viernes, 4 de abril de 2025
Encuentran fósiles del espécimen más antiguo del dinosaurio Iguanodon en Teruel [España]
Encuentran
fósiles del espécimen más antiguo del dinosaurio Iguanodon en Teruel
Tercerainformacion /
04.04.2025
La Fundación Conjunto
Paleontológico de Teruel-Dinópolis ha descubierto nuevos restos de esta especie
de hace unos 125 a 127 millones de años durante una nueva excavación
paleontológica en el yacimiento de Cabra de Mora.
Excavación paleontológica
en el yacimiento de Cabra de Mora (Teruel) /La Fundación Dinópolis
Como resultado de las excavaciones que se están
llevando a cabo actualmente en el yacimiento CM-8 de Cabra de Mora (Teruel)
por La fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis, se han
descubierto nuevos fósiles de Iguanodon galvensis.
El hallazgo coincide con los 200 años de la
primera descripción de este género de dinosaurio que perteneció al Cretácico
Inferior, según la datación de los sedimentos de la Formación El Castellar
donde estos se encuentran.
Entre los restos destacan una tibia de grandes
dimensiones, varios huesos de la cintura escapular y elementos
de la columna vertebral, entre otros.
Estudios previos de algunos fósiles de este
yacimiento, ya publicados por este equipo en el año 2022 en la revista Journal
of Iberian Geology, permitieron la asignación de algunas vértebras al
género Iguanodon; en concreto se relacionaron con Iguanodon
galvensis. Por lo tanto, presuponen que los nuevos descubrimientos
pertenecen al mismo individuo.
Fósiles de Iguadonon en
Teruel / la Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis
Iguanodon es
un dinosaurio ornitópodo que se caracterizaba por comer plantas,
por presentar un pico córneo, carecer de ‘armadura’ y por poder caminar de
forma cuadrúpeda y, en ocasiones, de manera bípeda.
Este género de dinosaurio poseía extremidades
fuertes y muy robustas. Una de sus mayores peculiaridades era la de poseer un
gran pulgar en la mano, terminado en un cónico y robusto ‘punzón’.
Los nuevos fósiles
Alberto Cobos,
paleontólogo y director de la Fundación Dinópolis, destaca que “actualmente
hemos descrito fósiles de Iguanodon galvensis en dos
formaciones geológicas en la provincia de Teruel: en la Formación Camarillas y
en la Formación El Castellar, como este de Cabra de Mora, más antigua geológicamente.
El individuo procedente del yacimiento CM-8
representa al Iguanodon más antiguo conocido en el mundo, ya que, tanto los
asignados a Iguanodon bernissartensis en diversos países europeos (incluido
España), se sitúan en rocas más ‘modernas’”.
“Profundizar en el conocimiento de este ejemplar
de Iguanodon de Cabra de Mora (de unos 10 metros de longitud) es muy importante
para conocer mejor a este género icónico de la dinosaurología mundial ¡Qué
mejor manera de celebrar los 200 años de Iguanodon que
excavando en Teruel el más antiguo de todos los conocidos hasta el momento!”,
añade el director.
La excavación forma parte del proyecto denominado
Los yacimientos paleontológicos de la provincia de Teruel como factor de
desarrollo territorial (IV) y es subvencionado por el Gobierno
de España y el Gobierno de Aragón con cargo al Fondo de Inversiones de Teruel
(a través del Departamento de Presidencia, Economía y Justicia).
Asimismo, es una de las acciones del Grupo de Investigación FOCONTUR, financiado a través del Gobierno de Aragón y contó también con la financiación del Ministerio de Ciencia, Innovación y Universidades del Gobierno de España a través de la Unidad de Paleontología de Teruel.
Recreación del Iguanodon /
Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis
Otros hallazgos arqueológicos
En los entornos de la excavación se han
recuperado fósiles de otros dinosaurios ornitópodos, de
terópodos (carnívoros) espinosáuridos y saurópodos (herbívoros con cuello y
cola largos), así como restos de tortugas, cocodrilos, peces y bivalvos, y
coprolitos (heces fosilizadas).
García Cobeña, paleontólogo de la Fundación
señala que “en las cercanías del entorno del yacimiento CM-8 se han hallado
también restos más fragmentarios de otro individuo que se
relaciona con Iguanodon galvensis, con una edad geológica similar”
El mismo experto añade que “la gran cantidad de
icnitas (huellas fósiles) de pies y manos que se relacionan con este
dinosaurio en estas mismas unidades geológicas en las que se sitúan los
yacimientos con huesos. Por eso, la provincia de Teruel en particular y el
Maestrazgo en general son el entorno ideal a nivel europeo para conocer mejor
las dos especies del género Iguanodon y sus huellas”.
Historia de los hallazgos de Iguanodon
En 1825, el médico inglés Gideon
Mantell describió los primeros restos (varios dientes) de Iguanodon.
Mantell asignó esos fósiles, procedentes de la región de Sussex (Reino Unido),
a un nuevo género de reptil herbívoro al que denominó Iguanodon,
por la similitud de los dientes con los de las iguanas.
Durante los 200 años posteriores, hasta llegar a
2025, han sido varias las especies atribuidas a este género, a través del
estudio de fósiles procedentes de yacimientos de Europa, Asia y Norteamérica.
Sin embargo, hoy en día y tras numerosas
investigaciones, el número de especies incluidas dentro del género Iguanodon se
ha reducido drásticamente, hasta solo dos del Cretácico Inferior de
Europa: Iguanodon bernissartensis e Iguanodon
galvensis.
Los fósiles de la primera especie, I.
bernissartensis, proceden de numerosos yacimientos del Barremiense—Aptiense
(en torno 123 a 120 millones de años). Por el contrario, los de I. galvensis
son geológicamente más antiguos y proceden del Hauteriviense superior—Barremiense
inferior (127 a 123 millones de años aproximadamente).
