miércoles, 19 de marzo de 2025
Imperialismo y guerra
Desde
una perspectiva socialista-comunista, Piqueras hace aquí un resumen lúcido de
lo que ha sucedido en el mundo en el último siglo y medio. Y sí, esto pinta
mal. Vayámonos preparando para lo que viene.
Imperialismo y guerra
El Viejo Topo
19 marzo, 2025
LA EVOLUCIÓN
CONJUNTA DEL IMPERIALISMO Y LA GUERRA
1.- La dinámica
actual de las luchas de clase en todo el planeta está dominada por el paso del
capitalismo a su fase globoimperialista, proceso que Lenin describió para su
primera etapa en 1916. Es decir, nada de «tecnofeudalismo» ni otras simplezas
de ese tipo, que crean más confusión que claridad. El capitalismo,
probablemente en su última fase de desarrollo o comienzo de su muy difícilmente
reversible fase degenerativa, sigue siendo el modo de producción hegemónico a
escala mundial, aunque sus actividades rentistas adquieran cada vez más peso en
él.
2.- El
imperialismo es el resultado coherente e inevitable de las leyes de acumulación
del capital, tal como las definió Karl Marx hace más de 150 años. Es decir, se
trata a la postre del desarrollo lógico de la ley del valor.
Lenin, en su
artículo «El Imperialismo y la escisión del Socialismo», escrito en octubre de
1916, sostenía que el imperialismo es una fase histórica especial del
capitalismo. Su carácter específico tiene tres peculiaridades: es 1)
monopolista; 2) parasitario o en descomposición; 3) agonizante.
La sustitución
de la “libre competencia” por el monopolio es el rasgo económico fundamental
del imperialismo. Con él, la situación monopolista de los grandes Bancos (“de
tres a cinco Bancos gigantescos manejan toda la vida económica de los EE.UU.,
de Francia y de Alemania”, decía Lenin ya entonces). También la apropiación de
las fuentes de materias primas por los trusts y la oligarquía financiera
(proveniente de la fusión del capital industrial monopolista con el capital
bancario monopolista).
“Se ha iniciado
el reparto (económico) del mundo entre los cárteles internacionales. ¡Son ya
más de cien los cárteles internacionales que dominan todo el mercado mundial y
se lo reparten ‘amigablemente’, hasta que la guerra lo redistribuya! La
exportación del capital, como fenómeno particularmente característico a
diferencia de la exportación de mercancías bajo el capitalismo no monopolista,
guarda estrecha relación con el reparto económico y político-territorial del
mundo”.
Sobre todo,
cuando ese reparto territorial del mundo (colonias y protectorados) ha llegado
a su fin.
3.- El
imperialismo como pugna económica y política-territorial a escala mundial,
siempre fue parte consustancial del capitalismo, desde sus orígenes, por la
propia dinámica expansiva de la acumulación de capital; sin embargo, la fase
que se ha señalado como estrictamente imperialista es la que ha desarrollado
todo ello hasta un punto de completitud global, con las características anejas
que describieron los clásicos.
Este paso del
capitalismo a su fase estrictamente imperialista desencadenó un ciclo de
guerras mundiales cuyo primer capítulo estalló en los años 1914-1918. Pero éste
fue preparado por otras guerras anteriores: «el imperialismo, como fase
superior del capitalismo en Norteamérica y en Europa, y después en Asia, se
formó plenamente en el período 1898-1914. Las guerras hispano-norteamericanas
(1898), anglo-bóer (1899-1902) y ruso-japonesa (1904-1905), y la crisis
económica de Europa en 1900, son los principales jalones históricos de esta
nueva época de la historia mundial» (Lenin, 1916).
4.- Como
resultado de esa Primera Guerra Mundial, se produjo en octubre de 1917 en el
imperio ruso la primera Revolución Socialista victoriosa de la Historia, que
inició la transición del Modo de Producción Capitalista al Modo de Producción
Socialista. Enorme avance, pues, del Movimiento Comunista de la Humanidad en
post de la procuración de un mundo libre de explotación y de opresión estructurales,
basado en la propiedad colectiva de los medios de producción, en la asociación,
colaboración y apoyo mutuo de los/as productores/as y en la gestión comunal y
cooperativa de los asuntos públicos. Sin clases sociales, ni Estado, ni
patriarcado. Un mundo que exige un enorme desarrollo social e individual en
todos los aspectos, con seres humanos socializados en la solidaridad y el bien
común, capaces de priorizar el corto-medio y largo plazo (lo colectivo) frente
a la inmediatez de lo estrictamente individual (superando en cierto punto su
componente genético de pulsión egoísta).
Tal grado de
desarrollo (Comunismo) requiere de un largo periodo de transición. Transición
que, como las sucedidas entre anteriores modos de producción, presenta
forzosamente momentos o fases más rápidas y otras de retroceso o estancamiento,
y también de combinación de modos de producción en su seno.
El Socialismo
es el modo de producción que comienza y desarrolla el proceso y al que
tradicionalmente se le ha situado entre el modo de producción capitalista y ese
Comunismo que hace de meta o desiderátum, aunque bien puede ser algo más que
mera “transición”. En él, en cualquier caso, se deberán ir creando y forjando
las condiciones objetivas y subjetivas que hagan posible ese salto evolutivo de
la Humanidad. Metafóricamente, el fin de su Prehistoria.
5.- La victoria
de la Revolución Socialista Soviética de 1917 y la posterior construcción de la
URSS y del Bloque Socialista son los fenómenos que dominaron la dinámica de la
lucha de clases (cuando las luchas de clase se hacen masivas y conscientes) al
nivel mundial desde 1917 a 1987. Tras la II Guerra Mundial, la transición al
Socialismo se extendió a Europa Oriental y Central (Alemania, Polonia,
Checoslovaquia, Hungría, Rumanía, Bulgaria, Albania, Yugoslavia), Asia (China,
Corea, Vietnam, Laos, Camboya) y América (Cuba). Y se combatió por ella en
varios lugares de África.
6.- A partir de
1917, el objetivo principal de la oligarquía imperialista mundial fue la
destrucción del Socialismo por todos los medios posibles. Llevamos más de 100
años inmersos en esta guerra absoluta que reviste todas las formas imaginables.
Entender esto y saber combatirlo es imprescindible para cualquier estrategia
que persiga la superación del capitalismo.
7.- Hay que
precisar que esta oligarquía imperialista mundial, compleja, plural y llena de
contradicciones internas, que tiene intereses nacionales contrapuestos, tiene
un componente central minoritario que se ha ido haciendo progresivamente
dominante en su seno: el Poder Sionista Mundial, expresión de la gran burguesía
financiera de origen judío Esta élite cosmopolita mundial ha ido escalando posiciones
paso a paso en los últimos cinco siglos, controlando progresivamente los
resortes financieros del capitalismo, y extendiendo su dominio en el área
política, cultural y mediática. En el siglo XIX sedimentaría su ideología
sionista (de corte nazi-fascista), si bien tampoco es homogénea, pues presenta
dos tendencias en su seno, la globalista laica y la mesiánica religiosa. Las
dos comparten, sin embargo, un proyecto de dominio mundial sirviéndose de la
potencia hegemónica del capitalismo en cada momento. Por ello mantienen una
alianza estratégica con otros sectores de la oligarquía imperialista, como es
obvio fundamentalmente anglosajones, de filiación protestante en varias de sus
ramas.
8.- El fracaso
de la intervención imperialista liderada por el Imperio Británico que
desencadenó la guerra civil rusa de los años 1917-1923, demostró que para
derrotar y destruir a la URSS y a la Internacional Comunista era necesario algo
completamente nuevo: sociedades militarizadas y fanatizadas al extremo, capaces
de sacrificar millones de seres humanos en una Guerra Total para aplastar la
Revolución Mundial y al Movimiento Comunista Internacional.
