miércoles, 19 de marzo de 2025

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Imperialismo y guerra

 

Desde una perspectiva socialista-comunista, Piqueras hace aquí un resumen lúcido de lo que ha sucedido en el mundo en el último siglo y medio. Y sí, esto pinta mal. Vayámonos preparando para lo que viene.


Imperialismo y guerra


Andrés Piqueras

El Viejo Topo

19 marzo, 2025 



LA EVOLUCIÓN CONJUNTA DEL IMPERIALISMO Y LA GUERRA

 

1.- La dinámica actual de las luchas de clase en todo el planeta está dominada por el paso del capitalismo a su fase globoimperialista, proceso que Lenin describió para su primera etapa en 1916. Es decir, nada de «tecnofeudalismo» ni otras simplezas de ese tipo, que crean más confusión que claridad. El capitalismo, probablemente en su última fase de desarrollo o comienzo de su muy difícilmente reversible fase degenerativa, sigue siendo el modo de producción hegemónico a escala mundial, aunque sus actividades rentistas adquieran cada vez más peso en él.

2.- El imperialismo es el resultado coherente e inevitable de las leyes de acumulación del capital, tal como las definió Karl Marx hace más de 150 años. Es decir, se trata a la postre del desarrollo lógico de la ley del valor.

Lenin, en su artículo «El Imperialismo y la escisión del Socialismo», escrito en octubre de 1916, sostenía que el imperialismo es una fase histórica especial del capitalismo. Su carácter específico tiene tres peculiaridades: es 1) monopolista; 2) parasitario o en descomposición; 3) agonizante.

La sustitución de la “libre competencia” por el monopolio es el rasgo económico fundamental del imperialismo. Con él, la situación monopolista de los grandes Bancos (“de tres a cinco Bancos gigantescos manejan toda la vida económica de los EE.UU., de Francia y de Alemania”, decía Lenin ya entonces). También la apropiación de las fuentes de materias primas por los trusts y la oligarquía financiera (proveniente de la fusión del capital industrial monopolista con el capital bancario monopolista).

“Se ha iniciado el reparto (económico) del mundo entre los cárteles internacionales. ¡Son ya más de cien los cárteles internacionales que dominan todo el mercado mundial y se lo reparten ‘amigablemente’, hasta que la guerra lo redistribuya! La exportación del capital, como fenómeno particularmente característico a diferencia de la exportación de mercancías bajo el capitalismo no monopolista, guarda estrecha relación con el reparto económico y político-territorial del mundo”.

Sobre todo, cuando ese reparto territorial del mundo (colonias y protectorados) ha llegado a su fin.

3.- El imperialismo como pugna económica y política-territorial a escala mundial, siempre fue parte consustancial del capitalismo, desde sus orígenes, por la propia dinámica expansiva de la acumulación de capital; sin embargo, la fase que se ha señalado como estrictamente imperialista es la que ha desarrollado todo ello hasta un punto de completitud global, con las características anejas que describieron los clásicos.

Este paso del capitalismo a su fase estrictamente imperialista desencadenó un ciclo de guerras mundiales cuyo primer capítulo estalló en los años 1914-1918. Pero éste fue preparado por otras guerras anteriores: «el imperialismo, como fase superior del capitalismo en Norteamérica y en Europa, y después en Asia, se formó plenamente en el período 1898-1914. Las guerras hispano-norteamericanas (1898), anglo-bóer (1899-1902) y ruso-japonesa (1904-1905), y la crisis económica de Europa en 1900, son los principales jalones históricos de esta nueva época de la historia mundial» (Lenin, 1916).

4.- Como resultado de esa Primera Guerra Mundial, se produjo en octubre de 1917 en el imperio ruso la primera Revolución Socialista victoriosa de la Historia, que inició la transición del Modo de Producción Capitalista al Modo de Producción Socialista. Enorme avance, pues, del Movimiento Comunista de la Humanidad en post de la procuración de un mundo libre de explotación y de opresión estructurales, basado en la propiedad colectiva de los medios de producción, en la asociación, colaboración y apoyo mutuo de los/as productores/as y en la gestión comunal y cooperativa de los asuntos públicos. Sin clases sociales, ni Estado, ni patriarcado. Un mundo que exige un enorme desarrollo social e individual en todos los aspectos, con seres humanos socializados en la solidaridad y el bien común, capaces de priorizar el corto-medio y largo plazo (lo colectivo) frente a la inmediatez de lo estrictamente individual (superando en cierto punto su componente genético de pulsión egoísta).

Tal grado de desarrollo (Comunismo) requiere de un largo periodo de transición. Transición que, como las sucedidas entre anteriores modos de producción, presenta forzosamente momentos o fases más rápidas y otras de retroceso o estancamiento, y también de combinación de modos de producción en su seno.

El Socialismo es el modo de producción que comienza y desarrolla el proceso y al que tradicionalmente se le ha situado entre el modo de producción capitalista y ese Comunismo que hace de meta o desiderátum, aunque bien puede ser algo más que mera “transición”. En él, en cualquier caso, se deberán ir creando y forjando las condiciones objetivas y subjetivas que hagan posible ese salto evolutivo de la Humanidad. Metafóricamente, el fin de su Prehistoria.

5.- La victoria de la Revolución Socialista Soviética de 1917 y la posterior construcción de la URSS y del Bloque Socialista son los fenómenos que dominaron la dinámica de la lucha de clases (cuando las luchas de clase se hacen masivas y conscientes) al nivel mundial desde 1917 a 1987. Tras la II Guerra Mundial, la transición al Socialismo se extendió a Europa Oriental y Central (Alemania, Polonia, Checoslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Albania, Yugoslavia), Asia (China, Corea, Vietnam, Laos, Camboya) y América (Cuba). Y se combatió por ella en varios lugares de África.

 

6.- A partir de 1917, el objetivo principal de la oligarquía imperialista mundial fue la destrucción del Socialismo por todos los medios posibles. Llevamos más de 100 años inmersos en esta guerra absoluta que reviste todas las formas imaginables. Entender esto y saber combatirlo es imprescindible para cualquier estrategia que persiga la superación del capitalismo.

7.- Hay que precisar que esta oligarquía imperialista mundial, compleja, plural y llena de contradicciones internas, que tiene intereses nacionales contrapuestos, tiene un componente central minoritario que se ha ido haciendo progresivamente dominante en su seno: el Poder Sionista Mundial, expresión de la gran burguesía financiera de origen judío Esta élite cosmopolita mundial ha ido escalando posiciones paso a paso en los últimos cinco siglos, controlando progresivamente los resortes financieros del capitalismo, y extendiendo su dominio en el área política, cultural y mediática. En el siglo XIX sedimentaría su ideología sionista (de corte nazi-fascista), si bien tampoco es homogénea, pues presenta dos tendencias en su seno, la globalista laica y la mesiánica religiosa. Las dos comparten, sin embargo, un proyecto de dominio mundial sirviéndose de la potencia hegemónica del capitalismo en cada momento. Por ello mantienen una alianza estratégica con otros sectores de la oligarquía imperialista, como es obvio fundamentalmente anglosajones, de filiación protestante en varias de sus ramas.

8.- El fracaso de la intervención imperialista liderada por el Imperio Británico que desencadenó la guerra civil rusa de los años 1917-1923, demostró que para derrotar y destruir a la URSS y a la Internacional Comunista era necesario algo completamente nuevo: sociedades militarizadas y fanatizadas al extremo, capaces de sacrificar millones de seres humanos en una Guerra Total para aplastar la Revolución Mundial y al Movimiento Comunista Internacional.