Fuente: Fundación Dinópolis
jueves, 3 de abril de 2025
Genocidio: Palestina no tiene derecho a existir
Genocidio: Palestina no tiene
derecho a existir
DIARIO OCTUBRE / abril 1, 2025
Marcos Roitman
Rosenmann (La Jornada).— Israel, Estados Unidos y Europa
Occidental han dictado sentencia. Por razones de limpieza étnica, el pueblo palestino
debe ser exterminado. Vaciar Gaza se ha convertido en el sueño de los
usurpadores. ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? Los invasores han logrado lo
imposible, adormecer conciencias e insensibilizar corazones. Mientras, nos
inundan con noticas donde lo humano del ser humano se pone en valor. Siempre
hay espacio para informar de milagros. Dar a luz en un taxi, en medio de la
calle, un autobús. Todo es poco para subrayar el apoyo de viandantes anónimos a
la parturienta. Se acumulan actos heroicos. El salvamento de ancianos, mujeres
y niños, sorprendidos por la crecida de ríos. Montañeros rescatados por
especialistas. Bomberos, policías y ciudadanos auxiliando mascotas. En 2019, la
imagen de un koala conmovió al mundo. Una mujer se despojaba de su ropa para
apagar la piel ardiente del marsupial, evitando su muerte. Pero ver gazatíes
víctimas de bombardeos, médicos asesinados por el ejército israelí, casas de
palestinos quemadas por colonos sionistas, niños con la mirada perdida buscando
familiares entre ruinas, sin alimentos, acosados en lo que parece ser el mayor
campo de concentración de la historia, no provoca indignación, sólo
indiferencia. Y lo que es peor, no es noticia.
En su
ensayo, La teoría de los sentimientos morales, Adam Smith habló de
compasión ante el sufrimiento ajeno: “Por medio de la imaginación nos ponemos
en lugar del otro, concebimos estar sufriendo los mismos tormentos, entramos
como quien dice en su cuerpo y en cierta medida, nos convertimos en la misma
persona […]; del mismo modo, así como simpatizamos con la pena de nuestro
prójimo cuando presenciamos su aflicción, también compartimos su aborrecimiento
y aversión hacia lo que lo motiva. Nuestro corazón, que prohíja y palpita al
unísono con su pena, también se siente animado por ese espíritu con que pugna
por alejar o destruir lo que la ha causado”.
Pero el dolor
del pueblo palestino, no es un humano sufrimiento. Quienes detentan el poder y
toman decisiones, son refractarios al genocidio de gazatíes y cisjordanos.
Simpatizan con sus asesinos. Protestas reprimidas en Francia, Gran Bretaña,
Alemania o Italia. Banderas palestinas son prohibidas en los estadios de
futbol. Rectores de universidades, en Estados Unidos, se destituyen acusados de
pro palestinos. Deportistas, gente del arte y la cultura, si manifiestan su
rechazo al lobby sionista, son cancelados. Para los gobiernos
que mandan o tienen influencia el pueblo palestino es prescindible. Con su
actitud condescendiente hacia Israel, el mensaje que envían es uno. Pueden
seguir matando hasta vaciar Gaza. Estamos presenciando el primer holocausto del
siglo XXI, patrocinado por Occidente en pleno. Si hay dudas, el armamento
utilizado contra la población civil palestina es de fabricación estadunidense,
alemana, italiana, británica, austriaca, belga, francesa, y española.
El pueblo
palestino ha sido condenado. No tiene derecho a su territorio ni a defenderse.
Si lo hacen sus pobladores son terroristas. Con la boca chica, Europa pide la
paz y el reconocimiento del Estado palestino, y calla ante Donald Trump, cuya
solución consiste en desalojar la franja Gaza de los gazatíes. Que renuncien a
su historia, a su identidad y acepten ser trasplantados. Mientras, seguirán los
bombardeos con drones, misiles y aviones F-35 y F-15 facilitados en 2024 por el
gobierno demócrata de Joe Biden.
Ni una sanción
al gobierno de Netanyahu. Ni pensar en el bloqueo a las cuentas de los magnates
sionistas implicados en la masacre del pueblo palestino. Nada de nada. Mientras
desnudan sus vergüenzas, la Unión Europea se rasga las vestiduras. Levanta la
voz para reclamar respeto a su aliado Volodymir Zelensky. Así, la presidenta de
la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, decide trasladarse a Kiev, con
motivo del tercer aniversario del inicio de la guerra, 22 de febrero de 2022. Y
allí se planta, acompañada de 24 de sus 27 comisarios y el presidente del
Consejo Europeo, Antonio Costa. Von der Layen no tardaría en explicar la
presencia de tanto dirigente pacifista en la capital ucrania: acelerar la
entrega inmediata de armas y municiones a Ucrania. Y más tarde, en Londres,
reunidos jefes de Estado y de gobierno, entre banquetes y salutaciones,
reafirmaron su convicción de continuar la guerra. Serán miles de millones de
euros los entregados a las fuerzas ucranias, cuyos soldados huyen, desertan y
manifiestan su rechazo a ir frente por una causa que no es la suya.
Si de verdad se
busca la paz en Medio Oriente, ¿por qué Von der Layen, junto a sus comisarios,
jefes de Estado y de gobierno no se desplazan a Palestina y sesionan en Gaza?
