calles. Veinte mil soldados nazis están acantonados en París, y guardan numerosos blindados y vehículos militares en el Grand Palais. La resistencia consigue ocupar la Prefectura de policía, al lado de Notre-Dame, y algunos edificios oficiales, ministerios, periódicos. Los alemanes atacan la Prefectura, aunque se pacta una pequeña tregua en el consulado sueco. El cónsul, Raoul Nordling, media en una nueva tregua el día 20, que se abandona enseguida. Ese día, el coronel Rol-Tanguy organiza el levantamiento desde el puesto de mando de la resistencia; envía instrucciones, coordina, dirige los ataques. Miembros de la resistencia pedalean en las bicicletas del búnker subterráneo para cargar las dinamos que aseguran la luz, y cuentan con una centralita telefónica conectada con la defensa pasiva. En las oficinas de la Inspection générale des carrières disponen de mapas de todos los refugios de París y los alemanes, que conocen la existencia del refugio, telefonean diariamente para interesarse por la situación: en el búnker, con gran sangre fría, contestan cada jornada afirmando que no hay nada extraño: la Gestapo ni siquiera sospecha que allí está el puesto de mando de la resistencia, donde la actividad y la tensión son máximas: llegan mensajes, se reciben llamadas, y milicianos recorren las calles en bicicletas para asegurar el envío de refuerzos; mientras otros recogen información sobre los movimientos alemanes para asegurar los ataques.

En el búnker, el sigilo y la seguridad son extraordinarios, sobrecogedores. Todos saben que se juegan la vida, pero eso no les detiene: ese día 20, un grupo de la resistencia dirigido por Léo Hamon (nacido Lew Goldenberg, hijo de judíos rusos) toma el ayuntamiento de París, y el puesto de mando de Rol-Tanguy envía varios centenares de partisanos para defenderlo, y se parapetan en el Hôtel de Ville, mientras otros miembros de la resistencia se apostan en las bocacalles de Rivoli, Temple, Renard, para detener a las tropas nazis. La resistencia mantiene la isla de la Cité en sus manos, y vigilan desde los tejados el movimiento de los alemanes. Ese mismo día, el mariscal Pétain abandona Vichy bajo protección alemana y se dirige hacia el Este del país. El 21, la resistencia ocupa las sedes de todos los ministerios en París.

Charles Luizet, nombrado prefecto de policía por el gobierno provisional, llega desde Córcega a la Provenza y sube a París donde asume sus funciones, mientras Alexandre Parodi pone la resistencia a las órdenes del coronel Rol-Tanguy. Pese a la tregua pactada en el consulado sueco, siguen los combates en las calles y el barrio Latino está cubierto de parapetos. El martes 22 de junio, la ciudad esta paralizada por las barricadas que ha ordenado levantar Rol-Tanguy, los alemanes son hostigados desde tejados y pisos altos y sufren emboscadas. Al día siguiente, 23, Hitler ordena a von Choltitz la destrucción de París, la voladura de todos los puentes sobre el Sena. La confusión, el caos y los rumores se extienden por la ciudad, con incendios en el Grand Palais y la amenaza del alto mando alemán de dirigir la artillería contra los edificios oficiales ocupados por la resistencia. Dos grandes banderas con la esvástica sobresalen de los porches del hotel Meurice en la calle Rivoli. Nidos de ametralladoras alemanas disparan ante cualquier sospecha, y decenas de miembros de la resistencia son abatidos. Casi seiscientas barricadas bloquean las calles y los suburbios. Los barrios obreros bullen de agitación. La resistencia va liberando calles, edificios, mientras la ciudad vive horas tensas, en medio de los disparos, de los murmullos en los portales, de carreras para escapar de las balas, del miedo, de la ansiedad de los colaboracionistas. Ni siquiera los vélo-taxi (una bicicleta que tiraba de un pequeño carro) circulan.