Esta novedosa
fórmula de dictadura terrorista de la burguesía apareció en 1922 en Italia: era
el fascismo. Recibió el apoyo entusiasta de toda la oligarquía imperialista
mundial, especialmente del Imperio Británico, y se fue extendiendo
progresivamente por todo el mundo, revistiendo las más diversas formas, desde
el nacionalcatolicismo de Franco al nacionalsocialismo de Hitler o el
nacional-autoritarismo de Hirohito. A mediados de los años treinta del siglo XX
ya era una excrecencia del capitalismo lista para derrotar al Movimiento
Comunista de la Humanidad cuando éste estaba adquiriendo fuerza.
9.- La Primera
Guerra Mundial supuso un reordenamiento profundo del sistema capitalista.
Produjo la derrota y el hundimiento de cuatro imperios: el Imperio Ruso, el
Imperio Alemán, el Imperio Austrohúngaro y el Imperio Otomano. También dio paso
a la victoria pírrica de los imperios británico y francés que se vieron
extraordinariamente debilitados por la guerra y el esfuerzo bélico. Finalmente
desencadenó el ascenso de dos formaciones imperiales hasta entonces
semiperiféricas: la japonesa y la estadounidense. También el de una potencia radicalmente
nueva, la URSS: por primera vez en la historia una formación socioestatal se
ponía al servicio del Movimiento Comunista de la Humanidad (y de su Revolución
Socialista Mundial).
10.- En este
complejo tablero de ajedrez geopolítico, la fracción dominante de la oligarquía
imperialista mundial, correspondiente al Eje Anglosajón-sionista, tenía dos
objetivos principales: destruir la URSS y la Internacional Comunista utilizando
para ello a los Estados nazifascistas como ariete principal, e iniciar la colonización
de Palestina, como punta del iceberg del proyecto de dominación mundial del
sionismo, instalando un Estado racista, genocida y colonial, atalaya del
Imperio Occidental en la encrucijada entre Asia, África y Europa, para ayudar
al control de las mayores reservas de petróleo mundiales. El inicio de la
colonización sionista de Palestina fue posible gracias a la destrucción del
Imperio Otomano y a la balcanización, subordinación y fragmentación del mundo
árabe. El apoyo a tendencias y organizaciones islámicas extremistas, o la
creación expresa de ellas, sería el segundo paso en ese sentido, para
desbaratar el panarabismo laico y el arraigo del marxismo en él.
11.- Ante el
riesgo mortal de un Frente Unido del Imperialismo, una alianza entre los
Estados liberales y los nazi-fascistas para destruir a la URSS y a la
Revolución Socialista Mundial, la Internacional Comunista en su VII Congreso de
1935 tuvo que aceptar una retirada táctica y plantear la lucha contra el
fascismo como prioritaria. El objetivo era romper a cualquier precio la alianza
anticomunista del Imperio Occidental, que pensaba desencadenar una guerra para
destruir y exterminar a la URSS, de la misma forma que aplastaron a la Segunda
República Española y su proceso revolucionario, enviando contra ella a las
fuerzas de choque nazi-fascistas, en la que sólo espuriamente se puede llamar
“guerra civil”.
El Eje
Anglosajón-sionista, junto a su satélite subimperial francés, contaban con
utilizar a los Estados nazifascistas como línea avanzada para acabar con la
primera revolución socialista, sin verse obligados a participar directamente,
desgastando a sus competidores y manteniendo su hegemonía.
Para ello, y a
partir de 1933, hicieron constantes concesiones al III REICH, a la Italia
fascista de Mussolini y al imperio japonés, con el objetivo de que atacasen y
destruyesen a la URSS.
Estos crímenes
de lesa humanidad incluyeron, entre otros, el exterminio de la II República
Española (1936-1939), ya dicho, la incorporación de Austria al III REICH y el
desmembramiento y anexión de Checoslovaquia (1938-1939). También las invasiones
genocidas de Etiopía (1935-1941), Albania (1939-1944) y China (1931-1945).
12.- Ante
tamaña ofensiva del Frente Único del Imperialismo contra el Socialismo, la URSS
y la III Internacional tuvieron que intentar romper el cerco capitalista por la
parte nazifascista. Este es el sentido profundo estratégico del pacto
Ribbentrop-Molotov o germano-soviético de agosto de 1939 (contra el que, por
supuesto, toda la burguesía y pequeñaburguesía mundial puso el grito en el
cielo, desde los conservadores a los liberales, desde los socialdemócratas a
los trotskistas).
13.- Esta
jugada maestra, pero realizada a contrarreloj y con muy poco tiempo para poder
explicarla al Movimiento Comunista Internacional, desvió el golpe mortal del
Imperio Occidental contra la URSS, priorizando el enfrentamiento de los Estados
imperialistas entre ellos (en su versión liberal y en su versión nazifascista)
a partir de septiembre de 1939. Se había ganado un tiempo precioso para
preparar la inevitable guerra. Hasta que el Eje Anglosajón logró nuevamente
desviar el golpe nazi hacia la URSS en 1941 (Hitler no parece haber albergado
intención de invadir Inglaterra -entidad de clara filiación germánica para él-,
sino de obtener un mejor reparto del mundo con ella -por eso dejó que las
tropas británicas escaparan en Dunkerque).
14.-Una vez
derrotada la versión nazi-fascista del capital el Eje Anglosajón-sionista
corrigió su error de cálculo, iniciando la III Guerra Mundial anticomunista (o
II Guerra Mundial extendida -prolongación de la ofensiva nazi contra la URSS)
(1945-1990). Tontamente llamada «Guerra Fría».
Para ello
recuperó e incorporó a buena parte de las élites nazi-fascistas en el nuevo
instrumento de terror y acoso al que el Eje Anglosajón dio vida contra el Mundo
Socialista: la OTAN. También absorbió el potencial japonés (dejando incluso
impunes los crímenes de guerra de su oligarquía).
15.- El Eje
Anglosajón-sionista tenía en 1945-1948 el monopolio del arma atómica, y había
obligado a la disolución de la Internacional Comunista como condición sine qua
non de la apertura de un segundo frente en Europa contra Hitler.
Tras ello, el
Mundo Socialista atravesó un momento muy delicado que exigió numerosos y
dolorosos sacrificios para evitar que se abortaran bien pronto los primeros
pasos de la Revolución Socialista Mundial. Entre otros, no intervenir
militarmente en apoyo de la revolución griega.
16.- Esto
cambió radicalmente en 1949-1950, con la victoria de la Revolución China, el
logro de la bomba atómica soviética y el intento de liberación del sur de Corea.
El mundo se había claramente polarizado, en un enfrentamiento sin cuartel del
Capitalismo contra el Socialismo que estaba en gran desventaja en el campo
económico-tecnológico, y por tanto en el militar. Sólo el desarrollo de la
economía planificada soviética permitió acortar esas distancias.
17.- Para la
fracción hegemónica de la oligarquía capitalista mundial, el objetivo principal
fue siempre la ruptura entre la URSS y la República Popular China, ya que estas
dos formaciones socioestatales controlaban el llamado «Heartland», el corazón
geopolítico del planeta, lo que hacía al Mundo Socialista prácticamente
invencible.
Este plan se
desarrolló en tres fases: la primera fue el posible asesinato de Stalin, en
1953, por medio de agentes médicos sionistas, o en su caso con la erradicación
de los estalinistas. La segunda fue favorecer el ascenso del revisionista
Kruschev y la ruptura con el Partido Comunista Chino, en 1962. La tercera fue
la visita de Nixon a China, en 1972. La ruptura del Mundo Socialista garantizó
la victoria del Imperialismo en la III Guerra Mundial (o Segunda Guerra Mundial
prolongada).