Esta novedosa fórmula de dictadura terrorista de la burguesía apareció en 1922 en Italia: era el fascismo. Recibió el apoyo entusiasta de toda la oligarquía imperialista mundial, especialmente del Imperio Británico, y se fue extendiendo progresivamente por todo el mundo, revistiendo las más diversas formas, desde el nacionalcatolicismo de Franco al nacionalsocialismo de Hitler o el nacional-autoritarismo de Hirohito. A mediados de los años treinta del siglo XX ya era una excrecencia del capitalismo lista para derrotar al Movimiento Comunista de la Humanidad cuando éste estaba adquiriendo fuerza.

9.- La Primera Guerra Mundial supuso un reordenamiento profundo del sistema capitalista. Produjo la derrota y el hundimiento de cuatro imperios: el Imperio Ruso, el Imperio Alemán, el Imperio Austrohúngaro y el Imperio Otomano. También dio paso a la victoria pírrica de los imperios británico y francés que se vieron extraordinariamente debilitados por la guerra y el esfuerzo bélico. Finalmente desencadenó el ascenso de dos formaciones imperiales hasta entonces semiperiféricas: la japonesa y la estadounidense. También el de una potencia radicalmente nueva, la URSS: por primera vez en la historia una formación socioestatal se ponía al servicio del Movimiento Comunista de la Humanidad (y de su Revolución Socialista Mundial).

10.- En este complejo tablero de ajedrez geopolítico, la fracción dominante de la oligarquía imperialista mundial, correspondiente al Eje Anglosajón-sionista, tenía dos objetivos principales: destruir la URSS y la Internacional Comunista utilizando para ello a los Estados nazifascistas como ariete principal, e iniciar la colonización de Palestina, como punta del iceberg del proyecto de dominación mundial del sionismo, instalando un Estado racista, genocida y colonial, atalaya del Imperio Occidental en la encrucijada entre Asia, África y Europa, para ayudar al control de las mayores reservas de petróleo mundiales. El inicio de la colonización sionista de Palestina fue posible gracias a la destrucción del Imperio Otomano y a la balcanización, subordinación y fragmentación del mundo árabe. El apoyo a tendencias y organizaciones islámicas extremistas, o la creación expresa de ellas, sería el segundo paso en ese sentido, para desbaratar el panarabismo laico y el arraigo del marxismo en él.

11.- Ante el riesgo mortal de un Frente Unido del Imperialismo, una alianza entre los Estados liberales y los nazi-fascistas para destruir a la URSS y a la Revolución Socialista Mundial, la Internacional Comunista en su VII Congreso de 1935 tuvo que aceptar una retirada táctica y plantear la lucha contra el fascismo como prioritaria. El objetivo era romper a cualquier precio la alianza anticomunista del Imperio Occidental, que pensaba desencadenar una guerra para destruir y exterminar a la URSS, de la misma forma que aplastaron a la Segunda República Española y su proceso revolucionario, enviando contra ella a las fuerzas de choque nazi-fascistas, en la que sólo espuriamente se puede llamar “guerra civil”.

El Eje Anglosajón-sionista, junto a su satélite subimperial francés, contaban con utilizar a los Estados nazifascistas como línea avanzada para acabar con la primera revolución socialista, sin verse obligados a participar directamente, desgastando a sus competidores y manteniendo su hegemonía.

Para ello, y a partir de 1933, hicieron constantes concesiones al III REICH, a la Italia fascista de Mussolini y al imperio japonés, con el objetivo de que atacasen y destruyesen a la URSS.

Estos crímenes de lesa humanidad incluyeron, entre otros, el exterminio de la II República Española (1936-1939), ya dicho, la incorporación de Austria al III REICH y el desmembramiento y anexión de Checoslovaquia (1938-1939). También las invasiones genocidas de Etiopía (1935-1941), Albania (1939-1944) y China (1931-1945).

12.- Ante tamaña ofensiva del Frente Único del Imperialismo contra el Socialismo, la URSS y la III Internacional tuvieron que intentar romper el cerco capitalista por la parte nazifascista. Este es el sentido profundo estratégico del pacto Ribbentrop-Molotov o germano-soviético de agosto de 1939 (contra el que, por supuesto, toda la burguesía y pequeñaburguesía mundial puso el grito en el cielo, desde los conservadores a los liberales, desde los socialdemócratas a los trotskistas).

13.- Esta jugada maestra, pero realizada a contrarreloj y con muy poco tiempo para poder explicarla al Movimiento Comunista Internacional, desvió el golpe mortal del Imperio Occidental contra la URSS, priorizando el enfrentamiento de los Estados imperialistas entre ellos (en su versión liberal y en su versión nazifascista) a partir de septiembre de 1939. Se había ganado un tiempo precioso para preparar la inevitable guerra. Hasta que el Eje Anglosajón logró nuevamente desviar el golpe nazi hacia la URSS en 1941 (Hitler no parece haber albergado intención de invadir Inglaterra -entidad de clara filiación germánica para él-, sino de obtener un mejor reparto del mundo con ella -por eso dejó que las tropas británicas escaparan en Dunkerque).

14.-Una vez derrotada la versión nazi-fascista del capital el Eje Anglosajón-sionista corrigió su error de cálculo, iniciando la III Guerra Mundial anticomunista (o II Guerra Mundial extendida -prolongación de la ofensiva nazi contra la URSS) (1945-1990). Tontamente llamada «Guerra Fría».

Para ello recuperó e incorporó a buena parte de las élites nazi-fascistas en el nuevo instrumento de terror y acoso al que el Eje Anglosajón dio vida contra el Mundo Socialista: la OTAN. También absorbió el potencial japonés (dejando incluso impunes los crímenes de guerra de su oligarquía).

15.- El Eje Anglosajón-sionista tenía en 1945-1948 el monopolio del arma atómica, y había obligado a la disolución de la Internacional Comunista como condición sine qua non de la apertura de un segundo frente en Europa contra Hitler.

Tras ello, el Mundo Socialista atravesó un momento muy delicado que exigió numerosos y dolorosos sacrificios para evitar que se abortaran bien pronto los primeros pasos de la Revolución Socialista Mundial. Entre otros, no intervenir militarmente en apoyo de la revolución griega.

16.- Esto cambió radicalmente en 1949-1950, con la victoria de la Revolución China, el logro de la bomba atómica soviética y el intento de liberación del sur de Corea. El mundo se había claramente polarizado, en un enfrentamiento sin cuartel del Capitalismo contra el Socialismo que estaba en gran desventaja en el campo económico-tecnológico, y por tanto en el militar. Sólo el desarrollo de la economía planificada soviética permitió acortar esas distancias.

17.- Para la fracción hegemónica de la oligarquía capitalista mundial, el objetivo principal fue siempre la ruptura entre la URSS y la República Popular China, ya que estas dos formaciones socioestatales controlaban el llamado «Heartland», el corazón geopolítico del planeta, lo que hacía al Mundo Socialista prácticamente invencible.

Este plan se desarrolló en tres fases: la primera fue el posible asesinato de Stalin, en 1953, por medio de agentes médicos sionistas, o en su caso con la erradicación de los estalinistas. La segunda fue favorecer el ascenso del revisionista Kruschev y la ruptura con el Partido Comunista Chino, en 1962. La tercera fue la visita de Nixon a China, en 1972. La ruptura del Mundo Socialista garantizó la victoria del Imperialismo en la III Guerra Mundial (o Segunda Guerra Mundial prolongada).

