martes, 29 de abril de 2025
El gran apagón eléctrico en España. Posibles causas. - [Efectivamente, este es un problema complejo de difícil comprensión. Difícil comprensión que se torna en imposible comprensión, mientras y previamente no se haya comprendido previa y plenamente el funcionamiento objetivo de las leyes internas que rigen el funcionamiento (y que material y moralmente arruina y degrada paulatina y progresivamente a toda la sociedad, sin remisión posible a partir de 2008) del modo de producción capitalista, ha querido decirse: mo-do-de-pro-duc-ci-ón ca-pi-ta-lis-ta, aclaración esta que se dirige especialmente a la morralla de farsantes de la economía y enemigos de la sociedad entera, incluidas sus familias, es decir, a los economistas laureados, televisados, bien alimentados, mejor vestidos y con el riñón cubierto, a los que no les deseo nada bueno. Los trabajadores vamos por muy mal camino para comprender qué es el capitalismo. Este artículo trascrito señala como una de las posibles causas del apagón la existencia de algún fenómeno paranormal. Y, efectivamente, yo creo que la principal causa del apagón ha tenido que ser el chupinazo de la hostia de gordo del chupinazo de un fenómeno paranormal producido por el enredo de las de un angelito travieso con las alas de una angelical angelita que circulaba con los faros apagados en dirección contraria a las normas del tráfico sideral, porque mayor fenómeno paranormal que este, eléctricamente hablando, entiéndaseme bien, no lo hay, ni lo puede haber hasta que a mí no me entre la turuntela y me invente otro.]
El
gran apagón eléctrico en España. Posibles causas
Por Futuro,
ciencia ficción y Matrix
KAOSENLARED
29 de abril de 2025
Todavía no se ha restaurado
la red eléctrica al completo y ya se están buscando explicaciones a lo que pudo
suceder ayer y preguntas sin respuesta sobre si puede volver a repetirse.
Para intentar explicar qué
sucedió ayer, necesitamos una cronología.
https://elperiodicodelaenergia.com/colapso-electrico-en-espana-asi-sucedio-el-historico-apagon/
Caída
súbita de la generación
Aproximadamente a las 14.30
horas llega el primer comunicado a través de Red Eléctrica y su director
de Servicios para la Operación, Eduardo Prieto. A través de varias
videollamadas el directivo ha explicado lo que ha sucedido pero sin entrar en
detalles ya que se desconocían las causas del apagón.
No ha sido hasta pasadas
más de 10 horas del colapso eléctrico cuando el Gobierno ha anunciado que se ha
producido una especie de fenómeno paranormal en el sistema eléctrico.
A las 12.33 horas de este
lunes -momento en el que se desató el apagón masivo que afectó a toda la
península Ibérica- y durante cinco segundos «desaparecieron súbitamente» 15
gigavatios de la red eléctrica, el equivalente al 60 % de la energía que se
estaba consumiendo en ese momento.
¿Cómo se produjo esa caída
repentina de tanta generación? No se sabe. Según el presidente Pedro Sánchez,
Red Eléctrica lo está investigando e informará de ello cuando tenga toda la
información para explicar lo sucedido.
Las primeras informaciones que dio el operador del sistema, Red Eléctrica, fueron sobre una «fuerte oscilación» que se produjo en el sistema. En la siguiente imagen se puede ver la tensión en el sistema Continental Europeo como cae bruscamente sobre las 12.35. ¿Fue esta la causa? Habría que esperar a que acaben las investigaciones.
El
extraño mix en el momento del apagón y la caída de la generación
Desde aquí voy a ponerles la información del mix eléctrico en ese momento. Sobre las 12.30 horas el mix era de 78% de renovables, con un 60% de solar fotovoltaica, 12% de eólica y nuclear con 11%, ciclos combinados con menos de 1.000 megavatios (3,3%) y 1.350 MW de cogeneración.
Cinco minutos después.
Desaparecen los 15 GW, de los cuáles 10 GW son de fotovoltaica más los 3.300 MW
de nuclear más algo de ciclos.
Este mix con escasa
generación con elementos síncronos, fundamentales para mantener la tensión en
la red, es una de las posibles causas que se están barajando en la
investigación, según fuentes del mercado a las que ha tenido acceso este
diario.
Ya vamos avanzando.
Se produce una gran
oscilación por causas desconocidas (incendio línea de transmisión alta tensión,
fallo subestación, rayo, fallo informático, lo que sea …) en la red a las 12 h
35 m y el fuerte mix de renovables con escasa generación de elementos síncronos
es incapaz de mantener la tensión en la red.
Pero , ¿qué quiere decir
esto?.
Acudo a Grok para buscar la
explicación técnica.
La verdad es que se puede
entender el problema, pero explicarlo para que se comprenda, es complicado.
«en el gran apagon de
españa, puedes explicar esto. A la hora del apagon, la generacion eléctrica
procedía de un 78% de renovables, con solar 60% y eólica 12 % a la cabeza. Este
mix con escasa generación con elementos síncronos, fundamentales para mantener
la tensión en la red, es una de las posibles causas que se están barajando en
la investigación»
Grok responde …
El gran apagón en España
del 28 de abril de 2025, que afectó a toda la península, Portugal y parte de
Francia, ha generado múltiples hipótesis sobre sus causas. Una de las posibles
razones apunta a la composición del mix energético en el momento del incidente,
caracterizado por una alta dependencia de fuentes renovables (78% del total,
con un 60% de solar y un 12% de eólica) y una baja presencia de generación con
elementos síncronos, como centrales nucleares (11,5%), cogeneración (5%) y gas
(3%, menos de 1 GW). A continuación, explico por qué este mix puede haber
contribuido al apagón y el papel de los elementos síncronos en la estabilidad
de la red eléctrica.
Contexto del mix energético
En el momento del apagón
(12:35 h), la generación eléctrica en España estaba dominada por fuentes
renovables no síncronas, principalmente solar fotovoltaica y eólica. Estas
fuentes, aunque esenciales para la transición energética, tienen
características que las diferencian de las centrales tradicionales (nucleares,
de gas o hidráulicas):
- Intermitencia: Su
producción depende de condiciones meteorológicas (sol y viento), lo que
puede generar fluctuaciones rápidas.
- Falta de inercia: A
diferencia de las centrales síncronas, las renovables conectadas mediante
inversores no aportan inercia física al sistema eléctrico.
¿Qué son los elementos
síncronos y por qué son importantes?
Los elementos síncronos son
generadores (como los de centrales nucleares, de gas, carbón o hidráulicas) que
operan con grandes máquinas rotativas sincronizadas con la frecuencia de la red
(50 Hz en Europa). Estas máquinas tienen las siguientes funciones clave:
- Inercia del sistema:
Los generadores síncronos, al girar, almacenan energía cinética que actúa
como un «colchón» frente a desequilibrios súbitos entre oferta y demanda.
Esta inercia ayuda a estabilizar la frecuencia de la red cuando hay
perturbaciones, como una caída repentina de generación o un pico de
consumo.
- Regulación de tensión:
Los generadores síncronos pueden ajustar la tensión de la red de forma
dinámica, proporcionando o absorbiendo energía reactiva según las
necesidades. Esto es crucial para mantener la estabilidad del sistema.
- Respuesta rápida a
incidentes: Estas centrales pueden activar reservas de energía en
segundos, compensando desequilibrios antes de que escalen a un colapso.
En contraste, las fuentes
renovables como la solar fotovoltaica y la eólica, que usan inversores
electrónicos para conectarse a la red, no proporcionan inercia natural ni
regulación de tensión de la misma manera. Aunque los inversores modernos pueden
emular ciertas funciones (como el control de frecuencia o tensión), su
capacidad es limitada y depende de configuraciones específicas que no siempre
están implementadas a gran escala.
¿Cómo pudo influir el mix
energético en el apagón?
Según fuentes del mercado,
el alto porcentaje de renovables (78%) y la baja presencia de generación
síncrona (solo un 19,5% combinado de nuclear, gas y cogeneración) redujeron la
inercia y la capacidad de regulación de la red. Esto pudo haber contribuido al
colapso de la siguiente manera:
- Baja inercia del
sistema: Con solo un 3% de generación a gas y un 11,5% de nuclear, la red
tenía poca energía cinética almacenada para absorber perturbaciones. Una
oscilación fuerte en los flujos de potencia, como la reportada por Red
Eléctrica, pudo desestabilizar la frecuencia rápidamente.