Cuando Hitler, en el cuartel general de la Rastemburg prusiana (hoy, la polaca Kętrzyn), la Guarida del lobo, pregunta a sus generales: ¿Arde París?, es ya demasiado tarde. El jueves 24 es un día grande: fuerzas aliadas llegan a la Croix-de-Berny, en Antony, a doce kilómetros de París, y al Pont de Sèvres, a diez kilómetros, mientras el capitán Raymond Dronne, que manda La Nueve (la 9.ª Compañía de la 2.ª División Blindada o División Leclerc), compuesta por republicanos españoles, lanza tres secciones hacia el centro: una la dirige él; otra, Amado Granell, y la tercera, Rafael Lafuente, y avanzan por la avenida de Orléans. A las nueve y veinte de la noche consiguen llegar hasta el ayuntamiento de París con tres blindados y once semiorugas: al frente está Granell. Han llegado en el blindado Guadalajara; tras él, otros republicanos españoles en los semiorugas Guernica, Madrid, Ebro, Brunete, Jarama, Teruel, Belchite. En ese instante conmovedor y ansioso, repican todas las campanas de París junto a la gran Emmanuel de la catedral de Notre-Dame, y algunos de aquellos hombres endurecidos por la guerra, curtidos en la resistencia, no pueden reprimir las lágrimas. El París de la revolución francesa y de la Comuna respira de nuevo.

En las horas siguientes, los republicanos españoles y la resistencia toman la plaza de la Concorde, liberan la Asamblea Nacional y el imponente Hotel Majestic de la avenida Kléber, sede la comandancia militar alemana. Muchos resistentes mueren, centenares de cadáveres se encuentran por las calles, y todavía en la mañana del día 25 siguen los combates: en las primeras horas de la tarde, el general Dietrich von Choltitz capitula. Virgilio Botella, un combatiente de La Nueve, cuenta en su libro La gran ilusión, que fueron tres comunistas españoles de su Compañía quienes detuvieron a Von Choltitz en el hotel Meurice. París era ya de la resistencia. Hoy, centenares de placas recuerdan a quienes murieron aquellos días.

«El día más grande tras la toma de la Bastilla», publica Life. Tras la guerra, Von Choltitz, que se benefició de haber, supuestamente, desobedecido a Hitler, salvando así a París, escribió sus memorias subrayando esa leyenda. En realidad, no disponía de los recursos para destruir la capital francesa, y el general trataba de salvar su vida evitando la acusación de haber cometido crímenes de guerra. Dos años antes, Von Choltitz no había tenido escrúpulos en ganarse el título de «carnicero de Sebastopol».

Junto con Leclerc, Rol-Tanguy recibe en la estación de Montparnasse la rendición del general Dietrich von Choltitz. Los hombres de La Nueve participaron después en la toma de la Kehlsteinhaus, el Nido del Águila del Führer en Berchtesgaden. De los ciento cincuenta republicanos españoles de La Nueve, solo dieciséis sobrevivieron a la guerra. Rol-Tanguy no se quedó en París: en agosto de 1944, la Alemania nazi aún no había sido vencida, y se incorporó a la campaña militar hasta la derrota final de Hitler.

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Imágenes de la manifestación en Sevilla contra el rearme y la guerra +++ [España]

 

Imágenes de la manifestación en Sevilla contra el rearme y la guerra

 

INSURGENTE.ORG / 01.06.2025 



Manifiesto de la Plataforma Andaluza por la Paz, contra el Rearme y la Guerra

Ante la creciente escalada de tensiones internacionales y el alarmante aumento del gasto militar, las andaluzas y los andaluces alzamos nuestra voz con firmeza y convicción.

Declaramos nuestro NO ROTUNDO A LA GUERRA como método de resolución de conflictos. La violencia engendra más violencia, el sufrimiento se multiplica y la destrucción arrasa vidas y esperanzas.