18.- Con la destrucción de la URSS y de los países socialistas del Este de Europa, y el retroceso de China a posiciones de mercado (aunque con control del PCCh) ensamblado en el capitalismo global, el mundo volvió a ser unipolar, de 1991 a 2021, como lo fue durante los 100 años de hegemonía total del Imperio Británico, entre 1815 y 1915. Esta vez, el Estado imperialista dominante era USA. Pero en ambos casos, buena parte de la dirección estratégica de estas dos formaciones imperialistas anglosajonas estaba en manos del Poder Sionista Mundial, sólidamente instalado en todos los sectores claves de ellas (y también de los núcleos clave de la OTAN).

19.- Todas las sociedades humanas desigualitarias están atravesadas por las luchas de clase, formando entre sí un entramado (mundial desde el siglo XIX) extremadamente complejo y con fuertes componentes caóticos, y por lo tanto imprevisibles. El desarrollo de la Historia no es una conspiración perfecta de las élites dominantes que avanza sin problemas, sino un campo de batalla en el que va triunfando en cada momento la mejor estrategia global. El Sistema Mundial capitalista liderado por EE.UU. no tardaría mucho en perder su solidez.

En 1979 surge una Revolución Popular Antiimperialista de nuevo tipo: la República Islámica de Irán. Se trata de una ruptura situada en los escalones más elementales en términos políticos. Sin embargo, fue un aldabonazo de corte civilizacional en otros aspectos, ya que el sustrato de esta revolución es religioso (donde el capitalismo ha desarrollado poco las fuerzas productivas y no hay vía alternativa construida de antemano, las condiciones imponen posibilidades comportamentales limitadas a escala colectiva, lo que tiende a requerir un mayor control del comportamiento; la religión, más ascética cuanto menor es la capacidad relativa de consumo en relación al desarrollo del mismo en los centros del Sistema que fungen de escaparate, bien puede cumplir ese papel; bajo ciertas circunstancias, la religión suele sustituir a la conciencia de clase y servir de aglutinante popular hasta que se puede conseguir cierto desarrollo planificado socioeconómico) y claramente enfrentado a los esquemas y modelos de la Modernidad Occidental (1492-2022). Una religiosidad política cuyo liderazgo y guía traza un claro antiimperialismo y antisionismo, como también en los casos de Líbano, Yemen y Palestina.

20.- La Revolución Islámica de Irán va dando paso poco a poco al surgimiento de la Multipolaridad, un mundo que ya no está dominado totalmente por el Imperio (la Civilización) Occidental, y frustra el objetivo del Poder Sionista Mundial de colonizar por completo Palestina y el resto de Asia occidental. El sionismo se verá frontalmente enfrentado.

21.- Así, tras 30 años de Unipolaridad yanki-sionista, de poder sobre las conciencias por parte de quienes se autodenominaron “Occidente”, el proceso de resoberanización de Rusia, la industrialización y gran desarrollo de China bajo la dirección de su Partido Comunista, la lucha sin cuartel del Eje de la Resistencia Antisionista, liderado por Irán, el afianzamiento de Corea, la –aunque con retrocesos– resistencia más o menos firme de procesos que habían iniciado su transición socialista (Vietnam, Cuba, Laos) y la supervivencia de formaciones socioestatales antiimperialistas multipolares en Nuestramérica (Venezuela, Nicaragua y, en menor medida, Bolivia), han posibilitado la emergencia de un nuevo mundo o un Mundo Emergente que reclama su espacio, y que ya tiene sus manifestaciones soberanas también en el Sahel africano (con Mali, Níger y Burkina Faso a la vanguardia), además de incorporar ambiguamente en su entorno, pero al fin y al cabo en su entorno, a formaciones socioestatales de creciente relevancia, previamente tercermundizadas por el Imperio Occidental (India, Brasil, Sudáfrica…).

22.- Ante este desafío sin precedentes, el Eje Anglosajón-sionista se ha visto forzado a reaccionar. Dentro de las facciones de poder del hasta ahora hegemón mundial se encuentran los globalistas-financieros (sobre todo aglutinados en torno al Partido Demócrata) y los continentalistas imperiales-financieros (en buena parte republicanos). Hasta ahora ambas facciones han desarrollado una guerra multidimensional y multifacética (Guerra Total) contra el Mundo Emergente, con el objeto de abarcar dos objetivos: impedir el relevo histórico del Imperio Occidental y sobre todo abortar cualquier posible articulación del Socialismo o el renovado impulso del mismo a escala planetaria.

Esa Guerra Total desatada durante las últimas tres décadas de Unipolaridad USA ha tenido el efecto paradójico de dar nueva vida a la peor pesadilla geopolítica del Eje Anglosajón-sionista: la vinculación de China y Rusia, una alianza que domina el «Heartland» euroasiático. Lo cual resulta aún más grave cuando a ella se suma Irán, enemigo básico del sionismo.

23.- Nuevamente, como en 1949-1989, la prioridad absoluta del Imperio Occidental ahora ya en decadencia (liderado por el Eje Anglosajón-sionista y seguido por sus otros anglosajones subalternos, así como por Europa y Japón) es fracturar el Frente Multipolar, a cualquier precio. Esta es la razón profunda de todos los movimientos geopolíticos de los USA bajo dirección de Trump.

La facción continentalista-productivista asociada a Trump, hoy al frente, ha decidido que es imposible ganar la IV Guerra Mundial contra el Frente Multipolar y el Eje de la Resistencia Antisionista simultáneamente. Por ello debe romper la alianza entre la Federación Rusa y la República Popular China como sea, para destruir Irán y el Eje de la Resistencia en un primer momento, luego derrotar a China desde varios frentes, comenzando por el de Taiwan y los mares adyacentes, para más tarde lanzar una nueva operación Barbarroja 2.0 contra Rusia. Puede cambiar el orden de los dos pasos finales, pero el primero pasa por la eliminación de Irán como sujeto antagónico, dejando al Frente Multipolar seriamente afectado (el Imperio busca siempre el presumible punto más débil donde atacar de inicio). La destrucción de Siria (última formación socioestatal árabe seglar de la región, heredera del panarabismo) y su ‘yihadización’, así como la directa invasión militar de lo que queda de Palestina no ocupada, más la nueva gran agresión al Líbano, son, a su vez, pasos necesarios en ese camino y un duro golpe al Eje de la Resistencia (Irán acaba de rechazar las tramposas negociaciones que le propone EE.UU., que ha amenazado a la República Islámica con la guerra; Hezbollah está en una muy delicada posición en un Líbano al borde de otra guerra civil, y Palestina enfrenta el pleno genocidio con un ultimátum de Trump para Gaza y el proyecto de un nuevo canal desde el Mar Rojo, bajo control sionista, con deportación del pueblo palestino incluida). No obstante, el Eje de la Resistencia ha demostrado su capacidad de resistir y rehacerse desde abajo en numerosas ocasiones (los ideólogos del Sistema hablarían de “resiliencia”, ese término que tanto utilizan hoy para que aguantemos al máximo lo que nos echen).

24.- Esta es la razón del cambio de postura estadounidense con respecto a Ucrania. Busca ganar tiempo para su rearme e infiltración de tropas, mientras intenta atraer a Rusia para que abandone su alianza con China e Irán. De paso lanza a Europa de ariete, obligada a comprar armamento estadounidense, abocándola a la irrelevancia mundial si no directamente al suicidio.