18.- Con la
destrucción de la URSS y de los países socialistas del Este de Europa, y el
retroceso de China a posiciones de mercado (aunque con control del PCCh)
ensamblado en el capitalismo global, el mundo volvió a ser unipolar, de 1991 a
2021, como lo fue durante los 100 años de hegemonía total del Imperio
Británico, entre 1815 y 1915. Esta vez, el Estado imperialista dominante era
USA. Pero en ambos casos, buena parte de la dirección estratégica de estas dos
formaciones imperialistas anglosajonas estaba en manos del Poder Sionista
Mundial, sólidamente instalado en todos los sectores claves de ellas (y también
de los núcleos clave de la OTAN).
19.- Todas las
sociedades humanas desigualitarias están atravesadas por las luchas de clase,
formando entre sí un entramado (mundial desde el siglo XIX) extremadamente
complejo y con fuertes componentes caóticos, y por lo tanto imprevisibles. El
desarrollo de la Historia no es una conspiración perfecta de las élites
dominantes que avanza sin problemas, sino un campo de batalla en el que va
triunfando en cada momento la mejor estrategia global. El Sistema Mundial
capitalista liderado por EE.UU. no tardaría mucho en perder su solidez.
En 1979 surge
una Revolución Popular Antiimperialista de nuevo tipo: la República Islámica de
Irán. Se trata de una ruptura situada en los escalones más elementales en
términos políticos. Sin embargo, fue un aldabonazo de corte civilizacional en
otros aspectos, ya que el sustrato de esta revolución es religioso (donde el
capitalismo ha desarrollado poco las fuerzas productivas y no hay vía
alternativa construida de antemano, las condiciones imponen posibilidades
comportamentales limitadas a escala colectiva, lo que tiende a requerir un
mayor control del comportamiento; la religión, más ascética cuanto menor es la
capacidad relativa de consumo en relación al desarrollo del mismo en los
centros del Sistema que fungen de escaparate, bien puede cumplir ese papel;
bajo ciertas circunstancias, la religión suele sustituir a la conciencia de
clase y servir de aglutinante popular hasta que se puede conseguir cierto
desarrollo planificado socioeconómico) y claramente enfrentado a los esquemas y
modelos de la Modernidad Occidental (1492-2022). Una religiosidad política cuyo
liderazgo y guía traza un claro antiimperialismo y antisionismo, como también
en los casos de Líbano, Yemen y Palestina.
20.- La
Revolución Islámica de Irán va dando paso poco a poco al surgimiento de la
Multipolaridad, un mundo que ya no está dominado totalmente por el Imperio (la
Civilización) Occidental, y frustra el objetivo del Poder Sionista Mundial de
colonizar por completo Palestina y el resto de Asia occidental. El sionismo se
verá frontalmente enfrentado.
21.- Así, tras
30 años de Unipolaridad yanki-sionista, de poder sobre las conciencias por
parte de quienes se autodenominaron “Occidente”, el proceso de resoberanización
de Rusia, la industrialización y gran desarrollo de China bajo la dirección de
su Partido Comunista, la lucha sin cuartel del Eje de la Resistencia Antisionista,
liderado por Irán, el afianzamiento de Corea, la –aunque con retrocesos–
resistencia más o menos firme de procesos que habían iniciado su transición
socialista (Vietnam, Cuba, Laos) y la supervivencia de formaciones
socioestatales antiimperialistas multipolares en Nuestramérica (Venezuela,
Nicaragua y, en menor medida, Bolivia), han posibilitado la emergencia de un
nuevo mundo o un Mundo Emergente que reclama su espacio, y que ya tiene sus
manifestaciones soberanas también en el Sahel africano (con Mali, Níger y
Burkina Faso a la vanguardia), además de incorporar ambiguamente en su entorno,
pero al fin y al cabo en su entorno, a formaciones socioestatales de creciente
relevancia, previamente tercermundizadas por el Imperio Occidental (India,
Brasil, Sudáfrica…).
22.- Ante este
desafío sin precedentes, el Eje Anglosajón-sionista se ha visto forzado a
reaccionar. Dentro de las facciones de poder del hasta ahora hegemón mundial se
encuentran los globalistas-financieros (sobre todo aglutinados en torno al Partido
Demócrata) y los continentalistas imperiales-financieros (en buena parte
republicanos). Hasta ahora ambas facciones han desarrollado una guerra
multidimensional y multifacética (Guerra Total) contra el Mundo Emergente, con
el objeto de abarcar dos objetivos: impedir el relevo histórico del Imperio
Occidental y sobre todo abortar cualquier posible articulación del Socialismo o
el renovado impulso del mismo a escala planetaria.
Esa Guerra
Total desatada durante las últimas tres décadas de Unipolaridad USA ha tenido
el efecto paradójico de dar nueva vida a la peor pesadilla geopolítica del Eje
Anglosajón-sionista: la vinculación de China y Rusia, una alianza que domina el
«Heartland» euroasiático. Lo cual resulta aún más grave cuando a ella se suma
Irán, enemigo básico del sionismo.
23.-
Nuevamente, como en 1949-1989, la prioridad absoluta del Imperio Occidental
ahora ya en decadencia (liderado por el Eje Anglosajón-sionista y seguido por
sus otros anglosajones subalternos, así como por Europa y Japón) es fracturar
el Frente Multipolar, a cualquier precio. Esta es la razón profunda de todos
los movimientos geopolíticos de los USA bajo dirección de Trump.
La facción
continentalista-productivista asociada a Trump, hoy al frente, ha decidido que
es imposible ganar la IV Guerra Mundial contra el Frente Multipolar y el Eje de
la Resistencia Antisionista simultáneamente. Por ello debe romper la alianza
entre la Federación Rusa y la República Popular China como sea, para destruir
Irán y el Eje de la Resistencia en un primer momento, luego derrotar a China
desde varios frentes, comenzando por el de Taiwan y los mares adyacentes, para
más tarde lanzar una nueva operación Barbarroja 2.0 contra Rusia. Puede cambiar
el orden de los dos pasos finales, pero el primero pasa por la eliminación de
Irán como sujeto antagónico, dejando al Frente Multipolar seriamente afectado
(el Imperio busca siempre el presumible punto más débil donde atacar de
inicio). La destrucción de Siria (última formación socioestatal árabe seglar de
la región, heredera del panarabismo) y su ‘yihadización’, así como la directa
invasión militar de lo que queda de Palestina no ocupada, más la nueva gran
agresión al Líbano, son, a su vez, pasos necesarios en ese camino y un duro
golpe al Eje de la Resistencia (Irán acaba de rechazar las tramposas
negociaciones que le propone EE.UU., que ha amenazado a la República Islámica
con la guerra; Hezbollah está en una muy delicada posición en un Líbano al
borde de otra guerra civil, y Palestina enfrenta el pleno genocidio con un
ultimátum de Trump para Gaza y el proyecto de un nuevo canal desde el Mar Rojo,
bajo control sionista, con deportación del pueblo palestino incluida). No
obstante, el Eje de la Resistencia ha demostrado su capacidad de resistir y
rehacerse desde abajo en numerosas ocasiones (los ideólogos del Sistema
hablarían de “resiliencia”, ese término que tanto utilizan hoy para que
aguantemos al máximo lo que nos echen).
24.- Esta es la
razón del cambio de postura estadounidense con respecto a Ucrania. Busca ganar
tiempo para su rearme e infiltración de tropas, mientras intenta atraer a Rusia
para que abandone su alianza con China e Irán. De paso lanza a Europa de
ariete, obligada a comprar armamento estadounidense, abocándola a la
irrelevancia mundial si no directamente al suicidio.