Bajo los escombros, las guerras no sólo sepultan personas, también desaparecen los derechos y las libertades democráticas. Creemos firmemente que el camino hacia la paz duradera reside en la RESOLUCIÓN DIPLOMÁTICA DE CONFLICTOS, a través del DIÁLOGO SINCERO Y EL RESPETO INQUEBRANTABLE DE LOS ACUERDOS INTERNACIONALES.

Denunciamos enérgicamente el INCREMENTO DEL GASTO MILITAR EN EUROPA Y EN EL ESTADO ESPAÑOL. Denunciamos la decisión del gobierno español de aumentar, este año, el presupuesto de defensa en 10.471 millones de euros, lo que sitúa, según estudios críticos, el gasto del Estado español en defensa en el 2,5 % del PIB. Este incremento en el Estado español, y en el conjunto de la Unión Europea, 800.000 millones de euros, lejos de consolidar un papel independiente de Europa, consolida la obediencia a EEUU que sigue manteniendo sus 275 bases e instalaciones militares en Europa y 70.000 militares.

Afirmamos con claridad nuestra convicción de que la pertenencia a estructuras militares como la OTAN nos aleja de la paz y nos involucra en dinámicas de confrontación que no responden a los intereses del pueblo andaluz ni a la construcción de un mundo más justo y seguro. Por ello, exigimos la SALIDA DEL ESTADO ESPAÑOL DE LA OTAN.

Denunciamos los pactos de Madrid firmados en 1953 por la dictadura franquista con EEUU y exigimos la retirada de la presencia militar de EEUU, así como el DESMANTELAMIENTO INMEDIATO DE LAS BASES DE ROTA Y MORÓN. Estas instalaciones representan una amenaza para la paz y la estabilidad regional, y comprometen nuestra soberanía.

Exigimos el fin de todos los conflictos armados, del desplazamiento y el sufrimiento que ocasionan a la población civil y, en particular, alzamos nuestra voz contra toda forma de GENOCIDIO, especialmente el QUE SUFRE EL PUEBLO PALESTINO A MANOS DEL ESTADO DE ISRAEL. Demandamos el fin de la complicidad del gobierno español, que continúa con los contratos de compra y venta de armas con Israel. Exigimos la ruptura de relaciones con el estado genocida de Israel y el CUMPLIMIENTO INMEDIATO DE LAS RESOLUCIONES DE LA CORTE INTERNACIONAL DE JUSTICIA DE LA HAYA y el respeto del derecho internacional. ¡Palestina libre!

Proclamamos que los GASTOS MILITARES DEBEN REORIENTARSE HACIA FINES SOCIALES, hacia la construcción de CASAS, ESCUELAS Y HOSPITALES dignos, hacia la inversión en investigación, en energías renovables y en la protección de nuestro planeta. La vida y el bienestar de las personas son nuestra prioridad. En un mundo donde la pobreza, la desigualdad, la emergencia climática y la falta de acceso a servicios básicos como la vivienda, la educación y la sanidad son desafíos urgentes, destinar ingentes recursos a la carrera armamentística es una obscenidad moral y una irresponsabilidad política.

Andaluzas y andaluces, ¡unámonos en esta lucha por la paz! Salgamos a la calle para trabajar juntas por un futuro sin guerras, basado en la justicia, la solidaridad y el respeto entre los pueblos.

¡Por una Andalucía de paz, contra el rearme y la guerra!

