miércoles, 19 de junio de 2024
Los agentes de EEUU y la UE impulsan la revolución de colores en Georgia. [Los “colorines” empiezan en Ucrania en 2014 con sus correspondientes asesinatos, 14.000 asesinatos, 14.000, antes de la invasión a la que vio forzada Rusia por los capitales USA y compaña (OTAN y perritos falderos con afán de dinero). Desde 2022 se han producido decenas de miles de muertos en Ucrania y, los que todavía faltan. De modo que mi más sincera enhorabuena a todos los criminales coloreados que empiezan ahora sus crímenes en Georgia y a la espera que cumplan sus fines: el fin de un criminal es la cárcel. A ver si los podemos encarcelar a todos. Vamos a ver si a los trabajadores se nos van abriendo los ojos, vamos a ver.]
Los agentes de EEUU y la UE
impulsan la revolución de colores en Georgia
DIARIO OCTUBRE / junio 16, 2024
Un proyecto de ley destinado a controlar la intromisión occidental a través de las 25.000 ONG activas en Georgia ha provocado furiosas protestas antigubernamentales alentadas por Washington
La causa de
este tumulto es un proyecto de ley conocido como «ley de transparencia de la
influencia extranjera», que obligaría a las organizaciones a revelar
públicamente su financiación extranjera. Durante semanas, las calles de Tiflis
se han llenado de miles de manifestantes que exigen a las autoridades que
desechen la ley, que creen que comprometerá el camino de Georgia hacia la
adhesión a la UE. A pesar de la vehemente condena de funcionarios de la UE y
EEUU, la ley ha sido aprobada. Desde entonces, EEUU ha amenazado con imponer
restricciones de visado a los legisladores que apoyen la ley, y los
manifestantes empiezan a dar muestras de rendirse.
No se puede
dudar de la sinceridad de los ciudadanos que siguen ocupando los espacios
públicos de Tiflis por temor a que las medidas de su gobierno saboteen las
aspiraciones de muchos georgianos a la UE. Pero hay indicios claros de que a
esos muchos se les ha engañado gravemente sobre la naturaleza de la nueva ley,
y al parecer algunos están convencidos de que ordenará la vigilancia masiva y
obligará al público a denunciar a sus vecinos como «agentes extranjeros».
La campaña para
desinformar a los georgianos sobre el proyecto de ley está dirigida
principalmente por los medios de comunicación extranjeros y las propias ONG
financiadas desde el extranjero. En la actualidad, hay más de 25.000 ONG
activas en Georgia, y casi todas reciben financiación extranjera. Muchas están
financiadas por la UE, que lidera más de 130 «proyectos activos» distintos y
19.000 pequeñas y medianas empresas en el país. Los servicios de inteligencia
estadounidenses, USAID, la CIA y NED (The National Endowment for
Democracy) también son importantes patrocinadores del sector.
Juntos, estos
elementos respaldados desde el extranjero están movilizando a sus electores en
las calles para una nueva ronda de protestas que, en última instancia, tienen
como objetivo derrocar al gobierno y sustituirlo por otro que se adapte a los
intereses de Bruselas y Washington.
Complejo
industrial de ONG financiadas por Occidente
Muchas ONG
financiadas desde el extranjero se ocupan explícitamente de promover la
integración de Georgia en la UE, la OTAN y otras estructuras «euroatlánticas».
Entre ellas se encuentra el Movimiento de la Vergüenza, que ha
estado al frente de los recientes disturbios en Tiflis. Los registros de
subvenciones de la NED indican que recibió poco menos de 80.000 dólares en 2021
para «involucrar a activistas juveniles regionales», ayudando a los jóvenes
georgianos a abordar los «desafíos» políticos y abogar «por la responsabilidad
gubernamental».
Curiosamente,
se ha eliminado una entrada de la NED que indicaba que el Movimiento de
la Vergüenza también recibió más de 900.000 dólares ese año «para
promover la responsabilidad democrática y la supervisión efectiva del
parlamento georgiano». En ella se señalaba que la organización se encargaba de
rastrear «los votos y declaraciones de todos los parlamentarios y mantener
perfiles en línea detallando esta información». Desde la perspectiva de
Occidente, ¿se trataba en última instancia de crear una «lista negra» de
parlamentarios que votan en el sentido «equivocado»?
El Movimiento
de la Vergüenza estuvo implicado de forma similar en los disturbios de
2023, cuando el Sueño Georgiano intentó aplicar una legislación comparable a la
ley de «transparencia de la influencia extranjera», sólo para capitular después
de que vastas y violentas multitudes amenazaran con invadir el parlamento,
escenas igualmente sonorizadas por implacables ataques hostiles de funcionarios
occidentales.
Un informe
del Wall Street Journal dejaba entonces muy clara la aversión de la
organización hacia el gobierno, citando a un portavoz del Movimiento de la
Vergüenza que describía el Sueño Georgiano como un apoderado
del Kremlin «cuyo objetivo es acercar a la nación a Rusia y alejarla de la UE».
Afirmaron que el gobierno «no puede salir y decir que está a favor de Rusia y
en contra de la integración en la UE porque recibiría una enorme reacción de la
opinión pública, así que están intentando cocernos lentamente como a una rana.
Están haciendo todo lo posible para sabotear el proceso de integración de
Georgia en la UE».
Dentro y fuera
del país, la línea propagandística occidental de que el Sueño Georgiano sirve
a los intereses rusos, o es de algún modo un peón del Kremlin, se ha repetido
con creciente frecuencia desde que estallaron las manifestaciones contra la
«transparencia de la influencia extranjera». Las pruebas de lo contrario han
sido sumariamente ignoradas por los creadores de opinión occidentales, y el
influyente grupo de expertos en política exterior Carnegie Endowment,
con sede en Washington DC, llegó incluso a eliminar un detallado informe que
refutaba ampliamente la acusación
En realidad,
desde que asumió el poder en 2012, Sueño Georgiano ha logrado
un delicado equilibrio entre el fortalecimiento de los lazos con Occidente y el
mantenimiento de la coexistencia civil con el vecino gigante ruso. Para
ingresar en la UE, el Gobierno ha pasado por todos los trámites exigidos por
Bruselas, ha cumplido todas las condiciones establecidas para la adhesión y se
le concedió formalmente el estatus de candidato en diciembre de 2023. Sin embargo,
desde febrero de 2022 el proceso se ha convertido en una danza cada vez más
agitada, con una presión exterior cada vez mayor para imponer sanciones a Moscú
y enviar armas a Ucrania.
El estricto
cumplimiento de los regímenes de sanciones occidentales y las condenas públicas
de la invasión rusa son evidentemente insuficientes para Bruselas, Kiev,
Londres y Washington. En diciembre de 2022, Garibashvili afirmó que el gobierno
ucraniano había exigido repetidamente a Tiflis que abriera un «segundo frente»
en el conflicto por poderes contra Rusia. Su negativa fue recibida con una
firme reprimenda, lo que a su vez provocó que Sueño Georgiano fuera
tachado de apoderado del Kremlin y, por tanto, objetivo legítimo de operaciones
de cambio de régimen.
Al contrario que
en 2023, esta vez el gobierno se ha negado a dar marcha atrás en la aplicación
de la «transparencia de la influencia extranjera» ante la condena occidental y
las turbas violentas que inundaban las calles de la capital georgiana. El 3 de
mayo, el primer ministro Kobajidze emitió un encendido comunicado en el que
acusaba a EEUU de orquestar dos golpes de Estado fallidos en Tiflis desde 2020.
Estos intentos,
afirmó, fueron «llevados a cabo a través de ONG financiadas desde fuentes
externas» e inspirados por «declaraciones falsas» realizadas por Kelly C.
Degnan, embajador estadounidense en Tiflis hasta el año pasado. Kobajidze se
refería a que el diplomático acusó a Sueño Georgiano de ser marionetas del
Kremlin. Estas acusaciones «sirvieron para facilitar la violencia de actores
financiados desde el extranjero», afirmó. En referencia a las quejas de la Casa
Blanca sobre la respuesta de la policía local a las manifestaciones en curso,
señaló con ironía: «No he expresado mi preocupación… por la brutal represión» de
los estudiantes que protestaban en solidaridad con Palestina dos días antes en
Nueva York.
El teatro de la
revolución de colores
Eduard
Shevardnadze, antiguo dirigente georgiano y ex Ministro de Asuntos Exteriores
soviético, abrió las puertas a las ONG que querían introducirse en su país al
permitir que organizaciones de la sociedad civil financiadas desde el
extranjero operaran en el país sin apenas supervisión. En aquel momento era un
mimado de Occidente, pero con este acto firmó su propia sentencia de muerte
política. Como señalaba un artículo ya suprimido en el sitio web de USAID, las
ONG respaldadas por Occidente pasaron a «promover los valores democráticos y
liberales», lo que socavó gravemente su gobierno.
«Por ejemplo,
en 1999 la financiación estadounidense ayudó a los georgianos a elaborar y
conseguir apoyo para una Ley de Libertad de Información, que el gobierno
adoptó. Esa ley permitió a los medios de comunicación y a las ONG investigar
los presupuestos gubernamentales, forzar el despido de un ministro corrupto y
dar a la gente la sensación de que debían regular al gobierno», continúa el
informe. También se destinaron enormes sumas a formar a «abogados, jueces,
periodistas, parlamentarios, ONG y dirigentes de partidos políticos» en el arte
de la revolución de colores.
Esto condujo a
la Revolución de las Rosas de 2003, que derrocó a Shevardnadze e instaló a
Mikheil Saakashvili, un político preparado por EEUU y aprobado personalmente
por el multimillonario de la CIA George Soros. Un participante en la
insurrección citado en el artículo suprimido de USAID reconocía: «sin ayuda
extranjera no estoy seguro de que hubiéramos podido conseguir lo que hicimos…
USAID apoyó a la sociedad civil y creó una red de personas con mentalidad
cívica». En otro lugar, un colaborador de Saakashvili declaró que Washington
había «ayudado a gente buena a deshacerse de un gobierno malo y corrupto».