Por su parte,
EE.UU. está preparando la fortaleza-continente en América y el Ártico, a la vez
que planea “limpiar de enemigos internos” el continente, con la definitiva
subyugación de Cuba y el destrozo de los procesos de Venezuela y Nicaragua,
para las que contempla incluso la invasión como opción “concluyente”.
Mientras, China
se prepara también para la guerra.
La Guerra Total
de un Sistema en decadencia adquiere, entonces, dimensiones cada vez más
planetarias, más escalofriantes (económicas, político-ideológicas, mediáticas,
biológicas-bacteriológicas, cibernéticas, cognitivas, estrictamente militares y
paramilitares, médicas, genómicas, satelitales, químicas, atómicas…).
Frente a ella,
es más perentorio cada vez alzar la tradición de Paz con Dignidad y Justicia
del Movimiento Comunista de la Humanidad. De fraternidad entre los pueblos.
25.- Los
próximos meses nos indicarán la evolución de las luchas de clase al nivel
mundial. La cuestión ahora ya no es sólo si el Imperio Occidental se desmorona,
sino si con él puede caer también el Sistema Mundial capitalista al que
engendró y mantuvo durante cinco siglos, causando esclavitud, miseria, hambre,
exterminio-genocidio, padecimientos sin nombre, cientos de millones de
migraciones forzadas, guerras, desposesión de buena parte de la humanidad y
esquilmación de sus recursos en el conjunto de él.
De todas las
luchas del mundo y de su correcta estrategia depende que esta coyuntura
histórica que sólo se da cada mucho tiempo pueda abrir las puertas a que fluya
impetuoso de nuevo el Movimiento Comunista de la humanidad. Su necesaria
Revolución Socialista.
Fuente: Observatorio
de la crisis
martes, 18 de marzo de 2025
Lecciones de Ucrania
La Gran Guerra ha
vuelto. El campo de batalla está vacío. Las esferas de influencia son reales.
Estas son las lecciones que la guerra en Ucrania nos ofrece. La guerra ya no es
un episodio televisado. Se parece más a las grandes guerras de antaño.
Lecciones de Ucrania
EL VIEJO TOPO / 17 marzo, 2025
GUERRA EN
UCRANIA: TRES AÑOS, TRES LECCIONES
Por Big Serge
Hay ocasiones,
afortunadamente raras, en las que uno se da cuenta de que está en marcha un
punto de inflexión histórico. Miras el calendario y anotas la fecha: ese
momento preciso quedará grabado en la historia. Invariablemente, estas
ocasiones tienen un aspecto de horror surrealista: todos recuerdan dónde
estaban el 11 de septiembre, conmocionados y fascinados al ver las Torres
Gemelas arder y luego derrumbarse. El intento de asesinato de Donald Trump el
13 de julio de 2024 tuvo la calidad de un acontecimiento histórico evitado por
poco. Ese día, una fracción de pulgada hizo la diferencia: en lugar de girar la
historia, el Presidente giró su cabeza.
El 24 de
febrero de 2022 fue otro día histórico. El inicio de la guerra ruso-ucraniana,
conocida ahora como “Día Z” (llamado así por las marcas tácticas “Z” en los
vehículos rusos), fue un momento decisivo en la historia mundial, que
trajo de vuelta la guerra de alta intensidad a Europa por primera vez en
generaciones y marcó el regreso de la política de las grandes potencias.
El aniversario
de la guerra de este año –el tercer Día Z– fue el primero que se produjo bajo
la nueva administración de Trump y estuvo marcado por el optimismo de muchos de
que el nuevo presidente estadounidense podría avanzar hacia una solución
negociada para poner fin a la guerra. Si bien la administración Biden se ha
contentado con seguir canalizando armas y fondos a Ucrania indefinidamente, el
presidente Trump ha declarado repetidamente que quiere poner fin a la guerra.
El cambio de posición de Estados Unidos quedó dramáticamente ilustrado cuando
el presidente ucraniano Volodymyr Zelensky fue expulsado sin contemplaciones de
la Casa Blanca después de un enfrentamiento en la Oficina Oval .
Mientras el
mundo espera el próximo acto, vale la pena hacer un balance de la historia
hasta ahora y considerar qué se ha aprendido de ella. De tres años de guerra se
pueden extraer tres lecciones.
- LA GRAN GUERRA HA VUELTO
Cuando comenzó
la Guerra Civil estadounidense en 1861, ambos bandos compartían una sensación
de calma. Tanto los confederados como los de la Unión pensaron que el asunto se
resolvería rápidamente a su favor. El presidente Lincoln pidió el reclutamiento
de sólo 75.000 voluntarios por un período de sólo tres meses. Los
reclutamientos confederados fueron igualmente de corta duración. Un hombre vio
las cosas de otra manera. “Es como intentar apagar las llamas de una casa en
llamas con una pistola de agua”, escribió William Tecumseh Sherman sobre la
campaña de reclutamiento de Lincoln. “Creo que será una guerra larga, muy
larga, mucho más larga de lo que cualquier político piensa”.
Sherman tenía
razón, por supuesto. Al final de la guerra, cuatro años después, 700.000
estadounidenses estaban muertos. Esta historia no es única en absoluto. La
historia está llena de guerras que comenzaron con la expectativa de una
victoria rápida, solo para derivar en una masacre interminable, dejando atrás
sobrevivientes marcados, asustados y exhaustos.
Las guerras son
fáciles de iniciar, pero a menudo difíciles de terminar, y los combatientes
tienden a obtener resultados peores de los que esperaban. La humanidad aprendió
esta lección nuevamente en Ucrania. Además, a pesar de la presencia de
sofisticados sistemas de armas y capacidades de ataque de precisión, la guerra
parece haber vuelto a una forma que recuerda a las guerras mundiales del siglo
XX, con una enorme base industrial que alimentaba ejércitos gigantescos. Ya no
estamos en la era de los ataques quirúrgicos. Ucrania y Rusia han librado un
conflicto largo, prolongado y sangriento a lo largo de miles de kilómetros de
territorio en disputa. La lección es clara: la Gran Guerra ha regresado.
La cantidad de
material utilizado en Ucrania es impresionante. En vísperas de la guerra, el
ejército ucraniano era el más grande y mejor equipado de Europa. Los parques de
tanques y obuses ucranianos ocuparon el segundo lugar en Europa, sólo por
detrás de los rusos. Desde entonces, los patrocinadores occidentales de Ucrania
han suministrado más de 7.100 vehículos blindados, así como 6.000 vehículos de
movilidad de infantería no blindados, como Humvees, más vehículos blindados que
los que la Wehrmacht utilizó en la Operación Barbarroja, la campaña más grande
y devastadora de la historia.
La enorme
escala del conflicto entre Rusia y Ucrania no se limita a los vehículos
blindados, sino que se extiende también a las municiones y los sistemas de
ataque. La pieza de guerra más buscada es el obús. Al comienzo del conflicto,
las fuerzas rusas disparaban 60.000 proyectiles al día. Aunque esta cifra ha
disminuido a medida que se han agotado las reservas y se han limitado las tasas
de producción, Rusia todavía dispara unas 10.000 granadas al día. Antes de la
guerra, la producción estadounidense de granadas era de 14.000 al mes. Si bien
se están realizando esfuerzos para llevar la producción a 100.000 al mes, sigue
habiendo una brecha sorprendente con la producción y el gasto registrados en
Ucrania.