- Pérdida súbita de
generación: A las 12:33, se perdió el 60% de la generación eléctrica (15
GW) en solo cinco segundos. Aunque las causas exactas están bajo
investigación, la alta dependencia de renovables pudo haber amplificado el
impacto de un evento inicial (como un fallo en una línea, subestación o un
ciberataque). Por ejemplo, una caída repentina de la producción solar o
eólica (por cambios meteorológicos o desconexiones en cascada) habría sido
difícil de compensar sin suficientes reservas síncronas.
- Desconexión del
sistema europeo: La oscilación provocó la desconexión de España del
sistema eléctrico europeo (a través de la interconexión con Francia), lo
que aisló la red peninsular y agravó el colapso. Una red con más inercia
podría haber resistido mejor esta separación.
- Falta de regulación de
tensión: La generación renovable, al no contribuir significativamente a la
regulación de tensión, pudo haber dificultado la capacidad de la red para
mantener la estabilidad en nodos críticos, especialmente bajo una
perturbación significativa.
Ejemplo práctico del
problema
Imagina la red eléctrica
como una bicicleta en movimiento: los generadores síncronos son como pedales
grandes y pesados que mantienen el impulso incluso si dejas de pedalear por un
momento. Las renovables, en cambio, son como pedales ligeros que dependen de
que sigas pedaleando constantemente. Si hay un obstáculo (una perturbación en
la red) y los pedales ligeros dominan, la bicicleta puede detenerse rápidamente
porque no tiene suficiente impulso para seguir avanzando. En el caso del
apagón, la red, con poca inercia, no pudo absorber el impacto de la pérdida de
15 GW, lo que llevó a un «cero energético» (colapso total).
Otras consideraciones
Aunque el mix energético
con alta penetración de renovables es una hipótesis plausible, no es la única
causa bajo investigación. Otros factores incluyen:
- Ciberataques: Aunque
la UE y Teresa Ribera descartaron inicialmente un ciberataque, el Centro
Criptológico Nacional y el INCIBE están explorando esta posibilidad, dado
que un ataque a sistemas SCADA podría haber desestabilizado la red.
- Fallo técnico o
humano: Un error en la gestión de la red o en los sistemas de control
automático pudo haber amplificado un incidente menor.
- Eventos
meteorológicos: Aunque no se reportaron condiciones extremas, una tormenta
solar o un temporal podrían haber dañado infraestructuras críticas.
Además, la dependencia de
interconexiones con Francia, Portugal y Marruecos implica que un fallo externo
pudo propagarse a España. Sin embargo, la baja inercia del sistema peninsular
habría dificultado la respuesta a cualquier perturbación, independientemente de
su origen.
Implicaciones y lecciones
Este incidente pone de
manifiesto los retos de integrar altas proporciones de renovables en la red
eléctrica sin comprometer su estabilidad. Algunas medidas que podrían mitigar
estos riesgos en el futuro incluyen:
- Aumentar la inercia
artificial: Implementar tecnologías como inversores con «grid-forming» que
emulen la inercia de los generadores síncronos.
- Mejorar el
almacenamiento: Baterías y sistemas de almacenamiento a gran escala pueden
compensar la intermitencia de las renovables y proporcionar reservas
rápidas.
- Mantener generación de
respaldo: Garantizar que centrales de gas, nucleares o hidráulicas estén
disponibles como apoyo, especialmente en momentos de alta demanda o baja
producción renovable.
- Reforzar la
ciberseguridad: Proteger los sistemas de control de la red contra posibles
ataques.
- Mejorar la gestión de
la red: Optimizar los protocolos de Red Eléctrica para anticipar y mitigar
oscilaciones en sistemas con alta penetración de renovables.
Conclusión
La alta dependencia de
renovables (78%, con 60% solar y 12% eólica) y la escasa presencia de
generación síncrona (19,5%) en el momento del apagón de 2025 pudieron haber
contribuido al colapso al reducir la inercia y la capacidad de regulación de la
red. Esto, combinado con una pérdida súbita del 60% de la generación (15 GW en
cinco segundos), desestabilizó el sistema, llevándolo a un «cero energético».
Aunque esta es una hipótesis plausible según fuentes del mercado, la
investigación oficial aún no ha determinado la causa exacta, y factores como
ciberataques o fallos técnicos también están siendo considerados. Este evento
subraya la necesidad de equilibrar la transición hacia renovables con medidas
que garanticen la estabilidad de la red eléctrica.
Fuentes:
https://www.elmundo.es/economia/2025/04/28/680f6b48e85ece962d8b4594.html
https://elpais.com/economia/2025-04-28/apagon-electrico-masivo-en-espana.html
Como ven es una explicación
muy técnica. Si esta es la respuesta a lo que sucedió (a falta de explicar que
causó la fuerte oscilación inicial), tenemos un problema debido a la
inestabilidad de un sistema eléctrico, cuando la generación de electricidad procede
de fuentes renovables en su mayor parte.
Otros medios han dado
explicaciones similares.
En este diario, incluso se
atreven con anticipar un fallo informático del sistema de red eléctrica.
Se desconocen exactamente
cuáles han sido las causas del apagón total del sistema eléctrico
peninsular que ha dejado a oscuras desde las 12.30 del lunes a más de 50 millones de
habitantes (entre España y Portugal), pero sí se sabe cómo ha
ocurrido. Ha sido como consecuencia de una fuerte oscilación de los
flujos de potencia de redes u oscilación energética acompañados de una pérdida
de generación muy importante.
Pero ¿qué es eso? Las redes
eléctricas funcionan bajo un equilibrio complicado y muy sensible entre
la oferta y demanda de electricidad y cualquier alteración puede alterar el
sistema. Por poner un dato, la frecuencia operativa normal de la red
eléctrica europea -en donde está incluida la española- es de 50,00 Hz (herzios),
con un margen extremadamente estrecho de ±0,1 Hz. Cualquier valor por encima de ±0,2 Hz puede provocar
una caída de la red y llevar a un apagón eléctrico.
«REE suele ser la encargada
de asegurar que llegue electricidad a todos los puntos de la geografía
española, y para ello, prácticamente todas sus operaciones están
automatizadas, así que su sistema informático debía haber previsto y
evitado lo que ha ocurrido este lunes», explican fuentes del sector energético
a EL ESPAÑOL-Invertia.
La frecuencia de la red
eléctrica especialmente en España, pero que afectó a Portugal, sur de Francia,
algunas zonas de Alemania e incluso Holanda se desplomó a 49,85 hercios,
apenas por encima del umbral de colapso, según explica en redes
Michael Shellenberger, Cátedra CBR de Política, Censura y Libertad de Expresión
de la Universidad de Austin.
«Si la frecuencia hubiera
caído tan solo 0,3 Hz más (por debajo de 49,5 Hz), Europa podría haber sufrido
un apagón en cascada en todo el sistema», señala el experto. Al llegar a ese
umbral, los relés de protección automáticos desconectan las principales
centrales eléctricas y el colapso se acelera.
Por tanto, teniendo en
cuenta la magnitud del desastre en España y la lentitud en solucionarlo -ya van
12 horas y se ha restablecido totalmente el sistema-, muchos expertos
consultados por este diario apuntan a un fallo informático del sistema que
utiliza Red Eléctrica de España (REE), el operador del
sistema, para su gestión.
Hasta que no se comunique
oficialmente la causa, no podremos saber que sucedió realmente. Por lo tanto,
tomen esta explicación como plausible, pero nada más …
No tengo ni idea como buscarán
una respuesta que se pueda entender, para explicar a la ciudadanía lo que
ha ocurrido y si puede volver a ocurrir.
Recordar que en 2024, ya
tuvimos cuatro amagos de posible apagón en España.
https://www.cope.es/programas/mediodia-cope/audios/espana-borde-gran-apagon-20241213_3062692.html
Un recordatorio …
Antonio Turiel (entre
otros) ya lo explicó hace tiempo.
https://www.youtube.com/watch?v=PxhM6tXZCrc&t=138s
Por último, recordar que
las fluctuaciones-oscilaciones puntuales en la red eléctrica, no se pueden
evitar o prevenir, pero la resistencia del sistema a esas oscilaciones,
si. Por lo tanto, el sistema con exceso de renovables tiene el
inconveniente de no estar preparado (al menos en la actualidad) para aguantar
esos rápidos cambios, como he comentado antes. Y la sobrecapacidad en aumento,
no ayuda precisamente a mejorar …
Solo una opinión.