El mundo occidental tiene la respuesta. Los ucranios son arios, Israel es
nuestro aliado, les vendemos armas, y los palestinos ni siquiera son
cristianos, judíos o católicos. Herejes, a los cuales hay que exterminar. Sus
vidas son irrelevantes y prescindibles.
fuente: https://www.jornada.com.mx/2025/03/31/opinion/018a2pol
Vía:redlatinasinfronteras.wordpress.com
Aquí lo tienen, el genocida Netanyahu llegando con total impunidad a un país de la U.E
Aquí lo tienen, el genocida
Netanyahu llegando con total impunidad a un país de la U.E
El Tribunal Penal
Internacional, otra farsa cuando de detener y juzgar a genocidas se trata.
INSURGENTE.ORG
/ 03.04.2025
Queremos imaginar si un dirigente de la guerrilla de la resistencia al genocidio sionista, fuese de Hamás, el FPLP o Hezbolá, llegase a un aeropuerto de un país de la U.E. La U.E es lo que es. un tinglado para que la clase dominante campe a sus anchas. Importante recordarlo en estas fechas donde su maquinaria mediática trabaja para generar la ideología «europeísta», para contraponer a Trump (como si no fuera parte de la misma masa capitalista) o a Rusia, sin atender a distingos de clase. Tal y como necesitan los capos y el imperialismo.
En efecto, el primer ministro y asesino de Israel,
Benjamin Netanyahu, y su mujer, Sara Netanyahu, han llegado en la madrugada de
este jueves a la capital húngara, Budapest, donde se reunirá con su homólogo,
Viktor Orbán, desafiando la orden de arresto que el Tribunal Penal
Internacional (TPI) dictó en su contra por crímenes de guerra y contra la
humanidad en el marco de las investigaciones por la ofensiva militar sobre la
Franja de Gaza.
miércoles, 2 de abril de 2025
BÉLGICA vivió una jornada de Huelga General y lucha contra los recortes sociales para financiar el rearme. [Los verdaderos enemigos de la clase trabajadora española no hay que buscarlos fuera de España ni en ningún rincón del más allá, sino en los dirigentes de las instituciones políticas, incluyendo la monarquía, el Congreso de los Diputados y el Senado, y otras económicas-financieras y de los grandes medios de comunicación. En todas ellas están los verdaderos enemigos de la clase trabajadora y de la sociedad en general]
BÉLGICA vivió una jornada de Huelga General y lucha
contra los recortes sociales para financiar el rearme
Que cunda el ejemplo.
INSURGENTE.ORG
02.04.2025
Los trabajadores belgas realizaron una huelga de 24 horas el lunes, afectando a los servicios públicos y paralizando prácticamente todo el transporte.
La
huelga, organizada por la Federación General del Trabajo socialista de Bélgica
(FGTB-ABVV) y la Confederación de Sindicatos Cristianos, fue en protesta por
los masivos recortes presupuestarios propuestos por el gobierno de coalición
del país.
Los
recortes propuestos de 1.000 millones de euros (800 millones de libras)
afectarían las pensiones, los beneficios de desempleo y los servicios públicos.
En
Flandes, circulaban menos de la mitad de los autobuses y tranvías. El servicio
ferroviario nacional operaba con un servicio mínimo, conforme a la legislación
belga.
Se
produjeron cierres generalizados de escuelas y se suspendieron los servicios
postales y de recogida de basura. También se produjeron interrupciones en los
puertos de Amberes y Zeebrugge.
El
segundo aeropuerto más grande de Bélgica, Charleroi, canceló todos los vuelos.
Brussels
Airlines canceló todos los vuelos de salida y casi todas las llegadas.
La
nueva coalición llegó al poder prometiendo mejorar el nivel de vida, pero en
lugar de ello aumentó el gasto militar.
Stefano
Scibetta, delegado principal de la FGTB-ABVV, dijo: «La gente está harta. Nadie
quiere trabajar hasta los 67 años para ganar menos dinero».
En un comunicado, el Partido de los Trabajadores de
Bélgica dijo que la coalición estaba “dividida y vacilante” y que “cuanto más
apoyemos la huelga, mayores serán nuestras posibilidades de bloquear sus planes
de destrucción social”.
Lucha por el Ártico
Es muy probable que el
deseo de Trump de anexionarse Groenlandia y Canadá sea una respuesta al
proyecto chino de la Ruta de la Seda Ártica, además de apropiarse de los
recursos de ambas. Quizá por eso Rusia no ve mal el proyecto estadounidense.
Lucha por el Ártico
El Viejo Topo
2 abril, 2025
LA LUCHA POR EL
ÁRTICO: LA LUCHA POR LOS RECURSOS
Groenlandia es
la isla más grande del mundo, con una extensión aproximada de 2.166.086 km².
Está situada en el océano Atlántico Norte, entre el Ártico y el Atlántico, y
aunque forma parte del Reino de Dinamarca, cuenta con un gobierno autónomo. En
las elecciones celebradas el 11 de marzo de 2025, ganaron los “independentistas
moderados”.
La colonización
de Groenlandia comenzó en el siglo X con la llegada de los vikingos, liderados
por Erik el Rojo, quien estableció asentamientos en la costa suroeste.
Posteriormente, en el siglo XVIII, Dinamarca consolidó su dominio sobre la
isla, convirtiéndola en una parte integral de su territorio.
El interés de
Estados Unidos en Groenlandia se remonta a 1867, cuando el presidente Andrew
Johnson propuso la compra de la isla tras la adquisición de Alaska a Rusia. La
compra de Alaska, realizada el mismo año por 7,2 millones de dólares, se
convirtió en una de las mayores adquisiciones territoriales de Estados Unidos.
En paralelo, se barajó la posibilidad de adquirir Groenlandia, aunque la
propuesta no prosperó. La compra de Alaska había sentado un precedente
estratégico en el Atlántico Norte que tendría consecuencias posteriores.