Las ONG
financiadas desde el extranjero ejercen una influencia desmesurada y tóxica en
Tiflis, ya que «han colonizado durante mucho tiempo la mayoría de los ámbitos
de la política y los servicios públicos», como señalaba un ensayo publicado el
2 de mayo por LeftEast. Estas organizaciones «reciben su mandato de
organismos internacionales que elaboran y pagan listas de tareas pendientes de
reformas políticas para Georgia», y «carecen de incentivos para considerar el
impacto en la sociedad de los proyectos que implementan porque no son
responsables ante los ciudadanos en cuyas vidas desempeñan un papel tan
intrusivo».
Aunque esto «ha
erosionado la entidad de los ciudadanos georgianos y la soberanía y democracia
del país», la ley de «transparencia de la influencia extranjera» no abordará de
hecho estas cuestiones, argumentan los autores. En cambio, la legislación se
ocupa de contrarrestar a «una pequeña pero poderosa camarilla» de ONG bien
financiadas y alineadas con Saakashvili y su Movimiento Nacional Unido (MNU),
que «hacen política abiertamente partidista y prooccidental» para socavar el
Sueño Georgiano. Como puede verse en la actual ronda de protestas, este séquito
apuntala a los partidos de la oposición mientras clama por la destitución del
gobierno.
Los criminales
de guerra de la Legión georgiana planean un golpe de Estado
Saakashvili
dirige ostensiblemente la MNU desde la prisión de Tiflis. Tras huir de Georgia
y fijar su residencia en Ucrania como gobernador de Odesa por invitación de
Petro Poroshenko tras el Maidan después de perder el poder en 2012, regresó en
octubre de 2021. A su llegada, fue encarcelado por ordenar ataques violentos
contra rivales políticos y por ayudar a uno de sus ministros a encubrir un
horrible asesinato que dirigió personalmente. La Presidenta Zurabichvili ha
prometido que «nunca» indultará al ex dirigente.
Los últimos
sondeos sitúan el apoyo público al partido en sólo el 9,6%, muy por debajo del
31,4% de Sueño Georgiano. A pesar de su menguante popularidad, los
partidarios de Saakashvili parecen decididos a sacarlo de la cárcel por las
buenas o por las malas. En septiembre de 2023, funcionarios de seguridad
georgianos advirtieron de que se estaba preparando «un golpe a la Euromaidán».
Entre los conspiradores figuraban georgianos étnicos que trabajaban para el
gobierno ucraniano: Giorgi Lortkipanidze, jefe adjunto de la inteligencia
militar de Kiev; Mikhail Baturin, antiguo guardaespaldas de Saakashvili; y
Mamuka Mamulashvili, comandante de la famosa Legión Georgiana.
Mamulashvili es
el principal implicado en la masacre de francotiradores de falsa bandera de los
manifestantes del Maidan en Kiev (Ucrania) en febrero de 2014, que fue
fundamental para derrocar al presidente Víktor Yanukóvich e instaurar un
régimen ultranacionalista preparado para la guerra con Rusia. Al parecer, el
señor de la guerra georgiano llevó a los tiradores a Kiev para que sembraran el
«caos» abriendo fuego contra la multitud, proporcionándoles armas para ello.
Esta vez, según los funcionarios de seguridad, los activistas antigubernamentales,
entrenados cerca de la frontera de Ucrania con Polonia, montarían una «ciudad
de tiendas de campaña» en Tiflis, muy parecida a la erigida en la plaza Maidan
de Kiev. A continuación, se llevaría a cabo un atentado de falsa bandera en el lugar,
desencadenando violentos disturbios masivos.
El sangriento
complot, supuestamente planeado para algún momento entre octubre y diciembre de
2023, no logró llevarse a cabo. La policía descubrió a activistas de un grupo
armado respaldado por el gobierno estadounidense llamado CANVAS operando en
Tiflis en ese momento, lo que sugiere que algo maligno estaba en marcha. CANVAS
surgió de Otpor, un grupo de jóvenes violentos creado por la NED
que desempeñó un papel decisivo en el derrocamiento del líder yugoslavo
Slobodan Milosevic en 2000. A partir de entonces, sus activistas empezaron a
formar a agentes de cambio de régimen en todo el mundo a cuenta de Washington.
Entre los
destinatarios de la experiencia de CANVAS se encontraban miembros de Kmara,
un movimiento nacionalista juvenil que encabezó la Revolución Rosa de 2003,
directamente inspirada en Otpor, con su logotipo y todo. Ese
acontecimiento ha marcado la política y la sociedad de Georgia desde entonces,
y ocupa un lugar preponderante en la mente de muchos ciudadanos, cuyas
connotaciones históricas se consideran tanto positivas como negativas. La
diputada de la oposición Tako Charkviani sabía muy bien lo que hacía cuando
prometió una nueva revolución de colores en Tiblisi.
The GrayZone
VÍA:lahaine.org
Más de 16 mil niños palestinos murieron por los bombardeos israelíes en Gaza. [Para DON CARLOS COLON del Diario de Sevilla, en Palestina no se está cometiendo GENOCIDIO. Con palabras hace realidades. Él no describe nada, no le interesa. Crea la realidad con sus palabras. Tontadas más gordas se han visto. No sabemos cómo podrá justificar a la vista de estos crímenes la realidad en Palestina, porque cuando don Carlos Colón, según confesión propia, cuando trata de la piedad, lo hace escribiendo pleno de vaciedad al amparo de una Virgen de su devoción que preside su escritorio. Daos fraternalmente la mano. Id en paz.]
Más de 16 mil niños palestinos
murieron por los bombardeos israelíes en Gaza
Diario octubre / junio 18, 2024
La Oficina de Prensa en la Franja de Gaza informó hoy que más de 16.000
menores palestinos perdieron la vida durante 255 días de agresión israelí
contra este enclave costero.
Por medio de un
comunicado, la Oficina indicó que “la situación Gaza es catastrófica debido a
escasez de alimentos y medicinas, y la llamada pausa táctica de la agresión es
una gran mentira israelí”.
Por otro lado,
denunció que el ocupante destruyó los pasillos y salas del cruce de Rafah que
los palestinos utilizaban para salir de la Franja de Gaza, y pidió el
procesamiento de los criminales y líderes del ocupante.
En un informe
anteriores, la Oficina explicó que la agresión causó lesiones a 34.000 niños,
entre ellos unos 1.500 perdieron sus extremidades o sus ojos.
Precisó que
3.600 niños se encuentran desaparecidos bajo los escombros mientras que unos
200 seguían secuestrados por el ocupante, y más de 17.000 niños viven ahora sin
uno de sus padres o ambos.
La oficina
reveló que 33 niños murieron debido al hambre y la desnutrición, y advirtió que
450.000 niños corren el riesgo de padecer de cáncer y enfermedades
respiratorias debido a la dependencia de la quema de desechos para preparar
comida.
FUENTE: SANA
El coste del genocidio. [DON CARLOS COLON, del Diario de Sevilla, uno de los escritores más IGNORANTES-ILUSTRADOS que yo leo (escribe muy bien), porque en mi afán de ganar el cielo tengo que hacer sacrificios, tiene la hipocresía, la desfachatez y el cinismo, y yo creo que hasta la bajeza moral, de mantener en dos artículos: “ e “Israel no comete genocidio” y “El valor sagrado” (27 y 28 de mayo de 2024 respectivamente. Diario de Sevilla) que ISRAEL NO COMETE GENOCIDIO. Perdónalo Señor, porque no sabe lo que dice. O mejor todavía, Señor mío Jesucristo eres Niño como yo… Ni se te ocurra perdonarlo, porque sabe muy bien lo que dice subrepticiamente escondido (que se cree él que lo ha escondido) en lo que escribe: que está de acuerdo con las matanzas que el capital israelí dominante está perpetrando en Palestina. Así que lúcete, Señor mío Jesucristo…, que por eso te quiero tanto y te doy mi corazón. No lo perdones]
Aunque no va bien,
no parece que sea la economía lo que vaya a derrotar a Israel. Europa sigue
siendo su principal socio comercial, y no le faltan apoyos. Y Estados Unidos
está ahí para lo que haga falta.
El coste del genocidio
El Viejo Topo
19 junio, 2024
El coste del genocidio o cómo se sostiene la economía israelí
Como todas las
guerras, la de Israel contra Gaza es extremadamente costosa económicamente, y
el crecimiento está cayendo en picado. Pero si no se ha hundido es gracias a la
ayuda pública y privada de Estados Unidos, pero también de la Unión Europea,
que ha seguido comerciando como si nada, sin olvidar a India y China. Benyamin
Netanyahu puede continuar tranquilamente su genocidio de los palestinos.
La economía
israelí registró una caída del producto interior bruto (PIB) del 21% en el
último trimestre de 2023 (en comparación con el año anterior), el doble de lo
previsto por el banco central después del 7 de octubre. En febrero de 2024, la
agencia estadounidense Moody’s tomó la medida sin precedentes de rebajar la
calificación del gobierno y de los cinco mayores bancos comerciales de Israel.
El principal
impacto se producirá en la industria tecnológica. En tiempos normales, este
sector emplea a uno de cada siete israelíes y genera alrededor de la mitad de
las exportaciones del país, una quinta parte del producto interior bruto (PIB)
y más de una cuarta parte de los ingresos por el impuesto sobre la renta. Esta
situación sólo puede mantenerse con acceso al capital extranjero, cuyo coste
amenaza con aumentar.
Caída de la inversión tecnológica
Desde finales
de 2022, la inversión en alta tecnología ha seguido cayendo y, a finales de
2023, el descenso había alcanzado el 20% en comparación con las cifras ya
bajas del año anterior; la inversión extranjera se había desplomado un 29%1. Los primeros datos para 2024
muestran que los flujos están en su nivel más bajo de los últimos nueve años.
Dado que el
modelo de crecimiento del país está vinculado a este sector, tales resultados
plantean grandes problemas. Tanto más cuanto que los planes de Benyamin
Netanyahu de orientar la economía hacia la producción de materias primas, en
detrimento de este sector de cuya lealtad política duda, se han visto
socavados. En marzo de 2024, la Abu Dhabi National Oil Company(ADNOC) y British
Petroleum (BP) interrumpieron las conversaciones sobre la prevista adquisición
de la mitad del principal productor israelí de gas natural, NewMed Energy2, debido a la preocupación por los
misiles huzíes, así como a las consecuencias políticas.