Por su parte, EE.UU. está preparando la fortaleza-continente en América y el Ártico, a la vez que planea “limpiar de enemigos internos” el continente, con la definitiva subyugación de Cuba y el destrozo de los procesos de Venezuela y Nicaragua, para las que contempla incluso la invasión como opción “concluyente”.

Mientras, China se prepara también para la guerra.

La Guerra Total de un Sistema en decadencia adquiere, entonces, dimensiones cada vez más planetarias, más escalofriantes (económicas, político-ideológicas, mediáticas, biológicas-bacteriológicas, cibernéticas, cognitivas, estrictamente militares y paramilitares, médicas, genómicas, satelitales, químicas, atómicas…).

Frente a ella, es más perentorio cada vez alzar la tradición de Paz con Dignidad y Justicia del Movimiento Comunista de la Humanidad. De fraternidad entre los pueblos.

25.- Los próximos meses nos indicarán la evolución de las luchas de clase al nivel mundial. La cuestión ahora ya no es sólo si el Imperio Occidental se desmorona, sino si con él puede caer también el Sistema Mundial capitalista al que engendró y mantuvo durante cinco siglos, causando esclavitud, miseria, hambre, exterminio-genocidio, padecimientos sin nombre, cientos de millones de migraciones forzadas, guerras, desposesión de buena parte de la humanidad y esquilmación de sus recursos en el conjunto de él.

De todas las luchas del mundo y de su correcta estrategia depende que esta coyuntura histórica que sólo se da cada mucho tiempo pueda abrir las puertas a que fluya impetuoso de nuevo el Movimiento Comunista de la humanidad. Su necesaria Revolución Socialista.

Fuente: Observatorio de la crisis

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martes, 18 de marzo de 2025

Hitler en color (doblado en español)

AHORA! LOS RUSOS SE ABREN PASO EN SUMY! UCRANIA INTENTA INVADIR BELGOROD...

Lecciones de Ucrania

 

La Gran Guerra ha vuelto. El campo de batalla está vacío. Las esferas de influencia son reales. Estas son las lecciones que la guerra en Ucrania nos ofrece. La guerra ya no es un episodio televisado. Se parece más a las grandes guerras de antaño.


Lecciones de Ucrania


EL VIEJO TOPO / 17 marzo, 2025



GUERRA EN UCRANIA: TRES AÑOS, TRES LECCIONES

 

Por Big Serge

 

Hay ocasiones, afortunadamente raras, en las que uno se da cuenta de que está en marcha un punto de inflexión histórico. Miras el calendario y anotas la fecha: ese momento preciso quedará grabado en la historia. Invariablemente, estas ocasiones tienen un aspecto de horror surrealista: todos recuerdan dónde estaban el 11 de septiembre, conmocionados y fascinados al ver las Torres Gemelas arder y luego derrumbarse. El intento de asesinato de Donald Trump el 13 de julio de 2024 tuvo la calidad de un acontecimiento histórico evitado por poco. Ese día, una fracción de pulgada hizo la diferencia: en lugar de girar la historia, el Presidente giró su cabeza.

El 24 de febrero de 2022 fue otro día histórico. El inicio de la guerra ruso-ucraniana, conocida ahora como “Día Z” (llamado así por las marcas tácticas “Z” en los vehículos rusos), fue un momento decisivo en la historia mundial, que trajo de vuelta la guerra de alta intensidad a Europa por primera vez en generaciones y marcó el regreso de la política de las grandes potencias.

El aniversario de la guerra de este año –el tercer Día Z– fue el primero que se produjo bajo la nueva administración de Trump y estuvo marcado por el optimismo de muchos de que el nuevo presidente estadounidense podría avanzar hacia una solución negociada para poner fin a la guerra. Si bien la administración Biden se ha contentado con seguir canalizando armas y fondos a Ucrania indefinidamente, el presidente Trump ha declarado repetidamente que quiere poner fin a la guerra. El cambio de posición de Estados Unidos quedó dramáticamente ilustrado cuando el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky fue expulsado sin contemplaciones de la Casa Blanca después de un enfrentamiento en la Oficina Oval .

Mientras el mundo espera el próximo acto, vale la pena hacer un balance de la historia hasta ahora y considerar qué se ha aprendido de ella. De tres años de guerra se pueden extraer tres lecciones.

  1. LA GRAN GUERRA HA VUELTO

Cuando comenzó la Guerra Civil estadounidense en 1861, ambos bandos compartían una sensación de calma. Tanto los confederados como los de la Unión pensaron que el asunto se resolvería rápidamente a su favor. El presidente Lincoln pidió el reclutamiento de sólo 75.000 voluntarios por un período de sólo tres meses. Los reclutamientos confederados fueron igualmente de corta duración. Un hombre vio las cosas de otra manera. “Es como intentar apagar las llamas de una casa en llamas con una pistola de agua”, escribió William Tecumseh Sherman sobre la campaña de reclutamiento de Lincoln. “Creo que será una guerra larga, muy larga, mucho más larga de lo que cualquier político piensa”.

Sherman tenía razón, por supuesto. Al final de la guerra, cuatro años después, 700.000 estadounidenses estaban muertos. Esta historia no es única en absoluto. La historia está llena de guerras que comenzaron con la expectativa de una victoria rápida, solo para derivar en una masacre interminable, dejando atrás sobrevivientes marcados, asustados y exhaustos.

Las guerras son fáciles de iniciar, pero a menudo difíciles de terminar, y los combatientes tienden a obtener resultados peores de los que esperaban. La humanidad aprendió esta lección nuevamente en Ucrania. Además, a pesar de la presencia de sofisticados sistemas de armas y capacidades de ataque de precisión, la guerra parece haber vuelto a una forma que recuerda a las guerras mundiales del siglo XX, con una enorme base industrial que alimentaba ejércitos gigantescos. Ya no estamos en la era de los ataques quirúrgicos. Ucrania y Rusia han librado un conflicto largo, prolongado y sangriento a lo largo de miles de kilómetros de territorio en disputa. La lección es clara: la Gran Guerra ha regresado.

La cantidad de material utilizado en Ucrania es impresionante. En vísperas de la guerra, el ejército ucraniano era el más grande y mejor equipado de Europa. Los parques de tanques y obuses ucranianos ocuparon el segundo lugar en Europa, sólo por detrás de los rusos. Desde entonces, los patrocinadores occidentales de Ucrania han suministrado más de 7.100 vehículos blindados, así como 6.000 vehículos de movilidad de infantería no blindados, como Humvees, más vehículos blindados que los que la Wehrmacht utilizó en la Operación Barbarroja, la campaña más grande y devastadora de la historia.

La enorme escala del conflicto entre Rusia y Ucrania no se limita a los vehículos blindados, sino que se extiende también a las municiones y los sistemas de ataque. La pieza de guerra más buscada es el obús. Al comienzo del conflicto, las fuerzas rusas disparaban 60.000 proyectiles al día. Aunque esta cifra ha disminuido a medida que se han agotado las reservas y se han limitado las tasas de producción, Rusia todavía dispara unas 10.000 granadas al día. Antes de la guerra, la producción estadounidense de granadas era de 14.000 al mes. Si bien se están realizando esfuerzos para llevar la producción a 100.000 al mes, sigue habiendo una brecha sorprendente con la producción y el gasto registrados en Ucrania.