Durante la
Segunda Guerra Mundial, en 1941, Estados Unidos estableció bases militares en
Groenlandia ante el temor de una posible invasión alemana. Estas bases llegaron
a albergar a 15.000 soldados estadounidenses, mientras que la población de la
isla no superaba los 25.000 habitantes, lo que transformó radicalmente la
dinámica social y demográfica del lugar. Finalizada la guerra, el presidente
Harry Truman ofreció en 1946 comprar la isla por 100 millones de dólares en
oro, pero Dinamarca rechazó la propuesta, argumentando que la isla era parte
integral de su territorio. No obstante, la presencia militar estadounidense
continuó consolidándose. En 1956, como resultado de un tratado bilateral, se
estableció la base aérea Pituffik, anteriormente denominada Thule. Esta base
sigue siendo la instalación militar más septentrional de las Fuerzas Armadas de
Estados Unidos, ubicada aproximadamente a 1.200 km al norte del Círculo Polar
Ártico y a unos 1.500 km del Polo Norte.
La explotación
comercial y militar de la zona ártica impone enormes retos. Era una de las
zonas vírgenes del planeta y ahora se verá sometida a una enorme presión tanto
económica como militar para explotar sus recursos. En 1968 ocurrió un grave
accidente en la base de Thule, cuando dos bombarderos estadounidenses chocaron
mientras transportaban cuatro bombas de hidrógeno. Aunque tres de ellas fueron
recuperadas, una nunca fue localizada, contaminando amplias zonas con material
radiactivo. Este desastre puso en evidencia los riesgos de la militarización
del Ártico y el desprecio de Estados Unidos hacia la soberanía danesa (el
gobierno danés ignoraba el tránsito de ese armamento por su territorio) y la
seguridad ambiental de la región.
En 2019, el
expresidente Donald Trump sorprendió al mundo al manifestar su interés en
comprar Groenlandia, calificándolo como una “gran transacción inmobiliaria”.
Aunque la propuesta fue recibida con escepticismo y burlas a nivel
internacional, en realidad respondía a una estrategia cuidadosamente
planificada por el Pentágono. En 2018, el Departamento de Defensa de Estados
Unidos delineó la estrategia conocida como Icebreaker Collaboration Effort
(ICE), que finalmente se concretó en 2024 como un acuerdo tripartito entre
Estados Unidos, Canadá y Finlandia. El objetivo del ICE es desarrollar y
construir rompehielos para facilitar las operaciones en el Ártico, reforzando
la capacidad estadounidense para proyectar poder en la región.
Trump entendió
que asegurar Groenlandia significaría consolidar el acceso al Ártico, ya que, a
través de Alaska, Estados Unidos ya posee aproximadamente el 10% del acceso a
la región. Si adquiriera Groenlandia, sumaría otro 20%, y si lograra incluir a
Canadá como aliado estratégico o incluso como un estado federado, añadiría un
15% adicional. Así, el dominio estadounidense alcanzaría el 45% del Ártico,
frente al 50% de Rusia y el 4% de Noruega. Aunque la propuesta de comprar Groenlandia
pueda parecer extravagante o descabellada, en realidad responde a una lógica
geopolítica pragmática: garantizar el control sobre una región que será
fundamental en el futuro cercano debido al deshielo y al potencial económico y
militar que representa.
La estrategia
de Trump de adquirir Groenlandia debe entenderse en el contexto de un mundo
cada vez más multipolar, donde el equilibrio de poder está en constante cambio.
El interés estadounidense por la región refleja el deseo de contrarrestar la influencia
de Rusia y China, que están desplegando importantes inversiones en
infraestructuras y desarrollando flotas de rompehielos para asegurar sus
propios intereses en el Ártico. China, en particular, está impulsando la
llamada Ruta de la Seda Ártica, que permitiría reducir en un 40% los costos de
transporte entre Asia y Europa en comparación con la ruta tradicional a través
del Canal de Suez. Esto supondría una ventaja comercial estratégica para Pekín,
pero también un riesgo geopolítico si Estados Unidos lograra controlar las
rutas del norte.
Las autoridades
chinas saben de sobra que su gran talón de Aquiles es el estrecho de Malaca,
por donde transita el 25% del comercio mundial y a través del cual China
importa energía y exporta sus productos al resto del mundo. Rusia, en paralelo
al desarrollo de su flota de rompehielos, cuenta con unos 40 (7 de los cuales
son atómicos). Moscú está revitalizando antiguas bases soviéticas, creando
nuevas instalaciones militares y desarrollando flotas de submarinos nucleares,
consciente de que el Ártico se ha convertido en la frontera estratégica más
corta entre América del Norte y Rusia.
La situación en
el Ártico pone de manifiesto que la política internacional de Estados Unidos no
se basa en ideales ni en alianzas permanentes, sino en la defensa de intereses
estratégicos. Es una lección que la UE aún no ha aprendido. Estados Unidos hace
suya la frase del primer ministro inglés Lord Palmerston, quien decía:
“Inglaterra no tiene amigos permanentes ni enemigos permanentes, solo intereses
permanentes”.
El enfoque
unilateral de Estados Unidos refleja una clara intención de asegurar su dominio
en una región que, en pocas décadas, podría convertirse en el eje de las rutas
comerciales globales y una de las mayores fuentes de recursos naturales. Las
acciones de Trump, aunque polémicas y muchas veces presentadas de manera
extravagante, responden a una lógica geopolítica anticipatoria. Por otro lado,
el sometimiento de Europa a los intereses estadounidenses en el contexto ártico
ha dejado en evidencia la debilidad de las instituciones europeas para defender
la soberanía de sus estados miembros.
martes, 1 de abril de 2025
¡Ya salió el Topo de marzo! La Guerra civil del occidente colectivo (artículo en abierto)
Artículos de Manolo
Monereo, Armando Fernández Steinko, Carlo Formenti, Higinio Polo, Miguel Candel
y Javier Enríquez Román. Entrevista de Salvador López Arnal a Carlos Tuya.