Todo ello
plantea interrogantes sobre la viabilidad de la economía israelí y, en
consecuencia, sobre su capacidad para proseguir su asalto a Gaza. Los economistas
del Ministerio de Finanzas ya han calculado que sólo las maniobras de Netanyahu
para cambiar la Constitución (y la oposición que esto provocó) supondrían un
recorte del crecimiento de entre 15.000 y 25.000 millones de dólares (14.900 y
18.600 millones de euros) al año. Un estudio de la consultora
estadounidense RAND estimó que las pérdidas económicas en caso de una
campaña militar limitada pero a largo plazo contra Palestina ascenderían a
400.000 millones de dólares (más de 373.000 millones de euros) en diez años.
Según el Tesoro, la Operación Sable de Hierro está costando a la
economía 269 millones de dólares (más de 350 millones de euros) al día –una
guerra en toda la región sería, por supuesto, mucho más cara.
Cabe preguntarse si la sociedad israelí, que vive con cierto confort material, sería capaz de soportar una vuelta a la economía de guerra de los años setenta, cuando el gasto militar representaba el 30% del PIB. Aunque ignoremos esta cuestión, se plantean muchas otras: ¿pueden las realidades económicas influir en el camino que sigan los dirigentes políticos y militares? Si es así, ¿cómo? ¿Las empresas extranjeras que contribuyen al genocidio podrán mantener su política a largo plazo?
Fuentes de resistencia a medio plazo
A pesar de los
vientos en contra, hay pocas razones para creer que las presiones económicas
acelerarán el final de la guerra a corto o medio plazo. Esto se debe al tamaño
de los mercados financieros y las reservas de divisas de Israel, por un lado, y
a las relaciones exteriores y la economía del Estado, por otro.
- Mercados de capitales profundos y reservas
abundantes
La profundidad
de los mercados de capitales israelíes permite a la coalición gobernante
financiar localmente una gran parte de sus proyectos militares: este año,
alrededor del 70% de los 60.000 millones de dólares (55.800 millones de
euros) en bonos del Estado se venderán en los mercados nacionales y se
denominarán en nuevo shekel israelí (NIS). Además, como existe una fuerte
demanda por parte de las instituciones financieras locales, los tipos de
interés siguen siendo bajos a nivel local, un poco más altos cuando se trata de
bonos del Tesoro ofrecidos a nivel internacional, pero no excesivamente más
altos que los emitidos actualmente por Estados Unidos. Como resultado, en los
cinco primeros meses de este año, el Ministerio de Finanzas israelí pudo tomar
prestados (mediante la venta de bonos del Estado) un total de 67.500 millones
de NIS (16.700 millones de euros) sin incurrir en fuertes gastos de reembolso.
Así, aunque el
Gobernador del Banco de Israel advierte regularmente contra el endeudamiento
excesivo –y aunque ciertos indicadores señalan un malestar en el mercado– Tel
Aviv puede endeudarse sin sufrir financieramente demasiado, al menos por el
momento. Esto da mucha autonomía a los dirigentes y repercute en la guerra.
La acumulación
de reservas de divisas en las dos últimas décadas tiene un efecto protector
similar. De 27.000 millones de dólares (25.000 millones de euros) en 2005, el
valor de las reservas del Banco de Israel superará los 200.000 millones de
dólares (186.000 millones de euros) a principios de 2024. Estos activos no sólo
generan ingresos para el Estado, sino que también permiten al banco central
defender el shekel en los mercados de divisas. Esto contribuye a mantener baja
la inflación, reforzando la estabilidad de la economía de guerra.
Sin embargo, la
violencia genocida del ejército requiere volúmenes de munición muy superiores a
los que los fabricantes nacionales, que han reorientado sus actividades hacia
productos de alta gama, pueden producir actualmente. Sin el incesante flujo de
proyectiles de artillería, misiles, ojivas y similares, casi todos procedentes
de Estados Unidos (o de alijos de armas de su propiedad preposicionados en
Israel antes de esta guerra) y Alemania, las actuales campañas sobre Gaza
y el sur del Líbano fracasarían rápidamente. Del mismo modo, sin las nubes proporcionadas
por Google y Microsoft y el intercambio de datos de WhatsApp proporcionado por
Meta, podemos estar seguros de que el plan de Israel para el asesinato en masa
dirigido por la IA se derrumbaría rápidamente.
- Relaciones exteriores sólidas
El segundo
factor, y quizá el más importante, que explica la resistencia a medio plazo de
la economía israelí es la fortaleza de sus relaciones exteriores. Éstas le
proporcionan apoyo de todo tipo: desde flujos financieros hasta apoyo comercial
y logístico, sin olvidar los ejércitos de reserva de mano de obra, como la
promesa de India de suministrar entre 50.000 y 100.000 trabajadores para
sustituir a los palestinos en Cisjordania. Todo lo cual, en última instancia,
hace posible el genocidio israelí.
Una vasta constelación de actores estadounidenses, tanto públicos como privados, proporcionan actualmente apoyo financiero al Estado, al ejército y a la economía. Los flujos procedentes del gobierno federal siguen siendo los mayores. La subvención anual del Programa de Financiación Militar Extranjera de Estados Unidos –3.300 millones de dólares (3.075 millones de euros) al año desde la administración Obama (2009-2017)– suele cubrir el 15% de su gasto en defensa. Dado que el gasto en defensa aumentará en casi 15.000 millones de dólares (13.950 millones de euros) de aquí a 2024, la línea de crédito gratuita del Gobierno estadounidense aumentará significativamente este año. El pasado mes de abril, el Congreso de EE.UU. aprobó la Ley de Seguridad Nacional, que prevé una ayuda adicional de 13.000 millones de dólares (12.000 millones de euros). De esta suma, 5.200 millones de dólares se han destinado al reabastecimiento de los sistemas de defensa Iron Dome, Iron Beam y David’s Sling; 4.400 millones de dólares (4.100 millones de euros) a la reposición de las reservas de munición agotadas y 3.500 millones de dólares (3.200 millones de euros) a sistemas avanzados de armamento.
Organizaciones estadounidenses para los presupuestos israelíes
Pero va más allá.
En todo Estados Unidos, estados, condados e incluso municipios también están
sacando sus talonarios de cheques. El canal de financiación está supervisado
por la Development Corporation for Israel (DCI), una entidad registrada en
Estados Unidos que actúa como agente local y suscriptor en nombre del
Ministerio de Finanzas israelí. Desde 1951, la DCI emite los
llamados «bonos israelíes» en el mercado estadounidense. Aunque
raramente conocidos por el público, estos instrumentos financieros, denominados
en dólares y destinados a proporcionar apoyo general al presupuesto israelí,
representan entre el 12 y el 15% de la deuda exterior total de
Israel. Son, por tanto, una importante fuente de crédito y divisas para Tel
Aviv.
Desde el 7 de
octubre, DCI ha aumentado significativamente estas ventas de bonos, en parte
ampliando sus asociaciones con una organización de derechas llamada American
Legislative Exchange Council (ALEC). Durante las dos últimas décadas, ALEC ha
sido una de las fuerzas más influyentes entre bastidores de la política
estadounidense. Su actividad consiste generalmente en redactar proyectos de ley
sobre temas que van desde el aborto hasta el movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS),
y luego difundir modelos legislativos entre sus aliados en las asambleas
estatales, donde se convierten en ley.
Este otoño,ALEC
diversificó sus operaciones movilizando a su Fundación de Funcionarios
Financieros Estatales para fomentar la compra de bonos israelíes por parte de
fondos públicos de pensiones y tesorerías estatales y municipales. Los frutos
de estos esfuerzos son asombrosos: 1.700 millones de dólares (1.580 millones de
euros) en compras de bonos en sólo seis meses. Más allá de su valor material
para Israel, estas compras representan un importante compromiso por parte de
todo el aparato estatal estadounidense. Tanto las autoridades locales como el
gobierno federal están dispuestos a invertir importantes sumas en las empresas
genocidas de Israel.
Por desgracia,
las instituciones públicas y financieras tienen la misma actitud que los
dirigentes. Ellos también han concedido (y/o facilitado) un gran número de
préstamos a Israel desde el comienzo de su destrucción de Gaza. Algunas lo hicieron
la primavera pasada, cuando compraron casi tres cuartas partes de los bonos que
acabamos de mencionar. Tras la operación «Iron Sabre», los
bancos estadounidenses también organizaron ventas de bonos privados en nombre
del Estado israelí, cuyos rendimientos no se han hecho públicos.
De Goldman
Sachs a BNP-Paribas
El
acontecimiento más significativo, sin embargo, fue la operación dirigida por
Bank of America y Goldman Sachs que, en marzo de 2024, suscribió la primera
venta internacional de bonos israelíes posterior al 7 de octubre. Junto con
Deutsche Bank y BNP Paribas, estos financieros consiguieron atraer a
suficientes inversores de todo el mundo para convertirla en la mayor venta de
la historia de Israel: casi 7.500 millones de eurobonos.
Las aportaciones
privadas estadounidenses no se detienen ahí. Aunque la inversión en tecnología
está disminuyendo en general, varias empresas siguen inyectando capital, a
pesar del genocidio en curso. Por ejemplo, en los últimos seis meses, Nvidia,
líder mundial en producción de chips e inteligencia artificial con sede en
Santa Clara, ha invertido sumas considerables en la adquisición de empresas
israelíes. En diciembre, Intel acordó construir una nueva planta de
semiconductores, beneficiándose de una subvención de 3.200 millones de dólares
(3.000 millones de euros) y de un tipo impositivo extremadamente bajo (7,5% en
lugar de 23%). Un mes después, Palantir Technologies, la empresa de
modelización de inteligencia artificial, anunció una nueva asociación
estratégica con el Ministerio de Defensa israelí.
La Unión Europea, un salvavidas
Como demuestra
la participación de Deutsche Bank y BNP Paribas en la emisión de
eurobonos, Europa está desempeñando un papel importante. El Banco Europeo de
Inversiones, con sede en Luxemburgo y propiedad conjunta de los 27 Estados
miembros de la Unión Europea, ha mantenido su intención de inyectar 900
millones de dólares (838 millones de euros) en la economía israelí. Desde el 7
de octubre, el programa Horizonte Europa, principal instrumento de financiación
de la investigación y la innovación, ha autorizado la concesión de casi un
centenar de subvenciones a empresas e instituciones israelíes. A menor escala,
la organización sin ánimo de lucro Consejo Europeo de Inversiones (CEI) ha
aumentado recientemente sus inversiones en empresas emergentes israelíes.