COLECTIVOS:

ASOCIACIÓN CULTURA Y ANÁLISIS PARA LA TRANSFORMACIÓN SOCIAL, ADELANTE ANDALUCÍA, ALIANZA VERDE, ALTERNATIVA REPUBLICANA, ANDALUCÍA POR SÍ, ASOCIACIÓN PRO DERECHOS HUMANOS DE ANDALUCÍA, ATENEO REPUBLICANO, BARRIOS HARTOS, CANDIDATURA UNITARIA DE TRABAJADORES/AS, CONFEDERACIÓN GENERAL DEL TRABAJO, COORDINADORA ANDALUCÍA REPUBLICANA, COORDINADORA DE TRABAJADORES DE ANDALUCÍA, ECOLOGISTAS EN ACCIÓN, FORO POR OTRA ESCUELA, GRANADA POR LA PAZ POR EL DESARME Y CONTRA EL GENOCIDIO, INICIATIVA DEL PUEBLO ANDALUZ, IZQUIERDA ANDALUCISTA, IZQUIERDA UNIDA ANDALUCÍA, MAREA BLANCA, MESA EN DEFENSA DE LA SANIDAD PÚBLICA DE GRANADA, PARTIDO ANIMALISTA CON EL MEDIO AMBIENTE, PARTIDO COMUNISTA DE ANDALUCÍA, PARTIDO COMUNISTA DEL PUEBLO ANDALUZ, PARTIDO HISTÓRICO DE LOS TRABAJADORES DE ANDALUCÍA, PLATAFORMA FRENTE AMPLIO SEVILLA, PLATAFORMA POR LA DEFENSA DE LA SANIDAD, PLATAFORMA SOLIDARIDAD CON PALESTINA DE SEVILLA, PODEMOS ANDALUCÍA, RED ACTIVISTAS SEVILLA, REPÚBLICA ANDALUZA, SINDICATO ANDALUZ DE TRABAJADORES/AS, UNIDAD CÍVICA ANDALUZA POR LA REPÚBLICA, UNIÓN DE SINDICATOS DE TRABAJADORAS Y TRABAJADORES EN ANDALUCÍA INTERSINDICAL ANDALUZA, VERDES EQUO

Manifiesto de la Plataforma Andaluza por la Paz, contra el Rearme y la Guerra

Ante la creciente escalada de tensiones internacionales y el alarmante aumento del gasto militar, las andaluzas y los andaluces alzamos nuestra voz con firmeza y convicción.

Declaramos nuestro NO ROTUNDO A LA GUERRA como método de resolución de conflictos. La violencia engendra más violencia, el sufrimiento se multiplica y la destrucción arrasa vidas y esperanzas.

 

Bajo los escombros, las guerras no sólo sepultan personas, también desaparecen los derechos y las libertades democráticas. Creemos firmemente que el camino hacia la paz duradera reside en la RESOLUCIÓN DIPLOMÁTICA DE CONFLICTOS, a través del DIÁLOGO SINCERO Y EL RESPETO INQUEBRANTABLE DE LOS ACUERDOS INTERNACIONALES.

 

Denunciamos enérgicamente el INCREMENTO DEL GASTO MILITAR EN EUROPA Y EN EL ESTADO ESPAÑOL. Denunciamos la decisión del gobierno español de aumentar, este año, el presupuesto de defensa en 10.471 millones de euros, lo que sitúa, según estudios críticos, el gasto del Estado español en defensa en el 2,5 % del PIB. Este incremento en el Estado español, y en el conjunto de la Unión Europea, 800.000 millones de euros, lejos de consolidar un papel independiente de Europa, consolida la obediencia a EEUU que sigue manteniendo sus 275 bases e instalaciones militares en Europa y 70.000 militares.

 

Afirmamos con claridad nuestra convicción de que la pertenencia a estructuras militares como la OTAN nos aleja de la paz y nos involucra en dinámicas de confrontación que no responden a los intereses del pueblo andaluz ni a la construcción de un mundo más justo y seguro. Por ello, exigimos la SALIDA DEL ESTADO ESPAÑOL DE LA OTAN.

 

Denunciamos los pactos de Madrid firmados en 1953 por la dictadura franquista con EEUU y exigimos la retirada de la presencia militar de EEUU, así como el DESMANTELAMIENTO INMEDIATO DE LAS BASES DE ROTA Y MORÓN. Estas instalaciones representan una amenaza para la paz y la estabilidad regional, y comprometen nuestra soberanía.