Futuro, ciencia ficción y Matrix
La economía argentina bajo Milei
a última entrada de
Michael Roberts en su blog está dedicada a la situación económica en Argentina,
que obviamente, sigue siendo mala, si no peor. A fin de cuentas, Milei ha
optado por lo de siempre: pedir un nuevo préstamo al FMI.
La economía argentina bajo Milei
El Viejo Topo
29 abril, 2025
ARGENTINA: DEL
ANARCOCAPITALISMO A LA AUSTERIDAD
Hace unas
semanas, el FMI anunció que había acordado prestar al gobierno de Alberto
Fernández otros 20.000 millones de dólares (además de mantener las deudas
existentes) para ayudar al gobierno a cumplir con sus obligaciones de deuda y
restaurar sus reservas de divisas, que están cayendo rápidamente. Mediante el
acuerdo se liberarán inicialmente 12.000 millones de dólares, y otros 3.000
llegarán más adelante durante el año. El gobierno afirma que está previsto
recibir 28.000 millones de dólares solo en 2025, incluidos los 15.000 millones
de dólares del FMI, 6.000 millones de dólares de otros prestamistas
multinacionales, 2.000 millones de dólares de bancos globales y 5.000 millones
de dólares de la ampliación de un swap de divisas con China. Milei se jactó de
que «lo que tendrán es una montaña de dólares», con el
objetivo de duplicar las reservas brutas de divisas hasta los 50.000 millones
de dólares.
Con estos
fondos, el gobierno planea «liberar» el peso argentino de los controles y
permitir que fluctúe libremente dentro de una banda móvil. El objetivo es
ampliar la banda actual en un 1 % cada mes. El gobierno y el FMI afirman que
esto logrará finalmente «un tipo de cambio totalmente flexible en el
contexto de un sistema bimonetario, en el que coexisten el peso y el dólar
estadounidense». En otras palabras, los especuladores financieros y los
inversores creerán que el peso será lo suficientemente fuerte como para ser
totalmente convertible al dólar sin tener que ser devaluado.
Eso no ha sido
posible durante décadas, debido a las enormes deudas en dólares del gobierno y
a la falta de reservas de divisas para respaldar el peso. Milei se ha fijado
como objetivo el final de año para deshacer los controles de divisas, o antes
si el FMI acelera los pagos. «Los controles de divisas dejarán de existir el
1 de enero (2026). Quizás antes», dijo. Como resultado de la noticia,
el tipo de cambio oficial del peso «liberado» cayó alrededor de un 9 % hasta
1.170 por dólar estadounidense, mientras que, en cambio, el tipo de cambio del
mercado negro se fortaleció, cerrando casi la brecha entre los tipos de cambio
oficiales e informales, que se había ampliado considerablemente en los últimos
años. A pesar de esto, el tipo de cambio del peso frente al dólar no mejora con
respecto a cuando Milei llegó al poder a principios de 2024.
A pesar de las
fanfarronadas de Milei, hasta que el FMI acudió al rescate, las reservas de
divisas habían caído rápidamente, con unas reservas netas (es decir, después de
las obligaciones y flujos de deuda) de 7.000 millones de dólares negativos. Eso
no está muy lejos del déficit que Milei heredó del anterior gobierno peronista.
Milei llegó al
poder en 2024 con la imagen de ser un libertario del «libre mercado», un
«anarcocapitalista». Iba a cerrar el banco central y dolarizar la economía, y a
liberar el peso y la industria argentina a las fuerzas del mercado. Pero pronto
toda esta charla anarcocapitalista se desvaneció y, en su lugar, Milei se vio
obligado a adoptar el paquete económico neoliberal estándar para una economía
emergente con dificultades de deuda y con hiperinflación; a saber, recortes
despiadados en el gasto y los servicios públicos junto con incentivos a las
grandes empresas y a los inversores extranjeros y, por supuesto, el respaldo de
otro paquete del FMI. Milei aplicó una motosierra a los empleos del sector
público y privado y, en solo unos meses bajo su mandato, Argentina se enfrentó
a las mismas pérdidas de
empleo que se produjeron durante los cuatro años del anterior
presidente de derecha, Macri.
El FMI, bajo la
dirección de Kristalina Georgieva, ha quedado debidamente impresionado, con
muchas oportunidades para hacerse fotos con Milei y escribiendo que «el
país parece más cerca de una apariencia de estabilidad macroeconómica que en
ningún otro momento desde la década de 2000». Lo que le gusta al FMI
es que Milei se ha comprometido a un presupuesto gubernamental de «cero neto».
Tras haber «cortado en pedazos» los servicios públicos y despedido a miles de
trabajadores del gobierno, al tiempo que aumentaba las contribuciones de los
empleados a la seguridad social, el gobierno aspira a un superávit en el
presupuesto gubernamental (antes de los pagos de intereses) y a un equilibrio
general en 2025. Seguirá reduciendo el gasto público y subiendo los impuestos
para obtener superávits en los próximos años, de forma similar al programa de
austeridad fiscal que la «troika» de la UE impuso a Grecia hace diez años para
pagar sus préstamos (que todavía está pagando), pero esta vez con el apoyo
entusiasta del gobierno en funciones.
En 2018, el
FMI aprobó un préstamo
de 57.000 millones de dólares al entonces gobierno de derechas de Argentina, el
mayor que ha concedido a un solo país, del que se desembolsaron casi 45.000
millones. La mayor parte de esta cantidad financió la fuga de capitales, unos
24 000 millones de dólares, por parte de especuladores de carry trade, es
decir, que utilizaron los fondos para comprar bonos extranjeros. El resto se
utilizó para amortizar unos 21.000 millones de dólares en bonos soberanos
impagables, deuda que finalmente tuvo que ser «reestructurada» en 2020.
Ahora el FMI
está prestando aún más dinero, violando sus propias reglas de préstamo. Esto se
debe a que, a diferencia de 2018, Argentina tiene ahora una ley que,
aprobada casi por unanimidad por ambas cámaras del Congreso en 2021, exige la
aprobación del Congreso para cualquier programa de financiación del FMI, con el
objetivo de evitar que los futuros gobiernos pidan préstamos masivos en moneda
extranjera sin la debida supervisión legislativa. Pero el gobierno de Milei ha
eludido la ley emitiendo un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) —el
equivalente argentino a las órdenes ejecutivas de emergencia de Trump— para
evitar por completo la aprobación del Senado.
Y el FMI está
encantado de seguirle la corriente. Esto se debe a que el FMI quiere que el
gobierno de Milei sobreviva a las elecciones legislativas de mitad de mandato
demostrando que la inflación ha bajado, la economía está en auge y el peso es
estable. Como dice el FMI en su informe, esto será posible gracias a «la
disciplina de gasto, las medidas de eficiencia y las reformas bien secuenciadas
de los sistemas tributario, de reparto de ingresos y de pensiones» y «basándose
en los impresionantes esfuerzos en curso para desregular la economía, el
programa pretende profundizar las reformas estructurales para impulsar el
crecimiento de Argentina, incluso a través de su vasto potencial en energía y
minería. Los esfuerzos se centrarán en (i) fortalecer aún más la
flexibilidad de los productos y del mercado laboral, y abrir gradualmente la
economía; (ii) mejorar la eficiencia del Estado y su previsibilidad regulatoria;
y (iii) mejorar la gobernanza y la transparencia, incluso alineando aún más los
marcos anticorrupción y ALD/CFT con los estándares internacionales».
Es cierto que
la inflación ha retrocedido desde niveles astronómicos. Esto se ha logrado
mediante la reducción del gasto público y el mantenimiento del peso
artificialmente por encima de su tipo real frente al dólar, lo que ha abaratado
las importaciones. En efecto, la hiperinflación fue sustituida por una
importante recesión.
La tasa de
inflación ha caído del 300 % anual a alrededor del 50 % (aún alta). Pero eso ha
significado un aumento de los salarios reales en el último semestre de 2024, lo
que ha devuelto la media a finales de 2023. Sin embargo, durante todo 2024, los
salarios reales medios siguieron cayendo un 12 % y los trabajadores del sector
público sufrieron un golpe del 20 %, con un 30 % para los trabajadores
informales sin derechos, etc. El aumento desde mediados de 2024 se debe
enteramente a la mejora de los ingresos de los trabajadores informales del
sector privado; los trabajadores asalariados del sector público siguen bajando
un 20 %, los del sector privado un 5 %, y todos los trabajadores siguen estando
peor que a principios de 2023.