Las fuerzas respaldadas por Estados Unidos podrían esperar utilizar el poder aéreo como un reemplazo parcial de los obuses y misiles terrestres, pero las matemáticas son igualmente desalentadoras. El Ministerio de Defensa de Ucrania estimó que en agosto de 2024 Rusia había lanzado 9.590 misiles y 14.000 drones desde el comienzo de la guerra. En comparación, la producción estadounidense del venerable misil Tomahawk es de alrededor de 100 unidades al año. El misil Joint Air-to-Surface Standoff muestra mejores cifras, a un ritmo de 550 por año, pero todavía está lejos de los totales rusos. La realidad es que la producción estadounidense de misiles es insuficiente para cubrir el uso actual, incluso sin la perspectiva de una futura guerra importante.

Incluso la producción de interceptores de defensa aérea estadounidenses es mucho menor que el gasto en Ucrania. El misil PAC-3, utilizado por el famoso sistema de defensa aérea Patriot, se produce a un ritmo de 230 unidades por año, suficiente para cargar aproximadamente siete baterías Patriot con una sola salva cada una.

La escala de la campaña aérea rusa ha llevado la red de defensa aérea de Ucrania a sus límites, y eso no es poca cosa. Ucrania comenzó la guerra con la red de defensa aérea más densa de cualquier estado de Europa. Cuando la Unión Soviética se desintegró, Ucrania heredó el equivalente a todo un distrito de defensa aérea soviético, incluidos cientos de lanzadores. Agotar esta defensa, a pesar del apoyo brindado por decenas de sistemas donados por Occidente, fue una tarea monumental.

Las discusiones sobre las cifras de producción de diversos sistemas militares pueden degenerar fácilmente en el autismo de un desfile interminable de siglas: interceptores PAC-3, o JASSM, o ATACM, u otros sistemas en juego. El punto principal es la cuestión de la escala. Por lo general, los sistemas fabricados en Estados Unidos son al menos marginalmente mejores que sus equivalentes rusos, pero la guerra en Ucrania fue en gran medida una cuestión de escala. Tanto Rusia como Ucrania movilizaron millones de hombres y coordinaron una enorme producción de proyectiles, misiles, vehículos y otros equipos durante tres agotadores años.

La magnitud de la guerra en Ucrania pone de relieve el papel que Estados Unidos se vería obligado a desempeñar en cualquier guerra terrestre similar. En Ucrania hay actualmente más de 75 brigadas en línea. El ejército francés, en general el mejor de los aliados de Estados Unidos en la OTAN, mantiene sólo ocho brigadas de combate bajo su Comando de Fuerzas Terrestres. Las contribuciones de los miembros auxiliares de la OTAN (Dinamarca, Estonia, etc.) serían insignificantes. En una guerra continental, Estados Unidos haría el trabajo pesado, trivializando los debates sobre los objetivos de gasto militar de la OTAN.

En la época de la Gran Guerra, el 2% del PIB de Letonia, por ejemplo, significa muy poco. La Gran Guerra exigió la capacidad de movilizar mano de obra e industria en una escala para la cual los estados occidentales no estaban preparados y que las poblaciones occidentales encontrarían impactante. Esto plantea una pregunta inquietante. Durante muchas décadas, el público estadounidense ha habitado un mundo en el que la guerra es una abstracción remota. Incluso la guerra de Vietnam, por muy perturbadora que fuera desde el punto de vista social, no tuvo un impacto drástico en el ritmo de vida cotidiano en Estados Unidos, y las guerras de Bush en Afganistán e Irak tuvieron un impacto aún menor en la vida cotidiana en ese país. La Gran Guerra, sin embargo, prometía algo diferente: movilización generalizada, privaciones potenciales y pérdidas significativas.

Las instituciones militares occidentales no son ajenas a esta perspectiva. Por ejemplo, un artículo de 2023 publicado por la Escuela de Guerra del Ejército de Estados Unidos advierte que una guerra terrestre de alta intensidad, similar al conflicto actual en Ucrania, podría costar a Estados Unidos una tasa sostenida de bajas de hasta 3.600 por día. En comparación, las bajas estadounidenses en dos décadas de guerra en Irak y Afganistán ascendieron a unas 50.000. El documento concluye que el ejército estadounidense, ya limitado por una reserva individual cada vez menor y un reclutamiento en descenso, actualmente no está preparado para este tipo de conflicto y que las operaciones terrestres a gran escala obligarían a Estados Unidos a adoptar un servicio militar obligatorio parcial.

Este tipo de análisis es preocupante pero también reconfortante: es bueno que al menos alguien preste atención. Pero no está claro si los políticos estadounidenses o el público estadounidense han asimilado su importancia. Es fácil movilizar el sentimiento público contra Rusia, el enemigo familiar de los nostálgicos de la Guerra Fría, pero generar entusiasmo por miles de bajas diarias y el regreso del servicio militar obligatorio es otra cuestión.

En última instancia, la mejor manera de ganar en una época de grandes guerras es probablemente evitarlas por completo.

 

  1. EL CAMPO DE BATALLA ESTÁ VACÍO.

La historia de la violencia humana organizada comienza en una región todavía marcada por la violencia: la frontera entre el actual Líbano y Siria, donde el faraón egipcio Ramsés II libró una gran batalla contra el Imperio hitita en 1274 a. C. La batalla de Kadesh, llamada así por una antigua ciudad cercana, es famosa por ser la primera batalla de la historia de la que se conoce información detallada sobre las maniobras tácticas, gracias a una serie de relieves murales, textos e inscripciones egipcios.

En Cades y durante la mayor parte de los siguientes 3.300 años, los antiguos ejércitos generalmente luchaban de pie y marchando unos hacia otros en campo abierto. Desde las falanges griegas hasta las legiones romanas y los granaderos, los ejércitos hacían inconfundible su presencia con uniformes y estandartes brillantes. Ni el hoplita griego, con su brillante armadura de bronce y su penacho peludo, ni el casaca roja británico, con su uniforme escarlata, intentaron esconderse del enemigo.

A mediados del siglo XIX, esta táctica comenzó a cambiar. Durante la Guerra Civil estadounidense, los ejércitos utilizaron trincheras y barreras de tierra para protegerse de los disparos. A finales de siglo, las Guerras Bóers demostraron que las armas de fuego estriadas podían causar daños inmensos a la infantería en campo abierto. Finalmente, la Primera Guerra Mundial, que combinó fuego de fusiles, ametralladoras y obuses, hizo que todos corrieran a buscar refugio.

En esencia, la historia de la guerra se puede dividir en dos épocas distintas. La primera era, que duró desde la Batalla de Kadesh hasta el Sitio de Vicksburg (3.137 años), fue una era en la que los ejércitos permanecían en formación. La segunda era, la actual, es la era del campo de batalla vacío, donde los soldados pasan la mayor parte del tiempo tratando de esconderse del enemigo.

La guerra en Ucrania ha demostrado que la era del campo de batalla vacío se está intensificando. El factor más poderoso en el campo de batalla hoy en día es el nexo entre los sistemas modernos ISR (Inteligencia, Vigilancia y Reconocimiento) y los sistemas de ataque de precisión. Este poder se ejerce a través de drones de todo tipo: drones de observación que vigilan el campo de batalla y drones de ataque que incluyen unidades de vista en primera persona (FPV). La capacidad de las fuerzas ucranianas y rusas para vigilar y atacar el campo de batalla es tan precisa que pueden localizar y atacar vehículos y posiciones enemigas en puntos específicos de vulnerabilidad: las imágenes de drones FPV volando a través de las puertas y ventanas de los puntos fuertes enemigos están ahora en todas partes.