Pero lo que
cuenta es sobre todo el comercio de bienes y servicios. El flujo ininterrumpido
de exportaciones al mercado europeo, que sigue siendo su principal socio,
desempeñó un papel clave en el superávit del 5,1% de la balanza comercial de
Israel en el último trimestre de 2023. Aunque en las capitales europeas se ha
hablado de revisar el acuerdo de asociación de la UE con
Israel, los primeros datos publicados para 2024 muestran que la UE sigue
importando productos israelíes: más de 4.270 millones de euros en el primer
trimestre, una suma que está más o menos en línea con lo visto en los últimos
años y que sirve de salvavidas para la economía israelí.
Continúan los negocios con China e India
El
mantenimiento por Tel Aviv de relaciones exteriores (secretas y abiertas) con
economías no occidentales también ha reforzado la viabilidad de su economía de
guerra. Aunque no llegan a los niveles anteriores al 7 de octubre, y sin duda
se han reducido por las intervenciones de los Houthi que han obligado a las
navieras a suspender el comercio directo, los datos del Banco de Israel indican
que las importaciones procedentes de China siguen siendo
sustanciales: 10.000 millones de dólares (9.300 millones de euros) en el primer
trimestre de 2024. Siguen siendo una parte vital de la economía diaria, aunque
la inversión china sigue deprimida, en gran parte debido a la presión de
Estados Unidos sobre Tel Aviv.
En cuanto a la
contribución de India, que importa grandes cantidades de armas israelíes y
exporta mano de obra barata para ocupar los puestos de trabajo vaciados de
palestinos, dista mucho de ser insignificante. A pesar de las dificultades,
está claro que se transportan mercancías a Israel a través del Golfo y
Jordania, que abastecen las estanterías de las tiendas.
Por último, hay
que tener en cuenta las ambiguas relaciones de Turquía. Aunque el
Ministerio de Comercio de Ankara ha introducido prohibiciones progresivas al
comercio con Israel a partir de principios de abril de 2024, hay razones para
creer que la medida no se aplicará en su totalidad. Inicialmente, la política
prevé una prórroga de tres meses que permite a las empresas cumplir los pedidos
existentes a través de terceros países. Por tanto, es poco probable que
provoque un endurecimiento inmediato de la oferta. En segundo lugar, los
vínculos comerciales entre los productores turcos de acero y aluminio e Israel
son profundos y antiguos, y la dependencia de los primeros de este mercado es
bien conocida. Por lo tanto, no debemos descartar la posibilidad de que los
proveedores turcos encuentren una solución para suministrar productos
esenciales no sólo a las empresas de construcción, sino también a la industria
armamentística, quizá mediante el transbordo en Eslovenia.
Al poder
recurrir a grandes mercados de capitales, fuertes reservas de divisas y sólidas
relaciones con socios económicos externos, Israel no se enfrenta a límites
materiales inmediatos en la realización de su genocidio. A menos que cambien
las políticas de los socios externos en cuestión, Israel será libre de
continuar su inaceptable masacre durante algún tiempo.
¿Alguna esperanza a largo plazo?
A largo plazo,
varios factores podrían ir en contra de esta economía de guerra. Entre ellos,
la tendencia a la desinversión mencionada anteriormente, que es poco probable
que la intervención gubernamental pueda invertir. A esto hay que añadir la
posibilidad de que aumenten los impuestos para reponer las reservas. Pero,
quizá lo más importante sean las tensiones sociales que la continuación del
genocidio acentuará en los meses y años venideros.
El país es
desde hace tiempo uno de los más desiguales de la OCDE. Medidas más
sofisticadas sitúan actualmente la tasa de pobreza en el 27,8%, con un tercio
de la población sufriendo inseguridad alimentaria. A pesar de toda la mitología
que rodea a la «nación start-up», también resulta que el crecimiento y los
aumentos de productividad logrados en las dos últimas décadas son en realidad
relativamente bajos, y la fuga de cerebros tiene consecuencias.
Ahora se ha
añadido la austeridad. Tras acumular considerables déficits a lo largo de su
campaña contra Gaza, Israel va a acelerar la retirada de su Estado del
bienestar recortando el gasto social y educativo, al tiempo que exprime a los
hogares pobres aumentando los impuestos sobre el consumo. No cabe duda de que
cabe esperar grandes tensiones sociales, con divisiones que ya fracturan a la
sociedad israelí: entre los pocos que se han beneficiado del boom tecnológico e
inmobiliario y los muchos otros que no han visto nada de él; entre las
comunidades religiosas exentas del servicio militar y las que tienen que arriesgar
su vida para hacer avanzar su visión de la conquista; entre una comunidad
de colonos que se beneficia de una dispensa especial del Estado y todos los
demás que se ven obligados a depender de los bancos de alimentos para
garantizar su subsistencia. De un modo u otro, esto sólo puede repercutir
negativamente en la coherencia del proyecto de Estado y en la capacidad del
actual gobierno para llevar adelante sus tramas destructivas.
Para Palestina,
y más concretamente para los palestinos de Gaza, la situación es urgente. El
tiempo necesario para que la dinámica social se establezca en el seno de la
sociedad israelí –para que la capacidad de Israel para hacer la guerra se
corroa desde dentro– es sencillamente demasiado largo.
Así que
cualquiera que espere poner fin a este genocidio sólo puede abogar por aislar
la economía israelí de todas las formas posibles, como única manera de hacerlo.
Mientras las sólidas relaciones exteriores del país no se debiliten, o incluso
se rompan, los motores de la violencia israelí seguirán funcionando sin el
menor chisporroteo. Para bloquearlos hasta el punto en que las bombas dejen de
caer, hay que desbaratar los circuitos financieros y comerciales existentes.
Fuente: https://orientxxi.info/fr/auteur1315.html
Artículo seleccionado por Carlos Valmaseda para la página Miscelánea de
Salvador López Arnal
martes, 18 de junio de 2024
Garriga (Vox) cobra un sobresueldo del Parlament para gastos del AMPA, tintorería, Globo…
Garriga (Vox) cobra un
sobresueldo del Parlament para gastos del AMPA, tintorería, Globo…
El parlamentario de la
extrema derecha en Catalunya no se corta.
INSURGENTE.ORG
/ 18.06.2024
El portavoz y líder de Vox en Catalunya, Ignacio Garriga, ha sido escrutado por la auditoría interna del Parlament después de que la Oficina Antifraude les haya remitido el caso de sus gastos irregulares y ha justificado su sobresueldo a costa del grupo parlamentario como «pago de los servicios de despacho y atención en sede». Así lo ha adelantado este lunes ‘El Confidencial’, que ha accedido a los recibos con forma de factura que el diputado emitía cada mes. La misma fuente indica que portavoces de Vox han declinado explicar a qué se refiere el concepto de «servicios de despacho».
‘El Confidencial’ ha
accedido a las facturas de mayo, junio y julio de 2021, las tres de
1.538,46 euros brutos cada una, en las cuales el vicepresidente de Vox retenía
un 35% de IRPF, 538,46 euros en cada recibí. El artículo publicado hoy recuerda
que la exdiputada de Vox, Isabel Lázaro, presentó una denuncia ante la
Oficina Antifraude por esta actuación de Garriga. «Pero ante el estatus
especial del Parlament, Antifraude ha pedido a la Mesa del Parlament que actúe
contra Garriga y se ha lavado las manos. Y de ahí el informe de la Oidora
de Cuentas», explica el medio.
Entre los gastos que
incluye el informe hay desde pagos en tintorería o Glovo (603,35 euros) hasta
el AMPA del colegio de los hijos de Garriga. No obstante el grosso está en
facturas de 38.496,59 euros entre 2021 y 2022, según este informe. El informe
detalla que Garriga percibió por esa vía de las facturas en 2021 un total de
12.307,68 euros. ‘El Confidencial’ relata que el líder de Vox en Catalunya
«llegó a ser apercibido por el secretario general del Parlament porque se negaba
a aumentar la cifra que, según Transparencia, recibía del Parlament, fijada en
2023 en un total de 88.973,60 euros brutos anuales».
eleperidoico/elconfidencial
JESÚS DELGADO ABOY
Se llama Jesús Delgado Aboy y era líder de los
ultraderechistas de VOX en Melilla. Hoy ha sido condenado a 2 años de prisión
por apropiación indebida. Se gastó 81.000€ del Colegio de Médicos en trajes,
condones, lencería, mariscos y hasta compró un perro. No sale casi nada en TV
Estampas borbónicas en Extremadura
Hace diez años que
abdicaba un rey que, por mucho que los relaciones públicas de turno traten de
adornarlo con virtudes que no eran suyas, nos dejó un reinado con mal sabor de
boca. ¿No es hora ya de plantearse regresar a una República?
Estampas borbónicas en Extremadura
El Viejo Topo
18 junio, 2024
5 de junio de 2014. El Rey ha abdicado. Me están inyectando desde la prensa y la televisión tales dosis de simpatía y adhesión a la Casa Real que me está saliendo una corona en los cojones.
Juan Marsé,
Notas para unas memorias que nunca escribiré
Se cumplen 10
años de la abdicación de Juan Carlos I y de la proclamación de Felipe VI. Las
dosis de simpatía y adhesión a la Casa Real que nos siguen inyectando estos días
desde la prensa y la televisión continúan hinchando sin misericordia alguna las
maltratadas gónadas del personal. TVE, El País, El Mundo y
los otros grandes medios de comunicación recitan a coro el discurso de la
abdicación generosa y la restauración ejemplar.
Otra vez,
remedando el teatrillo de la Transición, una cuadrilla de padres y madres de la
patria relatándonos la gran hazaña, la operación de salvamento de la monarquía
y, por ende, del sistema democrático. Rafael Spottorno, jefe de la Casa Real,
el general Félix Sanz Roldán, director del Centro Nacional de Inteligencia y
Mariano Rajoy, Alfredo Pérez Rubalcaba, Soraya Sáenz de Santamaría o Elena
Valenciano, como selecta representación del bipartidismo, son algunos de los
protagonistas. “Los guardianes del secreto de la abdicación”, en palabras de
uno de estos diarios de intoxicación global. Apenas un cogollo de audaces
servidores públicos y políticos, defendiendo el Estado democrático frente a las
hordas que amenazaban con llevárselo por delante. Otra vez la misma cantinela,
la generosidad y el sentido de Estado del emérito, que renuncia para no
perjudicar a la institución. Y la pulcritud del nuevo monarca, inmaculado de
corrupción, e investido de la lozanía que representa la flamante princesa
Leonor, que comparte de modo jovial el rancho con los soldados de su promoción.