Las fuerzas
respaldadas por Estados Unidos podrían esperar utilizar el poder aéreo como un
reemplazo parcial de los obuses y misiles terrestres, pero las matemáticas son
igualmente desalentadoras. El Ministerio de Defensa de Ucrania estimó que en
agosto de 2024 Rusia había lanzado 9.590 misiles y 14.000 drones desde el
comienzo de la guerra. En comparación, la producción estadounidense del
venerable misil Tomahawk es de alrededor de 100 unidades al año. El misil Joint
Air-to-Surface Standoff muestra mejores cifras, a un ritmo de 550 por año, pero
todavía está lejos de los totales rusos. La realidad es que la producción
estadounidense de misiles es insuficiente para cubrir el uso actual, incluso
sin la perspectiva de una futura guerra importante.
Incluso la
producción de interceptores de defensa aérea estadounidenses es mucho menor que
el gasto en Ucrania. El misil PAC-3, utilizado por el famoso sistema de defensa
aérea Patriot, se produce a un ritmo de 230 unidades por año, suficiente para
cargar aproximadamente siete baterías Patriot con una sola salva cada una.
La escala de la
campaña aérea rusa ha llevado la red de defensa aérea de Ucrania a sus límites,
y eso no es poca cosa. Ucrania comenzó la guerra con la red de defensa aérea
más densa de cualquier estado de Europa. Cuando la Unión Soviética se
desintegró, Ucrania heredó el equivalente a todo un distrito de defensa aérea
soviético, incluidos cientos de lanzadores. Agotar esta defensa, a pesar del
apoyo brindado por decenas de sistemas donados por Occidente, fue una tarea
monumental.
Las discusiones
sobre las cifras de producción de diversos sistemas militares pueden degenerar
fácilmente en el autismo de un desfile interminable de siglas: interceptores
PAC-3, o JASSM, o ATACM, u otros sistemas en juego. El punto principal es la
cuestión de la escala. Por lo general, los sistemas fabricados en Estados
Unidos son al menos marginalmente mejores que sus equivalentes rusos, pero la
guerra en Ucrania fue en gran medida una cuestión de escala. Tanto Rusia como
Ucrania movilizaron millones de hombres y coordinaron una enorme producción de
proyectiles, misiles, vehículos y otros equipos durante tres agotadores años.
La magnitud de
la guerra en Ucrania pone de relieve el papel que Estados Unidos se vería
obligado a desempeñar en cualquier guerra terrestre similar. En Ucrania hay
actualmente más de 75 brigadas en línea. El ejército francés, en general el
mejor de los aliados de Estados Unidos en la OTAN, mantiene sólo ocho brigadas
de combate bajo su Comando de Fuerzas Terrestres. Las contribuciones de los
miembros auxiliares de la OTAN (Dinamarca, Estonia, etc.) serían
insignificantes. En una guerra continental, Estados Unidos haría el trabajo
pesado, trivializando los debates sobre los objetivos de gasto militar de la
OTAN.
En la época de
la Gran Guerra, el 2% del PIB de Letonia, por ejemplo, significa muy poco. La
Gran Guerra exigió la capacidad de movilizar mano de obra e industria en una
escala para la cual los estados occidentales no estaban preparados y que las
poblaciones occidentales encontrarían impactante. Esto plantea una pregunta
inquietante. Durante muchas décadas, el público estadounidense ha habitado un
mundo en el que la guerra es una abstracción remota. Incluso la guerra de
Vietnam, por muy perturbadora que fuera desde el punto de vista social, no tuvo
un impacto drástico en el ritmo de vida cotidiano en Estados Unidos, y las
guerras de Bush en Afganistán e Irak tuvieron un impacto aún menor en la vida
cotidiana en ese país. La Gran Guerra, sin embargo, prometía algo diferente:
movilización generalizada, privaciones potenciales y pérdidas significativas.
Las
instituciones militares occidentales no son ajenas a esta perspectiva. Por
ejemplo, un artículo de 2023 publicado por la Escuela de Guerra del Ejército de
Estados Unidos advierte que una guerra terrestre de alta intensidad, similar al
conflicto actual en Ucrania, podría costar a Estados Unidos una tasa sostenida
de bajas de hasta 3.600 por día. En comparación, las bajas estadounidenses en
dos décadas de guerra en Irak y Afganistán ascendieron a unas 50.000. El
documento concluye que el ejército estadounidense, ya limitado por una reserva
individual cada vez menor y un reclutamiento en descenso, actualmente no está
preparado para este tipo de conflicto y que las operaciones terrestres a gran
escala obligarían a Estados Unidos a adoptar un servicio militar obligatorio
parcial.
Este tipo de
análisis es preocupante pero también reconfortante: es bueno que al menos
alguien preste atención. Pero no está claro si los políticos estadounidenses o
el público estadounidense han asimilado su importancia. Es fácil movilizar el
sentimiento público contra Rusia, el enemigo familiar de los nostálgicos de la
Guerra Fría, pero generar entusiasmo por miles de bajas diarias y el regreso
del servicio militar obligatorio es otra cuestión.
En última
instancia, la mejor manera de ganar en una época de grandes guerras es
probablemente evitarlas por completo.
- EL CAMPO DE BATALLA ESTÁ VACÍO.
La historia de
la violencia humana organizada comienza en una región todavía marcada por la
violencia: la frontera entre el actual Líbano y Siria, donde el faraón egipcio
Ramsés II libró una gran batalla contra el Imperio hitita en 1274 a. C. La
batalla de Kadesh, llamada así por una antigua ciudad cercana, es famosa por
ser la primera batalla de la historia de la que se conoce información detallada
sobre las maniobras tácticas, gracias a una serie de relieves murales, textos e
inscripciones egipcios.
En Cades y
durante la mayor parte de los siguientes 3.300 años, los antiguos ejércitos
generalmente luchaban de pie y marchando unos hacia otros en campo abierto.
Desde las falanges griegas hasta las legiones romanas y los granaderos, los
ejércitos hacían inconfundible su presencia con uniformes y estandartes
brillantes. Ni el hoplita griego, con su brillante armadura de bronce y su
penacho peludo, ni el casaca roja británico, con su uniforme escarlata,
intentaron esconderse del enemigo.
A mediados del
siglo XIX, esta táctica comenzó a cambiar. Durante la Guerra Civil
estadounidense, los ejércitos utilizaron trincheras y barreras de tierra para
protegerse de los disparos. A finales de siglo, las Guerras Bóers demostraron
que las armas de fuego estriadas podían causar daños inmensos a la infantería
en campo abierto. Finalmente, la Primera Guerra Mundial, que combinó fuego de
fusiles, ametralladoras y obuses, hizo que todos corrieran a buscar refugio.
En esencia, la
historia de la guerra se puede dividir en dos épocas distintas. La primera era,
que duró desde la Batalla de Kadesh hasta el Sitio de Vicksburg (3.137 años),
fue una era en la que los ejércitos permanecían en formación. La segunda era,
la actual, es la era del campo de batalla vacío, donde los soldados pasan la
mayor parte del tiempo tratando de esconderse del enemigo.
La guerra en
Ucrania ha demostrado que la era del campo de batalla vacío se está
intensificando. El factor más poderoso en el campo de batalla hoy en día es el
nexo entre los sistemas modernos ISR (Inteligencia, Vigilancia y
Reconocimiento) y los sistemas de ataque de precisión. Este poder se ejerce a
través de drones de todo tipo: drones de observación que vigilan el campo de
batalla y drones de ataque que incluyen unidades de vista en primera persona
(FPV). La capacidad de las fuerzas ucranianas y rusas para vigilar y atacar el
campo de batalla es tan precisa que pueden localizar y atacar vehículos y
posiciones enemigas en puntos específicos de vulnerabilidad: las imágenes de
drones FPV volando a través de las puertas y ventanas de los puntos fuertes
enemigos están ahora en todas partes.
En el campo de
batalla moderno, el ocultamiento se ha convertido en una habilidad fundamental.