En el campo de batalla moderno, el ocultamiento se ha convertido en una habilidad fundamental. Cualquier cosa (o persona) que pueda verse puede ser golpeada y destruida. La guerra electrónica a gran escala, que pueda negar el espacio aéreo a los drones enemigos, aún está muy lejos, y hasta que llegue, la capacidad de lograr victorias decisivas se habrá vuelto muy difícil. Los ejércitos se ven obligados a dispersarse y esconderse para evitar los sistemas de vigilancia y ataque del enemigo, y por ello tienen dificultades para ganar impulso. Esta realidad se evidenció al comienzo de la guerra con los éxitos de Ucrania al utilizar sistemas de misiles estadounidenses para atacar depósitos de municiones rusos; en respuesta, Rusia dispersó y ocultó sus depósitos de suministro. También se produjo dispersión en lo que respecta a hombres y vehículos: a pesar del gran número de personal movilizado en ambos bandos, las acciones de asalto eran llevadas a cabo regularmente por grupos relativamente pequeños (a menudo del tamaño de una compañía o más pequeños), ya que eran las únicas fuerzas que podían organizarse con seguridad para atacar.

Hasta que una nueva tecnología pueda proporcionar un modo fiable de bloquear los drones, los campos de batalla seguirán vaciándose. Con la expansión de la inteligencia artificial militar y de los procedimientos algorítmicos de selección de objetivos, ya no será suficiente esconderse visualmente, en fortificaciones y bajo camuflaje: también será importante dispersar las tropas para confundir a los algoritmos de vigilancia. Los soldados del futuro pueden esperar pasar la mayor parte de su tiempo escondidos. Como resultado, es probable que las guerras futuras sean más intensas y menos decisivas que aquellas a las que la opinión pública occidental se ha acostumbrado. Los sistemas modernos de vigilancia y ataque hacen que las maniobras en el campo de batalla sean difíciles y costosas. Esto quedó ampliamente demostrado en 2023, cuando una contraofensiva ucraniana, equipada, planificada y entrenada por la OTAN, terminó en un fracaso catastrófico.

Al público estadounidense le gustaría que sus guerras se parecieran a la Operación Tormenta del Desierto de 1991, que se ganó decisivamente en pocas semanas con menos de 300 bajas. Es relativamente fácil movilizar el apoyo público para guerras como ésta, que son breves, decisivas y relativamente incruentas. Es mucho más difícil generar apoyo para algo que se parezca más a la Primera Guerra Mundial. Como demostró la guerra de Vietnam, es probable que el público estadounidense se canse rápidamente de los agotadores combates al otro lado del mundo.

La gran guerra del siglo XXI probablemente también será una guerra lenta, y al público no le gustará en absoluto.

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  1. LAS ESFERAS DE INFLUENCIA SON REALES.

Una de las grandes paradojas del mundo contemporáneo es el carácter autónomo del poder estadounidense. Estados Unidos dominó el mundo durante tres décadas después de la caída de la URSS. Uno de los efectos de este poder ha sido el éxito de encubrirse con un internacionalismo impulsado por el consenso.

Las guerras de Estados Unidos en Oriente Medio son un ejemplo de ello. La invasión de Irak en 2003, por ejemplo, implicó una “coalición de la voluntad”, que nominalmente incluía a países como Estonia, Islandia, Honduras y Eslovaquia. Aunque la contribución militar de estos estados es insignificante, su participación ha sido esencial para enmascarar la capacidad y la voluntad de Estados Unidos de actuar unilateralmente.

En esencia, aunque el poder estadounidense no fue cuestionado, la política exterior estadounidense siempre fue cuidadosa de no respaldar la idea de que “la fuerza da el derecho”. De hecho, la evasión performativa de un mundo basado en el poder militar ha sido un elemento fundamental del orden mundial actual. Aunque el poder colosal de Estados Unidos animaba todo el sistema, el mundo rechazó formalmente la teoría clásica de la geopolítica que reconocía el poder estatal en su centro.

Junto con el rechazo formal del poder estatal como moneda de cambio en los asuntos mundiales, paradójicamente posible sólo gracias al poder estatal estadounidense, también ha llegado el rechazo de ideas como las “esferas de influencia”, el principio de que los estados poderosos naturalmente ganan el derecho a influir en los asuntos de sus vecinos más débiles. La idea de las esferas de influencia es fundamental para la política internacional: en la historia estadounidense está encarnada por la Doctrina Monroe.

Hoy, una facción ascendente en la política exterior estadounidense intenta regresar a este principio y reorientarse hacia una política exterior “hemisférica” centrada en asegurar el dominio en las Américas sometiendo a Canadá y adquiriendo Groenlandia y el Canal de Panamá. Y no es de extrañar. La guerra en Ucrania ha demostrado que las esferas de influencia son reales, no sólo como una construcción abstracta de la teoría geopolítica, sino como una manifestación concreta de la geografía. La cuestión no es si una potencia como Rusia, China o Estados Unidos “merece” tener una influencia preponderante sobre sus vecinos. Es más bien una cuestión de física.

Tomemos la logística. Ucrania y Rusia eran antiguas repúblicas de la URSS, con una red ferroviaria y vial integrada diseñada para sustentar una unidad económica integrada. Los dirigentes soviéticos nunca imaginaron que este todo integrado pudiera fragmentarse. Desde esta perspectiva, las expectativas durante los primeros años de la guerra de que Rusia tendría dificultades para sostener logísticamente una guerra en Ucrania nunca tuvieron sentido: Rusia estaba luchando en una densa red ferroviaria diseñada para trasladar enormes cantidades de bienes dentro y fuera del este de Ucrania, en una línea de frente en realidad más cercana a la sede del Distrito Militar Sur de Rusia en Rostov que a Kiev.

Ucrania demuestra la necesidad de volver al pensamiento clásico sobre las esferas de influencia, no como una cuestión jurídica o ética, sino como una dimensión del poder con implicaciones militares. Los estados poderosos son como cuerpos celestes con un campo gravitacional. La guerra en Ucrania tuvo lugar justo en el seno del poder ruso. A pesar de las economías mucho mayores de los países occidentales que apoyan a Ucrania, son las fuerzas ucranianas en particular las que han sufrido una escasez generalizada de municiones y vehículos. Esto no quiere decir que la economía rusa haya soportado sin esfuerzo el peso de la guerra, pero resistió con creces.

Un estadista del siglo XIX nunca habría pestañeado ante la idea de que Rusia podría sostener una guerra con mayor facilidad en su propio patio trasero imperial que una potencia occidental distante, a pesar de la riqueza relativamente mayor de Occidente, y habría tenido razón en no hacerlo. Esto tiene implicaciones importantes para la alianza occidental, porque los posibles futuros teatros de guerra están directamente relacionados con sus rivales. Taiwán, por ejemplo, está a sólo 100 millas de la costa de Fujian, una provincia china con una población mayor que California. Debatir si los chinos pueden igualar a la Armada estadounidense es un error. Lo que importa, más que cualquier otra cosa, es dónde se jugará el partido. La incapacidad de China para proyectar poder contra la Costa Oeste de Estados Unidos tiene poco que ver con su potencial para librar una guerra directamente en sus propias costas, ya que, como han demostrado los rusos en Ucrania, incluso una potencia relativamente pobre puede obtener beneficios significativos al luchar en su propio patio trasero.

La guerra en Ucrania está ahora en un punto de inflexión, y los partidarios occidentales del país están divididos ante la perspectiva de apoyar indefinidamente un esfuerzo que se está desmoronando. Queda por ver si la administración Trump podrá alcanzar un acuerdo de paz, pero está claro que el entusiasmo de Trump por el proyecto de guerra en Ucrania es mucho menor que el de su predecesor.