Durante la
recesión inducida por el Milei de 2024, la tasa oficial de pobreza alcanzó un
récord del 51 %. Esa tasa oficial ha descendido ahora al 38 %, debido a una
combinación de la caída de la inflación, el aumento relativo de los salarios
informales y las prestaciones adicionales en el subsidio universal por hijo y
la ayuda alimentaria para cubrir la inflación, dirigida principalmente a los
niños y las madres pobres. Sin eso, el Banco Mundial calcula que la pobreza
extrema podría haber sido un 20 % mayor. Aun así, la tasa de pobreza sigue
siendo tan alta como cuando Milei llegó al poder.
Dos tercios de
los niños argentinos menores de 14 años viven en la pobreza. La pobreza
multidimensional (medida como ingresos más falta de acceso a factores clave de
bienestar) aumentó interanualmente del 39,8 al 41,6 por ciento y, dentro de esa
cifra, la pobreza estructural (tres carencias o más) aumentó del 22,4 al 23,9
por ciento. En resumen, entre el 25 y el 40 % de las familias argentinas se
encuentran en una situación de pobreza extrema. Y ha habido un aumento
adicional en la desigualdad. El 10 % de los que más ingresos perciben ahora
ganan 23 veces más que el decil más pobre, en comparación con 19 veces hace un
año. La caída de los ingresos alcanzó el 33,5 % interanual en términos reales
entre el decil más pobre, pero solo el 20,2 % entre los más ricos. El índice de
desigualdad de Gini ha alcanzado un máximo histórico de 0,47.
Pero a partir
de aquí, Milei y el FMI están llenos de optimismo. Según el FMI, se espera que
el crecimiento del PIB real se expanda alrededor de un 5,5 % este año y
converja a alrededor del 3 % a medio plazo. Pero después de la caída de 2024,
tal aumento del PIB real en 2025 solo devolvería el PIB per cápita al nivel de
2021, cuando la economía estaba saliendo de la pandemia. Y, de hecho, el índice
del PIB per cápita seguiría estando muy por debajo de su máximo de 2011 unos 15
años después.
Se espera que
la inflación caiga a alrededor del 18-23 % a finales de 2025 y alcance un
dígito para 2027, siempre que haya «un estricto cumplimiento del ancla
fiscal, junto con un régimen monetario/de divisas más robusto con mayor
flexibilidad del tipo de cambio para hacer frente a las perturbaciones y
reforzar la gestión de la demanda agregada». En otras palabras,
austeridad indefinida.
Martin Guzmán,
exministro de Economía del bloque peronista, dijo que el riesgo de un nuevo
acuerdo con el FMI era que los fondos se utilizaran simplemente para
«contrarrestar» la caída del peso, lo que a la larga conduciría a una mayor
carga de la deuda. «El aspecto positivo de un nuevo acuerdo sería la
refinanciación de la deuda con el FMI, que comienza a vencer en septiembre de
2026. El aspecto negativo es más deuda». Contrariamente a lo que
afirma Milei, Guzmán considera que es «muy poco probable» que
se levanten pronto los controles de divisas, ya que permitiría a las empresas
globales huir de unos 9.000 millones de dólares que se han quedado atascados en
el país, presionando a la baja el tipo de cambio y a la alza la inflación.
La clave del
éxito económico en Argentina, como en todas las economías, es un aumento de la
productividad del trabajo mediante una mayor inversión en los sectores
productivos de la economía. Todos los préstamos anteriores del FMI terminaron
siendo objeto de contrabando o invertidos en el extranjero o utilizados para la
especulación financiera. Ni los gobiernos de derecha ni los peronistas hicieron
nada para detener este robo especulativo del pueblo y los recursos argentinos.
Solo hay dos
sectores económicos importantes que han prosperado bajo el gobierno de Milei:
el financiero y el minero. Estos sectores aportan pocos ingresos fiscales y
emplean a relativamente pocos trabajadores (el 4 % del total). Por el
contrario, los tres sectores principales que aún se encuentran en plena
recesión son la construcción, la industria y el comercio, que representan casi
la mitad (44,5 %) del mercado laboral. El mayor sector de exportación de
Argentina y fuente de divisas son los productos agrícolas, y este sector está
sufriendo una oleada de impagos de deudas.
Argentina
podría salir de su situación si se produjera un auge de los precios de las
materias primas, como ocurrió a principios de la década de 2000. Argentina es
el mayor exportador mundial de aceite y harina de soja, el segundo exportador
de maíz y el tercer mayor exportador de soja. Sin embargo, por ahora, los
precios de la soja y el maíz no son muy boyantes. Argentina tiene la tercera
reserva de litio más grande del mundo, lo que la convierte en un actor clave en
la transición energética global. Sin embargo, los precios del litio se han
desplomado recientemente. Argentina también tiene considerables reservas de gas
de esquisto. El yacimiento petrolífero de Vaca Muerta es uno de los mayores
recursos de hidrocarburos no convencionales del mundo, con unos 16.000 millones
de barriles de petróleo y 308 billones de pies cúbicos de gas natural estimados
y recién empezando a explotarse. Pero los precios del petróleo han caído. Y la
subida del 10 % de los aranceles de Trump a todas las importaciones
estadounidenses no hará más que agravar los problemas de exportación de
Argentina.
Fuente: The next
recession
*++
– Si no encuentran al culpable, diremos que fue Putin a medias con Kim Il Sung. [¡Ha sido Putin ques’unputo! ¡Ha sido Putin ques´otro puto! ¡Hay que cogelo, atalo, jodelo, escupile y matalo! Y, ahora en serio: ¿Y a usted le gusta joder? Sí señor, mucho. A mí me gusta joder a oscuras y a os militares.]
– Si no encuentran al
culpable, diremos que fue Putin a medias con Kim Il Sung
El gran apag
INSURGENTE.ORG /
29.O4.2025
….
Seguimos investigando
(Noticia en desarrollo)
*++
lunes, 28 de abril de 2025
Rearme, crisis estructural y pensiones
Digámoslo con claridad:
el rearme de la UE (es decir, de la OTAN) no es más que un engañabobos para
seguir drenando dinero hacia el capital, detrayéndolo del gasto social. Las
pensiones serán el primer objetivo para el saqueo.
Rearme, crisis estructural y pensiones
El Viejo Topo
28 abril, 2025
El resurgir del
militarismo europeo no puede comprenderse sin atender a los intereses
económicos que lo sustentan. En un momento de agotamiento estructural del
modelo neoliberal, marcado por un estancamiento prolongado producto de la
crisis financiera global de comienzos de siglo y de los conflictos
internacionales que abrió, el rearme está siendo utilizado como catalizador
para redefinir las prioridades del Estado. En este marco, el complejo
militar-industrial se presenta no solo como un sector económico emergente, sino
como una vía privilegiada para recomponer la rentabilidad del capital.
Los grandes
beneficiarios de esta nueva «economía de guerra» son las propias estructuras
del sistema, que, hundidas en una profunda crisis encuentran en el conflicto
armado y la tensión internacional un terreno fértil para su recomposición. La
actual guerra arancelaria, el desmantelamiento progresivo de los servicios
públicos y la consolidación de un modelo de concertación público-privada
revelan una estrategia orientada a expropiar la riqueza social acumulada. No es
casual que figuras como Moritz Schularick, presidente del Instituto de Economía
Mundial de Kiel, señalen abiertamente que «habrá que atacar también el sistema
de pensiones» para financiar el esfuerzo militar (Der Spiegel, 10/01/2025).
Este proceso, sostenido en el tiempo, ha tenido como clave el cultivo de una
cultura del miedo, que funciona como herramienta para debilitar resistencias
sociales y avanzar en la mercantilización total de lo común. El complejo
militar-industrial, convertido en nuevo motor económico, se alimenta así de la
precarización, del autoritarismo y el vaciamiento de lo público, los derechos
ciudadanos y la democracia representativa viven hoy sus horas más bajas. La
crisis sistémica en la que vive anclado el bloque occidental ha impulsado una
deriva belicista que funciona como mecanismo para sostener las tasas de
ganancia de las élites gobernantes. El reordenamiento de prioridades en favor
del gasto militar se ha convertido así en una salida estructural al agotamiento
del propio modelo neoliberal.
En los últimos
años, Europa ha sido testigo de una transformación silenciosa pero profunda: la
combinación de múltiples crisis —la financiera, la sanitaria derivada de la
pandemia de COVID-19, y el conflicto militar en Ucrania y Oriente Medio— han
servido de catalizador para justificar un incremento del gasto en defensa, bajo
el paraguas, eso sí, de una retórica de seguridad cada vez más imprecisa y
excluyente.