Cualquier cosa (o persona) que pueda verse puede ser golpeada y destruida. La
guerra electrónica a gran escala, que pueda negar el espacio aéreo a los drones
enemigos, aún está muy lejos, y hasta que llegue, la capacidad de lograr
victorias decisivas se habrá vuelto muy difícil. Los ejércitos se ven obligados
a dispersarse y esconderse para evitar los sistemas de vigilancia y ataque del
enemigo, y por ello tienen dificultades para ganar impulso. Esta realidad se
evidenció al comienzo de la guerra con los éxitos de Ucrania al utilizar
sistemas de misiles estadounidenses para atacar depósitos de municiones rusos;
en respuesta, Rusia dispersó y ocultó sus depósitos de suministro. También se
produjo dispersión en lo que respecta a hombres y vehículos: a pesar del gran
número de personal movilizado en ambos bandos, las acciones de asalto eran
llevadas a cabo regularmente por grupos relativamente pequeños (a menudo del
tamaño de una compañía o más pequeños), ya que eran las únicas fuerzas que
podían organizarse con seguridad para atacar.
Hasta que una
nueva tecnología pueda proporcionar un modo fiable de bloquear los drones, los
campos de batalla seguirán vaciándose. Con la expansión de la inteligencia
artificial militar y de los procedimientos algorítmicos de selección de
objetivos, ya no será suficiente esconderse visualmente, en fortificaciones y
bajo camuflaje: también será importante dispersar las tropas para confundir a
los algoritmos de vigilancia. Los soldados del futuro pueden esperar pasar la
mayor parte de su tiempo escondidos. Como resultado, es probable que las guerras
futuras sean más intensas y menos decisivas que aquellas a las que la opinión
pública occidental se ha acostumbrado. Los sistemas modernos de vigilancia y
ataque hacen que las maniobras en el campo de batalla sean difíciles y
costosas. Esto quedó ampliamente demostrado en 2023, cuando una contraofensiva
ucraniana, equipada, planificada y entrenada por la OTAN, terminó en un fracaso
catastrófico.
Al público
estadounidense le gustaría que sus guerras se parecieran a la Operación
Tormenta del Desierto de 1991, que se ganó decisivamente en pocas semanas con
menos de 300 bajas. Es relativamente fácil movilizar el apoyo público para
guerras como ésta, que son breves, decisivas y relativamente incruentas. Es
mucho más difícil generar apoyo para algo que se parezca más a la Primera
Guerra Mundial. Como demostró la guerra de Vietnam, es probable que el público
estadounidense se canse rápidamente de los agotadores combates al otro lado del
mundo.
La gran guerra
del siglo XXI probablemente también será una guerra lenta, y al público no le
gustará en absoluto.
- LAS ESFERAS DE INFLUENCIA SON REALES.
Una de las
grandes paradojas del mundo contemporáneo es el carácter autónomo del poder
estadounidense. Estados Unidos dominó el mundo durante tres décadas después de
la caída de la URSS. Uno de los efectos de este poder ha sido el éxito de
encubrirse con un internacionalismo impulsado por el consenso.
Las guerras de
Estados Unidos en Oriente Medio son un ejemplo de ello. La invasión de Irak en
2003, por ejemplo, implicó una “coalición de la voluntad”, que nominalmente
incluía a países como Estonia, Islandia, Honduras y Eslovaquia. Aunque la
contribución militar de estos estados es insignificante, su participación ha
sido esencial para enmascarar la capacidad y la voluntad de Estados Unidos de
actuar unilateralmente.
En esencia,
aunque el poder estadounidense no fue cuestionado, la política exterior
estadounidense siempre fue cuidadosa de no respaldar la idea de que “la fuerza
da el derecho”. De hecho, la evasión performativa de un mundo basado en el
poder militar ha sido un elemento fundamental del orden mundial actual. Aunque
el poder colosal de Estados Unidos animaba todo el sistema, el mundo rechazó
formalmente la teoría clásica de la geopolítica que reconocía el poder estatal
en su centro.
Junto con el
rechazo formal del poder estatal como moneda de cambio en los asuntos
mundiales, paradójicamente posible sólo gracias al poder estatal
estadounidense, también ha llegado el rechazo de ideas como las “esferas de
influencia”, el principio de que los estados poderosos naturalmente ganan el
derecho a influir en los asuntos de sus vecinos más débiles. La idea de las
esferas de influencia es fundamental para la política internacional: en la
historia estadounidense está encarnada por la Doctrina Monroe.
Hoy, una
facción ascendente en la política exterior estadounidense intenta regresar a
este principio y reorientarse hacia una política exterior “hemisférica”
centrada en asegurar el
dominio en las Américas sometiendo a Canadá y adquiriendo
Groenlandia y el Canal de Panamá. Y no es de extrañar. La guerra en Ucrania ha
demostrado que las esferas de influencia son reales, no sólo como una
construcción abstracta de la teoría geopolítica, sino como una manifestación
concreta de la geografía. La cuestión no es si una potencia como Rusia, China o
Estados Unidos “merece” tener una influencia preponderante sobre sus vecinos.
Es más bien una cuestión de física.
Tomemos la
logística. Ucrania y Rusia eran antiguas repúblicas de la URSS, con una red
ferroviaria y vial integrada diseñada para sustentar una unidad económica
integrada. Los dirigentes soviéticos nunca imaginaron que este todo integrado
pudiera fragmentarse. Desde esta perspectiva, las expectativas durante los
primeros años de la guerra de que Rusia tendría dificultades para sostener
logísticamente una guerra en Ucrania nunca tuvieron sentido: Rusia estaba
luchando en una densa red ferroviaria diseñada para trasladar enormes
cantidades de bienes dentro y fuera del este de Ucrania, en una línea de frente
en realidad más cercana a la sede del Distrito Militar Sur de Rusia en Rostov
que a Kiev.
Ucrania
demuestra la necesidad de volver al pensamiento clásico sobre las esferas de
influencia, no como una cuestión jurídica o ética, sino como una dimensión del
poder con implicaciones militares. Los estados poderosos son como cuerpos
celestes con un campo gravitacional. La guerra en Ucrania tuvo lugar justo en
el seno del poder ruso. A pesar de las economías mucho mayores de los países
occidentales que apoyan a Ucrania, son las fuerzas ucranianas en particular las
que han sufrido una escasez generalizada de municiones y vehículos. Esto no
quiere decir que la economía rusa haya soportado sin esfuerzo el peso de la
guerra, pero resistió con creces.
Un estadista
del siglo XIX nunca habría pestañeado ante la idea de que Rusia podría sostener
una guerra con mayor facilidad en su propio patio trasero imperial que una
potencia occidental distante, a pesar de la riqueza relativamente mayor de
Occidente, y habría tenido razón en no hacerlo. Esto tiene implicaciones
importantes para la alianza occidental, porque los posibles futuros teatros de
guerra están directamente relacionados con sus rivales. Taiwán, por ejemplo,
está a sólo 100 millas de la costa de Fujian, una provincia china con una población
mayor que California. Debatir si los chinos pueden igualar a la Armada
estadounidense es un error. Lo que importa, más que cualquier otra cosa, es
dónde se jugará el partido. La incapacidad de China para proyectar poder contra
la Costa Oeste de Estados Unidos tiene poco que ver con su potencial para
librar una guerra directamente en sus propias costas, ya que, como han
demostrado los rusos en Ucrania, incluso una potencia relativamente pobre puede
obtener beneficios significativos al luchar en su propio patio trasero.
La guerra en
Ucrania está ahora en un punto de inflexión, y los partidarios occidentales del
país están divididos ante la perspectiva de apoyar indefinidamente un esfuerzo
que se está desmoronando. Queda por ver si la administración Trump podrá
alcanzar un acuerdo de paz, pero está claro que el entusiasmo de Trump por el
proyecto de guerra en Ucrania es mucho menor que el de su predecesor.