Saber en qué tipo de guerra estás participando es crucial. Es dudoso que Europa se hubiera precipitado a la guerra en 1914 si hubiera podido prever la realidad del frente occidental. Ucrania sugiere que las guerras futuras serán industriales, con un elevado número de víctimas, caracterizadas por una lentitud agonizante y un consumo masivo de biomasa humana y de material industrial. La guerra en Ucrania fue mucho más grande, más costosa y menos decisiva de lo que los estadounidenses están acostumbrados, y demostró que el valor militar de la riqueza, el poder y la sofisticación tecnológica de Estados Unidos es limitado. Debería aprovecharse como una oportunidad para aprender lecciones importantes para evitar desastres aún peores.

FuenteSinistrainrete

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lunes, 17 de marzo de 2025

VALDECASAS: Rusia hará malabares para no decir 'no' a la tregua y evitar...

Confusión e inseguridad, así nos doma el capitalismo

 


Confusión e inseguridad, así nos doma el capitalismo

 

Publicado el 17 de marzo de 2025 / Por Otros medios / KAOSENLARED

 

El principio de Hanlon reza: Nunca atribuyas a la maldad lo que se pueda explicar adecuadamente por la estupidez. Esta regla rige con fuerza lo que ocurre en nuestros tiempos algorítmicos y quizá la prueba más evidente radica en cómo esa pretendida maldad, el egoísmo estúpido de las élites, está fomentando deliberadamente la confusión a través de bulos y campañas de desinformación. Uno de los sectores en los que este incremento de la confusión resulta más grave e insostenible es el sistema agroalimentario global. A partir de su análisis, vamos a ver cómo la confusión y la inseguridad son dos armas fundamentales del capitalismo para facilitar la explotación y destruir la empatía y la solidaridad.

Se trata de un sistema complejo cuyo propósito ya no es proveer de alimento a la humanidad. Prueba de esta pérdida de rumbo acelerada es que mientras se tira un tercio de la comida que se produce para mantener los precios de mercado, un tercio de la humanidad sufre inseguridad alimentaria y 11 millones de personas al año mueren de hambre. Una indicación de que hay estupidez y no solo maldad en la disfunción alimentaria es que mientras esto ocurre, mayoritariamente en el sur global, en el norte global, además de tirar mucha comida, se come en exceso generando, cada día en mayor proporción, problemas de sobrepeso y todas las enfermedades asociadas a él.

El sistema alimentario tanto global como local está tensionado por intereses contrapuestos, y sufre la tiranía de la búsqueda de un rendimiento económico a toda costa que se lleva por delante las condiciones sociales y sanitarias de los trabajadores del sector, de la protección del medio ambiente y de la justicia más elemental.

El hecho de que la mitad de la cosecha española de limones 2023-2024, por ejemplo, se haya destruido para estabilizar los mercados nos ha costado tiempo, dinero y, sobre todo, mucha agua.

Una justicia necesaria no ya por cuestiones éticas, sino por cuestiones funcionales prácticas y concretas: la desigualdad rampante sale carísima en todo tipo de unidades, desde monetarias hasta energéticas, desde ambientales hasta sanitarias. El hecho de que la mitad de la cosecha española de limones 2023-2024, por ejemplo, se haya destruido para estabilizar los mercados nos ha costado tiempo, dinero y, sobre todo, mucha agua. Producir un kilo de limones requiere 435 litros de agua, y no andamos sobrados de agua precisamente.

Globalmente empleamos un 23% de toda el agua para regar cultivos cuyos frutos vamos a tirar, ocupamos un 11% de la superficie y generamos un 8% de las emisiones de gases de efecto invernadero criando estas plantas que vamos a descartar y destruir. El sector agrícola no se queja tanto de esto como de que no le salen las cuentas. Aunque dentro del sector agrícola hay muchos actores, desde los trabajadores del campo hasta los grandes grupos inversores pasando por toda una cadena de intermediarios. Y lógicamente cuanto más abajo en el escalafón, peor te van las cosas. Es el mercado, amigo. El mercado como reflejo de los valores materialistas, del espíritu individualista y de los principios neoliberales que prevalecen en la sociedad y que para muchos son incuestionables.

Sin embargo, cada vez más agrupaciones ciudadanas reclaman una agricultura ecológica, libre de agroquímicos y más saludable. Pero la agricultura industrial no entiende ni quiere entender de estas cosas. Y lo mismo podríamos decir de la ganadería. Muchos trabajadores del sector primario se encuentran atrapados en esta producción industrial, endeudados, sufriendo las críticas de una ciudadanía preocupada por la salud planetaria, sin obtener grandes beneficios económicos, generando mucha comida de dudosa calidad que, en un gran porcentaje, no hace falta y se la pagan mal. Es lógico que nos estemos quedando sin agricultores y sin ganaderos. En España y en los países de nuestro entorno, el 50-60% se habrá jubilado sin que esté a la vista un proceso claro de recambio.

El estrés de agricultores y ganaderos

El sector primario está sometido a fuentes de estrés notables ya que por una parte tienen poco control sobre los productos que producen, sus precios, y su distribución y comercialización, y por otra se enfrentan en primera línea al cambio climático. Presencian los cambios en las temperaturas, los patrones de lluvia o la productividad de la tierra con graves consecuencias para la salud, no solo física sino mental: ansiedad climática, preocupación y angustia emocional.

En un estudio realizado en Nueva Zelanda encontraron que el bienestar de los agricultores y granjeros se está reduciendo significativamente. En otra investigación se destaca la relación de los eventos climáticos extremos con las tasas de suicidio en el sector agrícola. En Estados Unidos, la organización Farmland cuenta con un teléfono de atención ante las situaciones de eco ansiedad. La Fundación Británica por la Seguridad Agrícola (FSF) encontró que el principal problema que enfrentan el 95% de los agricultores menores de 40 años es de salud mental. La Unión Europea ha financiado un proyecto llamado SafeHabitus en el que se anima a todos los países miembros a indagar en los desafíos psicológicos y sociales que impactan en las vidas de las personas que trabajan en este sector.

El abordaje de una situación como esta, compleja y tensionada, lejos de hacerse desde la reflexión y la lógica se hace apresuradamente desde la emoción, el egoísmo y el cortoplacismo. Lejos de invitar al diálogo democrático se promueve la creación de enemigos y se despierta la agresividad y la polarización.

El abordaje de una situación como esta, compleja y tensionada, lejos de hacerse desde la reflexión y la lógica se hace apresuradamente desde la emoción, el egoísmo y el cortoplacismo. Lejos de invitar al diálogo democrático se promueve la creación de enemigos y se despierta la agresividad y la polarización.

Precisamente esta manera de abordar los problemas complejos, tan característica de nuestros tiempos, es lo que nos está llevando a la gran confusión. Cuanto más complejo se hace un problema, como en el caso del sistema alimentario, menor es la reflexión y el diálogo, y mayor la crispación y la creación violenta y artificial de oponentes a los que descartar, derribar o destruir. Con este abordaje, la confusión crece y crece, alejándonos velozmente de la resolución de los problemas.