El proceso de
militarización institucionalizada que se observa en este contexto no solo
altera los equilibrios presupuestarios, sino que redefine el papel del Estado
en un momento de enorme fragilidad social y ecológica. A través del análisis de
discursos, datos fiscales y dinámicas geopolíticas, puede sostenerse que el
rearme europeo no responde a imperativos defensivos, sino que constituye una
opción política destinada a sostener estructuras de poder, canalizar recursos
públicos hacia intereses privados y gestionar las tensiones sociales mediante
el miedo.
Desde la cumbre
de Gales de 2014, donde la OTAN estableció el objetivo del 2% del PIB en gasto
militar, Europa ha profundizado en una agenda de rearme que encuentra en la
guerra de Ucrania su justificación perfecta. Sin embargo, el análisis de fondo
revela que esta política obedece menos a una amenaza externa real que a un
rediseño interno del pacto social europeo cada vez más cuestionado por su
propia deriva autoritaria.
La imposición
de nuevos objetivos de gasto —del 3,5% al 5% del PIB en algunos países— marca
un punto de inflexión: estamos ante un proceso de militarización estructural
impulsado desde el núcleo del poder atlántico. El rearme es una decisión
política funcional al capitalismo en crisis, y se legitima mediante discursos
de miedo, revisionismo histórico y apelaciones vacías a la seguridad colectiva.
Lo expresaba con crudeza el propio Adam Smith en 1776 cuando decía: “La defensa
es de mayor importancia que la opulencia”[1].
En el caso
europeo y tras la crisis financiera global, el modelo de crecimiento entró en
una fase de estancamiento prolongado. La pandemia y la desglobalización
acelerada terminaron de erosionar las bases fiscales y productivas del modelo
europeísta. Ante este colapso progresivo, las élites económicas y políticas han
buscado y encontrado en el rearme, aunque supeditado a los intereses
norteamericanos, un nuevo motor de acumulación. La presión de Estados Unidos ha
sido clave en esta transformación. Tras las gesticulaciones de Donald Trump y
la amenaza de los aranceles, la Unión Europea se ha plegado a invertir 800.000
millones de dólares en su rearme. El control de la inflación al 2% y el límite
del déficit al 3% han quedado relegados. No había dinero para pensiones, ni
para mejorar las prestaciones por desempleo, ni para reforzar los sistemas
públicos de salud y educación, pero han aparecido cientos de miles de millones
para financiar los ejércitos. Las declaraciones del actual secretario general
de la OTAN, Mark Rutte, apuntan a una escalada presupuestaria sin precedentes.
El rearme no
llega acompañado de una reforma fiscal progresiva ni de nuevos ingresos
públicos. Su financiación descansa sobre deuda, recortes y reasignación del
gasto social. En países como Alemania, los 100.000 millones de euros
extraordinarios destinados a la Bundeswehr (ejército alemán) no forman parte de
los presupuestos ordinarios, puesto que se pagarán con déficit. En España, el
ajuste fiscal repercute de forma directa sobre áreas esenciales como las
pensiones, la salud y la educación. Nuestro gobierno ya ha anunciado que
alcanzará el 2% de gasto en defensa, sabemos y así lo hemos señalado que la
realidad es muy otra; las partidas presupuestarias no ejecutadas que se desvían
hacia defensa, las deudas contraídas por otros ministerios y que tienen como
finalidad incrementar las partidas militares hacen del seguimiento estricto de
esta partida de gasto un trabajo ímprobo y más cuando el propio Ministerio de
Defensa, en su última reforma, ha difuminado sus propios límites. El gobierno
está usando la cláusula de flexibilidad (traspasar partidas no gastadas de
otros ministerios a Defensa) de forma arbitraria y sobre todo opaca al
escrutinio público. Por otra parte, el nuevo organigrama del Ministerio de
Defensa, modificado a finales del año 2024, no aporta claridad sobre el gasto
real, bien al contrario, parece llamado a ocultarlo. En ese contexto con el
riesgo de una alta inflación y encarecimiento del crédito por efecto de la
guerra arancelaria, esta reorientación presupuestaria agravará las condiciones
de vida de las clases populares y compromete la sostenibilidad futura del
Estado social.
Percibimos
también una sincronización entre el discurso político y la narrativa mediática
dominante, que repite —con distintos matices pero bajo una lógica común— las
mismas justificaciones para el rearme. La figura de un enemigo difuso y
omnipresente, precisamente por su indefinición, resulta aún más eficaz para
movilizar recursos y disciplinar a la opinión pública. En este marco, se ha
construido la figura de Vladimir Putin como una suerte de Leviatán geopolítico,
condensación simbólica de todos los males imaginables; la función de esta
imagen simbólica es clausurar el debate, suprimir la disidencia y legitimar
políticas de excepcionalidad en nombre de una seguridad superior. Hablar de
Putin equivale, en este relato, a invocar una amenaza absoluta que justifica
cualquier tipo de sacrificio económico o institucional.
Desde sectores
de la izquierda institucional hasta representantes de la extrema derecha, la
idea de una amenaza inminente es utilizada para naturalizar decisiones que
antes habrían generado rechazo. Así, declaraciones como las de Roberto Habeck
(Los Verdes), quien afirmó que «necesitamos gastar casi el doble en defensa», o
de Alice Weidel (AfD), que expresó su apoyo sin reservas a elevar el gasto militar
al 5% del PIB, ilustran cómo la lógica del miedo ha sido interiorizada por un
amplio espectro político. Incluso el secretario general de la OTAN, Mark Rutte,
ha señalado que «será mucho más que el dos por ciento». Esta convergencia
discursiva permite consolidar una arquitectura de seguridad basada en el
incremento continuo del gasto militar y en la erosión del debate democrático.
En este mismo
marco ideológico, cabe señalar el rol y la influencia, desde hace más de una
década, de sectores ucranianos, particularmente vinculados a movimientos
ultranacionalistas, que han servido como vectores de expansión de ideas
neofascistas por diversos países de Europa del Este y Central. La exaltación de
figuras colaboracionistas, la represión de símbolos de la memoria antifascista
y la infiltración de estos discursos en redes institucionales y mediáticas no
son fenómenos aislados, sino parte de un proceso más amplio de
desideologización del pasado reciente y de blanqueamiento del extremismo bajo
la retórica de la lucha por la libertad europea. Esta narrativa, sostenida por
determinados gobiernos y amplificada por medios afines, refuerza una lógica de
polarización que justifica tanto el rearme como la criminalización del disenso.
Uno de los ejemplos más evidentes de esta tendencia revisionista se manifiesta
en Alemania, donde se han impuesto restricciones a los actos conmemorativos de
la victoria sobre el nazismo por parte del Ejército Rojo, y se han promovido
medidas para eliminar monumentos que recuerdan ese episodio histórico. Esta
negación simbólica del papel soviético en la derrota del fascismo forma parte
de una estrategia más amplia de relectura del pasado. Recientemente, la
responsable de exteriores de la Unión Europea, Kaja Kallas, advirtió a varios
gobiernos que no asistieran a las conmemoraciones del 9 de mayo en memoria de
la capitulación nazi, alegando que ello podría interpretarse como una muestra
de apoyo a la narrativa rusa. Estas declaraciones no solo reescriben la
historia, sino que pretenden borrar una parte fundamental de la memoria
antifascista europea en nombre de un alineamiento ideológico acrítico con el
presente geopolítico.
ES NECESARIO
AUMENTAR EL GASTO MILITAR. ¿ESTÁ EUROPA INDEFENSA?
Los datos
disponibles de 2024 muestran que la OTAN mantiene una superioridad militar
abrumadora frente a Rusia en todos los indicadores principales: el gasto total
en defensa alcanza los 1,19 billones de dólares (EEUU 754.000 millones, Europa
+ Canadá 430,000 millones, frente a los 160.000 millones por parte de Rusia. El
gasto combinado de la OTAN según este informe sería seis o siete veces superior
al de Rusia. Incluso sin EEUU, el gasto de Europa y Canadá supera ampliamente
al ruso; la Alianza dispone de más de 5.400 aviones de combate frente a poco
más de 1.000 del lado ruso, y controla más del 70% del mercado mundial de
armamento frente al 3,5% que representa Rusia. Además, cuenta con más de tres
millones de efectivos, duplicando de largo a las fuerzas de que dispone Moscú,
que rondan los 1,3 millones. En términos convencionales, la ventaja es
contundente, mientras que las capacidades nucleares de ambos bloques aseguran
un equilibrio de disuasión mutua que desincentiva una confrontación directa. A
pesar de estos datos el relato político y mediático insiste en un miedo casi
apocalíptico a la amenaza rusa. ¿Por qué?