¡Ya salió el Topo de marzo! La Guerra civil del
occidente colectivo (artículo en abierto)
El Viejo Topo
1 abril, 2025
Artículo en abierto de la Revista El Viejo Topo, nº447, de abril de 2025
Además, en la revista de este mes: primera parte de «Anatomía de la
izquierda gentrificada» por Armando Fernández Steinko. «El carnicero de
Riga es un héroe letón» por Higinio Polo; Carlos Formenti continúa su recorrido
sobre las luchas africanas contra el Imperialismo a través de la figura de
Amílcar Cabral; Entrevista de Salvador López Arnal a Carlos Tuya.; «El futuro
es siempre oscuro» de Miguel Candel. Y en CINE, David Lynch El otro lado del
espejo por Javier Enríquez Román.
La guerra civil
del Occidente Colectivo
por Manolo
Monereo
La
occidentalización del mundo, la otra cara de la globalización neoliberal, ha
fracasado. Tanto más traumático será el declive histórico de Occidente cuanto
más se nieguen sus líderes a reconocer la inevitabilidad del futuro mundo
multipolar.
“El poder es
esencialmente jerárquico y conflictivo, y su disputa implica una competencia
permanente por más poder y por la conquista y control monopolístico de las
condiciones más favorables para la expansión de ese poder”
José Luis
Fiori, 2024
Los hechos en
sí poco dicen si no se tiene un marco teórico que los interpreten y les den
sentido. Esto es así siempre; ahora mucho más. ¿Por qué? Porque la historia
real evoluciona a saltos, con quiebres, con rupturas. Hay periodos de
normalidad, es decir, de sucesión de acontecimientos en un espacio-tiempo
homogéneo, estandarizado, previsible. Hay también periodos de fracturas, de
discontinuidades radicales.
Su
característica básica: la excepción se convierte en “normalidad” y el tiempo se
acelera. Cada mañana desayunamos con algo nuevo, los acontecimientos se suceden
vertiginosamente; nos asombran, nos inquietan, no lo entendemos. Atisbamos el
peligro y nos quedamos sin referentes. Los actores estatales, los grandes
operadores financieros y empresariales, los formadores de opinión suelen
interpretar estas fases históricas como periodos de caos, de desorden, de
incertidumbre. Son épocas de crisis y se viven como tales.
La cita de
Gramsci parece obligada, por mucho que le pese a Adam Tooze: “La crisis
consiste precisamente en el hecho de que lo viejo muere y lo nuevo no puede
nacer: en este interregno se dan los más diversos fenómenos morbosos”.
Ahora bien, hay que tener cuidado. El viejo sardo la formula relacionándola con
“la crisis de autoridad”, cuando “la clase dominante ha perdido el consenso,
esto es, si ya no es “dirigente” sino solo “dominante”, detentadora de pura
fuerza de coerción, esto significa simplemente que las grandes masas se han
separado de las ideologías tradicionales, ya no creen en lo que creían antes, etc.”.
Después, solo después, viene la cita tan repetida en estos días, que, es bueno
recordarlo, se relaciona inmediatamente con la “cuestión de los jóvenes”. Yo la
voy a emplear en este sentido más general y en otro más restringido relacionado
con la crisis de hegemonía en las relaciones (de poder) internacionales.
Conviene no
dejarse confundir desde el principio. No, no es verdad que ahora se esté
poniendo fin al orden internacional instaurado después de la Segunda Guerra
Mundial. Eso terminó con la desintegración / derrota de la Unión Soviética y la
disolución del Pacto de Varsovia. Lo que ahora se pone fin es al Orden
Internacional proclamado e impuesto por los EEUU desde, al menos, 1991. Lo que
se quiere esconder es que ese orden institucionalizaba una determinada
correlación de fuerzas (de dominio y control) bajo hegemonía unipolar
norteamericana basada en unas “normas” singulares; definidas, interpretadas y
aplicadas por el “soberano” victorioso sobre el “imperio del mal”. El “momento”
unipolar implicaba subordinar el Derecho Internacional a los intereses de los
EEUU, poner a su servicio las instituciones internacionales y arrogarse el
(único) poder para hacer y declarar la guerra.
Hagamos
memoria, porque se dijo y se ha repetido muchas veces: con el Consejo de
Seguridad de las NNUU cuando es posible; sin él, cuando el Presidente de los
EEUU lo considera necesario. ¿Damos ejemplos? Somalia, Afganistán, Irak, Libia,
Siria, Yemen…. intervenciones militares sin el apoyo del Consejo. Con su
“Orden” y con sus “normas” siempre se han dado a sí mismos el derecho y la
legitimidad para sancionar, criminalizar e intervenir militarmente cuando sus
intereses se ponen en peligro. El presidente Carter dijo que su país era el más
belicoso de la historia. No se equivocaba.
El “Orden
Internacional basado en normas”, impulsó nuevas relaciones de poder, nuevas
alianzas entre países y reajustó con mano firme el sistema-mundo capitalista.
En su centro, el Occidente colectivo. Su proyecto: la globalización
neoliberal/la occidentalización del mundo. Hay que precisar. Este “Occidente”
no es el Occidente realmente existente en su sustancial pluralidad y en su
radical diversidad, es una construcción político-cultural hegemonizada por los
EEUU, con el Reino Unido como secundario de lujo. Las clases dirigentes
anglosajonas se han considerado a sí mismas como el verdadero Occidente; los
salvadores de una Europa decadente, hipotecada por un pasado glorioso y sin
voluntad de poder. Sus esperanzas siempre estuvieron con la “otra” Europa, la
del Este, la anticomunista y anti rusa.