La Cultura de la Transición, ese molde que como señalaba Guillem Martínez
monopolizaba el sentido común, vuelve por donde solía, reproduciendo los mitos
del poder, trenzando crónica rosa y estabilidad institucional, cohesionando el
bloque social dominante, estableciendo los límites de lo posible y arrinconando
como ruido marginal o como folkorismo identitario a quienes se atreven a
salirse del consenso.
Hace unos días
la dirigente del PSOE, Elena Valenciano, expresaba de forma gráfica la desazón
en los salones del poder durante las semanas y meses previos a la abdicación: “Era
un momento muy convulso. Todos sabíamos que estábamos trabajando con material
radioactivo. Se estaban cuestionando los elementos básicos del sistema
democrático”. El material radioactivo al que se refiere Valenciano es,
sobre todo, la indignación de las clases populares, su capacidad para poner en
pie un formidable y sostenido proceso de lucha. La crisis económica se había
transformado en crisis política. Las consecuencias brutales del austericidio,
los casi seis millones de parados, los más de 400.000 desahucios, los recortes
en protección al desempleo, en educación y sanidad públicas, todo ello se
combinaba con el rescate a los bancos y la salida a la luz de innumerables
casos de corrupción. Urdangarín, Bárcenas, los ERES falsos de Andalucía,
Bankia, mostraban a las claras la podredumbre del Palacio, la densa urdimbre
entre la oligarquía económica y la casta política. No hay pan para tanto
chorizo, clamará el pueblo en las calles con rabia e ingenio.
El broche de la
infamia lo ponía Juan Carlos I, especialmente desde que se divulgara su
accidente en Botsuana el 13 de abril de 2012. El Borbón había contratado un
safari para cazar elefantes como ofrenda a su amante, Corinna Larsen. Todavía
no se conocía la transferencia de los últimos 100 millones de dólares que los
saudíes habían hecho a Juan Carlos I en agosto de 2008 y el regalo de 65
millones del monarca a la comisionista alemana, pero el manto de silencio y
complicidad que había protegido a la familia real ya se había roto. “Teníamos
nuestras encuestas. En el primer trimestre del año 2014, el saldo entre quienes
aprobaban la actuación del Rey y los que la desaprobaban era negativo”,
confiesa Spottorno.
Mientras tanto,
la oleada de rebeldía y desobediencia que se inició con el 15M en las plazas
había arraigado entre sectores amplísimos de la población. La Plataforma de
Afectados de las Hipotecas, las mareas verde y blanca en defensa de los
servicios públicos, el asalto a los supermercados por parte del SAT en
Andalucía, la multiplicación de los escraches a responsables políticos, las
huelgas indefinidas en grandes empresas como Coca-Cola y Panrico, las marchas
mineras o la irrupción del Frente Cívico propuesto por Julio Anguita… El
movimiento popular adquiría mil formas, enhebraba alianzas y ponía en pie un
programa común. Las Marchas de la Dignidad constituirían un nuevo salto en la
unidad y movilización popular. El 22 de marzo de 2014 un millón y medio de
personas culminaban en Madrid todo un proceso de confluencia socio-política. Se
había puesto en pie un enorme contrapoder con hondas raíces en la clase obrera,
una alianza al margen del PSOE y de los sindicatos mayoritarios, que rechaza la
deuda ilegítima y la política de la Unión Europea, exige la dimisión del
gobierno y cuestiona el régimen del 78. El movimiento adquiere tales
proporciones que desborda incluso el extraordinario despliegue policial.
El poder
tiembla, le ve las orejas al lobo. Por supuesto, el relato oficial de la
abdicación construido con posterioridad ningunea la importancia de ese
acontecimiento. E incluso lo harán también muchos de los tribunos de la nueva
política, arrastrados a la lógica que reduce los procesos sociales a simple
espectáculo de la representación. Pero quienes mandan tienen bien entrenados el
instinto y la conciencia de clase. Saben que la monarquía es la encarnación, el
símbolo que mejor resume los intereses estratégicos y la unidad del bloque de
poder. Nueve días después de las Marchas de la Dignidad, el 31 de marzo, Juan
Carlos I comunica formalmente a Rajoy que ha resuelto abdicar –una posibilidad
que el núcleo duro de poder venía barajando en el último mes– y se constituye
el equipo que, con el máximo sigilo, se encargará de materializar la decisión
después de las elecciones europeas convocadas para el 25 de mayo. El desastre
de las fuerzas del bipartidismo en estos comicios y la irrupción de Podemos
urgirá aún más a acelerar la abdicación. El 2 de junio se hace pública la
decisión. Elena Valenciano explica con desparpajo cómo se apañó el trágala: “Eso
fue una gestión bipartidista pura, trabajando al unísono, con el conocimiento
de muy pocas personas. Rubalcaba y el rey adaptaron el calendario, de mutuo
acuerdo”.
Hay otro hecho
trascendente que tampoco aparece en la crónica oficial, pero que todos reconocen
en privado: el papel fundamental que jugará entre bambalinas en todo este
proceso el expresidente Felipe González. La periodista Ana Romero lo señala así
en su libro Final de partida: “Felipe preparó la
abdicación, y todos sus detalles, con el rey e intervino también en la
redacción del discurso ante la nación del día 2. Pero lo más importante fueron
sus conversaciones preliminares con él, cuando el monarca se fue convenciendo
de que tenía que abdicar para salvar la institución”. Los encuentros entre
ambos tendrían lugar sobre todo en El Penitencial, la finca que Felipe González
tiene en Guadalupe, un cortijo que el ex-presidente del gobierno había comprado
el año anterior a Joaquín Vázquez, copropietario de la constructora Spengler,
excompañero de negocios de Mario Conde, dueño de la empresa Ferrero Ibérica y
uno de los amigos íntimos del rey. Todo queda en casa.
El Palacio de las Cabezas, pilar de la restauración
La primera de
las estampas extremeñas escogidas para ilustrar el zurcido de la madeja real
nos lleva a las cercanías de Navalmoral de la Mata, al Palacio de las Cabezas,
ubicado en el término municipal de Casatejada. El palacio es una residencia de
lujo construida en 1876 por Antonio López y López, el primer marqués de
Comillas. Desde ella se divisa casi toda la meseta del Campo Arañuelo y las
sierras de la Vera. Allí tendrán lugar las conversaciones entre Franco y Don
Juan de Borbón encaminadas a la restauración de la corona. Y también, según
sostiene el coronel Amadeo Martínez Inglés, otro hecho de indudable
trascendencia, la muerte trágica del infante Alfonso de Borbón.
Los encuentros
se celebran el 29 de diciembre de 1954 y el 28 de marzo de 1960. Cuando se
celebra la primera de las reuniones Franco tiene ya una posición de fuerza. Ha
pasado para la dictadura el momento de incertidumbre. Potsdam está ya muy
lejos, es el tiempo de la guerra fría y el gobierno franquista se ha convertido
en un servicial aliado de los Estados Unidos: en 1953 se han firmado los Pactos
de Madrid, un acuerdo por el que se permite la instalación en España de cinco
bases militares norteamericanas. Del encuentro saldrá la autorización para que
Juan Carlos reciba educación en las academias militares y posteriormente en la
universidad bajo la vigilancia de los tutores de la dictadura. Entre él y
Franco se establecerá una relación de creciente confianza. “Vamos a ver al
abuelito”, le dirá años más tarde Juan Carlos a sus hijos, refiriéndose al
dictador. Cada día es más evidente que el futuro de la monarquía española no
depende de Estoril sino del Caudillo. La entrevista de 1960 será aún más
concluyente. El comunicado conjunto aborda “la nueva y última etapa de estudios
civiles” del príncipe Juan Carlos, sostiene que es conveniente que éste “se
eduque en el ambiente de su Patria, conforme a la Ley de Sucesión” y termina
haciendo una loa a “la obra realizada por el Movimiento Nacional”.
La elección del
Palacio de las Cabezas tiene también un enorme simbolismo. No porque, como
suele señalarse, el lugar se encuentre a medio camino entre Estoril y Madrid
sino porque representa a la perfección el carácter de clase de la dictadura y
de la restauración borbónica que se está maquinando. Aquellos predios
pertenecen a una de las familias más representativas de la burguesía y del
núcleo de poder en España durante el último siglo. Antonio López y López, el
fundador de la saga, fue uno de los grandes comerciantes del siglo XIX que,
como ha demostrado el historiador Martín Rodrigo y Alharilla, hizo su fortuna
gracias al tráfico de esclavos en América. Fue el negrero “más duro, más
empedernido, feroz y bárbaro», en palabras de su cuñado Francisco Bru Lassús.
Será precisamente esa riqueza amasada en las provincias de ultramar lo que le
permita regresar a España y participar de lleno en el festín de las
desamortizaciones, que constituyen el gran hito de la acumulación primitiva de
capital en nuestro país. Las fincas del Marqués de Comillas en Extremadura proceden
sobre todo del expolio de los bienes comunales. Desde entonces hasta la Segunda
República los campesinos sin tierra de Navalmoral y la comarca librarán una
batalla constante, ocupando una y otra vez las fincas hasta conseguir que uno
de los gobiernos republicanos, en 1934, tenga que expropiar y devolverles una
parte de las dehesas. Tras la victoria franquista volverán a manos del Marqués
de Comillas. El anfitrión del primer encuentro, Juan Claudio Güell y Churruca,
conde de Ruiseñada, es el heredero de esta estirpe familiar estrechamente
vinculada a los borbones desde el siglo XIX.