Saber en qué
tipo de guerra estás participando es crucial. Es dudoso que Europa se hubiera
precipitado a la guerra en 1914 si hubiera podido prever la realidad del frente
occidental. Ucrania sugiere que las guerras futuras serán industriales, con un
elevado número de víctimas, caracterizadas por una lentitud agonizante y un
consumo masivo de biomasa humana y de material industrial. La guerra en Ucrania
fue mucho más grande, más costosa y menos decisiva de lo que los
estadounidenses están acostumbrados, y demostró que el valor militar de la
riqueza, el poder y la sofisticación tecnológica de Estados Unidos es limitado.
Debería aprovecharse como una oportunidad para aprender lecciones importantes
para evitar desastres aún peores.
Fuente: Sinistrainrete
lunes, 17 de marzo de 2025
Confusión e inseguridad, así nos doma el capitalismo
Confusión
e inseguridad, así nos doma el capitalismo
Publicado el 17 de marzo de 2025 / Por Otros medios / KAOSENLARED
El
principio de Hanlon reza: Nunca atribuyas a la maldad lo que se pueda
explicar adecuadamente por la estupidez. Esta regla rige con fuerza lo
que ocurre en nuestros tiempos algorítmicos y quizá la prueba más evidente
radica en cómo esa pretendida maldad, el egoísmo estúpido de las élites, está
fomentando deliberadamente la confusión a través de bulos y campañas de
desinformación. Uno de los sectores en los que este incremento de la
confusión resulta más grave e insostenible es el sistema agroalimentario
global. A partir de su análisis, vamos a ver cómo la confusión
y la inseguridad son dos armas fundamentales del capitalismo para
facilitar la explotación y destruir la empatía y la solidaridad.
Se trata de un sistema
complejo cuyo propósito ya no es proveer de alimento a la humanidad. Prueba de
esta pérdida de rumbo acelerada es que mientras se tira un tercio de la comida
que se produce para mantener los precios de mercado, un tercio de la humanidad sufre inseguridad alimentaria y
11 millones de personas al año mueren de hambre. Una indicación de que hay
estupidez y no solo maldad en la disfunción alimentaria es que mientras esto
ocurre, mayoritariamente en el sur global, en el norte global, además de tirar
mucha comida, se come en exceso generando, cada día en mayor proporción,
problemas de sobrepeso y todas las enfermedades asociadas a él.
El sistema alimentario
tanto global como local está tensionado por intereses contrapuestos, y sufre la
tiranía de la búsqueda de un rendimiento económico a toda costa que se lleva
por delante las condiciones sociales y sanitarias de los trabajadores del
sector, de la protección del medio ambiente y de la justicia más elemental.
El hecho de que
la mitad de la cosecha española de limones 2023-2024,
por ejemplo, se haya destruido para estabilizar los mercados nos ha costado
tiempo, dinero y, sobre todo, mucha agua.
Una justicia necesaria no
ya por cuestiones éticas, sino por cuestiones funcionales prácticas y
concretas: la desigualdad rampante sale carísima en todo tipo de unidades,
desde monetarias hasta energéticas, desde ambientales hasta sanitarias. El
hecho de que la mitad de la cosecha española de limones 2023-2024,
por ejemplo, se haya destruido para estabilizar los mercados nos ha costado
tiempo, dinero y, sobre todo, mucha agua. Producir un kilo de limones requiere
435 litros de agua, y no andamos sobrados de agua precisamente.
Globalmente empleamos un
23% de toda el agua para regar cultivos cuyos frutos vamos a tirar, ocupamos un
11% de la superficie y generamos un 8% de las emisiones de gases de efecto
invernadero criando estas plantas que vamos a descartar y destruir. El sector
agrícola no se queja tanto de esto como de que no le salen las cuentas. Aunque
dentro del sector agrícola hay muchos actores, desde los trabajadores del campo
hasta los grandes grupos inversores pasando por toda una cadena de
intermediarios. Y lógicamente cuanto más abajo en el escalafón, peor te van las
cosas. Es el mercado, amigo. El mercado como reflejo de los valores
materialistas, del espíritu individualista y de los principios neoliberales que
prevalecen en la sociedad y que para muchos son incuestionables.
Sin embargo, cada vez más
agrupaciones ciudadanas reclaman una agricultura ecológica, libre de
agroquímicos y más saludable. Pero la agricultura industrial no entiende ni
quiere entender de estas cosas. Y lo mismo podríamos decir de la ganadería.
Muchos trabajadores del sector primario se encuentran atrapados en esta
producción industrial, endeudados, sufriendo las críticas de una ciudadanía
preocupada por la salud planetaria, sin obtener grandes beneficios económicos,
generando mucha comida de dudosa calidad que, en un gran porcentaje, no hace
falta y se la pagan mal. Es lógico que nos estemos quedando sin agricultores y
sin ganaderos. En España y en los países de nuestro entorno, el 50-60% se habrá jubilado sin
que esté a la vista un proceso claro de recambio.
El estrés
de agricultores y ganaderos
El sector primario está
sometido a fuentes de estrés notables ya que por una parte tienen poco control
sobre los productos que producen, sus precios, y su distribución y comercialización,
y por otra se enfrentan en primera línea al cambio climático. Presencian los
cambios en las temperaturas, los patrones de lluvia o la productividad de la
tierra con graves consecuencias para la salud, no solo física sino mental:
ansiedad climática, preocupación y angustia emocional.
En un estudio realizado en Nueva Zelanda
encontraron que el bienestar de los agricultores y granjeros se está reduciendo
significativamente. En otra investigación se destaca la
relación de los eventos climáticos extremos con las tasas de suicidio en el
sector agrícola. En Estados Unidos, la organización Farmland cuenta con un teléfono de
atención ante las situaciones de eco ansiedad. La Fundación Británica por la Seguridad Agrícola (FSF)
encontró que el principal problema que enfrentan el 95% de los agricultores
menores de 40 años es de salud mental. La Unión Europea ha financiado un
proyecto llamado SafeHabitus en el que se anima a
todos los países miembros a indagar en los desafíos psicológicos y sociales que
impactan en las vidas de las personas que trabajan en este sector.
El abordaje de
una situación como esta, compleja y tensionada, lejos de hacerse desde la
reflexión y la lógica se hace apresuradamente desde la emoción, el egoísmo y el
cortoplacismo. Lejos de invitar al diálogo democrático se promueve la creación
de enemigos y se despierta la agresividad y la polarización.
El abordaje de una
situación como esta, compleja y tensionada, lejos de hacerse desde la reflexión
y la lógica se hace apresuradamente desde la emoción, el egoísmo y el cortoplacismo.
Lejos de invitar al diálogo democrático se promueve la creación de enemigos y
se despierta la agresividad y la polarización.
Precisamente esta manera de
abordar los problemas complejos, tan característica de nuestros tiempos, es lo
que nos está llevando a la gran confusión. Cuanto más complejo se hace un
problema, como en el caso del sistema alimentario, menor es la reflexión y el
diálogo, y mayor la crispación y la creación violenta y artificial de oponentes
a los que descartar, derribar o destruir. Con este abordaje, la confusión crece
y crece, alejándonos velozmente de la resolución de los problemas.
Ante un
problema complejo, la gran confusión
La gran confusión se lee y
se escucha en todas partes. Se puede observar confusión en las declaraciones tanto
de políticos como de agricultores. También en los propios carteles que cuelgan
sobre los tractores que bloquean periódicamente las ciudades de Europa. Basta
leer los manifiestos y exigencias que acompañan las manifestaciones que han
recorrido el continente desde el comienzo de 2024 para detectar una gran
confusión. ¿Qué tiene que ver la agenda 2030, los chemtrails, los
precios del mercado de frutas y verduras, la burocracia, el precio de los
combustibles, el cambio climático, las elecciones europeas y los pesticidas?