Desde el primer
momento, la Administración norteamericana fue consciente de que, en el nuevo
orden que estaba construyendo, la condición previa para mantener amarrada, bien
sujeta a Europa era integrar a estos países en la OTAN y en la Unión Europea;
con ellos difícilmente habría autonomía estratégica real, tampoco sería posible
una Europa políticamente independiente y, algo fundamental, no habría un
espacio económico-social regulado capaz de oponerse a las políticas
(neo)liberales que organizaban el “nuevo siglo americano”. La Europa del euro
no fue, como se dijo hasta la saciedad en ese momento, la alternativa al poder
del dólar sino la garantía de que este no sería cuestionado, que los grandes
conglomerados financieros e industriales norteamericanos seguirían gozando de
los privilegios que habían tenido hasta el presente.
No es este el
lugar para dar cuenta de lo que fue y ha sido la globalización neoliberal.
Basta decir que fue una ideología, un proyecto político y una realidad
objetiva. Lo fundamental es que pretendió –y en gran medida consiguió– liberar
al capital de los controles políticos y sociales que, durante más de treinta
años, lo embridaron, fundamentalmente al capital financiero. Los Estados
nacionales se convirtieron en el enemigo a batir; su desmontaje fue la gran
tarea del momento. Se desconectó la “cuestión social” de la “cuestión
democrática” y las políticas liberales se convirtieron en obligatorias. La
globalización, se repitió una y mil veces, era deseable e inevitable y la
convirtieron en el único horizonte de lo posible. La izquierda y la derecha se
hicieron neoliberales y el keynesianismo pasó a ser una doctrina obsoleta y
hasta peligrosa. Todo lo demás era autarquía y nacionalismo. La Unión
Europea, hay que insistir, fue el dispositivo estratégico para imponer la
globalización en un espacio político definido por conflicto social y político,
por un movimiento obrero que había acumulado experiencia sindical y poder
contractual y por una izquierda, en su versión socialdemócrata o en su versión
comunista, comprometida con los derechos sociales, el Estado de bienestar y,
sobre todo, con el pleno empleo.
En todas partes
la globalización transformó las relaciones de poder entre las naciones y las
clases, impuso una nueva división del trabajo y formas flexibles de gestión de
la fuerza laboral, propició la descentralización productiva y debilitó
enormemente el poder contractual de los sindicatos, allí donde tenían peso e
influencia; es decir, en las economías centrales. Dicho de otra forma, la
globalización generó coaliciones de ganadores y perdedores tanto social como
territorialmente; las desigualdades sociales se incrementaron y las viejas
identidades de las clases subalternas se fueron disolviendo en un espacio
público cada vez más colonizado por un individualismo que se hizo de masas, por
el descrédito del socialismo (en cualquiera de sus acepciones) y rechazo de la
política como instrumento de transformación social.
La otra cara de
la globalización fue lo que Alexandr Zinoviev llamó la “occidentalización” del
mundo. Se trata de un concepto complejo y no exento de contradicciones. El
conocido filosofo e intelectual ruso-soviético lo definió como “la tendencia de
Occidente a hacer que los demás países se parezcan a él en estructura social,
economía, ideología, psicología y cultura”. Se trata en todas partes de
construir sociedades e instituciones que reproduzcan el tipo de capitalismo y
los marcos jurídicos-políticos que los anglosajones consideran obligatorios y
universales. Zinoviev va perfilando los rasgos del occidentalismo:
totalitarismo monetario, tipo de capitalismo que se postula, la supra economía
(el poder global de los EEUU), la democracia colonial, etc. Lo fundamental:
“El fin de la
occidentalización es situar a los otros países en su esfera de influencia,
poder y explotación, y no como socios paritarios con las mismas oportunidades,
lo cual sería imposible dada la desigualdad efectiva de fuerzas, sino con el
papel que Occidente considere para sus fines”. Sin olvidar un elemento clave:
“Occidente tiene poder suficiente para impedir que aparezcan países de tipo
occidental independientes que representen una amenaza para su dominio de la
parte del planeta conquistada y sus aspiraciones de dominio de todo el
planeta”.
Todo esto
terminó con la crisis financiera internacional de 2008. Pocos la previeron y
menos aún sacarán las consecuencias geopolíticas de un acontecimiento histórico
que ponía fin al “corto” dominio unipolar de EEUU. Lo que se anunciaba como el
nuevo siglo americano duró apenas 20 años, y hoy, lo que queda, se va
(dramáticamente) disolviendo entre las amenazas de un conflicto nuclear y las
esperanzas de un mundo multipolar que inaugure una nueva etapa que ponga fin a
la larga hegemonía de Occidente y reconozca, de una vez por todas, la
pluralidad civilizatoria, económica y de poder de un mundo que considera
llegado el momento de autogobernarse. Lo dicho, comenzó un interregno que ponía
en cuestión los fundamentos de un orden impuesto y se iniciaba una transición
que aceleradamente lo estaba cambiando todo.
La gran
potencia norteamericana en declive tenía dos grandes opciones: reconocer los
cambios que se estaban produciendo en las relaciones internacionales para
intentar gobernarlos, dirigirlos, y sacar partido de su predominio relativo, o
enfrentarse a ellos con el único poder real y efectivo donde seguía teniendo
superioridad, a saber, el político-militar. Al final, estas dos opciones han
terminado por cristalizar en dos coaliciones que han dividido duradera y
radicalmente a la clase política norteamericana y está llevando a una guerra
civil al Occidente colectivo, es decir, a las provincias del imperio: Unión
Europea, Reino Unido y su más directa Commonwealth (Canadá, Australia y Nueva
Zelanda), Japón y Corea del Sur. Lo que representan Donald Trump y Joe Biden
tiene mucho que ver con estos dilemas que estamos viviendo en vivo y en
directo.