Pero las
paredes del Palacio de Casatejada no sólo guardan secretos económicos o
políticos. También ocultan, según el testimonio de Amadeo Martínez Inglés, una
fatalidad que marcará el destino de la sucesión monárquica. A finales de marzo
de 1956 la embajada de España en Lisboa distribuye un comunicado oficial en el
que afirma que el día el 29 de marzo,“mientras su Alteza el Infante Don Alfonso
limpiaba un revólver aquella noche con su hermano, se disparó un tiro que le
alcanzó la frente y le mató en pocos minutos. El accidente se produjo a las
20:30, después de que el Infante volviera del servicio religioso del Jueves
Santo, en el transcurso del cual había recibido la Santa Comunión”. El
historiador Paul Preston asegura que la decisión de silenciar los detalles será
adoptada personalmente por Franco. Pero pocos días después, el 17 de abril, el
semanario italiano Settimo Giorno señalará a Juan Carlos como autor del disparo.
“¿Quién filtró la escandalosa información al rotativo italiano? Esa es la clave
del misterio”, se pregunta Martínez Inglés. El coronel revela que en marzo de
2013 recibió “una importantísima información de una fuente segura, “un familiar
muy cercano de un íntimo colaborador del conde de Ruiseñada que en la primavera
del año 1956 controlaba el palacio de Casatejada y fue testigo de la tragedia”.
Según estas informaciones, los hermanos borbón, Juan Carlos y Alfonso, pasaban
unas vacaciones secretas en Las Cabezas “para disfrutar de unas jornadas
cinegéticas”. La tragedia se produciría el 28 de marzo, no el 29. Alfonso
recibió en la cabeza un disparo, que efectuó su hermano Juan Carlos,
produciéndole la muerte instantánea. Según sostiene Martínez Inglés “el cadáver
del infante fue conducido de Casatejada a Estoril en secreto la misma tarde del
óbito a través de la frontera de Valencia de Alcántara”. Palacios y cortijos de
Extremadura, tantas veces dictadura de silencios y amparo de las intrigas del
poder.
Plasencia, 9 de marzo de 1977. La transición a palos
El Estado
legitima al heredero de Franco.
En tu techo y
en el juego siempre gana el banco.
Los borbones
son unos ladrones.
Rap en solidaridad con Valtónyc, Pablo Hasél y La Insurgencia
Los días 8 y 9
de marzo de 1977 se produce la primera visita oficial de los reyes, Juan Carlos
y Sofía, a Extremadura. En esas dos jornadas participarán en actos oficiales
nada menos que en diez localidades. Badajoz, Zafra, Castuera, Don Benito,
Villanueva de la Serena y Mérida serán las ciudades de la provincia pacense que
cumplimenten el primer día. Cáceres, Plasencia, Trujillo y Guadalupe serán las
agraciadas por el maratón real en el segundo. E incluso tendrán tiempo para
pararse ante las multitudes congregadas en localidades de paso como Campanario
y Medellín.
«El rey de
España debe viajar como un nómada a lo largo y ancho del país” y establecer un
contacto personal con sus súbditos. Juan Carlos es amigo de recordar ese
consejo de su padre. Pero no parece que uno pueda trabar una relación muy
intensa con sus vasallos en visitas de una hora que consisten en ser recibido
por las autoridades políticas de cada municipio y provincia, recibir las
reverencias y regalos correspondientes, subirse al balcón de turno, escuchar
las lisonjas y discursos de bienvenida, dirigir unas breves palabras de
salutación y volver a coger el helicóptero con destino a la próxima y ferviente
multitud. De lo que se trata más bien en esta España de la Transición que aún
balbucea con miedo la palabra democracia es de escenificar baños de masas,
planificados eso sí en las regiones a priori menos conflictivas, que vayan
construyendo la imagen de un rey cercano, accesible, de todos.
“En todas las
ciudades visitadas, el público se ha volcado materialmente para vitorear a los
reyes”, señalará la portada del diario Hoy del 10 de marzo.
“Desde las afueras de la ciudad hasta la plaza, una gran muchedumbre vitoreó a
los Reyes, portando numerosas pancartas de adhesión», se puede leer en la
edición de ese mismo día en el diario El País. Una monarquía
estimada y querida por el pueblo, un rey atento a las preocupaciones de los
españoles. Establecer ese relato es el objetivo de este frenético deambular de
los monarcas. Una operación de legitimación en la que los medios de
comunicación jugarán un papel decisivo.
Son meses
cruciales, de pulso. Los intentos de prolongar el franquismo sin Franco han
fracasado. El gobierno de Arias Navarro ha sido derrotado en la calle. Desde
mediados de 1975 hasta finales de 1976 se han registrado 37.990 huelgas en
España, que constituye en ese momento el país de toda Europa con un nivel más
grande de conflictividad laboral. Pero el nuevo gobierno de Suárez ha tomado la
iniciativa y ha sacado adelante su propuesta de Reforma Política en diciembre
de 1976. Se ha puesto de manifiesto que “la oposición había tenido fuerza
suficiente para impedir el continuismo, pero adolecía de la capacidad necesaria
para imponer la ruptura”, como afirma el historiador Juan Andrade.
El aparato del
Estado está funcionando a pleno rendimiento, tanto en su vertiente de
persuasión ideológica como en la represiva. “Prometí solemnemente seguir el
camino de la democracia, esforzándome siempre en ir un paso por delante de los
acontecimientos a fin de prevenir una situación como la de Portugal que podría
resultar aún más nefasta en este país mío”, escribirá Juan Carlos I en una
carta al Sha de Persia, fechada el 22 de junio de 1977, en la que le pide
dinero para financiar la campaña electoral de la UCD. La revolución de los
claveles está demasiado cerca y a los poderes les espanta que el ejemplo pueda
extenderse a España. Las elecciones generales están anunciadas para el mes de
junio, unos meses después de la visita de los reyes a Extremadura. A estas
alturas, tanto el PCE como otras fuerzas republicanas y de la izquierda
permanecen todavía en la ilegalidad. Ese es el marco en el que tendrá lugar la
gira real.
Para garantizar
una asistencia masiva las autoridades han dispuesto que los días de la visita
de los reyes sean libres en los centros educativos y en las empresas, y que “se
computen a todos los efectos como de trabajo efectivo”. Los actos constituirán
grandes concentraciones de masas, ciertamente, pero expresarán una pluralidad política
y una contestación social bastante mayor de lo que esperan los gobernantes.
Hay, justo es reconocerlo, expresiones de conformidad y de apoyo, e incluso de
un servilismo que excede con mucho la cortesía. En Badajoz los reyes entran
bajo palio en la catedral, en Mérida el Ayuntamiento nombra alcaldesa perpetua
a la reina y en Guadalupe a Juan Carlos I le imponen una medalla que estaba
destinada a su abuelo, Alfonso XIII, pero que no pudo recibirla porque tuvo que
irse al exilio. Pero los tiempos están cambiando e incluso los cargos del
régimen, que aspiran a reciclarse en demócratas de toda la vida, se verán
obligados a introducir elementos reivindicativos. El gobernador civil de la
provincia de Badajoz, Julve Guerrero, afirmará que “el paro y la emigración
son los males endémicos de la provincia, que es la más extensa de España y la
más subdesarrollada” y, por su parte el presidente de la diputación de
Cáceres, Felipe Camisón, denunciará “el desprecio con que el Instituto
Nacional de Industria trata a nuestra provincia”. Sin embargo donde apenas
se cuela un gramo de realidad es en las respuestas del rey, que se limita a
leer los discursos escritos con anterioridad recreando los tópicos de la
Extremadura más reaccionaria. “Nos llega profundamente el ligarnos con estas
tierras, cuna de hidalgos, caballeros y conquistadores que han dado gloria a
nuestra querida patria”; “Al extremeño le caracteriza la tenacidad, la
imaginación y el idealismo y una generosidad y un empuje que le ha llevado a
realizar las mayores empresas que ha podido acometer el genio español”. Ni
por equivocación se le escapan al monarca las palabras paro, emigración o
industria. A lo más que llega es a repetir la fórmula al uso: “Pediré al
gobierno que preste atención muy especial a vuestros problemas”.
Pero una parte
significativa de los asistentes no parece querer conformarse con ser comparsa
de la representación ni está dispuesta a dejarse engatusar con la retórica ya
hedionda de los conquistadores. Sorprende que haya tan gran número de pancartas
en todas y cada una de las localidades. Y más aún que sean holgada mayoría
aquellas que exponen lemas reivindicativos y nada complacientes. Sí, las hay
amables (“Sofía, Reina de la alegría”) o ingenuas (“La juventud quiere formar
con vosotros una nueva Extremadura”) pero sobre todo abundan las que van al
tuétano de la marginación y a la ausencia real de democracia. El paro y la
sangría migratoria (“Emigración no, puestos de trabajo”, “Trabajo con urgencia
para Plasencia. Más de 2.000 parados”), las luchas de los agricultores e
incluso el anhelo reprimido de la reforma agraria (“Se han retirado los
tractores, queremos soluciones”, “Menos cotos y más reforma agraria”), la
reivindicación de inversiones industriales (“Que el Cristu Benditu sus ilumini
y nos mandéis a los del INI”), la denuncia ya entonces del extractivismo
energético (“La Alta Extremadura a la cabeza de la producción eléctrica y a la
cola de la renta per cápita”) son algunas de las reivindicaciones de ese magma
intempestivo que pugna por salir a la luz. Hay pancartas que dan visibilidad a
luchas sectoriales como la de los maestros PNN, la readmisión de los despedidos
en la planta de Tabacalera en Palazuelo o la estudiantil contra la selectividad
en la enseñanza, pero también las hay más abarcativas, más políticas, que
exigen la amnistía total, denuncian la marginación de la región (“Extremadura,
tierra rica de hombres pobres”) o muy especialmente las que rechazan la
instalación de centrales nucleares en la región, sin duda la demanda más sentida
en ese momento. Es ese pueblo insumiso que está emergiendo, que desconfía de la
politiquería (“Menos rollo y más desarrollo”) y que va tejiendo alianzas
(“Menos promesas. Trabajo y Libertad”) entre los malestares más hondos (“Aires
sin radioactividad y tierra sin caciques”) el que también coreará con
indignación contenida, bajando del pedestal a la pareja coronada, el lema más
repetido: ¡Juan Carlos, Sofía, la olla está vacía!
El pueblo ha
empezado a organizarse y a saltarse las bardas tramposas que quieren ponerle.