Hay dos grandes
objetivos que hemos de contextualizar: el primero afecta directamente al
corazón del modelo social europeo: el sistema de pensiones. Las reformas en
marcha o previstas en varios países de la UE pretenden expropiar la riqueza
social, en este caso las pensiones, por la vía del consentimiento asociado al
miedo de un enemigo externo. Los grandes grupos de presión económica, la clase
dirigente europea utilizando los sucesivos gobiernos, también el español, y
ansiosos por disponer de los fondos de las pensiones públicos decidieron hace
tiempo aumentar la edad de jubilación hasta acercarla a la esperanza de vida.
Por otra parte pusieron en marcha procesos para reducir el importe de las
pensiones, mediante fórmulas que permiten «compatibilizar» trabajo y pensión a
costa de recortes, eso sí, y por último y mucho más trascendente, desviar
cotizaciones a fondos privados, gestionados por gigantes financieros como
BlackRock o Allianz, grandes inversores en la guerra ucraniana. Estas reformas
no se presentan nunca como parte del rearme, sino como medidas de
«sostenibilidad», aunque muchas veces coinciden con declaraciones explícitas
que las vinculan a las necesidades militares. El proceso es gradual, casi
silencioso, pero muy real.
Para evitar resistencias sociales, el discurso oficial quiere fragmentar a la
sociedad: enfrenta a jóvenes con mayores, a trabajadores con jubilados, a
mujeres con hombres, ha parados con pensionistas. Esta fragmentación impide una
respuesta colectiva frente a lo que en realidad es un saqueo sistemático del
Estado de bienestar. Como ya ocurrió durante las guerras mundiales, el sistema
de pensiones se convierte en una herramienta más del esfuerzo de guerra, aunque
esta vez bajo una fachada democrática y en tiempos de paz.
El segundo gran objetivo que ha conseguido este rearme ha sido maniatar a la UE
a través de su dependencia energética.
El conflicto
como catalizador de la dependencia energética
El informe de
Greenpeace de 27 de abril del 2023 evidencia que la guerra ha sido igualmente
funcional a la consolidación de una estrategia energética basada en el gas
importado desde EEUU. La tan cacareada agenda europea 2030 ha quedado reducida
a la nada. Las importaciones de gas natural licuado (GNL) por parte de Europa
aumentaron un 140% en 2022, y España, por ejemplo, se convirtió en el tercer
mayor importador continental tras Francia y Reino Unido. Empresas como Naturgy
y Endesa han firmado contratos de importación con vigencia hasta 2040, en un
contexto de prohibición interna del fracking. La contradicción es evidente: se
prohíben técnicas de extracción por sus riesgos ambientales y sanitarios, pero
se externalizan sus consecuencias hacia regiones como Texas, Nuevo México o
Luisiana, cuyos habitantes —principalmente comunidades racializadas de bajos
ingresos— asumen los costes ecológicos y de salud pública del modelo energético
europeo.
La reactivación
de infraestructuras gasísticas como la planta de El Musel en Gijón, inactiva
desde 2014, ilustra este giro estratégico. Según el propio informe de
Greenpeace, este tipo de inversiones no contribuyen a la reducción de precios
ni a la democratización del acceso a la energía, sino al fortalecimiento de
conglomerados energéticos que concentran poder económico y capacidad de
influencia sobre los marcos regulatorios. La guerra, real o imaginaria,
representa una enorme oportunidad para hacer negocio al margen de las
restricciones y cautelas ecológicas que deberían implementarse.
¿Quién defiende
a Europa de sí misma?
Las verdaderas
amenazas a la seguridad europea no provienen de ejércitos extranjeros, sino de
procesos sistémicos y transnacionales: el cambio climático, la desinformación,
la desigualdad estructural y las crisis sanitarias globales. Sin embargo, la
respuesta dominante sigue siendo el rearme. Invertir en defensa no resuelve
estos desafíos; los agrava. El rearme no es una consecuencia inevitable del
contexto internacional, sino una elección deliberada que responde a la
necesidad de garantizar nuevas fuentes de acumulación en un contexto de crisis
prolongada del modelo neoliberal. En ese marco, las políticas de seguridad no
están orientadas a proteger a la población, sino a blindar un orden económico
que privilegia la concentración de la riqueza y el debilitamiento del Estado
socia cada euro destinado al armamento es un euro que no se dedica a la
transición ecológica, la salud pública o la educación universal. La seguridad
no es un cañón: es una red social de protección y dignidad. El rearme no es
inevitable. Es una elección política. Y como tal, puede y debe ser cuestionada.
Referencias:
- Greenpeace Deutschland (2024). Wer profitiert vom Krieg in der
Ukraine?
- Greenpeace España (2023). “La seguridad energética y la trampa del
gas.”
- NATO Wales Summit Declaration (2014).
- SIPRI Military Expenditure Database (2023).
- Eurostat (2023). COFOG – Classification of the Functions of
Government.
- Handelsblatt (3 de enero de 2025). Entrevista a Robert Habeck
- Bild am Sonntag (2 de febrero de 2025). Declaraciones de Mark Rutte.
- ZDF Heute Journal (8 de enero de 2025). Declaraciones de Alice Weidel.
[1] El autor consideraba que para asegurar los mayores beneficios del
libre comercio era necesaria una existencia de paz asegurada por la posesión de
bienes estratégicos mediante la amenaza de la fuerza militar.
domingo, 27 de abril de 2025
«La Unión Soviética no sólo derrotó al nazismo, sino que también frustró la traición que pergeñaban los aliados»
Entrevista a Atilio A. Boron
«La Unión Soviética no sólo
derrotó al nazismo, sino que también frustró la traición que pergeñaban los
aliados»
Rebelion
26/04/2025
Fuentes: Tektónikos
Atilio Borón revisita los 80 años desde el fin de la Segunda Guerra Mundial
El 8 de mayo de
2025 se conmemoran 80 años del fin de la llamada Segunda Guerra Mundial en el
teatro de operaciones europeo. Ese día entró en vigor la rendición de las
fuerzas del Tercer Reich ocurrida en la víspera. La culminación definitiva del
conflicto mundial se producirá en el teatro de operaciones de Asia-Pacifico el
2 de septiembre de 1945 a través de la capitulación incondicional del imperio
japonés, luego de los bombardeos nucleares de Hiroshima y Nagasaki por parte de
Estados Unidos ocurridos el 6 y el 9 de agosto respectivamente.
En 2025 las
efemérides de dicho evento histórico, que dio paso primero a la redefinición
del orden mundial marcado por la Guerra Fría y luego a un período de hegemonía
estadounidense en el control del sistema-mundo, coinciden con una serie de hechos
diplomático-militares que vienen a indicar el eclipse del ciclo de la hegemonía
estadounidense. En pocas semanas desde su segunda asunción como presidente de
los Estados Unidos, Donald Trump socavó las bases de sustento de la OTAN,
alianza atlántica forjada luego de la Segunda Guerra. Con su decisión de
negociar directamente con Vladimir Putin la finalización del conflicto bélico
en Ucrania y relegar a la diplomacia europea, el huésped de la Casa Blanca
demolió políticamente el pacto de defensa colectiva que unía a estadounidenses
y europeos desde 1949. El razonamiento que subyace a esta decisión parece ser
el hecho de que Washington estima que la solidaridad transatlántica no
corresponde más a sus intereses, al menos con la centralidad que este vínculo
tuvo durante siete décadas y media. Es por ello que hoy la prioridad para Trump
es la normalización de las relaciones con la Rusia de Putin y ya no más la
suerte de Ucrania, excepto si esta no está directamente relacionada con el
interés estratégico del país del norte por apoderarse de diversos recursos
naturales estratégicos subyacentes en suelo ucraniano.
Estos gestos
del presidente de EE.UU. —a los que se suman la decisión de establecer de
aranceles a las importaciones de distintos países que conmueve las bases de los
intercambios comerciales mundiales— hacen saltar por los aires los vínculos de
amistad acumulados a lo largo de setenta y cinco años de ambos lados del océano
Atlántico, la proclamada pertenencia común hasta nuestros días al campo de las
democracias liberales. Ridiculiza también la inagotable gratitud de los
europeos hacia los estadounidenses por la victoria de 1945; actitud que al
mismo tiempo permitió a las élites políticas y a las clases dominantes europeas
degradar el decisivo rol que tuvo el Ejército Rojo en la derrota militar del
régimen nazi.