Las clases
dirigentes norteamericanas han tenido como uno de sus referentes ideales a
Grecia y a Roma. El patriciado, los dueños del país, se sintieron y se siguen
sintiendo, en gran medida, herederos de la cultura clásica y se han imaginado a
si mismos como continuadores de un modo de organizar el mundo y la política a
la altura de ese ejemplo histórico. El imperio que han ido construyendo se ha
basado en una sofisticada combinación de poder duro, poder blando y de poder
estructural que les permitió diseñar instituciones y reglas internacionales que
siempre le benefician. La clave ha sido siempre la cooptación de las élites
económicas, políticas, culturales y militares. Ha sido un trabajo ingente,
sistemático y a largo plazo. Hegemonía político-cultural, control y dominio
político-militar y la protección de las clases económicamente dominantes de los
protectorados, se han ido dosificado según cada coyuntura histórica, posibilitado
por el consenso sólido, férreo de una clase política bipartidista unida en lo
fundamental: perpetuar unas relaciones de poder que le son ampliamente
favorables.
Brzezinski,
siempre lúcido y claro, destacaba que el sistema de poder global estadounidense
–por factores domésticos– ponía el acento en la técnica de cooptación basada
“en el ejercicio indirecto de la influencia sobre élites extranjeras
dependientes, mientras que obtiene grandes beneficios a través del atractivo
que ejercen sus principios democráticos y sus instituciones. Todo lo anterior
se refuerza con el impacto masivo pero intangible de la dominación
estadounidense sobre las comunicaciones globales, las diversiones populares y
la cultura de masas, y por la influencia potencialmente muy tangible de la
tecnología punta estadounidense y de su alcance militar global”. Más claro no
se puede decir.
La
globalización neoliberal capitalista ha estado repleta de paradojas;
rápidamente generó fuerzas que no fue capaz de controlar. Ha propiciado la integración
de China en el mercado mundial desde una posición cada vez más autónoma; ha
permitido, a pesar de las sanciones y de los intentos permanentes de
desestabilización, que Rusia reconstruyera su Estado-civilización; ha
(norte)americanizado fuertemente la vida pública europea, haciéndola más
dependiente y subalterna de los intereses de Estados Unidos y, lo más
significativo, ha puesto en crisis al Estado-Nación que la impulsó y la
convirtió en la plataforma estratégica de nuevas relaciones de dominio y
control. Donald Trump es efecto y no causa de esta crisis. Quien no parta de
aquí, difícilmente entenderá el conflicto que asola al Occidente colectivo.
Como en el
viejo imperio romano, los conflictos, las guerras civiles se trasladan del
centro a las provincias, a las colonias. Las clases dirigentes de los Estados
europeos, las élites que dirigen la UE y las estructuras de poder relacionadas
directa o indirectamente con la OTAN se sienten parte, son actores conscientes
al servicio de un proyecto (El Orden Internacional basado en normas) que
representaba, hasta ahora, los intereses estratégicos de los EEUU. Jan Krikke
(editor jefe de Asia Times) lo explica bien:
“Hace unos 30
años, la mayoría de los países europeos, influenciados por la ola neoliberal en
Estados Unidos, eligieron una serie de líderes políticos de mentalidad
atlantista que estaban de acuerdo con las políticas neoliberales
estadounidenses.
Los sucesivos
gobiernos estadounidenses, incluidos Bush, Clinton, Obama apoyaron la expansión
de la OTAN. El pretexto fue la expansión de la democracia y la libertad, lo que
ocultó las razones geopolíticas y económicas que se remontan a la era
colonial”.
La clave: la
fuerte conexión entre globalismo, políticas neoliberales y la UE. Las clases
dirigentes europeas se han formado en esta cultura política, han sido
seleccionadas, organizadas, apoyadas para defender este proyecto global, para
representarlo ante sus poblaciones y, sobre todo, para impedir, cueste lo que
cueste, que puedan surgir proyectos alternativos que lo cuestionen. Son élites
desnacionalizadas, sin vínculos de pertenencia con sus comunidades,
intercambiables entre sí y cada vez más homogéneas políticamente. Las
consecuencias de estas políticas son cada vez más evidentes: desigualdad, involución
social, inseguridad cultural, degradación de la democracia y el giro a la
derecha de todo el mapa político. Y más allá, la puesta en cuestión de la Unión
Europea del euro.
El retorno de
Trump debería haber hecho pensar a los que mandan en esta provincia del
imperio. No lo parece. El nuevo presidente no la ha tenido fácil: procesos,
campañas, intentos de asesinatos a la americana. Las élites europeas han jugado
a fondo la partida y se han posicionado claramente en favor de la coalición
política, empresarial y mediática que ha defendido Kamala Harris. Los
republicanos son el mal absoluto, la dictadura, la mentira y la degradación de
la vida democrática. Los demócratas, los defensores de las libertades, el
feminismo, los derechos de los inmigrantes y, sobre todo, de la continuidad de
la guerra contra Rusia. Ganó Trump y nuestros gobernantes se encuentran ante
una coyuntura dramática: su país-guía, su referente político, la gran “Nación
imprescindible” del mundo, cambia de posición y pone en cuestión todo lo
defendido y realizado por ellos durante más de 30 años. No es poco. La crisis
siempre desvela lo que la normalidad oculta; al menos, sitúa a cada uno en su
sitio y nos dicen quién manda verdaderamente y quien está obligado a obedecer.