Pues todo. Y nada. Todo guarda relación, pero en la confusión reinante se
establecen causas y efectos de todo tipo, sin tiempo ni intención de
comprobarlas, entenderlas y explicarlas. Por supuesto, sin tiempo ni intención,
no surgen más soluciones que pequeños ajustes cosméticos que llegan incluso a
encender más los ánimos al resultar insuficientes y hasta insultantes.
la confusión
resulta muy buena. La confusión es una circunstancia idónea para hacer dinero.
Esconder la verdad entre un embrollo de falsedades con apariencia de verdad
cada vez más difícil de desenredar es un método perfecto para que los
beneficios económicos de unos pocos puedan extenderse mucho en el tiempo.
No se explican ni se
comprueban bien las denuncias y acusaciones porque la gran confusión es buena
para unos pocos y muy poderosos actores del sistema. De hecho, la confusión
resulta muy buena. La confusión es una circunstancia idónea para hacer dinero. Esconder
la verdad entre un embrollo de falsedades con apariencia de verdad cada vez más
difícil de desenredar es un método perfecto para que los beneficios económicos
de unos pocos puedan extenderse mucho en el tiempo. Empobreciéndonos y
enfermándonos a todos.
Precisamente porque no se
resuelve el embrollo, los grandes inversores, accionistas y entidades
agroindustriales, así como las grandes superficies y la larga cadena de
intermediarios continúan y continuarán sacando beneficios de un sector que hace
aguas, atenazado por crisis como la climática, la sanitaria, la geopolítica y
la social. No podemos esperar soluciones de aquellos que obtienen ganancias de
esta situación porque para ellos no hay problema. Al menos en lo económico.
Tampoco podemos esperar soluciones del sector político, un sector atrapado por
compromisos con unos y con otros, atemorizado por perder apoyos y elecciones, e
incapaz de regular una economía descontrolada que se lleva todo por delante. Un
sector, el político, que solo plantea soluciones de miras cortas, como descartar la reducción del uso de pesticidas y
calmar así, aunque sea momentáneamente y con dramáticos efectos en el medio
plazo, las iras del sector agrícola. Una medida que choca con la evidencia de
que no reducir los pesticidas es a la salud de los trabajadores del campo a
quien amenaza en primer lugar.
Lógica y trágicamente, toda
esta confusión deriva en prácticas mafiosas. Como las del llamado cártel de la
leche. La Sala de lo contencioso-administrativo de la Audiencia Nacional ha confirmado la existencia de
este cártel en el que diez empresas y asociaciones de la
industria láctea se coordinan para comprar la leche en España, perjudicando a
miles de ganaderos y disminuyendo su capacidad de negociar los precios. Vivimos
tiempos en los que cada vez hay más vacas, cerdos y gallinas, pero menos granjas. Tiempos en los que
el ganadero ya no pilota la ganadería. Tiempos en los que el 70% del cerdo que
se produce en nuestro país se exporta, mientras que el 100% del consumo
insostenible de agua y de la contaminación de suelos y acuíferos se queda dentro
de nuestras fronteras. Tiempos en los que producir carne no es producir
alimento, sino dinero. Dinero para unos pocos; tensión, contaminación y pobreza
para muchos. Inseguridad ambiental para todos.
Una
creación esencial del capitalismo: que nos sintamos inseguros
Del capitalismo se ha dicho
de todo. La confusión es uno de sus ingredientes esenciales, del mismo modo que
la insostenibilidad ambiental, social y política son algunas de sus principales
consecuencias. Lo que pocas veces se analiza es su conexión con la inseguridad.
La escritora, activista y artista Astra Taylor teje una red de causalidades que
le lleva a concluir que la inseguridad no es un subproducto del capitalismo ni
una consecuencia secundaria de la concentración de la riqueza; es, directamente, una de las creaciones esenciales para el capitalismo.
La seguridad promueve la
empatía, la solidaridad entre vecinos y la colaboración, estimulando la
ambición intelectual y espiritual sobre la económica. Todo esto entra en
conflicto con los principios fundamentales del sistema capitalista, un sistema
que pivota sobre la competencia, la exclusión y la individualidad. Por ello
Taylor habla de que vivimos en la era de la inseguridad, una
inseguridad buscada y trabajada, no simplemente sobrevenida. Ya lo avisó Ulrich
Beck en su visionaria obra La sociedad del riesgo. Seguridad para
unos pocos e inseguridad para muchos es lo que permite que el producto interior
bruto crezca y crezca. No hay margen para que esto se diga con claridad porque,
al violar varios derechos humanos, ofende. Ofende al lector y a los que
escribimos, pues vivimos y aceptamos las normas de este sistema confuso e
inseguro.
La
inseguridad está diseñada para facilitar la explotación
Hemos normalizado la
revolución constante de la producción, la perturbación ininterrumpida de todas
las condiciones sociales. La incertidumbre y la agitación eternas son la seña
de identidad del último siglo y medio de la humanidad. La inseguridad está
diseñada para facilitar la explotación y socavar la solidaridad. La inseguridad
es tanto física como psicológica ya que nuestra cultura fomenta la autoculpabilización
y la vergüenza por las dificultades económicas, explotando sin descanso
nuestros miedos y vulnerabilidades. Las personas necesitamos algo más que un
salario más alto, necesitamos tranquilidad y un clima de confianza para
planificar el futuro. En contraste con la concepción individualista y centrada
en la empresa del New Deal, e incluso del Green Deal (el Pacto Verde Europeo),
necesitamos diseñar un sistema de seguridad generalizado que se oriente a
redistribuir no sólo la riqueza, sino también el riesgo.
Construir un mundo más
seguro para todos es posiblemente uno de los mayores retos de la civilización
actual, por ir contracorriente y por enfrentarse a las bases del sistema
socioeconómico imperante. Abordar ese reto tiene riesgos. Hay mucho esfuerzo implicado
y también incertidumbres conceptuales y científicas. Pero en esta sociedad de
riesgo creciente, el mayor riesgo es no hacer nada diferente.
Una buena parte
del sector agrícola es consciente de que “casi todos los problemas que
tienen derivan del cambio climático” y que los problemas no
son económicos, sino políticos, sociales y ambientales.
Afortunadamente, no todos
caen en la trampa de la gran confusión. Volviendo a la situación del sistema
alimentario, una buena parte del sector agrícola es consciente de que “casi todos los problemas que tienen derivan del
cambio climático” y que los problemas no son económicos,
sino políticos, sociales y ambientales. Y que es necesario crear espacios de
encuentro que permitan la expresión de las emociones, las inquietudes, las
ambigüedades y angustias existenciales que el caos climático está sembrando.
La ciencia procura medirlo
todo. La inseguridad global se mide, desde hace 75 años, con el
llamado reloj del apocalipsis. A varios premios Nobel y algunos de los mejores
científicos del mundo se les plantea anualmente la pregunta “¿Está la humanidad
más segura o en mayor riesgo que en los años anteriores?”. La respuesta es
corta y preocupante, nunca hemos estado en tanto riesgo. La
gran confusión nos está trayendo, con toda seguridad, más inseguridad que
nunca.
Fuente: Attac
Fotografía: ‘Tractorada’
del 26 de febrero de 2024 por las calles de Madrid, organizada por la Unión de
Pequeños Agricultores. Foto: UPA
Fernando
Valladares Y Carolina Belenguer Hurtado. Publicado originalmente
en Público.es