 

Exigimos el fin de todos los conflictos armados, del desplazamiento y el sufrimiento que ocasionan a la población civil y, en particular, alzamos nuestra voz contra toda forma de GENOCIDIO, especialmente el QUE SUFRE EL PUEBLO PALESTINO A MANOS DEL ESTADO DE ISRAEL. Demandamos el fin de la complicidad del gobierno español, que continúa con los contratos de compra y venta de armas con Israel. Exigimos la ruptura de relaciones con el estado genocida de Israel y el CUMPLIMIENTO INMEDIATO DE LAS RESOLUCIONES DE LA CORTE INTERNACIONAL DE JUSTICIA DE LA HAYA y el respeto del derecho internacional. ¡Palestina libre!

 

Proclamamos que los GASTOS MILITARES DEBEN REORIENTARSE HACIA FINES SOCIALES, hacia la construcción de CASAS, ESCUELAS Y HOSPITALES dignos, hacia la inversión en investigación, en energías renovables y en la protección de nuestro planeta. La vida y el bienestar de las personas son nuestra prioridad. En un mundo donde la pobreza, la desigualdad, la emergencia climática y la falta de acceso a servicios básicos como la vivienda, la educación y la sanidad son desafíos urgentes, destinar ingentes recursos a la carrera armamentística es una obscenidad moral y una irresponsabilidad política.

Andaluzas y andaluces, ¡unámonos en esta lucha por la paz! Salgamos a la calle para trabajar juntas por un futuro sin guerras, basado en la justicia, la solidaridad y el respeto entre los pueblos.

¡Por una Andalucía de paz, contra el rearme y la guerra!

COLECTIVOS:

 

ASOCIACIÓN CULTURA Y ANÁLISIS PARA LA TRANSFORMACIÓN SOCIAL, ADELANTE ANDALUCÍA, ALIANZA VERDE, ALTERNATIVA REPUBLICANA, ANDALUCÍA POR SÍ, ASOCIACIÓN PRO DERECHOS HUMANOS DE ANDALUCÍA, ATENEO REPUBLICANO, BARRIOS HARTOS, CANDIDATURA UNITARIA DE TRABAJADORES/AS, CONFEDERACIÓN GENERAL DEL TRABAJO, COORDINADORA ANDALUCÍA REPUBLICANA, COORDINADORA DE TRABAJADORES DE ANDALUCÍA, ECOLOGISTAS EN ACCIÓN, FORO POR OTRA ESCUELA, GRANADA POR LA PAZ POR EL DESARME Y CONTRA EL GENOCIDIO, INICIATIVA DEL PUEBLO ANDALUZ, IZQUIERDA ANDALUCISTA, IZQUIERDA UNIDA ANDALUCÍA, MAREA BLANCA, MESA EN DEFENSA DE LA SANIDAD PÚBLICA DE GRANADA, PARTIDO ANIMALISTA CON EL MEDIO AMBIENTE, PARTIDO COMUNISTA DE ANDALUCÍA, PARTIDO COMUNISTA DEL PUEBLO ANDALUZ, PARTIDO HISTÓRICO DE LOS TRABAJADORES DE ANDALUCÍA, PLATAFORMA FRENTE AMPLIO SEVILLA, PLATAFORMA POR LA DEFENSA DE LA SANIDAD, PLATAFORMA SOLIDARIDAD CON PALESTINA DE SEVILLA, PODEMOS ANDALUCÍA, RED ACTIVISTAS SEVILLA, REPÚBLICA ANDALUZA, SINDICATO ANDALUZ DE TRABAJADORES/AS, UNIDAD CÍVICA ANDALUZA POR LA REPÚBLICA, UNIÓN DE SINDICATOS DE TRABAJADORAS Y TRABAJADORES EN ANDALUCÍA INTERSINDICAL ANDALUZA, VERDES EQUO