La crónica del diario El País relata con tono compungido que
los incidentes ocurridos en Plasencia, el abucheo al alcalde de Cáceres y “los gritos
de “Hechos, sí; palabras, no”, después de la alocución ofrecida desde el balcón
de la Casa Consistorial de Cáceres, han entorpecido el discurrir tranquilo de
don Juan Carlos I y doña Sofía por tierras extremeñas”. Sí, hay toda una
corriente de “entorpecedores” a la que ya no puede secuestrarse por más tiempo.
Los sindicatos, aún ilegales –CCOO y UGT, pero también la CNT, la CSUT y el
Sindicato Unitario–, los partidos de la izquierda –todavía clandestinos el PCE,
la ORT, el PTE–, los núcleos que conformarán la Unión de Campesinos Extremeños,
el incipiente ecologismo o el potente movimiento de critstianos de base, todo
eso y mucho más es lo que se presiente en esas pancartas sin firma y lo que
pretenderá ahogarse a palos.
En Plasencia es
donde el conflicto latente acabará estallando. Allí, tras la masiva
concentración en la Plaza Mayor y después de que los reyes se vayan un grupo de
jóvenes recorre la ciudad con las pancartas que ha exhibido. La manifestación
ha sido promovida especialmente por grupos apostólicos y estudiantes del
Instituto Gabriel y Galán que reclaman mejoras para la provincia y denuncian la
marginación de Extremadura. La manifestación acaba dirigiéndose a la comisaria
para reclamar la puesta en libertad de varias personas que la policía ha
detenido para identificarlos. La sorpresa es que poco después de ponerles en
libertad una brigada anti-disturbios de la policía armada traída desde Toledo
que acompaña todos los actos de la visita real, irrumpe con las lecheras en la
Plaza Mayor y, sin mediar palabra, carga y se lía a palos indiscriminadamente
contra las personas que quedan en la plaza, incluidas las que están sentadas en
los veladores. La lluvia de palos originará 30 heridos. “El hospital estaba
recién abierto y se llenó. Hubo un montón de heridos. A punta pala. Estaba la
gente sentada en las terrazas y los pegaron a todos, sin hacer nada”,
relata Agustín Real. Uno de los heridos es un policía de Valladolid, Alfonso
Casuso, cuyo testimonio es revelador de la inquina con la que actuó la compañía
de antidisturbios: “Estaba en una librería, cuando salí había comenzado la
carga. Me puse contra la pared para proteger a una anciana al tiempo que
intentaba calmarla. Luego me di la vuelta y traté de identificarme diciendo que
era policía y fue cuando me dieron el rodillazo en el bajo vientre y caí al
suelo”.
La indignación
prende en toda la ciudad. El escritor José María Sánchez y Torreño relata en “Plasencia
apaleada. Crónica de los palos dados al muy noble y benéfico pueblo placentino
por los ‘señores antidisturbios’” tanto del episodio represivo como de
las protestas posteriores. La corporación municipal en pleno expresa su
repulsa, el obispo de Plasencia califica la intervención policial como una
“agresión al pueblo pacífico”, los partidos y sindicatos emiten comunicados, un
grupo de abogados ejerce la acción pública denunciando los hechos en el juzgado
de instrucción, pero la denuncia no prosperará ni los responsables políticos
adoptarán medida alguna que penalice la actuación policial.
No es un hecho
aislado y, visto desde la perspectiva del poder, tampoco es especialmente
significativo. Es el modo de obrar habitual de los temidos grises en ese
período. Según los datos de la historiadora Sophie Baby, entre octubre de 1975
y diciembre de 1982 murieron en España 178 personas como consecuencia de la
“violencia policial”. Recordar los hechos de Plasencia nos ayuda a desmontar el
mito fundacional de la transición modélica y a colegir que las libertades
democráticas no fueron precisamente un regalo borbónico o de las élites
políticas, sino el producto de la lucha tenaz de las clases populares. Y, como
escribe Juan Andrade, también a “reconstruir esas ideas que salieron derrotadas
en la Transición, pero que ocuparon un lugar central en el imaginario de
quienes contribuyeron intensamente a la democratización del país”.
El coto
del Campechano y los nenúfares de la reina
La caza ha sido
para Juan Carlos I su aliento y su agonía. Una de las pasiones que seguramente
más satisfacciones le haya acarreado a lo largo de su vida, pero también el
origen de las corruptelas y desmanes que más han contribuido a su descrédito y
a su abdicación.
Cazó su primer
jabalí con apenas once años y desde entonces se puede afirmar que lo ha matado
todo: bisontes vivos en peligro de extinción en Polonia, cabras salvajes en
Kazajistán, osos en los Cárpatos o elefantes en Sudáfrica. Por matar mató hasta
al pobre Mitrofán en Rusia, un oso del zoo al que emborracharon con miel y
vodka para que el borbón pudiera dispararle con facilidad. Juan Carlos es un
cazador empedernido que acumula un gran número de trofeos, algunos de ellos
obtenidos en Extremadura, como los relacionados con dos de las especies más
emblemáticas de caza mayor de la Península Ibérica, el venado y el macho
montés. Y además atesora multitud de condecoraciones, de las federaciones de
cazadores, empresarios del gremio o revistas especializadas.
Pero la caza y
en especial las monterías son mucho más que una actividad “deportiva”. Es
también un espacio informal para los grandes negocios, una madriguera del
tráfico de influencias, el encame del trato de favor y de la cucaña. La
escopeta nacional, la gran película de Berlanga, retrataba con sarcasmo ese
microclima del poder que constituían las cacerías en el franquismo. Pero como
observaba irónicamente Fernando Fernán Gómez, la razón por la que gustó tanto
esa película, ya en 1978, era porque la gente no sólo veía retratada en ella la
dictadura: “Lo que le pasa a la gente es que cuando ve “La escopeta” cree que
sucede ahora; no se ha enterado de que es una película que narra, critica,
satiriza costumbres antiguas superadas por la luminosa democracia. La gente
cree que ahora hay cacerías como las de la película, y que a las cacerías se va
para ver a los ministros, a los directores generales, a trabajarse el asunto, a
colocar el rollo, a medrar, a trepar, a enchufarse. Y que si no eres del
grupito, te quedas a la luna de tu pueblo. Y que si no vas de cacería, mal te
veo”. Dime con quién cazas y te diré quién eres, como le gustaba decir al
dirigente comunista extremeño Manolo Parejo.
Extremadura es
uno de los grandes paraísos para los cazadores ricos, como afirma el periodista
Antonio Armero. 37 de los 100 mayores propietarios de cotos de caza en España
disponen de fincas en la región. Entre ellos están una gran parte de los que
han sido compinches habituales de Juan Carlos I, colegas de caza pero también
de negocios turbios. Algunas de las fincas donde ha cazado más en Extremadura
han sido precisamente las de sus amigos y testaferros. La finca La Solana,
propiedad del comisionista Manuel de Prado Colón y Carvajal, fue una de las que
frecuentó más en los años ochenta. El 27 de octubre de 1989 el diario Hoy informaba
que el rey había participado en una cacería de perdices en esta finca, próxima
a Garlitos: “En un bar de la localidad se prepararon para los participantes en
la cacería diversos aperitivos: queso gran reserva, jamón y lomo de cerdo
ibérico. Los cazadores bebieron Marqués de Arienzo, de la cosecha del 76, que
según pudimos saber sale a unas 5.000 pesetas la botella”. El periodista Lucio
Poves, cuyas crónicas de los años ochenta y noventa son un revelador retrato de
la soltura con la que se manejaba la beautiful people por
Extremadura, completaba la información: “Don Juan Carlos se desplazó en
helicóptero, el domingo, a la zona de Garlitos, en plena Siberia extremeña.
Allí, parece que las cosas le fueron mejor y, entre seis escopetas, echaron
abajo algo más de setecientas patirrojas según se nos ha informado”.
La amistad
peligrosa de Juan Carlos con Alberto Cortina y Alberto Alcocer, conocidos como
“los Albertos”, también parece haberse amasado entre los jarales de
Extremadura. La parte extremeña de la finca El Avellanar, de 5.000 hectáreas,
situada en el límite entre Ciudad Real y Badajoz, se encuentra en el término
municipal de Helechosa de los Montes. La presencia de Juan Carlos en ella ha
sido constante, durante prácticamente 30 años. Allí han batido jabalíes y
corzos sin cuento al tiempo que urdían sus lucrativos negocios. Como apunta
Ernesto Ekaizer “la estrechísima amistad entre los Albertos y Juan Carlos I va
más allá de sus comidas, cenas y cacerías. También le aportan información
confidencial sobre dónde invertir en bolsa. Y según una de las versiones en
Ginebra, es Alberto Alcocer quien le presenta a Arturo Fassana”. Fassana es el
abogado gestor de la cuenta del rey Juan Carlos en la banca Maribaud, en Suiza,
su testaferro en este país, en palabras de Corinna Larsen. Ekaizer se pregunta
qué haría el rey Juan Carlos I por los Albertos y señala que “algo importante”,
argumentando que en 2008 –año en el que por cierto también cazó en está finca–
influyó para resolver el recurso de los primos contra una sentencia de más de
tres años de prisión que se les había impuesto por un delito de estafa
relacionado con las torres de Kio.
Será difícil
encontrar un latifundio dedicado a la actividad cinegética en Extremadura en el
que no haya cazado Juan Carlos I. El Redrojo y el Águila, propiedad de los
Sánchez Arjona, en las cercanías de Puebla de la Reina fue otra finca visitada,
en este caso muy ligada a la tradición familiar, ya que Don Juan de Borbón
acudía regularmente a ella casi cada año. Pero desde la muerte de dos jóvenes
furtivos en Palomas, ahogados en el río Matachel en 1989, cuando eran
perseguidos por la Guardia Civil, la prudencia aconsejaba cambiar de paraje.
Las
Golondrinas, en los términos municipales de Plasenzuela, Botija y Torremocha,
ha sido otra de las fincas frecuentadas por el monarca. Su dueño es el conde de
Tres Palacios, y en ella durante mucho tiempo han cazado un año sí y otro
también los príncipes de Mónaco. En 1998 la prensa regional daba cuenta de que
nuestro coronado cazador había compartido la jornada cinegética con el general
Norman Schwarzkopf, uno de los “héroes americanos” de la guerra del Golfo. Por
cierto, la finca en cuestión es explotada por Fernando Díaz de Bustamante, hijo
del alcalde franquista de Cáceres al que abuchearan los cacereños en 1977.