El general
Charles de Gaulle, figura clave del desenlace militar de la Segunda Guerra
Mundial y en las negociaciones que cimentaron el orden institucional y
económico de posguerra, sostenía que “llegaría un día en que los americanos se
irán, y el orden del mundo cambiará”. ¿Ha llegado ese día? ¿Coincide la
conmemoración de los 80 años del fin de la Segunda Guerra Mundial con un
momento de clivaje en la transición del orden mundial?
Con este trasfondo,
Tektónikos entrevistó al politólogo y sociólogo argentino Atilio Borón, docente
universitario, exdirector ejecutivo del Consejo Latinoamericano de Ciencias
Sociales (CLACSO), autor de numerosos libros y actualmente director del Centro
de Complementación Curricular de la Facultad de Humanidades y Artes de la
Universidad Nacional de Avellaneda y del Programa Latinoamericano de Educación
a Distancia en Ciencias Sociales del Centro Cultural de la Cooperación Floreal
Gorini.
—¿Cuáles son, a tu entender, los rasgos distintivos de ese período
histórico que incidieron en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial?
—Hay muchos
factores, pero a mi juicio los de más peso son los siguientes: por un lado, la
pésima resolución de las negociaciones que tuvieron lugar al fin de la Primera
Guerra Mundial, que alimentaron el revanchismo alemán ante la humillación a la
que fue sometida Alemania en el tratado de Versalles. Hubo, sí, una voz
disidente dentro del coro triunfalista que entonaban los vencedores de la
Primera Guerra Mundial. Fue la de John Maynard Keynes, quien recogió sus
críticas en un libro notable publicado en 1920 bajo el título “Las
consecuencias económicas de la paz”. Keynes sostenía que el tratado era
injusto, vejatorio para con los ciudadanos germanos, y que además impediría la
recuperación económica de Alemania y, con ello, dificultaría también los
esfuerzos de reconstrucción económica de los países europeos. Las
“reparaciones” impuestas a Alemania eran exorbitantes, decía Keynes, y tampoco
se abordaba el tema de las deudas contraídas por las fuerzas beligerantes.
Humillar y condenar a Alemania a la pobreza podría tener como resultado
suscitar una respuesta agresiva y violenta, robusteciendo a los elementos
conservadores que había en ese país y que ya estaban socavando a la República
de Weimar. En suma, un error garrafal que se cuenta entre los de mayor peso en
el desenlace de la tragedia.
—Hablaste de
varios factores.
—Sí. Otro que
fue sumamente importante, contenido en las prevenciones que en Keynes
despertaba ese Tratado, fue el derrumbe de la República de Weimar y el ascenso
del nazismo, con su ideología totalitaria y su incesante búsqueda el lebensraum,
el “espacio vital” que según los ideólogos del nazismo se le negaba a Alemania
no sólo en Europa, sino en el mundo colonial. Hay que recordar que ese país
llegó tarde a la mesa en donde las principales potencias se repartían el mundo,
principalmente en África. De hecho, como lo anotaba Immanuel Wallerstein en sus
escritos, no hubo dos guerras mundiales, sino tan solo una que comenzó en 1914,
se toma un respiro con una suerte de armisticio que se extendió hasta 1939
cuando estalla la fase final de esa guerra. Tanto la primera como la segunda
guerra mundiales fueron la expresión militar de la pugna interimperialista,
denunciada por Lenin ya en 1914, y que al concluir en 1945 instala a una nueva
potencia rectora del sistema, Estados Unidos, desplazando de esa posición al
Reino Unido, cuya capacidad de cumplir ese papel comenzó a declinar
significativamente a partir de inicios del siglo XX. Y permitíme citar un
tercer elemento que estaba muy presente en la dirigencia británica y
estadounidense: la amenaza que representaba la mera existencia de la Unión
Soviética. Winston Churchill, un personaje deleznable por su racismo, por la
crueldad con que reprimió las protestas en el mundo colonial inglés y por su
absoluta falta de escrúpulos, lo dejó plasmado en más de una ocasión cuando
decía que el esfuerzo militar de Estados Unidos y el Reino Unido debía
limitarse a Europa Occidental, y dejar que la Unión Soviética y Alemania se
desangrasen recíprocamente, pues tanto una como la otra eran regímenes
incompatibles con los intereses y los valores de las potencias occidentales. La
lenta y menguada ayuda de los aliados para combatir en el frente oriental fue
fríamente calculada por Churchill y aplicada pese a las dudas que tal estrategia
suscitaba en Franklin D. Roosevelt. Pero la Unión Soviética no sólo derrotó al
nazismo, sino que también frustró la solapada traición que pergeñaban sus
aliados: el Reino Unido y Estados Unidos.
— ¿Qué relevancia asignás en el origen del conflicto y posterior desarrollo
del mismo al auge de las organizaciones de izquierda y de la clase obrera luego
de la Revolución Rusa por un lado; y por otro a la relación entre este hecho y
los imperativos productivos y de acumulación de capital de las burguesías
europeas?
— Sin la
Revolución Rusa no sé si habría estallado la Segunda Guerra Mundial;
probablemente sí, pero cabe un margen de dudas. De todos modos, la crisis de
1929 y la Gran Depresión que le sucedió atizaron la hoguera de las
organizaciones de izquierda en toda Europa. El fascismo italiano y el nazismo
alemán son claras respuestas reaccionarias ante la amenaza que planteaban las
izquierdas que, tal como lo recordara Antonio Gramsci en más de una ocasión,
fueron arrojadas a la acción política y a la conquista del poder debido al
colosal efecto movilizador de la IGM, probablemente uno de los enfrentamientos
más sanguinarios de la historia. En Rusia es imposible comprender el triunfo de
la revolución bolchevique al margen del efecto devastador de la Gran Guerra, lo
mismo que el auge de las izquierdas en Italia, Alemania y el imperio
Austro-Húngaro. La Gran Depresión acentuó estas tendencias y estimuló la
respuesta represiva de los estados burgueses y las fuerzas políticas
tradicionales de la derecha. Obviamente, como te decía antes, las burguesías
nacionales se atrincheraron detrás de sus gobiernos, impulsaron sus políticas
belicistas en lo externo y represivas en lo doméstico. No es casual que
Alemania, Italia y Japón, tres “late comers” al mundo de la industrialización,
forjaran el Eje, que desafió a las viejas potencias coloniales: Reino Unido y
Francia, aliadas ahora con un renuente EE.UU., que tuvo que montar la operación
de Pearl Harbor para lograr el consenso interno requerido para involucrarse en lo
que para el ciudadano común estadounidense era un pleito sólo europeo. Hay que
recordar que en esa época existía el servicio militar obligatorio en ese país,
y eso explica el rechazo de la opinión pública y su tardía incorporación
en las dos guerras mundiales.
— ¿Qué importancia le atribuís a la existencia de la Unión Soviética y, en
particular, al Ejército Rojo en la derrota militar del régimen nazi y, como
consecuencia de ello, en la capacidad de garantizar un ciclo de paz mundial que
se romperá en la década de los noventa con la disolución del bloque comunista y
el inicio de un breve período de Pax Americana?
— Una
importancia fundamental. Quien llega a Berlín es el Ejército Rojo, y más tarde
lo hicieron franceses, ingleses y estadounidenses. Además, el famoso frente
oriental fue escenario de batallas sin parangón cuando se las compara con las
que se libraron en el occidente europeo. No hay allí nada ni siquiera
remotamente parecido al sitio de Leningrado, actual San Petersburgo, que duró
872 días y produjo un millón y medio de víctimas; o la batalla de Stalingrado,
actual Volgogrado, más breve pero aún más sangrienta y que fue la que inclinó
definitivamente el fiel de la balanza en contra de Hitler. Por eso en Rusia,
como antes en la Unión Soviética, la Segunda Guerra Mundial es recordada como
la Gran Guerra Patria en la cual Rusia se liberó del nazismo sin la ayuda de
nadie. Obviamente que el tremendo éxito soviético, pagado con la vida de unos
veinte millones de víctimas, fue un componente decisivo del período de relativa
paz mundial, y digo relativa porque el imperialismo se lanzó con todas sus
fuerzas para intentar apoderarse de los países asiáticos instalando allí
gobiernos vasallos, especialmente en China, Corea y Vietnam. Con la
desintegración de la URSS, a finales de 1991 y, poco después, la disolución del
Pacto de Varsovia, una alianza defensiva creada a raíz de la conformación de la
OTAN, Estados Unidos emergió como la única superpotencia del planeta, dando
pábulo a una serie de fantasías como la del “nuevo siglo americano”. Los
cultores de esta ilusión, considerada como una chiquilinada (¡sic!) por
Zbigniew Brzezinski, subestimaron por completo los procesos de restructuración
que silenciosa pero eficazmente estaban en marcha en el sistema internacional.