Ante un problema complejo, la gran confusión

La gran confusión se lee y se escucha en todas partes. Se puede observar confusión en las declaraciones tanto de políticos como de agricultores. También en los propios carteles que cuelgan sobre los tractores que bloquean periódicamente las ciudades de Europa. Basta leer los manifiestos y exigencias que acompañan las manifestaciones que han recorrido el continente desde el comienzo de 2024 para detectar una gran confusión. ¿Qué tiene que ver la agenda 2030, los chemtrails, los precios del mercado de frutas y verduras, la burocracia, el precio de los combustibles, el cambio climático, las elecciones europeas y los pesticidas? Pues todo. Y nada. Todo guarda relación, pero en la confusión reinante se establecen causas y efectos de todo tipo, sin tiempo ni intención de comprobarlas, entenderlas y explicarlas. Por supuesto, sin tiempo ni intención, no surgen más soluciones que pequeños ajustes cosméticos que llegan incluso a encender más los ánimos al resultar insuficientes y hasta insultantes.

la confusión resulta muy buena. La confusión es una circunstancia idónea para hacer dinero. Esconder la verdad entre un embrollo de falsedades con apariencia de verdad cada vez más difícil de desenredar es un método perfecto para que los beneficios económicos de unos pocos puedan extenderse mucho en el tiempo.

No se explican ni se comprueban bien las denuncias y acusaciones porque la gran confusión es buena para unos pocos y muy poderosos actores del sistema. De hecho, la confusión resulta muy buena. La confusión es una circunstancia idónea para hacer dinero. Esconder la verdad entre un embrollo de falsedades con apariencia de verdad cada vez más difícil de desenredar es un método perfecto para que los beneficios económicos de unos pocos puedan extenderse mucho en el tiempo. Empobreciéndonos y enfermándonos a todos.

Precisamente porque no se resuelve el embrollo, los grandes inversores, accionistas y entidades agroindustriales, así como las grandes superficies y la larga cadena de intermediarios continúan y continuarán sacando beneficios de un sector que hace aguas, atenazado por crisis como la climática, la sanitaria, la geopolítica y la social. No podemos esperar soluciones de aquellos que obtienen ganancias de esta situación porque para ellos no hay problema. Al menos en lo económico. Tampoco podemos esperar soluciones del sector político, un sector atrapado por compromisos con unos y con otros, atemorizado por perder apoyos y elecciones, e incapaz de regular una economía descontrolada que se lleva todo por delante. Un sector, el político, que solo plantea soluciones de miras cortas, como descartar la reducción del uso de pesticidas y calmar así, aunque sea momentáneamente y con dramáticos efectos en el medio plazo, las iras del sector agrícola. Una medida que choca con la evidencia de que no reducir los pesticidas es a la salud de los trabajadores del campo a quien amenaza en primer lugar.

Lógica y trágicamente, toda esta confusión deriva en prácticas mafiosas. Como las del llamado cártel de la leche. La Sala de lo contencioso-administrativo de la Audiencia Nacional ha confirmado la existencia de este cártel en el que diez empresas y asociaciones de la industria láctea se coordinan para comprar la leche en España, perjudicando a miles de ganaderos y disminuyendo su capacidad de negociar los precios. Vivimos tiempos en los que cada vez hay más vacas, cerdos y gallinas, pero menos granjas. Tiempos en los que el ganadero ya no pilota la ganadería. Tiempos en los que el 70% del cerdo que se produce en nuestro país se exporta, mientras que el 100% del consumo insostenible de agua y de la contaminación de suelos y acuíferos se queda dentro de nuestras fronteras. Tiempos en los que producir carne no es producir alimento, sino dinero. Dinero para unos pocos; tensión, contaminación y pobreza para muchos. Inseguridad ambiental para todos.

Una creación esencial del capitalismo: que nos sintamos inseguros

Del capitalismo se ha dicho de todo. La confusión es uno de sus ingredientes esenciales, del mismo modo que la insostenibilidad ambiental, social y política son algunas de sus principales consecuencias. Lo que pocas veces se analiza es su conexión con la inseguridad. La escritora, activista y artista Astra Taylor teje una red de causalidades que le lleva a concluir que la inseguridad no es un subproducto del capitalismo ni una consecuencia secundaria de la concentración de la riqueza; es, directamente, una de las creaciones esenciales para el capitalismo.

La seguridad promueve la empatía, la solidaridad entre vecinos y la colaboración, estimulando la ambición intelectual y espiritual sobre la económica. Todo esto entra en conflicto con los principios fundamentales del sistema capitalista, un sistema que pivota sobre la competencia, la exclusión y la individualidad. Por ello Taylor habla de que vivimos en la era de la inseguridad, una inseguridad buscada y trabajada, no simplemente sobrevenida. Ya lo avisó Ulrich Beck en su visionaria obra La sociedad del riesgo. Seguridad para unos pocos e inseguridad para muchos es lo que permite que el producto interior bruto crezca y crezca. No hay margen para que esto se diga con claridad porque, al violar varios derechos humanos, ofende. Ofende al lector y a los que escribimos, pues vivimos y aceptamos las normas de este sistema confuso e inseguro.

La inseguridad está diseñada para facilitar la explotación

Hemos normalizado la revolución constante de la producción, la perturbación ininterrumpida de todas las condiciones sociales. La incertidumbre y la agitación eternas son la seña de identidad del último siglo y medio de la humanidad. La inseguridad está diseñada para facilitar la explotación y socavar la solidaridad. La inseguridad es tanto física como psicológica ya que nuestra cultura fomenta la autoculpabilización y la vergüenza por las dificultades económicas, explotando sin descanso nuestros miedos y vulnerabilidades. Las personas necesitamos algo más que un salario más alto, necesitamos tranquilidad y un clima de confianza para planificar el futuro. En contraste con la concepción individualista y centrada en la empresa del New Deal, e incluso del Green Deal (el Pacto Verde Europeo), necesitamos diseñar un sistema de seguridad generalizado que se oriente a redistribuir no sólo la riqueza, sino también el riesgo.

Construir un mundo más seguro para todos es posiblemente uno de los mayores retos de la civilización actual, por ir contracorriente y por enfrentarse a las bases del sistema socioeconómico imperante. Abordar ese reto tiene riesgos. Hay mucho esfuerzo implicado y también incertidumbres conceptuales y científicas. Pero en esta sociedad de riesgo creciente, el mayor riesgo es no hacer nada diferente.

Una buena parte del sector agrícola es consciente de que “casi todos los problemas que tienen derivan del cambio climático” y que los problemas no son económicos, sino políticos, sociales y ambientales.

Afortunadamente, no todos caen en la trampa de la gran confusión. Volviendo a la situación del sistema alimentario, una buena parte del sector agrícola es consciente de que “casi todos los problemas que tienen derivan del cambio climático” y que los problemas no son económicos, sino políticos, sociales y ambientales. Y que es necesario crear espacios de encuentro que permitan la expresión de las emociones, las inquietudes, las ambigüedades y angustias existenciales que el caos climático está sembrando.

La ciencia procura medirlo todo. La inseguridad global se mide, desde hace 75 años, con el llamado reloj del apocalipsis. A varios premios Nobel y algunos de los mejores científicos del mundo se les plantea anualmente la pregunta “¿Está la humanidad más segura o en mayor riesgo que en los años anteriores?”. La respuesta es corta y preocupante, nunca hemos estado en tanto riesgo. La gran confusión nos está trayendo, con toda seguridad, más inseguridad que nunca.

Fuente: Attac

Fotografía: ‘Tractorada’ del 26 de febrero de 2024 por las calles de Madrid, organizada por la Unión de Pequeños Agricultores. Foto: UPA

Fernando Valladares Y Carolina Belenguer Hurtado. Publicado originalmente en Público.es

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