Lo que más
asombra es que nuestros gobernantes no fueran conscientes de lo que estaba
pasando en la sociedad norteamericana. El primer mandato de Trump debería de
haber servido de advertencia. No fue así. Era tal su fe, su creencia,
largamente interiorizada, en la superioridad indiscutida e indiscutible de los
EEUU que no fueron capaces de entender que este país entraba en un periodo de
crisis, de conflictos sociales y culturales, de guerras civiles más o menos
larvadas. Biden no es la democracia; Trump no es el fascismo. El asunto es más
complejo. Si observamos con perspectiva el genocidio palestino y el
comportamiento de las instituciones euroamericanas, nos daremos cuenta que el
Estado de Israel es su vanguardia armada; Netanyahu tiene “licencia” para
masacrar poblaciones e intervenir militarmente cuando sienta sus intereses
amenazados (actualmente: Líbano, Siria, Irak, Irán, Yemen). A Von der Leyen, a
la señora Kaja Kallas, a Napoleón 3º Macron, a Scholz, a nuestro cariacontecido
Pedro Sánchez, no se lo ocurren imponerle sanciones económicas, comerciales,
militares; ni mucho menos exigir una condena clara y efectiva en el Consejo de
Seguridad por sus continuas violaciones del derecho internacional, o propiciar
una coalición internacional para mandar tropas para proteger a los palestinos.
¿Cuánto duraría
Netanyahu sin el apoyo de los EEUU, de las UE, de la OTAN? Días, semanas; no
mucho más. Estas políticas nada tuvieron que ver con motivaciones éticas,
defensa de supuestos valores europeos; con la promoción de los derechos
humanos, de la democracia o del respeto a la soberanía de Estados y pueblos.
Esto va de políticas de poder, con la defensa de intereses económicos de los
grandes monopolios financieros-empresariales, con prioridades geopolíticas en
un momento, nunca se debe olvidar, en que el mundo está cambiando de base.
Nuestras élites gobernantes lo saben y nos manipulan conscientemente.
Biden / Trump
expresaban dos coaliciones sociales, dos “lecturas” y dos estrategias de
respuesta a la crisis de los EEUU. Una tiene un nombre consolidado:
imperialistas liberales o liberal-imperialistas; la otra está por definir, yo
los denominaría nacional-conservadores imperialistas o conservadores-imperialistas.
El marco analítico, el programa y la estrategia del nuevo Presidente van
desgranándose entre amenazas, rectificaciones y marchas atrás. Es su peculiar
estilo de hacer política. La percepción del nuevo equipo es que heredan un país
en crisis, desindustrializado, socialmente roto, fiscalmente en bancarrota y
sin proyecto. La globalización, las políticas impulsadas por la clase política
bipartidista, han puesto de manifiesto una contradicción cada vez más aguda
entre el Estado Nacional norteamericano y su política imperial; dicho de otra
forma, las políticas internacionales de las diversas administraciones, han
terminado por arruinar económica, política y moralmente a la sociedad
americana. Y algo más importante, defender el orden unipolar y sus normas es
inútil: el mundo multipolar es irreversible, ahora se trata de gobernarlo,
mejor dicho, de guiar el interregno desde la posición de predominio que aún
siguen teniendo y que saben que no durará.
Continuará.
El Borbón quiere rearme. [Las grandes corporaciones del armamento, que son cuatro y el de la guitarra, mandan que el Rey de España quiera rearme, al igual que mandan que las jefaturas del PSOE, Sumar, Restar, Multiplicar y Dividir, PP, VOX y Mariquita La Yeyé quieran rearme. Pero, ay chiquet, los trabajadores, que somos la inmensa mayoría de la sociedad, aquí y en toda tierra de garbanzos (y en la tierra donde no hay garbanzos también) y que se da la circunstancia, miren ustedes por donde, que somos los auténticos creadores de cuanta riqueza existe, de cuya riqueza no disfrutamos, quitadas las cuatro migajas que nos caen, no queremos rearme, que no que no, por la sencilla razón de que ese rearme se paga con las pensiones que nos quitan (no con la fortuna del Rey Nicanor); la sanidad pública que nos quitan; la enseñanza pública elemental y superior que nos quitan; las prestaciones sociales públicas que nos quitan y etcétera publica que nos quitan; etcétera pública que nos quitan y etcétera pública que nos quitan, de modo que ya digo, las grandes corporaciones del armamento, que son cuatro y el de la guitarra, mandan que el Rey de España quiera rearme, al igual que mandan que las jefaturas del PSOE, Sumar, Restar, Multiplicar y Dividir, PP, VOX y Mariquita La Yeyé quieran rearme. La cosa parece clara: que ellos con sus dineros ganados (los dineros robados no los incluyo, porque estos dineros lo tienen que devolver a sus auténticos dueños: los trabajadores) se compren sus buenas escopetas de caña, cascos de cartón, la trompeta para dar aviso al enemigo que se le van a lanzar en tromba y con los pies por delante y se pongan a guerrear y a matarse entre sí y quedamos tan amigos.]
El Borbón quiere rearme
INSURGENTE.ORG
/ 01.04.2025
El Borbón Felipe VI ha hablado hace unas horas sobre la urgencia de reforzar las capacidades de seguridad y defensa en Europa en un momento de incertidumbre internacional, marcado por el resurgimiento de políticas basadas en el poder y las zonas de influencia, dijo. Durante la inauguración del foro Wake Up Spain, organizado por el diario de derechas de Pedro J. Ramírez, El Español, el Borbón ha advertido que el multilateralismo está en riesgo y ha apelado a la unidad de las fuerzas políticas para afrontar los desafíos actuales.
Felipe VI ha alertado sobre el peligro de dar
marcha atrás a lo que él llama «avances logrados», señalando que no sería razonable
volver a un escenario donde primen las relaciones de poder sin reglas claras,
dijo.