Brzezinski advirtió la fragilidad de ese unipolarismo que reposaba en un
supuesto absolutamente erróneo: que China y Rusia aceptarían convertirse en
dóciles estados-clientes de Washington, y en poco tiempo, al comenzar el siglo
actual, se tornó más que evidente que el unipolarismo estaba condenado a
desaparecer más pronto de lo que aún sus más cautelosos creyentes pensaban.
— El período posterior al fin de la Segunda Guerra Mundial es coincidente con la construcción de una nueva arquitectura
institucional y militar mundial ¿Qué papel desempeñó America Latina en relación
a la estrategia de EE.UU. en la consolidación del orden de posguerra?
— Un papel muy
marginal, desgraciadamente. El imperio ha insistido, desde 1823 con la Doctrina
Monroe, en hacer de la desunión de los países situados al Sur del Río Bravo uno
de los principios cardinales de su política hemisférica. Y lamentablemente ha
sido muy difícil salir de esa camisa de fuerza. A comienzos de la década de
1950 del siglo pasado lo intentaron Perón, Vargas e Ibáñez del Campo con el
ABC, que pretendía coordinar en una alianza moderadamente nacionalista las
políticas de Argentina, Brasil y Chile. Pero no llegó a cuajar. Finalizada la
Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos se lanzó a la empresa de organizar su
imperio a escala planetaria, con iniciativas y comandos militares del Pentágono
diseñados para cada una de las grandes macroregiones del planeta: Latinoamérica
y el Caribe, disuelta su identidad bajo un anodino “Hemisferio Occidental”;
Oriente Medio; Europa; África; Sudeste Asiático, etcétera. Esto fue reforzado
en 1947 con la firma del TIAR, el Tratado Interamericano de Asistencia
Recíproca, un instrumento de defensa mutua entre los países de América ante
cualquier ataque de una potencia extracontinental (en obvia referencia a la
Unión Soviética) y la creación de la OEA, un año más tarde. Nótese que el
equivalente europeo del TIAR, la OTAN, se creó recién dos años más adelante,
reflejando que la obsesión norteamericana por resguardar a los países de las
“garras del comunismo soviético” tenía sus prioridades: primero preservar de la
amenaza al “Hemisferio Occidental”, o sea, Latinoamérica y el Caribe, y después
ocuparse de los europeos. De todos modos y para responder sin ambages a la
pregunta: en la consolidación del orden mundial de posguerra, el papel de esta
parte del mundo fue el de un obediente espectador o, si se quiere, un obediente
vasallo, aceptando sin mayores miramientos el liderazgo estadounidense y
haciendo que los enemigos de este país se convirtiesen también en los enemigos
de Nuestra América.
— ¿A ochenta años de acabado dicho conflicto bélico y próximos a recordar
esa fecha, cuales son a tu entender los elementos que caracterizan el
funcionamiento del sistema internacional?
— Brevemente,
porque la respuesta a esta pregunta requeriría un muy amplio desarrollo.
Señalaría simplemente dos aspectos entre varios: en primer lugar, que el “orden
mundial basado en reglas”, debilitado desde su nacimiento porque éstas fueron
pensadas para favorecer antes que nada los intereses de Estados Unidos, está
rumbo a su ocaso definitivo. Es un “orden” que permite desde hace sesenta y
cinco años que Washington perpetre, sin costos, un crimen de lesa humanidad
como el bloqueo de Cuba; o que el Reino Unido se haya rehusado a cumplir con la
resolución de 1965 de la Asamblea General de la ONU instando a Londres y Buenos
Aires a entablar conversaciones para resolver la situación colonial de las
Islas Malvinas; o que un brutal genocidio como el que en estos días perpetra el
régimen racista israelí en Gaza no provoque reacción alguna de parte de las
agencias de dicho “orden”; o que Washington se abstenga de capturar a Benjamin
Netanyahu durante su reciente visita a Estados Unidos, haciendo caso omiso de
la orden de captura emitida por la Corte Penal Internacional por ser el
principal responsable de los “crímenes de guerra y lesa humanidad”
perpetrados en contra del pueblo palestino.
Y segundo
factor: la irreversible declinación de Estados Unidos como superpotencia
planetaria. Obviamente que se trata de un proceso gradual, pero incontenible.
Entre los asesores más inteligentes y preparados del establishment norteamericano
la declinación no está en discusión, como lo demuestra, por ejemplo, que nada
menos que la Corporación Rand esté insistiendo con esta tesis desde hace ya
varios años o que Brzezinski en su último libro “Strategic Vision: America
and the Crisis of Global Power”, publicado en el 2012, tuviera como
preocupación central examinar las posibles estrategias para enfrentar la
decadencia de la superioridad estadounidense. Lo que origina fuertes
controversias es su ritmo o el ángulo de la caída, para utilizar una metáfora
aeronáutica, no si la declinación existe o es una mera fantasía. Por supuesto,
este proceso está en la base las múltiples amenazas proferidas por Donald Trump
(compra de Groenlandia, anexión de Canadá, recuperación por la fuerza del Canal
de Panamá, etcétera) y las torpes y brutales medidas -guerra de aranceles-
recientemente tomadas por la Casa Blanca y que reflejan la desesperación que
cunde en el bloque dominante de Estados Unidos. Medidas que, como el
generalizado aumento de los aranceles apenas resistieron un día a la presión de
los mercados y a las amenazas de represalias de otros grandes actores del
sistema internacional, comenzando por China, y tuvieron que ser puestas “en
pausa” por noventa días porque la época en que estas decisiones del imperio se
imponían sin costo ya son cosas del pasado. Digamos para finalizar que el
declive estadounidense obedece no sólo a causas internas, sino que se ve
acentuado por la imparable aparición de nuevos centros de poder económico,
tecnológico y también militar fuera del Occidente colectivo. El hecho que China
sea hoy la mayor economía del mundo —medida en términos de paridad de poder
adquisitivo— y la de mayor gravitación global por su carácter de primera socio
comercial o financiera de unos ciento cincuenta países; o que Rusia haya
resurgido desde las cenizas luego de la desintegración de la Unión Soviética; o
que la India esté a punto de convertirse en la tercera economía del mundo; o
que el centro de gravedad de la economía internacional se haya desplazado hacia
el Asia Pacífico y claramente alejado del Atlántico Norte y que China se
encuentre en la delantera, con amplia ventaja, en la carrera de las nuevas
tecnologías son otros tantos hitos que marcan el recorrido descendente de la
hegemonía estadounidense.
— Por último, ¿cuál es tu opinión respecto a la afirmación realizada
recientemente por el presidente francés Emmanuel Macron y reafirmada por la
presidenta del Consejo Europeo Ursula Von Leyden en relación a que Rusia
constituye una verdadera amenaza militar para Europa en particular y para el
occidente atlántico en general, como argumento para legitimar la decisión de
implementar una ambiciosa política de rearme europeo?
— Mi opinión es
que Europa ha asimilado acríticamente el discurso estadounidense tradicional
(paradojalmente puesto en suspenso por Trump) que asimila a la Rusia de
Vladimir Putin con la Unión Soviética. Esta política fue cultivada con esmero y
por igual por los gobiernos de los demócratas y de los republicanos desde la
caída del Muro de Berlín y la implosión de la URSS y ha calado muy hondo en la
dirigencia, pero también en la opinión pública europea, en donde la rusofobia
otrora latente o dormida hoy es abierta y vociferante. Es una política absurda,
porque si hay un país que ha sido invadido en la historia europea, ese país es
Rusia; los mongoles lo intentaron, y luego Napoleón y más tarde Hitler. También
fue invadida por Suecia y Polonia, y en la guerra civil que estallara después
del triunfo de la Revolución de Octubre partes del territorio soviético fueron
invadidas por EE.UU., Inglaterra, Francia, Japón, amén de otras potencias
occidentales. Pero la eficacia de la propaganda estadounidense es abrumadora,
sólo comparable con la estupidez de la dirigencia política europea. El
presupuesto inicial del rearme, ¡800.000 millones de euros!, tendrá como efecto
agudizar el malestar ciudadano, alimentar el conflicto social y, al final del
camino, debilitar aún más a las oligarquizadas democracias europeas, vaciadas
de todo contenido por la Comisión Europea y el Banco Central Europeo.