Juan Abelló, el
mayor propietario de terreno para caza de España, con 41.276 hectáreas de
cotos, el empresario siderúrgico vasco José María Aristrain, el dueño de
Ferrrovial, Rafael del Pino, o Alonso Pérez de Toledo y Cabeza de Vaca, Marqués
de Valdueza, son algunos de los terratenientes en Extremadura con los que Juan
Carlos I ha compartido el entusiasmo por la escopeta. La beautiful people,
la gente guapa de ayer y de hoy, los viejos y los nuevos ricos, los
terratenientes y los tiburones, los cayetanos y los turbocapitalistas, los del
pelotazo en los 90 y los de las hipotecas subprime en los 2000, esa ha sido y
es la clase preferente de la monarquía.
Pero hay dos
grandes latifundios cinegéticos en Extremadura que quizás sobresalen sobre
todos los demás, tanto por la asiduidad con la que han sido visitados a lo
largo de décadas por el rey emérito como por su relevancia política y
económica. Se trata de la finca de los Altarejos, propiedad de los March, y de
la Rusal, propiedad de los Mora de Figueroa Domecq y, desde 2016, del
jeque Mansour Al Nahyan, dueño del Manchester City.
La familia
March posee más de 30.000 hectáreas dedicadas a la caza, con 17 cotos. Son el
tercer grupo empresarial del país en extensión destinada a este fin. Los March
son, sin duda, uno de los emporios económicos y financieros más influyentes en
la historia contemporánea. Su papel en la financiación del golpe militar en
1936 fue decisivo y desde entonces no han dejado de condicionar la vida social
y política en España. Actualmente la Banca March es, entre otras cosas, el
máximo accionista de ACS, el grupo constructor y de servicios que preside
Florentino Pérez.
Los Altarejos
es la finca que tiene la familia March Delgado en el sur de Badajoz lindando
con la provincia de Sevilla, en los términos municipales de Guadalcanal,
Malcocinado y Azuaga. Consta de unas 10.000 hectáreas y de ellas 9.000 son de
uso cinegético. Dispone de una pista de aterrizaje propio. El rey la ha
visitado en numerosas ocasiones. “Don Juan Carlos acabó el sábado la jomada de
caza en la finca de los March con cuatrocientas cincuenta perdices en el suelo
que cobraron entre dos o tres escopetas”, relata Lucio Poves en su crónica el
29 de noviembre de 1992.
Es un lugar de
referencia para la jet-set. Allí se celebró la boda de uno de los hijos en
2018, a la que asistieron personajes como Jaime de Marichalar, Isabel Preysler,
Carmen Martínez Bordiu, Marisa de Borbon… La finca posee un extraordinario
jardín de diez hectáreas, cuidado con primor. 290 variedades de rosales,
400 especies de árboles y arbustos, más de 200 encinas adultas, olivos de 500
años, un lago, un arroyo, dos invernaderos… “Tengo a cuatro personas trabajando
en él, aunque yo también me remango”, declaraba Carlos March en una entrevista
hace años. Los trabajadores de la zona cuentan que la reina Sofía es una gran
entusiasta del jardín y que algunos de los nenúfares que crecen en el lago
están especialmente destinados a ella. Son los nenúfares de la reina. En sus
diarios, Rafael Chirbes refiriéndose a una conferencia que ha dado en la
Fundación Juan March en febrero de 2009, escribirá: “estoy en el vientre del
tiburón: de sus descendientes, la fortuna de papá compra la inocencia de los
hijos, la nobleza del arte”. Detrás de la riqueza y la belleza, siempre está la
anónima servidumbre de los de abajo.
La Rusal es el
otro gran latifundio en el que se ha prodigado cazando Juan Carlos I. Nada
menos que 24.000 hectáreas dedicadas casi en exclusiva a ese fin. Lucio Poves
escribe en diciembre de 1989: “En esta finca, situada en el término de Valencia
de las Torres, pueden bien habitar diecisiete o dieciocho mil perdices y existe
el llamado «puesto Real», hecho a la medida del Rey mediante un seto de jaras
recortado a su justa altura. En el puesto del Rey caben más de una docena de
personas que ayudan a Su Majestad en las tareas de recarga de escopetas para
servirle un «taco» entre tiro y tiro. El puesto, ni que decir tiene, está
situado en lugar estratégico entre dos vaguadas, y es tal el número de perdices
que dicen le entran que los batidores tienen que pararse para dar respiro a Su
Majestad. Y Pablo Sánchez, en un reportaje para el diario Hoy, en
agosto de 1990 señala: “El rey acostumbra a llegar en un helicóptero que toma
tierra a escasos metros de La Casa. Habitualmente llega con muy pocas personas
de su séquito. En ocasiones, le acompaña el cocinero de La Zarzuela, en otras,
son las propias mujeres de la finca quienes se encargan de la comida del
monarca, que siente mayor predilección por los pescados que por las carnes »
En febrero de
2016 se divulga una información que sorprende a propios y extraños. El jeque
Mansour bin Zayed Al Nahayan, dueño del Manchester City, ha comprado 8.300
hectáreas de La Rusal. Ha pagado por ella 55 millones de euros. El
jeque es el hermano del emir de Abu Dhabi, el príncipe heredero Mohamed
bin Zayed Sultan Al Nahyan que, al parecer, según indica Ernesto Ekaizer, es
quien está corriendo con todos los gastos de Juan Carlos I desde que se
instaló, en agosto de 2020, en los Emiratos. Mansour bin Zayed es una persona
de gran poder, miembro del Consejo Supremo del Petróleo, presidente del fondo
International Petroleum Investment Company, que controla el cien por cien de la
petrolera española Cepsa, con dos refinerías en Huelva y Algeciras. Y con
participación en otros sectores económicos y deportivos.
La relación de
Juan Carlos I con los personajes de poder en los Emiratos Árabes viene de
lejos, desde los años ochenta. El monarca ha agasajado con varias
condecoraciones a los principales políticos del país. En mayo de 2008 el
Boletín Oficial del Estado publicaba la Orden del Mérito Civil al príncipe
heredero y hermano de Mansour. El rey emérito mantiene un especial trato con
este último, con el que trabó relación en 2014. Ni que decir tiene que quien le
dio a conocer la finca la Rusal fue Juan Carlos I. Y conociendo todos los
antecedentes del borbón como comisionista no sería de extrañar que sus
gestiones hayan sido recompensadas económicamente.
El filósofo
Jesús Mosterín escribiría en 2012, tras el escándalo de Botsuana: “A muchísimos
españoles esas cacerías de elefantes en África o de osos en Rumanía les
producen repugnancia estética e indignación moral. La época en que la real gana
bastaría para justificarlas ha pasado ya”. Mucho me temo que Mosterín pecaba de
optimismo, los tiempos de la real gana están aún vivitos y coleando.
¡O hay jamón o me voy para casa! Las huellas del vasallaje
Una institución
como la monarquía es, en sí misma, una anacrónica expresión de desigualdad, una
fuente de tráfico de influencias, de corruptelas. Pero con Juan Carlos I más
que fuente ha sido y es un torrente, un aluvión sistemático. ¿Cómo es posible
que un cargo público, que además ostentaba la máxima magistratura del Estado,
haya podido afanar tanto, haya gozado de tanta impunidad? ¿Cómo es posible que,
por ejemplo, durante 35 años haya ostentado la presidencia, aunque fuera
honorífica, de una asociación ecologista como WWF-Asociación para la Defensa de
la Naturaleza? Sin duda han sido necesarios algunos silencios decisivos y
una madeja muy tupida de complicidades, pero también mucha inercia de
vasallaje, mucho borboneo.
La última
estampa de este recorrido es un fragmento del libro Extremadura venial
partitocracia, escrito por Manuel Veiga. Es un pequeño retazo de borboneo,
contado por alguien que estuvo en las instituciones durante prácticamente
cuarenta años. Primero en las instituciones del tardofranquismo, luego en la
Presidencia de la Diputación de Cáceres y por último en la Asamblea de
Extremadura. Manuel Veiga era un veterano dirigente del PSOE, que hacía gala de
mucho sentido del humor, tolerante con los adversarios políticos y al que no le
agradaban el personalismo, el autoritarismo y las dinámicas caciquiles. El
texto dice así:
“1995, visita
de los Reyes a Extremadura. Almuerzo oficial en Cáceres, salón noble de la
Diputación. Vienen sus Majestades en compañía de los Reyes de Bélgica, Paola y
Alberto. El menú ha sido supervisado por la reina Doña Sofía; no es pues un
menú carnívoro sino casi vegetariano. El jamón extremeño –pata negra– está
ausente; pero en cambio brillan en la gastronomía del almuerzo unas excelentes
sopas extremeñas de tomate, dignas de un cabrero de la Vera… o de aquella doble
pareja de Reyes. Rodríguez Ibarra, como presidente de la Comunidad Autónoma ha
previsto una salida de urgencia para cuando Juan Carlos I se aperciba de que el
jamón extremeño no estará aquel día en la mesa real. Ha preparado –”para
emergencias”– unos platos de jamón, por si llega el caso.
Iniciado el
austero almuerzo, su majestad el Rey se impacienta. No llega a la mesa el
manjar esperado. Y como está aquí en Extremadura –en su casa–, se dirige a los
reunidos y les dice en tono educadamente imperativo pero haciendo gala de un
borboneo humano, lleno de sencillez y de afecto:
¡Señores, ¿en
Extremadura y sin jamón en la mesa?!
Presidente
-dice a Rodríguez Ibarra-. Voy a tener que decir lo de un spot publicitario. ¡O
hay jamón o me voy para casa!
Y, claro está,
enseguida aparecieron –”por casualidad”–, y como por ensalmo, una hilera de
camareros con platos del exquisito manjar guardado para la ocasión, por si
hacía falta, conociendo como se conoce el agrado del Rey hacia tal delicia de
las dehesas extremeñas, y la alta publicidad que ello comporta”.
Que se acabe el
borboneo, que se acaben los borbones.
Felipe VI: 10
años bastan. Democracia Sí, Monarquía No.







